Susel Paredes: “Las mujeres que enfrentan espacios misóginos deben resistir y ser auténticas”

Susel Paredes: “Las mujeres que enfrentan espacios misóginos deben resistir y ser auténticas”

Por Mariana Aljovin

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Foto: Perú21

Susel Paredes, actual congresista electa, conversa con La Antígona, para conocer sobre el trabajo y los nuevos desafíos que deberá enfrentar para defender esos ideales dentro de un parlamento dividido y ultraconservador. 

Susel Paredes Piqué, es una abogada sanmarquina y activista LGTBIQ+. Pertenece al Partido Morado y fue una de las candidatas al Parlamento más votadas para el periodo 2021 – 2026. Su trayectoria en la política no es poca, pues ha trabajado en pro de la seguridad de los distritos de Magdalena y La Victoria. Desde su posición, siempre ha defendido sus ideales de lucha por la protección del medio ambiente, los derechos de las mujeres y las minorías sexuales. Así es ella, consecuente con sus principios y convencida de que la verdad te hace libre.

¿Cómo piensas proyectar tus ideales y principios frente a un congreso tan conservador y dividido?

Dialogando. Buscando puntos e intereses en común. Entendiendo el pensamiento del otro, aunque sea extremadamente distinto al mío. Lo más importante es la empatía. Aunque me enfrente a una persona ultraconservadora, yo tengo que hacer el trabajo de entender cómo piensa para encontrar puntos en común. 

¿Cómo crees y sientes que será el trabajo en conjunto con los otros congresistas de tu bancada durante este periodo? 

Somos tres morados. Ed Málaga, Flor Pablo y yo. Somos un científico, una profesora y una abogada, y lo que hicimos fue juntar nuestros equipos. Cada congresista tiene asesores, entonces mantenemos el contacto entre ellos. De esta manera, trabajamos en un equipo amplio. Esto hace que podamos usar al máximo nuestros recursos y optimizar el trabajo. Como somos tres no tenemos personal de bancada. Ese equipo es de Somos Perú. Por eso nos hemos juntado para poder participar en comisiones. Por otro lado, también nos complementamos en conocimientos. Yo veo derecho; Ed, ciencia y Flor, conoce mucho sobre el funcionamiento del Estado. Así somos más eficientes. 

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Foto: Twitter – Daniel Olivares

¿Qué retos crees encontrar en este nuevo rol de parlamentaria en un contexto complicado para defender la inclusión de la comunidad LGTBI y las mujeres?

Primero, mi sola presencia ya los interpela. Cuando yo hablo con el Almirante Montoya somos muy cordiales y nos tenemos respeto. Eso puede ser sorprendente. Él se acerca a conversar y yo también. Es la amistad más extraña que he construido en este congreso. Él ya no me ve como un elemento de peligro, sino como una colega. Eso es valioso ya que yo jamás he tenido un acercamiento con un marino tan conservador. Forjar el vínculo toma mucho tiempo, pero es necesario. Necesito que nos escuchemos los dos, de esta manera, él va a encontrar respuestas, y yo también. 

Yo quiero conversar con los que están más extremadamente lejos de mi. Por ejemplo, Neldy Mendoza Flores (Renovación Popular), me dijo: “Que gusto conocerte. Somos las más votadas.  Ojalá haya puntos en común para conversar. Tengo interés en hablar contigo”

¿Cuáles son los proyectos de ley que planeas sacar adelante? ¿Crees que valga la pena proponer algún proyecto que beneficie a las minorías o a las poblaciones LGBT+ sabiendo la posición congresal sobre estos temas? 

Mi primer proyecto de ley es sobre los derechos de los trabajadores que realizan pedidos por delivery. Ellos funcionan con lo que se llama “economía colaborativa”, a través de una aplicación. Estas personas trabajan más de  8h diarias. Esto, amerita al menos tener un seguro de salud. Se debe tener una persona a cargo de brindar protección. Tanto al trabajador como al usuario. Pretendo que tengan un seguro y medidas de protección. Ya que, actualmente la empresa, vive del trabajo de estas personas, sin ningún tipo de regulación. Una de mis asesoras trabaja con ellos hace años y ahora, es un proyecto que he recogido y va a beneficiar a más de 45000 jóvenes. 

Aun así no se aprueben los proyectos, estos generan debates. En el caso de los proyectos LGTBIQ+, ya pronto, los propondré. Sean aprobados o no. Los voy a obligar a hablar de ellos. A través del debate se avanza. 

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Foto: Exitosa

Se criticó mucho, en el periodo electoral, que personajes como Verónica Mendoza se alinearan con partidos ultraconservadores como Perú Libre. Puso en duda su identidad política. ¿Qué opinas sobre esto?

Yo planteé el voto nulo porque me parecía una extorsión que me obliguen a elegir porque los dos son conservadores y anti-derechos. Desde el centro yo no estaba de acuerdo con ninguna de las dos opciones. No me pueden obligar a tomar posición. Entiendo que es complicado. Sin embargo, no tenemos más remedio que hablar, dialogar y buscar puntos en común. Muchos parten de la ignorancia y del prejuicio. Ahora hay más visibilidad de la comunidad y podemos combatir los estereotipos para que no encuentren un enemigo, sino una persona. 

Lo más importante de una activista es salir del closet, porque de esta manera al interactuar con todo tipo de personas se empieza a tomar la idea de la realidad y ya no del estereotipo.

¿Cuál dirías que es tu postura política en otros temas y que valores son los que antepones en tu trabajo?

El diálogo y el sustento técnico de cualquier cosa que proponga son claves en mi trabajo. Si yo no sé, tengo que buscar especialistas para que me expliquen. La inclusión en los hechos también es importante. En mi oficina somos siete personas, de las cuales seis son mujeres; entre ellas, hay una mujer trans.

Partiendo de la crítica que le realizaste a Anahí Durand sobre su unión al gabinete presentado por el presidente Castillo ¿Cuál debería ser la postura de las mujeres que hacen política cuando se enfrentan a espacios misóginos o conservadores?

Es bien difícil. Yo entiendo que Anahí ha tenido que elegir. Ella entró cuando no estaban ni Pedro Francke ni Aníbal Torres. Con ellos dos tenías Justicia y Economía y ahí recién podían armar un equipo. Es de ahí que nace mi crítica. Cuando el gabinete tenía 12 hombres y 2 mujeres. Qué difícil aceptarlo en ese momento, pero también que difícil no aceptarlo porque puede entrar alguien aún más conservador. Las mujeres que enfrentan espacios misóginos deben resistir y ser auténticas. Esas son las dos claves.

Congreso 2021: ¿Cuáles son los peligros para las mujeres y las minorías en un congreso altamente conservador?

Congreso 2021: ¿Cuáles son los peligros para las mujeres y las minorías en un congreso altamente conservador?

Por: Francesca Raffo

Foto: Tú eliges

Es un congreso inédito el que legislará los próximos cinco años en el Perú. Un parlamento con la mayor cantidad de mujeres en la historia, pero también uno de los más conservadores y fraccionados de los últimos veinte años. En plena crisis sanitaria, la ciudadanía tendrá que estar atenta para vigilar la igualdad de género y los derechos de las minorías. 

El complejo año electoral que vivimos por la pandemia de la Covid-19 ya tiene una de las aristas casi concretas: el Congreso 2021. Luego de las elecciones del 11 de abril y los resultados de la ONPE al 100%, ya se conoce cómo estaría compuesto el Poder Legislativo para el próximo quinquenio. 

Este congreso tiene por primera vez la mayor cantidad de mujeres dada la ley de paridad y alternancia. El hemiciclo estará compuesto en un 40% por mujeres. Sin embargo, este congreso también es uno de los más fraccionados y socialmente conservador de las últimas décadas. Es así que mujeres, minorías, población LGTBI+, entre otros, tendrán que estar alertas a las leyes que se promulguen o  a los proyectos que son rechazados. 

Foto: Prensa

“En los últimos 20 años diría que es de los [congresos] más fragmentados porque tiene 11 bancadas y también creo que es uno de los congresos más conservadores. Es un congreso polarizado en visiones económicas, por ejemplo; pero con consenso a la parte social más conservadora”, explica en una entrevista a La Antígona la analista política María José Gallo. 

El Congreso 2021

Son diez partidos políticos los que han llegado al parlamento en las elecciones de este año. La mayor agrupación política es la de Perú Libre que proyecta 37 escaños, sigue Fuerza Popular con 24. Ambos partidos se disputan la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el 6 de junio. 

Los partidos que también lograron pasar la valla electoral son Alianza para el Progreso, Acción Popular, Renovación Popular, Avanza País, Somos Perú – quien contó con el candidato más votado, el expresidente Martín Vizcarra -, Podemos Perú, Juntos por el Perú y el Partido Morado, en ese orden respectivo de número de congresistas.

Este nivel de fragmentación, tanto en el voto presidencial que se traduce en el congresal, es el reflejo de una altísima desafección ciudadana, mezclada con una pobre oferta electoral, explica Gallo. Además, menciona que según encuestas de opinión que hace IPSOS, se puede identificar que los peruanos  mantienen un voto moderado. Así, menciona que esta elección congresal podría ser, parcialmente, un reflejo de la sociedad que todavía tiene altos niveles de tradicionalismo. 

El congreso con más mujeres de la historia

Como se mencionó antes, este Congreso 2021 tendrá la mayor cantidad de mujeres. Sin embargo, esto no quita las preocupaciones en la lucha por la igualdad de género dadas la ideología de la mayoría de partidos políticos. 

Foto: La República

“A pesar de que este es el primer congreso con mayor composición de mujeres, nos tendremos que mantener vigilantes sobre la labor legislativa que las mismas pueden promover a favor del derecho y del género. Más allá de que las mismas sean de sexo femenino, hay un problema con el enfoque que tienen sus partidos con temas de igualdad de género. Creemos que en este momento hay varios pendientes que todavía falta trabajar a nivel legislativo y tendríamos que asegurar que las mismas lleven adelante esta agenda que nosotros hemos avanzado pero que todavía resulta insuficiente”, indica a La Antígona la Presidenta del actual Congreso, Mirtha Vásquez.

La analista Gallo también hace referencia a un gran contraste en este escenario. Entre las mujeres que llegaron al parlamento, está como una de las congresistas más votadas Susel Paredes (Partido Morado), abiertamente lesbiana y defensora de los derechos y la libertad de la mujer. Pero también se encuentra entre las más votadas María Jauregui (Renovación Popular) quien se encuentra totalmente al otro extremo. En declaraciones pasadas, Jauregui ha asegurado que: “El señor nos creó (a las mujeres) para ser ayudas idóneas de nuestro esposo”, entre otras varias frases denigrantes hacia la mujer. 

A la izquierda: Susel Paredes, a la derecha: Milagros Martínez. Foto: La Antígona

“Ese es uno de los contrastes. En el Perú, si bien las mujeres y las minorías hemos ganado varios espacios, aún quedan varias cosas bastante importantes por solucionar que no necesariamente veo que haya agendas con mucho empuje”, indica Gallo. 

Agendas que no avanzarían

Lo que este congreso podría poner en discusión son políticas de igualdad. Un país que las niega no podrá aspirar a un avance, explica la ex candidata al congreso y directora de Promsex, Susana Chávez. Son políticas que integran a las mujeres y reducen desigualdades – que evidentemente existen porque así se demuestra a diario -, agrega. 

Las especialistas coinciden que este congreso podría generar dos tipos de problemas: estancarnos con legislaciones a favor de las mujeres y minorías o retroceder en lo ya avanzado. Uno de los temas que más preocupa es el retroceso en temas de violencia de género.

“Hemos pasado a reconocer que la violencia no es negociable, ni arreglable, ni que se puede resolver mediante un mecanismo de transacción. Estamos hablando de un cambio sustantivo donde hemos pasado de considerar a la violencia de un tema de honor de la familia a que la violencia afecte la dignidad, integridad y salud mental de la mujer. No me imagino que puedan derogar una ley, pero pueden reducir cualquier obligación frente a los feminicidios o que surja la explicación de que no es feminicidio si no asesinato”, explica Chávez.

Otro tema bastante importante y sensible, que se mira con mucho conservadurismo, es la despenalización del aborto. “Hay que mirar de cara a la realidad que estamos atravesando. En medio de la pandemia, el año pasado, hemos tenido el registro de 20 niñas menores de 10 años que han terminado siendo madres y eso es terrible. Eso nos debiera hacer reflexionar”, sostiene Mirtha Vásquez

Actual Presidenta del Congreso, Mirtha Vásquez. Foto: La República

La comunidad LGTBI+ también será una comunidad vulnerable frente a este congreso. Esta comunidad todavía lucha por diversos derechos – como el matrimonio igualitario -, pero con este congreso será mucho más difícil lograrlo.

Legislaciones que deben seguir trabajando

El presente Congreso ya ha avanzado una agenda legislativa para las mujeres y las minorías, explica Mirtha Vásquez. Sin embargo, se deben seguir trabajando para implementarlas o normarlas. Este nuevo congreso debería garantizarlo.

Algunas de las reformas ya avanzadas son la Ley contra el acoso político – que requiere ahora un compromiso de implementación-; la ley de paridad y alternancia – que necesita normas complementarias para asegurarla-; fortalecimiento de la mujer rural – que necesita del ejecutivo para un seguimiento -; y, normas que garantizan a las mujeres víctimas de violencia sean favorecidas en el tema laboral. 

Foto: El Peruano

El rol de la ciudadanía frente al trabajo del congreso

El Congreso 2021 ya es una realidad. A esto, se le suma que el partido político que llegue a la presidencia también será conservador en lo social. La ciudadanía tiene una responsabilidad sumamente grande para fiscalizar y exigir que las reformas no sean derogadas y los nuevos derechos entren en vigencia. 

Muchas veces, agendas como los derechos civiles quedan en segundo plano en situaciones de crisis como la que vivimos: sanitaria y económica. Sin embargo, esto definitivamente no debería ser así, explica María José Gallo. La ciudadanía y organizaciones se va a tener que articular durante el próximo quinquenio para poder mirar todo de manera integral y poder así luchar para tener una sociedad más justa a pesar de los partidos políticos que legislen en el Congreso. 

Abriendo el camino: Las precursoras de la fotografía periodística en el Perú

Abriendo el camino: Las precursoras de la fotografía periodística en el Perú

Por Adriana Velásquez

Momentos históricos que marcaron los 70s, 80s y 90s fueron capturados por las cámaras de estas intrépidas mujeres. En un conversatorio organizado por la Asociación de Foto Periodistas del Perú (AFPP), Alicia Benavides, Beatriz Suárez, Fátima López, Mónica Newton, Carmen Barrantes, Rocío Cáceres, Mariel Vidal, Mayu Mohanna y Nancy Chappell se animaron a compartir sus experiencias en el mundo de la fotografía periodística. Sus imágenes te harán volver en el tiempo…

Nueve mujeres tenían mucho en común: una cámara, un cuarto oscuro en casa, rollos y un don para la fotografía. Ellas descubrieron el poder de la imagen en los albores del fotoperiodismo peruano cuando las cámaras eran análogas y el revelado resultaba esencial para obtener la foto perfecta. Con mucho talento y dedicación lograron colaborar para diarios y revistas reconocidas en el Perú y el extranjero. 

CARMEN “LA CHINA” BARRANTES

Alfabetizando mujeres a través de medios audiovisuales, Carmen descubrió el poder de la imagen y su gran valor. Así, en 1975, ‘la china’ tomó un curso de fotografía en Sao Paulo, compró su primera cámara y armó su laboratorio en casa. Comenzó trabajando como fotógrafa freelance para pequeños diarios de origen sindicalista ligados a la izquierda. 

Era una época donde la gente empezaba a salir a las calles para marchar y levantar la voz. Fue durante la dictadura de Morales Bermúdez que la china Barrantes capturó, junto a otros colegas, marchas multitudinarias pese a la gran represión del gobierno. 

“Era muy intenso y riesgoso, en ese momento, durante las marchas morían personas. Nos lanzaban perdigones sin dirección. Varias hemos vivido la experiencia”, recuerda.

Pese a la represión, el peligro y la escasa remuneración, Carmen seguía en su labor acompañada de un maletín que utilizaba de escalera y también para defenderse de la policía y de otros periodistas.” Tenía un maletín de metal que medía 30 cm y me daba altura para estar por encima de la aglomeración de fotógrafos. Me servía también de escudo protector.”

Por un tiempo tuvo que dejar la fotografía para dedicarse a la consultoría de temas sociales, debido a que el oficio de reportera gráfica no le daba el sustento necesario para mantener a sus tres hijos. Con el tiempo, retomó su vocación. Porque, como ella misma menciona, nunca dejará su alma de reportera. 

FÁTIMA LÓPEZ

Fátima López fue una de las primeras egresadas de la facultad de comunicaciones en la Universidad de Lima, fue ahí donde descubrió su amor por la fotografía. Entrar al cuarto oscuro para revelar las fotos era mágico. Rápidamente pidió tener su propio cuarto oscuro en casa. Su familia siempre apoyo este interés por lo que sus obsequios de cumpleaños y navidad eran rollos Tri-X y papel Ilford.

Pronto llevó su talento a la cancha. Trabajó para el suplemento VSD de La República y para la revista Caretas. Y, posteriormente, para el diario El Comercio. Le tocó desempeñar su labor en una época donde las condiciones laborales no eran las mejores para los reporteros gráficos. 

“Era difícil, posiblemente no medí nunca el peligro ni las condiciones absurdas con las que trabajamos. Teníamos que llevar nuestro equipo, no teníamos seguro de salud, ni seguro de vida. Nos íbamos a la guerra por amor a la fotografía”, cuenta López.

A Fátima como a muchas otras pioneras del fotoperiodismo le tocó cubrir durante la violenta época del conflicto armado interno. “Mi generación y todos los que hemos tenido la mala suerte de vivir esa época tan violenta sabíamos que había un momento en el que estábamos en peligro si estábamos en la calle. Yo le llamaba “la hora de la bomba”, comenta. 

Fátima fue una de las primeras fotógrafas en llegar a Tarata después del atentado de 1992. Ella recuerda muy bien ese día. Como vivía cerca, pudo escuchar la explosión. En pijama se apresuró para salir, se puso un saco, tomó su bicicleta y siguió a un camión de bomberos que iba en dirección a Tarata. “Cuando vi la magnitud de la explosión me quedé sin aire, me agaché, me volví a levantar y empecé a tomar fotos sin parar. Encontré autos todavía con fuego, pedazos de gente, cabezas… Simplemente disparé sin detenerme. Seguí y seguí como una zombie”. 

Esa noche, la fotógrafa se quedó cerca del lugar y a la mañana siguiente continuó tomando fotos a las personas que recogían los restos que habían quedado de sus casas. Fue una experiencia que la marcó. Hace 22 años Fátima viajó a Austria y se convirtió en foto corresponsal de la región. Hoy continúa viviendo ahí con sus hijas. Nunca dejó de hacer lo que más ama: fotografiar. 

“Tú eres tan bueno como fue tu ultima foto y eso es un estímulo para seguir produciendo” 

MÓNICA NEWTON

Mónica había estudiado economía, se había casado y tenía tres hijos cuando en 1984 decidió matricularse en un taller de fotografía, el cual le cambiaría la vida. Más tarde, estudiaría fotografía profesional en el Centro de la Imagen en España. 

Segura de su pasión, no dudo en escribirle una nota al jefe de fotografía del diario Ojo pidiéndole practicar como fotógrafa. Inesperadamente, él la contacto y la cito a una reunión el mismo día. Así fue como entro al área de fotografía en donde compartió una oficina con otros 15 fotógrafos hombres. Una pared llena de posters de mujeres voluptuosas en aquella oficina la hizo cuestionarse sobre donde había ido a parar. Pero ella quería trabajar y optó por quedarse. Al ser la única mujer en ese equipo de trabajo tuvo que enfrentarse a conductas machistas. “Al principio era terrible. Todo este conjunto de hombres que eran super machistas y vulgares en muchos momentos me malograron negativos, me publicaban lo malo y en lo bueno no ponían mi nombre”.

Pero con la llegada de su colega Nancy Chappell al equipo las cosas se tranquilizaron. En seis meses ya habían logrado ganarse el cariño de esos hombres quienes ahora las protegían. El diario pronto se convirtió en un lugar lleno de aprendizajes.

“Yo estudié Economía y había leído sobre la pobreza, pero lo que encontré en la calle fue algo no imaginado. En Ojo pude conocer cada plaza, cada posta de salud, cada escuelita, cada cono. Pude realmente tener una visión total de lo que era el Perú”, declara.

Tras su paso por Ojo, llegó a la revista Sí! y, posteriormente, a la unidad de investigación de La República. Lo que la llevó a cubrir en la selva peruana. “Cuando yo llegué a la selva me conecté totalmente con ella. Sentía que, a pesar de la violencia, la vida cotidiana seguía y de pronto cambiaban de canal y estaban riendo, cantando, compartiendo contigo.  Entonces quise fotografiar ese documento de vida donde la vida y la muerte hacían un contrapunto.”

A través de la fotografía, Mónica tuvo una transformación. Cuenta que pese a tener tres hijos le tenía mucho temor a la maternidad. Pero recuerda la vez en la que le comentaron algo peculiar en la mayoría de sus fotografías. Casi todas tenían a mujeres y niños. Fue ahí que entendió todo. “La selva como tierra abundante y fértil, y las mujeres de la selva me enseñaron cómo ser madre. La selva salvo mi maternidad”, declara.

ROCÍO CÁCERES

Rocío tenía muy en claro que quería dedicarse a la fotografía, por ello se fue a estudiar a Londres. Ahí empezó a cubrir manifestaciones feministas y antifascistas. Tras diez años, regresó a su patria justo en una década marcada por la violencia. Ser fotógrafa de guerra en los 80s era extremadamente duro. 

“Constantemente iba a Ayacucho y cubría manifestaciones bravas. Corrían balas, corrían piedras, mataban a los perros y los colgaban en los postes. Era una cosa atroz. Eran unas mini guerras”. 

Una anécdota que impactó a la reportera se dio durante una comisión en la casa del ex presidente Alberto Fujimori, cuando él era aún candidato a la presidencia. Le habían asignado cubrir a Fujimori y el ex mandatario la mandó a llamar. Cuando entró a su casa se topó con una mesa de comedor cubierta de una gran variedad de periódicos. En todos ellos se había publicado la foto de Fujimori con un traje japonés y una espada. Aquella foto que lo hizo enfurecer era obra de Rocío. 

“Me dijo: ‘Hace más de 60 años que este periódico desde que salió no ha publicado una sola foto y mira.’ Me enseña la primera página donde está él. Entonces ahí fue donde me pone la espada en el cuello. Yo hasta ese momento estaba un poco desconcertada. Él estaba furioso. Entonces me dice: ‘¡¿Cómo te has atrevido?!’ Y conforme se ponía más colérico me empujaba más la espada en el cuello. Hasta que uno de sus guardaespaldas le bajo la mano y le dijo: ‘Suave, cuidado’”, relata.

Los guardaespaldas ayudaron a que Rocío saliera de la casa, ya que Fujimori no la quería dejar ir. “Entonces cuando estaba saliendo. Me dijo: ‘Yo voy a ser presidente ya vas a ver’. Y yo volteo y le digo: ‘Y llorarás lágrimas de sangre’. Y los dos guardias prácticamente me empujaron para fuera”.

Después del incidente, a Cáceres le quitaron la asignación de cubrir al ex mandatario porque temían que pudiera hacerle daño a la periodista.

NANCY CHAPPELL

En 1987, Nancy Chappell egresó de la carrera de comunicaciones y empezó sus prácticas en el diario Ojo. Ella tenía muy en claro que quería ser redactora, pero en las salas de redacción se dio cuenta que las palabras no le eran suficiente para contar lo que cubría. Empezó a sentir envidia de los fotógrafos que la acompañaban a las comisiones. Así que habló con el jefe de redacción y le suplico que la trasladaran al área de fotografía. La aceptaron por un mes, pero se quedó ahí muchos años. 

Era la década de los 90’s, la violencia perduraba en las calles. Nancy viajó por primera vez a Ayacucho para fotografiar las conmemoraciones por semana santa. “Es impactante llegar ahí y ver a a la gente con unos rostros tan sufrientes y en el poco tiempo que estuve, escuchar historias de terror. Fue muy impactante. Y yo como limeña, aún como periodista, había visto todo de una manera tan lejana y me sentí mal.” Después de esa experiencia, Chappell regresó a Lima.

La violencia ya se había movilizado a la capital y los atentados eran frecuentes. En ese clima de guerra, Nancy sentía que la labor que hacían ella y sus demás colegas serviría para parar la guerra. “Siempre tuve esa esperanza y la convicción de que los fotógrafos mostrando imágenes íbamos a hacer un cambio, pero pasaban los años y todo eso se hizo peor.”

Algo que marcó profundamente a la periodista fue cubrir un atentado que acabó con la vida de un taxista en la avenida Canadá en 1992. El hombre tenía 54 años, la misma edad que tenía su padre en ese entonces. Había sido quemado y de su cuerpo aún desprendía humo. “Ese día llegué a mi casa y vomité. Esa noche hubo un coche bomba que voló completamente la Embajada de Bolivia. Y ese día tuve consciencia del miedo de cubrir porque antes no lo había tenido”. La excesiva violencia hizo que Nancy se desencantara de la fotografía. Sentía que se había equivocado, que la fotografía no iba a parar la guerra y optó por no registrar más los horribles actos de terrorismo. 

En 2002 la llamaron para participar en la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y buscar archivos de los 20 años de violencia que sufrió el país. Entre archivos de fotógrafos y distintos medios entendió la importancia del registro fotográfico. “La fotografía sí hace la diferencia. No va a parar la guerra, pero nos crea consciencia, nos acerca, es capaz de confrontar y ser un testimonio. Ahí reside el valor de la fotografía. Nos hace más empáticos”.

Deportistas afrodescendientes: cuando el autocuidado es político

Deportistas afrodescendientes: cuando el autocuidado es político

Por Mya Sánchez

Foto: Prensa Internacional

Los pasados Juegos Olímpicos Tokio 2020 fueron escenario de eventos históricos. Uno de ellos se desencadenó a partir de que Simone Biles, la gimnasta afroamericana, se retirara de cuatro competencias y pusiera sobre la mesa el tema de la salud mental. ¿Qué nos dice aquello sobre las expectativas que ponemos sobre las deportistas afrodescendientes?

“Soy un ser humano antes que Simone Biles, la superestrella”, declaraba allá por el 2019 la deportista estadounidense luego de que el equipo de gimnastas que lideraba ganara el oro en el Mundial de Gimnasia Artística de Stuttgart, Alemania. Casi dos años después, aquellas palabras cobraban aún más sentido cuando desencadenaron un hecho histórico: Biles se retiró de la competencia general por equipos femeninos y de las finales de caballete, ejercicio en suelo y barras asimétricas de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 pues, en sus palabras, “estaba luchando contra sus demonios”.

Para Carla Tristán, ex voleibolista y entrenadora afroperuana, esta situación no es ajena. “Entrena, aguanta y compite”, es la mentalidad que en sus épocas predominaba y la consigna que justificaba que las deportistas llevaran sus cuerpos al límite sin un correcto acompañamiento físico ni emocional. Y es también la postura de algunos deportistas en la actualidad. Los que se lo pueden permitir, claro. 

Foto: Columna Digital

A propósito de la decisión de Biles, el tenista serbio Novak Djokovic afirmó con dureza que la presión es un privilegio y que si el objetivo de un deportista es triunfar debe aprender a lidiar con ella. Fuera de las particularidades de las disciplinas en las que ambos atletas se desenvuelven, hay factores que marcan una gran distancia entre sus experiencias. ¿Podría entender un hombre blanco la presión que hay sobre la gimnasta afroamericana? ¿Qué tanto influyen factores como el género y la identidad étnico-racial en las expectativas que se colocan sobre los deportistas?

Doble baremo

Como es bien sabido, los estereotipos de género son expectativas respecto de las cualidades, labores e ideas que socialmente se ha impuesto sobre hombres y mujeres. En ese sentido, explica la psicóloga feminista antirracista Jazmín Reyes, ellas suelen ser asociadas a roles de cuidado, en los que deben “nutrir, alimentar o atender las necesidades de los demás”, explica. 

Este tipo de labores se personifica, por ejemplo, en la figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación, que pone a todo el mundo antes que ella y que tiene una moral particular”, añade la Magíster en Derecho, Ciencia Política y consultora de agencias gubernamentales en temas de género e interculturalidad Mariela Noles.

Figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación”. Foto: Wix

No obstante, las identidades étnico-raciales de las mujeres han sido un factor clave para que no todas experimentemos el sexismo de la misma forma. Así, mientras se espera que las mujeres blancas sean delicadas y frágiles, los estereotipos en torno a las mujeres racializadas indican todo lo contrario. Como explica la periodista y activista antirracista Sofía Carrillo, fue en la segunda ola del feminismo que los colectivos afro empezaron a cuestionar esto.

“Ser una mujer negra te colocaba en una posición de ser fuerte e independiente, entonces el reconocimiento de derechos de las mujeres afrodescendientes no buscaba que se las vea como fuertes. El feminismo liderado por mujeres blancas desconocía la situación de las mujeres afrodescendientes, por lo que aparece la necesidad de hablar de nuestras particularidades”, explica. 

Así, el factor común ha sido demandar a las mujeres anteponer las necesidades de los demás a las propias, pero, como afirma Sharún Gonzáles, docente, periodista e investigadora afroperuana, “las expectativas sobre un cuerpo feminizado y racializado negro son ilimitadas”.

Cuando la fortaleza no es un halago

Desde la “Jezebel” hasta la “mammy”. Los arquetipos racistas que a lo largo de los años se ha difundido a través de los medios de comunicación suelen estereotipar a las mujeres afrodescendientes como hipersexualizadas e insaciables, irritables y destructivas o cuidadoras de moral perfecta. En su libro Sister Citizen, la socióloga Melissa Harris-Perry narra cómo en la década de los 50 y 60, las mujeres afrodescendientes construyeron el esquema de strong black woman en un intento de escapar de los roles negativos antes mencionados.

Todos estos personajes son vistos como Mammies. Con tres de cinco de estos roles, se han ganando premios a pesar de ser una representación esteriotipada.  Imágen: Lauhrinse Greeeen

A pesar de parecer lo opuesto y colocarlas en un lugar de superioridad física, este arquetipo terminó siendo igual de dañino. De acuerdo a Sharún Gonzáles, este se refería a que “las mujeres racializadas negras afrontan circunstancias de vida tan duras que se endurecen”, y la sociedad lo interpreta como que siempre son fuertes, luchadoras y se sobreponen a las condiciones. “En realidad estamos sobreviviendo”, añade.

Así, el mito del strong black woman ha normalizado que las mujeres afrodescendientes presenten ciertas características que bordean lo sobrehumano. “Su masculinización, por ejemplo. Una mayor resistencia al dolor, un grado más alto de resistencia física. Eso incluye que la vulnerabilidad sea castigada”, precisa Noles. Es así que, mientras que en otros contextos la resiliencia o la integridad moral son positivas, en  este caso se convierten en la expectativa normativa. “Ahí vale la pena mirar cuál es la sanción social si es que nos desviamos del camino”, agrega la docente.

Y es ahí donde radica el riesgo de los estereotipos. Reyes argumenta que cuando estas creencias se convierten en verdades absolutas, se encasilla a las personas en un lugar y forma de actuar específicos. “Entonces si no cumples con ellos, no eres una mujer negra. Al final pierdes libertad”. Carrillo concuerda con que son peligrosos pues “se toma una porción de la realidad y, por ejemplo, no manifestar sensibilidad se empieza a plantear como una condición natural”. 

racializadas
Serena Williams (derecha) consuela a la ganadora del US Open, Naomi Osaka, entre los abucheos del público. Foto: Reuters

Cabe destacar que estas categorías implican un costo social importante también. Como explica Noles, no nos permiten establecer relaciones personales auténticas donde valoramos las diversidades, privando así a la sociedad de muchos aportes individuales importantes. No obstante, para Sofía Carrillo la deshumanización es la consecuencia más dura. “Si eres una mujer fuerte, ¿cómo manifiestas tu fuerza? ¿Evitando que un insulto racista te afecte? ¿Criando a tus hijos sin ningún apoyo?”, reflexiona.

Mirar hacia atrás

Vale la pena echar un vistazo al pasado para evaluar las raíces de este mito. La respuesta está en el origen esclavista de nuestras repúblicas. Lo explicaba ya el sociólogo Aníbal Quijano cuando detalló cómo el proyecto de colonización en nuestro continente se estructuró sobre la jerarquización de los seres humanos bajo la idea de razas, en un intento de legitimar las relaciones de dominación impuestas por la conquista y controlar la fuerza de trabajo a partir de la explotación y esclavización de los pueblos africanos e indígenas.

“Históricamente y a través del proceso de esclavización, los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, han sido descritos como inagotables, hechos para el trabajo”, explica Gonzáles. En ese contexto, las mujeres afrodescendientes ocupaban funciones en relación a su cuerpo, como siervas sexuales, amas de leche o vientres de reproducción. 

Históricamente se considera a los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, como inagotables, hechos para el trabajo. Foto: (Marc Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

“No es casualidad que en la actualidad se espere que tengamos un gran desempeño sexual o debamos mostrar esa fortaleza siempre. Lo que no nos cuentan es qué es lo que nuestros ancestros han tenido que soportar: violencia física, sexual, psicológica. Entonces se crea este mito de que como son mujeres negras tiene que ser fuertes y eso realmente daña demasiado la salud mental”, agrega la psicóloga Reyes.

Estas premisas que sostenían el sistema esclavista han calado de tal manera que al día de hoy constituyen un trauma intergeneracional. La especialista en salud mental, relata cómo algunas de sus compañeras activistas racializadas sienten constantemente que no pueden parar porque si lo hacen, todo se cae. “Creo que está relacionado con el sentimiento de que el éxito o incluso las mentes que podemos cambiar dependen solo de una persona. Entonces se comienza a legitimar este mito en el mundo académico, laboral, familiar”, concluye.

La alta competencia

Cuando Camila Mendoza decidió cruzar las fronteras para jugar vóley, no imaginó que le sería tan difícil seguir jugando por placer. Pese a que el colorismo permitió que sus rasgos étnico-raciales no fueran mayor obstáculo cuando jugó en nuestro país, en Argentina se topó con exigencias que constantemente dañaban su salud mental. “Cuando era un partido difícil, el entrenador le decía a la armadora que me arme todas las bolas a mí”.

La situación se volvió crítica cuando salía de los partidos llorando, así su equipo haya ganado. Incluso en una ocasión, cuando se lesionó, el doctor le advirtió que si jugaba se rompería el tobillo. Sin embargo, eso no pareció importarle a su entrenador. “Esos tres días no fui a entrenar, quería caminar y no podía, y lloraba porque sabía que el equipo dependía de mí”. Cuando el día llegó, le dijeron que se vende el tobillo y llegó a jugar hasta dos partidos.

Camila es solo un ejemplo de cómo los mitos sobre las mujeres racializadas impactan en sus vidas personales. En el caso de las deportistas, el riesgo es particular por el protagonismo que toman sus cuerpos. “Trazas un paralelo entre las características que se le adjudican al cuerpo del deportista negro y al cuerpo esclavizado negro y hay varias coincidencias. La industria del deporte, que se sienta sobre la base de los cuerpos racializados negros, continúa tratando estos cuerpos como descartables”, explica la investigadora Gonzáles.

Carla Tristán, por otro lado, jugaba a los 15 años en menores, juveniles y mayores paralelamente. Pese a los años que separan a sus historias, ella también podía identificar la presión de las miradas ajenas. Todas, exigiéndole ser más fuerte, rápida y soportar una mayor carga de trabajo. Pero en ella, las consecuencias fueron aún más duras. “Fui mal llevada físicamente. Desde muy chica quemaron etapas en mí. Acabé con muchas lesiones y cirugías”, las que finalmente la llevaron a dejar el voley.

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Carla Tristan, voleibolista. Foto: FIVB

Camila narra cómo tanto en Argentina como en Perú ha podido percibir que los entrenadores suelen buscar a voleibolistas racializadas, con determinada altura y contextura, pues se cree que van a tener mayor fuerza, agilidad y rendimiento. En otras palabras, se considera que los cuerpos racializados son hiperdotados para el deporte. “Al mismo tiempo es importante ver el estereotipo paralelo, que es que son cuerpos menos capacitados para habilidades intelectuales”, precisa Gonzáles. 

Al respecto, Carla cuenta cómo en repetidas ocasiones cuando se ha subido a taxis le han preguntado automáticamente si jugaba basquet o voley. “¿Porque soy negra tengo que hacer deporte? ¿No puedo hacer otra cosa?”, respondía. “No es común que a una chica blanca o mestiza le digan eso”, añade.

En ese sentido, Gonzáles explica que constantemente se piensa que los cuerpos racializados están más capacitados para desempeñarse deportivamente. “Incluso cuando ves cómo los medios describen sus cuerpos hablan de, por ejemplo, el largo de sus extremidades”. Además, en muchos casos son al mismo tiempo empobrecidos, por lo que los deportes populares aparecen como posibilidades de escapar por lo menos circunstancialmente de la pobreza, explica. Aquello puede constituir un estresor aún mayor.

Eso, sumado al hecho de que, de acuerdo con Gonzáles, hay un nivel de explotación en el fútbol o en el voleibol que no se da en los deportes elitistas. Todo esto, termina configurando un sistema tortuoso que reduce las posibilidades de que las deportistas afrodescendientes conecten con sus disciplinas desde el placer. Además, tiene impactos fuertes en su autoestima y salud emocional, al colocar su valor en el cumplimiento o no de los estándares.

Un mito interiorizado

No es de extrañar entonces que la salud mental de gran parte de las deportistas racializadas esté tan deteriorada. Tristán lo cuenta desde su experiencia: uno de sus entrenadores le repetía constantemente que “los negros debían ser buenos en el deporte”. En ese entonces ella no sabía que eso era racismo. “Si me volviera pasar lo haría público o le diría algo”, expresa con un poco de pesar pero con el orgullo que siente hoy de poder identificarlo como tal.

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Aauri Bokesa, atleta. Foto: SoyDe

Asimismo, relata que en su época pasaban por mil pruebas psicológicas pero que jamás les dieron los resultados. “Nunca sentí que se preocuparon realmente por nuestra salud emocional. Es más, creces con esta idea de que tienes que aguantar y eso lo llevas a tu vida diaria. Si te lesionabas nadie te llamaba, tenías que recuperarte y volver al campo. Tienes que ser una mujer súper fuerte porque tu equipo te necesita, porque el Perú te necesita”.

Noles lo explica desde el racismo endémico, término que da cuenta de la manera en que las personas racializadas interiorizan el mensaje que está alrededor suyo. Reyes, por otro lado, considera que “incluso a las mujeres que nos cuestionamos eso nos queda en el subconsciente y aparece como un mecanismo de protección”. Y añade: “Por eso es que nos mostramos fuertes”.

Y no es para menos, pues estamos hablando de un trauma racial donde además se intersectan el género y la identidad étnico-racial. “Muchas veces somos la primera generación que rompe con patrones familiares y es duro porque es una gran carga”, detalla Reyes, incluso a título personal.

Un acto político de amor propio

Finalmente, aunque el mito del strong black woman no se limita al deporte, lo que tiene en común con todos los demás ámbitos en los que impacta es que no deja mucho espacio para el autocuidado, pues se espera que las mujeres afrodescendientes se mantengan fuertes y, en consecuencia, sostengan al sistema que aún recae en su mano de obra, explica Gonzáles. “Aún esclaviza, solo que de formas más naturalizadas”.

Lo que hizo Simone Biles al decir “no” fue intentar recuperar su humanidad. “Puedes decir que eso nos pasa a todas y todos, pero en el caso de las mujeres racializadas negras estas expectativas están ligadas a procesos de deshumanización de nuestros cuerpos. Biles generó disonancia a todo el sistema porque estamos acostumbrados a que estos cuerpos sean hiperdotados. Humanizarse a sí misma defrauda estas expectativas”, agrega la especialista.

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Simone Biles. Foto: La Vanguardia

Si en algo concuerdan todas las entrevistadas, es en que cuidarse a sí mismas es un acto de rebeldía. Principalmente, porque rompe con los estereotipos de estar siempre a la expectativa de las necesidades de los demás. Sobre todo de las mujeres racializadas. “El antirracismo es saber elegir qué espacios van a ser sanos para ti porque históricamente no nos han dejado elegir. Haber oído lo que hizo Simone a los 15 años hubiera cambiado muchas cosas en mi vida”, expresa Reyes.

Mendoza, que estuvo a punto de dejar el vóley,  hoy puede contar feliz que está aprendiendo a manejar el peso de intentar ser perfecta gracias a su psicólogo deportivo. Esto, en una sociedad que, en general, desalienta el cuidado de la salud mental, es aún más destacable. “Muchas veces se puede sentir que estás traicionando a tu país o comunidad, pero no se entiende que para crear sanas colectividades tenemos que crear sanas individualidades”, comenta al respecto Reyes.

Al final del día, como expone Noles, lo que hizo la gimnasta fue una decisión individual como cualquier elección de cualquier otra mujer racializada en el mundo, con la diferencia del nivel de exposición. “Vivir de acuerdo a tus propias reglas en lugar de las expectativas de los demás es un acto político de resistencia”, agrega.

Carrillo destaca el autocuidado especialmente cuando viene de mujeres afrodescendientes de piel oscura. “Cuanto más oscura eres más deshumanizada eres y más se espera que complazcas al otro. Ahora estamos diciendo que no, no lo vamos a seguir aceptando”, concluye.

Todo por mi idol: El lado activista del k-pop

Todo por mi idol: El lado activista del k-pop

Por: Adriana Velásquez
a20160535@pucp.edu.pe
Foto: Prensa

El término k-pop ya no es ajeno en el Perú a pesar de estar a más de 16 mil km del país donde se originó este género musical. Poco a poco el k-pop ha ganado popularidad gracias a las redes sociales. No es sorpresa que los clubs de fans o fandoms sean cada vez más numerosos y con un gran poder de convocatoria para manifestarse social y políticamente. 

A mediados del año pasado, durante las protestas del movimiento Black Lives Matter tras la muerte de George Floyd en Estados Unidos, medios alrededor del mundo informaban de la donación de 1 millón de dólares por parte de la banda de kpop BTS. Bastó un poco más de 24 horas para que las armys, seguidoras de la banda, recolectarán otro millón de dólares el cual donaron a la misma causa. 

El activismo en el k-pop también ha tenido impacto en Latinoamérica. En Perú, las kpopers detuvieron un intento de desprestigiar las marchas contra Manuel Merino en Twitter a través del #TerrorismoNuncaMás. Se organizaron para llenar de spam dicho hashtag y evitar que difamaran a quienes estaban yendo a protestar. Asimismo, en el aspecto social, los fandoms de k-pop organizan diversas actividades de proyección social para conmemorar los cumpleaños de sus idols o los aniversarios de sus grupos favoritos. 

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Foto: Prensa

Pero, ¿los k-popers hacen ciberactivismo? Miguel Sánchez, periodista y docente de la Universidad Católica, destaca características propias del ciberactivismo en los k-popers como la organización en fandoms, los objetivos comunes y el uso del espacio público. Si bien no es posible generalizar las intenciones de todo un grupo, su gusto musical no las excluye de estar al tanto de la situación nacional.  “No creo que sea gratuito que las urgencias políticas de nuestro país las y los impacten y tengan que manifestarse de distintas maneras”, sostiene.   

Por otro lado, la psicóloga social y fan del k-pop, Sandra Rivas, indica que la predisposición de las k-popers a manifestarse en el ciberespacio está en la experiencia para hacer que sus grupos sean tendencia utilizando los algoritmos de las redes sociales.  Estas habilidades son replicadas cuando se trata un tema de interés político o social. 

Según Rivas, los fandoms de kpop tienen dos características importantes que los diferencias de otros fan clubs de música occidental: la construcción de la identidad como colectivo y el mercado de la industria del kpop.

Rivas describe a este colectivo con una identidad hermética en donde cada fandom tiene un nombre y un color que los distingue. A esto agrega la relación que existe entre la figura del idol y las fans. “Se sienten tan vinculadas con los artistas que ya no pueden desligarse de ellos. El conocer cómo esa persona ha luchado cada día de su vida para ser capaz de cantar y bailar perfectamente en un escenario. Las empresas de entretenimiento coreano lo remarcan tan bien que la gente llega a empatizar con ellos”, explica.  

Foto: K-Pop Random Dance Perú

Por otro lado, la especialista destaca el merchandising y marketing del k-pop, en donde cada producto o disco del artista genera afinidad con el fan. “Realmente Corea del Sur tiene un buen modelo para mercantilizar esta industria”, afirma.

En honor a mi idol

Es claro que los fandoms de k-pop no son ajenos a las problemáticas de nuestra sociedad. Semanas atrás se esparcía en los medios nacionales la noticia de la donación de 3 mil soles a la Asociación de la Bienaventuranza del padre Omar Sánchez. Su fin era la construcción de una planta de oxígeno. El protagonista de este hecho fue ARMY, uno de los fandoms de k-pop más numerosos, y que cuenta con diversas sedes alrededor del Perú. 

Fabiana Tequenquea, miembro del staff de BTS Chiclayo, entró al fandom en el 2015. En ese momento, el popular grupo surcoreano BTS no era tan conocido a nivel mundial. En ese entonces eran un equipo reducido y no contaban con los medios económicos para realizar labor social. Fabiana recuerda que recién en 2016, con la llegada de nuevos miembros al fandom, pudieron realizar sus primeras obras sociales. Estas, consistían en chocolatadas navideñas. Repartían chocolate, panetón y juguetes a las personas de la calle. Conforme BTS se hacía más conocido en Chiclayo, más miembros se iban sumando al fan club. Fue así como las actividades de labor social fueron aumentando. 

Pero sin duda, hubo una donación que supero todas las demás. Fue considerada como la donación más grande a nivel nacional por parte de las armys. La recaudación de 3 mil soles se realizó para la creación de una planta de oxígeno en Lima. Esto, para conmemorar el cumpleaños de J-Hope, integrante de BTS. Si bien este acto, organizado por el grupo BTS Perú Projects, armys peruanas de distintas sedes colaboraron con la colecta. “Fue un gran orgullo porque los fan clubs de kpop a veces son dejados de lado e insultados por este gusto. Y fue un honor que el esfuerzo sea reconocido de una manera positiva a nivel nacional”, recuerda Fabiana. 

Foto: Facebook BTS Perú Sede Chiclayo

Para ella, el mensaje que difunden los chicos de BTS en su música es una inspiración para mejorar, apoyar a los demás y vivir en un mundo mejor. “Como ellos mismo dijeron: Todos somos iguales, todos merecemos apoyo y respeto”, cita. 

Si bien las armys han causado mayor repercusión en los medios, no son las únicas que hacen proyectos de labor social. Gracias a las redes y a la internacionalización del kpop, cada vez hay más fandoms peruanos que se forman y organizan mucho antes del debut de la banda. Esto les permite comenzar temprano con la labor social.  Lo que ocurrió con ENHYPEN, un grupo de kpop que surgió de un reality de competencia llamado I-LAND. Debutaron en noviembre del 2020, y antes de su estreno ya tenían un fandom en Perú. 

Para Keyla y Hienka, miembros del staff de ENHYPEN PERÚ, desde un inicio tenían en claro que querían hacer trabajo social.  “Tenemos miembros que trabajan en ONG’s entonces siempre lo teníamos en cuenta para las actividades que queríamos realizar en los cumpleaños de los chicos”, menciona Keyla.  

Una de las actividades que más recuerdan fue la chocolatada navideña que hicieron junto con la ONG. “Cambiando Vidas Perú” el año pasado. “Pedimos donaciones, tanto monetarias como de víveres. Lo que hicimos fue comprar juguetes para 100 niños y como también hubo donaciones de víveres hicimos una cestita y eso se sorteó entre los que estaban ahí. Fue super divertido”, recuerda Keyla. 

Foto: Facebook ENHYPEN Perú

​Aunque la pandemia no ha permitido que el fandom de ENHYPEN se reúna presencialmente con los otros miembros, gracias a las redes sociales, se mantienen en contacto y están más al pendiente de las actividades de sus idols. La visión futura para ENHYPEN Perú es seguir apoyando causas sociales y apoyarse en las redes para conseguir mayor apoyo. “Un fandom a nivel de kpop no solamente se centra en ello, sino también podemos apoyar en nuestra sociedad con el hecho de que tenemos algo en común”, expresa Hienka.

Cabe destacar que el activismo y labor social de parte de las kpopers no es algo nuevo. Fandoms con mayor antigüedad ya realizaban pequeñas actividades para ayudar a la comunidad. Fiorella Mucha, parte del staff de SONES Perú (fandom del grupo femenino Girls Generation), cuenta que desde el 2011 vienen realizando proyectos de ayuda social. En un inicio se interesaron por la causa animal colaborando con albergues para perros, ya que como Fiorella indica, “SONE Perú se caracteriza por el amor hacia los animales”.

No obstante, también han realizado eventos y colectas para apoyar otro tipo de campañas. Su proyecto más actual fue la donación de 20 packs de higiene personal y mantas para el hospital Dos de Mayo. “Nos dimos cuenta que el personal médico que atiende a pacientes COVID, en una guardia de 12 horas tienen que bañarse entre 3 a 5 veces. Y lo que usan mucho son shampoo, pasta dental y cepillo”, cuenta Mucha. Pese a que temían correr el riesgo de contagiarse al salir a comprar, decidieron organizarse y tomar las precauciones necesarias para gestionar la compra y entrega de los productos. Hicieron un presupuesto para saber a qué meta debían llegar, difundieron el proyecto en redes sociales y pronto lograron llegar al monto.  “El personal de emergencia se sorprendió al ver que chicos que no los conocían iban a dar este granito de arena”, rememora Fiorella.

SONE Perú, así como otros fandoms de k-pop, también estuvieron al tanto de la situación que atravesaba el país durante la crisis política. Si bien no tomaron una posición política, sí decidieron expresar su sentir y apoyar a la gente que salió a marchar. “Lo que hicimos fue unirnos a través de mensajes. Sentíamos que podíamos tener un espacio de difusión, publicamos la lista de desaparecidos, nos pusimos de luto y vimos que otros fandoms también lo hicieron. Cambiamos nuestra foto de perfil, algo que muestre que, como fans nos sentimos afectados porque no somos ajenos a lo que estábamos pasando”, recuerda.

Evolución de la ola coreana

No hay duda de que el k-pop y la cultura coreana está tomando más relevancia en este lado del mundo. El Hallyu o la ola coreana es un término que hace referencia a la expansión de la cultura de Corea del Sur al resto del mundo. Esta expansión se dio en la década de los 90 cuando se empezaron a distribuir producciones del Corea del Sur al extranjero. Novelas, programas de entretenimiento, música, danzas… el entretenimiento coreano se popularizó rápidamente. 

Foto: INDVSTRVS

En Latinoamérica el crecimiento se dio se forma paulatina. Poco a poco se formaban los primeros fandoms de kpop, aunque estos carecían de visibilidad. “Antes era raro encontrar por la calle a alguien que sepa de kpop. Te miraban rarísimo, hasta a algunos les daba vergüenza decir que era fan de kpop. Y con la masificación se volvió cada vez más normal”, menciona Fiorella Mucha. 

Cuando el éxito de PSY “Gagnam Style” se viralizó en YouTube, el pop coreano ganó un impulso de popularidad y muchas empresas de entretenimiento vieron la posibilidad de ampliarse al mercado internacional. “El crecimiento del kpop viene desde Corea del Sur, ellos están interesados en salir del país, si bien tienen una postura bien nacionalista hay muchos grupos qué buscan la internacionalización. Los ejemplos más claros son Black Pink, BTS, Stray Kids,” indica Sandra Rivas.  

Actualmente, el fenómeno del k-pop tiene un gran impacto en las plataformas digitales. El artículo de Fernando Vega, Manager para América Latina en Comscore Social, indica que “el k-pop es una tendencia fuertísima entre los jóvenes de Perú” pese a que los medios de comunicación centran su atención en cubrir noticias de música más clásica. Según Vega, en 2020, los k-popers peruanos instalaron hasta 15 trending topics sobre kpop en 30 días en la red social Twitter.  “La mención a BTS introduce a la banda de K-pop que es furor en la región. BTS concentra el 85% de menciones de Latinoamérica y hasta el 93% en Perú”, indica en el informe. 

Ya sea por convicción propia o por seguir al colectivo, los fans del k-pop están generando un impacto positivo dentro y fuera de las redes sociales a través de la ayuda social y la resistencia política.

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