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Thalía Gálvez, periodista de Willax. 24 años

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Desde niña soñé que sería periodista y logré cumplir mi objetivo. Pero nunca pensé que mi carrera me convertiría en una amenaza latente para mi padre que padece cáncer de páncreas. Cuando el coronavirus llegó al Perú todo cambió. Cada día es distinto en mi trabajo, en mi casa. 

En mi trabajo sí se tomaron las medidas correspondientes como el uso de mascarillas, guantes, desinfección en los calzados, nuevo horario, menos comisiones en las calles y entrevistas por plataformas digitales. Casi todas las notas que hoy escribo para el noticiero de Willax giran en torno al Covid – 19. Todas ellas son duras y tristes. 

Cuando empecé a laborar como reportera, hace un año atrás, me esforcé en trabajar mis emociones y demostré mucha fortaleza para enfrentar cada entrevista sin importar qué tema o enfoque tocara: si era triste, alegre o fuerte. Ahora me apena escribir sobre muchas personas que están infectadas y otras que lamentablemente fallecen y no pueden ser velados por sus seres queridos. Todo esto genera en mí mucho miedo. La misma sensación que siento al llegar a casa, sacarme la ropa en la escalera, pasar a la ducha y encerrarme en mi cuarto para no contagiar a mi padre de 65 años que hace diez viene luchando con su enfermedad. 

No puedo renunciar a mi trabajo ya que por ahora soy la única que genera ingresos económicos. Si no trabajo mi papá no podrá consumir sus medicamentos. 

Mis padres me dicen que sienten mucho dolor cada vez que salgo de casa pues temen que contraiga el virus; pero mi dolor no sería contagiarme, sino transmitir la enfermedad a mi papá.

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