Por Yahir Campos

La fiesta del Mundial de fútbol será recordada no solo por reunir a la mayor cantidad de equipos en la historia de los torneos (48 selecciones), sino también por ser una de las más polémicas al estar envuelta en actos discriminatorios debido a las políticas del país anfitrión, Estados Unidos.
Además, México, otro de los coanfitriones, atraviesa una crisis de desapariciones que asciende a más de 135,000 personas no habidas en los últimos 20 años, lo que califica a su sociedad como desprotegida por parte de sus autoridades para velar por los derechos humanos.
Mundial de la represión
Hace más de un año, Sport & Rights Alliance avizoraba ciertos riesgos para las aficiones y deportistas en la cita mundialista y hoy, con la competencia más grande del deporte en curso, se cumplió el vaticinio: no es un mundial igualitario.
Irán vs. el resto del mundo

Un caso insólito es el del goleador iraní, Aymen Hussein, futbolista que marcó el gol de la histórica clasificación de su selección. Él fue retenido durante siete horas en el aeropuerto de Chicago para ser sometido a un exhaustivo interrogatorio. También lo acompañaba el fotógrafo oficial de la selección de Irán, quien no corrió con la misma suerte y fue deportado. Hussein declaró que esta fue una experiencia humillante e intimidatoria.
Además, tras el partido de Irán vs. Nueva Zelanda, el entrenador iraní, Amir Ghalenoei, recibió junto al plantel la visita de Gianni Infantino, presidente de la FIFA. El director técnico le expresó que se sentían la selección más marginada del certamen, sufriendo así una competencia sin igualdad de condiciones en referencia a los problemas de visados, retenciones y por verse obligados a concentrar fuera de Estados Unidos (en Tijuana, México) para disputar sus partidos.

“Les agradezco su presencia en esta competición. Sé cómo se sienten ahora, pero son más grandes que todos estos problemas y están enviando un mensaje poderoso al mundo. Esta noche lograron unir a todos los presentes en el estadio para apoyar a la selección iraní y demostrar solidaridad”. — Respuesta disuasoria de Gianni Infantino.
Casi un sueño mundialista

Hace un año, Steve Cockburn, director de justicia económica y social de Amnistía Internacional, declaró para Reuters que este no le parecía el mundial seguro, libre, igualitario e inclusivo que se prometió cuando eligieron la sede del Mundial de fútbol 2026, el 13 de junio de 2018 durante el 68.° Congreso de la FIFA en Moscú, Rusia.
Esa promesa se disolvió al igual que el sueño de dirigir en la Copa del Mundo para el árbitro somalí Omar Artan, quien fue seleccionado como uno de los 52 réferis principales para el torneo, representando un hito histórico para el fútbol de su país. Sin embargo, al aterrizar en el aeropuerto internacional de Miami para unirse a los entrenamientos y sesiones de la FIFA, las autoridades estadounidenses le negaron la entrada alegando problemas en la verificación de antecedentes.

Controles discriminatorios

La llegada de la selección de Senegal desató polémica en las redes sociales luego de difundirse un video donde los jugadores pasan por un «extraño» control de seguridad a pie de pista en el aeropuerto de San Antonio. En el registro se observa cómo se les revisa hasta los zapatos, algo que no se repitió con otras delegaciones.
Aunque la Federación Senegalesa aclaró, según lo informado por Reuters, que los controles se llevaron a cabo conforme a las normas de seguridad aeroportuaria y que eran parte de un acuerdo para agilizar el viaje, la situación no habría pasado a mayores si no fuese por otro hecho particular.
También circuló un video donde la selección de Uzbekistán fue objeto de un suceso similar, luego de que miembros de la delegación descendieran del autobús que los transportaba antes del duelo amistoso a puertas cerradas contra Países Bajos en Nueva York.
Personal de seguridad cacheó uno a uno a los miembros de la selección, obligándolos a dejar sus pertenencias para ser revisados con detectores de metales y perros rastreadores. Esta inspección fue criticada como un acto discriminatorio, ya que la selección rival no enfrentó el mismo procedimiento.
El entrenador, y ex campeón del mundo con Italia, Fabio Cannavaro, declaró tras este insólito hecho:
“Me dijeron que eran las reglas, pero al final el control fue solo para nosotros”, comentó indignado.
Un país (mundialista) de luto

Los gritos de un estadio lleno de aficionados son aplacados por el llanto de familiares de miles de desaparecidos en México. El 11 de junio, a pocas horas del partido inaugural entre México y Sudáfrica, miles de personas marcharon intentando llegar al Estadio Azteca con el propósito de visibilizar la trágica realidad de las familias mexicanas ante la atención internacional que genera el torneo.
En la movilización, los familiares portaron la camiseta mexicana con fotografías de sus seres queridos y pancartas con mensajes duros y alusivos al torneo: «México, campeón en desaparición».
“Que el mundo se entere de que tenemos muchos desaparecidos, que se invierte en muchas cosas [como el Mundial], pero no en nuestros desaparecidos”. — Declaración de una madre afectada para la agencia EFE.
Finalmente, la marcha no pudo lograr su cometido por completo, ya que fue contenida antes de llegar al estadio por un operativo policial que esta vez actuó con rapidez, obligando a los manifestantes a realizar su acto de memoria frente a las vallas de resguardo que cubrían el recinto deportivo.
Números de terror

México ocupa lugares alarmantes a nivel internacional en desapariciones. Según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPDNO), el país acumula más de 132,000 casos. Tan solo durante el año 2025 se registraron 14,079 personas sin rastro alguno.
Esta lamentable situación mantiene bajo el escrutinio público la gestión de Claudia Sheinbaum, quien suma en su mandato 11,701 víctimas desde que asumió el cargo el 1 de octubre de 2024. De acuerdo con Santiago Corcuera, exintegrante del Comité de la ONU, en el último año se ha promediado una tasa de hasta 40 desapariciones por día.
Más allá del espectáculo
El Mundial es una fiesta que reúne a personas de distintas etnias, costumbres y religiones; es un deporte que une corazones, sin lugar a dudas, pero no debe ser usado como un agente político distractor, porque es ahí cuando se desvirtúan las emociones y colisionan con la realidad social.
En el caso de la administración de Donald Trump, se utiliza la competición para mostrarle al mundo una supuesta capacidad unificadora entre los países, pero nada está más lejos de la realidad. Detrás de la infraestructura quedan en evidencia políticas de control excluyentes y, para cerrar esa pesada brecha social, una profunda falta de justicia que las familias de la región conocen de primera mano.