Yo creo: Más allá de la Kipá

Yo creo: Más allá de la Kipá

Por Renato Silva

Luego de haber sufrido una brutal persecución durante el régimen nazi —que provocó la muerte de entre seis y doce millones de personas en campos de concentración— la comunidad judía es, en la actualidad, poco comprendida e, incluso, acosada y discriminada en espacios públicos por personas con poca tolerancia a la diversidad religiosa, o que reivindican un discurso antisemita.

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Según un artículo publicado por el Congreso de la República en el año 2002 —y rescatado por León Trahtemberg en su sitio web— la presencia de judíos en el Perú se remonta a los años 1850. Fueron activos en la sociedad e historia del país con participación en hechos como el contrato Dreyfus para comercializar guano, el establecimiento de la primera casa de cambio en Lima, así como la fundación del Jockey Club (antes llamado Sociedad de Carreras).

En el censo nacional del año 2017, la religión judía no tenía categoría propia dentro de las estadísticas de religiones profesadas por ciudadanos peruanos. “Otras religiones”, según la contabilidad oficial del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) son practicadas por el 4,8% de peruanos, mientras que el 76,0% se identificaba como católico y el 14,1% restante pertenecían a denominaciones evangélicas.

Según el rabino Mendel, integrante de la secta judía conocida como Chabad, solo en Lima hay 3,000 judíos y, en todo el territorio peruano, podrían haber alrededor de 12 mil.

“Tenemos los mismos padres”

La religión judía, según Mendel, no es muy diferente de las vertientes del cristianismo, como el catolicismo. El Tanakh, que es el libro sagrado de los judíos, cuenta la historia de lo que los católicos conocen como el Antiguo Testamento. La diferencia es que la comunidad judía no acepta el Nuevo Testamento y, por lo tanto, no reconoce a Jesús como el Mesías. 

Pese a la diferencia existente, el judaísmo es considerado el punto de origen del cristianismo y del islam, lo que implica que comparten historias similares que se diferencian en algunos aspectos. Para Mendel, “todo el mundo cree en la Biblia, el cristianismo y el islam, así que la relación que existe es que tenemos el mismo padre, ya que ambos tenemos las mismas madres, mientras que Abraham, Isaac y Jacob son nuestros padres. Creemos en Dios”.

Sin embargo, las diferencias entre estas religiones no implican que el judaísmo rechace las distintas formas que tiene el cristianismo o el islam. De hecho, esa diversidad es aceptada y alentada, pues se reconoce que cada quien tiene una forma especial y característica de relacionarse con Dios. “Todos somos hermanos y hermanas. Y, al final del día, todos estamos tratando de traer a Dios a este mundo y hacerlo… Hacer del mundo la morada de Dios”, asegura el rabino.

Un sinfín de reglas

Otra de las diferencias que puede encontrarse entre el cristianismo y el judaísmo se refleja en los mandamientos que Dios le entregó a Moisés en el monte Sinaí. Mientras que los cristianos siguen los 10 mandamientos del libro de Éxodo, la comunidad judía tiene un conjunto de 613 mandamientos o mitzvah, que no solo inciden en la forma en la que los practicantes se relacionan con Dios y con las personas, sino que también influyen en su forma de vestir, en su aseo personal, e incluso en qué cosas comer.

El rabino Mendel indica que los mitzvah a seguir varían. Las mujeres y los hombres no tienen los mismos mandamientos; al igual que hay diferencias entre los judíos y no judíos.

Estas reglas son formas en las que los judíos pueden establecer una conexión con Dios en todo momento, incluso realizando actividades comunes como descansar. “Lo que Dios está haciendo cuando te da un mandamiento, te está dando una conexión. Dios nos ha dado mandamientos para conectarnos con él. No es que Dios necesite esto o quiera esto otro. Nos ha dado una manera de conectarnos con él”, explica Mendel.

La promesa de la resurrección

Contrario a las creencias cristianas, el judaísmo no considera la existencia del purgatorio. De hecho, tampoco considera que el cielo o el infierno sean lugares de descanso o castigo eternos para las almas de sus fieles conforme a su comportamiento. 

La religión judía tiene una visión positivista sobre el destino del alma luego de la muerte del cuerpo físico. El infierno es un lugar de transición en la que se “lavan” por 12 meses las impurezas de las almas antes de pasar al cielo. La única forma de evitar ese periodo es mostrar arrepentimiento antes de morir.

La promesa de la resurrección se hará realidad una vez que el Mesías llegue a la Tierra. La creencia judía indica que todos los fieles que fallecieron a lo largo de la historia volverán a la vida y es por eso que está prohibida la cremación de los cadáveres en esta religión.

Para Mendel, “el enfoque principal de toda nuestra vida es estar en este mundo haciendo de este mundo un lugar mejor. No es que nos comportemos y por lo tanto obtengamos una recompensa en el cielo o en el infierno, pero hay cielo e infierno. El enfoque es traer al Mesías y volver a este mundo”.

Después de todo, más allá de las diferencias, de las similitudes y de las críticas que pueden existir a las creencias de las religiones, el rabino Mendel considera que el diálogo es importante para una convivencia pacífica y armónica entre todas las personas.

“El pueblo judío no solo ha existido desde ahora. Hubo judíos en los años 1800 y 1900, y ellos hablaban, pero aún así había cierto tipo de racismo, así que no se trata solo de oír, sino de querer vivir en armonía, entender y escuchar. Creo que oír no ayuda si no hay nadie que quiera escuchar. Así que se trata de ambas cosas”, finalizó.

Un archivo por y para nosotrxs

Un archivo por y para nosotrxs

Por Aylinn Siñas

“¿Cuál es la memoria que nosotras como maricas tenemos? ¿Qué recordamos? ¿Cuál es la historia de las maricas asesinadas? ¿Por qué se nos ve solo como una cifra y no recogemos esas memorias?”, esos fueron los primeros pensamientos que vinieron a la mente de André Mere (29), luchador por los derechos de las disidencias sexuales y miembro fundador del Archivo Marica, al pensar en la historia y la memoria del Perú.

Para Jonás Muñoz (33), activista por los derechos humanos y la comunidad LGBTQ+ del Callao y Anticuchx Polisha, travesti trans-toriadora y chalaca (28), el colectivo debe recuperar sus memorias, ya que si no la construyen ellxs, nadie lo hará. Es por eso que iniciaron con este proyecto.

El Archivo de la Memoria Marica del Perú nace a raíz de la necesidad de visibilizar las vivencias de las disidencias sexuales para calar, fortalecer a la comunidad y hacer que se reconozca con orgullo. “Debemos conocer nuestra memoria para no permitir que hechos desastrosos vuelvan a ocurrir, porque así sabremos lo que nos merecemos y debemos exigir a la sociedad”, añade André.

Logo de Archivo de la Memoria Marica del Perú. Fuente: Instagram

La iniciativa, que en primera instancia será digital, se encuentra en la etapa de acopio de información y por ello todo el apoyo económico de la sociedad civil es apreciado, porque organizar un proyecto de tal relevancia necesita financiamiento. Un archivo es un grupo de documentos producidos por una persona u organización durante el ejercicio de sus actividades. Y no pensemos en el archivo como algo anticuado, ya que —gracias a la tecnología— nuevos tipos de documentos se han ido creando, tales como fotografías, películas o videos.

“Nosotrxs buscamos recoger fotografías, documentales, cortos, películas y todo tipo de registro físico o virtual. Probablemente, vamos a tener material relacionado con la violencia, pero también queremos mostrar el más allá. Donde no se nos ha visto, como personas que ocupan un lugar y aporta algo a la sociedad”, señala André.

Algo importante a rescatar es que estos documentos sirven para crear conocimientos basados en fuentes de gran valor. Con la información que brinde el archivo, cualquier sujeto con los medios suficientes para acceder a él puede realizar estudios, informes e investigaciones de gran impacto social.

Otros archivos LGBTQ en Latinoamérica

Archivo de la Memoria Trans – Argentina

Este espacio fue imaginado por María Belén Correa y Claudia Pía Baudracco, dos activistas trans. Con el fallecimiento de Pía en el año 2012, meses antes de que se aprobara la Ley de Identidad de Género en Argentina, María decidió hacer realidad esta iniciativa y comenzó a recolectar fotografías, testimonios, cartas y crónicas policiales de la comunidad para fundar este espacio virtual en Facebook.

Posteriormente, en el año 2014 —con el apoyo de la artista visual Cecilia Estalles— comenzaron a clasificar y agrupar más de 10 mil documentos reunidos de inicios del siglo XX hasta fines de los noventa y crearon el Archivo de la Memoria Trans. Actualmente, los archivos se han expuesto en museos de todo el mundo y buscan rescatar la memoria de la comunidad travesti, transexual y transgénero argentina.

Archivo de la Memoria Trans. Fuente: Instagram

Archivo Histórico del Movimiento de Lesbianas Feministas – México

La activista lesbofeminista Yan María Yaoyólot fue la fundadora de este archivo que busca darle visibilidad al lesbianismo en México. Este archivo recopila 5 mil documentos en promedio —entre libros, revistas, grabaciones, volantes o videos—, los cuales recuerdan y comparten la memoria de las miembras del colectivo desde 1976 hasta el 2020.

Este proyecto aportó hallazgos significativos no solo para la memoria lésbica, sino para la historia del país. También sirvió para demostrar que muchas de ellas dieron la vida en diversas manifestaciones por la búsqueda de reconocimiento de derechos, y así reforzaron la identidad del colectivo y empoderaron a las nuevas generaciones.

Identidad y memoria: Dos conceptos entrelazados

Un archivo no se debe concebir únicamente como un recuerdo. Elizabeth Jelin, socióloga argentina, explica que la información del pasado —aquella que puede ser encontrada en documentos escritos o digitales— no garantiza que los individuos la recuerden o reconozcan. Afirma que, por el contrario, es necesario que aquella memoria pasada active en la persona un sentido a su escenario actual.

“Queremos difundir la alegría, el paso del tiempo, la colectividad. Todo esto termina siendo resistencia y denuncia”, comenta André al explicar qué es lo que quisieran causar en el espectador, ya que uno de los fines es generar conciencia sobre lo que la comunidad ha podido lograr y aportar.

Tal como vemos, la necesidad de creación de una memoria propia también surge para afirmar y empoderar la identidad de la comunidad LGBTQ+ en el Perú, aquella que muchas veces se reconoce en las historias y experiencias de grupos externos, pero no tiene idea de los sucesos nacionales que marcaron su pasado —y presente— de lucha. Como dice André: “Hay dos cosas que se cruzan, la mariconada como identidad y el ser peruana como identidad”.

Es por ello que el Archivo de la Memoria Marica del Perú tendrá cruces de territorialidad, temporales y de la vivencia. Esto para poder difundir hechos nacionales que son desconocidos por muchxs dentro de la misma comunidad, como la matanza de Las Gardenias ocurrida el 31 de mayo de 1989 en Tarapoto.

Aquel día, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) irrumpió de forma intempestiva hacia la discoteca Las Gardenias en San Martín; sacó a ocho gays y trans del interior y los asesinaron. Aquellxs personas fueron César Marcelino Carvajal, Max Pérez Velásquez, Luis Mogollón, Alberto Chong Rojas, Rafael Gonzales, Carlos Piedra, Raúl Chumbe Rodríguez y Jhony Achuy. Posteriormente, el MRTA publicó un comunicado en el que resaltan que iban en contra de la existencia de “lacras sociales”; entre ellas, la comunidad LGBTQ+.

Fuente: El Comercio

Lamentablemente, pareciera que en nuestro país no existe una voluntad política ni social por querer introducir hechos de esta temática como parte de nuestra cultura y memoria como sociedad. Esperemos que, con esta iniciativa que nace del propio pueblo, se tome acción y poco a poco construyamos una sociedad inclusiva en la que se respete la diversidad.

¿Felices fiestas? La comunidad LGTBIQ+ y la Navidad

¿Felices fiestas? La comunidad LGTBIQ+ y la Navidad

Por Mya Sánchez

Las reuniones familiares navideñas suelen ser espacios de censura y autocensura para las personas LGTBIQ+. FOTO: Cottonbro

La familia es la temática central durante las fiestas de fin de año, pero es también esa figura que para muchas personas disidentes representa violencia y censura. Ante ello, La Antígona conversó con especialistas de Más Igualdad Perú sobre recursos y respuestas rápidas que aparecen como salvavidas en caso de marea alta.

Unión familiar, cánticos y regalos. Eso es lo que Ariel* ve a su alrededor cada vez que se acerca Navidad. Su hermana menor está emocionada porque, en esta oportunidad, —después de dos años— verá nuevamente a parte de su familia extendida. Sin embargo, para Ariel significa otra cosa: tendrá que afeitarse la barba que adora y en la que había invertido tanto tiempo y lágrimas. Su mamá no iba a querer que sus abuelos y tíos sepan lo que toda la cuarentena había logrado ocultar: que su hijo es un hombre transgénero.

Mientras que para algunas personas las fiestas de fin de año son motivo de celebración, para otros es sinónimo de caretas y soledad. Esto, aunado a las de por sí graves consecuencias que ha tenido el aislamiento por COVID-19 en la salud mental de la comunidad LGTBIQ+, hace que estas fechas sean especialmente difíciles para las personas disidentes. 

“Desde el Botiquín Emocional Arcoiris de Más Igualdad, hemos visto que durante la pandemia, a falta de espacios sociales de encuentro con personas con las que tienen algo en común, muchos han ido explorando su identidad u orientación solos. Una cosa es estar solo en tu casa con tu familia, y otra es estarlo en tu cuarto porque no te aceptan o te violentaron. O quizá ni siquiera tienes un cuarto porque te han botado de tu casa”, explica Geraldine Guzmán, coordinadora del referido servicio gratuito de primeros auxilios psicológicos para personas LGTBIQ+.

Muchos de ellos prefieren pasar las fiestas con su familia escogida. (FOTO: Rodnae)

A diferencia de Ariel, Santiago* no le ha contado a nadie de su familia que le gustan los chicos. Para él, su verdadera familia son los amigos a los que él escogió, pero sabe perfectamente que su padre no aceptaría que ellos asistan a la cena navideña en su casa.  

“Tenemos que recordar que la familia suele ser uno de los espacios más violentos y discriminatorios contra esta población, especialmente cuando son jóvenes. Cuando hablamos de violencia, hay factores de riesgo y uno de ellos son las relaciones de poder. Si  las personas LGTBIQ+ son dependientes, sus cuidadores estarán en una posición de autoridad respecto a ellas”, explica Alex Hernández, presidenta de Más Igualdad.

Santiago teme tener que enfrentarse otra vez a las burlas homofóbicas de sus tíos, que cada año ríen más fuerte al escuchar las imitaciones de una expresión de género que ellos consideran graciosa en los hombres. Para Hernández, lejos de ser humor, es una forma de violencia naturalizada detrás de la que se esconden las personas para manifestar su homotransfobia. 

Asimismo, los contextos familiares suelen ser espacios en los que se refuerzan otro tipo de sesgos, como los estereotipos de género y los cánones de belleza. Esto también afecta de manera particular a las personas disidentes. “Algunas personas que han pasado por transiciones hormonales o de otro tipo, tienen que básicamente disfrazarse de un género con el que no se identifican. La violencia también pasa por la corporalidad”, comenta Guzmán, también coordinadora de educación e incidencia social de la asociación.

Este deseo de “dar una buena imagen” frente a la familia extendida, que encuentra su explicación en la heteronorma, precisa Hernández, lleva finalmente a la censura. Pablo* lo sabe bien. A pesar de que su mamá parece no tener problemas con su orientación sexual, le ha pedido expresamente que su abuela no se entere de la misma. “Es contradictorio. No sé si realmente ha habido algún cambio y no veo ningún esfuerzo por buscar información”, relata él. Para Hernández, este tipo de condiciones representan una vulneración a los derechos de expresión de identidad y personalidad.

Y si bien muchas veces los ataques no son directos, el contexto sigue sin ser seguro para las disidencias, por lo que algunos optan por la autocensura. “Es muy común y no es culpa de la persona. Las reacciones de la familia pueden llegar a la expulsión del hogar, así que el clóset a veces sirve para protegerse de agresiones de terceros, pero incrementa los problemas de salud mental”, afirma la presidenta de Más Igualdad.

Es así que las fiestas de fin de año terminan reproduciendo numerosas dinámicas violentas, como los regalos basados en estereotipos de género que, si se entregan con la intención de influir en los gustos, orientación sexual o identidad de género de quien lo recibe, adquieren el mismo cariz que las terapias de conversión, opina Guzmán. 

El problema con estos eventos, comentan las especialistas, radica en que el valor de la familia de sangre y de la reconciliación se convierten en la norma, a pesar que no sean espacios seguros para las personas LGTBIQ+. “Esto puede ser violento y revictimizante para ellos”, concluye Guzmán.

Estragos en el bienestar

La pandemia ha recrudecido la ansiedad, depresión, estrés postraumático e incluso ideación suicida, afectando de manera particular a la comunidad LGTBIQ. (FOTO: MartProduction)

No es de sorprender entonces que el contexto propio de esta temporada pase factura en la salud mental de las personas de la comunidad LGTBIQ+. La delicada situación es tal que, según cuenta Guzmán, desde Más Igualdad han visto cómo los índices de depresión, ansiedad y estrés postraumático han recrudecido, al igual que los casos de ideación suicida, que aumentaron en diciembre, y que han sido derivados a sus aliados del Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio Sentido.

Cuando se trata de agresiones físicas o psicológicas, los efectos son más predecibles. “Lo que se hace es desestimar y desvalorizar su identidad y su expresión desde algo tan humano que es la vinculación afectiva y sexoafectiva en un contexto en el que está sobrevalorado el concepto que nos venden de familia, lo cual puede ser aún más violento”, explica la especialista.

La imposibilidad de ser auténtico en un contexto familiar acarrea sentimientos de insuficiencia e inadecuación, al punto de sentir incluso que la propia identidad se debe a una patología. “Es negarte a ti y todo lo que te involucre, quitarte tu humanidad. Reducirte a tu orientación sexual o identidad de género, y creer que eso te impide tener vínculos humanos, románticos, tener un proyecto de vida o básicamente ser una persona”, añade.

Además, que los familiares mantengan en secreto estos aspectos de la vida de una persona LGTBIQ+ no es tan inofensivo como parece, pues es una agresión que involucra a terceros. “Se le dice a la persona ‘tienes que mentir por mí’ y además le quitan la oportunidad de encontrar posibles sistemas de apoyo”, explica Guzmán. 

Hernández agrega que este es un acto discriminatorio. “No se puede aceptar a las personas con condiciones. Censurar para evitar disgustos es básicamente decirle a la persona que es más importante cómo se sienten los demás que cómo se sientes ellas”, sentencia. Finalmente, entrar y salir del clóset como estrategia de supervivencia es también violento.

Salvavidas en la emergencia

Mientras que para algunas personas es sencillo defenderse en situaciones de vulneración, para otras no. En la opinión de las especialistas, esto depende mucho de los recursos con los que cuente cada individuo, porque en muchos casos esto puede exponerlos a mayor violencia o exponer sus identidades cuando no lo desean. 

Las familias escogidas, como las parejas, no suelen ser bienvenidas en las cenas navideñas en familias homofóbicas. (FOTO: Tirachardz)

Las personas LGTBIQ+, explica Guzmán, muchas veces sobreviven en base a estrategias que les permite perdurar en ciertos espacios incómodos hasta obtener mayores recursos para salir de ellos. Así, mientras algunos —por ejemplo— prefieren no festejar Navidad o Año Nuevo para no exponerse a eventos violentos, otros optan por reivindicar su derecho a participar y disfrutar de una cena como merecen.

En ese sentido, la psicóloga precisa que no existe fórmula perfecta para actuar en estas fechas, y recomienda, en su lugar, trabajar en la afirmación para recordar el motivo por el cual se está o no haciendo algunas concesiones y esfuerzos. De igual manera, las redes de apoyo virtuales han adquirido un rol importante en el contexto pandémico.

Es así que desde Más Igualdad se están incorporando recursos para salvaguardar el bienestar emocional de la comunidad LGTBIQ+ peruana en este contexto. Una de sus primeras estrategias será gestionar una Cena Navideña Virtual mediante un canal de Telegram, donde a través de actividades y herramientas, un grupo de psicoterapeutas acompañará a quienes lo necesiten durante la velada del 24 de diciembre.

Algunas organizaciones como Más Igualdad vienen gestando iniciativas para otorgar recursos a las personas disidentes en este contexto.

Asimismo, han llevado a cabo un taller virtual de Autocuidado Para Navidad el pasado domingo, y realizarán uno similar para Año Nuevo el 29 de diciembre a las 9:00 p. m., donde además de establecer resoluciones para el 2022 con los participantes, se buscará sostener aquellas emociones que hayan podido surgir a partir de las fiestas navideñas. Las inscripciones se pueden hacer en el enlace: https://www.masigualdad.pe/autocuidado-fiestas 

Por otro lado, gracias al fondo económico recientemente otorgado por la Embajada de Suiza, el equipo de especialistas en salud mental de Más Igualdad provee atención gratuita, inmediata y personalizada a quienes lo necesiten a través del WhatsApp del Botiquín Emocional Arcoiris. Para conocer los horarios y condiciones, ingresar al enlace: https://www.masigualdad.pe/botiquin 

“Empezamos nuestro trabajo de salud mental porque siempre ha sido primero un enfoque de trabajo interno. Pero, en el 2018, realicé un estudio exploratorio y encontré que los problemas de salud mental se incrementan en la población LGBT, que la atención en salud mental es terrible, que no hay capacitación y que hay muchos prejuicios. Con esa información, planteamos iniciativas desde la incidencia política a través de proyectos de ley, pero también con un directorio de profesionales de salud mental capacitados para atender a esta población y con el Botiquín Emocional Arcoiris”, sostiene Hernández sobre el trabajo que vienen realizando y que busca llegar a cada vez más personas.

Manual de protección

Tomando en cuenta que estamos frente a épocas duras para algunos, las especialistas dieron algunas recomendaciones. Las primeras de ellas están dirigidas a los familiares y aliados de personas disidentes:

  1. “Hay que acogerse a la rabia”, dice Guzmán. Alzar la voz cuando atestiguamos hechos de violencia homolesbotransfóbica es la mejor manera de participar en la lucha, principalmente por la revictimización y desgaste emocional que experimentaría una persona LGTBIQ+ al defenderse.
  2. Consultar a los familiares LGTBIQ+ si se sienten cómodos con las personas que asistirán a las reuniones. En muchas ocasiones, explica Hernández, los integrantes de la familia extendida pueden no ser personas seguras para ellos por manifestaciones previas de homotransfobia.
  3. Respetar sus maneras de vestir, presentarse y brindarles la tranquilidad de que no habrá censura contra ellos.
  4. Respetar las manifestaciones religiosas de cada uno. En muchas ocasiones, la relación entre las personas LGTBIQ+ y la religión es ambigua por los discursos que desde la Iglesia se han sostenido históricamente, por lo que es entendible que muchos de ellos no deseen ser partícipes de los eventos religiosos en el marco de la Navidad.

Para las personas de la comunidad LGTBIQ+, el autocuidado es la respuesta:

  1. Acérquense a las organizaciones LGTBIQ+ que están lanzando recursos e información para que estos eventos sean menos dañinos.
  2. Guzmán recomienda no sentirse obligados a pasar estas fiestas en espacios donde se sientan violentados. Debido a que la mayoría de personas disidentes cuenta con una familia escogida, permanecer con ellos es siempre una opción. 
  3. En caso de tener que hacerlo, se puede optar por diversas técnicas de afirmación. Una de ellas, sugiere, es escribirse a sí mismos una carta de Felices Fiestas, para agradecer la manera en la que están lidiando con estas fechas y leerla en momentos de vulnerabilidad. “El concepto de familia, finalmente, empieza en uno mismo”, concluye.

Disclaimer: Si estás experimentando ideación suicida, comunícate a la línea 13, opción 5 o sigue los siguientes pasos: https://www.sentido.pe/necesitas-ayuda 

*Ariel, Santiago y Pablo son nombres ficticios para proteger la identidad de las personas.

La virgen de Guadalupe y el arquetipo de la madre

La virgen de Guadalupe y el arquetipo de la madre

Por Arleth García

Imagen de la Virgen de Guadalupe.

El 12 de diciembre, se conmemora a la Virgen de Guadalupe en México, y aunque es una fiesta gozosa y de gran significado en el país, su creación y repercusión dentro de las mujeres tiene un contexto de opresión y violencia contra ellas de manera simbólica.

La Virgen de Guadalupe es el máximo estandarte religioso en México y, a la vez, es el inalcanzable rol e imagen de lo que debe ser una mujer, por lo que implica su historia de sacrificio, virginidad y recompensa dentro del espectro religioso. Aunque eso también ha significado una lucha para las mexicanas, dado que estas ideologías han impedido la lucha por la legalización del aborto, quitarle el tabú a la menstruación y tomarlo como un aspecto de salud, y el no poder gozar de una vida sexual sin enfrentarse a los estigmas sociales.

¿Qué relación tienen estas ideas religiosas con las formas de vida actuales? ¿Por qué a pesar de los años y cambios sociales no se han podido eliminar los estereotipos y roles de género impuestos? Sin duda, mucho tiene que ver con que la máxima figura mexicana sea una mujer, aunque también hay más detrás de estas imposiciones que tienen relación con las idiosincrasias universales.

Peregrinos afuera de la capilla de la Virgen de Guadalupe. FOTO: Arleth G.

Primero, hablemos de los mitos alrededor del culto a la Virgen de Guadalupe:

Según la historia, entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, a 10 años de la conquista de MéxicoTenochtitlan, la Virgen de Guadalupe se apareció en cuatro ocasiones a un hombre indígena llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac, también conocido como de Guadalupe, situado a poca distancia de la Ciudad de México. 

En las dos primeras ocasiones, la Virgen pidió a Juan Diego que notificara al obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, que deseaba que en el lugar de la aparición se erigiera una iglesia para que ella se convirtiera en patrona de las y los novohispanos, así como su intermediaria ante Dios. El obispo Zumárraga se mostró incrédulo frente al relato y solicitó una prueba de la veracidad de los hechos. La Virgen accedió a darla y en una cuarta aparición pidió a Juan Diego que subiera a la cima del árido cerro y cortara rosas de Castilla para llevarlas al obispo.

Él recogió las flores en la manta de algodón que llevaba anudada al hombro, prenda conocida como “tilma”, y al extenderla delante del obispo, las flores cayeron al suelo y la imagen de la Virgen quedó estampada en ella. Durante una quinta aparición, en esta ocasión a Juan Bernardino —un tío de Juan Diego— la Virgen realizó su primer milagro al curarlo de la peste. Zumárraga agradeció a Dios estos milagros, mandó construir la iglesia solicitada por la Virgen y depositó allí la tilma con la pintura, atribuida a los ángeles o al mismo Dios.

Representación de la aparición de la Virgen Guadalupe a Juan Diego.

El culto a la Virgen de Guadalupe se remonta a la primera época de la colonización española y se inscribe dentro del proceso de evangelización de los indígenas. El cerro del Tepeyac era un lugar sagrado en la época prehispánica. Allí había un santuario dedicado a la diosa madre Tonantzin, que junto con Ometéotl formaba la pareja de dioses primigenios del panteón mexica. Era muy visitado por personas de otras partes del territorio que llevaban ofrendas a la diosa y le brindaban cantos y danzas, según la usanza indígena.

Los soldados españoles conocieron este santuario durante las guerras de conquista, ya que estaba situado cerca de México-Tenochtitlan.  Allí estableció Gonzalo de Sandoval, el célebre capitán de Hernán Cortes, su cuartel. Y fue allí donde se refugiaron los españoles el 30 de junio de 1520 durante la llamada “Noche Triste” cuando tuvieron que huir de la ciudad tras ser derrotados por los mexicas.

Después de la conquista, este santuario consagrado a Tonantzin fue transformado por frailes franciscanos en una ermita católica dedicada a la Virgen de Guadalupe.

Cerro de Tepeyac y la Virgen de Guadalupe.

Aunque la veneración a la Virgen de Guadalupe inició como una imposición colonial, a lo largo de los años se dieron disputas entre los pueblos indígenas para recodificar su simbología, religiosidad y epistemología en su figura, la cual —hasta la fecha— se sigue dando por pueblos y barrios. Asimismo, continúa como un símbolo de identidad para las personas mexicanas que migraron a Estados Unidos.

Analizando una iconografía de la Virgen de Guadalupe hecha por Andrea, una historiadora del arte, podemos destacar que está embarazada, que en su vestido tiene un símbolo azteca de piel de conejo con cuello y mangas para mantenerla en calor y, a la vez, un símbolo español de una cinta negra arriba del vientre que da lugar a la expresión de “está en cinta”.

Una de las palmas tiene una piel más blanca en representación al español, y una más grande y morena en alusión al azteca. Las manos en forma de casita simbolizan una manera en la que saludaban las y los indígenas, y que en general representa a indígenas y españoles que se unen por primera vez. El manto es de color azul, que significa la vida, y rosa, que significa reina. Contiene las 46 estrellas que corresponden a la constelación exacta del 12 de diciembre de 1531 y debajo se forma la palabra “luz”.

Las flores del vestido representan el Nahui Ollin, uno de los símbolos más poderosos de los aztecas. Aparecen en el vientre, que significa que está esperando al hijo de Dios. La postura asemeja que está bailando por la rodilla doblada, que muestra la tradición de los aztecas a bailar cuando hacían algo importante, aunque también viste con un zapato español.

Sus ojos son los más detallados: en ambos, dentro de sus pupilas, aparecen 13 personas retratadas en la escena en que Juan Diego muestra al fray Juan de Zumárraga el manto con la imagen. Las nubes y el sol que la encuadran representan que el Sol (Dios) es más grande que ella. Por detrás del manto, el sol se ve por toda la tela. De frente, el sol es tapado por las nubes y, a la vez, las nubes y la lluvia significan la protección de Dios.

La Virgen tiene el pelo suelto y partido a la mitad como símbolo de virginidad y las pulseras (esclavas) son un símbolo de matrimonio. Está parada sobre una luna, que significa la noche, la oscuridad y lo desconocido, lo cual es una referencia a que la Virgen vence todos esos miedos. Además, se observa que quien la sostiene es un ángel que toma con una mano el manto (el cielo) y con la otra el vestido (la tierra).

Virgen de Guadalupe.

La devoción a la Virgen de Guadalupe se extendió de manera prodigiosa a lo largo de todo el territorio por las semejanzas con la comunidad y la representación del arquetipo de la madre. Su arraigo en el pueblo mexicano es de gran importancia, puede verse su imagen por todas partes y cada 12 de diciembre millones de peregrinos acuden con fe a cantarle ‘Las mañanitas’ y poner sus intenciones a los pies de la milagrosa Madre de Dios en su Capilla.

México es considerado como un país feminicida por el incremento de la violencia contra la mujer, ya que —según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística y Geografía)—, cada día son asesinadas 10 mujeres. Esto deriva a la incredulidad de cómo uno de los países más violentos para las mujeres tiene como principal estandarte de devoción a una figura femenina.

Centrándonos en la idea de que es “La madre de Dios”, podemos hacer alusión al arquetipo de la madre y toda la influencia que tiene sobre las personas la imagen de un personaje que implica dolor, sacrificio, amor y culpa, que son todos aquellos sentimientos de los que necesitamos protección y que encontramos en la Virgen.

Invitación a la misa de la Virgen de Guadalupe.

El psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung entendió los arquetipos como patrones e imágenes arcaicas universales que derivan de lo inconsciente colectivo y son la contraparte psíquica del instinto. Son potenciales heredados que se actualizan cuando entran como imágenes en la consciencia o se manifiestan en el comportamiento durante la interacción con el mundo exterior.

Al igual que todo arquetipo, el de la madre tiene una serie de aspectos inabarcables, ya que es la expresión típica de la mamá y abuela personales, la madrastra y la suegra; es decir, cualquier mujer con la que se tiene relación, incluida las que han estado en nuestras vidas como cuidadoras. A un nivel más elevado, se encuentra la Diosa; sobre todo, la Madre de Dios: la Virgen, quien es la meta del anhelo de salvación. La madre en los arquetipos es la mayor representación de lo femenino.

Los arquetipos no son iguales a los estereotipos de cómo debe ser una persona; en este caso, una madre. Los estereotipos pueden variar de acuerdo con el contexto, momento histórico y cambios en las formas de vida. Los arquetipos son la idiosincrasia que está en el universo y a lo que no podemos quitarle su fuerza, porque ya hay una idea general que todo mundo tiene de lo que es ser una “madre”. Esa gran madre que está presente en todo momento.

En México, el 12 de diciembre es una de las fechas más importantes, ya que es el cumpleaños de La Morenita. Se realizan misas en todas partes de la República, una gran peregrinación cruza el país para llegar a la Capilla en el cerro de Tepeyac, hay mariachis entonando ‘Las mañanitas’. Cada año, hay un artista que tiene el honor de cantarle, y todo el evento es transmitido por televisión. También en México las madres son lo más importante del país, pese a que hay una verdad poco conocida: el 10 de mayo, que es el Día de la Madre, nace bajo un contexto de opresión.

Según un artículo del CIEG de la UNAM “Día de las madres: una invención capitalista”, el 13 de abril de 1922, el periódico Excélsior lanzó una convocatoria pública con el pretexto de instituir un día para celebrar a las madres mexicanas. Sin embargo, un análisis más detallado muestra que esta iniciativa de celebración fue más bien una excusa para contrarrestar las demandas sobre maternidad que reclamaban las primeras mujeres feministas en el México de los años 20. En Yucatán, se había anunciado el primer congreso feminista, el cual tuvo lugar del 13 al 16 de enero de 1916, donde asistieron 617 mujeres. Entre sus demandas, estaba el sufragio femenino, así como educación sexual para ambos géneros. Desde entonces, comenzaron a circular folletos informativos sobre métodos para evitar la concepción.

La importancia de la madre y el arquetipo que engloba la misma tienen gran fuerza por su relación con el eterno femenino, que son todos aquellos atributos asociados a dar vida, la intuición, sacrificio, dolor, cuidados, el sostenimiento y la belleza. Todo estos —lamentablemente— caen sobre las mujeres, pues se piensa que ellas solo poseen esa energía femenina, a pesar de que las personas son un conjunto de energías tanto masculinas como femeninas.

El principal aspecto que engloba el arquetipo de la madre y lo femenino es el de procrear. Hay una gran relación e importancia dentro del plano espiritual y religioso de la vida, la concepción y el estar libre de pecado. No es casual que dentro de los rezos haya una frase que dice “sin pecado concebida”, y por eso es aún más significante la Virgen: porque es eso, un ser que no cayó ante los placeres mundanos y por eso pudo tener el privilegio de ser la madre de Dios.

Dentro del eterno femenino, también existen aspectos negativos de los otros tres arquetipos de la doncella, la hechicera y la bruja: los que se asocian a la virginidad, lo temible, lo salvaje, lo caótico y que —así como da vida— puede destruirla. Sin embargo, este condicionamiento afecta a las mujeres, pues las deja inmersas en los roles sociales, encasilladas a ser todo el tiempo el reflejo de esos arquetipos. En especial, el de no poder gozar de su sexualidad y el juicio de valor ante ello,  ya que existe la comparativa de que deben ser esa pureza, la cual representa a la madre o la Virgen de Guadalupe.

Representación de la virgen y una vagina.

Como reflexión, podemos dejar que cada persona escoja lo que representan o simbolizan los arquetipos. Aunque, dentro de la idea religiosa, sí hay un interés de seguir permeando estas representaciones de lo doloso y el ser dadoras de la vida. Porque si bien no podemos cambiar una construcción general que ha calado hondo en el imaginario social a lo largo de los años, sí podemos resignificarla hacia algo que nos haga sentir que nos apropiamos de esos arquetipos y roles preconcebidos. Como el culto a la vulva, otro tipo de adoración a la creación de la vida y, al mismo tiempo, al placer sexual como distintas formas de buscar recuperar el derecho sobre nosotras y nuestro cuerpo.

Elena y Gael: Desde el vientre

Elena y Gael: Desde el vientre

Texto y fotos por Arturo Gutarra

Una sensación rara se le presentó a Maria Elena. Se levantó pensativa, con cara de misterio. No había pasado mucho tiempo desde que se realizó su más reciente ecografía para ver el estado de su primogénito, quien venía en camino. Aquella mañana, no sentía los latidos de Gael:  “De seguro continúa durmiendo, ya se despertara”, pensó sin imaginar el  martirio que estaba por venir.

  1. El anuncio de un ecógrafo dañado y que un médico radiólogo es quien tiene el papel de dicho consultorio hizo que los esposos Quispe Chavez dudaran de la atención hospitalaria de Vista Alegre, ubicado en el distrito de Victor Larco Herrera en Trujillo. Desde aquel día, decidieron que las consultas en el ecógrafo las harían en los laboratorios particulares de la ciudad. A los tres meses de su embarazo, Elena se llevó la sorpresa de que su primogénito era varón. Bajo mutuo acuerdo, optaron por llamarlo Sebastián Gael
  1. El 2 de septiembre, durante los controles de maternidad, Marco Quispe recuerda: “La doctora me indicó que saque una cita con el ecógrafo para otra fecha y no en el momento, ya que supuestamente el bebé pesaba más de la cuenta, se supone que era una emergencia”, reclama. Él fue quien advirtió que estaban programando su cita para el 27 de septiembre, tan solo dos días antes de la fecha programada para el nacimiento de su pequeño.  Así que, tras varias insistencias, se le asignó una nueva fecha para el 7 del mismo mes, sin imaginar que, para ese momento, su niño no llegaría con vida. 
  1. El último día de la semana, Elena se despertó en horas de la madrugada tras tener una pesadilla: “Esperamos hasta la mañana, creíamos que nuestro hijo estaba durmiendo”. Aquel domingo, no había ni una patadita de Gael, la preocupación reinaba en la casa. El lunes por la tarde, Marco llevó de emergencias a su esposa al hospital Vista Alegre. Pese a la desesperación de no apreciar el nacimiento de su primer hijo, tres palabras bastaron para destruir su vida: “Tu niño no responde”. 
  1. Un traslado express para tratar de apaciguar la situación se convertiría en un dolor para la madre. “Atinaron a hacer trámites para que lo deriven a otro centro de salud y para inducir a un parto normal”. Sin embargo, al llegar la ambulancia, desde afuera le indicaron que no se podría realizar dicha acción, ya que no contaban con un banco de sangre, indispensable en vista a que estaba en riesgo de desestabilizarse si recurrían a la cesárea. 
  1. El día martes, fue derivada al hospital Belén por emergencia para que al día siguiente le pudieran extraer el feto. Solo horas más tarde, no dudó en hacer una denuncia pública que sería difundida en los medios de comunicación locales y nacionales. “Exijo al ministro de Salud Cevallos que vea mi caso y que esto no quede impune. A mi hijo nadie me lo va a regresar”, manifestó con dolor en su mensaje.
  1. La extracción por cesárea fue exitosa. Apenas 15 días después de apreciar la sepultura de su bebé de tan solo ocho meses mediante una videollamada de WhatsApp, Elena presenta secuelas luego de la operación. Al tenerlo tres días fallecido dentro de ella, fue testigo presencial de las limitaciones de atención en los programas del Estado. Los dolores de vientre y la ansiedad son solo algunas de las secuelas que le persiguen, sin considerar el profundo dolor que siente por no poder cargar a su pequeño en brazos. 
  1. Una oración, alabanzas y apoyo familiar acompañaron a Marco en el sepelio de su hijo. Las lágrimas caían en todos los presentes. La frustración de saber que si no fuera por una negligencia en la atención médica, su bebé estaría a salvo, penetraba sus corazones. Una muerte fetal que pudo haber sido prevenida tan solo con la ecografía de emergencias. Si se hubiesen cumplido los protocolos mínimos, se estaría escribiendo la historia de un bebé recién nacido compartiendo gratos momentos junto a su familia. 
  1. Luego de una semana dura de difusión periodística, un buen samaritano se presentó en vivo y se comprometió a brindar orientación legal y respaldo emocional para llegar hasta el fondo de los hechos. Pero las promesas de dicho abogado, sumamente conocido en Trujillo, fueron vanas. La familia quedó desolada. Con la herida aún no curada y con la frustración de no contar con ayuda para lograr que se atienda o, siquiera, revise su caso.
  1. A pesar de los meses transcurridos, Marco Quispe no pierde la fe de que un abogado o abogada los ayuden a encontrar justicia para Sebastián Gael. La pérdida de su primer hijo dio inicio a una nueva etapa de su vida. Vive su día a día con motivos para continuar. Elena, por su parte, sigue sin recibir medicinas del hospital donde la atendieron. Aún así, ella continúa firme y esperanzada en que su primogénito no quedará en el olvido. 
El precio de mi tranquilidad: el trabajo en mujeres y poblaciones LGBTIQ+ que migran de regiones a Lima – 2da parte

El precio de mi tranquilidad: el trabajo en mujeres y poblaciones LGBTIQ+ que migran de regiones a Lima – 2da parte

Por Mya Sánchez y Zoila Antonio Benito

Foto: UNFE

Tras persistir y convencer a sus papás de mandarla a Lima, Delia* lo había logrado. Era 1988 y con 18 años, ella había dejado su natal Chanchamayo, provincia en el centro del Perú. Buscaba estudiar Laboratorio en el instituto Daniel Alcides Carrión. Sabía que no era Derecho, la carrera que quería, ni tampoco una universidad, como le hubiese gustado, pero tenía más oportunidades de estudiar y trabajar que en su lugar de origen. Como ella, desde décadas, mujeres y parte de la población LGBTIQ+ peruanas migran de regiones a la capital, Lima.

Discriminación, lo que aún arrastramos

Cuando Delia trabajaba en el área administrativa del último empleo que tuvo, una de sus labores era la toma de muestras sanguíneas a domicilio en hogares de niveles socioeconómicos elevados, donde vivían los pacientes de su centro laboral. Llegó a la casa de un menor de edad y siguió el procedimiento habitual para la toma de sangre. Hubiese sido un día normal, pero, como respuesta, recibió insultos racistas que la hirieron.

El marco normativo al que los trabajadores pueden acogerse sigue aún siendo falible. No obstante, existen también barreras sociales a las que las mujeres y población LGTBIQ+ migrantes deben enfrentarse a la hora de trabajar. La discriminación étnico racial termina siendo una de las más latentes debido a que las causas que la motivan están directamente relacionadas a las características fenotípicas.

En Discriminación étnico-racial en el ámbito laboral: Diagnóstico situacional, el Ministerio de Cultura del Perú indica que la normativa constitucional al respecto es insuficiente, pues se refiere a la igualdad de oportunidades mas no de trato. Se debería abogar más bien por una igualdad de resultados a través de medidas afirmativas. En cuanto a la legislación laboral, normas como el Reglamento de la Ley de Inspección del Trabajo o la Ley Contra Actos de Discriminación se esfuerzan por contemplar también factores como color, idioma u origen social y distintos procesos laborales como la oferta de empleo y el despido.

“La gente era bien injusta. Porque eres provinciana creen que puedes hacer todo, aguantas porque no sabes sentir dolor, hambre o cansancio. La justicia es más para los que tienen plata. El pobre nunca va a alcanzarla”, narra con pesar Sonia*, quien percibía cómo los actos déspotas de sus empleadores tenían el objetivo de hartarla para que renuncie. 

De hecho, en el referido documento, el MINCUL sostiene que otra de las manifestaciones más comunes de racismo es la discriminación acumulada, por la cual, por ejemplo, las mujeres provenientes de zonas rurales, con rasgos indígenas y lenguas maternas ajenas al español sufren de manera permanente de marginación.

“La mujer indígena trabaja duro: está laborando en la chacra, atiende a los hijos, se levanta más temprano y duerme más tarde. Trabaja mucho, pero no es reconocida. Mientras que los hombres trabajan ocho horas y tienen un salario”, indica Melania Canales Poma, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP) y lideresa indígena del pueblo quechua para el diario El País. Al igual que las amas de casa, las mujeres indígenas cumplen una labor que ha sido subestimada y, además, poco visibilizada.

Según la FAO, como productoras, las mujeres en zonas rurales se enfrentan a más obstáculos que los hombres a la hora de acceder a recursos y servicios productivos, tecnología, información de mercado y activos financieros. Foto: Supercampo

Asimismo, la discriminación linguística, se da sobre todo hacia los grupos de personas que viven en las zonas rurales. “Las dinámicas de poder legitiman la discriminación y el lenguaje reproduce (en sus usos, en sus prácticas) estas dinámicas”, rescata la linguista Virginia Zavala cuando fue consultada por el Washington Post. Estas dinámicas se vuelven más evidentes cuando hay jerarquías dentro de un espacio laboral. 

El color de piel también es un factor de discriminación que mujeres y poblaciones LGBTIQ+ afroperuanos enfrentan al escuchar apodos, chistes o comentarios racistas, inclusive, hipersexualizarlas, como le pasó a la promotora en derechos sexuales y reproductivos Milagros de la Cruz Yucra. “Cuando entré al último trabajo, todo mundo quería ver la forma de atraer mi atención. Me insinuaban que querían tener relaciones sexuales conmigo, porque nunca habían estado con una ‘negrita’. Esa situación fue la que rebasó todo lo que habían dicho”, expresa. El acoso u hostigamiento laboral pueden ser el doble que a una persona que no es afroperuana, debido a los estereotipos errados que la sociedad moldea. Esto también sucede con mujeres y poblaciones LGBTIQ+ que provienen de la selva.  

“Tienen un estereotipo sexualizante cada vez que migran y tienen que cargar con ello, aún cuando laboran en espacios formales. Trabajo con una abogada que es de Iquitos, es súper especializada, por lo que no debería haber comentarios sobre su sexualidad. Pero sí he escuchado cuando se referían a ella como ‘de sangre caliente’. Ella los tolera, porque está acostumbrada a vivir así y no puede estar enfrentándose a todos”, asegura Jessica Huertas, psicóloga social. Todo esto sucede pese a que, en el Perú, se cuenta con leyes contra la discriminación fuera y dentro del ámbito laboral (Nº 27270, N°28867, Nº 28983 y Nº 30709)

Por otro lado, también está el caso de las mujeres con discapacidad. En el marco del ciclo de conversatorios: Voces de Mujeres Capaces, Diómedes Nieto, especialista en Promoción Social Laboral para Personas con Discapacidad del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), explicó que del 2016 al 2020 la planilla electrónica del MTPE registró un promedio de 7 mil personas con discapacidad, sin embargo, 7 de cada 10 son varones y solo 3 son mujeres. 

En este mismo evento, Ester Crispín, especialista legal de la Defensoría del Pueblo, señaló que durante la emergencia sanitaria se reportaron casos de mujeres con discapacidad que trabajaban en el sector estatal y a quienes no se les renovó los contratos CAS. Esto se produce, pese a que, cuentan con una ley que las respalda (N° 29973).

Asimismo, de acuerdo con la normativa vigente, las personas con discapacidad deben representar por lo menos el 3% del promedio anual de trabajadores de las empresas con más de 50 trabajadores, y el 5% como mínimo en el sector público. No obstante, los requisitos de educación técnica o superior para ciertos empleos hacen que el 68% no sea contratado, así lo aseveró José Peralta Navarrete, representante del Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad – Conadis.

Mujeres y población LGBTIQ+: limitarse para no ser despedido

Cansarte hasta pedir tu renuncia. Eso le pasó a Flor, natural de Apurímac, cuando sus jefes se enteraron de que tenía una relación sentimental con una compañera de trabajo. “Te aburren para que te retires porque simplemente no te toleran. Prácticamente, te limitan. Era asistente de ventas. No andaba diciendo ‘esta es mi opción’”, indica. 

La discrinación hacia mujeres y personas LGBTIQ+ en Lima persiste. A veces, como pasó con Flor, los rumores hacen más daño, por más que una persona no comente su orientación sexual de forma libre. Con testimonios como el de ella, cobra sentido que el 24.3% de trabajadores LGBTIQ+ mantenga en reserva su orientación sexual e identidad de género por miedo a la discriminación o despido laboral, según reportó el Instituto de Estudios Sindicales.

Como lo que no se nombra no existe, la comunidad LGTBIQ+ está expuesta también a la desprotección de sus derechos. Leticia* llegó a Lima desde Arequipa para presentarse a diversos castings y así, lograr su sueño de ser reina de belleza. Ella, que tenía una carrera incompleta en educación y un título técnico como estilista, tuvo que recurrir al trabajo sexual para poder subsistir. “No creo que ninguna mujer se sienta cómoda ejerciéndolo. Una se acostumbra, que es diferente”, cuenta.

El orgullo es usado muchas veces como estrategia de marketing mas no viene acompañado de políticas de inclusión. Fuente: Getty Images

La ausencia de un DNI que la represente ha ocasionado que se enfrente a numerosos “te llamaremos” que no se hacían realidad. Hasta la fecha, cuenta, no ha sido empleada más que en campañas por el mes del orgullo o en donde se necesitaba precisamente a una mujer trans. “Hay empresas que en el mes del orgullo sacan sus banderas, pero es difícil verlo puesto en práctica”, comenta sobre el tema la abogada Pamela Navarro. Esto se puede observar en diversos estudios. La II Encuesta Nacional de Derechos Humanos refleja que el 37% de empleadores no contratarían a una persona trans. Asimismo, La discrminación hacia lgbti en el entorno laboral peruano: 2016-2020 menciona que las poblaciones trans son las más vulnerables a sufrir discriminación laboral, debido a la desventaja estructural y la violencia de Estado al no reconocerlas dentro del sistema. 

“Como dicen, no podemos ejercer ciudadanía. En mi caso, el poder haber cambiado la partida de nacimiento y el DNI, me ha abierto muchas puertas, no solamente en el ámbito de la salud, sino también en el aspecto laboral, al trabajar en la Universidad de San Marcos y en otras convocatorias, que no podía hacer porque están destinadas a mujeres y no a mujeres trans. Ese es el gran avance”, indicó Dania Calderón en un evento organizado por el Poder Judicial Peruano. Esto se da luego de que ella fuese la primera mujer trans en conseguir el cambio de sexo en su DNI sin requerir reasignación genital.

“Si pudiera regresar el tiempo atrás, elegiría seguir trabajando”, señala Delia, ahora con dos hijos, quienes aún dependen económicamente de su exesposo. Como ella, el 90% de las entrevistadas para este reportaje dejó su trabajo para dedicarse a labores del hogar y cuidado. 

* Delia, Sonia y Leticia son nombres ficticios para proteger la identidad de las personas 

Para leer la primera parte, click aquí.

Este contenido es parte de una cobertura colaborativa entre cinco medios —Distintas Latitudes (México), Morras explican cosas (México), La Antígona (Perú), La Andariega (Ecuador) y Revista Colibrí (Argentina)— de la Coalición LATAM, una iniciativa para impulsar el crecimiento de nuevos medios fundados por jóvenes periodistas. Este reportaje fue posible gracias al Fondo de Respuesta Rápida de Chicas Poderosas e Internews.

la antígona

Periodismo en Femenino

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