¿Qué les espera a las personas trans bajo el mandato del nuevo ministerio?

¿Qué les espera a las personas trans bajo el mandato del nuevo ministerio?

Por Hiro Ramos

Foto: Diario Expreso.

¿Qué podemos esperar de las relaciones entre el nuevo gobierno y la comunidad LGBTIQ+? Las personas trans, como población vulnerable, pueden jugar un papel importante desde su activismo político para demostrar una efectiva correspondencia con las autoridades y así seguir con la búsqueda de su reconocimiento. Para discutir la problemática, La Antígona contactó a dos activistas trans, Leyla Huerta y Yefri Peña, para que compartan sus puntos de vista acerca de la coyuntura y el futuro que les depara ahora que el Gabinete Bellido obtuvo la confianza del Congreso con 73 votos a favor. 

Fueron las primeras elecciones en las que se veía la promoción del respeto a las personas trans por parte de la ONPE. Sin embargo, ambos candidatos que pasaron a la segunda vuelta no garantizaban un futuro para estas. El ganador eligió a sus ministros, y mientras que uno juraba por la igualdad, el Primer ministro, tenía un historial que evidenciaba haber estado en contra de esta.

El pasado 29 de julio de 2021, el cusqueño Guido Bellido Ugarte fue elegido como Presidente del Consejo de Ministros del Perú, como parte de las primeras decisiones del nuevo Presidente de la República, Pedro Castillo. A partir de este hecho, no tardaron en salir a la luz declaraciones previas del premier en contra a la comunidad LGBTIQ+, lo cual, en conjunto a su investigación por apología al terrorismo, causó indignación. Ante dichas palabras, la población afectada se vio nuevamente en la mirada de todos. Su reacción sería vital para entender qué esperar de las relaciones entre el nuevo gobierno y la comunidad LGBTIQ+.

Tras un frustrado intento de la aprobación de la Ley de Identidad de Género en el pleno del Congreso anterior, las activistas trans están más atentas que nunca a temas que las involucren. Por ello, ambas no dejan que sus esperanzas se antepongan sobre las posibles críticas que puedan tener acerca de las figuras políticas. Si bien Leyla Huerta, directora de la organización de mujeres trans en Perú Féminas, afirma que, para la asamblea directiva de su organización, ‘’la izquierda está más cercana a los derechos TLGBIQ que la derecha’’, el conservadurismo en ambas ideologías puede ir en contra de sus ideales, por lo que se acercan con cautela.

Leyla Huerta
Foto: Leyla Huerta en Twitter

Las coincidencias

Como es de esperarse, ambas activistas mantuvieron un claro rechazo a la homotransfobia manifestada por el premier. Declaraciones como estas son algo a lo que están acostumbradas, pero que vengan de parte de un líder político importante las vuelven más dañinas. Tal como opina Yefri Peña. «El respeto está en deuda con la comunidad LGBTIQ+ hoy en día’’. Leyla Huerta, bajo la misma premisa, declara que desde Féminas no tomaron posición durante la segunda vuelta, pues ambos partidos no abogaban por los derechos que ellas necesitan.

A pesar de lo negativo, para ambas activistas la inclusión de Anahí Durand como Ministra de la Mujer y Pedro Francke como Ministro de Economía constituyen un aspecto esperanzador, especialmente por su dedicación a la igualdad. Para Peña, su juramentación ‘’es una forma de decir que para ellos sí existimos.’’, y espera que se mantengan en sus puestos. Mientras tanto, Huerta celebra la presencia de ellos, pues opina que ‘’han dado equilibrio dentro del gabinete’’

Las diferencias

Cabe destacar que, como consecuencia del descubrimiento de las declaraciones anteriores de Bellido, este comunicó que garantizaría «compromiso con la igualdad plena de derechos» y la lucha contra la discriminación. La genuinidad de la intención de este parece ser debatible, debido a las opiniones de las entrevistadas. 

La directora de Féminas destaca esto como un hecho positivo e inédito. Sostiene que la indignación social y el activismo influenciaron en la elaboración del comunicado. Huerta afirma que este tipo de acciones «son signos importantes de conquistas sociales». Y añade «no estoy diciendo que sean signos de un buen gobierno, sino de que la incidencia política social pueden frenar estos discursos’’. Peña es más escéptica respecto a esto, opinando que se trató de »un saludo a la bandera» y que lo que necesita ver son las acciones de apoyo a la comunidad.

trans
Foto: El Comercio

Si bien las esperanzas de Huerta son una muestra de sensación de avances, estos pueden ir dificultándose por el acercamiento a los nuevos líderes. Yefri Peña destaca el caso de discriminación de parte de la Vicepresidenta de la República Dina Boluarte hacia la activista Marina Kapoor como un ejemplo de los retos por conquistar. «Esperamos trabajar con Boluarte desde el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, porque ella es la ministra. Ese es el problema, porque ella tiene que llamarnos también para disculparse por el tema contra la activista Marina Kapoor«, explica. 

El futuro de su activismo

«No queremos ser instrumentalizadas’’, comenta Huerta acerca de las posibilidades de que algunos partidos busquen utilizar su causa para un beneficio propio. Para ella, este aspecto es vital para su activismo mirando hacia adelante. Además, considera que con anterioridad no se ha actuado lo suficiente desde este, pues para ella hay que involucrarse para hacer los cambios desde dentro. «De nada sirve la confrontación, porque no se genera ningún cambio, más allá de reacción’’, señala. La idea es buscar aliados de la manera que se pueda.

Peña coincide en que hay que seguir «en pie de lucha, pero lo importante es articular y sensibilizar». Existe en las dos, una evidente esperanza hacia el futuro, aún cuando la sociedad cis heteronormada vaya en su contra. Para ambas, lo que queda es seguir el activismo, y buscar acciones que les beneficien hasta que sus derechos sean reconocidos.

Deportistas afrodescendientes: cuando el autocuidado es político

Deportistas afrodescendientes: cuando el autocuidado es político

Por Mya Sánchez

Foto: Prensa Internacional

Los pasados Juegos Olímpicos Tokio 2020 fueron escenario de eventos históricos. Uno de ellos se desencadenó a partir de que Simone Biles, la gimnasta afroamericana, se retirara de cuatro competencias y pusiera sobre la mesa el tema de la salud mental. ¿Qué nos dice aquello sobre las expectativas que ponemos sobre las deportistas afrodescendientes?

“Soy un ser humano antes que Simone Biles, la superestrella”, declaraba allá por el 2019 la deportista estadounidense luego de que el equipo de gimnastas que lideraba ganara el oro en el Mundial de Gimnasia Artística de Stuttgart, Alemania. Casi dos años después, aquellas palabras cobraban aún más sentido cuando desencadenaron un hecho histórico: Biles se retiró de la competencia general por equipos femeninos y de las finales de caballete, ejercicio en suelo y barras asimétricas de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 pues, en sus palabras, “estaba luchando contra sus demonios”.

Para Carla Tristán, ex voleibolista y entrenadora afroperuana, esta situación no es ajena. “Entrena, aguanta y compite”, es la mentalidad que en sus épocas predominaba y la consigna que justificaba que las deportistas llevaran sus cuerpos al límite sin un correcto acompañamiento físico ni emocional. Y es también la postura de algunos deportistas en la actualidad. Los que se lo pueden permitir, claro. 

Foto: Columna Digital

A propósito de la decisión de Biles, el tenista serbio Novak Djokovic afirmó con dureza que la presión es un privilegio y que si el objetivo de un deportista es triunfar debe aprender a lidiar con ella. Fuera de las particularidades de las disciplinas en las que ambos atletas se desenvuelven, hay factores que marcan una gran distancia entre sus experiencias. ¿Podría entender un hombre blanco la presión que hay sobre la gimnasta afroamericana? ¿Qué tanto influyen factores como el género y la identidad étnico-racial en las expectativas que se colocan sobre los deportistas?

Doble baremo

Como es bien sabido, los estereotipos de género son expectativas respecto de las cualidades, labores e ideas que socialmente se ha impuesto sobre hombres y mujeres. En ese sentido, explica la psicóloga feminista antirracista Jazmín Reyes, ellas suelen ser asociadas a roles de cuidado, en los que deben “nutrir, alimentar o atender las necesidades de los demás”, explica. 

Este tipo de labores se personifica, por ejemplo, en la figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación, que pone a todo el mundo antes que ella y que tiene una moral particular”, añade la Magíster en Derecho, Ciencia Política y consultora de agencias gubernamentales en temas de género e interculturalidad Mariela Noles.

Figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación». Foto: Wix

No obstante, las identidades étnico-raciales de las mujeres han sido un factor clave para que no todas experimentemos el sexismo de la misma forma. Así, mientras se espera que las mujeres blancas sean delicadas y frágiles, los estereotipos en torno a las mujeres racializadas indican todo lo contrario. Como explica la periodista y activista antirracista Sofía Carrillo, fue en la segunda ola del feminismo que los colectivos afro empezaron a cuestionar esto.

“Ser una mujer negra te colocaba en una posición de ser fuerte e independiente, entonces el reconocimiento de derechos de las mujeres afrodescendientes no buscaba que se las vea como fuertes. El feminismo liderado por mujeres blancas desconocía la situación de las mujeres afrodescendientes, por lo que aparece la necesidad de hablar de nuestras particularidades”, explica. 

Así, el factor común ha sido demandar a las mujeres anteponer las necesidades de los demás a las propias, pero, como afirma Sharún Gonzáles, docente, periodista e investigadora afroperuana, “las expectativas sobre un cuerpo feminizado y racializado negro son ilimitadas”.

Cuando la fortaleza no es un halago

Desde la “Jezebel” hasta la “mammy”. Los arquetipos racistas que a lo largo de los años se ha difundido a través de los medios de comunicación suelen estereotipar a las mujeres afrodescendientes como hipersexualizadas e insaciables, irritables y destructivas o cuidadoras de moral perfecta. En su libro Sister Citizen, la socióloga Melissa Harris-Perry narra cómo en la década de los 50 y 60, las mujeres afrodescendientes construyeron el esquema de strong black woman en un intento de escapar de los roles negativos antes mencionados.

Todos estos personajes son vistos como Mammies. Con tres de cinco de estos roles, se han ganando premios a pesar de ser una representación esteriotipada.  Imágen: Lauhrinse Greeeen

A pesar de parecer lo opuesto y colocarlas en un lugar de superioridad física, este arquetipo terminó siendo igual de dañino. De acuerdo a Sharún Gonzáles, este se refería a que “las mujeres racializadas negras afrontan circunstancias de vida tan duras que se endurecen”, y la sociedad lo interpreta como que siempre son fuertes, luchadoras y se sobreponen a las condiciones. “En realidad estamos sobreviviendo”, añade.

Así, el mito del strong black woman ha normalizado que las mujeres afrodescendientes presenten ciertas características que bordean lo sobrehumano. “Su masculinización, por ejemplo. Una mayor resistencia al dolor, un grado más alto de resistencia física. Eso incluye que la vulnerabilidad sea castigada”, precisa Noles. Es así que, mientras que en otros contextos la resiliencia o la integridad moral son positivas, en  este caso se convierten en la expectativa normativa. “Ahí vale la pena mirar cuál es la sanción social si es que nos desviamos del camino”, agrega la docente.

Y es ahí donde radica el riesgo de los estereotipos. Reyes argumenta que cuando estas creencias se convierten en verdades absolutas, se encasilla a las personas en un lugar y forma de actuar específicos. “Entonces si no cumples con ellos, no eres una mujer negra. Al final pierdes libertad”. Carrillo concuerda con que son peligrosos pues “se toma una porción de la realidad y, por ejemplo, no manifestar sensibilidad se empieza a plantear como una condición natural”. 

racializadas
Serena Williams (derecha) consuela a la ganadora del US Open, Naomi Osaka, entre los abucheos del público. Foto: Reuters

Cabe destacar que estas categorías implican un costo social importante también. Como explica Noles, no nos permiten establecer relaciones personales auténticas donde valoramos las diversidades, privando así a la sociedad de muchos aportes individuales importantes. No obstante, para Sofía Carrillo la deshumanización es la consecuencia más dura. “Si eres una mujer fuerte, ¿cómo manifiestas tu fuerza? ¿Evitando que un insulto racista te afecte? ¿Criando a tus hijos sin ningún apoyo?”, reflexiona.

Mirar hacia atrás

Vale la pena echar un vistazo al pasado para evaluar las raíces de este mito. La respuesta está en el origen esclavista de nuestras repúblicas. Lo explicaba ya el sociólogo Aníbal Quijano cuando detalló cómo el proyecto de colonización en nuestro continente se estructuró sobre la jerarquización de los seres humanos bajo la idea de razas, en un intento de legitimar las relaciones de dominación impuestas por la conquista y controlar la fuerza de trabajo a partir de la explotación y esclavización de los pueblos africanos e indígenas.

“Históricamente y a través del proceso de esclavización, los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, han sido descritos como inagotables, hechos para el trabajo”, explica Gonzáles. En ese contexto, las mujeres afrodescendientes ocupaban funciones en relación a su cuerpo, como siervas sexuales, amas de leche o vientres de reproducción. 

Históricamente se considera a los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, como inagotables, hechos para el trabajo. Foto: (Marc Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

“No es casualidad que en la actualidad se espere que tengamos un gran desempeño sexual o debamos mostrar esa fortaleza siempre. Lo que no nos cuentan es qué es lo que nuestros ancestros han tenido que soportar: violencia física, sexual, psicológica. Entonces se crea este mito de que como son mujeres negras tiene que ser fuertes y eso realmente daña demasiado la salud mental”, agrega la psicóloga Reyes.

Estas premisas que sostenían el sistema esclavista han calado de tal manera que al día de hoy constituyen un trauma intergeneracional. La especialista en salud mental, relata cómo algunas de sus compañeras activistas racializadas sienten constantemente que no pueden parar porque si lo hacen, todo se cae. “Creo que está relacionado con el sentimiento de que el éxito o incluso las mentes que podemos cambiar dependen solo de una persona. Entonces se comienza a legitimar este mito en el mundo académico, laboral, familiar”, concluye.

La alta competencia

Cuando Camila Mendoza decidió cruzar las fronteras para jugar vóley, no imaginó que le sería tan difícil seguir jugando por placer. Pese a que el colorismo permitió que sus rasgos étnico-raciales no fueran mayor obstáculo cuando jugó en nuestro país, en Argentina se topó con exigencias que constantemente dañaban su salud mental. “Cuando era un partido difícil, el entrenador le decía a la armadora que me arme todas las bolas a mí”.

La situación se volvió crítica cuando salía de los partidos llorando, así su equipo haya ganado. Incluso en una ocasión, cuando se lesionó, el doctor le advirtió que si jugaba se rompería el tobillo. Sin embargo, eso no pareció importarle a su entrenador. “Esos tres días no fui a entrenar, quería caminar y no podía, y lloraba porque sabía que el equipo dependía de mí”. Cuando el día llegó, le dijeron que se vende el tobillo y llegó a jugar hasta dos partidos.

Camila es solo un ejemplo de cómo los mitos sobre las mujeres racializadas impactan en sus vidas personales. En el caso de las deportistas, el riesgo es particular por el protagonismo que toman sus cuerpos. “Trazas un paralelo entre las características que se le adjudican al cuerpo del deportista negro y al cuerpo esclavizado negro y hay varias coincidencias. La industria del deporte, que se sienta sobre la base de los cuerpos racializados negros, continúa tratando estos cuerpos como descartables”, explica la investigadora Gonzáles.

Carla Tristán, por otro lado, jugaba a los 15 años en menores, juveniles y mayores paralelamente. Pese a los años que separan a sus historias, ella también podía identificar la presión de las miradas ajenas. Todas, exigiéndole ser más fuerte, rápida y soportar una mayor carga de trabajo. Pero en ella, las consecuencias fueron aún más duras. “Fui mal llevada físicamente. Desde muy chica quemaron etapas en mí. Acabé con muchas lesiones y cirugías”, las que finalmente la llevaron a dejar el voley.

racializadas
Carla Tristan, voleibolista. Foto: FIVB

Camila narra cómo tanto en Argentina como en Perú ha podido percibir que los entrenadores suelen buscar a voleibolistas racializadas, con determinada altura y contextura, pues se cree que van a tener mayor fuerza, agilidad y rendimiento. En otras palabras, se considera que los cuerpos racializados son hiperdotados para el deporte. “Al mismo tiempo es importante ver el estereotipo paralelo, que es que son cuerpos menos capacitados para habilidades intelectuales”, precisa Gonzáles. 

Al respecto, Carla cuenta cómo en repetidas ocasiones cuando se ha subido a taxis le han preguntado automáticamente si jugaba basquet o voley. “¿Porque soy negra tengo que hacer deporte? ¿No puedo hacer otra cosa?”, respondía. “No es común que a una chica blanca o mestiza le digan eso”, añade.

En ese sentido, Gonzáles explica que constantemente se piensa que los cuerpos racializados están más capacitados para desempeñarse deportivamente. “Incluso cuando ves cómo los medios describen sus cuerpos hablan de, por ejemplo, el largo de sus extremidades”. Además, en muchos casos son al mismo tiempo empobrecidos, por lo que los deportes populares aparecen como posibilidades de escapar por lo menos circunstancialmente de la pobreza, explica. Aquello puede constituir un estresor aún mayor.

Eso, sumado al hecho de que, de acuerdo con Gonzáles, hay un nivel de explotación en el fútbol o en el voleibol que no se da en los deportes elitistas. Todo esto, termina configurando un sistema tortuoso que reduce las posibilidades de que las deportistas afrodescendientes conecten con sus disciplinas desde el placer. Además, tiene impactos fuertes en su autoestima y salud emocional, al colocar su valor en el cumplimiento o no de los estándares.

Un mito interiorizado

No es de extrañar entonces que la salud mental de gran parte de las deportistas racializadas esté tan deteriorada. Tristán lo cuenta desde su experiencia: uno de sus entrenadores le repetía constantemente que “los negros debían ser buenos en el deporte”. En ese entonces ella no sabía que eso era racismo. “Si me volviera pasar lo haría público o le diría algo”, expresa con un poco de pesar pero con el orgullo que siente hoy de poder identificarlo como tal.

afrodescendientes
Aauri Bokesa, atleta. Foto: SoyDe

Asimismo, relata que en su época pasaban por mil pruebas psicológicas pero que jamás les dieron los resultados. “Nunca sentí que se preocuparon realmente por nuestra salud emocional. Es más, creces con esta idea de que tienes que aguantar y eso lo llevas a tu vida diaria. Si te lesionabas nadie te llamaba, tenías que recuperarte y volver al campo. Tienes que ser una mujer súper fuerte porque tu equipo te necesita, porque el Perú te necesita”.

Noles lo explica desde el racismo endémico, término que da cuenta de la manera en que las personas racializadas interiorizan el mensaje que está alrededor suyo. Reyes, por otro lado, considera que “incluso a las mujeres que nos cuestionamos eso nos queda en el subconsciente y aparece como un mecanismo de protección». Y añade: «Por eso es que nos mostramos fuertes».

Y no es para menos, pues estamos hablando de un trauma racial donde además se intersectan el género y la identidad étnico-racial. “Muchas veces somos la primera generación que rompe con patrones familiares y es duro porque es una gran carga”, detalla Reyes, incluso a título personal.

Un acto político de amor propio

Finalmente, aunque el mito del strong black woman no se limita al deporte, lo que tiene en común con todos los demás ámbitos en los que impacta es que no deja mucho espacio para el autocuidado, pues se espera que las mujeres afrodescendientes se mantengan fuertes y, en consecuencia, sostengan al sistema que aún recae en su mano de obra, explica Gonzáles. “Aún esclaviza, solo que de formas más naturalizadas”.

Lo que hizo Simone Biles al decir “no” fue intentar recuperar su humanidad. “Puedes decir que eso nos pasa a todas y todos, pero en el caso de las mujeres racializadas negras estas expectativas están ligadas a procesos de deshumanización de nuestros cuerpos. Biles generó disonancia a todo el sistema porque estamos acostumbrados a que estos cuerpos sean hiperdotados. Humanizarse a sí misma defrauda estas expectativas”, agrega la especialista.

mujeres
Simone Biles. Foto: La Vanguardia

Si en algo concuerdan todas las entrevistadas, es en que cuidarse a sí mismas es un acto de rebeldía. Principalmente, porque rompe con los estereotipos de estar siempre a la expectativa de las necesidades de los demás. Sobre todo de las mujeres racializadas. “El antirracismo es saber elegir qué espacios van a ser sanos para ti porque históricamente no nos han dejado elegir. Haber oído lo que hizo Simone a los 15 años hubiera cambiado muchas cosas en mi vida”, expresa Reyes.

Mendoza, que estuvo a punto de dejar el vóley,  hoy puede contar feliz que está aprendiendo a manejar el peso de intentar ser perfecta gracias a su psicólogo deportivo. Esto, en una sociedad que, en general, desalienta el cuidado de la salud mental, es aún más destacable. “Muchas veces se puede sentir que estás traicionando a tu país o comunidad, pero no se entiende que para crear sanas colectividades tenemos que crear sanas individualidades”, comenta al respecto Reyes.

Al final del día, como expone Noles, lo que hizo la gimnasta fue una decisión individual como cualquier elección de cualquier otra mujer racializada en el mundo, con la diferencia del nivel de exposición. “Vivir de acuerdo a tus propias reglas en lugar de las expectativas de los demás es un acto político de resistencia”, agrega.

Carrillo destaca el autocuidado especialmente cuando viene de mujeres afrodescendientes de piel oscura. “Cuanto más oscura eres más deshumanizada eres y más se espera que complazcas al otro. Ahora estamos diciendo que no, no lo vamos a seguir aceptando”, concluye.

Orgasmo femenino: definir el placer sin tabúes

Orgasmo femenino: definir el placer sin tabúes

Por Diandra García

Históricamente, el hablar de sexo, ha sido un tabú para nuestra sociedad. Esto ha ocasionado que muchas mujeres se limiten al momento de expresar y experimentar con su sexualidad. Aún así, el 8 de agosto de cada año se celebra el Día Mundial del Orgasmo para visibilizar a nivel mundial esta experiencia de autoconocimiento y empoderamiento que por muchos años fue rodeada de mitos absurdos.

«Por el tabú, por la vergüenza», responde Lourdes Morante cuando pregunto la razón por la que sus amigas no suelen hablar sobre el orgasmo. Lourdes tiene 53 años, pero sentada en su sillón, mirándome con total soltura, no los aparenta. Al lado de ella está Naomi, su hija de veinticuatro años. Naomi revela que, antes de la entrevista, su madre no había hablado con ella sobre estas experiencias sexuales, menos aún sobre sus orgasmos. «Mamá, ¿has tenido sexo anal?», interroga en un momento, riendo con una mezcla de orgullo y sorpresa. La pregunta no es aleatoria. Minutos antes, pedí a Lourdes que recordara algún mito sobre el placer femenino que le hayan dicho en la juventud. Su respuesta, aunque demora, vale cada segundo de espera:

«Que tener sexo oral o anal no se disfruta. Es mentira. Se siente más placer».

¿Por qué la desinformación y el tabú?

Lourdes no es la única que ha escuchado y callado por largo tiempo. El orgasmo femenino es un tópico que todavía se esquiva en sociedad, incluso en lo que a ciencia refiere: a diferencia del orgasmo del hombre, el de la mujer no cumple con fines reproductivos. El clítoris, de hecho, es el único órgano del cuerpo humano cuya única función es generar placer. Culturalmente, la idea de que el sexo sea más que para reproducirse es un tema tabú, por eso son pocos los estudios que lo abordan.

Aunque no existe una definición exacta de orgasmo femenino, la medicina coincide en ciertas descripciones: excitación, aumento del pulso, espasmos musculares, entre otros. Las mujeres, no tanto. Alrededor del 45% de latinoamericanas prefieren no explorar qué les gusta a nivel sexual. Una de las causas son los mecanismos de control machistas. Muchas mujeres se sienten inferiores, culpables o avergonzadas de su cuerpo. 

En realidad, el cuerpo debería ser motivo de placer. «Todo el cuerpo es orgásmico», señala Eirelyn Gómez. Ella es sexóloga y conductora de Entre Vulvas, un podcast de Spotify sobre salud sexual femenina. Para Eirelyn, identificar un orgasmo en la mujer se dificulta por la desinformación. «(Muchas) se comparan con otras mujeres, o con la pornografía», dice. La información falsa, sumada al tabú, resulta en mitos engañosos, como que existe un orgasmo clitorial y uno vaginal. «(Orgasmo) hay uno solo y se da en el cerebro», asegura Eirelyn. Las vías para alcanzarlo, por otro lado, exceden al clítoris. Están, como menciona la especialista, en todo el cuerpo.

Para este reportaje, se recogieron preguntas de lectores sobre mitos del orgasmo femenino. Las respuestas son colaboración de Eirelyn Gómez (@sexologaeirelyn)

«El orgasmo me hace sentir bonita»

Nilda Alcántara (55) está acompañada de su hija, del otro lado de la pantalla. Cuando le pido que defina el orgasmo con una palabra, ella dice «unidad». Hace años, sin embargo, confiesa que habría usado palabras diferentes. «Habría dicho que es una sensación… bien rica», describe entre carcajadas. En realidad, poco ha cambiado desde que era una joven curiosa hasta hoy, que es adulta. «El orgasmo es igual. Se siente lo máximo», sonríe Nilda. Sus ojos están en el techo, como buscando algún recuerdo. Finalmente, lo encuentra: «te cuento (…), una vez, bailando, sentí un orgasmo. Fue sensacional, creo que lloré».

Arte: Adriana Velásquez

Es posible. Ya en 1970, se realizaban investigaciones sobre la posibilidad de alcanzar un orgasmo  sin necesidad de coito. Si bien el clítoris es un punto de placer por excelencia, algunas mujeres logran orgasmos solo con su imaginación. Nilda es una de ellas. Durante su adolescencia, imaginaba historias de amor antes de dormir. Aunque no lo sabía, hoy está muy segura de que estas la condujeron al orgasmo. «Hay que ser creativo. La sexualidad no es solo penetración», aconseja. Nilda es una mujer creativa. Al insinuarle -con cierta malicia- si los hijos son un obstáculo para lograr el orgasmo, niega tajantemente. «Al contrario, son un estímulo. Uno necesita creatividad para darse escapadas dentro de la casa. Es divertido».

«Me hace sentir bonita», insiste Nilda. «Es como palpar un… es algo tan bonito». Mientras habla, su hija la observa. Ambas lucen cómodas, alegres, bonitas. En su casa, el orgasmo no es objeto de tabú. Es algo que se vive, se comenta y se manifiesta sin temores de por medio. «Es bonito disfrutarlo. Le pone la chispita a la vida para que sea más… bonita», concluye.

Es el juego, no el juguete

Bárbara Betancourt tiene ojos risueños y cabello claro. Está sentada en su escritorio, con el rostro descubierto. Cuando me ve ingresar, sube su mascarilla hasta debajo de la nariz. Está lista para las preguntas. «Normalmente, hay chicas que son como que muy tímidas, pero luego van experimentando», explica. A nuestro alrededor, están los instrumentos de su experimentación: vibradores de diversos precios, velocidades y colores.

Bárbara ha trabajado como vendedora de juguetes sexuales por medio año. Según lo que cuenta, el rubro es bastante movido en Trujillo; una ciudad, en apariencia, conservadora. «Vienen mujeres solas, pero muy pocas. Más es porque a sus parejas les da pena». En su mayoría, Bárbara vende estimuladores clitoriales, pero no es esa la parte más valiosa de lo que ofrece. Lo más valioso es que escucha.

«Me agradecen porque les ha ido bien», asiente satisfecha. Le he preguntado si alguna mujer llegó al orgasmo gracias al juguete. «Es que no es el juguete; es cómo este, te ayuda a conocer tu cuerpo, tener más imaginación y comunicación. Pero va a depender de si puedes jugar». Lo que Bárbara insinúa es cierto. Algunos de los enemigos del orgasmo son el estrés, la mala comunicación en pareja, las experiencias negativas, la falta de tiempo, la escasa estimulación o deseo. Todos, terminan siendo factores que obstaculizan jugar a una mujer.

Fotografía de referencia

«Lo de jugar, no es algo negativo, sino positivo. Los que me han dicho que primero les parecía tabú, luego sintieron que les daba un respiro», indica Bárbara. Antes de salir, me entrega un folleto de la tienda impreso en rosa. «Ciencia y experiencia», dice el titular.

Muchas dudas, dos palabras

Nube de palabras en la que participaron distintas mujeres. Respondieron a la pregunta: ¿cómo se sintió tu último orgasmo?

«Ya a mi edad sabemos lo que queremos», me dice Lourdes. Ni ella ni Nilda hablaron demasiado sobre el tema. La experiencia les enseñó lo que saben. ¿Qué hay de la ciencia? La indagación científica en el orgasmo femenino es reciente. Sin embargo, no existe un modo correcto de tener un orgasmo femenino. «Cada persona tiene su huella orgásmica», explica Eirelyn. 

Más allá de las dudas, el tabú y los mitos; el orgasmo femenino es una huella de placer personal. Eso, más que definirse, se siente: en cada cuerpo con distintas palabras.

México: Mujeres y la ratificación de sus derechos

México: Mujeres y la ratificación de sus derechos

Por Arleth García

El 11 de agosto de 1954, fue un día importante para todas las mujeres mexicanas. El país azteca, reafirmaba su compromiso con la Convención Interamericana. El propósito era que mujeres y hombres tuvieran los mismos derechos en sociedad. Esta ratificación ha permitido la creación de organizaciones feministas que velan y luchan por los derechos de las mujeres.

En el año 1948, la Organización de los Estados Americanos, en el marco de la Novena Conferencia Internacional Americana celebrada en Bogotá (Colombia), suscribió a petición de la recién creada Comisión Interamericana de Mujeres (CIM/OEA), el primer instrumento internacional que reconoce igualdad de derechos civiles entre hombres y mujeres. Sin embargo, no fue hasta el 11 de agosto de 1954 que México ratificó su participación. 

Se registraron, entonces, los nombres de los firmantes. Por  El  Salvador, Héctor  David  Castro,  Héctor  Escobar  Serrano,  Joaquín  Guillén  Rivas,  Roberto E.  Canessa; tras ellos firmaron los países de Honduras,  Guatemala,  Chile,  Uruguay,  Cuba,  República  Dominicana,  Bolivia,  Perú, Nicaragua,  México,  Panamá,  Paraguay,  Costa  Rica,  Ecuador,  Brasil,  Haití,  Venezuela,  República Argentina,  Colombia.

La Real Academia Española (RAE) señala que los Derechos Civiles son el conjunto de libertades básicas de las personas. Estos, protegen intereses individuales y conforman una posición constitucional del individuo frente al Estado. Asimismo, abarcan los derechos a la vida, a la integridad personal, a la igualdad ante la ley, o a la libertad y seguridad personales. 

La  situación  de  la  mujer  en  una  sociedad que tiene por misión proteger las libertades individuales y sus facultades civiles, políticos y sociales ha sido un proceso complicado y lento.  La mayoría de derechos alcanzados a lo largo del siglo XX se han conseguido por la organización de grupos de mujeres. Los obstáculos no han sido pocos. La historia de las mujeres mexicanas marca un lamentable hecho: muchas hemos sido marginadas de la escena política.

Foto: Prensa

“Que  habiéndose  concedido  los  derechos  políticos  a  la  mujer,  como  consecuencia  natural  y lógica  debe  de  concederle  también  los  derechos  civiles.”

Pasaron años y la Revolución Mexicana -consecuencia del descontento hacia la dictadura de Porfirio Díaz– se dio. Sin embargo, aún no éramos incluidas para participar en el Congreso Institucional de 1917. Este, era el órgano electo para redactar una nueva constitución para México de diciembre de 1916 a enero de 1917. Dicho proceso ocasionó que nos viéramos invalidadas del derecho al voto la primera mitad del siglo XX.

Debido a estos impedimentos, las mujeres se comenzaron a organizar y surgieron las primeras sufragistas de México. En su mayoría, eran mujeres de clase media. Ellas fueron las creadoras del Primer Congreso Feminista de Yucátan  en 1916 y en 1935 el Frente único pro Derechos de la Mujer. Movimiento que exigía el derecho al voto.

Recién en 1947, 12 años después, obtuvimos el derecho al voto y al poder presentarnos como candidatas en las elecciones municipales. Asimismo, en 1953, se decide dar plenitud a los derechos políticos de las mujeres. Esto, gracias a que se estableció la calidad de ciudadanía a las y los mexicanos sin importar su sexo. Fue un hecho histórico pues significó tener el derecho a votar y ser votadas en el ámbito Estatal y Federal. Todo a través de una reforma al artículo 34 de la Carta Magna. Griselda Álvarez Ponce de León, maestra, escritora y política, se convertiría en la primera mujer votada como gobernadora en Colima.

Griselda Álvarez. Foto: Archivo

En 1954, México ratificó su participación en la concesión. No hubo acciones para equiparar el goce y ejercicio de los derechos civiles sino hasta 1970. En este año, una nueva ola del feminismo con la creación de Mujeres en Acción Solidaria se empezó a hacer notar. Cuatro años más tarde, el Movimiento de Liberación de la Mujer siguió sus pasos. Y al año próximo de ese, quedó asentado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el reconocimiento a nuestra igualdad jurídica. 

La historia de lucha no terminaría ahí. En 1976, seis colectivas se juntaron para formar la Coalición de Mujeres Feministas, grupo que se concentró en exigir el derecho al aborto legal y gratuito. Asimismo, luchó contra la violencia hacia la mujer. Un año después, se creo el Frente Nacional de Lucha por la Liberación y los Derechos de las Mujeres. Y posteriormente, en 1982, la Red Nacional de Mujeres. Uno de los más importantes grupos fue la Coordinadora de Mujeres “Benita Galeana”, impulsada por 17 grupos de activistas.

Foto: Twitter (@cultura_mx) (@INEHRM) (@Bibi_Negra)

ONU Mujeres asegura que México, ha logrado un avance significativo para alcanzar los derechos de las mujeres y la igualdad de género. Resaltan su lucha en tres áreas fundamentales a nivel federal: el fortalecimiento del derecho interno para asegurar la igualdad entre mujeres y hombres, una fuerte institucionalidad de género, y el incremento de los recursos públicos etiquetados a la igualdad de género.

Nuestra participación, se reconoció en las elecciones presidenciales del 2018. El Instituto Nacional  Electoral (INE)  registró que 62.3% del electorado acudió a emitir su voto. El estudio, confirma que las mujeres votaron más que los hombres. Las cifras indican que 66.2% de mujeres contra 58.1% de hombres. Una diferencia de ocho puntos porcentuales. La mayor participación de mujeres fue en las edades jóvenes y adultas hasta los 64 años.

Asimismo, un total de 12 entidades se situaron en alto grado de participación, con porcentajes entre 62.6% y 75.4%. Entre las que se ubican siete con elección de gubernatura (Chiapas, Jalisco, Morelos, Veracruz, Puebla, Nayarit, Tabasco) y Ciudad de México, donde se eligió la Jefatura de Gobierno.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) afirmó que en la Constitución Política, se reconoce, en primer lugar, que: “La mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades”. Y sobre todo que ninguna mujer podrá ser sometida a ninguna clase de discriminación.

Foto: Prensa México

La ratificación fue firmada hace sesenta y siete años. Hoy, ante la consigna estipulada en la carta de “que  la  Mujer  de  América,  mucho  antes  de  reclamar  sus  derechos,  ha  sabido  cumplir  noblemente todas  sus  responsabilidades  como  compañera  del  hombre”, las mujeres mexicanas y de toda América Latina y el Caribe reclaman. Ellas son quienes han demostrado que la lucha por su reconocimiento, valía e independencia va más allá de las normas patriarcales. Ellas, valientes y firmes, han encontrado la forma de poder ejercer libremente sus facultades políticas. Y sobre todo, han logrado participar activamente en la toma de decisiones para ejercer su derecho humano fundamental: la igualdad de género. 

Estudiantes organizadas contra el acoso y hostigamiento en espacios universitarios

Estudiantes organizadas contra el acoso y hostigamiento en espacios universitarios

Por Aylinn Siñas 

Foto: La Mula

La universidad es un espacio de aprendizaje. Es aquí, en estas casas de estudios que se forman quienes son el futuro de nuestra sociedad. Lxs estudiantes acceden a las aulas universitarias -actualmente virtuales-, buscando formación que respete su integridad física, psicológica y moral. Sin embargo, ¿qué sucede cuando el ámbito educativo se torna intimidatorio, hostil o humillante para lxs universitarixs?

Desireé Huaranga, egresada de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional Federico Villarreal, vivió una situación que es silenciada por muchas universidades hace un tiempo. Ella, ex miembro de Ni Una Menos – UNFV, vio afectado su rendimiento académico por el trato intimidante que recibió a fines del 2019 e inicios del 2020. 

Un día, Desireé decidió comunicarse con un docente para despejar dudas sobre un trabajo mediante mensaje de texto y llamada. No obtuvo respuesta alguna. A la mañana siguiente recibió una llamada. “Era él, estaba gritando y dijo: Nunca más me vuelvas a llamar en tu vida. Me dijo que le había causado problemas con su pareja. Yo le pedí disculpas. Pero también le dije que nunca me había comunicado con nadie, que yo en ningún momento había hablado con una persona pues cuando llamé nadie respondió”. Aún así, el docente cortó la llamada. Desireé estaba asustada por tal comportamiento. 

Ella decidió no ir a clases por unos días. “Yo no quise ir pues tenía miedo. Estaba asustada. Jamás, ningún profesor de la escuela me ha tratado de una manera tan fea”, afirma Desireé.  Las situaciones incómodas continuaron cuando optó por asistir para exponer un trabajo grupal. El docente la calificó con veinte y propuso tomarse una fotografía con todos. “Yo, estaba incómoda con mi otra compañera, porque el salón ya estaba vacío. Todos se habían ido porque nosotros éramos los últimos en exponer. Cuando estábamos por tomarnos la foto, el sujeto nos dijo: Ya, pero que las chicas estén a mi lado pues. Yo dije que no y el sujeto se avergonzó”, recuerda Desireé.

Luego de este suceso, en febrero del 2020, ella decidió revisar sus chats no leídos en Facebook. Para su sorpresa, se topó con varios mensajes del docente mandando saludos por navidad y año nuevo. Asimismo, comentando reiteradas veces lo “bonita” que se veía en sus fotografías. Al encontrarse con este acto invasivo, se sintió acosada y tomó capturas de pantalla. Avisó a sus compañerxs del salón lo que ocurría y consultó si a alguna otra persona le estaba pasando lo mismo.

“Me habló una chica de base menor a la que le habían pasado la voz y me mostró chats. Eran del mismo usuario. El profesor les contestaba estados, las invitaba a salir, les decía que estaba triste porque no les hablaba y cosas así. Tras eso me habló una chica de mi base. Era el mismo modus operandi. Escribir mensajitos a través de redes sociales o pedirte que te quedes al final de la clase”, comenta ella.

Captura de pantalla autorizada por la denunciante

Cuando las estudiantes se dan cuenta de esto, y enterándose que dicho docente iba a volver a postular para ser contratado en el Ciclo Regular 2020 de la UNFV, elaboran un compilado de testimonios con chats como medios probatorios. Lo enviaron al correo institucional del Decanato y los miembros del Consejo de Facultad. Sin embargo, la Secretaría de la Facultad respondió argumentando que estos debían ser enviados por la vía formal. Es decir, por mesa de partes, para que sea tomado en cuenta. La alumna jamás recibió una respuesta y, afortunadamente, el docente no llegó a postularse.

“Existe un reglamento en papeles, pero no se aplica. Si se hubiera aplicado no me hubieran dicho que haga mi denuncia por mesa de partes. Me habrían dicho que revisara el protocolo”, señala la alumna. 

Efectivamente, según la Ley N° 27942, Ley de Prevención y Sanción del Hostigamiento Sexual, la queja o denuncia debe ser enviada por la presunta víctima o un tercero ante el Comité de intervención frente al Hostigamiento Sexual. Así mismo, el actual Reglamento De Prevención e Intervención En Casos De Hostigamiento Sexual de la UNFV dicta que “cualquier autoridad que reciba alguna queja o denuncia presentada por hostigamiento, deberá derivarla directamente a la Defensoría Universitaria, de forma inmediata”. 

Captura de pantalla autorizada por la denunciante

La Universidad Nacional Federico Villareal (UNFV), al igual que otras universidades públicas peruanas, presenta ciertas observaciones al tratar este tipo de casos. Adriana Buiza, miembro del Colectivo de Estudios Feministas y de Género de la UNFV considera que a esta casa de estudios le falta designar qué órgano es el que va a atender estos casos. Algo realmente necesario para asegurar la protección de sus alumnas. 

“La Defensoría Universitaria no es la división académica más adecuada. Pensamos que se debería implementar una secretaría o comité en dónde los trabajadores reciban una formación y un monitoreo sobre sus capacidades para poder atender casos de hostigamiento sexual y acoso en espacios universitarios”, refiere. También añade que se debe sumar al protocolo la carta de derechos de la persona denunciante. Esto, ya que no asegura la privacidad ni la confidencialidad del denunciante. Asimismo, debería añadirse una hoja de ruta que dicte desde qué momento y de qué forma se le dará asistencia psicológica a la denunciante. Y también, la determinación de un sistema de sanciones diferenciado.

Según el Cuadro de Infracciones del Reglamento de Infracciones y Sanciones de la Sunedu, el que una universidad no cuente con un reglamento interno -o contando con ellos- no lo activen para la prevención, atención y protección en casos de violencia, acoso u hostigamiento sexual en la comunidad universitaria, es una infracción muy grave relativa a la organización y funcionamiento de las universidades.

Otro tema preocupante es la prevención. Según el reglamento publicado en la página web de la universidad, la Defensoría Universitaria villarrealina debe establecer un programa de comunicación sobre el hostigamiento sexual. En este, se tendría que difundir por redes sociales, información relacionada y las posibles sanciones. Sin embargo, al buscar en la página de Facebook de la UNFV, la cantidad de publicaciones que tratan estos temas son mínimas. Y las pocas que existen no llegan a todxs los alumnxs. Valeria Vasquez, miembro activo de la Coordinadora Democrática UNFV, afirma que “la página oficial de la Villarreal tiene a varios villarrealinos excluidos del acceso a la información”. Y añade “No sé cuál es el criterio que toma para bloquear a esos alumnos. La información no se termina de distribuir para todos igual”.

Foto: Prensa

Desireé, por su parte, comenta al respecto: “Esto (Comités de Intervención ante el Hostigamiento Sexual) debería replicarse en todas las universidades. Sé que San Marcos a través de la Secretaría de Género de la Federación Universitaria (FUSM), está tratando de hacer algo similar”. 

No obstante, si bien la Universidad Nacional Mayor de San Marcos es un referente universitario de muchas otras casas de estudios por sus avances académicos y de responsabilidad social, estos, se han logrado gracias a la organización y presión estudiantil.

“Tratamos de educarnos a nosotros mismos y hacer presión” señala Lucía Castro, secretaria de género de la FUSM. “La creación de espacios, el que se organice y se pueda realmente sacar algo bueno, es también chamba del movimiento estudiantil de mujeres”. Y agrega “porque si no hay presión de los estudiantes no se va a lograr nada”.

La estudiante señaló que a causa de la insistencia de lxs estudiantes, la nueva gestión de la UNMSM, con la primera rectora de la decana a la cabeza, Jeri Ramón Ruffner, se ha comprometido a gestionar el Comité de Intervención frente al hostigamiento sexual. Esto, bajo el reglamento de la universidad y la Ley N° 27942. “La anterior gestión ni siquiera quiso informarse sobre lo que hacíamos nosotrxs como movimiento feminista dentro de San Marcos”, indicó.

Foto: Prensa

En junio del presente año, se logró la destitución de un docente de la Facultad de Medicina Veterinaria como medida sancionatoria frente a un caso de hostigamiento sexual en la UNMSM. Sin embargo, aquello, se logró por la presión de estudiantes organizadxs hacia la Defensoría Universitaria sanmarquina

Amachay, un colectivo integrado por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UNMSM que brinda asesorías legales gratuitas a lxs estudiantes ante estos casos, fue el que llevó el seguimiento del caso. “Esta resolución que pasó en la Facultad de Veterinaria, se ha conseguido realmente gracias a Amachay. No es gracias a la participación de la universidad que vamos a cambiar. No. Fue la presión de este colectivo de estudiantes. No es un logro producto de la gestión de Cachay”, dijo Lucía.

La Decana de América sí cumple con brindar charlas informativas, talleres de prevención e incluso con la medida de protección de brindar asistencia psicológica a la denunciante. Sin embargo, el problema surge cuando se remite una denuncia, ya que el tiempo de espera de recepción e investigación del caso suele ser largo y termina haciendo que la persona denunciante se sienta olvidada. “Si seguimos haciendo este proceso tan largo y difícil para las víctimas, ellas no van a querer denunciar. En vez de ver el proceso como justicia, lo van a ver como un espacio de dolor y esa no es la idea”, manifiesta Lucía.

Foto: Amachay – Facebook

Liliana Gadea Linares fundadora de la colectiva jurídica Amachay, sostiene que el actual reglamento de San Marcos estipula que el proceso de denuncia debería durar como máximo 45 días calendario. Aún así,  en el caso de Medicina Veterinaria ellas acompañaron el proceso por más de 3 meses. Estuvieron desde el ingreso de la denuncia  -en marzo-; hasta la resolución del caso -a fines de junio-. 

“Hemos visto que hay una gran deficiencia por parte de la atención de la universidad a este tipo de casos”, dijo Liliana. No obstante, reconoce que este es uno de los primeros casos que se ha resuelto en primera instancia.  Asimismo, espera que se procesen con la misma, o mayor, celeridad las otras denuncias de violencia de género. Además, añadió que el Reglamento de la UNMSM, así como el de otras universidades, debe incorporar medidas específicas para las estudiantes menores de edad. Esto, ya que un sector de las ingresantes suelen tener 15 o 16 años. Recomendó que los órganos que investiguen y resuelvan estas denuncias “deben ser órganos técnicos, deben contar con conocimiento del enfoque de género, derechos humanos e interculturalidad”.

Otra problemática fuerte son las relaciones de poder que se tornan visibles al realizar una denuncia de este tipo. Suele ocurrir que el presunto culpable, aprovechando la posición jerárquica que posee, trata de persuadir o convencer al denunciante de detener el proceso investigativo que quiere iniciar. “Pasa bastante eso. Te pueden denunciar. Hay distintas relaciones de poder que se pueden ver realmente y sí, incluso pasa que los docentes. Llegan a amenazarnos”, señala Lucía.

La Defensoría del Pueblo afirma este punto, comentando que “El poder del docente en la comunidad universitaria e incluso fuera de ella es visiblemente fuerte. Por ejemplo, el temor de algunas estudiantes a realizar denuncias por hostigamiento sexual está relacionado directamente con el prestigio de la autoridad o docente o las relaciones amicales que pudiera tener al interior de la universidad.” Además, la institución añadió que las víctimas suelen pensar en los obstáculos que pueden tener al momento de culminar sus estudios o incluso después, al desarrollarse profesionalmente, por revelar los hechos de violencia vividos.

Foto: UCH

Asimismo, también recomendó que las universidades públicas, junto con sus Comités de Intervención frente al Hostigamiento Sexual, asuman un rol más activo y que puedan iniciar con procedimientos de oficio tras tomar conocimientos de los hechos. No condicionalmente cuando exista una queja o denuncia. Adicionalmente a ello, recomendó procurar que los medios de denuncia virtual deban garantizar la pronta atención de las víctimas.

Nunca olvidemos que todas las instituciones educativas, básicas, técnicas y superiores; tienen la obligación de garantizar espacios seguros para sus estudiantes, espacios libres de discriminación en el que puedan desarrollar al máximo sus capacidades y se respete el derecho a la educación. Además, es necesario entender que la violencia de género existe y amenaza la integridad de la persona. Solo así, la detección y trabajo de cambio de actitudes violentas con el otro será posible.

Sin embargo, no debemos dejar este proceso de introspección y cambio como tarea única del individuo. Tengamos presente que el rol que cumplen las instituciones que gestionan comunidades, en este caso las universidades, es crucial. Por ello, no debemos pasar por alto que la lucha contra la violencia de género también es objetivo de estas instituciones. Debemos exigir que su trabajo preventivo y sancionador se dé cabalmente. Todxs debemos ser miembros activos en la creación de espacios seguros para nuestrxs compañerxs.

Si deseas revisar la actualización de la Ley N° 27942, revisa este link

La Antígona intentó comunicarse con las autoridades relacionadas al caso de la compañera Desireé, sin embargo hasta el cierre de esta nota no obtuvimos respuesta.

Mujeres indígenas: Resistencia y empoderamiento femenino

Mujeres indígenas: Resistencia y empoderamiento femenino

Por Johanna Gallegos

Foto: La Voz del Perú. Intervención por La Antígona.

Las mujeres indígenas han sido y siguen siendo símbolos de resistencia en un mundo que invisibiliza sus luchas y vulnera sus derechos. Niñas, jóvenes y mujeres adultas aún son discriminadas y sufren violencia machista. Aún cuando son ellas las que difunden saberes ancestrales y culturales a las nuevas generaciones. Afortunadamente, hoy existen más organizaciones y grupos colectivos que las empoderan y forman para ser lideresas de sus comunidades.

En el año 2006 y por segunda vez en la historia peruana, una mujer indígena llegaba a ocupar una curul en el Congreso de la República. Se trataba de Hilaria Supa. Cusqueña, ex Presidenta de la Federación de Mujeres Campesinas de Anta, activista por los derechos de los pueblos indígenas y ex candidata al Nobel de la Paz. Fue ella, también, una de las principales denunciantes de las esterilizaciones forzadas, crimen de lesa humanidad por el que se acusa al ex Presidente Alberto Fujimori y otros personajes.

Nació en Huallacocha en 1957 y vivió junto a sus abuelos. Ellos fueron quienes la inspiraron, años más tarde, a ser lideresa de muchas mujeres indígenas que sufrían abusos y violencia. En una entrevista para el diario La República en años pasados, ella recuerda parte de su vida. Tras la muerte de sus abuelos, se mudó a Lima para trabajar de empleada del hogar; sin embargo el frío de la ciudad y las malas experiencias que vivió la llevaron a regresar a su hogar en Anta, provincia de Cusco. 

“Regresé al Cusco con 22 años, pero la realidad no era la que yo esperaba. Había alcoholismo y maltrato a las mujeres. Eso me dio fuerza para organizarlas. Hacíamos charlas sobre violencia, sobre educación. En aquel tiempo, todavía no había una ley para que las mujeres entren al colegio”, comentó en 2006, recordando cómo surgió su lucha.

Foto: Congreso de la República del Perú

Hilaria no lo sabía, pero se convertiría en referente para más de 3 millones de mujeres que se auto identifican como indígenas, según el último informe elaborado por la Defensoría del Pueblo en 2019.  Actualmente, y a pesar de la celebración por los doscientos años de vida republicana del Perú, se siguen vulnerando sus derechos. Aún así, cada vez son más los  casos de mujeres que con empoderamiento y resistencia logran resaltar. 

Vulneración de sus derechos fundamentales

Existen muchas formas de vulneración hacia los pueblos indígenas. Una de ellas es la violencia económica y la desigualdad de oportunidades. Esa misma, que no les permite ser independientes y acceder a recursos naturales, económico-productivos, financieros y al mercado laboral. A pesar de que en toda la región existen distintas políticas públicas que aseguran el empoderamiento económico de la mujer, estas no han dado grandes resultados por el momento. 

El informe ‘Mujeres indígenas de las Américas a 25 años de Beijing’, elaborado por el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA), reconoce esta situación. Considera que, la pobreza en la que viven las mujeres está íntimamente relacionada con las oportunidades que tienen ellas de ejercer sus derechos colectivos sobre sus tierras y territorios. 

Foto: Intercambio

“Mientras que en la región se observa una reducción del número de mujeres sin ingresos propios, los datos de las Encuestas de Hogares en cuatro países de la región (Brasil, Ecuador, Perú y Uruguay, alrededor de 2017) muestran que sin importar su nivel de escolaridad, las mujeres indígenas continúan ocupando posiciones inferiores de la escala de ingresos de manera sistemática y estructural”, se lee en el informe. 

Así mismo, la Defensoría del Pueblo, afirma que en Perú, solo el 27% de la población de mujeres indígenas tiene ingresos propios; y de quienes los tienen, el 59% realiza trabajos de baja remuneración. 

El derecho a la salud también se ha visto notablemente vulnerado. Valeria Urbina Cordano, asegura que “al tener un menor acceso a servicios de salud y agua potable, ellas tienen mayor probabilidad de presentar afecciones preexistentes que las vuelve vulnerables ante la COVID-19”. Esto no es nuevo, ya que según el III Censo de Comunidades Nativas y el I Censo de Comunidades Campesinas del 2017, de 10 comunidades indígenas, menos de 4 cuentan con un establecimiento de salud dentro de su territorio. 

Mujeres indígenas y la violencia en pandemia

La violencia de género ha estado constantemente presente como indicador de la desigualdad entre hombres y mujeres en nuestro país. Es más, según la Organización de las Naciones Unidas, “en el mundo, en promedio una de cada tres mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida y una de las principales estrategias de control de los perpetradores de violencia doméstica es la de aislar a la víctima”. 

Son conocidos los graves efectos que la pandemia por el coronavirus ha generado en cuanto a la seguridad de las mujeres. Sin embargo, esto se torna crítico para las mujeres y niñas indígenas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres así lo asegura. Esto, pues sostiene que las mujeres que enfrentan muchas formas de discriminación presentan mayor riesgo de ser víctimas de violencia que la población en general. Tan sólo en el año 2019, se calculó que más de la mitad de la población femenina indígena (63.2%) había sufrido violencia familiar. Asimismo, casi 7 de cada 100 mujeres (6.8%) sufrió violencia sexual.  

Foto: Santi Vedrí

El año 2018, según la ENDES, en Cusco, el 14,7% de las mujeres de lengua materna indígena -casadas, convivientes, viudas, separadas o divorciadas- sufrió violencia física. Asimismo, de ellas, el 5,3%, sufrió violencia sexual por parte de sus parejas. El escenario se agrava porque en muchas situaciones la violencia es normalizada por las víctimas. Esto, sumado al temor de represalias, impide que ellas denuncien a las autoridades y pidan justicia para su caso. 

Estadística proporcionada por ENDES- 2018

Empoderamiento y resistencia

El machismo y los discursos que subestiman el papel de las mujeres indígenas también toman lugar en los pueblos indígenas amazónicos. Muchas de ellas, cansadas de esta situación y teniendo referentes importantes como Hilaria, se han auto organizado en grupos. Su misión es empoderar a todas aquellas mujeres indígenas que siguen sin conocer sus derechos. 

Gimena Cariajano tiene 21 años de edad y es estudiante de guía de turismo. Actualmente vive en Iquitos, pero nació y vivió por mucho tiempo en Río Corriente, en el departamento de Loreto. Su pueblo originario es Achuar. Para llegar a estudiar a Iquitos, ella tuvo que viajar 2 días en lancha y 1 día en los “rápidos” -pequeñas embarcaciones fluviales. Dejó su comunidad hace tres años. Sola y con un deseo: estudiar. Al llegar a la ciudad pudo encontrar un grupo de jóvenes con los mismos sueños. Ellos se convertirían en su familia. 

Se trata de la Organización de Estudiantes de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Peruana (OEPIAP). Un grupo de estudiantes universitarios provenientes de distintos pueblos indígenas, entre ellos Awajún, Kukama, Achuar, Wampis, entre otros. Actualmente, la OEPIAP alberga aproximadamente 120 jóvenes hombres y mujeres de diferentes pueblos, de distintas carreras y centros de estudios. “Ninguno de los que estamos en la Organización, somos de acá. Todos estamos lejos de nuestras familias. Todos nosotros pasamos adversidades para estar aquí, estudiando”, afirmó ella. 

Foto: OEPIAP PUEBLO – FACEBOOK

La OEPIAP cuenta con una residencia para que todos los estudiantes puedan continuar estudiando a pesar de sus circunstancias. Esto se logró con apoyo del Gobierno Regional de Iquitos. Ellos conviven 24 horas 7 días a la semana y tienen normas para asegurar la tranquilidad del ambiente. Aún así, Gimena resalta que su mayor deber es estudiar. 

Ese deseo de superación y la necesidad de conocimientos no sólo queda en el ámbito académico. Su objetivo va más allá, ya que se centra en ayudar a chicas y mujeres indígenas a empoderarse y hacer valer sus voces. Ella recuerda que cuando entró a convivir con sus compañeros sólo había 8 mujeres aproximadamente. Esto y las experiencias que ella vivió en su mismo pueblo, la hicieron interesarse en la lucha de las mujeres indígenas por defender sus derechos. “Desde hace años, varias organizaciones y grupos como Radio Ucamara y Chaikuni, vienen trabajando con nosotras las mujeres en la defensa de nuestros ideales. Esto, ya que nosotras llevamos el doble de rechazo y el doble de violencia por ser quienes somos”. 

Gimena y las otras estudiantes -hoy en día, 20 mujeres- trabajan en talleres grupales en los que expresan los desafíos que afrontan como indígenas. “Ahí nos ayudan a identificar los distintos tipos de violencia. Hay muchas mujeres de estas zonas que no conocen sus derechos. Viven oprimidas. No pueden salir a estudiar porque sus padres no las dejan o porque les dicen que por ser mujer no va a poder”, comenta ella. Hoy, más unidas que nunca, este grupo de jóvenes mujeres indígenas, concentran sus fuerzas en demostrar su fuerza. “Queremos que -incluso- dentro de la OEPIAP, se tome en cuenta nuestras ideas y opiniones”.

Foto: Gimena Cariajano

Así como las estudiantes de la OEPIAP y Gimena, muchas mujeres siguen trabajando y organizándose en colectivos y grupos con un mismo objetivo: resistir. La Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP), Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana – AIDESEP, Unión Nacional de Comunidades Aymaras UNCA, Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú, Confederación Nacional Agraria CNA, son algunas de las organizaciones de representación nacional que trabajan junto a instituciones del Estado, como el Ministerio de las Culturas, para asegurar la protección, capacitación y visibilización de la población indígena. Su objetivo además es llegar a todo espacio en el que exista desigualdad y vulnerabilidad de poblaciones indígenas. Por ello, trabajan con madres, niñas, y hasta lideresas indígenas. 

Representación femenina indígena

Mujeres como Ruth Buendía, quien consiguió paralizar el proyecto hidroeléctrico de Patizipatango, que hubiera inundado las tierras en las que se asientan 10 comunidades indígenas; Máxima Acuña, quien enfrentó en el 2011 a la compañía minera Newmont Mining Corporation para defender a la laguna Azul y otras lideresas, hoy son inspiración para seguir fortaleciendo el derecho de las mujeres indígenas a participar en espacios de decisión externa e interna, es decir, en sus propios pueblos y grupos. 

Por tal motivo, hoy, las chicas del OEPIAP, celebran la elección de la nueva presidenta de la organización, Leonarda Suárez. Con 18 años de creación, esta organización, tiene al fin, una presidenta mujer. Sin embargo, su camino no fue fácil. Gimena recuerda algunos comentarios que se dieron con respecto a su postulación. “Cuando se dio la convocatoria para la presidencia, hubo comentarios por parte de los varones. Ellos decían “¿Cómo una mujer va a liderar? ¿Cómo va a ser presidente?”. Esas opiniones no alejaron a Leonarda de su meta. Tras las elecciones, fue elegida para representar a más de un centenar de estudiantes de pueblos indígenas. 

Foto: Chirapaq – Facebook

Su caso refleja las dificultades que tienen las mujeres indígenas para abrirse paso en la toma de decisiones que involucren a su comunidad. Sin embargo, ya hay algunos avances importantes que se han estado promoviendo desde el Gobierno y las organizaciones mencionadas anteriormente. 

Tan sólo el año pasado, CESAL, el Ministerio de la Mujer y la Cooperación Española se aliaron para fortalecer el liderazgo de las mujeres indígenas en la Amazonía peruana. Juntos realizaron el evento “Gobernanza Ambiental con enfoque de género para fortalecer la participación de las mujeres indígenas”. En él, destacaron el papel de la mujer como defensora de la biodiversidad, transmisora de conocimientos ancestrales y agente de cambio y desarrollo para sus comunidades. 

Foto: Coordinadora de Entidades Extranjeras de Cooperación Internacional (COEECI)

Así mismo la incidencia de organizaciones como el ONAMIAP ha logrado modificar un paquete de normativas. Estos cambios fueron aprobados en el pleno del Congreso de la República. Una de ellas fue la Ley Nº 30982. La misma que modifica la Ley General de Comunidades Campesinas (Ley Nº 24656) para potenciar el rol de las mujeres en estas organizaciones. Se precisa que la directiva comunal esté constituida por un número no menor del 30% de mujeres. Se busca eliminar las situaciones que reflejen discriminación por género. Igualmente, pretende abrir las puertas para que mujeres ocupen un espacio importante.

Para Tarcila Rivera, coordinadora del Centro de Culturas Indígenas de Perú, la participación de mujeres indígenas es aún una agenda pendiente. “Podemos decir que antes teníamos la puerta cerrada, estábamos invisibles. Ahora no. Ahora nos tenemos que preparar para participar en diferentes escenarios regionales”, expresó en una entrevista para Efeminista. 

Definitivamente, el trabajo desde el Gobierno Central sumado a la acción de una parte del sector civil como los grupos nacionales de representación que fomentan el desarrollo y empoderamiento de las mujeres indígenas, es esencial para seguir visibilizandolas. Asimismo para seguir impulsando mecanismo de diálogo con sus comunidades y eliminando la vulneración de sus derechos fundamentales.