Clementina Peralta es uno de los asentamientos humanos más unidos que pueden existir en Trujillo. Cada familia de este lugar, tiene un caso que presentar a diario. Aún así, siempre están para apoyarse el uno al otro. Esta vez, presentamos el caso de Faustina Rodríguez, una mujer adulta mayor sordomuda que hasta hace unos días no encontraba esperanza ni ayuda.
El analfabetismo y la discapacidad auditiva son comunes en el sector. Algo semejante ocurre en los adultos mayores que carecen de alimentos, salud y vida digna. Ese es el caso de la querida vecina Faustina Rodríguez Polo. Esta mujer adulta mayor no puede oír ni hablar. Estas condiciones complicaron el proceso para exigir la ansiada pensión 65. La misma, que es brindada a adultos mayores cuando viven en condiciones precarias. A pesar de ello -de tanta lucha e insistencia- una alegría llegó al sector tras darse con la sorpresa que aún había esperanza de poder solucionar y darle calidad a sus últimos días de vida.
Era una tarde ajetreada. Una colega de una radio nacional y yo, caminábamos por los arenales de Clementina. Una señora de aproximadamente 70 años, salía de una choza a punto de caerse. Aquel lugar era el baño al que suele recurrir. La mirada triste de Faustina demuestra lo crudo que puede ser al llegar a la tercera edad.
Faustina es proveniente de Huamachuco, de la región de La Libertad. Vive acompañada de su hijo Silvestre Alcapoma. Él es el mayor de 5 hermanos, quienes hasta el momento, no han preguntado por su madre. Silvestre, desde muy temprano sale a ganarse el pan de cada día en cualquier tipo de trabajo. A veces en construcción, a veces en otros. Cuando la noble anciana se queda sola en su vivienda, son los mismos vecinos quienes le dan cariño. En especial los más pequeños. Son ellos quienes hacen reír a Faustina y le ayudan cuando lo necesita.
Niños y niñas cuidan a los adultos mayores de Clementina. FOTO: Arturo Gutarra
“Últimamente solo estaba comiendo papa sancochada, es lo único que tienen”, manifiestan los vecinos quienes la ven diariamente. Suele hacer un gesto indicando querer hablar. Es imposible verla y no querer ayudarla. Ella intenta, con señas, explicar qué es lo que quiere. En ocasiones no se daba a comprender, pero entre los intentos de hacer señas a objetos, partes del cuerpo y otras cosas, entendimos que lo que exigía Faustina era su pensión. Asimismo, que un médico le haga una revisión. Esto, ya que manifestaba un dolor en la parte del estómago. Es por ello que, un médico en Clementina es urgente para estos casos.
Faustina sosteniendo el tubérculo que come a diario. FOTO: Arturo Gutarra
La burocracia, a veces, suele ser un obstáculo para denunciar y resolver problemas sociales. Por ejemplo, en Arequipa, son al menos 600 adultos mayores que continúan a la espera de ser incluidos en el programa del Estado que beneficia a personas de la edad de Faustina. Muchos, como ella, están en espera del subsidio monetario. La cifra presentada por Defensoría del Pueblo demuestra la falta de apoyo para las mujeres en estado vulnerable. Un 73,90% no está afiliado(a) a un sistema de pensión. Así mismo, un 56,08% de la población femenina, no recibe pensión, ni Pensión 65.
Comité de damas reclama al estado por el olvido de Faustina. FOTO: Arturo Gutarra
Volviendo a Trujillo, el caso fue difundido a través de las transmisiones en vivo para que las y los vecinos puedan levantar su voz y puedan acceder a la petición. Las lágrimas de Faustina abrazando a su nieto menor conmovieron a los presentes.
Al día siguiente, la municipalidad distrital llegó al lugar con donativos para Faustina. Ella apreciaba con sorpresa y alegría lo que sucedía. Aquellos días de oración en silencio dieron frutos. Martin Namay,Alcalde del distrito de La Esperanza, aseguró que en un corto plazo, Faustina recibiría su pensión.
Donación de víveres y materiales para Faustina y su hijo. FOTO: Arturo Gutarra
Luego de 2 años, la municipalidad puso cartas en el asunto para acelerar el trámite de la pensión. Pero, ¿cómo y porqué el alcalde “se puso las pilas” luego de que estos casos sean difundidos? Es sencillo. Anteriormente, ya se había hecho un llamado de atención a través de distintos medios de comunicación para difundir las quejas de los moradores. Como el tema de educación (Exitosa Trujillo), mujeres sin identificación (intervención de La Antígona), y este último caso, el de Faustina. Asimismo, representantes del MIDIS acudieron al lugar para gestionar el trámite. En la sede central habían aceptado la solicitud y se pondría en marcha el proceso. Así, Faustina podrá acceder al banco y recoger su dinero equivalente a 250 nuevos soles.
Tras entregar los donativos, Luis Flores –en compañía de su esposa- y la señora Alicia, quien también es parte de la directiva del comité de damas, realizaron un acuerdo para gestionar el traslado de un médico particular de una clínica cercana. Según lo manifestado por los esposos, el redondeo de los chequeos médicos superan más de los cien soles. Sin embargo, el gasto en servicios, fue subsanado por la misma clínica privada Betesda ubicada en el sector Manuel Arévalo.
Al realizar los chequeos, detectaron que la anciana padecía de gastritis. Los medicamentos que le recetaron podrán ayudarla. Casi todos los días el comité de damas realiza las observaciones y vigila la casa de Faustina para verificar que nadie hurte los donativos que le dejaron. Ya que, al vivir sola, corre riesgo de ser víctima de robo.
La mañana del 18 de agosto, Luis Flores recibió una llamada inesperada. Era una gran noticia pues le indicaban que Faustina ya podía acercarse al banco para recoger su dinero. Una camioneta de la Municipalidad realizó las carreras para el recojo.
“Me encuentro muy agradecido que mi mamacita ya pueda recibir su pensión, ha pasado mucho tiempo y perdí las esperanzas. Sin embargo, ya me siento tranquilo”, comentó Silvestre en las afueras del banco. Su rostro lucía iluminado, esperanzado. Luego retornó a su hogar.
Faustina saliendo de recoger su bono en el banco de la nación. FOTO: Arturo Gutarra
En la actualidad, la mamita Faustina –como lo conocen en el centro poblado- cuenta con una silla de ruedas para poder trasladarse. De regreso a Trujillo, Silvia Yupanqui, feminista y periodista radial, y quién ayudo para que Faustina tenga un final feliz con la cobertura brindada desde su espacio, comentó feliz: “Ahora cada vez que me siento derrotada en mi profesión, recuerdo que a través de nuestra denuncia y gracias a la difusión, pudimos cambiar la vida de una persona y exponer esta problemática, eso me recuerda porque escogí ser periodista”.
Si tienes un caso que quieras compartir para que sea difundido, escribe a proyectolaantigona@gmail.com
Momentos históricos que marcaron los 70s, 80s y 90s fueron capturados por las cámaras de estas intrépidas mujeres. En un conversatorio organizado por la Asociación de Foto Periodistas del Perú (AFPP), Alicia Benavides, Beatriz Suárez, Fátima López, Mónica Newton, Carmen Barrantes, Rocío Cáceres, Mariel Vidal, Mayu Mohanna y Nancy Chappell se animaron a compartir sus experiencias en el mundo de la fotografía periodística. Sus imágenes te harán volver en el tiempo…
Nueve mujeres tenían mucho en común: una cámara, un cuarto oscuro en casa, rollos y un don para la fotografía. Ellas descubrieron el poder de la imagen en los albores del fotoperiodismo peruano cuando las cámaras eran análogas y el revelado resultaba esencial para obtener la foto perfecta. Con mucho talento y dedicación lograron colaborar para diarios y revistas reconocidas en el Perú y el extranjero.
CARMEN “LA CHINA” BARRANTES
Alfabetizando mujeres a través de medios audiovisuales, Carmen descubrió el poder de la imagen y su gran valor. Así, en 1975, ‘la china’ tomó un curso de fotografía en Sao Paulo, compró su primera cámara y armó su laboratorio en casa. Comenzó trabajando como fotógrafa freelance para pequeños diarios de origen sindicalista ligados a la izquierda.
Era una época donde la gente empezaba a salir a las calles para marchar y levantar la voz. Fue durante la dictadura de Morales Bermúdez que la china Barrantes capturó, junto a otros colegas, marchas multitudinarias pese a la gran represión del gobierno.
“Era muy intenso y riesgoso, en ese momento, durante las marchas morían personas. Nos lanzaban perdigones sin dirección. Varias hemos vivido la experiencia”, recuerda.
Pese a la represión, el peligro y la escasa remuneración, Carmen seguía en su labor acompañada de un maletín que utilizaba de escalera y también para defenderse de la policía y de otros periodistas.” Tenía un maletín de metal que medía 30 cm y me daba altura para estar por encima de la aglomeración de fotógrafos. Me servía también de escudo protector.”
Por un tiempo tuvo que dejar la fotografía para dedicarse a la consultoría de temas sociales, debido a que el oficio de reportera gráfica no le daba el sustento necesario para mantener a sus tres hijos. Con el tiempo, retomó su vocación. Porque, como ella misma menciona, nunca dejará su alma de reportera.
FÁTIMA LÓPEZ
Fátima López fue una de las primeras egresadas de la facultad de comunicaciones en la Universidad de Lima, fue ahí donde descubrió su amor por la fotografía. Entrar al cuarto oscuro para revelar las fotos era mágico. Rápidamente pidió tener su propio cuarto oscuro en casa. Su familia siempre apoyo este interés por lo que sus obsequios de cumpleaños y navidad eran rollos Tri-X y papel Ilford.
Pronto llevó su talento a la cancha. Trabajó para el suplemento VSD de La República y para la revista Caretas. Y, posteriormente, para el diario El Comercio. Le tocó desempeñar su labor en una época donde las condiciones laborales no eran las mejores para los reporteros gráficos.
“Era difícil, posiblemente no medí nunca el peligro ni las condiciones absurdas con las que trabajamos. Teníamos que llevar nuestro equipo, no teníamos seguro de salud, ni seguro de vida. Nos íbamos a la guerra por amor a la fotografía”, cuenta López.
A Fátima como a muchas otras pioneras del fotoperiodismo le tocó cubrir durante la violenta época del conflicto armado interno. “Mi generación y todos los que hemos tenido la mala suerte de vivir esa época tan violenta sabíamos que había un momento en el que estábamos en peligro si estábamos en la calle. Yo le llamaba “la hora de la bomba”, comenta.
Fátima fue una de las primeras fotógrafas en llegar a Tarata después del atentado de 1992. Ella recuerda muy bien ese día. Como vivía cerca, pudo escuchar la explosión. En pijama se apresuró para salir, se puso un saco, tomó su bicicleta y siguió a un camión de bomberos que iba en dirección a Tarata. “Cuando vi la magnitud de la explosión me quedé sin aire, me agaché, me volví a levantar y empecé a tomar fotos sin parar. Encontré autos todavía con fuego, pedazos de gente, cabezas… Simplemente disparé sin detenerme. Seguí y seguí como una zombie”.
Esa noche, la fotógrafa se quedó cerca del lugar y a la mañana siguiente continuó tomando fotos a las personas que recogían los restos que habían quedado de sus casas. Fue una experiencia que la marcó. Hace 22 años Fátima viajó a Austria y se convirtió en foto corresponsal de la región. Hoy continúa viviendo ahí con sus hijas. Nunca dejó de hacer lo que más ama: fotografiar.
“Tú eres tan bueno como fue tu ultima foto y eso es un estímulo para seguir produciendo”
MÓNICA NEWTON
Mónica había estudiado economía, se había casado y tenía tres hijos cuando en 1984 decidió matricularse en un taller de fotografía, el cual le cambiaría la vida. Más tarde, estudiaría fotografía profesional en el Centro de la Imagen en España.
Segura de su pasión, no dudo en escribirle una nota al jefe de fotografía del diario Ojo pidiéndole practicar como fotógrafa. Inesperadamente, él la contacto y la cito a una reunión el mismo día. Así fue como entro al área de fotografía en donde compartió una oficina con otros 15 fotógrafos hombres. Una pared llena de posters de mujeres voluptuosas en aquella oficina la hizo cuestionarse sobre donde había ido a parar. Pero ella quería trabajar y optó por quedarse. Al ser la única mujer en ese equipo de trabajo tuvo que enfrentarse a conductas machistas. “Al principio era terrible. Todo este conjunto de hombres que eran super machistas y vulgares en muchos momentos me malograron negativos, me publicaban lo malo y en lo bueno no ponían mi nombre”.
Pero con la llegada de su colega Nancy Chappell al equipo las cosas se tranquilizaron. En seis meses ya habían logrado ganarse el cariño de esos hombres quienes ahora las protegían. El diario pronto se convirtió en un lugar lleno de aprendizajes.
“Yo estudié Economía y había leído sobre la pobreza, pero lo que encontré en la calle fue algo no imaginado. En Ojo pude conocer cada plaza, cada posta de salud, cada escuelita, cada cono. Pude realmente tener una visión total de lo que era el Perú”, declara.
Tras su paso por Ojo, llegó a la revista Sí! y, posteriormente, a la unidad de investigación de La República. Lo que la llevó a cubrir en la selva peruana. “Cuando yo llegué a la selva me conecté totalmente con ella. Sentía que, a pesar de la violencia, la vida cotidiana seguía y de pronto cambiaban de canal y estaban riendo, cantando, compartiendo contigo. Entonces quise fotografiar ese documento de vida donde la vida y la muerte hacían un contrapunto.”
A través de la fotografía, Mónica tuvo una transformación. Cuenta que pese a tener tres hijos le tenía mucho temor a la maternidad. Pero recuerda la vez en la que le comentaron algo peculiar en la mayoría de sus fotografías. Casi todas tenían a mujeres y niños. Fue ahí que entendió todo. “La selva como tierra abundante y fértil, y las mujeres de la selva me enseñaron cómo ser madre. La selva salvo mi maternidad”, declara.
ROCÍO CÁCERES
Rocío tenía muy en claro que quería dedicarse a la fotografía, por ello se fue a estudiar a Londres. Ahí empezó a cubrir manifestaciones feministas y antifascistas. Tras diez años, regresó a su patria justo en una década marcada por la violencia. Ser fotógrafa de guerra en los 80s era extremadamente duro.
“Constantemente iba a Ayacucho y cubría manifestaciones bravas. Corrían balas, corrían piedras, mataban a los perros y los colgaban en los postes. Era una cosa atroz. Eran unas mini guerras”.
Una anécdota que impactó a la reportera se dio durante una comisión en la casa del ex presidente Alberto Fujimori, cuando él era aún candidato a la presidencia. Le habían asignado cubrir a Fujimori y el ex mandatario la mandó a llamar. Cuando entró a su casa se topó con una mesa de comedor cubierta de una gran variedad de periódicos. En todos ellos se había publicado la foto de Fujimori con un traje japonés y una espada. Aquella foto que lo hizo enfurecer era obra de Rocío.
“Me dijo: ‘Hace más de 60 años que este periódico desde que salió no ha publicado una sola foto y mira.’ Me enseña la primera página donde está él. Entonces ahí fue donde me pone la espada en el cuello. Yo hasta ese momento estaba un poco desconcertada. Él estaba furioso. Entonces me dice: ‘¡¿Cómo te has atrevido?!’ Y conforme se ponía más colérico me empujaba más la espada en el cuello. Hasta que uno de sus guardaespaldas le bajo la mano y le dijo: ‘Suave, cuidado’”, relata.
Los guardaespaldas ayudaron a que Rocío saliera de la casa, ya que Fujimori no la quería dejar ir. “Entonces cuando estaba saliendo. Me dijo: ‘Yo voy a ser presidente ya vas a ver’. Y yo volteo y le digo: ‘Y llorarás lágrimas de sangre’. Y los dos guardias prácticamente me empujaron para fuera”.
Después del incidente, a Cáceres le quitaron la asignación de cubrir al ex mandatario porque temían que pudiera hacerle daño a la periodista.
NANCY CHAPPELL
En 1987, Nancy Chappell egresó de la carrera de comunicaciones y empezó sus prácticas en el diario Ojo. Ella tenía muy en claro que quería ser redactora, pero en las salas de redacción se dio cuenta que las palabras no le eran suficiente para contar lo que cubría. Empezó a sentir envidia de los fotógrafos que la acompañaban a las comisiones. Así que habló con el jefe de redacción y le suplico que la trasladaran al área de fotografía. La aceptaron por un mes, pero se quedó ahí muchos años.
Era la década de los 90’s, la violencia perduraba en las calles. Nancy viajó por primera vez a Ayacucho para fotografiar las conmemoraciones por semana santa. “Es impactante llegar ahí y ver a a la gente con unos rostros tan sufrientes y en el poco tiempo que estuve, escuchar historias de terror. Fue muy impactante. Y yo como limeña, aún como periodista, había visto todo de una manera tan lejana y me sentí mal.” Después de esa experiencia, Chappell regresó a Lima.
La violencia ya se había movilizado a la capital y los atentados eran frecuentes. En ese clima de guerra, Nancy sentía que la labor que hacían ella y sus demás colegas serviría para parar la guerra. “Siempre tuve esa esperanza y la convicción de que los fotógrafos mostrando imágenes íbamos a hacer un cambio, pero pasaban los años y todo eso se hizo peor.”
Algo que marcó profundamente a la periodista fue cubrir un atentado que acabó con la vida de un taxista en la avenida Canadá en 1992. El hombre tenía 54 años, la misma edad que tenía su padre en ese entonces. Había sido quemado y de su cuerpo aún desprendía humo. “Ese día llegué a mi casa y vomité. Esa noche hubo un coche bomba que voló completamente la Embajada de Bolivia. Y ese día tuve consciencia del miedo de cubrir porque antes no lo había tenido”. La excesiva violencia hizo que Nancy se desencantara de la fotografía. Sentía que se había equivocado, que la fotografía no iba a parar la guerra y optó por no registrar más los horribles actos de terrorismo.
En 2002 la llamaron para participar en la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y buscar archivos de los 20 años de violencia que sufrió el país. Entre archivos de fotógrafos y distintos medios entendió la importancia del registro fotográfico. “La fotografía sí hace la diferencia. No va a parar la guerra, pero nos crea consciencia, nos acerca, es capaz de confrontar y ser un testimonio. Ahí reside el valor de la fotografía. Nos hace más empáticos».
Créditos: Comunidad Callao Underground. Foto: Camila Brizuela Cisneros.
Llevan casi cuatro años esperando la promulgación de una ordenanza regional que tiene como finalidad la promoción, prevención y sanción de la discriminación por orientación sexual y de identidad de género. Sin embargo, a la fecha, ninguna autoridad les ha brindado un informe del estado situacional de la misma. No obstante, entre tantos problemas, la resignación no es una opción. Motivados y dispuestos a continuar luchando, así se encuentra la comunidad LGBT en el Callao.
“Es lamentable que la reunión no se haya llevado a cabo, pues iba a ser el primer acercamiento entre el Gobierno Regional y la sociedad civil. […] Lamentable que no se haya realizado como para tener también al menos una perspectiva de si es que realmente hay un compromiso de su parte” fue lo que señaló Jonas Ave, activista chalaco por la diversidad sexual y derechos humanos, al cancelarse la reunión cuyo objetivo era conocer el estado situacional del proyecto de la ordenanza regional LGBT del Callao, convocada el pasado martes 10 de agosto por Angie Trujillo, consejera de la Región.
“Fuimos convocados, Julio Callo, activista de la comunidad desde hace más de 20 años y mi persona junto a la gerencia de desarrollo social y la de asesoría legal. Sin embargo, la reunión no se llevó a cabo”, cuenta. Y añade que, aquel día, minutos antes de iniciar la reunión, el asistente de la consejera regional comunicó a los invitados que la autoridad no podría apersonarse. Esto, debido a problemas personales. Inmediatamente, los representantes de las gerencias mencionadas se retiraron de la sala y dejaron solos a los activistas, quienes representan a una comunidad que viene esperando casi 4 años por la aprobación de la ordenanza.
Foto: Prensa
“Las juventudes y lxs activistas nos preguntamos ¿en qué quedó esta ordenanza? Y por ello comenzamos a articular con algunos colectivos del Callao que ya venían impulsando esto en el 2018”, comentó Jonas. De hecho, la mayor parte de estas normativas aprobadas por gobiernos regionales se dan gracias a la incidencia y presión realizada por la misma ciudadanía.
El 8 de septiembre del año pasado, luego de años de lucha, el Gobierno Regional de Arequipa promulgó la Ordenanza Regional de Igualdad y no Discriminación en la Región Arequipa. Dicha normativa previene y sanciona los casos de discriminación por orientación sexual e identidad de género. La Libertad, Lima, Tacna, entre otras regiones; también tienen publicadas ordenanzas que buscan proteger a un sector de la población que sufre altos valores de violencia y discriminación.
Según la II Encuesta Nacional de Derechos Humanos: Población LGBT, elaborada por Ipsos por encargo del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, se estima que en el Perú más de 1.7 millones son miembros de la comunidad LGBT, el 71% de peruanos consideraba que la comunidad LGBT son discriminadas.
Foto: Prensa
También se encontró que el 37 % no estaría dispuesto a contratar a una persona trans, mientras que el 30% no estaría dispuesto a contratar a una persona homosexual. El estudio también reveló que el 46% estaba de acuerdo con que las personas trans viven confundidas, el 45% estaba de acuerdo con que las personas se vuelven homosexuales por traumas de la infancia y el 20% consideraba que las personas con VIH – SIDA no deberían trabajar por poner en riesgo su centro laboral.
Al hablar del caso chalaco, se debe mencionar que ya existe un proyecto de ordenanza regional que busca erradicar la exclusión social sistemática que vive la diversidad chalaca. Esto, a través de su prevención y sanción. Titulada bajo el nombre de Ordenanza Regional para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos de la Población LGTBI y Prevención de la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género en la Región Callao. La misma que, fue una propuesta de la Gerencia de Desarrollo Social de la anterior gestión del Gobierno Regional. Se encuentra aprobada desde el 27 de noviembre del 2018. Sin embargo, como no se promulgó oportunamente, los nuevos órganos de cogobierno regional para el periodo 2019-2022 pidieron su ratificación. Desde allí, la ordenanza regional pasa de despacho en despacho, recibiendo observaciones, recomendaciones, adecuaciones e informes de actualización.
Este largo trámite documentario reduce las esperanzas de que las opiniones de colectivos u organizaciones LGBTQ participen en las modificatorias de una ordenanza que los afecta directamente. Además, puede percibirse como un modo de retrasar su promulgación para dejar aquel trabajo a un nuevo gobierno regional.
“Hoy en día nos hemos dado cuenta de que han comenzado a suprimir o modificar algunos articulados que el Ministerio de la Mujer había emitido”, dijo Jonas. Y añade que la Asesoría Legal ha negado que se ejecute. Asimismo, “la Gerencia de Desarrollo Social solamente ha dicho: Ya, lo subsano, eliminando”, señaló. También comentó que algunas de las modificaciones realizadas debieron ser comunicadas. “Es lamentable porque nosotros como sociedad civil deberíamos haber tomado conocimiento de estas modificaciones cuando hubo un trabajo articulado entre sociedad civil y la Gerencia de Desarrollo Social con la anterior gestión. Por desgracia esto no sucede actualmente”.
Foto: RPP
Existen algunos cambios resaltantes. Uno de ellos, es el retiro del artículo que indicaba que en toda la región debería existir un comunicado en el cual se prohíba todo tipo de discriminación. Así mismo, la observación para que los integrantes de la Mesa Multisectorial (con unidades orgánicas y representantes de la sociedad civil) sea reducida. Esto, a pesar de ellos consideran que algunos actores estratégicos no deberían desaparecer. “No sé qué más habrán retirado porque no tenemos el proyecto final. La reunión no se llevó a cabo. No sabemos qué es lo que se ha quedado”, mencionó.
Al referirse a la demora del trámite de la ordenanza, Angie Trujillo, consejera de la Región Callao, comenta que en este año, la ordenanza regional tuvo 11 observaciones. Estas fueron emitidas por parte de la Gerencia de Asesoría Jurídica. De entre todas ella, solo 10 han sido subsanadas por la Oficina de Desarrollo Social, Población e Igualdad De Oportunidades, Vivienda Y Saneamiento. La misma de la cual depende de la Gerencia de Desarrollo Social.
La observación -que aún no se encuentra subsanada- corresponde a que en el expediente de la ordenanza se guardan copias simples de los antecedentes, cuando se debería adjuntar el documento original. “Existe la presunción de que la oficina encargada, que depende de la Gerencia de Desarrollo Social, habría perdido documentos o piezas procedimentales, procesales y administrativas del expediente. Estos son los antecedentes. A la fecha no ha sacado la resolución de la reconstrucción del expediente”, señala Angie. En la medida que esta característica no se cumpla, la ordenanza no se promulgará.
¿Qué tan poco valor puede tener para un burócrata, el garantizar los derechos de la comunidad LGTB? Un error administrativo puede retrasar procesos legales que son valiosos para asegurar las facultades de cualquier persona. No obstante, como en toda lucha, cada obstáculo es un impulso para mejorar la organización y exigir igualdad con más fuerza .
“No hay bicentenario si no hay un reconocimiento a las diversidades. Eso es lo que pedimos. Queremos que se apruebe esta primera ordenanza, porque no va a ser la última. Hoy en día creo que con la articulación de varixs jóvenes chalacxs venimos con todo. Que se esperen, ya estamos aquí”, comentó Jonas con esperanza en su voz.
La Directora del Museo de Túcume, Bernarda Delgado. Foto: Karen Díaz
En su viaje hacia Trujillo para inscribirse en la Universidad Nacional, Bernarda Delgado no tenía en mente estudiar arqueología. Sin embargo, circunstancias de la vida familiar, sumadas a su admiración por las culturas antiguas la acompañaron en su decisión vocacional. Con el tiempo, estos factores, la convertirían en la Directora del Museo de Túcume, reconocido internacionalmente por su enfoque comunitario y ecológico.
Hija del poeta y compositor del himno de Chiclayo, Alfredo José Delgado Bravo y de una amorosa madre y administradora del hogar. Bernarda Delgado nació en Monsefú, entonces un pueblo pequeño como una gran familia. Tuvo una infancia feliz y ligada al arte. Cuando llegó el momento de estudiar en la universidad, viajó a Trujillo a iniciar una vida universitaria compartida con sus hermanas, amigas y primas, en un ambiente tan alegre como exigente.
En ese entonces, elegir estudiar arqueología era abismal. Tras superar la primera huelga de la universidad, que duró casi dos años, se vio muchas veces en duda de continuar con su formación debido a los comentarios generales. Muchos le decían: “Qué carrera es esa, te vas a morir de hambre”. Así mismo, la metodología de dictado era más teórica que práctica en ese entonces.
Sin embargo, gracias a la inspiración y confianza de sus padres decidió permanecer en el reto de la arqueología y buscar prácticas en campo desde el segundo año de su carrera. Así hizo prácticas en lugares como Chan Chan, Kuelap, Tacaynamo, Huaca de la Luna y en la sierra de Huamachuco. Su madre no entendía bien cómo la niña tímida que se fue de casa, ahora estaba encantada con el trabajo de campo, pero la apoyaba. Con esa experiencia ganada, fue en Kuelap donde la Srta Bernarda trabajó por primera vez con Alfredo Narváez, en ese entonces investigador en la fortaleza, quien la invitaría a sumarse a las investigaciones que iniciaban apenas en el proyecto Túcume.
Una joven arqueóloga en el proyecto Túcume
Lo que hoy en día es uno de los Ecomuseos más reconocidos de América Latina, en ese entonces era aún un lugar apenas en exploración y promovido por el entusiasmo de Thor Heyerdahl. Sí, el internacionalmente reconocido explorador noruego que en 1947, cruzó el Océano Pacífico en la balsa de madera Kon-Tiki. En ese entonces (1988 a 1992) dirigía las excavaciones en el complejo “La Raya”. El proyecto arqueológico de Túcume dirigido por Heyerdahl, Narváez, Arne Skjølsvold y Daniel Sandweiss era entonces una permanente exploración.
Foto: Southamericaplanet
Bernarda Delgado tenía mucho interés por investigar textilería y cerámica a lo largo de su carrera, así que antes de ir a trabajar al sur del país, aceptó la invitación de Alfredo Narváez para venir a Túcume y organizar las piezas de cerámica parte de los nuevos descubrimientos. Lo que sería un proyecto de tres meses, se convirtió al presente en 29 años trabajando en la investigación y gestión de este museo que, bajo la dirección de la mirada de antropólogo-arqueólogo de Narváez, tenía un carácter dinámico y participativo. También, promovía la integración e intercambio de aprendizajes.
Como la arqueóloga recuerda, el contexto de la época no era para nada sencillo. Había superinflación, una epidemia de cólera, el conflicto armado interno y la falta de servicios básicos y recursos. Todas estas carencias fueron suplidas gracias a las personas, especialmente de la comunidad de Túcume, de las que conservan amistad hasta el día de hoy.
La primera experiencia de la arqueóloga Bernarda en Túcume fue la excavación del Templo de la Piedra Sagrada. Tras quince días bajo el sol, comenzaron a encontrar entierros y ofrendas humanas, que había que inventariar, dibujar a mano y analizar. Todas estas piezas son actualmente parte de la exposición del museo. Durante los primeros años, la Srta Bernarda fue la única mujer del proyecto, trabajando en sectores como Huaca 1 y Huaca Las Balsas. De la mano con arqueólogos y el personal de la zona, principalmente varones contratados para ser parte de la excavación.
Foto: Arqueología del Perú
La arqueóloga recuerda estos primeros años en Túcume como un aprendizaje constante e integral que unía la arqueología y la antropología. Tenían a la comunidad involucrada en el proceso. Tanto en la obra como en la sensibilización y diálogo sobre lo que se estaba descubriendo allí.Por ejemplo, en una oportunidad encontraron piezas funerarias con instrumentos que parecían ser de tejido. Compararon con referencias de otras excavaciones y culturas, pero no encontraban el nombre ni los usos de cada herramienta.
Así, guiados por el espíritu comunitario y antropológico que para ese entonces ya tenía el proyecto, iniciaron un diálogo con las mujeres de la zona, hábiles en el tejido, quienes se sorprendieron al notar que las herramientas que aparecían en las excavaciones eran iguales a las que ellas usaban en el presente en el telar de cintura.
La gestión del Museo de Túcume y su enfoque ambiental – comunitario
El proyecto de exploración financiado culminaba pronto, pero no era suficiente. El Museo Túcume se planteó crear para dar continuidad y visibilización a la investigación. Alfredo Narváez Vargas logró gestionar ante el entonces Fondo de Promoción Turística (FOPTUR), la construcción de un museo de sitio para exponer los vestigios arqueológicos procedentes del proyecto arqueológico.
El 20 de agosto de 1992, se inauguró el museo de sitio. Los arqueólogos trabajaron ad honorem en el museo los primeros 8 años, para lograr fortalecer la labor cultural. Este vínculo con las personas de la zona, que estuvieron involucradas desde el principio, delineó el cariz de Museo Comunitario que sostienen hasta ahora. El joven Museo de Túcume, dirigido hasta 1997 por Alfredo Narváez, comenzó a hacer vínculos con la Unidad Ejecutora y Promperú en nuevos proyectos, para pasar de ser considerados “Proyecto arqueológico” a “Museo comunitario”.
Foto: Gobierno del Perú
Desde el principio la visión de este museo fue clara: trabajar vínculos con la comunidad, profundizar en la investigación y así, en palabras de la Srta Bernarda “hacer del pueblo un mejor espacio para vivir a partir del uso del patrimonio”.
Bernarda Delgado, Directora del Museo de Túcume
Desde el año 1997 la arqueóloga Bernarda Delgado quedó a cargo de la dirección del Museo de Túcume, en el delicado trabajo de gestionar proyectos para el museo, impulsar la investigación arqueológico-científica y fortalecer el vínculo con la comunidad. La arqueóloga recuerda que para ese entonces no se contaba con las facilidades actuales respecto a la comunicación y acceso a la información. Por ejemplo, para poder dialogar con otros investigadores hacía uso de la red científica peruana, en cabinas de internet de Chiclayo; o también el recuerdo del Fenómeno del Niño, la peor tormenta del norte, y la lucha para afrontarlo desde el museo.
Pero no todo era dificultad. El ahora antiguo edificio del museo ganó en ese entonces dos premios internacionales de los Colegios de Arqueólogos del Perú y Quito. En 1998 lograron un vínculo con la Unión Europea, que se acrisola en un programa de vinculación con artesanos como tejedoras, cesteras y joyeros, promoviendo la asociatividad, el fortalecimiento de capacidades y el marketing. Su fin es lograr que, mediante el desarrollo económico local, la tradición artesanal antigua se conserve en la comunidad.
Foto: Karen Díaz
La arqueóloga resalta la diferencia entre el Túcume de los años 80’ y el de hoy. En ese entonces el área arqueológica y los cerros y huacas cercanas fueron usados como cantera para material de construcción y arrasada por el gobierno. Esto, ya que aspiraban a construir los caminos del pueblo y obtener materiales. Lo que consiguieron, fue convertir a la zona en un gran basurero.
Ella señala que el proyecto arqueológico de investigación muestra las potencialidades de las “ruinas” como plataforma para gestar el desarrollo del pueblo. Al presente, en este vínculo museo-turismo-comunidad, las personas han interiorizado la importancia de este espacio: Ya no hay huaqueros ni depredación y sí personas unidas a su identidad en Túcume, fortaleciendo así el desarrollo y la calidad de vida de las personas.
Construir el vínculo entre el Complejo Arqueológico y la Comunidad
La arqueóloga señala con mucha ternura que las personas del pueblo, especialmente niños y jóvenes, digan “mi museo” al hablar del Museo Túcume. Para ellos no se trata de una exposición o colección de objetos viejos. Para ellos es trabajo en equipo, perros peruanos, talleres de artesanía, encuentro, comunidad. Este enfoque de nueva museología social gestado por Alfredo Narváez y Bernarda Delgado, expuesto en logros internacionales y con evidentes resultados en el cambio tanto actitudinal como aptitudinal hacia el Sitio Arqueológico se ve reflejado -en tiempos de coronavirus- en el amor y nostalgia de los niños que extrañan su museo.
En la actualidad el Museo de Túcume cumple 29 años este 20 de agosto y es conocido a nivel internacional por la calidad de los descubrimientos de su complejo arqueológico. Por ejemplo, expone la arqueología de culturas como las excavaciones en Túcume entre 1989 y 1994, que reúnen a las culturas lambayeque, chimú e inca.
Es igual de resaltante el vínculo del museo con Túcume, ya que promovieron la creación de una articulación de sociedad civil, que reúne a 35 asociaciones bajo el título de EcoMuseo -que nació en el 2014- y el objetivo de desarrollar acciones comunitarias para la gestión sostenible de su patrimonio cultural y medio ambiente. Esto, mediante la educación para la ciudadanía, la equidad de género y la lucha contra la pobreza.
Foto: El Comercio
Así, más allá de la muestra arqueológica el museo desarrolla y expone actividades educativas como arqueología para niños, talleres con artesanos locales, gastronomía local, entre otros. También realiza actividades ambientales. Como por ejemplo, el Bosque TINI de niños y niñas, el programa educativo para las infancias, el vivero, la planta de reciclaje, el área de cultivo y el bicitour. Múltiples actividades dirigidas a la comunidad y a turistas, que hacen del museo un referente internacional.
El esfuerzo del museo por equilibrar gestión e investigación les permitió postular a oportunidades, como por ejemplo el logro del Fondo Contravalor Perú – Francia que les permitió invertir en proyectos sociales. El ganar este fondo permitió fortalecer el trabajo comunitario y la investigación, en la zona de Huaca Las Balsas. Este esfuerzo, se vió reflejado en el libro sobre Murales en Las Balsas, del cual ella y Alfredo Narvaez son coautores.
Investigadora, gestora cultural y promotora del patrimonio
La srta Bernarda, como todo el mundo la nombra en Túcume, no se encarga sólo de dirigir el museo. Es investigadora, ama la artesanía, estudia los descubrimientos y los analiza para interpretar este patrimonio. Ella resalta el enfoque interdisciplinario para construir conocimiento en el campo, sin un referente previo de investigación en la zona. La gestión cultural vino en el camino posterior a la investigación y le correspondió profundizar en ella desde la Dirección del museo.
Trabajar en Túcume todos estos años abrió su mirada de arqueóloga, al aprender que arqueología no es sólo excavar, investigar y descubrir. Es aún más relevante, humana y útil cuando se conecta intencionalmente con su territorio. El trabajo de la Srta Bernarda no es el activismo cultural, si no la gestión de programas educativos y culturales cristalizados en un plan de manejo para la institución. Es por ello que se capacitó intensamente en sostenibilidad, educación en museos y gestión cultural.
Bernarda resalta que la gestión cultural no es posible si no hay amor de por medio. Tampoco, si no hay entrega al 100%. Gestar cultura y patrimonio es convencimiento y amor, por convicción hecha compromiso. Es por ello que la directora está orgullosa del equipo tras el museo de Túcume. Ya que actúan convencidos del trabajo y la comunidad, reflejados en el enfoque de museología social: museos y comunidad.
Foto: La Industria de Chiclayo
La visión para el futuro del Museo Túcume es “ser el museo consolidado en los aspectos de investigación y conservación científica, puesta en valor para el uso social sobre la base de la sostenibilidad”.
Aquí, la Srta. Bernarda se emociona y amplía la idea: “La sostenibilidad es tanto social, cultural, económica y ambiental. Para nosotros y para la comunidad, el museo es eje para el desarrollo comunitario. Apoyado en la cultura, el turismo sostenible y la educación como herramienta para el desarrollo”. Añade también: “Partir desde la sostenibilidad como eje implica desarrollar alianzas intersectoriales e interinstitucionales. Esto, para que la comunidad sea su principal soporte. Así, ser el mejor museo del mundo, con un trabajo participativo y horizontal para el desarrollo comunitario. Y, que parte de la base comunitaria. El Museo de Túcume tiene reconocimiento internacional no por la colección arqueológica que tienen, si no por el trabajo colectivo”.
Estos vínculos se refuerzan en contexto de pandemia COVID-19. Por ejemplo, el museo está realizando visitas a los niños de sus escuelas, con el vivero, para poder acompañarlos. En palabras de la directora: “Lo más importante ahora para ellos en la gestión cultural en el contexto pandemia es el intercambio de afectos y sentimientos, así como el respeto mutuo en las diferencias”. Es solidaridad, dice ella. No cree que haya un museo en este momento de pandemia que no piense en ser solidario y respetuoso. Tampoco, que no priorice los afectos y las necesidades colectivas. “Esta humanidad es la razón de ser de los museos, ¿si no lo hacen desde ahí, entonces para qué existen?”.
Ejemplo de gestión cultural
Bernarda Delgado es actualmente corresponsal del CECA –Comité de Educación y Acción Cultural del ICOM (Consejo Internacional de Museos). Asimismo, participa representando al Perú en la Mesa Técnica de Sostenibilidad de IberMuseos. En el 2018, recibió el reconocimiento a Persona Meritoria de la Cultura por el MINCUL. Este mismo es dirigido a personas que trabajan en artes, culturas y defensa del patrimonio.
La postulación, nos cuenta, fue gestionada en secreto por su secretaria por lo que recibirla fue una emoción y sorpresa para ella. Ello significó una fiesta familiar, debido a que su carrera le ha impedido estar cerca de su familia. Es por eso que, celebrar con ellos fue un maravilloso regalo.
En este 2021, ha recibido el reconocimiento Bicentenario de Lambayeque, por su compromiso con la sociedad de la región. La directora Delgado es una persona generosa y reconoce la relevancia de con quienes trabajó. Para extender esa gratitud de la calidad humana y profesional que la rodea, ella recomienda a las mujeres jóvenes interesadas en arqueología, patrimonio y gestión cultural: “Existe ahora tal facilidad para el aprendizaje, que sería abominable no aprovecharlo”, enfatizando la disciplina, el respeto, la atención y puntualidad.
Así mismo, reconociendo la experiencia de los mayores y las oportunidades del presente. “No hay buenos profesionales que sean malas personas”, enfatiza ella. “Hay que ser responsable y metódico. Y por sobre todo, aprovechar al máximo las oportunidades que se tengan de hacer prácticas fuera, para la profesionalización personal”.
Foto: Arturo Gutarra. Intervención por La Antígona
María Clara Lozano Huamán. Así es cómo la conocen todos sus vecinos y su misma hermana. Sin embargo, esta joven de 24 años de edad no cuenta con un documento que la reconozca e identifique con algún nombre. A pesar de la insistencia de los vecinos, no ha obtenido ayuda para conseguir su partida de nacimiento. Aún así, su historia llegó al corazón de un fotógrafo. El mismo que nos cuenta en esta crónica, cómo es el vivir sin identidad.
Los años pasaron muy rápido para las hermanas Lozano Huamán, viviendo bajo su hogar construido con esteras y calaminas. Trece años que son causa de nostalgia para Deysi, la hermana mayor. Ella, a sus 27 años, toma un rol importante al cuidar a su hermana discapacitada. Viviendo con el misterio del cómo, un día, nunca volvió a hablar ni a escuchar, quedándose así por el resto de su vida.
Foto: Arturo Gutarra
Una noche, cuando su hermana se encontraba delicada de salud, Deysi se comunicó con una miembro del comité de damas para solicitar ayuda y para llevarla a un centro de salud más cercano.Lamentablemente, ella no contaba con documentos que identifiquen a su hermana. Este hecho dejó al descubierto que su caso, se convertía en uno más dentro de la cifra de una problemática social que con el pasar del tiempo ha sido olvidada y a la que muchos gobiernos no le han tomado importancia.
“El silencio es el ruido más fuerte,
quizás el más fuerte de los ruidos”
-Miles Davis-
Foto: Arturo Gutarra
El distrito de La Esperanza, es el más poblado de la provincia trujillana, según el último censo del 2017. Cuenta con un aproximado de 189,206 habitantes. Fue este lugar al cual acudí cuando me llegó la propuesta para trabajar como fotógrafo de campaña. Oferta que acepté. Claro, eso implicaba estar pendiente a los viajes en todo el territorio Liberteño. Además, debía estar al tanto de cada movimiento y gesto de mis clientes para capturar el momento perfecto. Cada lugar con población vulnerable se convertía en ese tesoro al que todo postulante al gobierno quiere acercarse. Sus objetivos son repartir palabras ficticias y enamorar a las personas que más necesitan de ellos. Los mismos que ponen toda la fe en que en algún momento, regresarían a visitarlos y cumplir su palabra.
—Iremos al Cerro Cabras, de seguro habrás ido, ¿verdad? —decía una candidata por la «palatina» de Acción Popular.
—Mis padres dijeron que por ahí es peligroso. No he pasado por esas zonas —respondí temeroso.
—Tenemos contactos por el sector. Estas personas suman votos. Si vamos, a este paso, de seguro tendríamos el ingreso seguro. —comentó entusiasmado el asesor de campaña, mientras manejaba el automóvil.
Foto: Enrique Narvaez
Dos mil quinientas familias -incluyendo menores de edad- eran quienes habitaban en los arenales. Aún cuando varias autoridades, locales y regionales, recurrían a la zona a entregar apoyo humanitario, olvidando que sus dirigentes exigían la construcción de veredas.
En el asentamiento, aquellos niños y niñas eran los iconos en las fotografías para elevar la popularidad y robarle puntos a la competencia. Yo, un jóven comunicador, tan solo observaba, graficaba lo oportuno y continuaba con lo mío, mientras iba escuchando las típicas promesas del retorno una vez que alcanzaran la victoria.
—Envié un oficio al señor Kike. Tuve conocimiento que ganó las elecciones, pero hasta el momento no me responde. Necesitamos su ayuda –aseguraba Martha Villarreal, una de las personeras leales al partido, que conocí hace medio año en este asentamiento humano llamado Clementina Peralta.
Foto: Arturo Gutarra
La historia de este lugar es algo interesante. En 2007, un grupo de moradores sin hogar, trabajo y con una situación inestable recurrieron a las faldas de un cerro muy conocido por los trujillanos y se instalaron ahí.
Tras culminar con mi labor y antes de partir del sitio, sentí el compromiso de continuar descubriendo cuáles eran las problemáticas que, en ese entonces, vivían los habitantes. Fue ahí cuando conocí a Doña Martha y a sus hijos. Los mismos que cada vez que regresó por esos lares, son los primeros en preguntarme cómo me ha estado yendo en el transcurso de los días. La amistad entre los moradores y yo, se ha vuelto tan grande como aquellas de la infancia o de la primaria. Asumo sus problemas como míos, y esto me permite hacer que se visibilicen.
De entre todos ellos, hay uno en específico, que es necesario conocer. Me refiero al analfabetismo. Este, no solo está presente en la región La Libertad, sino en todo el Perú. No es difícil analizarlo ya que gracias a la información recaudada por La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se ha ido develando su profundidad. Gracias a un estudio realizado en 2020, hoy sabemos que el analfabetismo llega a los 2 millones 211 mil personas aproximadamente. Es decir, un 12,3% de la población; de entre ellos, el 74,1 % son mujeres.
***
Unos días después, como suele ser mi costumbre, salí a caminar por los jirones principales de Trujillo y me encontré con colegas. Me hallaba hablando con uno cuando me llegó una llamada desde un número desconocido.
¿Quién podría ser? Me pregunté.
Luego de timbrar 4 veces decidí contestar. La voz temerosa se escuchó en mi teléfono móvil. Era la misma voz que escuché hace 5 meses.
—Joven, le saluda Martha de Clementina…
—¡Hola! ¡Qué gusto volver a escucharle! ¿Cómo está? ¿Y este número?
Martha pasó a explicarme que uno de sus familiares le estaba prestando un celular ya que lamentablemente en las periferias no cuentan con teléfonos.
—El alcalde vecinal quiere contarte sobre un caso de una vecinita. Te lo paso para que pueda comentarte. –fueron las palabras de la Presidenta del vaso de leche.
Los relatos de don Luis Flores, alcalde vecinal de Clementina, me hacían imaginar un panorama complejo. Para entenderlo mejor, tomé la decisión de ir a conocer la historia entre los arenales y el frío significativo de la zona.
Rompiendo la rutina de casa-centro de ciudad, me arriesgué a ir hasta donde se encontraba mi destino. Fueron ocho kilómetros fuera de Trujillo en un microbús de color verde claro. La música chicha no faltaba en cada viaje de ida-vuelta. La mañana calurosa animaba el día para hacer las cosas bien.
Un hombre, un tanto ya mayor, que aparentaba 70 años y tenía la cabellera blanca, palmoteaba en significado que un pasajero estaba por bajar. Quién diría que con tan solo un par de monedas harías un gran favor a varias personas que verdaderamente lo necesitaban.
Foto: Arturo Gutarra
Don Luis Flores Acevedo, me esperaba al interior de su vivienda. Me encontraba listo para empezar a graficar y conocer más sobre la situación. Cuando ingresé al domicilio, logré observar un folder lleno de documentos hechos a puño y lapicero. Estaban sobre la mesa. Ahí, en el documento había una solicitud dirigida a un nosocomio del centro de la ciudad. Se pedía que entregaran la partida de nacimiento de una joven de 24 años de edad cuyo nombre era María Clara Lozano Huamán.
Foto: Arturo Gutarra
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Ya era medio día. Las calles alegres de Clementina se llenaban con los vecinos del lugar. Ellos salían de sus casas con tapers. Iban con dirección al comedor popular. Todo el camino me preguntaba por María Clara, ¿en qué condiciones se encontrará? ¿Podrá declarar y contarme su historia?
Subir esas pequeñas colinas en los arenales me habían traído un grato recuerdo. Cuando inició la pandemia, solía pasar por los asentamientos humanos a recolectar testimonios; tal cómo lo estaba haciendo en ese momento. Esos recuerdos se desvanecieron cuando llegué a la vivienda de las hermanas Lozano. Una joven tímida abrió la puerta. Traía puesta la pijama de color rosa. Don Luis, intentaba hacer algunas señas para explicarle mi visita. Era en vano.
—No puede hablar, ni oírnos. —dijo Olivia mientras acariciaba su cabello lacio y corto.
Estando un día entero, conocí personalmente a Deysi Lozano, la apoderada de María Clara. Su mirada de cansancio luego de una larga jornada de trabajo me daba claras señales de su historia.
Sus padres nunca le dijeron el motivo por el que no realizaron el trámite de inscripción de nacimiento de su hija, saliendo del hospital. Esto, ocasiono que nunca contara con una partida de nacimiento. Y se uniera a los más de 277 mil 596 ciudadanos que tampoco cuentan con identificación.
Los años pasaron y los problemas en casa se presentaron, causando la separación, y posterior ausencia de su madre. Ellas tenían 11 y 13 años.
—Lo que tengo entendido es que vive por Virú con su nuevo compromiso. No hemos hablado desde hace años y le comenté sobre mi hermana, pero no me dio solución ya que también es analfabeta. —comentó.
No contar con documentos le ha costado perder los estudios básicos como la educación inicial, primaria y secundaria. Su hermana intenta enseñarle a través de los objetos y también improvisando con un poco de caligrafía. Esto, ya que en su caso, dejó el colegio cursando el 3er año de secundaria para dedicarse a trabajar. Desafortunadamente, su padre falleció producto de un cáncer en la tiroides hace 8 años.
—Mientras yo trabajaba en ventas, mi hermana se quedaba sola en casa. Hasta el momento continúa así. Si un día no trabajo, no tenemos para comer. Sus mascotas -Sasu, Pequeña y Bobby- son con quienes pasa los tiempos libres mientras se encuentra sola.
Un estudio realizado en base a cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), detalla que los 564 mil 487 habitantes que no cuentan con DNI representan el tres por ciento de la población mayor de 18 años. Las cifras más altas se presentan en Piura, Cajamarca, Loreto y La Libertad -esta última donde reside María Clara-.
Además, existen más mujeres que varones sin DNI, puesto que del total de indocumentados, el 57% son mujeres (310 mil 165).
Deysi empezó a llorar desconsoladamente luego de observar las cifras que le mostraba. Ella nunca paró de asegurar que su hermana es su motor para seguir avanzando. Su familia le dio la espalda y no les quedaba de otra que continuar.
Foto: Arturo Gutarra
El Comité de damas, un grupo de 10 féminas, son quienes están al cuidado de las dos señoritas. He de recalcar que, en el sector, se han registrado muchos casos de violencia y por ende, ellas deben estar siempre al cuidado de María, al menos cuando se queda sola. Cada madre de familia tiene una historia detrás. Aún así, consideran a María Clara como una hija más de sus familias. Ellas, brindan así, todo el apoyo emocional que ambas hermanas necesitan en estos tiempos.
—Desde un principio cuando Deysi se me acercó a pedir ayuda para su hermana, sentí esas ganas de estar ahí con ellas. Lo que exigimos es que sea considerada como ciudadana y contar al menos con un SIS. —aclara la señora Alicia, promotora de la comitiva.
Foto: Arturo Gutarra
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La noche de ayer -15 de agosto- las madres de familia se organizaron para preparar una deliciosa torta de vainilla con manjar blanco encima. El motivo fue la celebración por el cumpleaños número 25 de María Clara. Durante el preparativo, estas cálidas damas, recordaban cómo llegaron a conocerla, y cómo han podido ayudar desde su precaria posición. Una de ellas es la señora Martha Estrada. Ella no culminó sus estudios de psicología pero cuando María cae en la tristeza, le brinda algunas charlas para alegrarla. Lo mismo sucede con su vecina Olivia, cuya profesión es enfermera técnica. Ella siempre está atenta para cuando María Clara se enferma. Es, sin duda, la indicada y la primera en darle auxilios.
Foto: Arturo Gutarra
Al llegar a la casa, una sonrisa se dibujó en el rostro de María Clara. No se esperaba la sorpresa que le tenían los vecinos. La esperanza de que a sus 25 años sea considerada ciudadana y sea reconocida por el estado, no ha muerto en ella. Tampoco desaparece el apoyo incondicional de su hermana mayor y la de los vecinos. Estas, perduran haciendo que uno de los sectores más golpeados por la pobreza, siga unido y apoyándose el uno al otro.
Foto: Arturo Gutarra
La melodía de la clásica canción “Happy Birthday” empezó a sonar en la puerta de humilde vivienda. Era el broche de oro para culminar un día especial en la vida de María Clara. Una joven con sueños y que aún lucha por su derecho a poseer una identidad a pesar de la negativa y el silencio de las autoridades locales, regionales y nacionales.
*La Antígona se comunicó con las autoridades relacionadas al caso y no pudo obtener respuesta alguna hasta el cierre de ésta crónica*
Naomi Osaka y Simone Biles, dos deportistas de élite, optaron por retirarse de sus competencias porque no estaban bien ni psicológica ni emocionalmente. La tenista lo hizo en Roland Garros y la gimnasta en Tokio 2020. Demostraron así que no solo se trata de estar al máximo a nivel físico, sino también de contar con una buena salud mental, un tema que aún sigue siendo tabú en el mundo del deporte. Pero que las dos atletas, con sus valientes decisiones, han vuelto a colocar en el tablero.
Culminaron los Juegos Olímpicos en Japón. Un evento extraño debido a las restricciones por el COVID-19, pero que no dejó de lado la competitividad. Y que buscó ser una fiesta para los deportistas, en donde muchos de ellos cumplieron su sueño de subirse al podio o de participar en una cita olímpica. Será recordado Tokio 2020 no solamente como la edición llevada a cabo en medio de la pandemia. También por sus historias de superación, por los récords que se quebraron y, sobre todo, por situar otra vez en el tablero, aun con más fuerza, el tema de la salud mental.
Fue la gimnasta Simone Biles que, al retirarse de las finales para buscar su estabilidad psicológica y emocional, terminó por dinamitar esa alarma de la salud mental, que la tenista Naomi Osaka ya había advertido unos meses atrás. Ambas tomaron decisiones que pueden significar, ahora sí, un cambio en el deporte.
Foto: Reuters
La japonesa Naomi Osaka, de 23 años, ha ganado cuatro Grand Slam, el torneo que todo tenista ansía tener en su palmarés. También es considerada, según Forbes, como la atleta mejor pagada de la historia. Para sus seguidores, todo andaba bien en ella, pero no era así. A fines de mayo, antes de pisar la tierra batida de Roland Garros, anunció que no iba a departir con los medios durante el evento. Lo comunicó a través de un mensaje en sus redes sociales, que causó preocupación para algunos y sorpresa para otros.
“A veces he sentido que la gente no tiene en cuenta la salud mental de los atletas y esto suena muy cierto cada vez que veo una conferencia de prensa o protagonizo una. A menudo nos sentamos allí y nos hacen preguntas que nos han hecho varias veces antes o nos hacen preguntas que nos hacen dudar, y simplemente no voy a someterme a las personas que dudan de mí”, expresó en un comunicado.
La organización, sin embargo, no entendió la situación que estaba afrontando la atleta. No entendió el problema de salud mental con el que estaba batallando y le impuso una multa de 15.000 dólares, ya que Naomi no había acudido a hablar con los medios tras ganar la primera ronda del torneo, como estaba obligada según reglamento. Hubo, además, una advertencia: si seguía incumpliendo la norma, podría acarrearle mayores consecuencias. El pronunciamiento estaba firmado por los responsables de los cuatro Grand Slam (Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y Abierto de Estados Unidos). Era una manera de meter presión.
Tweet Naomi Osaka
Pero al día siguiente, Naomi tomó una decisión e informó que se retiraba del evento francés. En su mensaje, contó que en París se sentía “vulnerable y ansiosa”, así que pensó que “era mejor cuidarse y saltarse las conferencias de prensa”. “Cualquiera que me conozca sabe que soy introvertida. Y cualquiera que me haya visto en los torneos se dará cuenta de que a menudo uso auriculares, ya que eso ayuda a calmar mi ansiedad social”, manifestó. Añadió que nunca trivializaría la salud mental o la usaría a la ligera. Y reveló que desde el Abierto de Estados Unidos del 2018 padece largos episodios de depresión, con los cuales está “lidiando mucho”. La Federación Francesa de Tenis, organizadora del Roland Garros, finalmente la entendió y también le ofreció su apoyo.
Pero, ¿qué pasó en aquel evento estadounidense que marcó a la joven tenista? El sueño de Naomi, tal como lo dijo en Netflix, siempre fue ser la primera japonesa en ganar un Grand Slam y lo logró ese 2018 en Nueva York, al vencer en la final a la histórica Serena Williams. Así, con 20 años, consiguió su primer grande. Lo que debió ser un sueño cumplido, terminó siendo un mal momento, una pesadilla quizá.
En la ceremonia para entregarle el trofeo, fue abucheada por el público del estadioArthur Ashe que sentía que la nipona le había arrebatado el título a la favorita, la jugadora local. Naomi se bajó la visera para cubrir su rostro y soltó algunas lágrimas que no eran precisamente de felicidad. Williams, quien había discutido durante el partido con el árbitro, expresó algunas palabras para calmar a la injusta multitud y conseguir que la campeona sea aplaudida. El daño, sin embargo, ya estaba hecho.
Foto: Tennisworldes
“La salud mental es importante para todo deportista y no deportista. Es como la salud física. Si físicamente no estás bien, no puedes rendir en nada de lo que hagas, ni en tu trabajo ni en tu familia ni en los quehaceres del día a día o en el deporte. A las finales somos un ser humano que tiene mente y tiene cuerpo, y ambos se complementan”, explica el psicólogo del deporte y la actividad física, Marco Moschella Coello, quien luego agrega: “Tenemos que mantener saludables ambas partes sino no podremos rendir con nuestra mayor capacidad. Y si hablamos de deporte de élite, no podemos dejar de hablar de rendimiento. Y para tener un buen rendimiento necesitamos tanto salud física como mental”.
Foto: Salty View / Shutterstock.com
Cuando la estadounidense Simone Biles, considerada la mejor gimnasta de la historia, llegó a los Juegos Olímpicos en Tokio seguramente estaba al 100% en su físico. Sin embargo, no estaba bien en cuanto a su salud mental. Las expectativas se cernían sobre ella. Sus fanáticos querían que siga deslumbrando al mundo y engrosando su legado de triunfos olímpicos, sumando más medallas a los cuatro oros y un bronce que había obtenido en Río 2016.
Sorprendió Simone, cuando en la prueba de salto dio menos vueltas de las que había planeado. Decidió, entonces, retirarse de esa competencia por equipos y Estados Unidos se quedó con la plata. Ella no estaba bien. “Después de la actuación que hice, no quería seguir. Tengo que centrarme en mi salud mental. Creo que la salud mental está más presente en el deporte ahora mismo», declaró después en la rueda de prensa; «tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo, y no limitarnos a hacer lo que el mundo quiere que hagamos».
Simone también se vio obligada a dejar de competir en las finales individuales del concurso completo, de salto, de barras asimétricas y de suelo. Y publicó un video en el que contó que estaba sufriendo de ‘twisties’. Se trata de un momento de desorientación o bloqueo mental que sufren los gimnastas cuando están en el aire. Este hace que pierdan el control de su cuerpo, lo que no permite que puedan culminar sus maniobras como las habían planeado o, en el peor de los casos, de manera segura. Se entiende, entonces, por qué Biles en el salto de la prueba por equipos, dio menos vueltas de las esperadas y no cayó con la perfección a la que tiene acostumbrado al mundo de la gimnasia.
Para el psicólogo deportivo, Marco Moschella, las decisiones que tomaron Naomi Osaka y Simone Biles son “a nivel personal, bastantes maduras y supersaludables”. “A las finales, el deporte es sensación. Si sientes que estás bien, rindes bien. Si no sientes que estás bien, no vas a rendir bien. También habla de un autoconocimiento que ellas se tienen para saber cuándo estas sensaciones son tan negativas que es mejor parar”, dice. Y agrega: “A nivel social es algo que me parece mucho más importante. No digo que en el personal no sea importante, pero la repercusión que esto tiene a nivel social es mucho más grande”.
Foto: Prensa
“Este mensaje que se le da al mundo entero es todo lo contrario a lo que normalmente la gente piensa: que los deportistas de alto rendimiento siempre van a estar aptos para rendir al 100%. Y no es así. Porque no son máquinas. Son seres humanos como cualquier otro deportista o gente que no hace deporte”, prolonga el especialista. Reitera que antes de atletas son personas “que necesitan salir a divertirse, que necesitan tener su espacio, que necesitan un día de no saber nada de deporte, que necesitan también dormir un día hasta tarde. A pesar de que tienen que hacer sacrificios para ser competitivos, eso no quiere decir que tienen que dejar de lado su salud ya sea física o mental”.
Gracias a la ayuda que recibieron, tanto Simone Biles como Naomi Osaka regresaron a la cancha. La gimnasta retornó en la barra de equilibrio y se colgó la medalla de bronce, una presea que, para ella, seguramente, vale oro. Y Naomi, tras abandonar Roland Garros, regresó en su casa, en los Juegos Olímpicos de Japón. Fue ella la encargada de portar la antorcha y recorrer el último tramo en una escalinata que representaba el monte Fuji, para luego encender el pebetero. Participó en la modalidad individual de tenis, pero se quedó en tercera ronda. Sin embargo, ya había demostrado su entereza y que podía luchar y vencer a sus problemas, al haber conseguido volver a jugar en una pista de tenis.
Tras la decisión de Simone, legendarios deportistas como la gimnasta Nadia Comăneci o el plusmarquista nadador Michael Phelps la apoyaron. “Hay mucha presión porque quieres hacer lo mejor que puedas. Pero es importante recordar que quieres hacer lo mejor para ti misma y no para los demás, que esperan algo más allá de lo que puedes entregar”, dijo la atleta rumana a CNN.
Foto: Mike Lewis/Ola Vista Photography
“Lo más importante es que todos necesitamos pedir ayuda cuando atravesamos esos momentos. Fue difícil para mí pedir ayuda”, indicó, por su parte, el ‘Tiburón’ de Baltimore en diálogo con la NBC. Él, al igual que sus dos colegas, tuvo que lidiar con problemas de salud mental. Por eso, también ha secundado a Naomi cuando reveló su ansiedad. Ella le agradeció en un artículo que publicó en la revista Time en julio y allí dejó un potente mensaje: “Espero que la gente pueda entender que está bien el no estar bien. Y está bien hablar de eso. Hay personas que pueden ayudar y, por lo general, hay luz al final de cualquier túnel”.
“(Lo que ha ocurrido con las dos atletas) es un llamado de atención a toda la gente, a deportistas y no deportistas, a federaciones y dirigentes, de que esto (la salud mental) es importante. Trabajar esto es importante. La idea es atacar la raíz, evitar el problema, tratar de ayudar. Trabajar con los más pequeños que más adelante van a representar a los países. Ahí es donde tenemos que atacar”, señala Moschella, quien afirma que todavía la salud mental sigue siendo un tabú, especialmente, en el deporte, pero espera que a partir de ahora se produzca un cambio.