Las diversidades chalacas exigen ordenanza

Las diversidades chalacas exigen ordenanza

Por Aylinn Siñas

Créditos: Comunidad Callao Underground. Foto: Camila Brizuela Cisneros.

Llevan casi cuatro años esperando la promulgación de una ordenanza regional que tiene como finalidad la promoción, prevención y sanción de la discriminación por orientación sexual y de identidad de género. Sin embargo, a la fecha, ninguna autoridad les ha brindado un informe del estado situacional de la misma. No obstante, entre tantos problemas, la resignación no es una opción. Motivados y dispuestos a continuar luchando, así se encuentra la comunidad LGBT en el Callao.

“Es lamentable que la reunión no se haya llevado a cabo, pues iba a ser el primer acercamiento entre el Gobierno Regional y la sociedad civil. […] Lamentable que no se haya realizado como para tener también al menos una perspectiva de si es que realmente hay un compromiso de su parte” fue lo que señaló Jonas Ave, activista chalaco por la diversidad sexual y derechos humanos, al cancelarse la reunión cuyo objetivo era conocer el estado situacional del proyecto de la ordenanza regional LGBT del Callao, convocada el pasado martes 10 de agosto por Angie Trujillo, consejera de la Región.

“Fuimos convocados, Julio Callo, activista de la comunidad desde hace más de 20 años y mi persona junto a la gerencia de desarrollo social y la de asesoría legal. Sin embargo, la reunión no se llevó a cabo”, cuenta. Y añade que, aquel día, minutos antes de iniciar la reunión, el asistente de la consejera regional comunicó a los invitados que la autoridad no podría apersonarse. Esto, debido a problemas personales. Inmediatamente, los representantes de las gerencias mencionadas se retiraron de la sala y dejaron solos a los activistas, quienes representan a una comunidad que viene esperando casi 4 años por la aprobación de la ordenanza.

Foto: Prensa

“Las juventudes y lxs activistas nos preguntamos ¿en qué quedó esta ordenanza? Y por ello comenzamos a articular con algunos colectivos del Callao que ya venían impulsando esto en el 2018”, comentó Jonas. De hecho, la mayor parte de estas normativas aprobadas por gobiernos regionales se dan gracias a la incidencia y presión realizada por la misma ciudadanía. 

El 8 de septiembre del año pasado, luego de años de lucha, el Gobierno Regional de Arequipa promulgó la Ordenanza Regional de Igualdad y no Discriminación en la Región Arequipa. Dicha normativa previene y sanciona los casos de discriminación por orientación sexual e identidad de género. La Libertad, Lima, Tacna, entre otras regiones; también tienen publicadas ordenanzas que buscan proteger a un sector de la población que sufre altos valores de violencia y discriminación.

Según la II Encuesta Nacional de Derechos Humanos: Población LGBT, elaborada por Ipsos por encargo del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, se estima que en el Perú más de 1.7 millones son miembros de la comunidad LGBT,  el 71% de peruanos consideraba que la comunidad LGBT son discriminadas.

Foto: Prensa

También se encontró que el 37 % no estaría dispuesto a contratar a una persona trans, mientras que el 30% no estaría dispuesto a contratar a una persona homosexual. El estudio también reveló que el 46% estaba de acuerdo con que las personas trans viven confundidas, el 45% estaba de acuerdo con que las personas se vuelven homosexuales por traumas de la infancia y el 20% consideraba que las personas con VIH – SIDA no deberían trabajar por poner en riesgo su centro laboral.

Al hablar del caso chalaco, se debe mencionar que ya existe un proyecto de ordenanza regional que busca erradicar la exclusión social sistemática que vive la diversidad chalaca. Esto, a través de su prevención y sanción. Titulada bajo el nombre de Ordenanza Regional para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos de la Población LGTBI y Prevención de la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género en la Región Callao. La misma que, fue una propuesta de la Gerencia de Desarrollo Social de la anterior gestión del Gobierno Regional. Se encuentra aprobada desde el 27 de noviembre del 2018. Sin embargo, como no se promulgó oportunamente, los nuevos órganos de cogobierno regional para el periodo 2019-2022 pidieron su ratificación. Desde allí, la ordenanza regional pasa de despacho en despacho, recibiendo observaciones, recomendaciones, adecuaciones e informes de actualización.

Este largo trámite documentario reduce las esperanzas de que las opiniones de colectivos u organizaciones LGBTQ participen en las modificatorias de una ordenanza que los afecta directamente. Además, puede percibirse como un modo de retrasar su promulgación para dejar aquel trabajo a un nuevo gobierno regional.

“Hoy en día nos hemos dado cuenta de que han comenzado a suprimir o modificar algunos articulados que el Ministerio de la Mujer había emitido”, dijo Jonas. Y añade que la Asesoría Legal ha negado que se ejecute. Asimismo, “la Gerencia de Desarrollo Social solamente ha dicho: Ya, lo subsano, eliminando”, señaló. También comentó que algunas de las modificaciones realizadas debieron ser comunicadas. “Es lamentable porque nosotros como sociedad civil deberíamos haber tomado conocimiento de estas modificaciones cuando hubo un trabajo articulado entre sociedad civil y la Gerencia de Desarrollo Social con la anterior gestión. Por desgracia esto no sucede actualmente”.

Foto: RPP

Existen algunos cambios resaltantes. Uno de ellos, es el retiro del artículo que indicaba que en toda la región debería existir un comunicado en el cual se prohíba todo tipo de discriminación. Así mismo, la observación para que los integrantes de la Mesa Multisectorial (con unidades orgánicas y representantes de la sociedad civil) sea reducida. Esto, a pesar de ellos consideran que algunos actores estratégicos no deberían desaparecer. “No sé qué más habrán retirado porque no tenemos el proyecto final. La reunión no se llevó a cabo. No sabemos qué es lo que se ha quedado”, mencionó.

Al referirse a la demora del trámite de la ordenanza, Angie Trujillo, consejera de la Región Callao, comenta que en este año, la ordenanza regional tuvo 11 observaciones. Estas fueron emitidas por parte de la Gerencia de Asesoría Jurídica. De entre todas ella, solo 10 han sido subsanadas por la Oficina de Desarrollo Social, Población e Igualdad De Oportunidades, Vivienda Y Saneamiento. La misma de la cual depende de la Gerencia de Desarrollo Social.

La observación -que aún no se encuentra subsanada- corresponde a que en el expediente de la ordenanza se guardan copias simples de los antecedentes, cuando se debería adjuntar el documento original. “Existe la presunción de que la oficina encargada, que depende de la Gerencia de Desarrollo Social, habría perdido documentos o piezas procedimentales, procesales y administrativas del expediente. Estos son los antecedentes. A la fecha no ha sacado la resolución de la reconstrucción del expediente”, señala Angie. En la medida que esta característica no se cumpla, la ordenanza no se promulgará.

¿Qué tan poco valor puede tener para un burócrata, el garantizar los derechos de la comunidad LGTB? Un error administrativo puede retrasar procesos legales que son valiosos para asegurar las facultades de cualquier persona. No obstante, como en toda lucha, cada obstáculo es un impulso para mejorar la organización y exigir igualdad con más fuerza . 

“No hay bicentenario si no hay un reconocimiento a las diversidades. Eso es lo que pedimos. Queremos que se apruebe esta primera ordenanza, porque no va a ser la última. Hoy en día creo que con la articulación de varixs jóvenes chalacxs venimos con todo. Que se esperen, ya estamos aquí”, comentó Jonas con esperanza en su voz.

Bernarda Delgado y el Museo de Túcume: Un mismo espíritu comunitario y arqueológico

Bernarda Delgado y el Museo de Túcume: Un mismo espíritu comunitario y arqueológico

Por Karen Díaz

La Directora del Museo de Túcume, Bernarda Delgado. Foto: Karen Díaz

En su viaje hacia Trujillo para inscribirse en la Universidad Nacional, Bernarda Delgado no tenía en mente estudiar arqueología. Sin embargo, circunstancias de la vida familiar, sumadas a su admiración por las culturas antiguas la acompañaron en su decisión vocacional. Con el tiempo, estos factores, la convertirían en la Directora del Museo de Túcume, reconocido internacionalmente por su enfoque comunitario y ecológico.

Hija del poeta y compositor del himno de Chiclayo, Alfredo José Delgado Bravo y de una amorosa madre y administradora del hogar. Bernarda Delgado nació en Monsefú, entonces un pueblo pequeño como una gran familia. Tuvo una infancia feliz y ligada al arte. Cuando llegó el momento de estudiar en la universidad, viajó a Trujillo a iniciar una vida universitaria compartida con sus hermanas, amigas y primas, en un ambiente tan alegre como exigente.

En ese entonces, elegir estudiar arqueología era abismal. Tras superar la primera huelga de la universidad, que duró casi dos años, se vio muchas veces en duda de continuar con su formación debido a los comentarios generales. Muchos le decían: “Qué carrera es esa, te vas a morir de hambre”. Así mismo, la metodología de dictado era más teórica que práctica en ese entonces. 

Sin embargo, gracias a la inspiración y confianza de sus padres decidió permanecer en el reto de la arqueología y buscar prácticas en campo desde el segundo año de su carrera. Así hizo prácticas en lugares como Chan Chan, Kuelap, Tacaynamo, Huaca de la Luna y en la sierra de Huamachuco. Su madre no entendía bien cómo la niña tímida que se fue de casa, ahora estaba encantada con el trabajo de campo, pero la apoyaba. Con esa experiencia ganada, fue en Kuelap donde la Srta Bernarda trabajó por primera vez con Alfredo Narváez, en ese entonces investigador en la fortaleza, quien la invitaría a sumarse a las investigaciones que iniciaban apenas en el proyecto Túcume.

Una joven arqueóloga en el proyecto Túcume

Lo que hoy en día es uno de los Ecomuseos más reconocidos de América Latina, en ese entonces era aún un lugar apenas en exploración y promovido por el entusiasmo de Thor Heyerdahl. Sí, el internacionalmente reconocido explorador noruego que en 1947, cruzó el Océano Pacífico en la balsa de madera Kon-Tiki. En ese entonces (1988 a 1992) dirigía las excavaciones en el complejo “La Raya”. El proyecto arqueológico de Túcume dirigido por Heyerdahl, Narváez, Arne Skjølsvold y Daniel Sandweiss era entonces una permanente exploración.

Foto: Southamericaplanet

Bernarda Delgado tenía mucho interés por investigar textilería y cerámica a lo largo de su carrera, así que antes de ir a trabajar al sur del país, aceptó la invitación de Alfredo Narváez para venir a Túcume y organizar las piezas de cerámica parte de los nuevos descubrimientos. Lo que sería un proyecto de tres meses, se convirtió al presente en 29 años trabajando en la investigación y gestión de este museo que, bajo la dirección de la mirada de antropólogo-arqueólogo de Narváez, tenía un carácter dinámico y participativo. También, promovía la integración e intercambio de aprendizajes. 

Como la arqueóloga recuerda, el contexto de la época no era para nada sencillo. Había superinflación, una epidemia de cólera, el conflicto armado interno y la falta de servicios básicos y recursos. Todas estas carencias fueron suplidas gracias a las personas, especialmente de la comunidad de Túcume, de las que conservan amistad hasta el día de hoy.

La primera experiencia de la arqueóloga Bernarda en Túcume fue la excavación del Templo de la Piedra Sagrada. Tras quince días bajo el sol, comenzaron a encontrar entierros y ofrendas humanas, que había que inventariar, dibujar a mano y analizar. Todas estas piezas son actualmente parte de la exposición del museo. Durante los primeros años, la Srta Bernarda fue la única mujer del proyecto, trabajando en sectores como Huaca 1 y Huaca Las Balsas. De la mano con arqueólogos y el personal de la zona, principalmente varones contratados para ser parte de la excavación.

Foto: Arqueología del Perú

La arqueóloga recuerda estos primeros años en Túcume como un aprendizaje constante e integral que unía la arqueología y la antropología. Tenían a la comunidad involucrada en el proceso. Tanto en la obra como en la sensibilización y diálogo sobre lo que se estaba descubriendo allí.Por ejemplo, en una oportunidad encontraron piezas funerarias con instrumentos que parecían ser de tejido. Compararon con referencias de otras excavaciones y culturas, pero no encontraban el nombre ni los usos de cada herramienta. 

Así, guiados por el espíritu comunitario y antropológico que para ese entonces ya tenía el proyecto, iniciaron un diálogo con las mujeres de la zona, hábiles en el tejido, quienes se sorprendieron al notar que las herramientas que aparecían en las excavaciones eran iguales a las que ellas usaban en el presente en el telar de cintura.

La gestión del Museo de Túcume y su enfoque ambiental – comunitario

El proyecto de exploración financiado culminaba pronto, pero no era suficiente. El Museo Túcume se planteó crear para dar continuidad y visibilización a la investigación. Alfredo Narváez Vargas logró gestionar ante el entonces Fondo de Promoción Turística (FOPTUR), la construcción de un museo de sitio para exponer los vestigios arqueológicos procedentes del proyecto arqueológico. 

El 20 de agosto de 1992, se inauguró el museo de sitio. Los arqueólogos trabajaron ad honorem en el museo los primeros 8 años, para lograr fortalecer la labor cultural. Este vínculo con las personas de la zona, que estuvieron involucradas desde el principio, delineó el cariz de Museo Comunitario que sostienen hasta ahora. El joven Museo de Túcume, dirigido hasta 1997 por Alfredo Narváez, comenzó a hacer vínculos con la Unidad Ejecutora y Promperú en nuevos proyectos, para pasar de ser considerados “Proyecto arqueológico” a “Museo comunitario”. 

Foto: Gobierno del Perú

Desde el principio la visión de este museo fue clara: trabajar vínculos con la comunidad, profundizar en la investigación y así, en palabras de la Srta Bernarda “hacer del pueblo un mejor espacio para vivir a partir del uso del patrimonio”.

Bernarda Delgado, Directora del Museo de Túcume

Desde el año 1997 la arqueóloga Bernarda Delgado quedó a cargo de la dirección del Museo de Túcume, en el delicado trabajo de gestionar proyectos para el museo, impulsar la investigación arqueológico-científica y fortalecer el vínculo con la comunidad. La arqueóloga recuerda que para ese entonces no se contaba con las facilidades actuales respecto a la comunicación y acceso a la información. Por ejemplo, para poder dialogar con otros investigadores hacía uso de la red científica peruana, en cabinas de internet de Chiclayo; o también el recuerdo del Fenómeno del Niño, la peor tormenta del norte, y la lucha para afrontarlo desde el museo.

Pero no todo era dificultad. El ahora antiguo edificio del museo ganó en ese entonces dos premios internacionales de los Colegios de Arqueólogos del Perú y Quito. En 1998 lograron un vínculo con la Unión Europea, que se acrisola en un programa de vinculación con artesanos como tejedoras, cesteras y joyeros, promoviendo la asociatividad, el fortalecimiento de capacidades y el marketing. Su fin es lograr que, mediante el desarrollo económico local, la tradición artesanal antigua se conserve en la comunidad.

Foto: Karen Díaz

La arqueóloga resalta la diferencia entre el Túcume de los años 80’ y el de hoy. En ese entonces el área arqueológica y los cerros y huacas cercanas fueron usados como cantera para material de construcción y arrasada por el gobierno. Esto, ya que aspiraban a construir los caminos del pueblo y obtener materiales. Lo que consiguieron, fue convertir a la zona en un gran basurero. 

Ella señala que el proyecto arqueológico de investigación muestra las potencialidades de las “ruinas” como plataforma para gestar el desarrollo del pueblo. Al presente, en este vínculo museo-turismo-comunidad, las personas han interiorizado la importancia de este espacio: Ya no hay huaqueros ni depredación y sí personas unidas a su identidad en Túcume, fortaleciendo así el desarrollo y la calidad de vida de las personas.

Construir el vínculo entre el Complejo Arqueológico y la Comunidad

La arqueóloga señala con mucha ternura que las personas del pueblo, especialmente niños y jóvenes, digan “mi museo” al hablar del Museo Túcume. Para ellos no se trata de una exposición o colección de objetos viejos. Para ellos es trabajo en equipo, perros peruanos, talleres de artesanía, encuentro, comunidad. Este enfoque de nueva museología social gestado por Alfredo Narváez y Bernarda Delgado, expuesto en logros internacionales y con evidentes resultados en el cambio tanto actitudinal como aptitudinal hacia el Sitio Arqueológico se ve reflejado -en tiempos de coronavirus- en el amor y nostalgia de los niños que extrañan su museo.

En la actualidad el Museo de Túcume cumple 29 años este 20 de agosto y es conocido a nivel internacional por la calidad de los descubrimientos de su complejo arqueológico. Por ejemplo, expone la arqueología de culturas como las  excavaciones en Túcume entre 1989 y 1994, que reúnen a las culturas lambayeque, chimú e inca.

Es igual de resaltante el vínculo del museo con Túcume, ya que promovieron la creación de una articulación de sociedad civil, que reúne a 35 asociaciones bajo el título de EcoMuseo -que nació en el 2014- y el objetivo de desarrollar acciones comunitarias para la gestión sostenible de su patrimonio cultural y medio ambiente. Esto, mediante la educación para la ciudadanía, la equidad de género y la lucha contra la pobreza. 

Foto: El Comercio

Así, más allá de la muestra arqueológica el museo desarrolla y expone actividades educativas como arqueología para niños, talleres con artesanos locales, gastronomía local, entre otros. También realiza actividades ambientales. Como por ejemplo, el Bosque TINI de niños y niñas, el programa educativo para las infancias, el vivero, la planta de reciclaje, el área de cultivo y el bicitour. Múltiples actividades dirigidas a la comunidad y a turistas, que hacen del museo un referente internacional.

El esfuerzo del museo por equilibrar gestión e investigación les permitió postular a oportunidades, como por ejemplo el logro del Fondo Contravalor Perú – Francia que les permitió invertir en proyectos sociales. El ganar este fondo permitió fortalecer el trabajo comunitario y la investigación, en la zona de Huaca Las Balsas. Este esfuerzo, se vió reflejado en el libro sobre Murales en Las Balsas, del cual ella y Alfredo Narvaez son coautores.

Investigadora, gestora cultural y promotora del patrimonio

La srta Bernarda, como todo el mundo la nombra en Túcume, no se encarga sólo de dirigir el museo. Es investigadora, ama la artesanía, estudia los descubrimientos y los analiza para interpretar este patrimonio. Ella resalta el enfoque interdisciplinario para construir conocimiento en el campo, sin un referente previo de investigación en la zona. La gestión cultural vino en el camino posterior a la investigación y le correspondió profundizar en ella desde la Dirección del museo. 

Trabajar en Túcume todos estos años abrió su mirada de arqueóloga, al aprender que arqueología no es sólo excavar, investigar y descubrir. Es aún más relevante, humana y útil cuando se conecta intencionalmente con su territorio. El trabajo de la Srta Bernarda no es el activismo cultural, si no la gestión de programas educativos y culturales cristalizados en un plan de manejo para la institución. Es por ello que se capacitó intensamente en sostenibilidad, educación en museos y gestión cultural. 

Bernarda resalta que la gestión cultural no es posible si no hay amor de por medio. Tampoco, si no hay entrega al 100%. Gestar cultura y patrimonio es convencimiento y amor, por convicción hecha compromiso. Es por ello que la directora está orgullosa del equipo tras el museo de Túcume. Ya que actúan convencidos del trabajo y la comunidad, reflejados en el enfoque de museología social: museos y comunidad. 

Foto: La Industria de Chiclayo

La visión para el futuro del Museo Túcume es “ser el museo consolidado en los aspectos de investigación y conservación científica, puesta en valor para el uso social sobre la base de la sostenibilidad”. 

Aquí, la Srta. Bernarda se emociona y amplía la idea: “La sostenibilidad es tanto social, cultural, económica y ambiental. Para nosotros y para la comunidad, el museo es eje para el desarrollo comunitario. Apoyado en la cultura, el turismo sostenible y la educación como herramienta para el desarrollo”. Añade también: “Partir desde la sostenibilidad como eje implica desarrollar alianzas intersectoriales e interinstitucionales. Esto, para que la comunidad sea su principal soporte. Así, ser el mejor museo del mundo, con un trabajo participativo y horizontal para el desarrollo comunitario. Y, que parte de la base comunitaria. El Museo de Túcume tiene reconocimiento internacional no por la colección arqueológica que tienen, si no por el trabajo colectivo”.

Estos vínculos se refuerzan en contexto de pandemia COVID-19. Por ejemplo, el museo está realizando visitas a los niños de sus escuelas, con el vivero, para poder acompañarlos. En palabras de la directora: “Lo más importante ahora para ellos en la gestión cultural en el contexto pandemia es el intercambio de afectos y sentimientos, así como el respeto mutuo en las diferencias”. Es solidaridad, dice ella. No cree que haya un museo en este momento de pandemia que no piense en ser solidario y respetuoso. Tampoco, que no priorice los afectos y las necesidades colectivas. “Esta humanidad es la razón de ser de los museos, ¿si no lo hacen desde ahí, entonces para qué existen?”.

Ejemplo de gestión cultural 

Bernarda Delgado es actualmente corresponsal del CECA –Comité de Educación y Acción Cultural del ICOM (Consejo Internacional de Museos). Asimismo, participa representando al Perú en la Mesa Técnica de Sostenibilidad de IberMuseos. En el 2018, recibió el reconocimiento a Persona Meritoria de la Cultura por el MINCUL. Este mismo es dirigido a personas que trabajan en artes, culturas y defensa del patrimonio. 

La postulación, nos cuenta, fue gestionada en secreto por su secretaria por lo que recibirla fue una emoción y sorpresa para ella. Ello significó una fiesta familiar, debido a que su carrera le ha impedido estar cerca de su familia. Es por eso que, celebrar con ellos fue un maravilloso regalo. 

En este 2021, ha recibido el reconocimiento Bicentenario de Lambayeque, por su compromiso con la sociedad de la región. La directora Delgado es una persona generosa y reconoce la relevancia de con quienes trabajó. Para extender esa gratitud de la calidad humana y profesional que la rodea, ella recomienda a las mujeres jóvenes interesadas en arqueología, patrimonio y gestión cultural: “Existe ahora tal facilidad para el aprendizaje, que sería abominable no aprovecharlo”, enfatizando la disciplina, el respeto, la atención y puntualidad. 

Así mismo, reconociendo la experiencia de los mayores y las oportunidades del presente. “No hay buenos profesionales que sean malas personas”, enfatiza ella. “Hay que ser responsable y metódico. Y por sobre todo, aprovechar al máximo las oportunidades que se tengan de hacer prácticas fuera, para la profesionalización personal”.

Deportistas afrodescendientes: cuando el autocuidado es político

Deportistas afrodescendientes: cuando el autocuidado es político

Por Mya Sánchez

Foto: Prensa Internacional

Los pasados Juegos Olímpicos Tokio 2020 fueron escenario de eventos históricos. Uno de ellos se desencadenó a partir de que Simone Biles, la gimnasta afroamericana, se retirara de cuatro competencias y pusiera sobre la mesa el tema de la salud mental. ¿Qué nos dice aquello sobre las expectativas que ponemos sobre las deportistas afrodescendientes?

“Soy un ser humano antes que Simone Biles, la superestrella”, declaraba allá por el 2019 la deportista estadounidense luego de que el equipo de gimnastas que lideraba ganara el oro en el Mundial de Gimnasia Artística de Stuttgart, Alemania. Casi dos años después, aquellas palabras cobraban aún más sentido cuando desencadenaron un hecho histórico: Biles se retiró de la competencia general por equipos femeninos y de las finales de caballete, ejercicio en suelo y barras asimétricas de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 pues, en sus palabras, “estaba luchando contra sus demonios”.

Para Carla Tristán, ex voleibolista y entrenadora afroperuana, esta situación no es ajena. “Entrena, aguanta y compite”, es la mentalidad que en sus épocas predominaba y la consigna que justificaba que las deportistas llevaran sus cuerpos al límite sin un correcto acompañamiento físico ni emocional. Y es también la postura de algunos deportistas en la actualidad. Los que se lo pueden permitir, claro. 

Foto: Columna Digital

A propósito de la decisión de Biles, el tenista serbio Novak Djokovic afirmó con dureza que la presión es un privilegio y que si el objetivo de un deportista es triunfar debe aprender a lidiar con ella. Fuera de las particularidades de las disciplinas en las que ambos atletas se desenvuelven, hay factores que marcan una gran distancia entre sus experiencias. ¿Podría entender un hombre blanco la presión que hay sobre la gimnasta afroamericana? ¿Qué tanto influyen factores como el género y la identidad étnico-racial en las expectativas que se colocan sobre los deportistas?

Doble baremo

Como es bien sabido, los estereotipos de género son expectativas respecto de las cualidades, labores e ideas que socialmente se ha impuesto sobre hombres y mujeres. En ese sentido, explica la psicóloga feminista antirracista Jazmín Reyes, ellas suelen ser asociadas a roles de cuidado, en los que deben “nutrir, alimentar o atender las necesidades de los demás”, explica. 

Este tipo de labores se personifica, por ejemplo, en la figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación, que pone a todo el mundo antes que ella y que tiene una moral particular”, añade la Magíster en Derecho, Ciencia Política y consultora de agencias gubernamentales en temas de género e interculturalidad Mariela Noles.

Figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación». Foto: Wix

No obstante, las identidades étnico-raciales de las mujeres han sido un factor clave para que no todas experimentemos el sexismo de la misma forma. Así, mientras se espera que las mujeres blancas sean delicadas y frágiles, los estereotipos en torno a las mujeres racializadas indican todo lo contrario. Como explica la periodista y activista antirracista Sofía Carrillo, fue en la segunda ola del feminismo que los colectivos afro empezaron a cuestionar esto.

“Ser una mujer negra te colocaba en una posición de ser fuerte e independiente, entonces el reconocimiento de derechos de las mujeres afrodescendientes no buscaba que se las vea como fuertes. El feminismo liderado por mujeres blancas desconocía la situación de las mujeres afrodescendientes, por lo que aparece la necesidad de hablar de nuestras particularidades”, explica. 

Así, el factor común ha sido demandar a las mujeres anteponer las necesidades de los demás a las propias, pero, como afirma Sharún Gonzáles, docente, periodista e investigadora afroperuana, “las expectativas sobre un cuerpo feminizado y racializado negro son ilimitadas”.

Cuando la fortaleza no es un halago

Desde la “Jezebel” hasta la “mammy”. Los arquetipos racistas que a lo largo de los años se ha difundido a través de los medios de comunicación suelen estereotipar a las mujeres afrodescendientes como hipersexualizadas e insaciables, irritables y destructivas o cuidadoras de moral perfecta. En su libro Sister Citizen, la socióloga Melissa Harris-Perry narra cómo en la década de los 50 y 60, las mujeres afrodescendientes construyeron el esquema de strong black woman en un intento de escapar de los roles negativos antes mencionados.

Todos estos personajes son vistos como Mammies. Con tres de cinco de estos roles, se han ganando premios a pesar de ser una representación esteriotipada.  Imágen: Lauhrinse Greeeen

A pesar de parecer lo opuesto y colocarlas en un lugar de superioridad física, este arquetipo terminó siendo igual de dañino. De acuerdo a Sharún Gonzáles, este se refería a que “las mujeres racializadas negras afrontan circunstancias de vida tan duras que se endurecen”, y la sociedad lo interpreta como que siempre son fuertes, luchadoras y se sobreponen a las condiciones. “En realidad estamos sobreviviendo”, añade.

Así, el mito del strong black woman ha normalizado que las mujeres afrodescendientes presenten ciertas características que bordean lo sobrehumano. “Su masculinización, por ejemplo. Una mayor resistencia al dolor, un grado más alto de resistencia física. Eso incluye que la vulnerabilidad sea castigada”, precisa Noles. Es así que, mientras que en otros contextos la resiliencia o la integridad moral son positivas, en  este caso se convierten en la expectativa normativa. “Ahí vale la pena mirar cuál es la sanción social si es que nos desviamos del camino”, agrega la docente.

Y es ahí donde radica el riesgo de los estereotipos. Reyes argumenta que cuando estas creencias se convierten en verdades absolutas, se encasilla a las personas en un lugar y forma de actuar específicos. “Entonces si no cumples con ellos, no eres una mujer negra. Al final pierdes libertad”. Carrillo concuerda con que son peligrosos pues “se toma una porción de la realidad y, por ejemplo, no manifestar sensibilidad se empieza a plantear como una condición natural”. 

racializadas
Serena Williams (derecha) consuela a la ganadora del US Open, Naomi Osaka, entre los abucheos del público. Foto: Reuters

Cabe destacar que estas categorías implican un costo social importante también. Como explica Noles, no nos permiten establecer relaciones personales auténticas donde valoramos las diversidades, privando así a la sociedad de muchos aportes individuales importantes. No obstante, para Sofía Carrillo la deshumanización es la consecuencia más dura. “Si eres una mujer fuerte, ¿cómo manifiestas tu fuerza? ¿Evitando que un insulto racista te afecte? ¿Criando a tus hijos sin ningún apoyo?”, reflexiona.

Mirar hacia atrás

Vale la pena echar un vistazo al pasado para evaluar las raíces de este mito. La respuesta está en el origen esclavista de nuestras repúblicas. Lo explicaba ya el sociólogo Aníbal Quijano cuando detalló cómo el proyecto de colonización en nuestro continente se estructuró sobre la jerarquización de los seres humanos bajo la idea de razas, en un intento de legitimar las relaciones de dominación impuestas por la conquista y controlar la fuerza de trabajo a partir de la explotación y esclavización de los pueblos africanos e indígenas.

“Históricamente y a través del proceso de esclavización, los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, han sido descritos como inagotables, hechos para el trabajo”, explica Gonzáles. En ese contexto, las mujeres afrodescendientes ocupaban funciones en relación a su cuerpo, como siervas sexuales, amas de leche o vientres de reproducción. 

Históricamente se considera a los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, como inagotables, hechos para el trabajo. Foto: (Marc Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)

“No es casualidad que en la actualidad se espere que tengamos un gran desempeño sexual o debamos mostrar esa fortaleza siempre. Lo que no nos cuentan es qué es lo que nuestros ancestros han tenido que soportar: violencia física, sexual, psicológica. Entonces se crea este mito de que como son mujeres negras tiene que ser fuertes y eso realmente daña demasiado la salud mental”, agrega la psicóloga Reyes.

Estas premisas que sostenían el sistema esclavista han calado de tal manera que al día de hoy constituyen un trauma intergeneracional. La especialista en salud mental, relata cómo algunas de sus compañeras activistas racializadas sienten constantemente que no pueden parar porque si lo hacen, todo se cae. “Creo que está relacionado con el sentimiento de que el éxito o incluso las mentes que podemos cambiar dependen solo de una persona. Entonces se comienza a legitimar este mito en el mundo académico, laboral, familiar”, concluye.

La alta competencia

Cuando Camila Mendoza decidió cruzar las fronteras para jugar vóley, no imaginó que le sería tan difícil seguir jugando por placer. Pese a que el colorismo permitió que sus rasgos étnico-raciales no fueran mayor obstáculo cuando jugó en nuestro país, en Argentina se topó con exigencias que constantemente dañaban su salud mental. “Cuando era un partido difícil, el entrenador le decía a la armadora que me arme todas las bolas a mí”.

La situación se volvió crítica cuando salía de los partidos llorando, así su equipo haya ganado. Incluso en una ocasión, cuando se lesionó, el doctor le advirtió que si jugaba se rompería el tobillo. Sin embargo, eso no pareció importarle a su entrenador. “Esos tres días no fui a entrenar, quería caminar y no podía, y lloraba porque sabía que el equipo dependía de mí”. Cuando el día llegó, le dijeron que se vende el tobillo y llegó a jugar hasta dos partidos.

Camila es solo un ejemplo de cómo los mitos sobre las mujeres racializadas impactan en sus vidas personales. En el caso de las deportistas, el riesgo es particular por el protagonismo que toman sus cuerpos. “Trazas un paralelo entre las características que se le adjudican al cuerpo del deportista negro y al cuerpo esclavizado negro y hay varias coincidencias. La industria del deporte, que se sienta sobre la base de los cuerpos racializados negros, continúa tratando estos cuerpos como descartables”, explica la investigadora Gonzáles.

Carla Tristán, por otro lado, jugaba a los 15 años en menores, juveniles y mayores paralelamente. Pese a los años que separan a sus historias, ella también podía identificar la presión de las miradas ajenas. Todas, exigiéndole ser más fuerte, rápida y soportar una mayor carga de trabajo. Pero en ella, las consecuencias fueron aún más duras. “Fui mal llevada físicamente. Desde muy chica quemaron etapas en mí. Acabé con muchas lesiones y cirugías”, las que finalmente la llevaron a dejar el voley.

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Carla Tristan, voleibolista. Foto: FIVB

Camila narra cómo tanto en Argentina como en Perú ha podido percibir que los entrenadores suelen buscar a voleibolistas racializadas, con determinada altura y contextura, pues se cree que van a tener mayor fuerza, agilidad y rendimiento. En otras palabras, se considera que los cuerpos racializados son hiperdotados para el deporte. “Al mismo tiempo es importante ver el estereotipo paralelo, que es que son cuerpos menos capacitados para habilidades intelectuales”, precisa Gonzáles. 

Al respecto, Carla cuenta cómo en repetidas ocasiones cuando se ha subido a taxis le han preguntado automáticamente si jugaba basquet o voley. “¿Porque soy negra tengo que hacer deporte? ¿No puedo hacer otra cosa?”, respondía. “No es común que a una chica blanca o mestiza le digan eso”, añade.

En ese sentido, Gonzáles explica que constantemente se piensa que los cuerpos racializados están más capacitados para desempeñarse deportivamente. “Incluso cuando ves cómo los medios describen sus cuerpos hablan de, por ejemplo, el largo de sus extremidades”. Además, en muchos casos son al mismo tiempo empobrecidos, por lo que los deportes populares aparecen como posibilidades de escapar por lo menos circunstancialmente de la pobreza, explica. Aquello puede constituir un estresor aún mayor.

Eso, sumado al hecho de que, de acuerdo con Gonzáles, hay un nivel de explotación en el fútbol o en el voleibol que no se da en los deportes elitistas. Todo esto, termina configurando un sistema tortuoso que reduce las posibilidades de que las deportistas afrodescendientes conecten con sus disciplinas desde el placer. Además, tiene impactos fuertes en su autoestima y salud emocional, al colocar su valor en el cumplimiento o no de los estándares.

Un mito interiorizado

No es de extrañar entonces que la salud mental de gran parte de las deportistas racializadas esté tan deteriorada. Tristán lo cuenta desde su experiencia: uno de sus entrenadores le repetía constantemente que “los negros debían ser buenos en el deporte”. En ese entonces ella no sabía que eso era racismo. “Si me volviera pasar lo haría público o le diría algo”, expresa con un poco de pesar pero con el orgullo que siente hoy de poder identificarlo como tal.

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Aauri Bokesa, atleta. Foto: SoyDe

Asimismo, relata que en su época pasaban por mil pruebas psicológicas pero que jamás les dieron los resultados. “Nunca sentí que se preocuparon realmente por nuestra salud emocional. Es más, creces con esta idea de que tienes que aguantar y eso lo llevas a tu vida diaria. Si te lesionabas nadie te llamaba, tenías que recuperarte y volver al campo. Tienes que ser una mujer súper fuerte porque tu equipo te necesita, porque el Perú te necesita”.

Noles lo explica desde el racismo endémico, término que da cuenta de la manera en que las personas racializadas interiorizan el mensaje que está alrededor suyo. Reyes, por otro lado, considera que “incluso a las mujeres que nos cuestionamos eso nos queda en el subconsciente y aparece como un mecanismo de protección». Y añade: «Por eso es que nos mostramos fuertes».

Y no es para menos, pues estamos hablando de un trauma racial donde además se intersectan el género y la identidad étnico-racial. “Muchas veces somos la primera generación que rompe con patrones familiares y es duro porque es una gran carga”, detalla Reyes, incluso a título personal.

Un acto político de amor propio

Finalmente, aunque el mito del strong black woman no se limita al deporte, lo que tiene en común con todos los demás ámbitos en los que impacta es que no deja mucho espacio para el autocuidado, pues se espera que las mujeres afrodescendientes se mantengan fuertes y, en consecuencia, sostengan al sistema que aún recae en su mano de obra, explica Gonzáles. “Aún esclaviza, solo que de formas más naturalizadas”.

Lo que hizo Simone Biles al decir “no” fue intentar recuperar su humanidad. “Puedes decir que eso nos pasa a todas y todos, pero en el caso de las mujeres racializadas negras estas expectativas están ligadas a procesos de deshumanización de nuestros cuerpos. Biles generó disonancia a todo el sistema porque estamos acostumbrados a que estos cuerpos sean hiperdotados. Humanizarse a sí misma defrauda estas expectativas”, agrega la especialista.

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Simone Biles. Foto: La Vanguardia

Si en algo concuerdan todas las entrevistadas, es en que cuidarse a sí mismas es un acto de rebeldía. Principalmente, porque rompe con los estereotipos de estar siempre a la expectativa de las necesidades de los demás. Sobre todo de las mujeres racializadas. “El antirracismo es saber elegir qué espacios van a ser sanos para ti porque históricamente no nos han dejado elegir. Haber oído lo que hizo Simone a los 15 años hubiera cambiado muchas cosas en mi vida”, expresa Reyes.

Mendoza, que estuvo a punto de dejar el vóley,  hoy puede contar feliz que está aprendiendo a manejar el peso de intentar ser perfecta gracias a su psicólogo deportivo. Esto, en una sociedad que, en general, desalienta el cuidado de la salud mental, es aún más destacable. “Muchas veces se puede sentir que estás traicionando a tu país o comunidad, pero no se entiende que para crear sanas colectividades tenemos que crear sanas individualidades”, comenta al respecto Reyes.

Al final del día, como expone Noles, lo que hizo la gimnasta fue una decisión individual como cualquier elección de cualquier otra mujer racializada en el mundo, con la diferencia del nivel de exposición. “Vivir de acuerdo a tus propias reglas en lugar de las expectativas de los demás es un acto político de resistencia”, agrega.

Carrillo destaca el autocuidado especialmente cuando viene de mujeres afrodescendientes de piel oscura. “Cuanto más oscura eres más deshumanizada eres y más se espera que complazcas al otro. Ahora estamos diciendo que no, no lo vamos a seguir aceptando”, concluye.

La Libertad: Vivir sin identidad

La Libertad: Vivir sin identidad

Por Arturo Gutarra

Foto: Arturo Gutarra. Intervención por La Antígona

María Clara Lozano Huamán. Así es cómo la conocen todos sus vecinos y su misma hermana. Sin embargo, esta joven de 24 años de edad no cuenta con un documento que la reconozca e identifique con algún nombre. A pesar de la insistencia de los vecinos, no ha obtenido ayuda para conseguir su partida de nacimiento. Aún así, su historia llegó al corazón de un fotógrafo. El mismo que nos cuenta en esta crónica, cómo es el vivir sin identidad.

Los años pasaron muy rápido para las hermanas Lozano Huamán, viviendo bajo su hogar construido con esteras y calaminas. Trece años que son causa de nostalgia para Deysi, la hermana mayor. Ella, a sus 27 años, toma un rol importante al cuidar a su hermana discapacitada. Viviendo con el misterio del cómo, un día, nunca volvió a hablar ni a escuchar, quedándose así por el resto de su vida.

María Clara
Foto: Arturo Gutarra

Una noche, cuando su hermana se encontraba delicada de salud, Deysi se comunicó con una miembro del comité de damas para solicitar ayuda y para llevarla a un centro de salud más cercano.Lamentablemente, ella no contaba con documentos que identifiquen a su hermana. Este hecho dejó al descubierto que su caso, se convertía en uno más dentro de la cifra de una problemática social que con el pasar del tiempo ha sido olvidada y a la que muchos gobiernos no le han tomado importancia.  

“El silencio es el ruido más fuerte, 

quizás el más fuerte de los ruidos” 

-Miles Davis-

María Clara
Foto: Arturo Gutarra

El distrito de La Esperanza, es el más poblado de la provincia trujillana, según el último censo del 2017. Cuenta con  un aproximado de 189,206 habitantes. Fue este lugar al cual acudí cuando me llegó la propuesta para trabajar como fotógrafo de campaña. Oferta que acepté. Claro, eso implicaba estar pendiente a los viajes en todo el territorio Liberteño. Además, debía estar al tanto de cada movimiento y gesto de mis clientes para capturar el momento perfecto. Cada lugar con población vulnerable se convertía en ese tesoro al que todo postulante al gobierno quiere acercarse. Sus objetivos son repartir palabras ficticias y enamorar a las personas que más necesitan de ellos. Los mismos que ponen toda la fe en que en algún momento, regresarían a visitarlos y cumplir su palabra.

—Iremos al Cerro Cabras, de seguro habrás ido, ¿verdad? —decía una candidata por la «palatina» de Acción Popular. 

—Mis padres dijeron que por ahí es peligroso. No he pasado por esas zonas —respondí temeroso. 

—Tenemos contactos por el sector. Estas personas suman votos. Si vamos, a este paso, de seguro tendríamos el ingreso seguro. —comentó entusiasmado el asesor de campaña, mientras manejaba el automóvil.

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Foto: Enrique Narvaez

Dos mil quinientas familias -incluyendo menores de edad- eran quienes habitaban en los arenales. Aún cuando varias autoridades, locales y regionales, recurrían a la zona a entregar apoyo humanitario, olvidando que sus dirigentes exigían la construcción de veredas.

En el asentamiento, aquellos niños y niñas eran los iconos en las fotografías para elevar la popularidad y robarle puntos a la competencia. Yo, un jóven comunicador, tan solo observaba, graficaba lo oportuno y continuaba con lo mío, mientras iba escuchando las típicas promesas del retorno una vez que alcanzaran la victoria. 

—Envié un oficio al señor Kike. Tuve conocimiento que ganó las elecciones, pero hasta el momento no me responde. Necesitamos su ayuda –aseguraba Martha Villarreal, una de las personeras leales al partido, que conocí hace medio año en este asentamiento humano llamado Clementina Peralta.

Foto: Arturo Gutarra

La historia de este lugar es algo interesante. En 2007, un grupo de moradores sin hogar, trabajo y con una situación inestable recurrieron a las faldas de un cerro muy conocido por los trujillanos y se instalaron ahí.

Tras culminar con mi labor y antes de partir del sitio, sentí el compromiso de continuar descubriendo cuáles eran las problemáticas que, en ese entonces, vivían los habitantes. Fue ahí cuando conocí a Doña Martha y a sus hijos. Los mismos que cada vez que regresó por esos lares, son los primeros en preguntarme cómo me ha estado yendo en el transcurso de los días. La amistad entre los moradores y yo, se ha vuelto tan grande como aquellas de la infancia o de la primaria. Asumo sus problemas como míos, y esto me permite hacer que se visibilicen. 

De entre todos ellos, hay uno en específico, que es necesario conocer. Me refiero al analfabetismo. Este, no solo está presente en la región La Libertad, sino en todo el Perú. No es difícil analizarlo ya que gracias a la información recaudada por La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se ha ido develando su profundidad. Gracias a un estudio realizado en 2020, hoy sabemos que el analfabetismo llega a los 2 millones 211 mil personas aproximadamente. Es decir, un 12,3% de la población; de entre ellos, el  74,1 % son mujeres. 

***

Unos días después, como suele ser mi costumbre, salí a caminar por los jirones principales de Trujillo y me encontré con colegas. Me hallaba hablando con uno cuando me llegó una llamada desde un número desconocido.

¿Quién podría ser? Me pregunté.

Luego de timbrar 4 veces decidí contestar. La voz temerosa se escuchó en mi teléfono móvil. Era la misma voz que escuché hace 5 meses.

—Joven, le saluda Martha de Clementina… 

—¡Hola! ¡Qué gusto volver a escucharle! ¿Cómo está? ¿Y este número?

Martha pasó a explicarme que uno de sus familiares le estaba prestando un celular ya que lamentablemente en las periferias no cuentan con teléfonos.

—El alcalde vecinal quiere contarte sobre un caso de una vecinita. Te lo paso para que pueda comentarte. –fueron las palabras de la Presidenta del vaso de leche. 

Los relatos de don Luis Flores, alcalde vecinal de Clementina, me hacían imaginar un panorama complejo. Para entenderlo mejor, tomé la decisión de ir a conocer la historia entre los arenales y el frío significativo de la zona. 

Rompiendo la rutina de casa-centro de ciudad, me arriesgué a ir hasta donde se encontraba mi destino. Fueron ocho kilómetros fuera de Trujillo en un microbús de color verde claro. La música chicha no faltaba en cada viaje de ida-vuelta. La mañana calurosa animaba el día para hacer las cosas bien.  

Un hombre, un tanto ya mayor, que aparentaba 70 años y tenía la cabellera blanca, palmoteaba en significado que un pasajero estaba por bajar. Quién diría que con tan solo un par de monedas harías un gran favor a varias personas que verdaderamente lo necesitaban. 

Foto: Arturo Gutarra

Don Luis Flores Acevedo,  me esperaba al interior de su vivienda. Me encontraba listo para empezar a graficar y conocer más sobre la situación. Cuando ingresé al domicilio, logré observar un folder lleno de documentos hechos a puño y lapicero. Estaban sobre la mesa. Ahí, en el documento había una solicitud dirigida a un nosocomio del centro de la ciudad. Se pedía que entregaran la partida de nacimiento de una joven de 24 años de edad cuyo nombre era María Clara Lozano Huamán. 

María Clara
Foto: Arturo Gutarra

***

Ya era medio día. Las calles alegres de Clementina se llenaban con los vecinos del lugar. Ellos salían de sus casas con tapers. Iban con dirección al comedor popular. Todo el camino me preguntaba por María Clara, ¿en qué condiciones se encontrará? ¿Podrá declarar y contarme su historia? 

Subir esas pequeñas colinas en los arenales me habían traído un grato recuerdo. Cuando inició la pandemia, solía pasar por los asentamientos humanos a recolectar testimonios; tal cómo lo estaba haciendo en ese momento. Esos recuerdos se desvanecieron cuando llegué a la vivienda de las hermanas Lozano. Una joven tímida abrió la puerta. Traía puesta la pijama de color rosa. Don Luis, intentaba hacer algunas señas para explicarle mi visita. Era en vano. 

—No puede hablar, ni oírnos. —dijo Olivia mientras acariciaba su cabello lacio y corto. 

Estando un día entero, conocí personalmente a Deysi Lozano, la apoderada de María Clara. Su mirada de cansancio luego de una larga jornada de trabajo me daba claras señales de su historia.

Sus padres nunca le dijeron el motivo por el que no realizaron el trámite de inscripción de nacimiento de su hija, saliendo del hospital. Esto, ocasiono que nunca contara con una partida de nacimiento. Y se uniera a los más de 277 mil 596 ciudadanos que tampoco cuentan con identificación. 

Los años pasaron y los problemas en casa se presentaron, causando la separación, y posterior ausencia de su madre. Ellas tenían 11 y 13 años.  

—Lo que tengo entendido es que vive por Virú con su nuevo compromiso. No hemos hablado desde hace años y le comenté sobre mi hermana, pero no me dio solución ya que también es analfabeta. —comentó. 

No contar con documentos le ha costado perder los estudios básicos como la educación inicial, primaria y secundaria. Su hermana intenta enseñarle a través de los objetos y también improvisando con un poco de caligrafía. Esto, ya que en su caso, dejó el colegio cursando el 3er año de secundaria para dedicarse a trabajar. Desafortunadamente, su padre falleció producto de un cáncer en la tiroides hace 8 años. 

—Mientras yo trabajaba en ventas, mi hermana se quedaba sola en casa. Hasta el momento continúa así. Si un día no trabajo, no tenemos para comer. Sus mascotas -Sasu, Pequeña y Bobby- son con quienes pasa los tiempos libres mientras se encuentra sola.

Un estudio realizado en base a cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), detalla que los 564 mil 487 habitantes que no cuentan con DNI representan el tres por ciento de la población mayor de 18 años. Las cifras más altas se presentan en Piura, Cajamarca, Loreto y La Libertad -esta última donde reside María Clara-.

Además, existen más mujeres que varones sin DNI, puesto que del total de indocumentados, el 57% son mujeres (310 mil 165).

Deysi empezó a llorar desconsoladamente luego de observar las cifras que le mostraba. Ella nunca paró de asegurar que su hermana es su motor para seguir avanzando. Su familia le dio la espalda y no les quedaba de otra que continuar. 

Foto: Arturo Gutarra

El Comité de damas, un grupo de 10 féminas, son quienes están al cuidado de las dos señoritas. He de recalcar que, en el sector, se han registrado muchos casos de violencia y por ende, ellas deben estar siempre al cuidado de María, al menos cuando se queda sola. Cada madre de familia tiene una historia detrás. Aún así,  consideran a María Clara como una hija más de sus familias. Ellas, brindan así, todo el apoyo emocional que ambas hermanas necesitan en estos tiempos. 

—Desde un principio cuando Deysi se me acercó a pedir ayuda para su hermana, sentí esas ganas de estar ahí con ellas. Lo que exigimos es que sea considerada como ciudadana y contar al menos con un SIS. —aclara la señora Alicia, promotora de la comitiva. 

Foto: Arturo Gutarra

***

La noche de ayer -15 de agosto- las madres de familia se organizaron para preparar una deliciosa torta de vainilla con manjar blanco encima. El motivo fue la celebración por el cumpleaños número 25 de María Clara. Durante el preparativo, estas cálidas damas, recordaban cómo llegaron a conocerla, y cómo han podido ayudar desde su precaria posición. Una de ellas es la señora Martha Estrada. Ella no culminó sus estudios de psicología pero cuando María cae en la tristeza, le brinda algunas charlas para alegrarla. Lo mismo sucede con su vecina Olivia, cuya profesión es enfermera técnica. Ella siempre está atenta para cuando María Clara se enferma. Es, sin duda, la indicada y la primera en darle auxilios.

Foto: Arturo Gutarra

Al llegar a la casa, una sonrisa se dibujó en el rostro de María Clara. No se esperaba la sorpresa que le tenían los vecinos. La esperanza de que a sus 25 años sea considerada ciudadana y sea reconocida por el estado, no ha muerto en ella. Tampoco desaparece el apoyo incondicional de su hermana mayor y la de los vecinos. Estas, perduran haciendo que uno de los sectores más golpeados por la pobreza, siga unido y  apoyándose el uno al otro. 

Foto: Arturo Gutarra

La melodía de la clásica canción “Happy Birthday” empezó a sonar en la puerta de humilde vivienda. Era el broche de oro para culminar un día especial en la vida de María Clara. Una joven con sueños y que aún lucha por su derecho a poseer una identidad a pesar de la negativa y el silencio de las autoridades locales, regionales y nacionales. 

*La Antígona se comunicó con las autoridades relacionadas al caso y no pudo obtener respuesta alguna hasta el cierre de ésta crónica*

Susel Paredes: «Las mujeres que enfrentan espacios misóginos deben resistir y ser auténticas»

Susel Paredes: «Las mujeres que enfrentan espacios misóginos deben resistir y ser auténticas»

Por Mariana Aljovin

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Foto: Perú21

Susel Paredes, actual congresista electa, conversa con La Antígona, para conocer sobre el trabajo y los nuevos desafíos que deberá enfrentar para defender esos ideales dentro de un parlamento dividido y ultraconservador. 

Susel Paredes Piqué, es una abogada sanmarquina y activista LGTBIQ+. Pertenece al Partido Morado y fue una de las candidatas al Parlamento más votadas para el periodo 2021 – 2026. Su trayectoria en la política no es poca, pues ha trabajado en pro de la seguridad de los distritos de Magdalena y La Victoria. Desde su posición, siempre ha defendido sus ideales de lucha por la protección del medio ambiente, los derechos de las mujeres y las minorías sexuales. Así es ella, consecuente con sus principios y convencida de que la verdad te hace libre.

¿Cómo piensas proyectar tus ideales y principios frente a un congreso tan conservador y dividido?

Dialogando. Buscando puntos e intereses en común. Entendiendo el pensamiento del otro, aunque sea extremadamente distinto al mío. Lo más importante es la empatía. Aunque me enfrente a una persona ultraconservadora, yo tengo que hacer el trabajo de entender cómo piensa para encontrar puntos en común. 

¿Cómo crees y sientes que será el trabajo en conjunto con los otros congresistas de tu bancada durante este periodo? 

Somos tres morados. Ed Málaga, Flor Pablo y yo. Somos un científico, una profesora y una abogada, y lo que hicimos fue juntar nuestros equipos. Cada congresista tiene asesores, entonces mantenemos el contacto entre ellos. De esta manera, trabajamos en un equipo amplio. Esto hace que podamos usar al máximo nuestros recursos y optimizar el trabajo. Como somos tres no tenemos personal de bancada. Ese equipo es de Somos Perú. Por eso nos hemos juntado para poder participar en comisiones. Por otro lado, también nos complementamos en conocimientos. Yo veo derecho; Ed, ciencia y Flor, conoce mucho sobre el funcionamiento del Estado. Así somos más eficientes. 

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Foto: Twitter – Daniel Olivares

¿Qué retos crees encontrar en este nuevo rol de parlamentaria en un contexto complicado para defender la inclusión de la comunidad LGTBI y las mujeres?

Primero, mi sola presencia ya los interpela. Cuando yo hablo con el Almirante Montoya somos muy cordiales y nos tenemos respeto. Eso puede ser sorprendente. Él se acerca a conversar y yo también. Es la amistad más extraña que he construido en este congreso. Él ya no me ve como un elemento de peligro, sino como una colega. Eso es valioso ya que yo jamás he tenido un acercamiento con un marino tan conservador. Forjar el vínculo toma mucho tiempo, pero es necesario. Necesito que nos escuchemos los dos, de esta manera, él va a encontrar respuestas, y yo también. 

Yo quiero conversar con los que están más extremadamente lejos de mi. Por ejemplo, Neldy Mendoza Flores (Renovación Popular), me dijo: “Que gusto conocerte. Somos las más votadas.  Ojalá haya puntos en común para conversar. Tengo interés en hablar contigo”

¿Cuáles son los proyectos de ley que planeas sacar adelante? ¿Crees que valga la pena proponer algún proyecto que beneficie a las minorías o a las poblaciones LGBT+ sabiendo la posición congresal sobre estos temas? 

Mi primer proyecto de ley es sobre los derechos de los trabajadores que realizan pedidos por delivery. Ellos funcionan con lo que se llama “economía colaborativa”, a través de una aplicación. Estas personas trabajan más de  8h diarias. Esto, amerita al menos tener un seguro de salud. Se debe tener una persona a cargo de brindar protección. Tanto al trabajador como al usuario. Pretendo que tengan un seguro y medidas de protección. Ya que, actualmente la empresa, vive del trabajo de estas personas, sin ningún tipo de regulación. Una de mis asesoras trabaja con ellos hace años y ahora, es un proyecto que he recogido y va a beneficiar a más de 45000 jóvenes. 

Aun así no se aprueben los proyectos, estos generan debates. En el caso de los proyectos LGTBIQ+, ya pronto, los propondré. Sean aprobados o no. Los voy a obligar a hablar de ellos. A través del debate se avanza. 

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Foto: Exitosa

Se criticó mucho, en el periodo electoral, que personajes como Verónica Mendoza se alinearan con partidos ultraconservadores como Perú Libre. Puso en duda su identidad política. ¿Qué opinas sobre esto?

Yo planteé el voto nulo porque me parecía una extorsión que me obliguen a elegir porque los dos son conservadores y anti-derechos. Desde el centro yo no estaba de acuerdo con ninguna de las dos opciones. No me pueden obligar a tomar posición. Entiendo que es complicado. Sin embargo, no tenemos más remedio que hablar, dialogar y buscar puntos en común. Muchos parten de la ignorancia y del prejuicio. Ahora hay más visibilidad de la comunidad y podemos combatir los estereotipos para que no encuentren un enemigo, sino una persona. 

Lo más importante de una activista es salir del closet, porque de esta manera al interactuar con todo tipo de personas se empieza a tomar la idea de la realidad y ya no del estereotipo.

¿Cuál dirías que es tu postura política en otros temas y que valores son los que antepones en tu trabajo?

El diálogo y el sustento técnico de cualquier cosa que proponga son claves en mi trabajo. Si yo no sé, tengo que buscar especialistas para que me expliquen. La inclusión en los hechos también es importante. En mi oficina somos siete personas, de las cuales seis son mujeres; entre ellas, hay una mujer trans.

Partiendo de la crítica que le realizaste a Anahí Durand sobre su unión al gabinete presentado por el presidente Castillo ¿Cuál debería ser la postura de las mujeres que hacen política cuando se enfrentan a espacios misóginos o conservadores?

Es bien difícil. Yo entiendo que Anahí ha tenido que elegir. Ella entró cuando no estaban ni Pedro Francke ni Aníbal Torres. Con ellos dos tenías Justicia y Economía y ahí recién podían armar un equipo. Es de ahí que nace mi crítica. Cuando el gabinete tenía 12 hombres y 2 mujeres. Qué difícil aceptarlo en ese momento, pero también que difícil no aceptarlo porque puede entrar alguien aún más conservador. Las mujeres que enfrentan espacios misóginos deben resistir y ser auténticas. Esas son las dos claves.