Carla Patiño

Carla Patiño

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Carla Patiño con sus compañeros fotoperiodistas cubriendo una sesión en el Congreso de la República. Foto: Facebook 

La fotógrafa del presidente: entre el periodismo y la pandemia 

De tomar fotografías en coberturas policiales y de asesinatos a Palacio de Gobierno, Carla Patiño está detrás de las conferencias del presidente Martín Vizcarra sobre la situación de esta enfermedad en el Perú. Periodista y fotógrafa de profesión, ha estado en diversos escenarios junto al lente de su cámara. Ahora en otra posición, en medio de la pandemia, no solo ultima los detalles de la conferencia de Gobierno que informa las cifras duras que van en aumento. Desde la Asociación de Fotoperiodistas del Perú, le preocupa que sus colegas sean parte de los números de contagiados. 

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“Tenemos que estar pensando dónde va a hacer, en qué salon va a hacer, cómo va a ser”, nos cuenta Carla Patiño. 28 años, fotógrafa, periodista y una de las personas que está detrás de la conferencia que el presidente Martín Vizcarra realiza -casi a diario- para comunicar a los peruanos sobre la situación del COVID-19 en el país. Con la cámara en mano, ella tiene que prever los últimos detalles de toda “la locura”, como señala. “En fotografía tienes que ver la locación: qué va a haber detrás, dónde se va a sentar, cuál va a ser su espacio, su fondo, sus luces, si habrá iluminación o si no. Lo decidimos ahí mismo. Es una locura. Llegan las 12:30p.m., el presidente está bajando y  todo se calma”, dice.

La tensión que le ha tocado vivir no es poca desde que está detrás de cámaras de la conferencia de prensa de Vizcarra. Sobre todo cada vez que, en vivo y en directo, se informan las nuevas medidas adoptadas para frenar la pandemia. Eso y que las cifras de infectados y muertos sigue en aumento. Pero al mismo tiempo, reconoce y se pone en el lugar del periodista. “Es fuerte estar ahí. Escuchar el mensaje ahí mismo es una sensación extraña. Como periodista, quiero refutar, decir ‘¡te quiero preguntar esto!’, recuerda.

Carla se graduó a los 23 años como periodista en la Universidad Jaime Bausate y Meza. En un inicio, estaba estudiando en una academia para postular a la carrera de administración en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero cree que hubiera fracasado. Después pensó en especializarse en Marketing y Publicidad, especialidades que también llamaban su atención. Sin embargo, en los últimos semestres de ‘la Bausate’, la fotografía la enamoró. En su universidad, entró al cuarto oscuro donde se revelan las imágenes análogas y desde entonces se ha formado para asumir el gran reto de ser fotógrafa en medios de comunicación.

“Definitivamente es lo que quiero”, asegura. “Iba a algunos medios a pedir trabajo como fotógrafa o como fotoperiodista, y me decían que no, porque no tenía equipo o porque este no era lo suficientemente bueno o porque soy mujer”, recuerda también. Las respuestas negativas no la desanimaron y, al contrario, continuó perseverando hasta llegar a tomar fotos de manera oficial a la máxima autoridad del país. 

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Retrato de Martín Vizcarra por Carla Patiño. Foto: Instagram 

Antes de llegar a Palacio de Gobierno y unirse a la Oficina de Comunicaciones, Carla pasó por las redacciones de Hildebrandt en sus trece, Bocón, Correo y Ojo como fotoperiodista. En aquellas épocas, ella cubría noticias locales. Las historias de muertes eran parte de sus inicios. Lo que hace ahora, dice, no lo compara. 

Si bien Carla no está en la primera línea enfrentando al coronavirus, tiene otro tipo de cercanía con la enfermedad que ha infectado a más de 76.000 peruanos. Ella sabe que desde Palacio, en cualquier momento, pueden llamarla para que registre con su cámara una visita a alguna actividad en Lima o provincias, por lo que puede estar en contacto con personas infectadas. Para evitar riesgo de contagio, ella ha decidido vivir en un departamento alejada de su familia. Es la hija menor. Desde que empezó la emergencia sanitaria no los ve. 

La tercera mujer fotógrafa en la historia de Palacio

Carla llegó a Palacio en diciembre del 2018. Entró para cubrir el puesto de reportera gráfica por un mes. En ese entonces, recuerda, la coyuntura de la equidad de género y la cuota de género ya se estaba desarrollando.

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Carla Patiño recorriendo los pasillos de Palacio de Gobierno. Foto: Facebook

“Estuve como fotógrafa institucional de la Municipalidad de Lima. Ahí es donde me contacta el jefe del área de fotografía de Palacio de Gobierno para cubrir un puesto de vacaciones por un mes. Pasé la entrevista y entré”.

Con su participación desde el área de Comunicaciones y dentro de la esfera política nacional, Carla dice que empezó a evaluar su labor como fotógrafa. “He estado tratando de revisar mi archivo personal, mis fotografías, regresar al inicio de mi carrera para saber, valorar y comprender el resultado que ahora tengo”, subraya. Fue en esa evaluación que se dio con la sorpresa de que ella es la tercera mujer fotógrafa que trabaja en Palacio de Gobierno junto a un mandatario.

“Sólo hemos sido tres mujeres conmigo en la historia de Palacio de Gobierno que han trabajado como fotógrafas: Inés Menacho, en el período de Toledo, Patricia Altamirano en el de Fujimori en su residencia y yo, de Vizcarra. La gente de Palacio dicen que es histórico que una mujer sea fotógrafa, pero la anécdota es que el mismo presidente lo solicitó”, dice.

¿Y dónde están las fotógrafas?

Es esta presencia de la mujer como hacedora de la fotografía peruana lo que llevó a Carla Patiño a ser miembro de la Asociación de Fotoperiodistas del Perú, a la par de su labor en Palacio de Gobierno. En este espacio discute con más amplitud junto a sus colegas sobre el papel de las fotoperiodistas que salen diariamente a las calles a conseguir las mejores imágenes para el medio que trabajan.

Carla Patiño con sus compañeros fotoperiodistas. Fuente: Facebook

“Las fotógrafas Ángela Ponce, Diana Marcelo y yo nos cuestionamos dónde están las mujeres fotógrafas. En esta emergencia, diarios como El Comercio estaban viendo la forma de que solo trabajen hombres. No podemos hacer esas diferencias. En el 2018, entre 60 fotógrafos en total, solo 15 eran mujeres, hasta creo que menos”, señala en referencia a los datos presentados en eventos como el llamado “¿Y dónde están las fotógrafas?”.

Más allá de ser hombre o mujer de prensa que cubre la pandemia, Carla asegura que está buscando tomar medidas respecto a los 30 fotoperiodistas de diferentes medios que salen a la calle para cubrir el estado de emergencia por el avance del COVID-19. “Trato que se le haga la prueba rápida a los que están en campo, hombres y mujeres. Desde la Asociación queremos que el Minsa se haga cargo de eso. Los editores gráficos de los medios también han hecho llegar solicitud. Las cifras van a seguir creciendo y nosotros como fotógrafos debemos cuidarnos”, nos dice preocupada por sus colegas.

Esta entrevista fue hecha a través de una videollamada en su día libre. Tras un día agitado en Palacio, Carla suele llegar a su departamento pasadas las nueve de la noche: en estos tiempos, todos los días son agitados. Horas después de concluir la conversación, le escribo por mensaje una última pregunta que se quedó. “¿Qué te dirías a ti misma en esta situación de emergencia que afrontamos todos, sin excepción?”, envíe.

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Foto tomada a un cartel por Carla Patiño. Fuente: Instagram

“Le mandaría un mensaje de fuerza, de aliento. Algunas veces se desmorona viendo tantas cosas negativas alrededor, escucha tantas noticias que no sabe qué hacer, cómo ayudar. Hasta puede sentirse perdida. La presión o la dificultad de la crisis es tanta que no sabe por dónde empezar: si por uno mismo o por la familia, o ayudando a la gente que más lo necesita”, responde. Y se lee como un mensaje de fuerza y aliento para todos.

© 2021 La Antígona

Loredana Hernández

Loredana Hernández

b.angobaldo@pucp.pe

Una historia de resiliencia migrante

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Loredana Hernández, psicóloga de profesión, llegó al Perú hace dos años. Luego de trabajar como vendedora de teléfonos celulares y pasar una época difícil tratando de mantenerse a sí misma como persona migrante en un nuevo país, encontró una manera de dedicarse a lo que más le gusta: ayudar a los demás. Es una de las 37 mujeres que apoyan remotamente, a través de sesiones terapéuticas de primera atención, a otros migrantes a raíz del aislamiento e incertidumbre que se vive por el Covid-19. 

“Lore”, diminutivo por el que le gusta ser llamada, tenía veintisiete años cuando llegó a la frontera de Tumbes. Tenía también noventa dólares en el bolsillo y una incertidumbre total e infinita de cómo se vería su futuro en un país desconocido como el Perú. Sin embargo, era más de lo que podía esperar en su tierra natal, en Venezuela. “Decidí irme porque, bueno…. no veía un futuro en mi país”, recuerda al relatar su experiencia de migrante. 

Loredana Hernández es psicóloga de profesión y lleva poco más de dos años en el país. Aquí se reencontró con su padre, quien había hecho lo mismo que ella hace casi una década: emprender el viaje a Perú con sus hijas menores. Fue él quien la ayudó a conseguir su primer trabajo en Lima: ser vendedora protectores para celulares en una tienda. Ahí trabajó hasta el año pasado. Un día, ella recibió una notificación de Óscar Pérez, presidente de la ONG Unión Venezolana, organización creada por y para la comunidad de refugiados y migrantes venezolanos que llegan al Perú huyendo de la situación de crisis económica y de derechos humanos que se vive en su país. Le dijo que buscaban psicólogos venezolanos que necesiten apoyo para revalidar sus títulos. “Una de las encargadas dijo que, además, se requería voluntarios psicólogos en la ONG, pues se estaba recibiendo a gente afectadas por la migración”, recuerda. En Venezuela, había trabajado en instituciones públicas de salud mental y había abierto un consultorio propio.

Hoy ella es una de las psicóloga de Psicoaliados, un grupo dentro de Unión Venezolana que ofrece atención primaria y de emergencia gratis, a través de llamadas telefónicas o videoconferencias: es una ayuda remota psicoemocional para personas migrantes afectadas por el COVID-19. Esta iniciativa fue creada por ella y dos psicólogas más, también migrantes. Ellas vieron la oportunidad de apoyar a sus compatriotas en estos tiempos de crisis. Ahora son poco más de 40 psicólogos y 37 son mujeres. 

El Perú alberga actualmente unos 862,000 refugiados y migrantes venezolanos y es el segundo país a nivel regional con la mayor cantidad, según cifras oficiales de la Superintendencia Nacional de Migraciones. De este total, más de 220 mil se encuentran en estado de vulnerabilidad por la pandemia del COVID-19, de acuerdo al censo realizado en marzo por la Embajada Venezolana en Perú. Por su misma condición de migrantes, estas personas, quienes en su mayoría son trabajadores informales o de sueldo mínimo, están en riesgo. En muchos casos, su salud mental está siendo afectada: por el avance del coronavirus y al estar indocumentados, no tienen las posibilidades de pagar por atención profesional. 

Ayudar a mi gente

“Oscar me propuso hacer un proyecto con los psicólogos en el centro de apoyo emocional, y yo le dije que sí”, narra Lore con emoción cuando recuerda sus inicios. Reconoce que su trabajo es solidario. Ella trabajaba ahora en la Comisión Especial de Refugiados del Ministerio de Relaciones Exteriores (CEPR). Está ahí desde octubre y junto a otros psicólogos organizó talleres para niñas, niños y adolescentes migrantes y refugiados. “Fue una gran oportunidad porque vi luz en el sentido de que podía ayudar desde lo que se y más aún, a mi gente” reflexiona Lore.

Poco después de unirse a ese equipo de trabajo, ella obtuvo el cargo de coordinadora del Centro de Apoyo Emocional de Unión Venezolana. Entre los voluntarios se propuso una serie de proyectos para los espacios de consultoría para venezolanos y venezolanas, pero la emergencia sanitaria mundial se interpuso en sus planes. Eso dejó un espacio para el proyecto de apoyo remoto psicoemocional. “Oscar nos dio la idea de hacer un llamado con los otros psicólogos que están inscritos en los grupos y creó lo que es Psicoaliados”, cuenta. Este proyecto funciona por email: en un correo electrónico reciben todos los casos y a partir de ahí resuelven con llamadas personalizadas. 

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Flyer informativo de Psicoaliados para refugiados y migrantes que requieran atención primaria psicológica. Fuente: Facebook.

Las estadísticas aún no están finalizadas pero, según Loredana, la mayoría de casos son de mujeres entre los 20 y 40 años de edad. “En base al COVID-19 hemos percibido muchos casos de personas que por primera vez han experimentado crisis de pánico o ataques de pánico, por estar encerrados o por el miedo que puede generar el virus, o el miedo al contagio. Lo que más hemos recibido ha sido casos por miedo a ser desalojados, a perder su trabajo, y a no tener alimentos. Y lo que hace que también desarrollen reacciones psicológicas fuertes que no pueden manejar solos”, dice.

Unión Venezolana recibe donaciones y apoyo de distintas organizaciones para solventar sus gastos y llevar a cabo los proyectos que se proponen. Iniciativas como la de Psicoaliados son financiadas, por ejemplo, por organizaciones como la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) . Emily Álvarez, asistente de Información Pública de dicha agencia, comenta que ACNUR apoya a esta ONG a través de uno de sus socios: Acción contra el hambre. “Es unos 100,000 dólares de presupuesto. Este monto se divide entre alquiler y otro tipo de pagos. Dentro de las iniciativas de Unión Venezolana está la idea de tener una línea de apoyo psicológico”, añade Álvarez.

En un testimonio brindado a ACNUR, Loredana resalta que se identifica con lo que viven sus colegas. “Gracias a esta situación, logré definir cuál es mi misión de vida. Mi misión es ayudar a las personas. Hay que tener mucha fortaleza para para ello. Yo creo que mi preparación ya viene desde hace muchos años, y desde Venezuela. La mayoría somos personas resilientes”, señala.

Estas mujeres psicólogas, personas venezolanas migrantes, pasan -o han pasado- situaciones difíciles y experiencias duras, casi tan parecidas a las que tratan en las sesiones terapéuticas. Ellas utilizan estas experiencias y memorias pasadas para ayudar a los demás. “Hay algunas que están en estado de vulnerabilidad y aún así sienten la necesidad de seguir ayudando. De verdad que es un reto, ha sido un reto”, reflexiona Loredana. “Pero es lo que tratamos de hacer entender a la mayoría de personas que atendemos: somos resilientes. Hemos pasado por cosas hasta peores, aunque en este momento no lo recordemos”.

© 2021 La Antígona

Sadith Silvano

Sadith Silvano

melanies.soca@pucp.pe

La artista amazónica que con su cultura enfrenta al COVID-19

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La comunidad de Cantagallo, en el Rimac, también ha sido uno de los lugares afectados por el coronavirus. Pero la pandemia no los ha hecho desertar. Un ejemplo de ello es la artista Sadith Silvano, quien se infectó dos veces y tras recuperarse continúa con su emprendimiento: una colección de mascarillas con diseños que transmiten su identidad y cultura shipibo conibo.

“Me he contagiado por COVID-19, pero salí de esa enfermedad”, nos relata Sadith Silvano, una artista de la comunidad de Cantagallo, en el Rímac, y una de las mayores exponentes del arte shipibo conibo en el país. Ella recuerda cuando empezó a sentirse mal: no tenía fiebre, pero sí tos seca y dolor de garganta. Se recuperó, pero se juntó con sus familiares, con su hermana quien también tenía coronavirus, y se contagió nuevamente. Esa vez se le hinchó todo el cuerpo. Cuenta que logró recuperarse con plantas medicinales. La crisis por el avance de esta enfermedad afectó su arte. Sin embargo, encontró una salida para superar esta crisis: elaborar mascarillas con diseños milenarios y ancestrales inspirados en la cultura amazónica.

“Están inspirados en las plantas medicinales, la ayahuasca, que representa al hombre sabio”, señala la artista sobre sus mascarillas y los mensajes que transmiten. Sus diseños representan al mayacunu, kewé y kené, cuenta. Como ya no encontraba la oportunidad de vender su colección de ropa para damas y los gorros que hacía, empezó a crear estas mascarillas con “su cultura e identidad”.

La comunidad shipibo conibo en Cantagallo, así como otros lugares en el país, también fue golpeada por el coronavirus: se registraron tres fallecidos víctimas de COVID-19. Al principio Sadith estaba sola en este trabajo, pero ahora lo hace junto a veinte artesanas de Cantagallo y Pucallpa. Ellas han producido tres colecciones de 40 mascarillas cada una. Han logrado distribuir a Ayacucho, Tacna, Trujillo y también al extranjero. El dinero ganado lo envían a su comunidad de Paoyhan, en Ucayali. “El gobierno los ha olvidado”, nos dice enfática a través del teléfono. “Me siento feliz ayudándolos de esta manera, porque así Dios me bendice. Mi padre me ha inculcado a apoyar a los que necesitan”, agrega.

Los obstáculos antes del COVID-19

Sadith tiene 31 años y hace 20 llegó a Lima desde la comunidad de Paoyhan, en Ucayali. Su padre la trajo en busca de una mejor calidad de vida, educación y un mejor desarrollo personal. Pese a los años radicando en la capital, nunca perdió su identidad shipibo-conibo y se dedica a transmitir sus conocimientos ancestrales con orgullo.

“El arte es importante”, asegura. El pueblo shipibo conibo es reconocido por manifestar su cultura mediante el trabajo artístico. Sin embargo, no fue fácil alcanzar reconocimiento. “Existe mucha discriminación. Se reían de nosotros, me explotaron como artesana y me han robado”, recuerda.  Pero eso no la desanimó, más bien se fortaleció: en su mente estaba crecer y así fue.

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Sadith Silvano bordando una mascarilla. Fuente: Facebook.

Su trabajo es hecho a mano. Dedica tres días enteros en terminar un bordado y por eso no reproduce por docenas. Para ella, cada pieza es única y por ello requiere tiempo y dedicación. “Te hincas la mano, sangra, la vista se cansa, los ojos duelen al dormir, pero cuando es con amor y pasión, no importa. Nosotros seguimos. Por medio de ello concientizamos a los jóvenes para que no pierdan su cultura”, señala.

Tras ser explotada por revendedores, emprendió su propia colección de ropa:  vestidos, pantalones y gorros para damas. “He caído y me he levantado, con humildad sigo el camino que siempre buscaba, el del éxito, nadie me lo regaló”, dice.  Sus diseños vienen de su mente y del corazón. Están inspirados en sus conocimientos ancestrales. Su dedicación y pasión tuvo gran acogida y logró exportar su colección de ropa a países como EE. UU y Francia.

Con la llegada de la pandemia por el COVID-19, las mascarillas se han convertido en un elemento esencial para evitar el contagio y son usadas a nivel mundial. En base a las especificaciones técnicas del Ministerio de Salud, Sadith se basa para la confección de mascarillas faciales textiles de uso comunitario. Con un lapicero brillo, tijera, aguja e hilo de diferentes colores, comenzó a bordarlas para hacer algunas demostraciones en redes sociales. Recibió muchos mensajes de apoyo. 

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Gorros y mascarillas con diseños shipibo conibo. Fuente: Facebook.

“Esta enfermedad nos hace reflexionar como personas. A veces no estamos con la familia, ahora tenemos la oportunidad de estar más con ellos, conocernos y entendernos”, asegura. Ahora, después de más de 100 días, así como Sadith, en Cantagallo están regresando a sus actividades. En su caso, vivir a través del arte sin olvidar su cultura.

© 2021 La Antígona

Serly Figueroa

Serly Figueroa

johanna.gallegos@pucp.pe

“Eliminar el voto preferencial permitiría que las mujeres lleguemos a una mayor participación política”

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Serly Figueroa Mormontoy es una abogada y política cusqueña con experiencia en gestión pública. Actualmente es una de las lideresas de opinión comprometida en la lucha por la participación de la mujer en el ámbito público y político en nuestro país. Es ex presidenta de la Asociación de Regidoras y Mujeres Autoridades de la Región Cusco y miembro de la Red Nacional de Mujeres Autoridades (RENAMA). En esta entrevista detalla a La Antígona los motivos por los que las mujeres en política se unen para pedir que el Congreso, tras aprobar la ley de paridad y alternancia de género, anulen el voto preferencial.

El pasado 25 de junio, el pleno del Congreso aprobó la norma que dicta medidas de paridad y alternancia de género en las listas parlamentarias. Es decir: 50% de mujeres y de hombres ubicados de manera intercalada. Este criterio aprobado será aplicado a partir de las próximas elecciones de 2021. Sin embargo, debido a las distintas opiniones de los legisladores respecto a la modificación del voto preferencial, no se logró su anulación. La abogada cusqueña y asesora política opina.

¿Actualmente la participación política de las mujeres ha sido poco valorada o hasta reprimida?

Desde que logramos el derecho al voto continúa una desventaja en la participación política de las mujeres. Esto se agudiza cada vez más porque somos un país machista. Incluso hoy que estamos en un contexto en el que se habla de paridad, existen comentarios machistas. Es decir, aún existe ese sesgo marcado y fuerte.

¿Diría que hay una cúpula de poder que no permite la entrada de mujeres? ¿Cuál es el temor? 

No lo llamaría una cúpula, sino un sentimiento que está guardado en algunos políticos. Desde mi experiencia he visto cómo al armar listas distritales, municipales y regionales no se toma en consideración a las mujeres pues se piensa que no tendrán popularidad  y por ende no aportarían a la campaña. Esto es triste porque aun cuando consideran integrar a un buen cuadro femenino o una lideresa, se la coloca en la última ubicación.

¿Conoce de algún caso en el que se evidencia esta situación? 

Sé de uno; el de una compañera regidora provincial de Cusco, quien tuvo una postulación curiosa pues fue inscrita por su esposo, sin saber nada del partido ni la lista. Cuando ganó no estaba preparada para ejercer su cargo y tuvo que prepararse en la Escuela de Formación Política de Mujeres Autoridades que nosotras tenemos en la Asociación de Regidoras. Hoy es otra mujer: empoderada y candidata en su provincia. Este caso evidencia que no es cierto que las mujeres no estén interesadas en política. Lo que hace falta es formación y enseñarles cómo es este mundo.

Y también aplicar estas medidas que han sido aprobadas: la paridad y la alternancia. 

Son esenciales ya que son acciones afirmativas necesarias en un país como el nuestro. Uno de los argumentos de quienes están en contra de estas medidas es que son innecesarias pues todos somos iguales ante la ley. Es cierto, así lo manda la Constitución, pero el problema es que parece que este punto se obvia al armar las listas electorales, por ejemplo. Este es un país en el que se mira a las mujeres solo para rellenar cuotas, para completar y aparentar que se cumple con todos los requisitos. 

Entonces ¿no estarían cumpliendo con promover la participación de las mujeres?

No, y ya han existido procesos electorales en los que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de oficio ha ido tachando a todas aquellas listas que no cumplían con las cuotas. Por eso algunas listas fueron incluyendo mujeres en sus grupos pero por un tema de temor a ser retirados y por hacer slogan de campaña. No es que estén promoviendo la participación de la mujer. Es así que ahora, con la aprobación de esta norma, a la fuerza van a tener que cumplir esa acción afirmativa para que se nos tome en cuenta de igual a igual en la vida política.

¿A qué se debe que algunos políticos como el ex congresista de Acción Popular Edmundo del Águila, afirmen que estas medidas van en contra de la meritocracia?

Entiendo que para él y para muchas personas, las mujeres tenemos que ganarnos el derecho de ser cabeza de lista o de ir en una ubicación preferencial, pero en Perú esto es difícil. A pesar de que muchas mujeres sí se lo han ganado, no han sido consideradas en sus partidos porque quienes arman listas no las priorizan. Fruto de eso es que se dan casos de compañeras que no quieren volver. Hay deserción de las mujeres en la vida política y es un punto en el que hay que trabajar.

¿Por qué se pide que las medidas de paridad y alternancia se apliquen juntas?

Te pongo el ejemplo de que exista una lista que pueda estar conformada por cinco candidatos a regidores y un alcalde, y que postulen tres varones y tres mujeres. Es fácil deducir que los dos primeros puestos serían para varones, y los tres siguientes serían mujeres.  Si esa lista pierde sólo entraría el varón. Ahí se aplica la alternancia  porque si el candidato a alcalde es varón, la teniente alcaldesa va ser mujer. Y así los puestos van a ir intercalados. Entonces, si esa lista gana entrarían cuatro regidores de la mayoría y habrá un mayor número de mujeres. Si la lista pierde, también se va tener a una mujer dentro. Por esto es necesario la paridad y la alternancia.

¿Por qué es importante eliminar el voto preferencial? 

Es importante eliminar el voto preferencial porque desde que se ha instaurado en 1985, ha motivado a que se fortalezcan propuestas individuales pero no de partidos políticos como grupo. Por comentarios de los ex candidatos, se sabe que hay quienes obtienen  los primeros números en las listas al Congreso porque aportan más dinero y detrás de ello hay financistas. Lo peor es que, una vez que los candidatos ganan, deben cumplir con conceder favores y beneficios a esos proveedores.

Entonces ese es un motivo por el cual piden una reforma total.

Sí. Una reforma política tiene que considerar que los partidos y sus miembros tengan que fortalecerse en su propuesta. A nivel nacional, todo partido debería comunicar sus propuestas como grupo, no propuestas personales. 

Y ¿el voto preferencial promueve estas diferencias?

El voto preferencial genera que entre candidatos haya deslealtades e inequidades. Quién tiene más dinero, tiene más acceso a medios de comunicación, a vehículos y seguidores para hacer campaña. Pero quién no, no puede hacer campañas ostentosas y nunca será congresista. Y en ese contexto ¿cómo una mujer podría entrar a la política con tantas limitaciones y desigualdades? Es difícil. La eliminación del voto preferencial va promover una mayor participación de las mujeres en la vida política.

Aplicar estas normativas significa hacer un verdadero cambio para tener una sociedad que visibilice a las mujeres.

Sí, pero debe haber normas que complementen a estas medidas. Por ejemplo, todos los partidos políticos deberían tener escuelas de formación y tener una vida orgánica. Es decir, que el candidato o candidata que postule tenga ciertos años de militancia; eso es importantísimo porque eso garantiza que el partido se fortalezca. 

¿Son factibles las propuestas que apuestan por elevar a 50% la participación de mujeres a partir del 2021?

Sí, pues la paridad y la alternancia más la eliminación del voto preferencial aplicado en este 2021 permitiría que lleguemos a una mayor participación política. Elevará este 28% de participación en el que nos quedamos desde siempre. El punto a considerar es el tiempo. Los partidos tienen pocos meses para trabajar en la formación de sus mejores cuadros integrados por varones y mujeres para que haya visibilización. Es importante trabajar en este tema.

¿Qué otra medida complementaria debería proponerse y posteriormente aprobarse? 

Debe ir de la mano con una medida más, la que frene el acoso político. Desde la Red Nacional de Mujeres Autoridades, por medio de un estudio de la ONG Flora Tristán identificamos 187 casos de acoso político en el periodo 2010- 2011. Con esta cifra presentamos una propuesta legislativa que llegó al pleno. Cuando estuvo en la agenda del día, la retiraron y nunca más [la volvieron a poner] hasta estos años se ha vuelto a hablar de ella. Actualmente se ha puesto el ojo en este tema porque el JNE ha visto que es una limitación para la participación de mujeres.

¿Ya se presentó alguna nueva propuesta que evite se siga dando situaciones de acoso político?

Sí, ahora el proyecto contra el acoso ya ha sido aprobado por la Comisión de Constitución y debería entrar al pleno. Asimismo sabemos que la Comisión de Mujer y Familia ya está por emitir su dictamen. Solo necesitamos que ya pueda debatirse en el Congreso y ojalá pueda ser aprobada.

¿Cuándo podremos conocer si se aprueba o no la eliminación del voto preferencial? ¿Cree que sigan habiendo retrasos?

Esos retrasos nos llaman la atención pues el debate debió darse el jueves 30, ya que el día martes ingresó al Congreso una propuesta multipartidaria de varios partidos que decían que con el debate de paridad y alternancia, lo más conveniente era debatir las nuevas medidas. Nos parece extraño que no haya sido considerado en la agenda de hoy, seis de julio. Esperamos que la próxima semana ya podamos tener ese debate.

© 2021 La Antígona

Magdalena Jorge

Magdalena Jorge

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“No permitiremos que nos arrebaten nuestros derechos”

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La posible contratación de una empresa privada para el servicio de limpieza desató una serie de protestas contra el alcalde de Lima, Jorge Muñoz. Magdalena Jorge, secretaria de la Mujer del Sindicato de Trabajadoras de Limpieza Pública de Lima (SITOBUR), es una de las principales dirigentes en pie de lucha para que las autoridades municipales respeten sus derechos laborales. Ella conversó con La Antígona sobre el peligro que tendrían más de 500 trabajadores de limpieza al quedarse sin empleo por esta licitación, en medio de la pandemia por la COVID-19.

Magdalena Jorge es una de las trabajadoras de limpieza que durante cuatro días seguidos protestaron en el Centro de Lima. Una convocatoria a licitación, hecha por la Municipalidad de Lima el 12 de marzo pasado, es el motivo de sus demandas, pues amenaza con dejar a cientos de obreros sin empleo en épocas de crisis por la COVID-19. Ella cuenta que no pierde la esperanza de ser oída y asegurar su puesto de trabajo. 

Tras un día de protesta, Magdalena nos atendió a través de una conversación en Zoom, con el uniforme que a diario usa para limpiar las calles cercanas al Hospital Loayza. Ahí encuentra desde ropa hasta cartones botados por los pacientes con coronavirus que acuden a este nosocomio. Así como el personal de salud, ella y sus compañeras se encuentran en primera línea. Sin embargo, ella no desea ser reconocida como heroína. No cuando sus derechos se ven vulnerados. Inició la entrevista comentando la situación por la que atraviesan:

“Nuestra lucha ahora es ardua, principalmente en defensa del trabajo”, nos dice. En el 2015, SITOBUR inició una demanda a la Municipalidad de Lima y hace dos años la Corte Suprema dictó una sentencia en defensa de 296 trabajadores y trabajadoras. En esta se pidió que se incluyera en planilla a las obreras de limpieza pública. La misma resolución señaló que la limpieza pública no tenía que ser tercerizada. Sin embargo, según afirma Magdalena, el alcalde Jorge Muñoz no tomó la decisión judicial y en plena pandemia está llevando a cabo un concurso de licitación y recojo de residuos sólidos. “Es por eso que salimos a las calles buscando la protección de la continuidad laboral de 500 obreras de limpieza pública que no están beneficiadas”, asegura. 

¿Por qué considera que no se está cumpliendo esta sentencia judicial en su totalidad?

Si ahora se está llevando a cabo la sentencia dictada el 2018, es por presión de nosotras. El 18 de junio, el alcalde Muñoz presentó al Poder Judicial un pedido de anulación de dicha sentencia y por presión él tuvo que empezar a reincorporar a los trabajadores. Se han demorado más de un año para cumplir este mandato judicial. Nosotros pensábamos que el actual alcalde era diferente a Luis Castañeda, con quien también tuvimos desencuentros, pero Muñoz ha sido peor. Él es abogado. Sabe que la tercerización de la limpieza pública está desnaturalizada y es ilegal. Durante la inauguración de un monumento, hace un tiempo, le pregunté por la situación de mis compañeras que no han sido beneficiadas con la sentencia, pero él me miró, se volteó y se metió al carro. En ningún momento se acercó para conversar un rato, como  sí lo hace con otros vecinos a quienes les da la mano o una palmadita en la espalda; conmigo ni una mirada.

¿Qué ha ocurrido en las últimas protestas? El 29 de junio, la policía las reprimió echándoles agua desde un rochabús y lanzando bombas lacrimógenas. Han sido detenidas en total 46 trabajadoras, incluida usted.

Fue un maltrato físico y psicológico. No hemos pasado por esto nunca. Sabemos que hay un límite que te empuja a actuar de esta manera: no hemos sido escuchadas. Hemos buscado constantemente diálogo con Jorge Muñoz, Hicimos varios plantones y  la policía lo sabía. ¡Qué coincidencia que el regidor [Jose Luis] Pacheco nos invite a una sesión de concejo a la que vino rápidamente la policía a detenernos! Ni siquiera habíamos empezado nuestro plantón. Estábamos llegando y nos hicieron una encerrada sin respetar la distancia social. Mis compañeros entraron en el carro a empujones. La persona responsable de los reclamos sigue sentado en la municipalidad de Lima,  llevando a cabo el concurso incluso a espalda de sus regidores, pues no lo ha publicado. ¿Cómo estarán mis compañeras sabiendo que nuestro trabajo está en riesgo, pensando qué va a pasar cuando termine el contrato con la actual empresa? Nuestro riesgo es que somos tercerizados, la mayoría somos mujeres. Nosotras mantenemos nuestro hogar, muchas son padre y madre para sus niños. Hay madres solteras, viudas, abuelas que incluso apoyan a sus hijos. Es por esto que no importa si nos maltratan e incluso si nos echan agua, no permitiremos que nos arrebaten nuestros derechos.

¿Conoce de casos de otras trabajadoras de limpieza a nivel nacional y distrital cuyas garantías laborales se ven afectadas? ¿Cuáles?

La situación de los trabajadores a nivel nacional es para observar. Son la última rueda del coche ya que no tienen herramientas ni AFPs. No les pagan puntualmente siendo este, un servicio esencial pues si no limpiamos las calles, aparecen cerros de basura. La limpieza pública debe estar en primer lugar para todas las municipalidades porque es necesaria para proteger la salud pública y nuestro medio ambiente. En Villa el Salvador, ni siquiera tienen un contrato CAS, no cuentan con seguros que los protejan. Hace poco una compañera falleció en este distrito atropellada. Ni siquiera estaba contratada por la municipalidad de V.E.S. e incluso trabajaba con materiales viejos. Lo mismo pasa en el Callao, San Juan de Lurigancho, Breña, y otros distritos.

¿Cuáles son los riesgos que afrontan al salir a las calles en plena pandemia? ¿Cuál es la situación de sus compañeras con el COVID-19?

Llamarnos héroes no significa que vamos a trabajar como podamos. Arriesgamos nuestra salud. ¿Cuántas han fallecido atropelladas o sufrido accidentes, cortes y ahora más con esta pandemia? En la calle encontramos diversos objetos de riesgo como guantes o mascarillas usadas. Todo lo que tocamos puede estar infectado con el virus. Al contorno del Hospital Loayza, donde yo realizo la limpieza, los familiares que llevan por emergencia a sus pacientes COVID-19 dejan tiradas sus ropas, frazadas, cartones con los que han hecho la cola esperando para que les atiendan. Tenemos que recogerlo, afrontando ese miedo a contagiarse por la necesidad, pero esto no significa que pueden hacer lo que quieran con nosotras.  Más del 40% de las compañeras de trabajo han salido positivo al COVID-19 y han podido superarlo, y son tres a las que hemos perdido. Sin embargo, aceptamos este trabajo con todos los riesgos, quizás también por vocación. El brindar este servicio a mi sociedad me llena de orgullo y también a mi familia porque somos conscientes que los obreros de limpieza pública somos muy importantes para la ciudad. Por eso hemos asumido nuestro trabajo durante toda esta pandemia incluso sufriendo la falta de movilidad los domingos cuando no había transporte  No es justo que eso se eche al tacho todo nuestro esfuerzo y que no valoren el trabajo que realizamos. 

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Compañeras de Magdalena e integrantes del Sitobur. Foto: Magdalena Jorge

Magdalena se conmueve al concentrarse y recordar aquello que les dice cara a cara a sus compañeras. Ellas se acercan a preguntarle sobre la situación que hoy las enfrenta con el alcalde. “Les digo que no se preocupen, que si seguimos unidas luchando, vamos a lograrlo. Más de 5 años luchando por eso (la demanda ganada). Mis compañeras ya no tienen miedo a nada. No les importa el rochabús, los gases lacrimógenos. Vamos a defender el derecho al trabajo con uñas y dientes, con la fuerza de mujer que nosotras tenemos y que estamos demostrando. Nadie nos ha regalado nada. Sigamos adelante en la defensa del derecho humano al trabajo porque no somos objetos descartables”, afirma con indignación. 

La noche de este 14 de julio, la Comisión de Trabajo del Congreso de la República convocó al Alcalde de Lima Jorge Muñoz para que de sus descargos sobre la presunta violación a los derechos humanos de más de 500 obreras de limpieza publica que serían despedidas de sus puestos al no haber sido tomadas en cuenta en la licitación de limpieza publica, siendo esta un desacato al mandato judicial. Se espera la presencia del burgomaestre.

© 2021 La Antígona

Maira DoMundo

Maira DoMundo

Por: Adriana Velásquez en colaboración con Melanie Soca

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“La narración virtual nació como una respuesta de resistencia frente a la pandemia”

Si quieres escuchar la entrevista completa, haz click aquí. 

El Festival Internacional de Narración Oral “Todas las palabras, todas!” cumple diez años reuniendo a los más reconocidos narradores nacionales e internacionales. Este año, debido a la pandemia por el COVID-19, la Asociación Cultural Wasi, organizadora del evento, decidió virtualizarlo. Desde abril, la narradora oral bilingüe y psicóloga Maira DoMundo dirige cada sábado las sesiones de cuentos en portugués, que es la novedad de esta décima edición. La brasileña encontró en la narración oral un valor terapéutico que le permitió acercarse a la gente. Ha viajado por Chile, Argentina y  Perú contando historias en dos idiomas. Ahora cuenta su experiencia narrando a distancia.

¿Cómo ha sido pasar del escenario a las plataformas virtuales?​

Al principio fue difícil porque es partir de un lenguaje a otro. En la narración que solíamos hacer teníamos mucho contacto con el público, desde la mirada, alguna palabra o un gesto. Con la virtualidad, el primer desafío era que ya no teníamos al público. Otra cosa que tuvimos que aprender es saber a dónde mirar. También, conocer que el tiempo de los cuentos cambia pues ya no tenemos la respuesta directa del público. Y por último,  los recursos expresivos, ya que pasas de contar en un teatro donde tienes espacio para moverte a, de pronto, narrar en un cuadrado.

¿Cómo conectar con el público desde una pantalla? ​

Depende de la plataforma. Las primeras transmisiones fueron por una plataforma de streaming en las que, por ejemplo, estamos tú y yo, con otras dos personas que vamos a presentar y tenemos una salita chiquita donde nos vemos, pero a la hora de salir al aire ¡pum! solo tu pantalla y nadie más. Es horrible porque vas contando y no sabes cuánta gente está. No percibes nada, ni siquiera la reacción de tus compañeras. Cuando cambiamos al Zoom fue mejor porque empezamos a ver cómo generar la retroalimentación. En las sesiones de portugués lo que hicimos fue pedir a la gente que se registre para entrar y así sean tres personas: por lo menos puedes ver una cara y tener códigos de gestos como el aplauso del Zoom o también puedes leer comentarios mientras cuentas. Estamos aprendiendo a interactuar.

¿Qué nuevas oportunidades han surgido con la virtualización del festival? 

La primera es el alcance, así estés en cualquier lugar del mundo, con conexión a internet y un celular o computadora, puedas estar ahí. Me parece genial porque quiebra la dificultad de acceso. Hay gente que vive en lugares muy apartados de los grandes centros urbanos que pueden tener el mismo acceso al cuento que una persona que vive en Lima. La desventaja es que el trabajo no es igual para lo escénico. La experiencia de lo físico me sigue pareciendo irremplazable.

¿La participación de los artistas es voluntaria? 

A diferencia del formato físico, en el virtual sí. Tradicionalmente había un pago por nuestro trabajo para cubrir gastos de traslado, comida y hospedaje. En este caso, lo virtual nació como una respuesta artística y voluntaria de resistencia frente a la pandemia. Sin embargo, ya estamos viendo maneras de que esto sea rentable para seguir invitando gente porque aun cuando estamos en casa hay una inversión de tiempo y gestión. Además, los narradores con los que estamos trabajando son, en su mayoría, profesionales dedicados a contar cuentos.

Antes de la pandemia, “Todas las palabras, todas!” duraba un mes ¿por cuánto tiempo estará disponible el festival virtual? 

El festival físico era puntual, una vez por año. Pensamos seguir ese calendario pero realmente la cosa creció y se expandió mucho. Ya son tres meses del festival sin detención y seguimos sumando actividades, por lo que aún no tiene fecha para terminar. La idea es mantenerlo, pero también ir actualizando según las circunstancias. El mundo está cambiando, entonces debe tener sentido para este momento.

¿Por qué decidieron incluir sesiones de narración oral en portugués?​

Fue gracias a “Wayqui” (César Villegas), quién es la gran cabeza que organiza a la asociación. Él fue el primero que tomó la idea pues viajó por el mundo contando cuentos y ha encontrado narradores de otras lenguas a quienes quería ofrecer un espacio. Sin embargo, existía un problema: la lengua, ya que si tú no manejas bien el otro idioma, especialmente en esto de contar cuentos, no sale bien. Aún así, él me propuso iniciar estas narraciones pues soy brasileña y hablo español. Estoy entre dos mundos. 

¿Qué buscaban generar con la inclusión de este idioma?​

La idea era hacer que este festival virtual rompiera de una vez por todas diferentes barreras. Primero, la geográfica, porque si bien es un festival que nace en Perú y que ha tenido presentaciones físicas aquí, se expandió al tener gente de otros lugares. Sin embargo, queríamos romper otra barrera: la idiomática. Y todo comenzó con el portugués. Hoy tenemos muchas más sesiones de las que imaginamos y esperamos seguir con sesiones en inglés, italiano y francés.

En escena, ¿cómo es ser presentadora y artista a la vez? 

Es un desafío pues tengo un espacio que se siente como una ronda de cuentos y también la posibilidad de tener otra vía de interacción del público en el Zoom. Al narrar un cuento siento ese desafío. Es una locura estar en una transmisión en vivo porque tengo que estar atenta a lo que la gente dice en el Facebook. Aún así ya tengo ese rol híbrido que me hace pensar nuevamente en este nuevo formato de la virtualidad pues es una manera de provocar que haya encuentro y que la distancia física no sea impedimento para  sentir que estamos conectados.

Cuando pase la pandemia, ¿seguirá participando en el festival?

Sí, no lo dudes. Siento que el festival generó más encuentro del que teníamos pensado y tengo ganas de estar ahí, aportando para que el festival siga con ese tinte de romper fronteras y que la gente se sienta cerca de la narración. De hecho, pensamos en algún proyecto para el futuro que sea físico pero también virtual, como ofrecer talleres.  Tenemos muchas ideas en mente. Todas originales y sin esas limitaciones que te hacen decir “¡ah qué pena, no podemos estar físicamente, ¿qué hacemos?”. Hoy pensamos en todo lo que haremos cuando estemos físicamente cerca nuevamente.

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