Marden Crunjer: “Quiero colorear la industria musical”

Marden Crunjer: “Quiero colorear la industria musical”

Por Mya Sánchez

Con un año de emocionantes lanzamientos a la vuelta de la esquina, Marden Crunjer viene a revolucionarlo todo. Su propuesta, caracterizada por los recursos narrativos que emplea, tiene como objetivo contar su historia de la manera más auténtica posible. El cantante y compositor peruano conversó con La Antígona sobre de dónde viene y hacia dónde va con su arte.

Colorido como él solo. La estética que David Bowie y Elton John propusieron cuando el mundo veía surgir al glam rock trajo consigo el cuestionamiento de prejuicios bastante arraigados en la sociedad. Son los mismos esquemas a los que Marden Crunjer, cantante y compositor peruano, se enfrenta con su propuesta creativa, pero esta vez en el Perú del siglo XXI. “¿Por qué no?”, se pregunta cuando piensa en la falta que de pequeño le hizo un “superhéroe” —como él lo llama— en la escena musical nacional, algo que hoy él intenta ser para quienes lo necesiten.

Marden se caracteriza por su vestimenta y maquillaje coloridos. FOTO: IG Marden Crunjer.

Sea con sombreros vistosos, maquillaje y pinturas, prendas de vestir excéntricas o personajes, Marden siempre consigue voltear las miradas hacia él. Sin embargo —explica— su objetivo como artista no es solo ofrecer algo distinto, sino también comunicar un mensaje. Es por ello que su música tiene también una particularidad: cual guion, está dividida por escenas. “Voy a presentar el drama pop”, responde cuando le pregunto a qué género corresponde su música. Él —dice— siempre ha sido de revolución, y no le falta razón.

Raíces

Y es que Marden y su proyecto gritan autenticidad e identidad. Incluso desde la elección de su nombre artístico, que heredó de su abuelo, originario de San Martín. “Cuando él falleció, yo traté de buscar dentro de mis propias experiencias qué quería comunicar con mi música y decidí revalorizar su nombre. Es propio de la selva y yo quiero que sea conocido por todo el mundo”, explica. 

Él sabe bien cuán importante es recordar siempre de dónde uno viene. ‘Arraigo’ es una palabra bastante común en su vocabulario cuando habla del porqué de su música, y aquello cobra sentido al conocer su historia. Marden aprendió sus primeros términos en quechua cuando acompañaba a su abuela materna a su trabajo en el mercado de San Miguel, donde muchas de las vendedoras hablaban dicho idioma. “Me he dado cuenta de que siempre sentí esa necesidad de conocer mis raíces”, relata.

Es así que más adelante estudió quechua y hoy incluso dicta clases como parte de su compromiso con la difusión de esta lengua originaria, en la que además ha compuesto música. “Es muy importante exportar al mundo algo que conecte con lo que realmente somos, sentimos y con esa existencia del quechua en nuestra vida cotidiana”, opina. Regresaremos (Kutirimusunchik), versión bilingüe que hizo de una canción suya para interpretarla con Milena Warthon y Naysha, responde a esta necesidad.

A pesar de que la música no fue su primera opción, Marden siempre estuvo conectado al arte. Es por eso que desde adolescente llevaba cursos artísticos, los que logró financiarse subiendo a cantar a los buses de Lima. “Carreando” —cuenta— llegó a pagar incluso sus primeros años de la carrera de actuación y teatro musical. Y si bien aquello le ayudó a desinhibirse, la lección más importante que la calle le dejó tuvo que ver con el ego. 

“Hay muchas personas a las que no les vas a importar, pero aprendes que no necesitas que te escuchen para compartir lo que sientes. No hay que frustrarnos por conectar con todo el mundo, sino ser sinceros y llegar a aquellos a los que realmente les gusta lo que haces”, reflexiona el artista. Es quizá ese el motivo por el que la música de Marden parece estar hecha solo para ser fiel a su verdad.

Cuando terminó la carrera, quería tomar un riesgo mayor: hacer un disco. En ese momento, todos los aprendizajes que adquirió en los salones, escuchando a las divas del pop hispano y consumiendo teatro musical, se condensaron en un primer proyecto que lleva por nombre La Tragicomedia de Prisma. Este cuenta la historia de Prisma, “un colorido músico callejero” que encarna y cuenta las vivencias autobiográficas de Marden, algunas de ellas tristes y otras felices, y tiene a Nube como el pasaje cumbre y final de esta historia organizada cronológicamente.

De esta manera, los recursos actorales que él adquirió durante su carrera han sido claves a la hora de componer música. “‘¿Cuándo ha sido la última vez que has oído una canción que te ha dejado con una historia en la mente?’, fue la pregunta con la que partí”, explica Marden, para añadir que es justamente esa narrativa la que su experiencia como actor ha aportado a sus canciones. 

Esto se evidencia no solo en el monólogo dramático al que remiten sus letras y la interpretación con la que las entona, sino también en el panorama sonoro que incluye en las producciones. Es así que se pueden oír sonidos, onomatopeyas, voces y demás efectos propios del contexto en el que se desarrolle la historia de cada canción. 

Además, su apuesta por lo diferente le ha servido incluso para el lanzamiento de ese primer álbum, donde las doce canciones son sencillos que fueron lanzados cada mes del 2019. “Quizá para un artista emergente no es lo más recomendable, pero a mí me gustó la experiencia. Realmente tenías a gente pegada con cada lanzamiento, porque el álbum tiene una numeración y un hilo que seguir. Eventualmente, lo volveré a hacer”, promete.

De colores

El arte de Marden es disruptivo. “A mí me gusta mucho (Me Llamo) Sebastián, me parece que es un muy buen referente chileno y por eso digo que hay alguien que debe hacer música recontra marica, LGTB y colorida acá en Perú, y yo quiero ser esa persona”. En ese sentido, considera que nuestra industria musical está en proceso de consolidación e iniciativas como la suya vienen intentando forjar una normativa amigable con las disidencias.

Portada del single Monocromático por el mes del orgullo 2020. IMAGEN: IG Marden Crunjer.

Prueba de esto es Monocromático, versión de una canción suya que grabó junto a Noah Blanco y Eme en el marco del Día del Orgullo 2020. “Yo creo que por el momento sigo haciendo arte que hace que la gente se cuestione, y eso me parece ya un acto político de por sí”, opina. Fiel creyente de que el cambio surge a través del arte, intenta hacer política desde el consenso. “Eventualmente, me verás aún más metido”, dice riendo.

Marden Crunjer y la Orquesta Multicolor. FOTO: IG Marden Crunjer.

El mensaje que el cantante peruano difunde es coherente con las decisiones artísticas que toma. Es así que el grupo de músicos que lo acompaña en escena es igual de diverso que el universo que crea con sus canciones. “Yo soy un compositor loco que tiene ideas locas. En mi música hay violines, viola, chelos, flautas, trompetas, saxofón y pensé: ‘debe haber personas en este país que también son rares y disidentes’. La vida misma me fue poniendo a estas personas. Somos una familia, una comunidad chiquita para la comunidad LGTB. Un grupo de 10 bichos raros tiene que conquistar el Perú”, afirma con esperanza.

Rodearse de creadores con propósitos similares al suyo es algo que quiere seguir haciendo a futuro, sobre todo porque aún no ha tenido la oportunidad de co-componer una canción. En su opinión, trabajar colectivamente es fundamental para que los distintos públicos se conozcan entre sí, y así construir la fanbase de los artistas independientes. 

“Yo soy de y para el pueblo”, afirma entre risas al hablar sobre el rol activo que sus oyentes tienen en su proyecto musical. No solo los convoca frecuentemente para participar en sus videos musicales, sino que también cumplen un papel relevante en sus conciertos, donde Marden interpreta canciones que requieren de interacción directa con la audiencia y ejecuta juegos teatrales. “Yo entrego alma, corazón y vida en mi trabajo para que las personas reciban el mensaje que emito. Así tiene que ser”, dice con convicción.

La vulnerabilidad que caracteriza a su música es lo que viene llamando la atención de cada vez más seguidores, quienes se ven atraídos por su fresca propuesta y sus excéntricos personajes. Esta es su forma de abrazar esas versiones anteriores de sí mismo y asegurarse de que sus experiencias pasadas sigan vivas en forma de aprendizaje y crecimiento. 

Rey Zero, protagonista del segundo álbum, a lanzarse el próximo año. FOTO: IG Marden Crunjer.

Es así que mientras Prisma es su “yo de los carros que cantaba por las calles y creía que todo lo que soñaba podía lograrlo”, su próximo personaje, el Rey Zero, representará a un Marden más centrado y comprometido con la lucha política de su comunidad. “Es una historia un poco más crecida y desde una perspectiva más alta, como es la de un rey”, precisa.

En vista de todo lo que le espera, invita a sus seguidores a permanecer atentos al lanzamiento de sus próximos singles y su álbum durante el 2022. “No sé si alguien está listo para lo que se viene”, asegura con la certeza de quien confía en la forma y fondo de su arte, y en el impacto que tendrá en quienes —como él en el pasado— necesitan saber que ser uno mismo nunca puede estar mal.

Josué Parodi: “Amar a otro hombre ya es un desafío al sistema”

Josué Parodi: “Amar a otro hombre ya es un desafío al sistema”

Por Renato Silva

Por años, la discriminación hacia personas que forman parte de la comunidad LGBTIQ+, tanto en el Perú como en otros países, se ha normalizado. Bromas, insultos, prejuicios, acoso, sexualización, agresión y hasta ataques que acaban con la vida de personas, se han convertido en actos que son rechazados, pero contra los que no se han desarrollado o ejecutado políticas que las sancionen por parte de autoridades y representantes electos por la misma ciudadanía, una ciudadanía en la que hay personas cuya identidad sexual difiere de lo socialmente aceptado como “normal”.

Educado en un colegio estrictamente evangélico en el que se enseñaba que sentir atracción por una persona del mismo sexo era un pecado, Josué Parodi, un hombre de 28 años con raíces afroperuanas maternas, se aceptó como homosexual a sus 22 años luego de una larga lucha interna por abrazar su sexualidad. “Ha sido un viaje largo. Me he ido conociendo poco a poco. ¿Quién soy? ¿Quién me gusta? La sexualidad es un espectro que uno va explorando y conociendo”, dijo durante su entrevista con La Antígona.

Sin embargo, pese a que fue educado para rechazar lo que era, llegar a la universidad fue una oportunidad para conocer diferentes puntos de vista al respecto y, finalmente, decidir dar un paso adelante fuera del clóset que aprisionaba su identidad. Aunque lo hizo fuera del Perú, cuando viajó por trabajo a Estados Unidos, fue allí que optó por ignorar los prejuicios del país en el que nació y aceptar “eso que no puedes parar, que no puedes frenar, que está aquí, que vive contigo y que es difícil de ajustar solo para caer bien”.

Y aunque actualmente se siente cómodo con la forma que tiene de expresar su sexualidad de forma libre, entiende que sus privilegios por “no ser tan negro” o por haber haber tenido la oportunidad de acceder a una educación lo privan de tener un punto de vista más amplio. Parodi también es consciente de que su aceptación dentro de su círculo familiar es un caso poco común en otros distritos de Lima, o en provincias al interior del Perú.

“Siempre lo he visto desde: ‘Es que yo tengo este privilegio de vivir con muchísimas oportunidades que no muchas personas tienen’. Tener un acceso a una educación, que mi familia me acepte o poder estudiar la carrera que quise estudiar ya me pone en ventaja por sobre otras personas”, reflexiona Josué. “Nadie te habla de colorismo en el Perú, nadie te habla del prejuicio, del racismo o del clasicismo”, enfatiza.

Una deuda pendiente y un grito no escuchado

Aunque en la actualidad se vienen incrementando los espacios donde se condena la homofobia y las personas son más conscientes de los comentarios normalizados que agreden a la comunidad LGBTIQ+, a nivel de políticas públicas, el Perú tiene una deuda con esta parte de la población. Incluso dentro del gran conjunto de autoridades electas, se encuentran personas que están en contra del acceso a derechos básicos para la comunidad.

Por ejemplo, en el 2014, el congresista fujimorista Julio Rosas declaró en una entrevista: “En todas las iglesias cristianas se acogen a todas las personas sin discriminación: ya sean homosexuales, lesbianas. Todos son bienvenidos porque Jesús vino para salvar y buscar al pecador”. En 2016, este mismo parlamentario fue denunciado ante la Comisión de Ética del Congreso por organizar un evento llamado “Ciencia y género” en el que invitó a un psicólogo mexicano que se autoproclamaba experto en el “desarrollo de la heterosexualidad”, un término “científico” que se refiere a terapias de reorientación sexual, que fueron calificadas como tortura en 2020 por un experto de la  Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Según se indica en el Informe Anual de Derechos Humanos de Personas GBTI 2020, “en 2015 se presentó por primera vez en nuestro país una demanda de reconocimiento de unión de hecho de una pareja homosexual […] Luego de tres años y dos declaraciones de improcedencia de la demanda, el Primer Juzgado de Familia de Lima admitió a trámite la demanda”. Sin embargo, se solicitó que los demandantes pasen por una evaluación psiquiátrica, a pesar a que la homosexualidad dejó de aparecer en el manual de diagnóstico de los trastornos mentales en 1973 por decisión de la Asociación Americana de Psiquiatría.

Josué, quien a sus 28 años acepta con normalidad su homosexualidad, considera que el solo hecho de poder amar a otro hombre es un desafío al sistema que ignora e invisibiliza a la comunidad de la que él es parte.

“Es, sin duda, marchar todos los días sin dudar, salir, caminar y decir: ‘Oye, soy tan humano como tú, solo que me gusta más la escarcha o me gusta menos la escarcha’, y ya. En este país, se están haciendo pasos muy, muy pequeños para acercarnos hacia una igualdad. Se puede ver, pero en espacio es muy privilegiado. Se celebra todavía a los hombres gays blancos o los hombres gays”.

En Chile, por ejemplo, una mujer trans llamada Emilia Schneider fue elegida como diputada, mientras que Camila Musante y Marcela Riquelme Aliaga fueron electas también en ese cargo y son abiertamente bisexuales.

Aunque en Perú todavía hay mucho trabajo por delante, Josué mira hacia el futuro con optimismo y un espíritu desafiante al sistema actual: “Yo creo que va a resistir unos cuantos años más, pero es inevitable el cambio. Absolutamente inevitable. Pasó con las mujeres votando y con las personas negras votando. Tiene que llegar efectivamente.”

Para conocer más sobre la historia de Josué, cómo fue su primera Marcha del Orgullo, saber los detalles sobre su programa Calla Cabro y su charla TEDx, escucha nuestro podcast.

Antay: “Cantar era enunciarme trans”

Antay: “Cantar era enunciarme trans”

Por Mya Sánchez

Músico peruano Antay. FOTO: Instagram Antay.

El arte implica ser vulnerable. Pero cuando la vulnerabilidad es la norma, crear se convierte en un acto político. En el Día del Músico, La Antígona conversó con el cantante peruano Antay sobre la autogestión desde el arte, el poder de la música para transformar y su larga relación con su propia voz.

Una sola canción en por lo menos tres tonalidades distintas en el transcurso de dos años. Quienes conocen al músico peruano Antay desde que inició su proyecto musical en el 2019, han podido oír Júrame, su primer sencillo, en diferentes versiones de su propia voz. Su canto, cada vez más grave producto del proceso de hormonación que viene atravesando, tiene una identidad que hace que cualquier cambio en la sonoridad pase desapercibido.

La honestidad que caracteriza a sus letras y melodías cuenta su historia, en la que la vulnerabilidad pasó de asustarlo a ser su bandera. Nativo del Callao, Antay creció rodeado de salsa y sueña con algún día componer una canción que haga bailar a su público como él lo hace cuando oye a Rubén Blades o El Gran Combo de Puerto Rico. Pero, por ahora, se permite crear lo que le nazca. “Yo no creo en los géneros, ni en la música ni en ningún lado (risas). Creo en las expresiones”, subraya.

Es por ello que su música no se encasilla solo en un género, sino que es producto de distintas influencias y de su capacidad como artista: desde lo que siente y cree en el momento en que compone. Con referentes como Liniker, Kevin Johansen, Jorge Drexler, Silvana Estrada, Lalá, Alejandro y María Laura y El Kanka, aquello cobra sentido. “Admiro a quienes se atreven a utilizar la música como un medio para transformar la sociedad, para dejar un mensaje”, enfatiza Antay.

Del escritorio al escenario

Presentación de Antay en La Noche de Barranco. FOTO: Instagram Antay.

Pero dedicar su vida a la música fue una decisión que le tomó tiempo. De hecho, a pesar de que las canciones y los instrumentos musicales habían formado parte de su vida desde muy pequeño, esa no fue su primera opción al escoger una carrera universitaria. Fue así que empezó a estudiar Derecho, profesión en la que sí contaba con el beneplácito de sus padres. No obstante, la música fue siempre su fiel compañera.

Al echar un vistazo a su pasado, resulta predecible. Desde sexto de primaria, Antay escribía canciones para el Festival de Canciones de su colegio y algunas otras sobre lo incomprendido que se sentía, a pesar de que aún no sabía por qué. La diferencia era que, mientras antes componía en inglés para que sus sentimientos fueran más difíciles de descifrar, ahora tenía la necesidad de ser comprendido.

Bastó una presentación del también cantor peruano Eme en el Lugar de la Memoria para que Antay supiera que su identidad no era una condena. “Se enunció como una persona disidente sin miedo y me pareció que sentirme orgulloso sobre quién soy era una posibilidad. Pensé: ‘¿cómo sería si hubiésemos más personas que, desde nuestro arte, mostráramos que siendo como somos podemos ser eternamente felices también?’”. 

Aquel momento, marcó un antes y un después en Antay. Pasó de encontrarse días enteros llorando por intentar ejercer el Derecho como un hombre trans y recibir portazos en la cara, a decidir cambiarse de carrera para dedicarse de lleno al arte, con el objetivo de hacer música que interpele y transforme.

Reencuentro

Antay cantando en el festival Resiste Bebita por el Día del Orgullo 2021. FOTO: Instagram Antay.

Pero el proceso no fue fácil. Antay pasó un periodo en silencio. A los 18 años, cuando ya se sabía disidente, cantar en público le suponía atraer más atención de la que quería, siempre acompañado de comentarios respecto a lo bonita que era su voz. “Era doloroso para mí, porque solemos asignar ciertas frecuencias agudas a lo femenino. Cuando me fui expresando como persona trans de género masculino, cantar era prácticamente enunciarme trans”.

Eso implicaba también un nivel de exposición que le asustaba. “Me daba miedo cantar en público porque sentía que en algún momento podía aparecer alguien y hacerme daño”, relata. Pero el silenciamiento que se impuso a sí mismo fue lo que le permitió comprender cómo otras personas trans se autocensuran de distintos espacios públicos por ser considerada la voz un indicador del género.

Antay fue apropiándose de su voz nuevamente en un proceso que considera un sanar colectivo, y cuando lo iba logrando, inició su tratamiento hormonal. “Mi voz, mi cuerpo, mi cara… todo cambió”, recuerda. Su búsqueda de profesores o instructores que pudieran guiarlo en el proceso no tuvo frutos, pero su perseverancia le permitió encontrar un espacio de acompañamiento en Chile, al que pudo acceder de manera virtual durante el aislamiento social.

“Para mí, era bien difícil encontrarme en esa nueva voz”, confiesa, tras explicar que a veces sabía que debía cantar una nota, pero cuando intentaba hacerlo el resultado era un sonido peculiar o, en su defecto, silencio. Durante los primeros meses de hormonación, grabó su primer sencillo, a pesar de que hubiese preferido iniciarlo antes. “Grabar Júrame fue un dolor, estaba muy asustado de que no quedara bien”, precisa. Sin embargo, ahora se alegra de haberse atrevido, pues, sin querer, documentó ese momento de su proceso.

Cuando la pandemia llegó, trajo consigo las presentaciones grabadas y en vivo. Las primeras le daban tregua para explorar el mar de emociones sentía en ese momento. “Me permitía parar para llorar dos horas y decir ‘esto no está funcionando, creo que se fue al tacho’”, confiesa. Pero en los conciertos virtuales, el show debía continuar, a pesar de la desesperación que sentía, las veces que se perdía y los acordes a los que creía que no llegaría.

Pese a que no sabe si la voz que tiene actualmente seguirá cambiando, Antay se permite “habitar con incertidumbre”. La calma que siente por ahora se debe, en gran parte, a que el público lo sigue reconociendo a pesar de las variaciones. Ahora, inclusive, no teme en afirmar que cada día se siente más cómodo con su voz. “Me tranquiliza pensar que quizá puedo llegar a un espacio en donde sienta aún más calma”, precisa.

Espacios para ser

Antay y la bailarina Angellina Miladi en el videoclip de ‘Júrame’. FOTO: Instagram Antay.

Júrame, el sencillo que lanzó en abril de este año, marcó un hito en su carrera. A partir de ese momento, Antay ha ido ganando oyentes mediante las plataformas de streaming y los espacios donde ha podido mostrar su arte, como lo hizo recientemente en El Gato Tulipán, La Noche de Barranco e incluso en la Antifil

Y él sabía cómo quería presentarse al mundo: desde la desnudez. Es por ello que en el videoclip de esta canción, que habla sobre el desamor, el cuerpo tiene un rol fundamental. Protagonizado por Antay y la bailarina Angellina Miladi, el producto audiovisual cumple con el objetivo de dirigir los reflectores hacia los cuerpos y amores trans. “Es importante que más personas trans habitemos los espacios de belleza, del deseo y de lo bonito”, comenta.

Para Antay, como para muchas otras personas, la música representa un espacio de autogestión ante la difícil situación laboral de la comunidad trans en nuestro país. Para él, era importante que el equipo detrás de la producción del videoclip fuera completamente disidente y mayoritariamente trans. Esta es una constante en su trabajo diario, donde procura trabajar codo a codo con personas LGTBIQ+. “Desde las cabras para las cabras”, sentencia.

En ese sentido, sueña con crear más espacios similares en el futuro. Una banda trans y una “productora trans marica” son solo algunos de ellos, pero también le interesa internacionalizarse y conocer las indistrias musicales disidentes de países como Uruguay y México. No obstante, considera que su lugar está, primero, en su país. “Quiero seguir chambeando aquí. Me gustaría muchísimo tejer más puentes con personas disidentes de otras regiones”, afirma.

Mientras tanto, Antay viene preparando el lanzamiento de su segundo sencillo y un videoclip sorpresa, que publicará antes de que acabe el año. Es consciente del impacto que su arte y su mera existencia tienen. “He crecido viendo cómo nos persiguen y especulan sobre nuestras identidades. Yo no quiero que las infancias trans tengan que ir a las últimas páginas de Google para encontrarse. Yo soy trans y no me da miedo decirlo”, afirma con orgullo. Quienes vienen detrás de él, sabrán que ser ellos mismos no es un salto al vacío, como él lo sintió. Y eso ya habrá sido suficiente.

Flyer de su primer sencillo, Júrame, lanzado en abril del 2021. FOTO: Instagram Antay.
Dafne Castañeda: “Vivir haciendo lo que te gusta en esta época es resistencia”

Dafne Castañeda: “Vivir haciendo lo que te gusta en esta época es resistencia”

Por Zoila Antonio Benito

Dafne Castañeda. FOTO: Difusión.

“Baleada, pero viva”, así define la cantante y compositora Dafne Castañeda a Posguerra. Este EP se posicionó como uno de los mejores del año que pasó y ha hecho más conocido el trabajo de la artista en la escena musical alternativa peruana. Desde la composición de las primeras canciones de esta producción hechas en Pichanaki, ubicado en la selva central del país, pasando por su escena hip hop hasta la importancia de hacer lo que nos gusta frente a las actividades que nos atan al capitalismo, ella conversa con La Antígona

¿Cómo fue el proceso para realizar Posguerra

Me cuesta asimilar todas las felicitaciones. Si bien he estado tocando con guitarra y voz desde hace un buen tiempo, ahora recibir atención por algo que se ha hecho con mucha dedicación es muy abrumador, a veces raro. Ha sido un trabajo de un año y algo más con Daniel Quiñones y Mynezza Morales, que son los productores del disco. Nosotros también queríamos que el disco fuera una experiencia por sí misma. Se ha logrado y estoy muy agradecida.

¿Qué podemos encontrar en Posguerra?

Son siete canciones que hablan de fracasos amorosos y conflictos internos. Hay muchas texturas de sonido y paisajes sonoros. También hay un trabajo en cómo manejar las letras, que es un ejercicio de composición que vengo aplicando desde hace muchos años: hacerlo de manera directa, a veces entrar en metáfora, pero no usar cosas tan complicadas. Es como si le contara a un amigo. Estoy contenta con el resultado. Tengo todavía más canciones qué lanzaré próximamente.

¿Por qué ponerle Posguerra al EP?

No tenía un nombre desde el comienzo, preferí buscarlo al final. Quería escuchar las canciones para poder tener una idea de qué podría resultar. No creo que este sea un disco conceptual, aunque hay personas que me lo han dicho. Este año me sentí como en una guerra. Tiene sentido también porque las canciones hablan de pelear con uno mismo, de sacar a luz cosas. Si te das cuenta, la portada tiene luces y me veo deteriorada, como salir de una guerra baleada, pero viva. Me da mucho sentido. Después de la guerra, vienen los cimientos para crecer más, para hacer lo que venga. No preparo nada, siempre soy muy espontánea. Todo lo que vivo y lo que vive la gente que está alrededor de mí me inspira. 

¿Cuáles son tus influencias para hacer este trabajo?

Son muy variadas. Me he criado con Uranio 15, OK TV, jaja [canales peruanos de música, muy populares a inicios de los 2000]… con la televisión en general, no me avergüenza decirlo. Entonces, tengo ese chip de pop de los 2000 en Posguerra, como Javiera Parra. En influencias musicales, está la electrónica. Es un género que me parece muy libre, tan hermoso como la música clásica. (Los especialistas) consideran el disco como un art pop: un pop más artístico, más elaborado, más trabajado. Hay canciones diversas. 

Trato de ver los géneros musicales como emociones. Si tengo que gritar algo, tengo que decirlo de una forma tal vez violenta, y el sonido también tiene que ser violento. Veo las cosas como teatro, drama. Hay gente que me dice que tiene bastante de Björk, y lo tiene. Es una de mis artistas favoritas. Hay beats [ritmos que se repiten] que también son similares al trap, que es parte de la música electrónica. Definirme es complicado, pero yo lo resumiría en un art pop.

Vienes trabajando desde el 2017 de manera solista…

Viví tres años en la selva central, en Pichanaki. Antes de ello, tenía una banda de punk melódico, se llamó Fábula. La banda terminó y me fui a vivir a la selva central. Ahí cambió toda mi perspectiva con respecto a la música, totalmente. Empecé a escribir de una manera más personal, con la guitarra y yo. La música siempre está ahí, ¿sabes?, siempre ha estado ahí. Tenía momentos malos, pero la música estaba ahí. Decía que la música la estaba viendo como un hobby, pero no, es una pasión. Valorar la forma de expresarme a través de la música ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. 

Yo regreso a Lima con el fin de hacer un disco, que es Posguerra, y ya. Me parece muy loco. Las canciones que están en Posguerra han sido escritas desde hace tiempo también. Solo hay dos temas que se han escrito a finales del año pasado. “Si alguien pregunta” lo escribí en Pichanaki. En 2017, también saqué un EP, que se llama Una banda que no se formó, es lo-fi, hecho de manera casera. Lo escuchas y parece que le faltan instrumentos, jaja. Es una banda que no se formó. Son canciones muy personales. He estado muy acostumbrada a que saco algo y poca gente lo ve, pero salió Posguerra y me ha escrito gente famosa. Me dije “¿Qué está pasando? Solo he sacado canciones y ya”. Me hace pensar que voy por buen camino. 

¿Cómo percibiste la escena musical de la selva central? Se habla muy poco de ello

Sinceramente, ahí puedes evidenciar muchas cosas. Cuando vives fuera de la capital te das cuenta que es evidente la falta de oportunidades que existen. La carencia de interés por la cultura es evidente. He tenido muchos problemas para grabar en Pichanaki. No hay salas de música, por ejemplo. No habían lugares para ensayar y, si los había, no cumplían con una calidad óptima. Hay talento, en Pichanaki, en Satipo, en selva central en general, pero ¿cómo tomas las herramientas? 

Incluso se ve en las carreras. Había un instituto que tenía cuatro especialidades muy básicas. Yo decía “pero si alguien quiere ser diseñador gráfico, ¿qué pasa? Si alguien quiere ser pintor, músico, veterinario…”, te das cuenta de las opciones que hay y te cortan las alas. Ahí viene ese tema de la gente que se va a Lima para trabajar o estudiar. Yo lo veía. Había personas que conocía que se iban a Lima. Es difícil, porque te separas de tu familia para terminar dando parte de tu vida a trabajar y no compartir con ellos. Eso me hizo pensar mucho.

En Pichanaki también encontré bastante hip hop. Me pareció interesante, es un género que me identifica un montón. Había mucha gente que se organizaba de una manera chévere, pero no era sostenible económicamente. Es como si hiciera una reunión en mi casa y punto. La pasamos chévere, tomamos, pero ¿qué sigue después? Ese es un gran problema de muchos colectivos, inclusive aquí en Lima. La economía es un factor importante para llevar las cosas de buena manera. 

Me gustaría volver a Pichanaki. Yo tocaba en un bar covers de pop en español o en inglés. Vivir en un pueblo es muy chevere. Es el único bar allí, entonces todos se encuentran. Me gustaría volver a ir, pero tengo que concentrarme en algunas cosas para volver a hacerlo. 

¿Qué viene para Dafne Castañeda?

Ya estoy componiendo para un siguiente álbum o EP. Siempre estoy en ejercicio de componer. Tomo la guitarra todos los días, aunque sea para tocar un par de temas. También estoy más metida en aprender a producir por mi cuenta. Me emociona mucho. Siento que es muy real en el sentido de que no estoy imitando o tratando de hacer que me quieran, estoy proponiendo algo y eso siempre me ha gustado. Lo importante de hacer algo que te guste, en un sistema capitalista como este, es revolucionario, es antisistema. Vivir haciendo lo que te gusta en esta época, es resistencia. Voy a estar apuntando a eso, a expresarse en la manera que desee. 

Al próximo año hay más música, se están produciendo dos singles más. Me pueden buscar como Dafne Castañeda en Facebook, Instagram y YouTube. Posguerra está en todas las plataformas digitales. Si desean preguntarme algo, pueden hacerlo tranquilamente. Contesto los mensajes un poquito tarde, pero les contesto y aquí estamos: para hacer música.

Adriana García: Ser productora audiovisual desde provincia

Adriana García: Ser productora audiovisual desde provincia

Por Diandra García

Adriana García es comunicadora, trujillana y una mujer apasionada por la producción audiovisual. Emocionada por el próximo cortometraje que grabará junto a su equipo de Plano Errante, concedió un tiempo para conversar con La Antígona. No te pierdas esta crónica relatada por Diandra García.

“Hola, cómo te va…”, inicia el mensaje. Escribe Adriana García Benites, a quien entrevisté hace una semana sobre su camino como mujer trujillana en la producción audiovisual. En aquella ocasión, sentí que algo se escapaba de la entrevista, como si rodeáramos el tema en lugar de tocarlo. En cambio, por chat, Adriana va directo al asunto. 

“Estamos organizando una rifa para la grabación de nuestro próximo cortometraje”, explica. Son 12 premios. El mejor no está enumerado: quienes contribuyan formarán parte de los créditos. Entonces, lo supe. Eso faltó en nuestra conversación previa, el final tras el final: los créditos.

Adriana es comunicadora de profesión. Egresó el año pasado de la Universidad Privada Antenor Orrego en Trujillo. Para ella, la carrera es el corazón de su trabajo. “Todo lo que he hecho se centra en la comunicación”, afirma. Ese “todo” es realmente bastante: canto, teatro, organización de eventos, dirección y producción audiovisual.

De hecho, entre 2020 y 2021, Adriana formó parte de la productora femenina Agua Florida y el Festival Itinerante de Cine Latinoamericano Atemporal, proyecto ganador del Concurso Nacional de Proyectos de Gestión Cultural para el Audiovisual. Además, obtuvo una beca en el Programa de Formación para Cineastas Jóvenes del Festival Cortos de Vista. Estos logros acompañan el inicio de su trayectoria en la producción audiovisual, pero ¿qué la inició?

El camino de la producción audiovisual

En 2018, Adriana produjo el cortometraje La cuna de la justicia, premiado por el Festival de Cine Universitario Render. Fue un momento clave para Adriana. Allí se dio cuenta de que lo suyo era la producción audiovisual

“La premiación fue en Lima. Asistí con otro miembro del equipo, éramos los provincianitos del lugar”, relata ella. Como entusiasta y realizadora, conoce de primera mano las dificultades de hacer cine fuera de la capital. “Son un montón. Desde mi cancha, lo más complicado ha sido encontrar espacios de exhibición y aprendizaje. No tenemos escuelas de cine aquí”.

Una complicación adicional es el género. “He reflexionado mucho en torno a esto, porque la inclusión no es solo crear espacios ‘de mujeres’. La idea es que nadie se sienta excluido”, sostiene Adriana. Su trabajo le ha permitido conectar con distintas personas, perspectivas y pasiones. “Ver cómo luchan por su sueño me ayuda a comprenderme a mí misma”, confiesa.

Adriana resume el impacto que desea para sus producciones en una palabra: emoción. “Cada película es un mundo. No espero que los espectadores cambien su vida porque ven una, pero sí que se emocionen. Que se enojen, rían, lloren… ¡Hay muchas emociones!”, sonríe. Junto a unos amigos, Adriana inició la productora Plano Errante, con la que realizará su próximo cortometraje. De seguro, tan emocionante como el primero.

Los créditos para una productora

Atemporal, iniciativa en la que Adriana participa, recibió hace poco un estímulo económico del Ministerio de Cultura. Adriana cree que esto confunde a la gente. “Piensan: ‘wow, con eso tienes 10 mil ediciones más de tu festival’. ¡Pero no es así! No alcanza para valorar la chamba de todos los involucrados”, lamenta. 

Por eso, ella y su equipo emprendieron dos campañas: un crowdfunding en Atemporal y una rifa en Plano Errante. Cuando comenta lo segundo, a través de WhatsApp, soy consciente del valor de los créditos. El sector cultural es uno de los menos priorizados por el Gobierno, y más aún en zonas lejanas a Lima. Adriana, por ejemplo, no tuvo acceso a especializaciones o recursos. 

Sin embargo, se lanzó de lleno a su vocación. Entendió que quería trabajar inmersa en arte y cultura. Detrás de las condecoraciones y éxitos recientes, está ese trabajo que abarca a “todos los involucrados”: desde el crew, hasta las entidades de financiamiento y las propias audiencias, presentes también en los créditos.

Yumiko Tanabe: “Más que darme reconocimientos, el judo me ha dado compañerismo’’

Yumiko Tanabe: “Más que darme reconocimientos, el judo me ha dado compañerismo’’

Por Hiro Ramos

YUMIKO TANABE POR AELU PRENSA

Con 19 años, Yumiko Tanabe Cáceres ya sabe lo que significa representar internacionalmente a su país. Medalla de oro en la Copa Panamericana Junior 2021, la joven judoca peruana nos cuenta acerca de su lucha contra los prejuicios de género en el deporte y la empatía que este le ha enseñado. El 28 de octubre se celebró el Día Nacional del Judo, es por ello que la judoca peruana se reunió con La Antígona para comentar su pasión por esta disciplina, así como los cambios que esta ha tenido en el país.

Ella lleva practicando judo desde hace 10 años, en los cuales ha tenido experiencias que van desde cumplir con una tradición familiar hasta llegar a representar internacionalmente al Perú. Esta carrera, sin embargo, no es extraña a los retos. Al ser una mujer en un deporte de contacto, los comentarios problemáticos pueden hacerse presentes ocasionalmente. Yumiko Tanabe, no obstante, no deja que este problema la detenga, pues ella confía en sus habilidades y su entrenamiento.

¿Cómo iniciaste en el judo? ¿Qué es lo que te llamó la atención acerca de esta disciplina?

Todo comenzó como una tradición familiar; mi abuelo y mi papá practicaban judo, así que cuando tenía nueve años, me dijeron que me inscribiera en judo en el AELU. Al comienzo, no me gustó porque me daba pereza, pero con el paso del tiempo, empezó a gustarme. Los primeros campeonatos, medallas y reconocimientos me motivaban cada vez más a seguir con el deporte. Ahora, con disciplina y ayuda de mis profesores y amigos, sigo vigente, y todavía tengo para dar.

¿Cuáles son las mejores experiencias que has tenido en tu carrera?

Cuando salgo a representar ya no solo a un club, sino al país entero. Es una experiencia satisfactoria, especialmente si ganas una medalla, independientemente si es de oro, plata o bronce. Una sabe que, detrás de cada combate, hay bastante preparación, pero con el tiempo también te vas dando cuenta de lo que puedes ir mejorando.

¿Cómo has percibido el apoyo del país al deporte?

Con el paso del tiempo, ha mejorado la ayuda. Antes, solíamos tener un espacio pequeño, con cuatro máquinas. Ahora que el apoyo es mejor, tenemos colchonetas más grandes y más espacio para entrenar. También actualmente contamos con fisioterapeutas, nutricionistas y un régimen muy útil. Eso nos motiva significativamente. 

El judo, al ser un deporte de contacto, puede tener estigmas relacionados al género de la persona que lo practica ¿Has tenido experiencias relacionadas a este problema?

Practicando en Perú, no tanto. En otros países, separan más frecuentemente por géneros al entrenar, pero aquí lo hacemos de manera mixta. Sin embargo, también he presenciado este problema cuando he visitado otros clubes para clases conjuntas, en donde me han dicho que no puedo entrenar con un hombre porque es más fuerte. Son situaciones demasiado incómodas. Muchos se ríen, pero dentro de todo nos afecta.

¿Crees que entrenar siempre de manera mixta ha afectado tu percepción del deporte?

Yo siempre he tenido un punto de vista muy diferente: pienso que “si él puede hacer esto, ¿por qué yo no?’’. He visto profesores que sí han sido más problemáticos con el tema del género; me separaban a mí por ser mujer. Sin embargo, mi papá siempre me decía que si incluso hay 10 mujeres y 20 hombres, tengo que seguir adelante, porque de eso se aprende. Los dos tenemos dos brazos y dos piernas, y conocemos el potencial que podemos dar. Entonces, a veces peleo con hombres más pesados que yo, y sé que puedo rendir más, porque no se trata siempre de la fuerza, sino del grado de entrenamiento que tienes. 

Si bien mencionas que no está tan generalizado, ¿qué harías tú para contribuir a que el problema del machismo en este deporte no siga?

Una vez en un entrenamiento me dijeron “ya pareces hombre’’, en el sentido de que soy fuerte. Yo les enfrenté, diciendo que no tenía sentido lo que decían. Hoy en día, formatear ese chip es muy difícil, porque son ideas cerradas, pero es posible. Se podría tener mucha más gente que piense diferente para que personas con mente cerradas tendrán que cambiar su pensamiento, porque el apoyo a la igualdad de género será más normalizado.

¿Para ti qué significado tiene el judo en tu vida?

Me ha enseñado mucho: desde la tolerancia, la disciplina, el respeto hasta ser quien soy. Yo de pequeña era malcriada, respondona, pero el judo me enseñó valores, me cambió bastante como persona. Más que darme reconocimientos, el judo me ha dado compañerismo, me ha hecho empática. Me gustaría que más gente practique este o cualquier otro deporte, porque te da una disciplina que más adelante te da resultados que te motivan a seguir adelante por ti misma y por las personas que te rodean.

la antígona

Periodismo en Femenino

Suscríbete a nuestro Newsletter Mensual