En tránsito: una crónica íntima sobre la rectificación del género en el DNI

En tránsito: una crónica íntima sobre la rectificación del género en el DNI

Por MARCE JOAN BUTIERREZ para LATFEM

Fotos: SOL AVENA

Marce Butierrez es antropóloga, travesti e investigadora feminista queer. Es, también, colaboradora en LatFem. Hace días, recibió su nuevo documento y todas nos emocionamos y celebramos con ella. En esta crónica en primera persona, Marce cuenta cómo fue el proceso hasta lograr que el Estado argentino reconozca su identidad de género en su DNI, los obstáculos y burocracias que tuvo que enfrentar y exorciza la rabia para poder, por fin, ponerle nombre a su cuerpo.

Hay una sola idea en la que la Ley de Identidad de Género está equivocada: nuestras identidades son algo más que vivencias internas e individuales. Existen cosas por fuera de lo que sentimos, cosas que se construyen en el encuentro con lxs otrxs y que nos hacen ser quienes somos. La identidad es una relación social que nos mantiene unidxs al resto de las personas con las que compartimos, experiencias y trayectorias en común. Más allá de que mi género es un proceso de individuación muy específico, no es una construcción en el vacío, ni en solitario. Mi género está hecho con las palabras y pautas de las que dispongo en esta cultura y se hace reconocible y nombrable en el encuentro con el mundo que me rodea. 

Que la ley esté equivocada en este punto no afecta en absoluto su funcionamiento. Es de las mejores en esta materia y le ha permitido a miles de personas trans* adecuar sus documentos y consignar una identidad distinta a la asignada al nacer. F y M son dos categorías insuficientes para identificar esas vivencias individuales y autopercibidas, pero no sólo para las personas trans*. Muchas personas cis sienten actualmente una creciente incomodidad con su género y esto responde a que cómo sociedad estamos “deconstruyendo” muchas categorías y prácticas sobre las que se perpetúa el sistema patriarcal. Las mujeres y hombres de esta generación seguramente no se reconocen en las mujeres y hombres de la generación precedente y probablemente tampoco se reconocen en sus pares, porque existen una diversidad de formas de habitar esas F y M. Amalia Granata, la China Suarez, Ofelia Fernández y yo somos F. Aunque no tengamos casi nada en común, al menos tenemos la certeza de que no somos hombres. Pedirle a los documentos que den cuenta de aquella vivencia individual que nos hace distintas excede los límites del Estado. Afortunadamente, tras la sanción del decreto presidencial N°476/21, existe una tercera opción hacia donde fugar identificada con una muy criticada X.

Pararnos dentro de un género es nuestra manera de construirnos frente al mundo además como sujetos políticos. Expresar rebeldía contra las categorías se puede hacer de múltiples maneras, a veces habitándolas a contrapelo y otras fugándose de ellas. Por muchos años para mí, correrme de la M con la que mis documentos me identificaban representaba una declaración de mis principios políticos: no sabía muy bien qué era, pero estaba segura de que no era un hombre. Y con esta reflexión se inició el camino que hoy me trae aquí.

Los últimos seis meses de mi vida se trataron de mi identidad y mis documentos. De ponerle un nombre, un género y límites a esta construcción social que soy. Fueron quizás los seis meses más duros en mi vida, pero también los más importantes, los que le ponen cimiento y orden a lo que quiero construir. Esta nota va de eso, de cómo es hacer la rectificación de un DNI en Argentina, pero también de la identidad, de las políticas que se construyen en torno a ella y del problema de las categorizaciones. Al mismo tiempo habla de mi experiencia y les pido disculpas desde ya, porque este es un estilo narrativo inexplorado para mi. Esta es una extraña mezcla entre crónica y carta en donde me dejo caer un poco a oscuras.

Lo más importante que se debe tener en cuenta al momento de rectificar el sexo registral en el DNI es que en realidad lo que vas a rectificar es tu partida de nacimiento. El DNI refleja los datos contenidos en tu partida, por eso el trámite inicia con su rectificación. Existe un problema que el RENAPER podría observar en este sentido. La población trans* tiene una alta movilidad espacial, muchas personas trans* no radican domicilio en los mismos distritos donde están archivadas sus partidas, por lo cual en ocasiones deben retornar a sus ciudades natales para iniciar la rectificación. Esto sucede porque al momento de nacer, el registro civil de cada provincia anota el nacimiento y ese documento jamás se mueve de la jurisdicción. En Ciudad Autónoma de Buenos Aires esto puede evitarse si tenés domicilio en la ciudad, algo que también es absurdo ya que muchas veces las personas trans* tienen enormes dificultades para constituir una residencia permanente. En los últimos meses se suma a estos requisitos que las partidas “de extraña jurisdicción” deben tener una firma digital o legalizadas en el Ministerio del Interior.

Mi trámite tomó varios meses, casi seis. Cada uno de los pasos intermedios fue un martirio. Informaciones cruzadas, muy pocas respuestas, pocas vías para hacer el seguimiento. Si tu partida no está radicada en tu ciudad, el trámite para pedirlo demora aún más tiempo. Por momentos no sabes en dónde está tu expediente. Cuando llamas por teléfono te tratan en masculino. Hasta el último momento siempre fuiste registrada con tu nombre asignado al nacer. Vas a tener que aguantar. Muchas veces las personas no entienden de qué va tu trámite y vas a tener que explicarlo varias veces. Demasiadas. A mi lo que más me molestó en cada momento fue que me boludeen. Algunas personas cis tienen impreso el desdén hacia nosotras. Puede que no siempre sean violentxs, pero les damos una cosa entre pena y asco. Muchas veces sentí que me explicaban las cosas como a una tonta, que me mentían porque pensaban que yo me la iba a tragar. Cuando les decía que estaban discriminando, se exaltaban; no registran que esa forma de tratarte evidencia que se sienten en un lugar de superioridad. Hay que estar un poco preparada para eso, pero también alerta para cantar retruco. Hay que insistir, preguntar, anotar todo. Si yo no hubiera empujado cada momento del trámite, quizás todavía estaría esperando. De hecho, hubo momentos en que estaba aturdida y cansada, pero tenés que desbloquear ese enojo y convertirlo en algo útil.

Las burocracias estatales no están pensadas para nosotrxs. La Ley de Identidad de Género abre un resquicio que nos habilita un derecho, pero para acceder a él hay que atravesar una serie de procesos que no se imaginan nuestras existencias. Cosas tan simples como procurar llamarnos por nuestros nombres elegidos o respetar nuestros pronombres podrían implementarse en todos los pasos. El primer contacto para la rectificación puede que sea menos hostil porque se trata de la recepción del trámite en una oficina con empleadxs que conocen el proceso, pero luego nuestros expedientes atraviesan muchas instancias en donde las personas no saben cómo tratarnos. Estos son algunos problemas puntuales que pongo de ejemplo: siempre te piden el nombre “como figura en el DNI”, entonces apareces así registrada en turnos, llamados, en los sistemas de información y demás. Cuando fui al registro central me llamaron a través de unas pantallas que están a la vista de todxs y pusieron el nombre de mi DNI. Cada vez que llamé tuve que decir ese nombre. No hay forma de seguir el trámite virtualmente y si hay dos jurisdicciones involucradas, al parecer no dialogan entre ellas. En un momento del trámite yo debí ir al registro de la Ciudad de Buenos Aires, llamar desde mi teléfono al Registro de Salta  —la provincia en la que nací y donde viví hasta hace un año— y poner en diálogo al jefe de CABA con el de Salta. Un absurdo. No hay un protocolo claro para algunos casos, entonces dependes de la suerte o la buena voluntad. El decreto que habilita la X aún genera confusión y en muchos momentos equivocaban mi trámite con el de los documentos con X. Tuve bastante temor de terminar recibiendo un DNI con X, porque muchas veces lxs empleadxs del registro en lugar de preguntar, asumen. Al final de todo, cuando definitivamente tramitan tu DNI, deben adjuntar foto de tu viejo DNI cortado, roto. No sé cómo será para una persona cis, pero para mi, sumada a la incomodidad de tener un documento con un nombre y género distinto al mío, tuve que ir las últimas dos semanas al supermercado con un DNI roto y la constancia del trámite para poder pagar con tarjeta. Un montón.

Cuando inicié este proceso pensaba que podía servir de experimento y ver cómo funciona este trámite para una travesti “normal’”, que va al registro y solicita su rectificación sin más. Pero al tiempo me di cuenta que mi experiencia era única y privilegiada. Yo no sé cómo afrontaría este mismo trámite una compañera sin recursos materiales para perseguirlo, hacer llamadas, viajar a los registros, imprimir papeles. Además hay que tener sagacidad y astucia para saber por dónde entrarle a cada trámite y que puerta ir a golpear. Y sobre todo, un montón de energía emocional para tragarte los garrones y superar ese dolor. Hubo escenas en las que yo estuve más desencajada que nunca, gritando y llorando delante de perfectos desconocidos. Aunque la Ley de Identidad de Género no contempla la judicialización o patologización, la trama burocrática que la contiene termina operando como una autopsia, dónde estas obligada a desnudar tu sexo una y otra vez.

Escribo esta nota cómo un último desnudo. Es una manera de exorcizarme de esos enojos pero también de ponerle un cierre a una parte de mi propia historia. Cuando asumí hacer carne mi género y elegí este camino de incertidumbres rompí el vínculo con mi familia. No me gusta hablar de eso, pero me decepciona de maneras horribles. Sin embargo, ese simple documento de plástico que me costó seis meses de trámites y angustias también operaba en mi cabeza como una forma de clausurar el pasado. Nunca me gustó la metáfora de “volver a nacer” porque en mi experiencia siempre fui esta misma persona. Pero una tarde hablando con un amigo me preguntó qué nombres iba a escoger y si me iba a poner un segundo nombre. Yo la verdad que nunca había pensado mucho al respecto. Me había debatido lo de escoger entre una F y una X, pero la decisión fue pragmática: me interesa viajar y una F es menos lío. Mi nombre siempre fue Marce, no se si es un nombre elegido, sencillamente devino así. Entonces se me activó una fibra muy íntima y recordé el momento más bonito de mi infancia, lo cuento porque creo que quizás sirve para humanizar tanta burocracia, porque necesitamos que algo emocional se filtre entre tanto expediente.

Hace muchos años, durante una siesta calurosa en la que mi mamá no estaba en casa, me puse a revisar las cajas arrumbadas que guardaba en su habitación. Siempre me pareció fascinante revolver entre cosas viejas —no por nada estoy enamorada de los archivos—. En unas cajas de cartón polvorientas mi mamá guardaba diarios viejos, libros, unas copas de cristal que sólo usábamos en Navidad, zapatos y cachivaches. Aquella tarde encontré viejos discos de pasta. Los saqué y los puse sobre la cama y leía sus portadas. Uno de esos discos era “En tránsito” de Joan Manuel Serrat. Mi mamá adoraba a Serrat, en mi casa lo oíamos con frecuencia. Yo aún puedo cantar sus canciones de memoria. En un momento giré el disco y se cayó de entre su portada un papel, cómo en la películas. Era una carta. Mi mamá había escrito durante el embarazo una carta dirigida a mí. Me contaba cosas sobre la relación con mi padre, me deseaba cosas lindas, me hablaba con confianza de lo que sentía y de sus miedos. Hablaba sobre los nombres que deseaba ponerme. Yo, que no tenía más que 10 años, entendía cada una de esas emociones. Lloré. Guardé la carta de nuevo en la portada de ese disco y nunca mencioné nada. Durante años atesoré secretamente ese momento en que me llegaba por azar la carta que mi mamá me había escrito cuando ni siquiera había nacido. Hoy le pongo nombre a mi cuerpo con aquellas palabras: Marce Joan Butierrez, en tránsito.

#DNI #LeyDeIdentidadDeGénero #Argentina #Identidad #LATFEM

 Chonon Bensho: “En las ciudades veo mucha superficialidad”

 Chonon Bensho: “En las ciudades veo mucha superficialidad”

Por Noelia Carrazana y Claudia Castro

Chonon Bensho, artista ganadora del XII Concurso Nacional de Pintura del BCRP, conversa con La Antígona para hablar de arte en diferentes comunidades.

El 7 de febrero el Banco Central de Reserva del Perú anunció como ganadora del primer premio del XII Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), a la artista Chonon Bensho por su obra “Inin Paro” (El río de los perfumes medicinales), elaborada con técnica de bordado de hilos sobre tocuyo. 

Chonon es una artista de 29 años, perteneciente a la nación shipibo-konibo. Esta nación se encuentra en los departamentos de Ucayali, Madre de Dios, Loreto y Huánuco. Según datos obtenidos por el Ministerio de Cultura, la población en las comunidades de este pueblo se estima en 32,964 habitantes, siendo uno de los más numerosos de la Amazonía peruana. 

El arte de esta cultura es su principal característica. La vienen desarrollando desde hace siglos. Sus textiles, cerámicas, bijouterías y tallados son muy característicos y llamativos. El arte shipibo se caracteriza por tener las formas geométricas que dibujan en sus pinturas o bordados. A esta práctica de pintar, bordar o tejer los shipibos la denominan como kené, palabra que en su lengua, significa diseño.

Si bien los shipibo son conocidos por las diferentes características de sus diseños, como todos los trabajos artísticos que provienen de las comunidades indígenas, muchas veces no son considerados arte, sino artesanía. Mucho menos son valoradas y premiadas estas obras. Hablamos con Chonon para que nos comente su perspectiva al respecto, así como de su cultura y comunidad. 

¿Quién es Chonon Bensho?

Me llamo Chonon Bensho. Significa golondrina de los campos medicinales, soy de la comunidad nativa de Santa Clara de Yarinacocha, Ucayali, Perú. Soy artista visual. Este año he ganado el XII Concurso Nacional de Pintura. Estoy muy contenta de haberlo ganado. Soy la primera mujer indígena que lo ha conseguido, que me reconozcan artista, para mí es una alegría. Y que nos reconozcan así, como artista.

¿Cuántos años tenías cuando ingresaste a la escuela de arte y por qué?

Cuando tenía 22 años entré a la escuela de Bellas Artes de Pucallpa, que queda cerca de la comunidad.  Cuando ingresé no sabía pintar, no sabía las perspectivas, pero sí sabía hacer cerámica, bordar y las mostacillas. Para poder conectarme con la pintura me esforcé bastante. Fue algo nuevo porque nunca había tocado ni un pincel. Gracias a las enseñanzas aprendí sobre la pintura, lo que hago ahora es equilibrar mi arte y mi conocimiento ancestral con este conocimiento que me enseñaron en esta escuela.

Lo que me hizo salir adelante fue que siempre tuve presente a mis abuelos. Comencé a trabajar con los conocimientos de mis ancestros desde que me comenzaron a curar con las plantas. En la niñez y juventud nuestras madres nos enseñan a hacer los diseños para no perderlos y tenerlos siempre presentes. Como mujeres indígenas, necesitamos salir de nuestras comunidades, conocer otras culturas y tener esa unión con otras personas, que nos valoren a nosotros. 

¿Para ti qué es arte y artesanía?

Cuando mi madre vendía, veía artesanía. Lo que hacían mis abuelas, veía que no era simple artesanía. Era algo que ellas sabían que otras personas no podían hacer. Era arte que se expresaba desde el fondo de sus corazones. Eso no lo puede entender la gente que ve de lejos. Ellos lo ven como artesanía porque no están ahí presentes, cuando ellas construyen sus propias artes.

¿Qué es lo que quieres mostrar en tus obras?

Lo que yo hago es político, pero a su vez, sin violencia. Es una política con amor, con transparencia, que muestra la belleza de los abuelos. Así podemos lograr una armonía a base de una política en la que este concepto tenga amor, comprensión, diálogo, equilibrio y el respeto a todos los seres que nos rodean. 

Como indígenas que somos, nuestros abuelos siempre han sido personas que respetaban la naturaleza. Tenía este contacto, diálogo y comprensión.  Los abuelos mostraban su humanidad y el respeto hacia los demás, no importa si eran peces, animales o árboles. Mi trabajo es básicamente eso: respeto, unión y complementación entre nosotros.

¿Cómo es el comportamiento en la comunidad? ¿Qué sientes cuando personas de afuera visitan tu comunidad?

Hay mucho machismo en las comunidades, por más que las mujeres estamos saliendo adelante. (Además) es mucho el alcoholismo. Lo único que quieren es tener una moto y hacer bulla sin respeto hacia el prójimo. En las ciudades veo mucha superficialidad. Hay mucha desconexión con uno mismo. Lo peor y lo triste es que no hay ese respeto hacia los abuelos. 

Cuando un antropólogo llega y expresa nada más lo que él siente. Empieza a escribir sus propias ideas. Hablan y dicen con sus propias palabras: “Yo investigué esto, yo hice esto…yo y yo”. No hay esa persona que le está diciendo, sino que el antropólogo va y dice “yo hice eso, yo conocía a esta persona”. No escuchan a los abuelos, no los hacen hablar a ellos. 

¿Por qué son tan importantes los abuelos?

Ellos guardan muchos conocimientos. Los pueblos indígenas no somos mejores que otros. Tenemos lo bueno y lo malo, pero siempre hay que rescatar lo bueno que nos pueden enseñar. Cuando no están los abuelos siempre están en nuestros sueños.  Estos se vuelven puros porque desde allí nos siguen enseñando.

Comencé a trabajar con los conocimientos de mis ancestros cuando me comenzaron a curar con las plantas desde que nací. En la niñez y juventud nuestras madres nos enseñan a hacer los diseños para no perderlos y tenerlos siempre presentes.

¿Qué piensas que genera tu arte en la gente?

Muchos a veces me han preguntado ¿por qué tu trabajo es tan simple? Yo digo que en ella expreso mi corazón, mi alma, no puedo enredarme. Soy libre y no vivo en diferentes mundos. Yo me expreso de tal manera, y si a alguien le parece mi sencillez muy aburrida, qué puedo hacer. También hay personas que se conectan, cuando van a mis muestras  me agradecen y dicen que se han conectado y que se sienten bien.

¿Cuánto tardas en realizar tus obras?

Si hago una pintura de dos metros y medio por dos, tardo como 6 meses. Siempre hago a mi ritmo, eso en  pintura y dibujo. En el bordado sí me demoró bastante, lo haces más calmado, no es como en la pintura. En un bordado de 2 metros por dos, demoro un año. Es muy trabajoso, pero al mismo tiempo es algo que lo haces con todo tu corazón y que salga lo mejor de ti. Lo bueno es que cuando te conectas con eso, te sientes aliviado de expresar lo que llevas dentro.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

Ahora estamos haciendo la reforestación con mi familia. Hace como 10 años hemos empezado con mi esposo y después se unieron mis hermanas para ayudarnos. Esperemos que nos vaya bien con la reforestación y con los trabajos que seguimos haciendo. Mi abuelo sin querer se puso a criar vacas para que sus hijos vayan a la universidad, entonces cortaron árboles, sacaron todo y ahora estamos reforestando de nuevo.Algunos árboles que hemos sembrado ya están grandes y me alegra bastante. Vienen de nuevo los monitos a comer fruta. Es algo que mi mamá siempre quiso. Particularmente a mí me encanta sembrar plantas y  flores.

También este año tengo una exposición junto con mi esposo en el Centro Cultural de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Para el 2023 tengo otra exposición.

#chonon #bensho

#art #artdesing #arte #artecontemporaneo#arteperu #artperu #culturalcenter #dibujo #expoarte #peruvianart #chononbensho

Rosita Charaja: “El arte es un reflejo de lo que soy”

Rosita Charaja: “El arte es un reflejo de lo que soy”

Por Antuané Pizarro

Fue parte del comercial “Empoderamiento y emprendimiento” de Anaflex Mujer NF (Instagram: unicornioazulx)

Ilustradora arequipeña de 21 años. Se considera artista autodidacta y estudia Publicidad y Marketing. Rosita Charaja Quintanilla comparte su arte mediante las redes sociales, en las cuáles firma como Unicornio Azul. Apareció en comerciales televisivos, al igual que participó para la editorial Planeta. Ella nos habla sobre el proceso y evolución de sus ilustraciones, de las experiencias que tuvo al tratar de temas controversiales y sobre la visión que percibió de la sociedad al elegir una carrera artística.

Inició en el arte desde pequeña. A la edad de cinco años, dibujaba sobre cuentos que leía su madre y ese camino de la ilustración se convirtió en su sueño. Sin embargo, su padre frenó sus ideas al decirle a su profesor de primaria que su hija ‘no se puede dedicar a esto’. Rosita omitió ese comentario y continuó en ese mundo. “Ha sido un desarrollo de muchos años y también un proceso de aceptación.

Distintos reconocimientos en concursos fueron como una muestra para mi papá de que algo andaba bien, que me estaba encaminando bien, que tenía una idea de lo que yo quería ser como artista. Porque ese era su mayor miedo: que yo empezara a pintar, pero que no tuviera ni un plan”. Lo recuerda como una anécdota graciosa. Aquellos momentos donde, entre lágrimas, decía: “Mi hija, yo la acepto, yo sé que va a vivir una vida muy dura, pero yo la acepto”, y ella respondía con un “Ay, papá, ¿qué crees que estoy haciendo?”. Pero comenta que ya superó esa etapa de crisis, aunque aún mantendrá temores del futuro de su hija. “Siempre va a ver ese miedo, esa inseguridad muy dentro de él. Actualmente, se siente muy orgulloso, se siente muy feliz”.

La elección de carreras artísticas en el Perú puede generar incertidumbre en los padres, pues a veces se llega a valorar más las carreras universitarias tradicionales. Rosita considera que la educación está sistematizada para cualquier carrera que está dirigida al arte, porque desde pequeños “nos insertan en la cabeza que no es algo que la gente tome en serio”. Además, añadió que en muchos colegios pueden incluir talleres de pintura, teatro, danza, música y más, con el fin de demostrar que ellos apoyan el arte dentro de los niños, pero en el camino se contradicen porque “te enseñan a regalar tu trabajo”. “Me pasó muchas veces en los últimos años de secundaria. Hacía retratos muy bonitos que me tomaban semanas, meses, pero llegaban las maestras y eran como ‘regálame uno’. Eso no se lo vas a pedir a un arquitecto, ¿no? ‘Regálame el plano de una casa’ o un doctor ‘regálame esta cirugía’”. 

Y no solo se reduce en la escuela, sino en un pensamiento general de las personas que nos rodean. Por ejemplo, tuvo compañeras que minimizaban sin querer su trabajo o carrera. “Decían ‘Pucha, es que tú nada más pintas en tu escritorio, yo tengo que leer full libros o tengo que ir a trabajo de campo’ y yo de ‘oye, ¿tú sabes cuánto demora crear una idea, un concepto para un cuadro, una campaña o un audiovisual? O sea, ¿tienes idea de cuánto se invierte, cuánto es el cansancio de tu vista, de tu espalda?’”. Por eso, considera que las personas aún tienen esa idea en la cabeza, de que quienes eligen el arte lo hacen porque es un camino ‘más fácil’, sin conocer el proceso detrás. “El trabajo del arte tiene doble chamba, porque el artista es muy emocional; entonces muchas veces tiene insertado en el trabajo no solo su cerebro, sino también su corazón”. 

El temor de su padre no le impidió seguir adelante con su sueño de ser ilustradora. (Instagram: unicornioazulx)

Crecimiento de una artista: “La ilustración siempre debe tener un mensaje y un objetivo”

El trabajo que realizó Rosita para llegar hasta donde está actualmente no lo hizo sola. No tenía contactos que la ayuden o un nivel socioeconómico que le facilite el camino, pero sí tenía y tiene a su familia. “Siento que si mi madre no hubiera decidido a los 12 comprarme una tableta gráfica, yo no estaría donde estoy, no habría empezado con el arte digital nunca. He tenido apoyo de mis padres hasta cierto punto”. Adicionalmente, la globalización también generó que llegue a más personas. Compartir sus ilustraciones en Internet fue una puerta para que conocieran su trabajo y pueda crear contactos con grandes marcas. “Proyectos como el comercial de Anaflex, exactamente hace un año que salió, me contactaron porque habían encontrado mi TikTok en su feed, les gustó y me llamaron. En Inca Kola igual, encontraron un hashtag que he utilizado de ilustradora arequipeña hace tres años, lo encontraron el año pasado, vieron mi trabajo, les gustó y me contactaron también. Igualmente la editorial Planeta me contactó por Instagram”. 

Empoderamiento y emprendimiento de Anaflex Mujer NF
Celebra nuestras diferencias de Inca Kola

A veces, parece fácil cuando se ven los resultados. Visualizar un par de piezas artísticas solo demora segundos para darle like en las redes sociales, pero el proceso detrás de toda la idea no demoró esos mismos segundos, ya sea una publicación en redes o una campaña con empresas reconocidas. “Parece fácil cuando ves el trabajo final, porque ves solo una pintura. Pero no tienen idea de cuántos cambios, bosquejos, versiones, paletas de colores se ha probado, de todo. Hay miles de cambios, hay miles de opciones, diferentes puntos de vista; sobre todo cuando trabajas en equipo, porque uno siempre va a tener una perspectiva distinta del otro. Entonces, el trabajo final claro que vale la pena, pero la gente no se da cuenta del nivel de planeación que hay detrás de todo”. 

Participó en la ilustración de “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes” de Planeta. (Instagram: unicornioazulx)

Si alguien revisa todas las piezas que realizó Rosita, podrían notar que hay un cambio de artistas y personajes de películas sobre diversos temas sociales. “Cuando yo empecé a madurar, conocer un poco más de Internet, es cuando empecé también a entrar a grupos de movimientos sociales, como es el feminismo y la comunidad LGBT. Fue cuando empecé a descubrirme como persona y mujer. Cada que algo repercute en mi vida, lo tomo para mi arte. Es una mezcla de lo que mi persona y mi personalidad empezaron a desarrollarse desde que era una adolescente”. Pero gracias a la carrera que estudia, pudo definir mejor lo que quería expresar mediante su cuenta pública. “Hasta hace unos tres, cuatro años lo que dibujaba era lo que me daba la gana: yo no tenía una constancia en mi arte. Entonces, llegué a un punto de sentir que mi arte era muy vacío, porque no llevaba un camino, no llevaba un porqué. Eso lo aprendí con el tema de la ilustración, porque la ilustración siempre debe tener un mensaje y un objetivo”. 

Rosita no deja su esencia de ser ella misma. Muestra lo que le gusta, interesa, siente, cree, defiende y los grupos donde pertenece, sin dejar de lado que hace ilustraciones con las que otras personas (tal vez) se sentirán interesadas. “Cuando empecé hacer ilustraciones sobre feminismo, que me ayudaba mucho también a hacer catarsis, llegué a recibir muchos comentarios de odio, muy negativos, en dónde me llamaban con apelativos que ya conoces para las feministas. Me llamaban exagerada, me decían que las mujeres eran culpables, lo mismo como persona perteneciente a la comunidad LGBT. Pero también me di cuenta que en el camino me encontraba a personas que me decían ‘gracias, porque yo no sé cómo expresar esto’ y comentarios así fueron los que me llevaron a continuar

Limitaciones personales: “Yo me acepto como soy y acepto a los grupos en los que estoy”

Expresarse en redes sociales a veces tiene un riesgo: no existe un límite entre la vida pública y privada. Rosita nunca ha pensado en limitarse, siempre se muestra tal cual es. “Mi arte siempre he querido que sea sincero y siempre me ha gustado que sea más sincero que llamativo (de una forma negativa). Hay veces que he visto trabajos que siento que son netamente para llamar la atención, y que en realidad tiene un mensaje completamente distinto. Entonces, siento que mi límite entre hablar de cómo soy y hablar de lo que siento está en si busco realmente tener una comunicación entre mis seguidores y yo para romper esa barrera o querer simplemente una forma de generar engagement en mi página”. Sin embargo, los comentarios negativos no se detuvieron. “He llegado a hacer un par de ilustraciones crudas que han tenido mucho furor por verse muy negativas, cuando en realidad son de temas que de por sí ya son crudos en la sociedad, como es la violencia de género y el feminicidio. Personas desde su burbuja me dicen ‘tú eres una exagerada’, ‘¿cómo vas a mostrar esto con tanta crudeza?’, ‘esto es mentira’. Yo no estoy exagerando y lo sé.Sé que mi meta mostrando ese trabajo es que la gente se dé cuenta, no que la gente inicie una pelea”.

Ilustración sobre la historia de Medusa. (Instagram: unicornioazulx)

Aunque en la actualidad no se limita en su arte, anteriormente sí omitió un sentir que surgió desde que era más pequeña. Desde hace unos años, luego de ir a terapia y conversar del tema, reconoció que pertenece a la comunidad LGBTIQ+. “Siento que estas limitaciones iban mucho también por la situación en la que yo me encontraba en ese entonces. Como soy una persona que se ha abierto mucho, ha mostrado su rostro en redes, en videos hablando, conversando con las personas, siempre hay ese miedo de que te sientas expuesta de una manera negativa. Pero eso lo sentía mucho cuando era más pequeña, más joven y cuando no tenía armas con qué defenderme; con armas hablo de mi personalidad y mi nivel de madurez”. Lo supo aceptar y ya no teme hablarlo abiertamente. “Yo me acepto como soy y acepto a los grupos en los que estoy, en las comunidades en las que me encuentro”. 

Hay temas personales que se atrevió a hablarlo luego de muchos años. Por ejemplo, hay una publicación en su Instagram donde ilustra lo que vivió dentro de su escuela, sobre los comentarios de sus compañeras ante su sentir a corta edad y el cómo tuvo que reprimirlo porque era ‘incorrecto’. “Como repito siempre, ‘mi arte es un reflejo de mi persona’ y mi persona en ese tiempo no se sentía lista para conversarlo. Ahora siendo una persona adulta que va a terapia, que ha hablado de estos temas y ha ayudado a sanarse; conversarlo, afrontarlo y asimilarlo, se ha sentido lista para poder dibujar sobre eso. Para poder ilustrarlo y para poder mostrarlo al mundo. Y justamente en esa ilustración, que sí tuve mucho revuelo sin querer, porque solo era una carta sincera abierta al público”.

Por esa ilustración, le llegaron mensajes de compañeras. Algunas deseándole bienestar, otras disculpándose porque no sabían de sus sentimientos de ese momento y más donde expresaban que pasaron por lo mismo: callarse. “Era ver personas adultas abriéndose como niños”, mencionó. Y no se salvó de mensajes malintencionados, de aquellos que creen conocer la vida de todos. “Señoras y señores diciendo que me victimizaba, que se me notaba que tenía heridas no cerradas, que yo vivía en el pasado. Era como ‘a ver, mi objetivo para mostrar este tema no es mostrarme como una víctima ahora, pero en su momento yo sí fui una víctima. Soy una persona que fue víctima y quiere afrontarlo. Y si lo hablo de esa manera es porque yo ya maduré, ya crecí, porque fui a terapia y lo puedo decir’”. Además, su mensaje llegó a padres y hermanas mayores que vieron reflejada a Rosita en sus hijas, hijos, hermanas y hermanos. “Habrá personas que se den cuenta del problema con tu ilustración y habrá personas que lo van a negar y te van a echar la culpa a ti”. 

Luego de ir a terapia y conversar sobre lo que sentía, pudo expresarlo mediante sus ilustraciones. (Instagram: unicornioazulx)

Sueños y consejos: “Me veo viajando y egresando para también sembrar algo de arte aquí”

La pequeña Rosita, la niña de cinco años, cumplió el sueño de ver sus ilustraciones en libros de cuentos, pero ¿qué espera la joven Rosita? “En el tema de los estudios, me gustaría especializarme, tener una base de estudios en todo. La ilustración es súper amplia, entonces a mí me gustaría estudiar algo que me ayude a complementar, desarrollar mucho este trabajo, porque yo soy autodidacta”, explicó. Tiene gratos recuerdos de sus maestras de arte, quienes les enseñaban a pesar de las limitaciones de la propia escuela. “Agradezco porque tuve la suerte de tener maestras que tenían vocación y que vieron en mí -y no solo en mí, también muchas compañeras- talento y se salieron de la regla”. 

Como artista, se ve viajando y conociendo el arte desde otras perspectivas. “Me gustaría darme el gusto de estudiar en Lima y, si tengo la oportunidad, llegar a estudiar en el extranjero. No porque crea que en el Perú no hay oportunidades o que tengo que estudiar en el extranjero para tener un nivel, sino porque definitivamente creo que cuando tú conoces más, puedes empezar a dibujar y mostrar más. Porque tu perspectiva de las cosas se amplía mucho”. Desea ampliar su visión del arte para poder tener más herramientas con las que se desarrollará en este mundo artístico. “De momento, me veo viajando y regresando para también sembrar algo de arte aquí”. 

Al conocer un poco más sobre Rosita, se podría deducir sobre la frustración que ha podido sentir en todo el camino para llegar a donde se encuentra. Además, sabe que no es ni será la única a quien le llegarán comentarios de todo tipo que querrán limitar el arte de cada persona. “La vida de un artista siempre va a ser subidas y bajadas, hasta que descubra lo que le gusta y para qué está hecho. Para ese camino cuesta tiempo, esfuerzos, ‘cagadas’; arruinarlo, descubrir cómo solucionarlo. Cuesta saber cómo sobrevivir y cómo ser constante; entonces, es seguir, continuar, no dejarlo porque no lo lograste una vez”, aconsejó. Además, destaca que la constancia es más importante que el talento, ya que es un trabajo continuo. “La gente siempre piensa y me ha pasado el ‘es que tú has nacido con el don’”. A lo que ella responde entre risas: “Sí, señora, pero el don me ha costado 21 años. No he nacido agarrando un pincel, no he nacido agarrando mi tableta gráfica con mi laptop pequeña siendo un feto”.

“Cuando eres artista en una sociedad en donde ser artista no es convencional, te vas a tener que esforzar más para demostrar que puedes lograrlo”, fue una idea que explicó mientras hablábamos del anime ‘Your Lie in April’. (Instagram: unicornioazulx)

Para Rosita Charaja, conocida como ‘Unicornio Azul’, el arte es una forma de expresión. No está dirigido únicamente a raíces o corrientes, sino a una conversación. Defiende que los artistas usan el arte para expresar todo lo que no pueden decir de forma convencional. “Yo siento que el arte es una conversación y es una conversación abierta a cualquiera que quiera unirse. Y no tiene límites”. Ella nos invita a esta conversación que inicia de forma frecuente en sus redes sociales, en donde se expresa abiertamente y no teme ser quién es, pues Rosita ya no es la niña que lloraba al hablar de ciertos temas, sino que es una adulta que puede defenderse y afrontar cada experiencia. 

Kelly Aliaga: “Soy un joven en pandemia”

Kelly Aliaga: “Soy un joven en pandemia”

Por Adriana Velásquez

Kelly Aliaga solo tenía 17 años cuando el mundo se detuvo debido a la pandemia por covid-19. Este año, cerca de cumplir 20, apostó por componer sus propias canciones y lanzarlas por sus redes sociales. Sin esperarlo, su primera canción Joven en pandemia, obtuvo más de 700 mil reproducciones en TikTok y más de 13 mil en Spotify. Una canción que le ha permitido conectar con personas alrededor del mundo que comparten su sentir al haber vivido los primeros años de juventud en el confinamiento. 

“La canción la compuse un poco como en broma. Yo solía hacer canciones para mi grupo de amigos del zoom que conocí en la pandemia. Lo hacía para molestarlos y pasar el rato. Un día quise hacer una canción para desahogarme. No la tomaba en serio, la escribía y luego la dejaba de lado, pero hubo una ocasión en la que me sentí muy mal y decidí terminar de escribirla.

Empezó el 2022 y me chocó bastante asimilar que este año cumplo 20, porque cuando inició la pandemia yo tenía 17 años. Y sentía que todo estaba pasando muy rápido. Así que agarré un papel y puse todas mis metas del año. Entre esas metas estaba componer 10 canciones. 

Joven en pandemia es la canción más honesta que he escrito, por eso la saqué primero, y con sacarla me refiero a subirla en Tik Tok. Yo creí que lo iban a ver 5 personas, pero pasaron 2 horas y ya tenía como 10 mil visitas. Yo me aloque. Nunca había tenido una interacción tan masiva. Me impresionó bastante ver que la gente estaba compartiendo la canción porque realmente es algo que les marcó.

Yo trato mis canciones como si fueran mi diario personal, por eso me daba cosita compartirlo, porque es algo íntimo. Pero cuando la gente se empezó a identificar con la canción, me sentí muy humana, sentía que no estaba conectando con una pantalla, sino que estaba relacionándome con personas que no conocía pero que podía conectar con ellas en un nivel más profundo. Y eso me marcó muchísimo. 

Para mí la pandemia ha sido un proceso total de reconstrucción. Siento que he crecido y he aprendido bastante. Si a los 17 años me dijera a mi misma, ‘Oye cuando tengas 19 vas a estar en una pandemia mundial y por fin te vas a animar a escribir canciones’. Me daría mucho miedo porque en ese entonces dudaba mucho de mi potencial. Y el hecho de que me sienta más segura ahora es porque he tenido tiempo de reflexionar sobre mi vida.”

Natividad Llanquileo: de vocera y defensora del pueblo mapuche a constituyente

Natividad Llanquileo: de vocera y defensora del pueblo mapuche a constituyente

Por Claudia Castro y Noelia Carrazana

Natividad Llanquileo. FOTO: Facebook.

Desde julio de 2021 en Chile, comenzó a sesionar la Convención Constituyente, órgano encargado de la redacción de la nueva Constitución Nacional. Se encuentra integrada por 17 representantes de los 10 pueblos originarios reconocidos en el país. La nación mapuche, uno de los pueblos indígenas más representativos de Chile, cuenta con siete escaños, de los cuales uno le fue otorgado a Natividad Llanquileo.

Natividad Llanquileo Pilquimán tiene 37 años y se reconoce como una mujer mapuche y campesina. Nació y se crió en la comunidad mapuche Esteban Yevilao de la comuna de Tirúa. Es abogada de la Universidad Bolivariana y diplomada en Derechos Humanos, Políticas Públicas e Interculturalidad por la Universidad de la Frontera.

Natividad, es vicepresidenta adjunta de la Convención Constituyente de Escaños Reservados del pueblo mapuche a partir de la última elección que se llevó a cabo el 6 de enero de este año.

Llanquileo es una activista por los derechos humanos, quien tomó notoriedad en 2010 al asumir el rol de vocera de la extensa y dramática huelga de hambre de presos políticos mapuche en penales del Bio Bio, todos vinculados a conflictos territoriales con el estado chileno, incluyendo a dos de sus hermanos que se encontraban encarcelados.

¿Quién es Natividad Llanquileo?

Yo siempre me he identificado como una mujer mapuche. Vengo de una familia mapuche. Toda mi vida fue en base a lo que fue la crianza en el campo, de una comunidad rural con seis hermanos. Mis padres, ambos mapuches también, con una historia de hartas dificultades, porque mi familia estuvo en contra de la dictadura cívico militar en Chile en el año 1973 en adelante, la cual le tocó vivir una situación muy dura. 

En ese periodo, mi familia tuvo que asumir, producto de que se le habían quitado las tierras, los procesos de restitución de tierra, de reclamos de tierra desde el 90 en adelante. Entonces, como que esto no paró y sigue hasta el día de hoy. De una historia de alta movilización, de protesta, de reclamos, de reivindicación de derecho que siempre se nos ha negado. Así que me identifico con eso, con una historia familiar. Para algunos, podría ser bastante difícil, para mí es parte de lo que tenemos que hacer.

Se puede decir que, de alguna manera, has heredado todo lo que fueron sufriendo tus padres y tu comunidad… 

Y efectivamente. Igual, cargo con una historia que la mayoría de la gente lo carga. Yo desde el campo, y otros también desde la ciudad.  Vivimos en un país y en una sociedad que es bastante individualista por una parte y, por otra, también el sistema capitalista que nos rige alrededor del mundo. 

Acá en Chile, son siete las familias más ricas y que son dueñas del país y el resto de la sociedad sigue mirando. Y quiénes nos dimos cuenta y quienes nos hemos dado cuenta de eso, creo que lo hemos tomado como parte de nuestras vidas. Como lo que tenemos que hacer. 

Lo que nuestros abuelos hicieron, lo que nuestros padres hicieron, lo que ahora nos toca hacer para también defender los derechos de las futuras generaciones. Entonces, como a nosotros algo nos dejaron, tenemos la obligación también de dejarle algo al futuro, a la gente que nos sigue, y en especial énfasis, en esta relación que nosotros como pueblos indígenas tenemos con nuestra tierra, con nuestros territorios. No los vemos como solo un recurso, sino que tiene que ver con una relación mucho más estrecha. Como que somos parte también de ello.

En el caso del mundo mapuche, la palabra mapuche significa “gente de la tierra”, entonces hay una vinculación bien importante ahí.

¿Cómo asumís esa responsabilidad?

Yo no lo asumo de por vida. Por lo menos en 10 años más, en 15 años más, seguramente vamos a estar en lo mismo. Porque, mientras siga este sistema que es depredador, extractivista, capitalista, vamos a seguir en la misma. Uno no ve cómo habrá un cambio.

Yo por lo menos lo he asumido así. Creo que es lo mejor también para no sufrir, como se dice. Es lo mejor que uno puede hacer, asumir que les toca algo difícil. Que también contribuye no solamente dentro del tema indígena, sino también todo lo que significa la forma distinta de ver la vida, y que eso nos va a llevar. 

Estamos ya en una crisis ecológica mundial. Además, estamos en un sistema producto también de este sistema que es extractivista, donde no se mide nada. Y eso nos va a llevar a consecuencias que no solamente van a afectar al indígena, sino también van a afectar a todos los habitantes de los territorios. A veces, no se logra comprender eso. Y producto de toda esa injusticia, uno aprende a conocer el otro lado. 

En mi caso particular, salí a los 14 años de la casa a estudiar. Me fui a un internado. Con posterioridad también me fui a estudiar a Santiago, donde estoy actualmente, en la capital de Chile. 

¿Por qué decidiste estudiar Derecho?

Estudiar Derecho lo elegí  producto de toda esta injusticia, porque era necesario también conocer el otro lado. A medida de que transcurrieron los años y como varios jóvenes indígenas se han ido a estudiar a la ciudad, se ha ido avanzando en la discusión respecto de los derechos que se nos están negando. Entonces, había un reclamo mucho más argumentado. 

Nos hemos metido también dentro del sistema, por decir algo. Aunque nos cuesta igual estando dentro, pero que ha permitido avanzar en algunas oportunidades. Por ejemplo, un hecho específico: cuando una persona está detenida, nosotros tenemos la posibilidad de poder ingresar a los lugares, a los centros de detención, cosa que antes no pasaba. 

Esto ha permitido avanzar también en términos de modificación de ley, nos han permitido poder estar en ese espacio, cosa que no pasaba con anterioridad. Porque pasaban a veces 10 días incomunicados los detenidos y antes de la reforma procesal penal, nadie se enteraba. Solo había un abogado que tenía que dirigirse a todos lados, y hoy día, en ese sentido, hay muchos más profesionales que podemos hacer ese trabajo. 

Se dio también que nosotros lo pudimos visibilizar en el estallido social en Chile, donde nos agrupamos como abogados, indígenas y no indígenas, para poder asistir a las comisarías, que son los lugares donde van los dirimidos por primera vez. 

Eso ha sido un poco de todo lo que hemos tenido que ver. Asumimos que es parte de nuestras vidas; o sea, lamentablemente hemos normalizado algo que no es normal.

Sabemos que los pueblos originarios han tenido una vinculación con la naturaleza desde el respeto. ¿Cómo ves que es el pensamiento de los gobiernos y empresarios para no tomarlos en cuenta y no respetar los derechos de los pueblos?

Yo creo que su pensamiento, la verdad, es bien macabro. Saben perfectamente lo que están haciendo. No lo subestimaría, tiene que ver, en realidad, con seguir degradando; o sea, para ellos lo más importante es el dinero, y van a hacer cualquier cosa con tal de obtener más y más dinero. 

A los empresarios no les importan las personas, solo pensar en las condiciones laborales en las cuales están la mayoría de los ciudadanos, son pésimas. Tenemos un sueldo que no alcanza hoy en día. Todo esto también produjo el estallido social.

En ese momento, se dio el aumento del metro a 30 pesos y ya no alcanzaba. El empresario ha hecho lo que ha querido. Y esto es quizás a nivel mundial, a nivel global. No es solo de Chile.

Imagínense que en Chile tenemos un presidente que es empresario, y uno de los más ricos del mundo. Entonces, a esa persona, a ese presidente ¿le va a importar las personas o les va a importar su billetera? Esa es la pregunta que uno se debería hacer frente a esta situación. No les importamos. 

Para ellos somos cosas, somos objetos, somos sus trabajadores, somos sus empleados y ese empleado. Si ellos nos pudieran tener como esclavos, nos tendrían como esclavos.

Afortunadamente, también eso ha avanzado en el mundo del Derecho. Por eso, no lo hacen, pero ellos perfectamente si lo pudieran hacer nos tendrían como tal. Porque no les importamos, y además se hacen cargo de una labor pública como es la administración del Estado, donde ellos no deberían estar. Por ningún motivo, debiera llegar un empresario, porque los intereses que tienen al gobernar un país van a estar relacionados con su interés personal de ganancia.

¿Cuáles son las problemáticas que encontrás hoy en el territorio mapuche?

Hoy en día, tenemos un problema tremendo a nivel global, que es el agua. ¿Por qué está esto? Nosotros tenemos acá la presencia de las empresas forestales en nuestras comunidades. El monocultivo de pino y eucalipto. Y los suelos están absolutamente degradados. 

Hay falta de agua; o sea, en el verano y casi en el invierno se reparte el agua con camiones en comunidades donde antes existía mucha agua, y producto de este, y de la plantación de este monocultivo es que, finalmente, hoy día nos estamos quedando sin agua. Y hay otros que acaparan el agua, porque además en Chile el agua es un negocio.

¿Podés explicar cómo es la relación que tienen las comunidades mapuches en relación al valor que se le da al territorio y al agua?

Sí. Nosotros hablamos mucho del territorio. El territorio para nosotros es el todo, es un todo. Son las montañas, los ríos, las aguas, son el subsuelo y ellos separan todo. Se separa la tierra del subsuelo, de la atmósfera, del territorio marítimo. Del territorio, desde las montañas, las cordilleras. La legislación occidental tiene una regulación distinta.

Entonces, ¿cómo se separa todo? Si bien es cierto que el agua en alguna legislación está reconocida como un derecho fundamental, en Chile también tiene una regulación. Pasa que a nosotros nos quitaron todo, incluso la educación cívica. Entonces, no sabemos lo que implica. 

Por ejemplo, el cambio de una Constitución y lo que implican los cambios de legislaciones. La gente no tiene mucho conocimiento respecto de sus derechos. Y en el tema del agua tampoco existe mucho conocimiento respecto a cómo funciona. Entonces, como no se sabe, los que tienen el conocimiento son los que inscriben sus derechos de agua, son los que se hacen propietarios del agua. 

Por ejemplo, para una persona indígena o mapuche es muy difícil decirle que tiene que inscribir su agua, porque está separada y que el subsuelo no le pertenece. Si encuentras algún mineral, ahí va a ir el Estado, y son los van a sacarlo y da lo mismo que tenga un título respecto de esa tierra.

Como ellos conocen, hacen lo que quieren y el agua en Chile es un negocio, el cual está acaparado por unos pocos, por los que conocieron la legislación en sus inicios, y el resto está mirando. Además, se tiene que hacer cargo el Estado de entregarle esta agua a través de camiones, que además se lo compran a un empresario. Se lo compran a un empresario que luego va a las comunidades. Se entrega una vez a la semana, y a los días siguientes, el agua se pudre porque son aguas estancadas. Con este sistema, a la gente no le está alcanzando el agua como para pensar en la agricultura. Es complejo hoy en día, y eso significa no tener alimento.

La situación cada vez está siendo más compleja, y como eso está pasando, nos encontramos en un proceso constituyente, donde tenemos la obligación de dejar estos derechos como derechos humanos fundamentales. Ahí está el desafío que tenemos el día de hoy. Pero también hay una falta que no se puede desconocer producto de todo el extractivismo que existe. Por eso digo, si no cambia el sistema económico depredador, difícilmente podamos pensar que más allá que exista el derecho, efectivamente ese derecho lo podamos tener.

En Sudamérica, tenemos dos experiencias de constituciones plurinacionales: el caso de Ecuador y, posteriormente, Bolivia. ¿Cuál crees que es el aporte de estas constituciones a la nueva Constitución de Chile?

Sí, son aportes que uno evidentemente tiene que ver. La experiencia que hay, especialmente, con Bolivia y Ecuador, donde hay derechos que están garantizados de una muy buena forma. O sea, que existen de una buena forma en el papel. Ahora, el tema que uno puede observar es cómo se concretiza ese derecho y quizá es la deuda en la cual aquí se quedó. Porque no da lo mismo reconocer un derecho y no generar las herramientas para que se cumpla. Yo, por ejemplo, puedo decir que tengo derecho a la educación, pero el Estado tiene la obligación de garantizar el derecho a la educación. Pero, asimismo, buscar un mecanismo que permita el cumplimiento de ese derecho. 

Acá se está hablando también de la defensoría de los pueblos. Por ejemplo, que exista una institución que le haga el contrapeso al Estado. Que cuando el Estado no esté cumpliendo, tenga una institución y le diga “Estado cumpla porque estas son sus consecuencias”.

Entonces, ahí yo creo que ha servido bastante lo que ha estado pasando, porque nos permite también observar lo bueno y lo malo respecto de las Constituciones vecinas. Son experiencias distintas. En Bolivia, la mayoría son indígenas; por lo tanto, las decisiones a veces son mucho más fáciles de tomar. Acá en Chile, no superamos el 13%, somos el 12,8%, según los últimos datos estatales que existen. 

¿Cuáles son los puntos más importantes que están marcando desde los pueblos originarios?

Las demandas más importantes para el mundo mapuche tienen que ver con los derechos territoriales.  El derecho a la tierra, el territorio, a los recursos, a los bienes y, con mucho énfasis, el derecho internacional de los derechos humanos. A veces se nos pregunta: ¿por qué tanto énfasis en el derecho internacional si estamos en Chile? Nosotros sabemos cómo funciona Chile. Nosotros siempre nos vemos en la necesidad de estar argumentando todo. 

Nosotros, en el derecho internacional de los derechos humanos, encontramos un argumento. Encontramos más argumentos que lo nacional, hacemos mención del convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales que está vigente. Incluso, que a pesar de que está vigente, no se han logrado garantizar los derechos como esperamos. Por eso, también creemos que es necesario constitucionalizarlo, y ahí el derecho al territorio. En la base, es fundamental el reconocimiento del pluralismo jurídico. Eso quiere decir que no solamente existe un derecho, sino varios derechos. 

¿Cuántas naciones indígenas están reconocidas y que implica este reconocimiento? 

En Chile, están  reconocidos 10 pueblos originarios: mapuche, aymara, rapa nui, atacameños o lickam antai, quechua, colla, chango, diaguita, kawésqar y yagan; por lo tanto, ya existirían 10 mecanismos distintos de justicia y otros tienen que ver con lo más político. Esto tiene que ver con el reconocimiento también desde un estado plurinacional.

Existe un primer acercamiento que se votó en la Convención Constitucional, que tenía que ver con la plurinacionalidad. Porque todos hablan de la plurinacionalidad, pero ¿cómo se concretiza esa plurinacionalidad?

Nosotros señalamos que tiene que ver con la distribución del poder por una parte, y por otra parte con el pleno reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los pueblos originarios. Además, el reconocimiento a ese vínculo estrecho o especial que tienen los pueblos originarios con su tierra y su territorio. Todo esto tomando como base la declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. 

Hasta ahora, esas han sido algunas de las demandas. Para otros, son más importantes los cupos, los escaños reservados dentro del Parlamento, y dentro de toda la institucionalidad; o sea, en los Concejos Municipales. 

Nosotros tenemos un piso, independientemente del resultado que se tenga dentro de la nueva Constitución. Nosotros ya tenemos estos derechos internacionales que el Estado sigue teniendo la obligación de respetar. Con esto, nosotros reconocemos el trabajo que han realizado otros pueblos indígenas, incluidos los mismos pueblos originarios de Chile.

¿Cuál es tu experiencia con el movimiento feminista?

Es bastante complejo. Si bien es cierto que se reconoce y se valora al Movimiento de Mujeres, y que nosotros también somos parte de eso, y estamos totalmente de acuerdo, nos cuesta mucho la relación con el feminismo que ha ido predominando en el último tiempo. Yo, por lo menos, si no voy en un grupo importante de mujeres —especialmente mujeres indígenas— no me siento cómoda dentro de esos espacios. Porque seguimos viviendo en una sociedad racista, donde los indígenas siempre tenemos que estar por debajo, porque supuestamente siempre estamos cuestionados desde un lugar intelectual.

Entonces, siempre nos miran hacia abajo. Hay un tema de clase también. La mayoría de las mujeres que hoy día lideran los movimientos más grandes son mujeres con muchos recursos, y el resto de las mujeres como yo, que a pesar de tener una profesión, seguimos siendo pobres. Entonces, no hay una buena relación ahí. No logramos todavía congeniar.

Es bastante difícil. No hay mucho acercamiento, porque siempre se nos ve en una situación de paternalismo/maternalismo, y siempre con una mirada como si fuéramos objetos.  Siempre se nos mira como algo de estudio. Siempre se nos está interrogando. Entonces, eso no es cómodo, porque uno no las está interrogando a ellas.  Nosotras cargamos con ser mujeres indígenas, pobres y campesinas. Para cierto grupo intelectual, es interesante y quieren estudiarnos. Seguimos siendo objeto.

Como mencionaba, el movimiento de mujeres ha jugado un rol importante en los últimos tiempos. En realidad, desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que en el último tiempo logra salir también a los medios de comunicación,  y eso también tiene que ver con que nosotros estamos frente a un proceso constituyente que es paritario y, al mismo tiempo, con participación de mujeres. Somos 78 mujeres en un total de 155 constituyentes. Pero hubo discusión, ya que en un principio no estaban consideradas las mujeres, ni los pueblos originarios. 

Pero por la demanda que hubo, llegamos a la Constituyente 17 representantes originarios y 78 mujeres, producto de mucho trabajo.

¿Qué representa para el pueblo chileno este proceso constituyente?

Es súper importante para todos, pero algo que juega en contra es el poco tiempo que tenemos. Solo un año para redactar la Constitución: nueve meses, prorrogables por única vez por tres meses.  Entonces, el 4 de julio de este año deberíamos tener listo el texto constitucional, el proyecto y presentarlo al país. Y eso tiene muchas dificultades, y quizás va a servir de experiencia para los otros países que están levantando el proceso constituyente para que no pongan un tiempo tan limitado, porque es muy poco tiempo. 

Nosotros estamos colapsados, y esto quita tiempo para la participación popular y participación de los pueblos indígenas. Nosotros igual estamos obligados a hacer procesos de consulta indígena y una consulta que, generalmente, se hace en ocho meses. Acá, lamentablemente, se ha tenido que hacer en menos de dos meses. Porque nosotros a mediados de marzo ya tenemos que tener todo el contenido en la Constitución. 

Después viene una comisión de armonización, que va a armonizar, va a ver qué  cosas se repiten, cómo va a quedar el texto final. Entonces, tenemos muy poco tiempo para trabajar bien.

En estos meses que han venido trabajando, ¿cómo fue el comportamiento del actual Gobierno?

Nosotros nos encontramos con un Gobierno que no nos coopera. Además, es la primera vez que se hace un proceso constituyente con la participación de personas elegidas democráticamente en Chile; por lo tanto, no había ninguna experiencia. Se tuvo que partir de cero.

Otro tema son los medios de comunicación, quienes también están cooptados por el poder económico. Se suman una serie de dificultades que  hicieron que la información no pudiera llegar con facilidad a la gente. Pero, aun así, nos llegaron muchas iniciativas populares. Pero nosotros defendemos mucho la participación. Y aun así con el poco tiempo que tenemos, igual hemos intentado llegar a todos los sectores.

Peruana de pura cepa: el proyecto musical de Andre

Peruana de pura cepa: el proyecto musical de Andre

Por Mya Sánchez

Indagar en sus raíces fue suficiente para que la cantante peruana Andre tomara la decisión: pasar de la música clásica a la música fusión. Con un primer álbum en proceso, la intérprete conversó con La Antígona sobre su romance con el folclor peruano, el uso del quechua en sus canciones y por qué se considera una músico/exploradora.

Cuando la maestra de canto de Andre la acompañaba cada clase en su camino a alcanzar la excelencia dentro de la música clásica, no se imaginó que la intérprete soñaba despierta con una carrera en la música fusión. Y es que las presentaciones en imponentes teatros como el Carnegie Hall o el Liceo, su concluida carrera en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por sus siglas en inglés), la trayectoria de más de 8 años y el éxito que le auguraba ese género parecían indicar que Andre estaba hecha para la ópera. Pero su profesora sabía que no iba a poder detenerla y ella no se lo iba a perdonar si no lo intentaba, así que sacarse el clavo parecía ser la única opción.

Revisar su historia es reconocer que la fusión estuvo siempre presente en su vida. Durante la década de los 90, su padre locutaba en un programa de boleros y música romántica en Radio Unión, mientras en su casa reproducía a Celia Cruz, Calixto Leicea, Benny Moré, Carlos Argentino y la Sonora Matancera. Por otro lado, su madre, de orígenes norteños, fue su primer acercamiento a los valses, zamacuecas y la música criolla. Y mientras una de sus hermanas estaba afanada con el grunge, rock noventero y el pop, la otra se inclinaba hacia las melodías asiáticas.

Pero fue cuando un día vio en la televisión el concierto de Los Tres Tenores (Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras), que las posibilidades en su mente se multiplicaron. “Hay algo que no se está escuchando en mi casa. ¿Qué es esto? Quiero oír más”, pensó en ese momento. Si bien no pudo explorar el mundo de la música clásica durante su vida escolar, era un hecho que lo haría en la posteridad.

A los 14 años, formó parte de un elenco de teatro junto a otros estudiantes del ICPNA, y cuando les tocó presentar la obra musical Grease, convocaron a la maestra de canto Rosa Echevarría, quien a punta de ejercicio físico y entrenamiento riguroso supo sacar lo mejor de Andre. Pero Rosa resultó ser también directora del coro de la Universidad Nacional de Ingeniería, a donde introdujo a la joven cantante.

Andre pasó luego al Conservatorio Nacional de Música (ahora Universidad Nacional de Música) y fue parte de la segunda promoción ingresante a la carrera de Música en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Durante esos años conoció al productor y sonidista Rafael de la Lama, quien la convocó para el Proyecto de la Lama, cuyo concepto era de rock sinfónico lírico. Con esta agrupación no solo grabó un disco, titulado Vi una Estrella Venir, sino que llegaron a abrir el concierto de Evanescence en Lima, allá por el 2012.

No obstante, Andre tenía hambre de más. Fue por ello que, en un acto que califica como “de locura”, audicionó a la Escuela Juilliard, donde la admitieron e incluso estudió becada. Y tras cumplir un año, finalmente, se trasladó a la Universidad de la Ciudad de Nueva York, que le atrajo particularmente por su programa de ópera. En el 2016, complementó sus estudios con clases en técnica vocal clásica en el Conservatorio del Liceo, en Barcelona, donde ahora radica.

El otro despertar

Su reencuentro con sus raíces estuvo siempre más cerca de lo que ella podía imaginar. Como parte de sus estudios profesionales, llevó un curso de Música Peruana dictado por Rafael Santa Cruz, quien como trabajo final les asignó investigar sobre las expresiones musicales en distintas regiones del país. A ella le tocó la sierra, así que entre caminatas y viajes en la ‘Chama’ recorrió distintos puestos de música folclórica a lo largo y ancho de la capital. 

“Yo estaba feliz yendo de un lado para el otro. Terminé recopilando en una tabla de excel de 20 o 30 hojas datos sobre canciones, los discos a los que corresponden y sus intérpretes”, cuenta emocionada. Su curiosidad ya había sido estimulada, y bastó la retroalimentación positiva que le dio su maestro para que decida seguir indagando. “Quería saber más, por qué suena así, por qué el sombrero de las personas que tocan chinlili, del subgénero de Pumpin en Sarhua, Ayacucho tienen una flor adelante y otra atrás. El porqué de nuestras tradiciones”, precisa.

En el 2019 Andre volvió a Ayacucho a resolver sus dudas, y la pasión que le despertaba la música peruana fue más grande que cualquiera de sus miedos. No fue una decisión fácil, admite, irse de un género en el que ya tenía terreno ganado a otro en el que no sabía si le iría bien. Había cantado con sinfónicas en Estados Unidos, Canadá, España. “Me encantan las partituras, me duermo solfeando. Me apasiona encontrar en la ópera historias de pasión, coraje, envidia, celos, amor litúrgico. Aún me gusta ir y en el intermezzo conversar con mis amigas sobre qué nos ha parecido la aria”, comenta entusiasmada.

Pero haber explorado el mundo le había generado aún más ideas locas y ganas de ponerlas en práctica fuera de la música clásica. “No voy a ser más joven de lo que soy ahora, me lo debo a mí misma”, pensó cuando, a pesar de la incertidumbre sobre el futuro, decidió finalmente empezar su proyecto en la música fusión. Así como muchos otros artistas y creadores, la pandemia le puso las cosas en perspectiva y se atrevió a concretar lo que solo había imaginado antes. 

Vientos de cambio

La transición musical impactó incluso en su forma de hablar. “Yo venía del clásico y las sopranos hablamos “bostezadito” y tuve que acostumbrarme a la fuerza a hacerlo con voz de garganta y de pecho”, explica. Pero así como había muchas cosas por adaptar, había otras también que le sirvieron de base para no empezar de cero, como la memoria muscular que tiene su cuerpo y la consiguiente técnica vocal que ya había aprendido y puesto en práctica.

Su clara dicción, que en la música clásica permitía que se le entienda aún cuando cantaba las notas más agudas, es un legado también útil en la actualidad. Asimismo, su vasto conocimiento del lenguaje musical le permite hoy por hoy hacer arreglos de instrumentos varios como trombones e incluso cuartetos de violines. Pero la responsabilidad que como músico clásica desarrolló es quizá la enseñanza más importante que adquirió.

“Para ella una limonadita” es una frase ya común en sus reuniones de amigas. No tomar alcohol para evitar inflamar sus cuerdas vocales, dejar de ingerir comida chatarra, usar mascarilla (incluso antes de pandemia) durante cambios de clima o al pasar cerca de árboles que expulsen polen, quedarse máximo una hora las raras veces que va a discotecas y regular el uso de audífonos son solo algunos de los cuidados que toma con su voz. Además, actitudes como el buen compañerismo y ser puntual han sido claves durante toda su trayectoria. Finalmente, ser músico es un estilo de vida.

Todos vuelven

En mayo del 2020 Andre trabajó en conjunto con Kayfex, Jorge Flores y Wari Willka en la traducción, para lanzar Tukuy Tuta, una versión reimaginada de la canción ‘All Night’ de Beyoncé con partes de la letra en quechua. Este tema resultó ser una continuación artística del proceso que empezó hace 11 años en Estados Unidos. Andre tuvo que experimentar lo que cualquier peruano siente lejos de casa para empezar a indagar en sus raíces con efervescencia. Fue así que a los 19 años, tras mudarse sola a otro país, llegó al Colectivo Quechua de Nueva York

Aparte de aprender un poco del idioma de la mano de la directora Elva Ambía, Andre pudo rodearse de otros compatriotas en su misma situación y participar de los eventos culturales organizados por la organización, y la Embajada, como los Raymis. Aparte de eso, reconoció que el motivo por el que sus abuelos de Áncash y Huancavelica no transmitieron su idioma nativo a su padre fue la discriminación que aquello les hubiese supuesto.

“Es importante para mí usar este idioma en mi música porque de alguna manera es también tener presente a mis ancestros. Así que con el quechua este romance no ha acabado”, manifesta determinada. Y es imposible no creerle cuando se evidencia en su entusiasmo la pasión que siente por nuestras tradiciones y nuestra música. Al respecto, la cantante explica que no ha encontrado en ningún otro género lo que ha oído en nuestro folclor.

“La música peruana te transmite un sentimiento desde el estilo de canto, como el lamento en el harawi, que a la vez te cuenta una actividad tradicional de la comunidad. Y al mismo tiempo expresa una conexión espiritual con elementos naturales. Es como un círculo en el que una cosa está conectada a otra y la primera no podría estar despegada de la última. No solo me cuenta algo, sino que intenta transmitirme un mensaje. Y eso hacen las grandes canciones. Básicamente me cantan un poema”, concluye.

El proyecto de Andre recién ha empezado. Su constante intento de retarse la lleva a no conformarse con lo mucho que ya ha logrado, sino pensar en todo aquello que podría conseguir. Susana Baca, Renata Flores y Cecilia Barraza están entre sus colaboraciones soñadas, pero le cuesta escoger debido a la admiración que siente por todos los artistas de la escena peruana y latinoamericana.

Además de distintos proyectos musicales con compañeros como Erkki Nylund y el percusionista peruano Mario Cubillas, con quienes el año pasado grabó un cover de Cardo o Ceniza, Andre está trabajando en la producción de su primer álbum, que se gestó en Ayacucho. Por ahora, adelanta, sus seguidores tendrán una sorpresa de su parte este año. 

Y quién sabe, quizá en el futuro pueda volcar en una publicación la investigación sobre la música peruana que durante estos años ha realizado. “Me gustaría aliarme con otros colegas investigadores. Ese es uno de mis objetivos como artista, porque yo siento que soy una músico/exploradora. Ojalá podamos poner esa información al servicio de la comunidad”, finaliza.

la antígona

Periodismo en Femenino

Suscríbete a nuestro Newsletter Mensual