“Trabajamos con la música y así expresamos emociones”

“Trabajamos con la música y así expresamos emociones”

Por Zoila Antonio

música

Kathryn Coccia es musicoterapista. Tiene 30 años y ayuda a muchas personas a sentirse mejor y controlar sus emociones tocando su guitarra u otros instrumentos. Conoce aquí lo fantástica que es su labor.

“Soy estudiante PHD en Social Working y musicoterapeuta desde hace cinco años. Actualmente trabajo con cuidado de hospicio, en el cual la mayoría de gente está en su casa. Uso una guitarra, algunas veces otros instrumentos, para ayudar a los pacientes a sentirse mejor. Trabajamos con la música y así expresamos emociones, rememoramos o miramos atrás en sus vidas, ya que la mayoría de estas personas son pacientes terminales. Ellos fallecen después de seis meses o menos. En su familia es emocionalmente difícil, porque su cuerpo también pasa por cambios, hay mucho dolor. Entonces la música allí es usada como un mecanismo de sanación para hacerlos sentir mejor de todas las formas posibles 

La primera vez como musicoterapeuta fue shockeante al ver a gente que estaba en una situación difícil o muy enferma. Pero a medida que pasaba el tiempo, fue siendo una parte normal de mi vida. Ver a la gente así puede ser muy triste, pero también aprendí que es parte de la experiencia de ser humano. 

Lo bonito de la musicoterapia es que está especialmente diseñada para reducir el dolor e incrementar el confort en la gente. También hay medicación que ayuda y tienen una cama de hospital dentro de su casa que los mantiene en una óptima situación. 

La dinámica es de persona a persona. Los pacientes tienen diferentes diagnósticos como demencia, cáncer, entre otros. Es por ello que hay diversos grados de dinámicas, depende del proceso de la enfermedad. Además, influye mucho si la familia está presente con esa persona. Así se genera un ambiente colaborativo.

En algunos casos soy sólo yo, sentada a un lado de la cama de una persona con los ojos cerrados, que no responde, pero la ciencia te dice que la gente escucha y realmente lo creo. Usamos música que es importante para el paciente, que le gusta. Si la persona es de una cierta religión, le tocamos música religiosa, o rock’n’roll o country. Tenemos que ser capaces de hacerlo de acuerdo a la situación. Pongo mucha atención en la persona, en su respiración, si hace algún sonido o dice algo, el lenguaje de su cuerpo, que me diga que el paciente y yo estamos en sintonía. 

Durante la pandemia estuvimos realizando algunas visitas virtuales, pero generalmente no lo hago. Vuelvo al trabajo presencial en noviembre. Ahora será diferente: trabajaré una vez por semana y será igual que un hospital. Hay 60 camas donde la gente puede ir con síntomas que ellos ya no puedan manejar. Tengo que llevar lentes protectores, mameluco y estar con todas las medidas de seguridad para estar protegida, pese a que estoy vacunada. Suelo tomar de la mano a mis pacientes, como una acción humana e íntima entre paciente y musicoterapeuta, pero ya no lo puedo hacer. También tengo compañeros que se detuvieron de hacer musicoterapia, ahora están en otros trabajos, otros todavía no encuentran. Son tiempos realmente retadores como profesional, debo admitirlo”.

La Mamba: “Mi música no existe sin mi identidad”

Por Mya Sánchez

La Mamba rompe esquemas. La cantante afroqueer peruana de 32 años, que llegó a los televisores peruanos tras entrar a La Voz Perú, derrocha libertad, talento y rimas a donde vaya. A poco menos de un mes de haber lanzado su primer single, conversó con La Antígona sobre la misoginia y discriminación en la industria musical peruana, la importancia de la representación y su proceso de reconciliación con su esencia e identidad.

No pudieron resistirse. La propuesta de festejo y dembow que La Mamba llevó a su audición en La Voz Perú no solo logró que los cuatro entrenadores voltearan sus sillas, sino que también los puso de pie para bailar. “Gracias por haberme hecho nacer en el Perú”, expresó mirando al cielo Eva Ayllón cuando ella ya había aceptado estar en su equipo. Y es que eso es lo que genera conocer a una artista tan multidisciplinaria, libre y auténtica como La Mamba

Video obtenido de YouTube

Muchos televidentes la conocieron ese día, pero su carrera como solista empezó realmente a inicios del 2017 cuando, luego de estar un buen tiempo trabajando en un call center y “siendo un ser humano que no era en lo absoluto”, inició un proceso de sanación que le permitió conectar con sus verdaderos deseos. Su decisión de renunciar a la música años atrás no había sido gratuita, por supuesto. Sobre todo cuando desde muy pequeña, sin saber siquiera que era una carrera a la que podía dedicarse, pasaba sus días cantando.

Pero fueron sus primeras experiencias las que no solo crearon conflictos entre ella y la música, sino que también la hicieron cuestionar su propia esencia e identidad. “Estuve en este elenco que quiere ser inclusivo y pone a niñas racializadas en un espacio blanco donde es evidente que las niñas privilegiadas no reciben el mismo trato o tienen las mismas oportunidades. Cuando eres niña lo primero que piensas es ‘no soy suficiente’”, sostiene.

Los bloqueos, inseguridad y el tiempo que pasó sin poder cantar en público terminaron cuando un amigo, que conocía su pasión por el canto y la composición, le pasó la voz para presentarse en su tocada. Aquello le abrió otras puertas, y así fue que empezó a hacer coros para un grupo de rap y para la banda peruana de reggae Semillas. No obstante, aquellas no fueron sus únicas influencias.

La Mamba creció rodeada de música criolla. No es de extrañar que muchas de sus composiciones sean valses y landós. “Me parece súper importante reconocer las raíces y cuidarlas y compartirlas”, comenta, lamentando que en las escuelas el conocimiento que se imparte sobre nuestra propia cultura sea muy superficial. Al preguntarle sobre cuál es el género musical al que finalmente decidió dedicar su carrera, no tiene una sola respuesta. 

Al ser una artista que aún no contaba con estudios ni mayores recursos económicos, explica, lo más accesible para ella fue empezar a experimentar con beats digitales. Intentar armar una banda, que es lo que siempre ha querido, implicaba pagarle a personas para que se comprometan con el proyecto. Además, aún sin saberlo, hacía rap desde pequeña. “El rap tiene una energía bien contestataria, súper buena como para poner cosas en la mesa”, comenta.

“Me gusta el trap, el reggaeton, el rap, pero no me veo haciendo eso. Lo veo más bien como un puente para hacer otras cosas”. En su opinión, fusionar es algo muy natural, pues cada persona tiene una esencia propia que le permite expresarse a su manera. “Es importante saber de dónde vienen las cosas, por qué se hicieron así y por qué tú lo quieres hacer diferente”, concluye.

Y fue justamente la música tradicional la que le permitió conocer a sus primeros referentes afroperuanos. Lucila Campos, Lucha Reyes, Pepe Vásquez y el Zambo Cavero entonaban los temas que los convertirían en célebres embajadores de nuestra música. No obstante, apunta, todos tuvieron trágicos finales. “Han sido cuerpos explotados en la industria de la música, visibles pero llenos de heridas y sin espacios de sanación”, comenta. 

En ese sentido, rescata el éxito de Eva Ayllón, mas precisa que no se sabe mucho de cómo llegó a donde está hoy. “Muchas veces lo que uno necesita es saber cómo lo hizo. ¿A qué brujo invocaste? (risas)”. La Mamba creció creyendo que por ser una niña afroperuana no podía acceder a ciertos espacios. Esto, debido a lo que veía a su alrededor y por lo que su familia le decía. “Cuando tuve cable y me enteré de que existía Beyoncé. Que había una negra exitosa que la rompía y que era respetada. Pensé ‘yo quiero eso’”.

A pesar de contar con algunos referentes afroperuanos internacionales y nacionales, La Mamba no siente que haya habido artistas visiblemente afroqueer o transgresores mientras iniciaba en la música. “Me hubiese encantado tener un referente para todas esas cosas que te da miedo mostrar o sobre las que temes ser sincera”, añade. Y a pesar del paso de los años, la deuda histórica que la industria musical con comunidades como la afroperuana y LGBTIQ+ sigue incrementándose.

Ella lo ha experimentado en carne propia. Desde la precarización por la ausencia de títulos profesionales hasta las barreras que se establecieron en su mente debido a las distintas violencias que recibió durante su vida. Todo aquello dificulta sacar adelante un proyecto musical desde la autogestión. “En otros países te descubren e invierten en ti, pero acá siempre tenemos que estar ahí detrás para lograrlo”, precisa.

Por si fuera poco, la apropiación es otro obstáculo que dificulta la representación de las personas racializadas en la música. “Tengo una amiga afro que hace rap y trap, que es demasiado talentosa, y está vendiendo chocotejas. Mientras tanto, otra chica súper privilegiada ve lo que hace y lo copia. Sale con trenzas, tiene factores afro en su música y no visibiliza o incluye en sus producciones musicales a ninguna chica afro. Ni siquiera se trenza con una persona afro”, señala. Mientras que para unos es fácil lucrar con estas expresiones e ideas, los artistas racializados deben esforzarse el triple.

En la actualidad, las industrias musicales alrededor del mundo llevan por bandera el girl power y la diversidad sexual. Sin embargo, a veces parece ser una mera cuestión de marketing pues las estructuras de poder se mantienen inamovibles. En la experiencia de La Mamba, el patriarcado es la respuesta, pues las artistas se encuentran desde hombres que las cosifican y acosan con comentarios y propuestas no solicitadas, hasta mujeres sin el más mínimo sentido de sororidad que solapan su racismo y clasismo en acciones normalizadas.

De igual manera, se ha topado con formas de discriminación por ser parte de la comunidad LGTBIQ+. “Te das cuenta en el trato que recibes, en los ‘pero’ o en las condiciones que te ponen”, apunta. Incluso en una ocasión un productor le propuso crear juntos, bajo la condición de que ella finja ser una persona diferente y que presentara en sus temas a la mujer como objeto sexual porque “es lo que vende”.

Y enfrentarse solo a un mundo hostil es difícil. La Mamba lo sabe. Cuando llegó a Latina para su audición en La Voz llevó a dos miembros de, como ella le llama, su familia escogida. Cuando piensa en su comunidad, suspira. “Hasta que llegué a mi comunidad no empezaron a pasar cosas. A inicios de este año me mudé con mi roommate actual que es Xime, que también es una persona LGTB racializada. Ha sido como un alivio, como darme cuenta de que siempre estuve bien”.

La Mamba ha prestado su voz para distintos proyectos que se alinean a sus luchas personales, como ‘Tenemos Razón’, un himno feminista interpretado por distintas artistas peruanas. Asimismo, formó parte de la campaña política de la candidata trans al Congreso Gahela. Para ella, aquello fue un espacio de sanación. “Es chévere poder ser tú y no sentirse como la rara en un espacio, ni tener que estar explicándole a la gente tus necesidades o quién eres, porque eso está implícito”. 

Hoy en día se encuentra en un lugar en el que está conectada con su arte y con su identidad. “Siento que mi música no podría existir si es que no rescato mi identidad”, destaca. Su sentido social hace que sus artes estén a disposición de lograr que las personas encuentren su propósito y de visibilizar las problemáticas que sus comunidades experimentan.

Además, su paso por La Voz le ha permitido ganar visibilidad, con lo que planea atraer a personas que quieran tocar con ella y sumarse a su proyecto musical. Por lo pronto, hace un mes sacó su primer single ‘Así de Simple’ junto a Aaron Mind y está trabajando en sacar a la luz sus composiciones propias. Asimismo, está decidida a utilizar todas las herramientas que tenga para comunicar y motivar a los demás a cuestionarse desde el artivismo. “De que van a ver mi cacharro, lo van a ver ” (risas), afirma.

Canal: La Mamba Oficial

La Mamba cree en el poder del arte para sanar y en la importancia de la representación para las generaciones venideras. “La hago ser un referente por mis sobrinas y por otres niños queer, afro, racializados. Me apunto”. Y en ese intento, su consejo final es uno que quizá le hubiera servido escuchar de pequeña. “Son valiosos, permítanse fluir en sus curiosidades, no se la crean cuando las personas les digan que no pueden, pueden ser lo que quieran”, finaliza.

KURIOTIK: La red social de ciencias y artes para niñas curiosas

Por Rodrigo Baquerizo

Kuriotik, plataforma digida a niñas de 8 a 12 años.  FOTO: Andina

¿Cómo se comunican las abejas? ¿En qué se parece una estrella a una cebolla? ¿Qué pasa cuando nos reímos? Estas y muchas más son semillas de asombro presentes en Kuriotik, una plataforma web orientada a fomentar la exploración, descubrimientos e innovación social por niñas de 8 a 12 años. Lucero Del Castillo, directora y fundadora de Kuriotik, conversa con La Antígona sobre el proyecto, que actualmente se encuentra en convocatoria de voluntarias.

Quería comenzar por los universos de conocimiento que aborda el proyecto, universos a los que se procura aproximar un poco más a las niñas y adolescentes participantes de Kuriotik. Se suele hablar de STEMs (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), mientras que en Kuriotik se adopta el enfoque de las STEAMs. ¿En qué momento del proceso de construcción de Kuriotik ingresa la A de Arte en este conjunto?

En mi caso, el camino fue al revés: yo parto de esa A, que normalmente no está presente cuando hablamos de STEMs. Yo estudié Periodismo y me dediqué a la fotografía; mi interés por las artes y humanidades siempre ha estado muy presente. Fue desde estas áreas que me metí a ese otro mundo de las ciencias por interés, por una conexión que tuve cuando fui a hacer un reportaje sobre unas niñas investigadoras.

Cuando me encontré con ellas, me llamó mucho la atención la conexión que ellas tenían con sus espacios, las preguntas que se hacían. Fue muy interesante ese asombro que en general tienen los niños y niñas; sorprenderse y tener curiosidad por las cosas que te rodean, desde las más cotidianas hasta las más extraordinarias. Entonces se me ocurrió que sus historias estén en un fotolibro.

En un momento, me pregunté: ¿por qué me interesa el mundo de las ciencias? Allí vinculé que lo que tenían en común con las artes es esa curiosidad de preguntar constantemente, cuestionar, empezar a ver con otros ojos. Indagando e investigando más, conocí que existía desde hace mucho tiempo el enfoque pedagógico STEAM, que vincula estas cinco disciplinas. En realidad no se trata de traer los conocimientos de arte de un lado y traer los conocimientos de las ciencias de otro, sino más bien partir de todas las disciplinas a la vez y, en conjunto, enfrentar un problema, una pregunta.

Todo lo que hemos vivido desde el año pasado nos ha hecho darnos cuenta de que, en realidad, solucionar el tema de la pandemia a través de solamente lo médico o de la salud no tiene mucho sentido. Es algo que abarca diversos campos. Desde niñas y niños tenemos este enfoque de mirar multidisciplinariamente un problema; y así es la vida, tiene de todo.

Fotografías: Lucero Del Castillo

El fotolibro al que se refirió Lucero líneas arriba fue un proyecto ganador del Concurso Estímulos Económicos para Apoyar Proyectos de Autoras y Autores de Libros de Literatura Infantil y Juvenil que otorgó el Ministerio de Cultura el año 2018. Llegó la pandemia y el proyecto atravesó una serie de transformaciones hasta convertirse en Kuriotik, que por su parte también recibió el Premio del Programa Nacional de Innovación para la Competitividad y Productividad – INNÓVATE PERÚ 2020.

El proyecto del fotolibro devino en ¿Por qué no se caen las estrellas? y otras preguntas científicas que se hacen las niñas curiosas, un apartado en la web de Kuriotik. Sigue las historias de dos niñas de doce años; Valeria, de Huancayo, a quien le interesa saber si hay vida en Marte, y Fernanda, de Lima, a quien le intriga saber por qué hay plantas que crecen más rápido que las otras.

¿Cómo fue ese proceso de adaptación entre el fotolibro y Kuriotik? ¿Qué se tuvo que repensar y qué nuevos objetivos surgieron en el camino?

Cuando yo conocí la historia de estas niñas, convoqué a un equipo de amigas que se comprometieron con el proyecto. Pudimos tener el financiamiento de los estímulos económicos del MINCUL y eso se trabajó todo el 2019. Cuando llegó el 2020 y vino la pandemia, el libro estaba avanzado pero no se pudo imprimir. Yo sí sentí que la pandemia —al inicio, sobre todo— fue un shock, así que me parecía impensable continuar trabajando en algo impreso.

Pensaba en los objetivos del libro, en las razones por la que yo tenía la necesidad de crearlo, que eran romper —o tratar de romper— y cuestionar las brechas de género que existen en las ciencias, y también la dicotomía que existe entre las ciencias y las artes. Notando que lo virtual comenzaba a cobrar más importancia, surgió la idea de la web, de un espacio virtual. Una comunidad era lo que mejor podía funcionar, pensando en la interacción y colectividad, en contagiar el interés a las niñas.

Desde mi punto de vista, las mejores cosas muchas veces están creadas desde el error o el cambio de planes, desde lo imprevisto. Me ha pasado antes, en otros proyectos como fotógrafa. Es básico también que tengas claros tus objetivos; por qué o para qué quieres hacer un proyecto. Si es así, entonces el formato se puede adaptar.

Así se dio Kuriotik. El libro, entonces, lo convertimos en una historia para web. Están las fotos, están los textos que escribe Lizzy Cantú, el diseño de Vera Lucía Jiménez y el trabajo de producción de Daniela Zamalloa. Si bien esta historia no se iba a imprimir, no la iba a abandonar, así que está puesta en la web de Kuriotik. Como es la historia de dos niñas reales, de algún modo podía servir como inspiración para muchas más.

Puedes encontrar ¿Por qué no se caen las estrellas?
y otras preguntas científicas que se hacen las niñas
curiosas como un apartado en la web de Kuriotik aquí.

kuriotik
Ilustración: Daniela Zamalloa

En la presentación del proyecto que realizaron en la UTEC meses atrás, mencionaste la idea de que no necesariamente ocurre que las niñas no tienen curiosidad por las STEAMs, sino que muchas veces el acceso a información sobre ellas resulta difícil o incluso restringido. ¿Cómo abordan desde Kuriotik este asombro e interés constante y siempre creciente que sienten las niñas?

El viaje de aprendizaje en la plataforma se les plantea con la pregunta ¿qué te dio curiosidad hoy día?, y las niñas suben cualquier cosa que les haya llamado la atención. Probablemente ellas no son muy conscientes de que en su observación hay una mezcla de un poco de física con algo más tecnológico o artístico, o algo que involucre a las matemáticas. Allí, las voluntarias de campo —que son universitarias o profesionales que vienen no solo de carreras STEAM, sino también de educación y filosofía— las guían. Acompañan estos descubrimientos y exploraciones.

No se trata de responderles las preguntas. En algún momento, una niña preguntó: ¿existen los aliens? En Kuriotik nunca va a haber una respuesta como “sí existen” o “no existen”. El objetivo es ampliar esa curiosidad y que ellas mismas indaguen, o generarles otras preguntas. Las voluntarias tienen diversos referentes que pueden ayudarlas a seguir descubriendo. Son como una suerte de hermana o amiga mayor. Así, las niñas van dándose cuenta que se puede mirar su problema o pregunta desde otro lugar, y eso significa abrir un poco más la cabeza.

Es interesante que esto se haga en un espacio que no sea la escuela. Si bien este es un lugar de aprendizaje preponderante, existen otros espacios que escapan un poco de lo tradicional. Estoy pensando no solamente en Kuriotik, sino también en cualquier otro espacio virtual o de aprendizaje en el juego, en comunidad; espacios que suelen ser considerados como de “menor valor” y que sí considero que tienen otro valor igual de importante.

Otros espacios de aprendizaje no solo académico, sino también de aprendizaje colectivo, en el que se pueda conocer al otro, a la otra, que viene de un lugar distinto: “Con ella comparto mi curiosidad, mi visión, y entiendo también”. Creo que eso es lo rico; valorar esos otros aprendizajes y esas otras maneras de aprender.

Kit de emergencia. Ilustraciones: Roma Flores y Melissa Siles

Algo que es luminosísimo de la propuesta de Kuriotik es que quiebra el enfoque unidireccional que suele tener la educación en STEAMs y, en lugar de ello, propone la construcción de un espacio integrador, seguro, amigable, abierto al asombro. Persigue en primera persona, desde la primera persona, el ejercicio del derecho a la educación y la emoción por el descubrimiento.

En la sección de Noticias de Kuriotik, por ejemplo, encontrarás las historias de Melissa y Roma, quienes se presentan así: ¡Hola! Somos Roma y Melissa. Ambas tenemos diabetes tipo 1 y queríamos contarte un poquito sobre nuestra condición.

Estas historias salieron como una coincidencia. Yo conozco a Roma [de ocho años], que es una niña que tiene la condición de diabetes 1, y coincidentemente una de nuestras ilustradoras [Melissa, de veintiocho] también. Les propuse hablar de la condición, visibilizar desde la propia vivencia. Allí se generó un diálogo entre Melissa y Roma, a la que le gusta dibujar mucho; iniciaron esta conversación a través de dibujos.

Así salieron estas publicaciones y muchas otras que tenemos en nuestra sección de Noticias STEAM, que lo que busca también es conectar disciplinas que están separadas, dicotómicas, y vincularlas en los artículos cortos publicados. Son escritos para niñas por periodistas y escritoras. Luego las difundimos.

Fotografías: Lucero Del Castillo

Kuriotik tiene un equipo muy diverso de voluntarias, universitarias y profesionales, de las carreras STEAM, Filosofía y Educación. ¿En qué consisten las actividades que realizan las voluntarias? ¿Cómo ocurre este contacto con las niñas participantes de Kuriotik, sus aprendizajes y propuestas?

A todas las voluntarias las he conocido online, a distancia. Esto me gusta contarlo: cuando lancé la convocatoria inicial, yo tenía una idea pesimista de un voluntariado. Al arte se le suele asociar mucho a lo voluntario; gran parte de los proyectos que tienen que ver con arte se sienten como voluntariados. “Oye, házme una ilustración, házme una fotito, pero no tengo dinero”, se dice. Los incentivos se ganaron para crear la plataforma, pero no hay un financiamiento para el equipo. Ahora la página web es gratuita, y lo que se está viendo es la idea de crear una cuenta de Patreon para que se vuelva autosostenible.

Con Kuriotik fue que me di cuenta que el voluntariado es clave, sobre todo para los proyectos que no cuentan con un financiamiento. A la gente le gusta participar porque tienen las mismas convicciones, apunta a las mismas metas, tiene los mismos intereses y quiere ayudar.

Tal vez allí es que este chip que tenía sobre el voluntariado cambia. Yo valoro mucho a todas las chicas que se han unido, que se siguen uniendo, que se unieron en un inicio y que de repente ahora ya no están. Todas han puesto su gran grano de arena para el proyecto. En realidad, siempre que alguien se une yo les digo: “Bueno, esta es una idea que yo pensé, pero este no es mi proyecto; este es el proyecto de todas las voluntarias y todo el equipo que forma parte de Kuriotik”. En ese sentido hay mucha horizontalidad. Yo valoro mucho las iniciativas. Cada equipo —comunicaciones, operaciones y voluntarias de campo, quienes interactúan con las niñas— tiene una líder. Conmigo hay encuentros o conversaciones para estar alineadas, pero cada una es libre de potenciar su área. Así trabajamos, es un proyecto de todas.

En este momento el proyecto ha
abierto convocatorias para voluntarias.
Puedes consultarlas en el LinkTree
de Kuriotik: linktr.ee/kuriotik

Puedes visitar Kuriotik en www.kuriotik.com
y seguir el proyecto en Facebook
e Instagram como @kuriotik

“La enfermería es el corazón del hospital”

“La enfermería es el corazón del hospital”

Por Adriana Velásquez

Foto: Adriana Velásquez

Rossivell Carpio, interna de enfermería en el Hospital de Apoyo en Carabayllo.

“Desde muy pequeña tenía muy en claro que quería escoger un área de la salud. Pero en base a una experiencia que tuve hace un par de años, me di cuenta de que la esencia del cuidado era algo placentero. Mi hermana en ese tiempo sufrió un accidente. Yo había salido del colegio, tenía aproximadamente 17 años y mi hermana tenía 10 años. Éramos muy chiquitas y sentí miedo al momento de intervenir pero creo que fue un acto involuntario porque se desangraba, tenía una hemorragia y en ese momento, debido a la experiencia que tenía por los talleres de primeros auxilios a los que me matriculaba pude reaccionar rápido, aún sin ser estudiante, y salvé a mi hermana. En todo este proceso, al entrar en la clínica y ver a enfermeros y enfermeras que estaban atendiendo a mi hermana dije: Esto es lo que yo quiero. 

Tanto el enfermero, el médico, distintos profesionales de la salud como el técnico en enfermería, la obstetra, el tecnólogo, el farmacéutico… Todos cumplimos una labor muy importante, todos somos un equipo. No es que haya una escala en la cual el médico es el que manda y es el superior a todos. Yo he visto una brecha entre médicos, enfermeros y otros profesionales. Entonces si dentro de nuestro trabajo existen esas brechas, las demás personas también creen en eso.

Lo que he observado ahora durante mi internado es que hay muchas personas como yo, jóvenes estudiantes, que tienen una mentalidad muy diferente con respecto a quienes piensan que el médico es superior y siempre va a ser el jefe. Estos jóvenes son de distintas carreras y ellos nos dicen: “Ustedes las enfermeras son nuestra base. Ustedes nos informan porque están 24/7 con el paciente.” Como los jóvenes tienen esa mentalidad, ya no van a existir esas brechas.

Yo pienso que la enfermería es el corazón del hospital porque muy aparte de los procedimientos que hacemos, nosotros agregamos el cuidado. No estás tratando con cosas, sino con personas que están en una situación vulnerable y necesitan apoyo y soporte. En el transcurso de realizar nuestros procedimientos lo hacemos con esa esencia de cuidado que nos permite ser más humanos cada día. Pienso que la enfermería es una vocación muy grande de servicio porque muchos colegas se han contagiado de covid-19 y, sin embargo, no han renunciado. Estuvieron enfermos, hicieron su cuarentena, se recuperaron y volvieron porque tienen ese amor y esa pasión por su carrera que es cuidar a la personas.”

“El cine y el teatro siguen siendo un espacio sexista”

“El cine y el teatro siguen siendo un espacio sexista”

Por Mariana Aljovín

Valentina Zelada, 23 años, directora de cine y actriz peruana.

“Mi nombre es Valentina Zelada, tengo 23 años y trabajo en publicidad en Tunche Films desde que tengo 16 años, como asistente de dirección. Comencé como segunda asistente de dirección, hasta que me promovieron a primera asistente cuando cumplí 18 años. He trabaja en Tunche Films ocho años, más que nada en filmaciones de publicidad. 

Actualmente estoy haciendo mi tesis. Estoy escribiendo un largometraje para sacar mi título y aplicar a DAFO, al concurso de proyecto de largometraje para poder conseguir financiamiento para hacer mi película. Una película sobre crecer, que espero genere conciencia sobre la salud mental. 

Al principio de mi carrera quise estudiar actuación, pero finalmente estudié dirección de cine en EPIC. Terminé en el segundo mejor puesto de mi promoción. Dirigí cinco cortos, uno de esos fue un documental que ha estado en tres festivales nacionales, llamado “Pescaditos”. Lo han usado varias organizaciones nacionales e internacionales para generar conciencia sobre el autismo. También estuvo en el festival de cine de mujeres y ganó el tercer puesto en la semana de cine de Lima.

Siempre me gustó actuar. Me sentía cómoda en el escenario. La primera obra que protagonice fue “Alicia en el país de las maravillas” para el taller de actuación de mi colegio. Hasta que salí del colegio nunca estuve en un taller de teatro intensivo. Luego en EPIC estuve en varios cortometrajes y talleres de formación actoral.

Durante el último ciclo nos agarró la pandemia. Ha sido terrible para los actores de teatro porque parte del trabajo es estar en contacto con el público. Te llenas de la energía que te brinda la audiencia. Como actriz de teatro no sueles estar frente a una cámara, sino en un espacio con mucha energía, en contacto con tu personaje y los demás compañeros de escena. Esto se perdió. Hubo mucha desconfianza dentro del taller en el que estaba, fue una experiencia nueva tratar de conectar a la distancia con mis compañeros. Fue difícil, pero finalmente logramos sacar adelante varias obras virtuales.

Intenté darle una nueva perspectiva al trabajar frente a una cámara como actriz de teatro. Aunque no había público sabía que estaban ahí, era una nueva conexión. Además, lo audiovisual se conecto con mi trabajo en el teatro. Fue interesante fusionar cine y teatro. Las dos cosas que más amo.

Actualmente, estoy en otra obra. Ya le agarramos el ritmo, los seis interactuamos en un espacio físico, pero el público sigue siendo virtual. Esta vez yo escribí uno de los guiones, eso me gusta, dar vida a personajes y a las historias que creo.

Como mujer puedo decir que el cine y el teatro siguen siendo un espacio sexista. A lo largo de mi experiencia he tenido que ser prepotente y obstinada al tomar decisiones para que me tomen en serio. Lamentablemente no todas las mujeres tienen la misma personalidad ni voz para defenderse. Por eso, espero que se sigan promocionando espacios para que las mujeres hagan lo que aman sin miedo”. 

“No hay mayor orgullo que emprender tu propio negocio”

“No hay mayor orgullo que emprender tu propio negocio”

Por Emma Ramos

negocio
Arte: Adriana Velásquez

Myrian Edith Ramos Marcos, 22 años, Negocios Internacionales

“Yo nací en la peluquería de mi mamá y actualmente ese lugar tiene 25 años. Desde pequeña me llamó la atención el diseño de las uñas, pero nunca lo tomé en serio porque mis planes eran dedicarme a la profesión que estudié. Hasta que llegó la pandemia y tuve que reinventarme.

En el 2019, llegó una tía a Lima a dictar clases sobre extensión de pestañas y diseño de uñas. Ella es de Italia y llegó con la nueva tendencia de la cosmetología. Me invitó a participar, pero no le tome importancia. Hasta sentir la presión constante de mi familia para tomar el curso. Solo ingresé con una condición, renunciar a mi trabajo. El mismo que no me permitía estudiar. Además, los permisos para faltar solo eran en caso de urgencia o de una enfermedad.

Renuncié y tomé las clases durante dos meses, hasta que me volví una experta gracias a la práctica y constancia que le dediqué.

Con las nuevas restricciones de la pandemia, se tuvo que cerrar el negocio de mi mamá. No sabíamos qué hacer. Fue así, que me animé a estudiar de manera online diseño de uñas. Empecé a practicar con mi mamá, primas y amigas cercanas con la finalidad de perfeccionar mis diseños y técnicas.

Una vez que el Estado dio la autorización de abrir los negocios, le pedí a mi mamá que me de un espacio en su spa para colocar una mesa y silla, y empezar a atender por citas a mis futuras clientas.  Empecé con una, ella me recomendó a sus amigas. Ahora, no me doy abasto porque son muchas. Estoy en busca de personal para poder atender a todas.

Nunca me imaginé ser socia de mi mamá y trabajar en el negocio familiar. Hoy en día, tengo mi propio espacio y empresa. Gracias a mi carrera de negocios internacionales, empezaré a importar desde México todas las herramientas y materiales que se requiere. Esto, ya que es el país pionero del mundo en el diseño de uñas.

Ahora, entiendo que la vida te da muchas enseñanzas y oportunidades. Solo es cuestión de aprovechar, perseverar y seguir adelante. Por un momento sentí un poco de vergüenza sobre lo que emprendí. Después entendí que no hay mayor orgullo que tener tu propio negocio”.

la antígona

Periodismo en Femenino

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