Si deseas escuchar la entrevista completa, dale play a este audio
Alicia Olivares no va a parar hasta que las artistas afroperuanas reciban la representación y el reconocimiento que merecen. La actriz, productora y fundadora de Ébano Teatro ha llegado incluso a reunirse con mujeres como ella, pues cree que la unidad es vital para lograr los cambios necesarios en la industria que tanto ama. Con motivo de la celebración del Día de la Actriz el 26 de agosto, la dramaturga se reunió con La Antígona para narrar su experiencia en Mujeres Afro en Escena, además de explicar los problemas de representación en la industria teatral y el papel del Estado y de la sociedad en solventarlos.
En un país en el que el teatro hegemónico y comercial solo incluye a cierto grupo de actores, propuestas como las de Alicia Olivares logran saciar las ansias de un teatro diverso e inclusivo.
¿Cómo surgió Ébano como proyecto? ¿Cómo cree que ha ayudado a actrices afroperuanas y sus carreras?
Se crea como una productora teatral para generar proyectos con actores afrodescendientes y producir obras de teatro tanto de actores internacionales como nacionales. Esta falta de dramaturgas afroperuanas hace que me vea en la necesidad de buscar autores de afuera. He realizado la producción ejecutiva de Al Otro Lado de la Cerca y Ropa Íntima. A partir de ahí se desprende el proyecto Mujeres Afro en Escena.
¿Y a usted, cómo le ha cambiado la vida tanto Ébano como Mujeres Afro en Escena?
Definitivamente me ha cambiado la vida. Si en su momento cuando fundé Ébano Teatro me sentía sola, en este encuentro de Mujeres Afro en Escena me he sentido acompañada de muchas mujeres que comparten las mismas problemáticas que vivimos las artistas. Problemáticas como la falta de espacios, oportunidades para artistas afroperuanos y la autogestión. Estas mujeres emprenden sus propios proyectos, por lo que me he sentido identificada con cada una de ellas, además de fortalecida y acompañada. Es bonito como algo colectivo. De algo que empezó como algo personal y se volvió colectivo.
¿Qué tan importante es tener a mujeres afroperuanas también detrás de cada pieza teatral?
Es vital que estas mujeres sean líderes de toma de decisiones. Al ver una mayor representación de mujeres afro como directoras, productoras o gestoras, se da una apertura para que puedan ingresar otras. Actualmente, aterrizándonos al contexto peruano y hablando de mujeres afro creadoras, hay muy poca representación de artistas afroperuanas en el sector escénico, y ni hablar de lo audiovisual. Si me dices un nombre referente de este último sector tenemos Una Chica Afroperuana, cuya directora es Natalia Barrera.
Ella se proyecta como productora y directora audiovisual. Yo la admiro mucho porque es muy talentosa, muy creativa. Justamente con Una Chica Afroperuana se ha unido como coproducción Ébano Teatro porque tenemos proyectos a realizar a futuro, que es incentivar la participación de artistas afroperuanos en proyectos audiovisuales. Esperamos conseguir la ayuda y las colaboraciones necesarias para poder financiar estos proyectos que tenemos en mira.
En el teatro comercial, con mayor recaudación, hay una clara ausencia de actrices afroperuanas, ¿Qué considera que se puede hacer para combatir este problema?
Es un tema que hay que cortar de raíz. Yo tengo una preparación de actriz, y nos preparan para interpretar distintos personajes, muy al margen de tu raza. Yo sueño que algún día nosotros los actores podamos interpretar cualquier personaje y no sea un tema de perfil. El personaje es un ser humano que va a transmitir sentimientos, y si la historia está bien contada y bien escrita la interpretación del buen actor va a hacer que esto sea mágico. Esto va desde las escuelas, la academia, el hogar, las familias a no marcar estas diferencias. Desde que nacemos tenemos los mismos derechos, es la sociedad la que nos coloca en distintos escenarios.
Hay que trabajar desde uno mismo y cambiar el actuar. Lo que se está logrando ahora, y justamente cuando estábamos en el conversatorio de mujeres afro creadoras, ellas mencionaban que era la primera vez que veían un proyecto de extraordinarias afroperuanas. ¿De dónde habían salido tantas representantes de lo artístico? Sí tenemos mujeres representantes, pero como no se generan estos espacios de encuentro, no nos conocemos. Nace para unirnos, fortalecernos y cambiar. También juega aquí un papel importantísimo el Estado. Con sus políticas deben fomentar y promover. Al igual, la sociedad civil y la empresa privada deben apoyar proyectos inclusivos y con mayor diversidad. El día que empecemos a mirarnos a todos con las mismas posibilidades, con los mismos derechos, vamos a transformar las realidades que vivimos ahora.
¿Qué puede hacer el público en general para promover un consumo de teatro menos hegemónico?
Creo que el público peruano no tiene la cultura de ir al teatro. ¿Se ha avanzado un poco? Sí. Pero no tenemos esa necesidad cultural. Nuestra cultura es más de ir a conciertos, estamos más ligados a la música. Los teatros hacen demasiados esfuerzos para solventar las temporadas. Si no fuera por la colaboración y auspicios de las empresas privadas, muchos de ellos no podrían sostenerse.
Un proyecto no se subvenciona solamente con las entradas. Por eso, el papel importante de las escuelas es que los profesores deben inculcar a los jóvenes adolescentes a que vayan al teatro. De esa manera se va haciendo un hábito, así como ir al cine. Los principales agentes serían los colegios, las universidades, los profesores. A mí me gustaría que el curso de teatro sea obligatorio en las escuelas, porque eso va a acercar a los chicos al arte y van a poder ser mejores personas, más empáticas y sensibles, y vamos generando el cambio que queremos ver.
Myrian Edith Ramos Marcos, 22 años, Negocios Internacionales
«Yo nací en la peluquería de mi mamá y actualmente ese lugar tiene 25 años. Desde pequeña me llamó la atención el diseño de las uñas, pero nunca lo tomé en serio porque mis planes eran dedicarme a la profesión que estudié. Hasta que llegó la pandemia y tuve que reinventarme.
En el 2019, llegó una tía a Lima a dictar clases sobre extensión de pestañas y diseño de uñas. Ella es de Italia y llegó con la nueva tendencia de la cosmetología. Me invitó a participar, pero no le tome importancia. Hasta sentir la presión constante de mi familia para tomar el curso. Solo ingresé con una condición, renunciar a mi trabajo. El mismo que no me permitía estudiar. Además, los permisos para faltar solo eran en caso de urgencia o de una enfermedad.
Renuncié y tomé las clases durante dos meses, hasta que me volví una experta gracias a la práctica y constancia que le dediqué.
Con las nuevas restricciones de la pandemia, se tuvo que cerrar el negocio de mi mamá. No sabíamos qué hacer. Fue así, que me animé a estudiar de manera online diseño de uñas. Empecé a practicar con mi mamá, primas y amigas cercanas con la finalidad de perfeccionar mis diseños y técnicas.
Una vez que el Estado dio la autorización de abrir los negocios, le pedí a mi mamá que me de un espacio en su spa para colocar una mesa y silla, y empezar a atender por citas a mis futuras clientas. Empecé con una, ella me recomendó a sus amigas. Ahora, no me doy abasto porque son muchas. Estoy en busca de personal para poder atender a todas.
Nunca me imaginé ser socia de mi mamá y trabajar en el negocio familiar. Hoy en día, tengo mi propio espacio y empresa. Gracias a mi carrera de negocios internacionales, empezaré a importar desde México todas las herramientas y materiales que se requiere. Esto, ya que es el país pionero del mundo en el diseño de uñas.
Ahora, entiendo que la vida te da muchas enseñanzas y oportunidades. Solo es cuestión de aprovechar, perseverar y seguir adelante. Por un momento sentí un poco de vergüenza sobre lo que emprendí. Después entendí que no hay mayor orgullo que tener tu propio negocio».
Momentos históricos que marcaron los 70s, 80s y 90s fueron capturados por las cámaras de estas intrépidas mujeres. En un conversatorio organizado por la Asociación de Foto Periodistas del Perú (AFPP), Alicia Benavides, Beatriz Suárez, Fátima López, Mónica Newton, Carmen Barrantes, Rocío Cáceres, Mariel Vidal, Mayu Mohanna y Nancy Chappell se animaron a compartir sus experiencias en el mundo de la fotografía periodística. Sus imágenes te harán volver en el tiempo…
Nueve mujeres tenían mucho en común: una cámara, un cuarto oscuro en casa, rollos y un don para la fotografía. Ellas descubrieron el poder de la imagen en los albores del fotoperiodismo peruano cuando las cámaras eran análogas y el revelado resultaba esencial para obtener la foto perfecta. Con mucho talento y dedicación lograron colaborar para diarios y revistas reconocidas en el Perú y el extranjero.
CARMEN “LA CHINA” BARRANTES
Alfabetizando mujeres a través de medios audiovisuales, Carmen descubrió el poder de la imagen y su gran valor. Así, en 1975, ‘la china’ tomó un curso de fotografía en Sao Paulo, compró su primera cámara y armó su laboratorio en casa. Comenzó trabajando como fotógrafa freelance para pequeños diarios de origen sindicalista ligados a la izquierda.
Era una época donde la gente empezaba a salir a las calles para marchar y levantar la voz. Fue durante la dictadura de Morales Bermúdez que la china Barrantes capturó, junto a otros colegas, marchas multitudinarias pese a la gran represión del gobierno.
“Era muy intenso y riesgoso, en ese momento, durante las marchas morían personas. Nos lanzaban perdigones sin dirección. Varias hemos vivido la experiencia”, recuerda.
Pese a la represión, el peligro y la escasa remuneración, Carmen seguía en su labor acompañada de un maletín que utilizaba de escalera y también para defenderse de la policía y de otros periodistas.” Tenía un maletín de metal que medía 30 cm y me daba altura para estar por encima de la aglomeración de fotógrafos. Me servía también de escudo protector.”
Por un tiempo tuvo que dejar la fotografía para dedicarse a la consultoría de temas sociales, debido a que el oficio de reportera gráfica no le daba el sustento necesario para mantener a sus tres hijos. Con el tiempo, retomó su vocación. Porque, como ella misma menciona, nunca dejará su alma de reportera.
FÁTIMA LÓPEZ
Fátima López fue una de las primeras egresadas de la facultad de comunicaciones en la Universidad de Lima, fue ahí donde descubrió su amor por la fotografía. Entrar al cuarto oscuro para revelar las fotos era mágico. Rápidamente pidió tener su propio cuarto oscuro en casa. Su familia siempre apoyo este interés por lo que sus obsequios de cumpleaños y navidad eran rollos Tri-X y papel Ilford.
Pronto llevó su talento a la cancha. Trabajó para el suplemento VSD de La República y para la revista Caretas. Y, posteriormente, para el diario El Comercio. Le tocó desempeñar su labor en una época donde las condiciones laborales no eran las mejores para los reporteros gráficos.
“Era difícil, posiblemente no medí nunca el peligro ni las condiciones absurdas con las que trabajamos. Teníamos que llevar nuestro equipo, no teníamos seguro de salud, ni seguro de vida. Nos íbamos a la guerra por amor a la fotografía”, cuenta López.
A Fátima como a muchas otras pioneras del fotoperiodismo le tocó cubrir durante la violenta época del conflicto armado interno. “Mi generación y todos los que hemos tenido la mala suerte de vivir esa época tan violenta sabíamos que había un momento en el que estábamos en peligro si estábamos en la calle. Yo le llamaba “la hora de la bomba”, comenta.
Fátima fue una de las primeras fotógrafas en llegar a Tarata después del atentado de 1992. Ella recuerda muy bien ese día. Como vivía cerca, pudo escuchar la explosión. En pijama se apresuró para salir, se puso un saco, tomó su bicicleta y siguió a un camión de bomberos que iba en dirección a Tarata. “Cuando vi la magnitud de la explosión me quedé sin aire, me agaché, me volví a levantar y empecé a tomar fotos sin parar. Encontré autos todavía con fuego, pedazos de gente, cabezas… Simplemente disparé sin detenerme. Seguí y seguí como una zombie”.
Esa noche, la fotógrafa se quedó cerca del lugar y a la mañana siguiente continuó tomando fotos a las personas que recogían los restos que habían quedado de sus casas. Fue una experiencia que la marcó. Hace 22 años Fátima viajó a Austria y se convirtió en foto corresponsal de la región. Hoy continúa viviendo ahí con sus hijas. Nunca dejó de hacer lo que más ama: fotografiar.
“Tú eres tan bueno como fue tu ultima foto y eso es un estímulo para seguir produciendo”
MÓNICA NEWTON
Mónica había estudiado economía, se había casado y tenía tres hijos cuando en 1984 decidió matricularse en un taller de fotografía, el cual le cambiaría la vida. Más tarde, estudiaría fotografía profesional en el Centro de la Imagen en España.
Segura de su pasión, no dudo en escribirle una nota al jefe de fotografía del diario Ojo pidiéndole practicar como fotógrafa. Inesperadamente, él la contacto y la cito a una reunión el mismo día. Así fue como entro al área de fotografía en donde compartió una oficina con otros 15 fotógrafos hombres. Una pared llena de posters de mujeres voluptuosas en aquella oficina la hizo cuestionarse sobre donde había ido a parar. Pero ella quería trabajar y optó por quedarse. Al ser la única mujer en ese equipo de trabajo tuvo que enfrentarse a conductas machistas. “Al principio era terrible. Todo este conjunto de hombres que eran super machistas y vulgares en muchos momentos me malograron negativos, me publicaban lo malo y en lo bueno no ponían mi nombre”.
Pero con la llegada de su colega Nancy Chappell al equipo las cosas se tranquilizaron. En seis meses ya habían logrado ganarse el cariño de esos hombres quienes ahora las protegían. El diario pronto se convirtió en un lugar lleno de aprendizajes.
“Yo estudié Economía y había leído sobre la pobreza, pero lo que encontré en la calle fue algo no imaginado. En Ojo pude conocer cada plaza, cada posta de salud, cada escuelita, cada cono. Pude realmente tener una visión total de lo que era el Perú”, declara.
Tras su paso por Ojo, llegó a la revista Sí! y, posteriormente, a la unidad de investigación de La República. Lo que la llevó a cubrir en la selva peruana. “Cuando yo llegué a la selva me conecté totalmente con ella. Sentía que, a pesar de la violencia, la vida cotidiana seguía y de pronto cambiaban de canal y estaban riendo, cantando, compartiendo contigo. Entonces quise fotografiar ese documento de vida donde la vida y la muerte hacían un contrapunto.”
A través de la fotografía, Mónica tuvo una transformación. Cuenta que pese a tener tres hijos le tenía mucho temor a la maternidad. Pero recuerda la vez en la que le comentaron algo peculiar en la mayoría de sus fotografías. Casi todas tenían a mujeres y niños. Fue ahí que entendió todo. “La selva como tierra abundante y fértil, y las mujeres de la selva me enseñaron cómo ser madre. La selva salvo mi maternidad”, declara.
ROCÍO CÁCERES
Rocío tenía muy en claro que quería dedicarse a la fotografía, por ello se fue a estudiar a Londres. Ahí empezó a cubrir manifestaciones feministas y antifascistas. Tras diez años, regresó a su patria justo en una década marcada por la violencia. Ser fotógrafa de guerra en los 80s era extremadamente duro.
“Constantemente iba a Ayacucho y cubría manifestaciones bravas. Corrían balas, corrían piedras, mataban a los perros y los colgaban en los postes. Era una cosa atroz. Eran unas mini guerras”.
Una anécdota que impactó a la reportera se dio durante una comisión en la casa del ex presidente Alberto Fujimori, cuando él era aún candidato a la presidencia. Le habían asignado cubrir a Fujimori y el ex mandatario la mandó a llamar. Cuando entró a su casa se topó con una mesa de comedor cubierta de una gran variedad de periódicos. En todos ellos se había publicado la foto de Fujimori con un traje japonés y una espada. Aquella foto que lo hizo enfurecer era obra de Rocío.
“Me dijo: ‘Hace más de 60 años que este periódico desde que salió no ha publicado una sola foto y mira.’ Me enseña la primera página donde está él. Entonces ahí fue donde me pone la espada en el cuello. Yo hasta ese momento estaba un poco desconcertada. Él estaba furioso. Entonces me dice: ‘¡¿Cómo te has atrevido?!’ Y conforme se ponía más colérico me empujaba más la espada en el cuello. Hasta que uno de sus guardaespaldas le bajo la mano y le dijo: ‘Suave, cuidado’”, relata.
Los guardaespaldas ayudaron a que Rocío saliera de la casa, ya que Fujimori no la quería dejar ir. “Entonces cuando estaba saliendo. Me dijo: ‘Yo voy a ser presidente ya vas a ver’. Y yo volteo y le digo: ‘Y llorarás lágrimas de sangre’. Y los dos guardias prácticamente me empujaron para fuera”.
Después del incidente, a Cáceres le quitaron la asignación de cubrir al ex mandatario porque temían que pudiera hacerle daño a la periodista.
NANCY CHAPPELL
En 1987, Nancy Chappell egresó de la carrera de comunicaciones y empezó sus prácticas en el diario Ojo. Ella tenía muy en claro que quería ser redactora, pero en las salas de redacción se dio cuenta que las palabras no le eran suficiente para contar lo que cubría. Empezó a sentir envidia de los fotógrafos que la acompañaban a las comisiones. Así que habló con el jefe de redacción y le suplico que la trasladaran al área de fotografía. La aceptaron por un mes, pero se quedó ahí muchos años.
Era la década de los 90’s, la violencia perduraba en las calles. Nancy viajó por primera vez a Ayacucho para fotografiar las conmemoraciones por semana santa. “Es impactante llegar ahí y ver a a la gente con unos rostros tan sufrientes y en el poco tiempo que estuve, escuchar historias de terror. Fue muy impactante. Y yo como limeña, aún como periodista, había visto todo de una manera tan lejana y me sentí mal.” Después de esa experiencia, Chappell regresó a Lima.
La violencia ya se había movilizado a la capital y los atentados eran frecuentes. En ese clima de guerra, Nancy sentía que la labor que hacían ella y sus demás colegas serviría para parar la guerra. “Siempre tuve esa esperanza y la convicción de que los fotógrafos mostrando imágenes íbamos a hacer un cambio, pero pasaban los años y todo eso se hizo peor.”
Algo que marcó profundamente a la periodista fue cubrir un atentado que acabó con la vida de un taxista en la avenida Canadá en 1992. El hombre tenía 54 años, la misma edad que tenía su padre en ese entonces. Había sido quemado y de su cuerpo aún desprendía humo. “Ese día llegué a mi casa y vomité. Esa noche hubo un coche bomba que voló completamente la Embajada de Bolivia. Y ese día tuve consciencia del miedo de cubrir porque antes no lo había tenido”. La excesiva violencia hizo que Nancy se desencantara de la fotografía. Sentía que se había equivocado, que la fotografía no iba a parar la guerra y optó por no registrar más los horribles actos de terrorismo.
En 2002 la llamaron para participar en la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y buscar archivos de los 20 años de violencia que sufrió el país. Entre archivos de fotógrafos y distintos medios entendió la importancia del registro fotográfico. “La fotografía sí hace la diferencia. No va a parar la guerra, pero nos crea consciencia, nos acerca, es capaz de confrontar y ser un testimonio. Ahí reside el valor de la fotografía. Nos hace más empáticos».
La fiesta de Tokio 2020 aún no acaba y Pilar Jáuregui lo sabe muy bien. Su yo adolescente no le creería si ella le contara que este 1 de septiembre debutará en unos Juegos Paralímpicos. Desde los 14 años, una luxación de cadera congénita bilateral la llevó a usar un bastón, muletas, y finalmente una silla de ruedas, y la obligó a abandonar temporalmente los deportes que más le gustaban, pero no pudo arrebatarle los sueños y el amor por el deporte.
Hoy destacan en su haber un oro panamericano obtenido en Lima 2019 y otro primer puesto en el Uganda Para-Bádminton International 2019. Jáuregui se encuentra en el sexto lugar del ranking mundial, y el constante trabajo que ha venido realizando desde el 2016 la hizo merecedora de un cupo en los Juegos Paralímpicos Tokio 2020 dentro de la categoría WH2 femenino individual, donde participan Parabadmintonistas en silla de ruedas y con discapacidad menor.
En el penúltimo día que destinó a brindar entrevistas y en medio de la concentración y últimos entrenamientos previos a su participación en el evento olímpico, la paratleta puneña conversó con La Antígona acerca de sus expectativas, los retos que tenemos en torno al para deporte y sobre cómo es ser una deportista con discapacidad en nuestro país.
Foto: Prensa
¿Cómo se ha sentido clasificar a tus primeros Juegos Paralímpicos y cuáles son tus expectativas en torno al evento?
Estoy muy contenta. Estoy disfrutando los días previos, que son muy emocionantes, y disfruté también ver a los deportistas convencionales. Son mis primeras olimpiadas y además es la primera vez que el parabádminton va a estar en el evento, pero me siento tranquila, sentía mucha más presión para Lima2019. Aquí yo sé que es complicado obtener medallas pero por ahora estoy disfrutando del momento.
Este es un hecho histórico además porque es la primera vez que el parabádminton forma parte de los Juegos Paralímpicos. ¿Qué tan importante consideras que es esto para la visibilización de esta disciplina?
Creo que el parabádminton ha crecido muchísimo y ahora con Tokio 2020 va a seguir creciendo. Clara muestra de ello es Perú, donde tenemos a Giuliana Poveda que es campeona mundial, Pedro Pablo de Vinatea que es oro panamericano, Jesús Salva que es bronce panamericano y otros chicos que estuvieron muy cerca de la medalla como Jenny Ventocilla y Pablo Cueto, y esto no se acaba ahí, se vienen los Juegos Panamericanos Santiago 2023. Cuando yo empecé en el 2016 éramos 13; en el 2017, 20; en el 2018, casi 30 y ahora estamos llegando a los 50, imagínate cómo ha crecido.
Foto: Pilar Jauregui con Pedro Pablo de Vinatea y Jesús Salvá
Has contado cómo iniciaste en el parabádminton gracias al para badmintonista Pedro Pablo de Vinatea. ¿Qué otros referentes tuviste en tus inicios?
Yo recibí también mucho incentivo de parte de mis entrenadores y de la Federación, fueron parte clave, porque Pedro me invitó pero ellos me dieron los campos, materiales y entrenadores. Yo hacía también otras disciplinas, me encanta el bádminton, básquet y tenis, pero me quedé en bádminton porque veía más organización y apoyo. Mis padres también me apoyaron siempre.
¿Qué tan importante crees que es la representación? ¿Crees que puede influir en que más personas con discapacidad se animen a practicar estos deportes?
Sí, de hecho. Cuando a los 10 años empecé con operaciones y rehabilitación no tenía conocimiento de los para deportes, recién en el 2011 los conocí. Estoy segura de que si hubiese sabido antes, hubiera empezado antes y ya sería quizá campeona en otro deporte, porque empezar de joven es lo ideal.
Alguna vez has hablado también acerca de lo difícil que es para las atletas mujeres que quieren hacer parabadminton en nuestro país llegar a concretarlo. ¿Por qué se da esto?
En realidad es para todos los deportes. Por ejemplo, en el básquet era muy sacrificado que las chicas se responsabilicen de muchas cosas (labores del hogar, trabajo) y al mismo tiempo entrenen, igual para las mujeres embarazadas. Por eso siempre ha habido más hombres que mujeres. Ahora recién están empezando a participar más chicas en el parabádminton y les está yendo muy bien. Otra cosa que también pasaba en otros deportes era que yo era la única mujer y no nos dejaban competir porque “solo era torneo de varones”. A mí me molestaba porque en las reglas internacionales se indica que si no se reúne el cuadro de mujeres pueden jugar en el de varones. Eso ayuda a que haya más chicas y que no se queden sin competencias, porque muchas veces no continuamos entrenando porque no tenemos campeonatos y no estamos bien preparadas para los Juegos Olímpicos o Panamericanos.
En mi caso, la clasificación para Tokio 2020 era por dobles mujeres, pero no tenía una partner y tuve que buscar la clasificación de singles, cuando podría haber tenido más chances. Ahora ya estamos trabajando en abrir todas las categorías y modalidades para estar preparados. Pero en el parabádminton nunca ha sido un problema para mí, es más, me gusta jugar en el Campeonato de varones.
Pilar posando con la raqueta y la silla de ruedas. Foto: Prensa
Tú tuviste depresión cuando eras adolescente tras tu diagnóstico y operaciones, ¿cómo haces ahora para cuidar tu salud mental?
Cuento con un psicólogo del IPD, también uno de la Federación. Vamos trabajando desde el 2018. Antes era acomplejada, tenía miedo, pero ya cuando empiezas a vivir la vida y evitar que te importe lo que no te debe importar, cambian las cosas. En eso el deporte me ha ayudado muchísimo. Y sí hay un trabajo muy grande de parte de los psicólogos pero sobre todo porque afrontamos la tensión de torneos, partidos, puntos. Antes me ponía mucho más nerviosa, ahora ya tengo más control. También estoy en un buen momento porque ya no tengo mucha presión por el resultado. He decidido que puedo llegar a la meta pero disfrutando mi deporte.
¿Cómo es ser una mujer con discapacidad en nuestro país?
Estamos mejorando en el sentido de que nos aceptan o ven que sí podemos. Antes muchos me decían “¿Haces deporte? ¿tú puedes?”, en cambio ahora me dicen “¡Ah! ¿qué deporte haces?”. En lo social hemos mejorado muchísimo también. Falta, y obvio esto empieza desde muy niños pero siempre digo que a mí los que me sorprenden son los más chicos. Son los que más se dan cuenta de si necesitas ayuda y le dicen a sus padres. Ya nos ven distinto, no como pobrecitos o suponiendo que no podemos.
Esta es la forma en que podemos hacer deporte y muchos no lo hacen pensando que van a ser campeones sino porque les hace sentir bien y eso me parece súper válido porque yo empecé así. Me encantaba poder volver a sentir el viento, sentirme cansada, que era algo que no sentía desde niña, y ya luego pude ver que podía ser una para atleta de alto rendimiento.
¿Qué tan amigable es la ciudad de Lima a nivel infraestructura para una persona con discapacidad?
Dependiendo de la zona. Yo antes solía “rodar” más que moverme en taxi o carro, y hace 6, 7 o 8 años no había mucha accesibilidad. He visto que cada vez las municipalidades de los distritos están haciendo más (rampas) pero en muchas ocasiones las hacen por hacer, parecen rampas para los skaters (risas) porque hay tachos de basura al frente o un poste al final. O hay rampas y hay carros estacionados o puestos. Honestamente ha mejorado muchísimo pero esperemos que lo siga haciendo. Algo que me sorprendió hace poco fue que ahora en muchas ocasiones cuando los conductores nos ven ya no tenemos que esperar a que haya luz roja para que paren, ya no soy invisible. Te juro que muchas veces me ha pasado que hay pases peatonales pero los carros van a velocidad y uno se siente invisible. Pero estamos cambiando eso.
Pilar con amigos y equipo antes de partir a Tokio. Foto: Prensa
Y sé que tú gracias al programa del IPD #VamosconTokio pudiste clasificar a los Juegos Paralímpicos. ¿Qué tan importante es el apoyo estatal a los deportistas?
Estoy muy agradecida con el programa pero sí me hubiese gustado que empiece antes, ya que inició ni bien acabó Lima 2019 pero nosotros empezamos a sumar puntos desde enero del 2019, entonces deberíamos tener un poco más de tiempo para llegar bien preparados. La clasificación salió muy tarde, pero felizmente tengo el respaldo de mi Federación. Sabíamos que íbamos a estar clasificados y hemos venido trabajando desde el 2020 para poder estar en Tokio. Me gustaría igual que haya más apoyo, hay muchos atletas que se han quedado por poco y quizá por falta de tiempo. O también sería bueno que haya un programa panamericano, así asumiríamos dos torneos en uno y tendríamos mejores resultados.
Sé también que las empresas ayudan mucho en ese sentido. Hace poco recibiste una nueva silla profesional de titanio hecha a tu medida. ¿Qué tan importante es también el apoyo desde el sector privado a los paradeportistas?
Es un complemento no solo porque apoyan en torneos, sino también por el tema social. Hay muchas campañas de mis patrocinadores para visibilizar el para deporte y otras actitudes buenas, y eso es lo que me gusta más. Somos muchos atletas que empezamos en la nada, siendo los últimos del ranking, y ellos están con patrocinio también, por eso estoy agradecida con las empresas privadas que creen en los para deportistas, pero también con la Federación y el IPD, junto a la Asociación Nacional Paralímpica del Perú, creo que están haciendo un buen trabajo. Obviamente ellos no se dan abasto para todos porque somos muchos y tienen que ver la forma de que todos compitamos y no hay tanto presupuesto pero es ahí donde entran las empresas privadas. Gracias a ellas yo pude ir a más torneos en el 2019 y pude sumar buenos puntos.
Pilar Jáuregui ganó la medalla de oro en el Para bádminton en los Juegos Parapanamericanos Lima 2019. Foto: RPP
¿Qué mensaje esperas dejar tú para las niñas y jóvenes peruanas que tienen discapacidad y que ven en ti a un referente?
Que confíen en ellas, que se apoyen en la familia. A los padres, decirles que confíen en sus hijos. El deporte los va a ayudar muchísimo, no importa qué deporte hagan ni qué discapacidad tengan: hay deporte para todos. Lo bueno del para deporte es que no hay límite de edad y puedes empezar tarde o siendo joven. Yo, por ejemplo, no tenía control sobre mi lado derecho, pero con el deporte he ganado más movilidad y fuerza. Ayuda a sentirse bien y más independiente.
Gracias por tu tiempo. Estaremos atentas a tu participación en Tokio 2020 y desde ya eres un orgullo para todos nosotros.
Gracias a ustedes -los medios- porque hay muchos chicos que se enteran de los para deportes a través de la televisión o entrevistas en redes sociales y se han animado a practicarlos. Yo me enteré así, a través de una pantalla. Gracias por promover el para deporte.
Maira Rodríguez, 23 años, creadora de Cafem y Las Tetazas.
Cuando inició Cafem, Maira Rodríguez, no sabía que sería Maira, la de las tetazas. Su propósito siempre fue empoderar a las mujeres: hacer que se sientan cómodas consigo y con las demás. Por eso creó Cafem, un espacio femenino libre y seguro.
«Mi idea era que sea una cafetería, como un Starbucks femenino. Cafem tiene una relación muy estrecha con el té de tías: se inspira en los momentos en que hablas y estás cómoda con más mujeres. No es un espacio físico, es nuestro cuchicheo. Nos sentimos comprendidas cuando hablamos.
Cuando llegó la pandemia, tuvimos un primer conversatorio virtual. Fue como una gran terapia para todas. Me di cuenta de que podemos formar relaciones sororas a través de la pantalla. El evento fue increíble… pero yo necesitaba algo más. Quería empoderar a las mujeres de manera más directa.
Entonces empecéLas Tetazas. Siempre me interesó la cerámica, lo que más colecciono son tazas y había visto arte con tetas en internet. Me dije: «Quiero aprender cerámica. Quiero aprender cerámica y hacer tazas. Quiero aprender cerámica y hacer tazas con tetas». El nombre lo propuse casi a la joda. Mi papá es comunicador. Le pregunté qué pensaba sobre llamarlas «tetazas». Le gustó, aunque cuestionó: «¿no será muy obvio?» Pues esa es la idea. Que sea lo más obvio posible: esta soy yo; estas, mis tetas; esta, mi tetaza. Es una manera de luchar contra el estigma y la censura.
Las Tetazas fueron un éxito. En una ocasión, una chica pidió que diseñara una con detalles específicos. Me pregunté ¿qué tal si doy un paso mucho más allá y personalizo las tetazas? Era mucho más íntimo. Ya no se trataba de normalizar tetas, eran tus tetas. Era verte en los ojos de otra persona, en una pieza de arte. Al principio sentía mucha carga. La primera me pareció que salió malaza. Yo decía: «la cagué, aquí hay una manchita, no salió como debía»… pero quien recibió latetaza me dijo que estaba perfecta. Yo estaba dispuesta a volverla a hacer, pero ella insistía «Maira, está perfecta». Me hizo entender que gran parte de la cerámica y del cuerpo humano son las imperfecciones.
Por eso tomarse las fotos es un momento muy sensible. Eres tú con tu cámara, tú-real. Para hacer la tetaza, doy indicaciones muy técnicas de cómo debe ser la imagen que envían: de la clavícula para abajo, de costado… Doy mis datos, mi correo, mi instagram. Hablo de manera empática, porque lo entiendo. Desde chibolas nos dicen «tápense». Es obvio que, al pedirte «destápate», vas a estar incómoda. Cada una pasa por un proceso propio. Lo que yo hago es acompañarlo.
La reacción a la taza es muy importante para mí. Ese gesto de verse y decir «¡soy yo!» incluso lo sentí cuando diseñé mi tetaza. Fue muy bonito. Dejo una partecita de mí en cada taza que hago. Hay diferentes historias: mujeres que aman sus tetas y están encantadas de verlas en una taza, pero también mujeres con procesos complejos. A veces han pasado por procedimientos quirúrgicos y me dicen «no sé si podrías hacerlo con esta cicatriz»… Vaya, ¡es tu proceso! Tuyo. Yo hago la taza para que te sientas bien contigo, para que te veas y te ames.
Es un gran reto.Tenemos que amar el cuerpo en todos sus estados, porque cambia constantemente. Una vez, me contactaron para regalar una taza a una madre que había pasado por una intervención en su mama. Fue la más difícil que he hecho. Al final, hablé por videollamada con ella y… su cara. Ala. Su cara fue hermosa. La vi transformarse en una guerrera. La tetaza era su grito de victoria.
Tocamos al resto sin siquiera saberlo. Pienso en lo que entrego con una tetaza y espero que recuerden lo que sintieron al recibirla. He visto compañerismo. Una mujer me pide una tetaza para su amiga. Yo voy a su cuenta para hablarle: «Hola, tal persona te ha regalado una tetaza, quiero saber si estás dispuesta…». Ella se emociona y me pide que haga otra para una amiga más. Es una cadena de favores. Me emociona saber que conectamos así, de manera espontánea. Creo que Cafem –y las tetazas– entregan eso: el entendimiento de que todas pasamos por algo parecido. Solo hay que conocernos.
Me ha pasado que me ven y dicen «es Maira, la de las tetazas». El nombre lo hace llevadero, porque llamarlas senos o busto es muy… anatómico. Las tetas son más de nosotras. Somos nosotras, libres y seguras, porque estamos en tetas”.