La fiesta de Tokio 2020 aún no acaba y Pilar Jáuregui lo sabe muy bien. Su yo adolescente no le creería si ella le contara que este 1 de septiembre debutará en unos Juegos Paralímpicos. Desde los 14 años, una luxación de cadera congénita bilateral la llevó a usar un bastón, muletas, y finalmente una silla de ruedas, y la obligó a abandonar temporalmente los deportes que más le gustaban, pero no pudo arrebatarle los sueños y el amor por el deporte.
Hoy destacan en su haber un oro panamericano obtenido en Lima 2019 y otro primer puesto en el Uganda Para-Bádminton International 2019. Jáuregui se encuentra en el sexto lugar del ranking mundial, y el constante trabajo que ha venido realizando desde el 2016 la hizo merecedora de un cupo en los Juegos Paralímpicos Tokio 2020 dentro de la categoría WH2 femenino individual, donde participan Parabadmintonistas en silla de ruedas y con discapacidad menor.
En el penúltimo día que destinó a brindar entrevistas y en medio de la concentración y últimos entrenamientos previos a su participación en el evento olímpico, la paratleta puneña conversó con La Antígona acerca de sus expectativas, los retos que tenemos en torno al para deporte y sobre cómo es ser una deportista con discapacidad en nuestro país.
Foto: Prensa
¿Cómo se ha sentido clasificar a tus primeros Juegos Paralímpicos y cuáles son tus expectativas en torno al evento?
Estoy muy contenta. Estoy disfrutando los días previos, que son muy emocionantes, y disfruté también ver a los deportistas convencionales. Son mis primeras olimpiadas y además es la primera vez que el parabádminton va a estar en el evento, pero me siento tranquila, sentía mucha más presión para Lima2019. Aquí yo sé que es complicado obtener medallas pero por ahora estoy disfrutando del momento.
Este es un hecho histórico además porque es la primera vez que el parabádminton forma parte de los Juegos Paralímpicos. ¿Qué tan importante consideras que es esto para la visibilización de esta disciplina?
Creo que el parabádminton ha crecido muchísimo y ahora con Tokio 2020 va a seguir creciendo. Clara muestra de ello es Perú, donde tenemos a Giuliana Poveda que es campeona mundial, Pedro Pablo de Vinatea que es oro panamericano, Jesús Salva que es bronce panamericano y otros chicos que estuvieron muy cerca de la medalla como Jenny Ventocilla y Pablo Cueto, y esto no se acaba ahí, se vienen los Juegos Panamericanos Santiago 2023. Cuando yo empecé en el 2016 éramos 13; en el 2017, 20; en el 2018, casi 30 y ahora estamos llegando a los 50, imagínate cómo ha crecido.
Foto: Pilar Jauregui con Pedro Pablo de Vinatea y Jesús Salvá
Has contado cómo iniciaste en el parabádminton gracias al para badmintonista Pedro Pablo de Vinatea. ¿Qué otros referentes tuviste en tus inicios?
Yo recibí también mucho incentivo de parte de mis entrenadores y de la Federación, fueron parte clave, porque Pedro me invitó pero ellos me dieron los campos, materiales y entrenadores. Yo hacía también otras disciplinas, me encanta el bádminton, básquet y tenis, pero me quedé en bádminton porque veía más organización y apoyo. Mis padres también me apoyaron siempre.
¿Qué tan importante crees que es la representación? ¿Crees que puede influir en que más personas con discapacidad se animen a practicar estos deportes?
Sí, de hecho. Cuando a los 10 años empecé con operaciones y rehabilitación no tenía conocimiento de los para deportes, recién en el 2011 los conocí. Estoy segura de que si hubiese sabido antes, hubiera empezado antes y ya sería quizá campeona en otro deporte, porque empezar de joven es lo ideal.
Alguna vez has hablado también acerca de lo difícil que es para las atletas mujeres que quieren hacer parabadminton en nuestro país llegar a concretarlo. ¿Por qué se da esto?
En realidad es para todos los deportes. Por ejemplo, en el básquet era muy sacrificado que las chicas se responsabilicen de muchas cosas (labores del hogar, trabajo) y al mismo tiempo entrenen, igual para las mujeres embarazadas. Por eso siempre ha habido más hombres que mujeres. Ahora recién están empezando a participar más chicas en el parabádminton y les está yendo muy bien. Otra cosa que también pasaba en otros deportes era que yo era la única mujer y no nos dejaban competir porque “solo era torneo de varones”. A mí me molestaba porque en las reglas internacionales se indica que si no se reúne el cuadro de mujeres pueden jugar en el de varones. Eso ayuda a que haya más chicas y que no se queden sin competencias, porque muchas veces no continuamos entrenando porque no tenemos campeonatos y no estamos bien preparadas para los Juegos Olímpicos o Panamericanos.
En mi caso, la clasificación para Tokio 2020 era por dobles mujeres, pero no tenía una partner y tuve que buscar la clasificación de singles, cuando podría haber tenido más chances. Ahora ya estamos trabajando en abrir todas las categorías y modalidades para estar preparados. Pero en el parabádminton nunca ha sido un problema para mí, es más, me gusta jugar en el Campeonato de varones.
Pilar posando con la raqueta y la silla de ruedas. Foto: Prensa
Tú tuviste depresión cuando eras adolescente tras tu diagnóstico y operaciones, ¿cómo haces ahora para cuidar tu salud mental?
Cuento con un psicólogo del IPD, también uno de la Federación. Vamos trabajando desde el 2018. Antes era acomplejada, tenía miedo, pero ya cuando empiezas a vivir la vida y evitar que te importe lo que no te debe importar, cambian las cosas. En eso el deporte me ha ayudado muchísimo. Y sí hay un trabajo muy grande de parte de los psicólogos pero sobre todo porque afrontamos la tensión de torneos, partidos, puntos. Antes me ponía mucho más nerviosa, ahora ya tengo más control. También estoy en un buen momento porque ya no tengo mucha presión por el resultado. He decidido que puedo llegar a la meta pero disfrutando mi deporte.
¿Cómo es ser una mujer con discapacidad en nuestro país?
Estamos mejorando en el sentido de que nos aceptan o ven que sí podemos. Antes muchos me decían “¿Haces deporte? ¿tú puedes?”, en cambio ahora me dicen “¡Ah! ¿qué deporte haces?”. En lo social hemos mejorado muchísimo también. Falta, y obvio esto empieza desde muy niños pero siempre digo que a mí los que me sorprenden son los más chicos. Son los que más se dan cuenta de si necesitas ayuda y le dicen a sus padres. Ya nos ven distinto, no como pobrecitos o suponiendo que no podemos.
Esta es la forma en que podemos hacer deporte y muchos no lo hacen pensando que van a ser campeones sino porque les hace sentir bien y eso me parece súper válido porque yo empecé así. Me encantaba poder volver a sentir el viento, sentirme cansada, que era algo que no sentía desde niña, y ya luego pude ver que podía ser una para atleta de alto rendimiento.
¿Qué tan amigable es la ciudad de Lima a nivel infraestructura para una persona con discapacidad?
Dependiendo de la zona. Yo antes solía “rodar” más que moverme en taxi o carro, y hace 6, 7 o 8 años no había mucha accesibilidad. He visto que cada vez las municipalidades de los distritos están haciendo más (rampas) pero en muchas ocasiones las hacen por hacer, parecen rampas para los skaters (risas) porque hay tachos de basura al frente o un poste al final. O hay rampas y hay carros estacionados o puestos. Honestamente ha mejorado muchísimo pero esperemos que lo siga haciendo. Algo que me sorprendió hace poco fue que ahora en muchas ocasiones cuando los conductores nos ven ya no tenemos que esperar a que haya luz roja para que paren, ya no soy invisible. Te juro que muchas veces me ha pasado que hay pases peatonales pero los carros van a velocidad y uno se siente invisible. Pero estamos cambiando eso.
Pilar con amigos y equipo antes de partir a Tokio. Foto: Prensa
Y sé que tú gracias al programa del IPD #VamosconTokio pudiste clasificar a los Juegos Paralímpicos. ¿Qué tan importante es el apoyo estatal a los deportistas?
Estoy muy agradecida con el programa pero sí me hubiese gustado que empiece antes, ya que inició ni bien acabó Lima 2019 pero nosotros empezamos a sumar puntos desde enero del 2019, entonces deberíamos tener un poco más de tiempo para llegar bien preparados. La clasificación salió muy tarde, pero felizmente tengo el respaldo de mi Federación. Sabíamos que íbamos a estar clasificados y hemos venido trabajando desde el 2020 para poder estar en Tokio. Me gustaría igual que haya más apoyo, hay muchos atletas que se han quedado por poco y quizá por falta de tiempo. O también sería bueno que haya un programa panamericano, así asumiríamos dos torneos en uno y tendríamos mejores resultados.
Sé también que las empresas ayudan mucho en ese sentido. Hace poco recibiste una nueva silla profesional de titanio hecha a tu medida. ¿Qué tan importante es también el apoyo desde el sector privado a los paradeportistas?
Es un complemento no solo porque apoyan en torneos, sino también por el tema social. Hay muchas campañas de mis patrocinadores para visibilizar el para deporte y otras actitudes buenas, y eso es lo que me gusta más. Somos muchos atletas que empezamos en la nada, siendo los últimos del ranking, y ellos están con patrocinio también, por eso estoy agradecida con las empresas privadas que creen en los para deportistas, pero también con la Federación y el IPD, junto a la Asociación Nacional Paralímpica del Perú, creo que están haciendo un buen trabajo. Obviamente ellos no se dan abasto para todos porque somos muchos y tienen que ver la forma de que todos compitamos y no hay tanto presupuesto pero es ahí donde entran las empresas privadas. Gracias a ellas yo pude ir a más torneos en el 2019 y pude sumar buenos puntos.
Pilar Jáuregui ganó la medalla de oro en el Para bádminton en los Juegos Parapanamericanos Lima 2019. Foto: RPP
¿Qué mensaje esperas dejar tú para las niñas y jóvenes peruanas que tienen discapacidad y que ven en ti a un referente?
Que confíen en ellas, que se apoyen en la familia. A los padres, decirles que confíen en sus hijos. El deporte los va a ayudar muchísimo, no importa qué deporte hagan ni qué discapacidad tengan: hay deporte para todos. Lo bueno del para deporte es que no hay límite de edad y puedes empezar tarde o siendo joven. Yo, por ejemplo, no tenía control sobre mi lado derecho, pero con el deporte he ganado más movilidad y fuerza. Ayuda a sentirse bien y más independiente.
Gracias por tu tiempo. Estaremos atentas a tu participación en Tokio 2020 y desde ya eres un orgullo para todos nosotros.
Gracias a ustedes -los medios- porque hay muchos chicos que se enteran de los para deportes a través de la televisión o entrevistas en redes sociales y se han animado a practicarlos. Yo me enteré así, a través de una pantalla. Gracias por promover el para deporte.
Maira Rodríguez, 23 años, creadora de Cafem y Las Tetazas.
Cuando inició Cafem, Maira Rodríguez, no sabía que sería Maira, la de las tetazas. Su propósito siempre fue empoderar a las mujeres: hacer que se sientan cómodas consigo y con las demás. Por eso creó Cafem, un espacio femenino libre y seguro.
«Mi idea era que sea una cafetería, como un Starbucks femenino. Cafem tiene una relación muy estrecha con el té de tías: se inspira en los momentos en que hablas y estás cómoda con más mujeres. No es un espacio físico, es nuestro cuchicheo. Nos sentimos comprendidas cuando hablamos.
Cuando llegó la pandemia, tuvimos un primer conversatorio virtual. Fue como una gran terapia para todas. Me di cuenta de que podemos formar relaciones sororas a través de la pantalla. El evento fue increíble… pero yo necesitaba algo más. Quería empoderar a las mujeres de manera más directa.
Entonces empecéLas Tetazas. Siempre me interesó la cerámica, lo que más colecciono son tazas y había visto arte con tetas en internet. Me dije: «Quiero aprender cerámica. Quiero aprender cerámica y hacer tazas. Quiero aprender cerámica y hacer tazas con tetas». El nombre lo propuse casi a la joda. Mi papá es comunicador. Le pregunté qué pensaba sobre llamarlas «tetazas». Le gustó, aunque cuestionó: «¿no será muy obvio?» Pues esa es la idea. Que sea lo más obvio posible: esta soy yo; estas, mis tetas; esta, mi tetaza. Es una manera de luchar contra el estigma y la censura.
Las Tetazas fueron un éxito. En una ocasión, una chica pidió que diseñara una con detalles específicos. Me pregunté ¿qué tal si doy un paso mucho más allá y personalizo las tetazas? Era mucho más íntimo. Ya no se trataba de normalizar tetas, eran tus tetas. Era verte en los ojos de otra persona, en una pieza de arte. Al principio sentía mucha carga. La primera me pareció que salió malaza. Yo decía: «la cagué, aquí hay una manchita, no salió como debía»… pero quien recibió latetaza me dijo que estaba perfecta. Yo estaba dispuesta a volverla a hacer, pero ella insistía «Maira, está perfecta». Me hizo entender que gran parte de la cerámica y del cuerpo humano son las imperfecciones.
Por eso tomarse las fotos es un momento muy sensible. Eres tú con tu cámara, tú-real. Para hacer la tetaza, doy indicaciones muy técnicas de cómo debe ser la imagen que envían: de la clavícula para abajo, de costado… Doy mis datos, mi correo, mi instagram. Hablo de manera empática, porque lo entiendo. Desde chibolas nos dicen «tápense». Es obvio que, al pedirte «destápate», vas a estar incómoda. Cada una pasa por un proceso propio. Lo que yo hago es acompañarlo.
La reacción a la taza es muy importante para mí. Ese gesto de verse y decir «¡soy yo!» incluso lo sentí cuando diseñé mi tetaza. Fue muy bonito. Dejo una partecita de mí en cada taza que hago. Hay diferentes historias: mujeres que aman sus tetas y están encantadas de verlas en una taza, pero también mujeres con procesos complejos. A veces han pasado por procedimientos quirúrgicos y me dicen «no sé si podrías hacerlo con esta cicatriz»… Vaya, ¡es tu proceso! Tuyo. Yo hago la taza para que te sientas bien contigo, para que te veas y te ames.
Es un gran reto.Tenemos que amar el cuerpo en todos sus estados, porque cambia constantemente. Una vez, me contactaron para regalar una taza a una madre que había pasado por una intervención en su mama. Fue la más difícil que he hecho. Al final, hablé por videollamada con ella y… su cara. Ala. Su cara fue hermosa. La vi transformarse en una guerrera. La tetaza era su grito de victoria.
Tocamos al resto sin siquiera saberlo. Pienso en lo que entrego con una tetaza y espero que recuerden lo que sintieron al recibirla. He visto compañerismo. Una mujer me pide una tetaza para su amiga. Yo voy a su cuenta para hablarle: «Hola, tal persona te ha regalado una tetaza, quiero saber si estás dispuesta…». Ella se emociona y me pide que haga otra para una amiga más. Es una cadena de favores. Me emociona saber que conectamos así, de manera espontánea. Creo que Cafem –y las tetazas– entregan eso: el entendimiento de que todas pasamos por algo parecido. Solo hay que conocernos.
Me ha pasado que me ven y dicen «es Maira, la de las tetazas». El nombre lo hace llevadero, porque llamarlas senos o busto es muy… anatómico. Las tetas son más de nosotras. Somos nosotras, libres y seguras, porque estamos en tetas”.
Créditos: Comunidad Callao Underground. Foto: Camila Brizuela Cisneros.
Llevan casi cuatro años esperando la promulgación de una ordenanza regional que tiene como finalidad la promoción, prevención y sanción de la discriminación por orientación sexual y de identidad de género. Sin embargo, a la fecha, ninguna autoridad les ha brindado un informe del estado situacional de la misma. No obstante, entre tantos problemas, la resignación no es una opción. Motivados y dispuestos a continuar luchando, así se encuentra la comunidad LGBT en el Callao.
“Es lamentable que la reunión no se haya llevado a cabo, pues iba a ser el primer acercamiento entre el Gobierno Regional y la sociedad civil. […] Lamentable que no se haya realizado como para tener también al menos una perspectiva de si es que realmente hay un compromiso de su parte” fue lo que señaló Jonas Ave, activista chalaco por la diversidad sexual y derechos humanos, al cancelarse la reunión cuyo objetivo era conocer el estado situacional del proyecto de la ordenanza regional LGBT del Callao, convocada el pasado martes 10 de agosto por Angie Trujillo, consejera de la Región.
“Fuimos convocados, Julio Callo, activista de la comunidad desde hace más de 20 años y mi persona junto a la gerencia de desarrollo social y la de asesoría legal. Sin embargo, la reunión no se llevó a cabo”, cuenta. Y añade que, aquel día, minutos antes de iniciar la reunión, el asistente de la consejera regional comunicó a los invitados que la autoridad no podría apersonarse. Esto, debido a problemas personales. Inmediatamente, los representantes de las gerencias mencionadas se retiraron de la sala y dejaron solos a los activistas, quienes representan a una comunidad que viene esperando casi 4 años por la aprobación de la ordenanza.
Foto: Prensa
“Las juventudes y lxs activistas nos preguntamos ¿en qué quedó esta ordenanza? Y por ello comenzamos a articular con algunos colectivos del Callao que ya venían impulsando esto en el 2018”, comentó Jonas. De hecho, la mayor parte de estas normativas aprobadas por gobiernos regionales se dan gracias a la incidencia y presión realizada por la misma ciudadanía.
El 8 de septiembre del año pasado, luego de años de lucha, el Gobierno Regional de Arequipa promulgó la Ordenanza Regional de Igualdad y no Discriminación en la Región Arequipa. Dicha normativa previene y sanciona los casos de discriminación por orientación sexual e identidad de género. La Libertad, Lima, Tacna, entre otras regiones; también tienen publicadas ordenanzas que buscan proteger a un sector de la población que sufre altos valores de violencia y discriminación.
Según la II Encuesta Nacional de Derechos Humanos: Población LGBT, elaborada por Ipsos por encargo del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, se estima que en el Perú más de 1.7 millones son miembros de la comunidad LGBT, el 71% de peruanos consideraba que la comunidad LGBT son discriminadas.
Foto: Prensa
También se encontró que el 37 % no estaría dispuesto a contratar a una persona trans, mientras que el 30% no estaría dispuesto a contratar a una persona homosexual. El estudio también reveló que el 46% estaba de acuerdo con que las personas trans viven confundidas, el 45% estaba de acuerdo con que las personas se vuelven homosexuales por traumas de la infancia y el 20% consideraba que las personas con VIH – SIDA no deberían trabajar por poner en riesgo su centro laboral.
Al hablar del caso chalaco, se debe mencionar que ya existe un proyecto de ordenanza regional que busca erradicar la exclusión social sistemática que vive la diversidad chalaca. Esto, a través de su prevención y sanción. Titulada bajo el nombre de Ordenanza Regional para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos de la Población LGTBI y Prevención de la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género en la Región Callao. La misma que, fue una propuesta de la Gerencia de Desarrollo Social de la anterior gestión del Gobierno Regional. Se encuentra aprobada desde el 27 de noviembre del 2018. Sin embargo, como no se promulgó oportunamente, los nuevos órganos de cogobierno regional para el periodo 2019-2022 pidieron su ratificación. Desde allí, la ordenanza regional pasa de despacho en despacho, recibiendo observaciones, recomendaciones, adecuaciones e informes de actualización.
Este largo trámite documentario reduce las esperanzas de que las opiniones de colectivos u organizaciones LGBTQ participen en las modificatorias de una ordenanza que los afecta directamente. Además, puede percibirse como un modo de retrasar su promulgación para dejar aquel trabajo a un nuevo gobierno regional.
“Hoy en día nos hemos dado cuenta de que han comenzado a suprimir o modificar algunos articulados que el Ministerio de la Mujer había emitido”, dijo Jonas. Y añade que la Asesoría Legal ha negado que se ejecute. Asimismo, “la Gerencia de Desarrollo Social solamente ha dicho: Ya, lo subsano, eliminando”, señaló. También comentó que algunas de las modificaciones realizadas debieron ser comunicadas. “Es lamentable porque nosotros como sociedad civil deberíamos haber tomado conocimiento de estas modificaciones cuando hubo un trabajo articulado entre sociedad civil y la Gerencia de Desarrollo Social con la anterior gestión. Por desgracia esto no sucede actualmente”.
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Existen algunos cambios resaltantes. Uno de ellos, es el retiro del artículo que indicaba que en toda la región debería existir un comunicado en el cual se prohíba todo tipo de discriminación. Así mismo, la observación para que los integrantes de la Mesa Multisectorial (con unidades orgánicas y representantes de la sociedad civil) sea reducida. Esto, a pesar de ellos consideran que algunos actores estratégicos no deberían desaparecer. “No sé qué más habrán retirado porque no tenemos el proyecto final. La reunión no se llevó a cabo. No sabemos qué es lo que se ha quedado”, mencionó.
Al referirse a la demora del trámite de la ordenanza, Angie Trujillo, consejera de la Región Callao, comenta que en este año, la ordenanza regional tuvo 11 observaciones. Estas fueron emitidas por parte de la Gerencia de Asesoría Jurídica. De entre todas ella, solo 10 han sido subsanadas por la Oficina de Desarrollo Social, Población e Igualdad De Oportunidades, Vivienda Y Saneamiento. La misma de la cual depende de la Gerencia de Desarrollo Social.
La observación -que aún no se encuentra subsanada- corresponde a que en el expediente de la ordenanza se guardan copias simples de los antecedentes, cuando se debería adjuntar el documento original. “Existe la presunción de que la oficina encargada, que depende de la Gerencia de Desarrollo Social, habría perdido documentos o piezas procedimentales, procesales y administrativas del expediente. Estos son los antecedentes. A la fecha no ha sacado la resolución de la reconstrucción del expediente”, señala Angie. En la medida que esta característica no se cumpla, la ordenanza no se promulgará.
¿Qué tan poco valor puede tener para un burócrata, el garantizar los derechos de la comunidad LGTB? Un error administrativo puede retrasar procesos legales que son valiosos para asegurar las facultades de cualquier persona. No obstante, como en toda lucha, cada obstáculo es un impulso para mejorar la organización y exigir igualdad con más fuerza .
“No hay bicentenario si no hay un reconocimiento a las diversidades. Eso es lo que pedimos. Queremos que se apruebe esta primera ordenanza, porque no va a ser la última. Hoy en día creo que con la articulación de varixs jóvenes chalacxs venimos con todo. Que se esperen, ya estamos aquí”, comentó Jonas con esperanza en su voz.
La Directora del Museo de Túcume, Bernarda Delgado. Foto: Karen Díaz
En su viaje hacia Trujillo para inscribirse en la Universidad Nacional, Bernarda Delgado no tenía en mente estudiar arqueología. Sin embargo, circunstancias de la vida familiar, sumadas a su admiración por las culturas antiguas la acompañaron en su decisión vocacional. Con el tiempo, estos factores, la convertirían en la Directora del Museo de Túcume, reconocido internacionalmente por su enfoque comunitario y ecológico.
Hija del poeta y compositor del himno de Chiclayo, Alfredo José Delgado Bravo y de una amorosa madre y administradora del hogar. Bernarda Delgado nació en Monsefú, entonces un pueblo pequeño como una gran familia. Tuvo una infancia feliz y ligada al arte. Cuando llegó el momento de estudiar en la universidad, viajó a Trujillo a iniciar una vida universitaria compartida con sus hermanas, amigas y primas, en un ambiente tan alegre como exigente.
En ese entonces, elegir estudiar arqueología era abismal. Tras superar la primera huelga de la universidad, que duró casi dos años, se vio muchas veces en duda de continuar con su formación debido a los comentarios generales. Muchos le decían: “Qué carrera es esa, te vas a morir de hambre”. Así mismo, la metodología de dictado era más teórica que práctica en ese entonces.
Sin embargo, gracias a la inspiración y confianza de sus padres decidió permanecer en el reto de la arqueología y buscar prácticas en campo desde el segundo año de su carrera. Así hizo prácticas en lugares como Chan Chan, Kuelap, Tacaynamo, Huaca de la Luna y en la sierra de Huamachuco. Su madre no entendía bien cómo la niña tímida que se fue de casa, ahora estaba encantada con el trabajo de campo, pero la apoyaba. Con esa experiencia ganada, fue en Kuelap donde la Srta Bernarda trabajó por primera vez con Alfredo Narváez, en ese entonces investigador en la fortaleza, quien la invitaría a sumarse a las investigaciones que iniciaban apenas en el proyecto Túcume.
Una joven arqueóloga en el proyecto Túcume
Lo que hoy en día es uno de los Ecomuseos más reconocidos de América Latina, en ese entonces era aún un lugar apenas en exploración y promovido por el entusiasmo de Thor Heyerdahl. Sí, el internacionalmente reconocido explorador noruego que en 1947, cruzó el Océano Pacífico en la balsa de madera Kon-Tiki. En ese entonces (1988 a 1992) dirigía las excavaciones en el complejo “La Raya”. El proyecto arqueológico de Túcume dirigido por Heyerdahl, Narváez, Arne Skjølsvold y Daniel Sandweiss era entonces una permanente exploración.
Foto: Southamericaplanet
Bernarda Delgado tenía mucho interés por investigar textilería y cerámica a lo largo de su carrera, así que antes de ir a trabajar al sur del país, aceptó la invitación de Alfredo Narváez para venir a Túcume y organizar las piezas de cerámica parte de los nuevos descubrimientos. Lo que sería un proyecto de tres meses, se convirtió al presente en 29 años trabajando en la investigación y gestión de este museo que, bajo la dirección de la mirada de antropólogo-arqueólogo de Narváez, tenía un carácter dinámico y participativo. También, promovía la integración e intercambio de aprendizajes.
Como la arqueóloga recuerda, el contexto de la época no era para nada sencillo. Había superinflación, una epidemia de cólera, el conflicto armado interno y la falta de servicios básicos y recursos. Todas estas carencias fueron suplidas gracias a las personas, especialmente de la comunidad de Túcume, de las que conservan amistad hasta el día de hoy.
La primera experiencia de la arqueóloga Bernarda en Túcume fue la excavación del Templo de la Piedra Sagrada. Tras quince días bajo el sol, comenzaron a encontrar entierros y ofrendas humanas, que había que inventariar, dibujar a mano y analizar. Todas estas piezas son actualmente parte de la exposición del museo. Durante los primeros años, la Srta Bernarda fue la única mujer del proyecto, trabajando en sectores como Huaca 1 y Huaca Las Balsas. De la mano con arqueólogos y el personal de la zona, principalmente varones contratados para ser parte de la excavación.
Foto: Arqueología del Perú
La arqueóloga recuerda estos primeros años en Túcume como un aprendizaje constante e integral que unía la arqueología y la antropología. Tenían a la comunidad involucrada en el proceso. Tanto en la obra como en la sensibilización y diálogo sobre lo que se estaba descubriendo allí.Por ejemplo, en una oportunidad encontraron piezas funerarias con instrumentos que parecían ser de tejido. Compararon con referencias de otras excavaciones y culturas, pero no encontraban el nombre ni los usos de cada herramienta.
Así, guiados por el espíritu comunitario y antropológico que para ese entonces ya tenía el proyecto, iniciaron un diálogo con las mujeres de la zona, hábiles en el tejido, quienes se sorprendieron al notar que las herramientas que aparecían en las excavaciones eran iguales a las que ellas usaban en el presente en el telar de cintura.
La gestión del Museo de Túcume y su enfoque ambiental – comunitario
El proyecto de exploración financiado culminaba pronto, pero no era suficiente. El Museo Túcume se planteó crear para dar continuidad y visibilización a la investigación. Alfredo Narváez Vargas logró gestionar ante el entonces Fondo de Promoción Turística (FOPTUR), la construcción de un museo de sitio para exponer los vestigios arqueológicos procedentes del proyecto arqueológico.
El 20 de agosto de 1992, se inauguró el museo de sitio. Los arqueólogos trabajaron ad honorem en el museo los primeros 8 años, para lograr fortalecer la labor cultural. Este vínculo con las personas de la zona, que estuvieron involucradas desde el principio, delineó el cariz de Museo Comunitario que sostienen hasta ahora. El joven Museo de Túcume, dirigido hasta 1997 por Alfredo Narváez, comenzó a hacer vínculos con la Unidad Ejecutora y Promperú en nuevos proyectos, para pasar de ser considerados “Proyecto arqueológico” a “Museo comunitario”.
Foto: Gobierno del Perú
Desde el principio la visión de este museo fue clara: trabajar vínculos con la comunidad, profundizar en la investigación y así, en palabras de la Srta Bernarda “hacer del pueblo un mejor espacio para vivir a partir del uso del patrimonio”.
Bernarda Delgado, Directora del Museo de Túcume
Desde el año 1997 la arqueóloga Bernarda Delgado quedó a cargo de la dirección del Museo de Túcume, en el delicado trabajo de gestionar proyectos para el museo, impulsar la investigación arqueológico-científica y fortalecer el vínculo con la comunidad. La arqueóloga recuerda que para ese entonces no se contaba con las facilidades actuales respecto a la comunicación y acceso a la información. Por ejemplo, para poder dialogar con otros investigadores hacía uso de la red científica peruana, en cabinas de internet de Chiclayo; o también el recuerdo del Fenómeno del Niño, la peor tormenta del norte, y la lucha para afrontarlo desde el museo.
Pero no todo era dificultad. El ahora antiguo edificio del museo ganó en ese entonces dos premios internacionales de los Colegios de Arqueólogos del Perú y Quito. En 1998 lograron un vínculo con la Unión Europea, que se acrisola en un programa de vinculación con artesanos como tejedoras, cesteras y joyeros, promoviendo la asociatividad, el fortalecimiento de capacidades y el marketing. Su fin es lograr que, mediante el desarrollo económico local, la tradición artesanal antigua se conserve en la comunidad.
Foto: Karen Díaz
La arqueóloga resalta la diferencia entre el Túcume de los años 80’ y el de hoy. En ese entonces el área arqueológica y los cerros y huacas cercanas fueron usados como cantera para material de construcción y arrasada por el gobierno. Esto, ya que aspiraban a construir los caminos del pueblo y obtener materiales. Lo que consiguieron, fue convertir a la zona en un gran basurero.
Ella señala que el proyecto arqueológico de investigación muestra las potencialidades de las “ruinas” como plataforma para gestar el desarrollo del pueblo. Al presente, en este vínculo museo-turismo-comunidad, las personas han interiorizado la importancia de este espacio: Ya no hay huaqueros ni depredación y sí personas unidas a su identidad en Túcume, fortaleciendo así el desarrollo y la calidad de vida de las personas.
Construir el vínculo entre el Complejo Arqueológico y la Comunidad
La arqueóloga señala con mucha ternura que las personas del pueblo, especialmente niños y jóvenes, digan “mi museo” al hablar del Museo Túcume. Para ellos no se trata de una exposición o colección de objetos viejos. Para ellos es trabajo en equipo, perros peruanos, talleres de artesanía, encuentro, comunidad. Este enfoque de nueva museología social gestado por Alfredo Narváez y Bernarda Delgado, expuesto en logros internacionales y con evidentes resultados en el cambio tanto actitudinal como aptitudinal hacia el Sitio Arqueológico se ve reflejado -en tiempos de coronavirus- en el amor y nostalgia de los niños que extrañan su museo.
En la actualidad el Museo de Túcume cumple 29 años este 20 de agosto y es conocido a nivel internacional por la calidad de los descubrimientos de su complejo arqueológico. Por ejemplo, expone la arqueología de culturas como las excavaciones en Túcume entre 1989 y 1994, que reúnen a las culturas lambayeque, chimú e inca.
Es igual de resaltante el vínculo del museo con Túcume, ya que promovieron la creación de una articulación de sociedad civil, que reúne a 35 asociaciones bajo el título de EcoMuseo -que nació en el 2014- y el objetivo de desarrollar acciones comunitarias para la gestión sostenible de su patrimonio cultural y medio ambiente. Esto, mediante la educación para la ciudadanía, la equidad de género y la lucha contra la pobreza.
Foto: El Comercio
Así, más allá de la muestra arqueológica el museo desarrolla y expone actividades educativas como arqueología para niños, talleres con artesanos locales, gastronomía local, entre otros. También realiza actividades ambientales. Como por ejemplo, el Bosque TINI de niños y niñas, el programa educativo para las infancias, el vivero, la planta de reciclaje, el área de cultivo y el bicitour. Múltiples actividades dirigidas a la comunidad y a turistas, que hacen del museo un referente internacional.
El esfuerzo del museo por equilibrar gestión e investigación les permitió postular a oportunidades, como por ejemplo el logro del Fondo Contravalor Perú – Francia que les permitió invertir en proyectos sociales. El ganar este fondo permitió fortalecer el trabajo comunitario y la investigación, en la zona de Huaca Las Balsas. Este esfuerzo, se vió reflejado en el libro sobre Murales en Las Balsas, del cual ella y Alfredo Narvaez son coautores.
Investigadora, gestora cultural y promotora del patrimonio
La srta Bernarda, como todo el mundo la nombra en Túcume, no se encarga sólo de dirigir el museo. Es investigadora, ama la artesanía, estudia los descubrimientos y los analiza para interpretar este patrimonio. Ella resalta el enfoque interdisciplinario para construir conocimiento en el campo, sin un referente previo de investigación en la zona. La gestión cultural vino en el camino posterior a la investigación y le correspondió profundizar en ella desde la Dirección del museo.
Trabajar en Túcume todos estos años abrió su mirada de arqueóloga, al aprender que arqueología no es sólo excavar, investigar y descubrir. Es aún más relevante, humana y útil cuando se conecta intencionalmente con su territorio. El trabajo de la Srta Bernarda no es el activismo cultural, si no la gestión de programas educativos y culturales cristalizados en un plan de manejo para la institución. Es por ello que se capacitó intensamente en sostenibilidad, educación en museos y gestión cultural.
Bernarda resalta que la gestión cultural no es posible si no hay amor de por medio. Tampoco, si no hay entrega al 100%. Gestar cultura y patrimonio es convencimiento y amor, por convicción hecha compromiso. Es por ello que la directora está orgullosa del equipo tras el museo de Túcume. Ya que actúan convencidos del trabajo y la comunidad, reflejados en el enfoque de museología social: museos y comunidad.
Foto: La Industria de Chiclayo
La visión para el futuro del Museo Túcume es “ser el museo consolidado en los aspectos de investigación y conservación científica, puesta en valor para el uso social sobre la base de la sostenibilidad”.
Aquí, la Srta. Bernarda se emociona y amplía la idea: “La sostenibilidad es tanto social, cultural, económica y ambiental. Para nosotros y para la comunidad, el museo es eje para el desarrollo comunitario. Apoyado en la cultura, el turismo sostenible y la educación como herramienta para el desarrollo”. Añade también: “Partir desde la sostenibilidad como eje implica desarrollar alianzas intersectoriales e interinstitucionales. Esto, para que la comunidad sea su principal soporte. Así, ser el mejor museo del mundo, con un trabajo participativo y horizontal para el desarrollo comunitario. Y, que parte de la base comunitaria. El Museo de Túcume tiene reconocimiento internacional no por la colección arqueológica que tienen, si no por el trabajo colectivo”.
Estos vínculos se refuerzan en contexto de pandemia COVID-19. Por ejemplo, el museo está realizando visitas a los niños de sus escuelas, con el vivero, para poder acompañarlos. En palabras de la directora: “Lo más importante ahora para ellos en la gestión cultural en el contexto pandemia es el intercambio de afectos y sentimientos, así como el respeto mutuo en las diferencias”. Es solidaridad, dice ella. No cree que haya un museo en este momento de pandemia que no piense en ser solidario y respetuoso. Tampoco, que no priorice los afectos y las necesidades colectivas. “Esta humanidad es la razón de ser de los museos, ¿si no lo hacen desde ahí, entonces para qué existen?”.
Ejemplo de gestión cultural
Bernarda Delgado es actualmente corresponsal del CECA –Comité de Educación y Acción Cultural del ICOM (Consejo Internacional de Museos). Asimismo, participa representando al Perú en la Mesa Técnica de Sostenibilidad de IberMuseos. En el 2018, recibió el reconocimiento a Persona Meritoria de la Cultura por el MINCUL. Este mismo es dirigido a personas que trabajan en artes, culturas y defensa del patrimonio.
La postulación, nos cuenta, fue gestionada en secreto por su secretaria por lo que recibirla fue una emoción y sorpresa para ella. Ello significó una fiesta familiar, debido a que su carrera le ha impedido estar cerca de su familia. Es por eso que, celebrar con ellos fue un maravilloso regalo.
En este 2021, ha recibido el reconocimiento Bicentenario de Lambayeque, por su compromiso con la sociedad de la región. La directora Delgado es una persona generosa y reconoce la relevancia de con quienes trabajó. Para extender esa gratitud de la calidad humana y profesional que la rodea, ella recomienda a las mujeres jóvenes interesadas en arqueología, patrimonio y gestión cultural: “Existe ahora tal facilidad para el aprendizaje, que sería abominable no aprovecharlo”, enfatizando la disciplina, el respeto, la atención y puntualidad.
Así mismo, reconociendo la experiencia de los mayores y las oportunidades del presente. “No hay buenos profesionales que sean malas personas”, enfatiza ella. “Hay que ser responsable y metódico. Y por sobre todo, aprovechar al máximo las oportunidades que se tengan de hacer prácticas fuera, para la profesionalización personal”.
Los pasados Juegos Olímpicos Tokio 2020 fueron escenario de eventos históricos. Uno de ellos se desencadenó a partir de que Simone Biles, la gimnasta afroamericana, se retirara de cuatro competencias y pusiera sobre la mesa el tema de la salud mental. ¿Qué nos dice aquello sobre las expectativas que ponemos sobre las deportistas afrodescendientes?
“Soy un ser humano antes que Simone Biles, la superestrella”, declaraba allá por el 2019 la deportista estadounidense luego de que el equipo de gimnastas que lideraba ganara el oro en el Mundial de Gimnasia Artística de Stuttgart, Alemania. Casi dos años después, aquellas palabras cobraban aún más sentido cuando desencadenaron un hecho histórico: Biles se retiró de la competencia general por equipos femeninos y de las finales de caballete, ejercicio en suelo y barras asimétricas de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 pues, en sus palabras, “estaba luchando contra sus demonios”.
Para Carla Tristán, ex voleibolista y entrenadora afroperuana, esta situación no es ajena. “Entrena, aguanta y compite”, es la mentalidad que en sus épocas predominaba y la consigna que justificaba que las deportistas llevaran sus cuerpos al límite sin un correcto acompañamiento físico ni emocional. Y es también la postura de algunos deportistas en la actualidad. Los que se lo pueden permitir, claro.
Foto: Columna Digital
A propósito de la decisión de Biles, el tenista serbio Novak Djokovic afirmó con dureza que la presión es un privilegio y que si el objetivo de un deportista es triunfar debe aprender a lidiar con ella. Fuera de las particularidades de las disciplinas en las que ambos atletas se desenvuelven, hay factores que marcan una gran distancia entre sus experiencias. ¿Podría entender un hombre blanco la presión que hay sobre la gimnasta afroamericana? ¿Qué tanto influyen factores como el género y la identidad étnico-racial en las expectativas que se colocan sobre los deportistas?
Doble baremo
Como es bien sabido, los estereotipos de género son expectativas respecto de las cualidades, labores e ideas que socialmente se ha impuesto sobre hombres y mujeres. En ese sentido, explica la psicóloga feminista antirracista Jazmín Reyes, ellas suelen ser asociadas a roles de cuidado, en los que deben “nutrir, alimentar o atender las necesidades de los demás”, explica.
Este tipo de labores se personifica, por ejemplo, en la figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación, que pone a todo el mundo antes que ella y que tiene una moral particular”, añade la Magíster en Derecho, Ciencia Política y consultora de agencias gubernamentales en temas de género e interculturalidad Mariela Noles.
Figura de la madre, “que es el símbolo de la integridad desde la abnegación». Foto: Wix
No obstante, las identidades étnico-raciales de las mujeres han sido un factor clave para que no todas experimentemos el sexismo de la misma forma. Así, mientras se espera que las mujeres blancas sean delicadas y frágiles, los estereotipos en torno a las mujeres racializadas indican todo lo contrario. Como explica la periodista y activista antirracista Sofía Carrillo, fue en la segunda ola del feminismo que los colectivos afro empezaron a cuestionar esto.
“Ser una mujer negra te colocaba en una posición de ser fuerte e independiente, entonces el reconocimiento de derechos de las mujeres afrodescendientes no buscaba que se las vea como fuertes. El feminismo liderado por mujeres blancas desconocía la situación de las mujeres afrodescendientes, por lo que aparece la necesidad de hablar de nuestras particularidades”, explica.
Así, el factor común ha sido demandar a las mujeres anteponer las necesidades de los demás a las propias, pero, como afirma Sharún Gonzáles, docente, periodista e investigadora afroperuana, “las expectativas sobre un cuerpo feminizado y racializado negro son ilimitadas”.
Cuando la fortaleza no es un halago
Desde la “Jezebel” hasta la “mammy”. Los arquetipos racistas que a lo largo de los años se ha difundido a través de los medios de comunicación suelen estereotipar a las mujeres afrodescendientes como hipersexualizadas e insaciables, irritables y destructivas o cuidadoras de moral perfecta. En su libroSister Citizen, la socióloga Melissa Harris-Perry narra cómo en la década de los 50 y 60, las mujeres afrodescendientes construyeron el esquema de strong black womanen un intento de escapar de los roles negativos antes mencionados.
Todos estos personajes son vistos como Mammies. Con tres de cinco de estos roles, se han ganando premios a pesar de ser una representación esteriotipada. Imágen: Lauhrinse Greeeen
A pesar de parecer lo opuesto y colocarlas en un lugar de superioridad física, este arquetipo terminó siendo igual de dañino. De acuerdo a Sharún Gonzáles, este se refería a que “las mujeres racializadas negras afrontan circunstancias de vida tan duras que se endurecen”, y la sociedad lo interpreta como que siempre son fuertes, luchadoras y se sobreponen a las condiciones. “En realidad estamos sobreviviendo”, añade.
Así, el mito delstrong black woman ha normalizado que las mujeres afrodescendientes presenten ciertas características que bordean lo sobrehumano. “Su masculinización, por ejemplo. Una mayor resistencia al dolor, un grado más alto de resistencia física. Eso incluye que la vulnerabilidad sea castigada”, precisa Noles. Es así que, mientras que en otros contextos la resiliencia o la integridad moral son positivas, en este caso se convierten en la expectativa normativa. “Ahí vale la pena mirar cuál es la sanción social si es que nos desviamos del camino”, agrega la docente.
Y es ahí donde radica el riesgo de los estereotipos. Reyes argumenta que cuando estas creencias se convierten en verdades absolutas, se encasilla a las personas en un lugar y forma de actuar específicos. “Entonces si no cumples con ellos, no eres una mujer negra. Al final pierdes libertad”. Carrillo concuerda con que son peligrosos pues “se toma una porción de la realidad y, por ejemplo, no manifestar sensibilidad se empieza a plantear como una condición natural”.
Serena Williams (derecha) consuela a la ganadora del US Open, Naomi Osaka, entre los abucheos del público. Foto: Reuters
Cabe destacar que estas categorías implican un costo social importante también. Como explica Noles, no nos permiten establecer relaciones personales auténticas donde valoramos las diversidades, privando así a la sociedad de muchos aportes individuales importantes. No obstante, para Sofía Carrillo la deshumanización es la consecuencia más dura. “Si eres una mujer fuerte, ¿cómo manifiestas tu fuerza? ¿Evitando que un insulto racista te afecte? ¿Criando a tus hijos sin ningún apoyo?”, reflexiona.
Mirar hacia atrás
Vale la pena echar un vistazo al pasado para evaluar las raíces de este mito. La respuesta está en el origen esclavista de nuestras repúblicas. Lo explicaba ya el sociólogo Aníbal Quijano cuando detalló cómo el proyecto de colonización en nuestro continente se estructuró sobre la jerarquización de los seres humanos bajo la idea de razas, en un intento de legitimar las relaciones de dominación impuestas por la conquista y controlar la fuerza de trabajo a partir de la explotación y esclavización de los pueblos africanos e indígenas.
“Históricamente y a través del proceso de esclavización, los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, han sido descritos como inagotables, hechos para el trabajo”, explica Gonzáles. En ese contexto, las mujeres afrodescendientes ocupaban funciones en relación a su cuerpo, como siervas sexuales, amas de leche o vientres de reproducción.
Históricamente se considera a los cuerpos racializados negros, tanto de hombres como mujeres, como inagotables, hechos para el trabajo. Foto: (Marc Ferrez/Acervo Instituto Moreira Salles)
“No es casualidad que en la actualidad se espere que tengamos un gran desempeño sexual o debamos mostrar esa fortaleza siempre. Lo que no nos cuentan es qué es lo que nuestros ancestros han tenido que soportar: violencia física, sexual, psicológica. Entonces se crea este mito de que como son mujeres negras tiene que ser fuertes y eso realmente daña demasiado la salud mental”, agrega la psicóloga Reyes.
Estas premisas que sostenían el sistema esclavista han calado de tal manera que al día de hoy constituyen un trauma intergeneracional. La especialista en salud mental, relata cómo algunas de sus compañeras activistas racializadas sienten constantemente que no pueden parar porque si lo hacen, todo se cae. “Creo que está relacionado con el sentimiento de que el éxito o incluso las mentes que podemos cambiar dependen solo de una persona. Entonces se comienza a legitimar este mito en el mundo académico, laboral, familiar”, concluye.
La alta competencia
Cuando Camila Mendoza decidió cruzar las fronteras para jugar vóley, no imaginó que le sería tan difícil seguir jugando por placer. Pese a que el colorismo permitió que sus rasgos étnico-raciales no fueran mayor obstáculo cuando jugó en nuestro país, en Argentina se topó con exigencias que constantemente dañaban su salud mental. “Cuando era un partido difícil, el entrenador le decía a la armadora que me arme todas las bolas a mí”.
La situación se volvió crítica cuando salía de los partidos llorando, así su equipo haya ganado. Incluso en una ocasión, cuando se lesionó, el doctor le advirtió que si jugaba se rompería el tobillo. Sin embargo, eso no pareció importarle a su entrenador. “Esos tres días no fui a entrenar, quería caminar y no podía, y lloraba porque sabía que el equipo dependía de mí”. Cuando el día llegó, le dijeron que se vende el tobillo y llegó a jugar hasta dos partidos.
Camila es solo un ejemplo de cómo los mitos sobre las mujeres racializadas impactan en sus vidas personales. En el caso de las deportistas, el riesgo es particular por el protagonismo que toman sus cuerpos. “Trazas un paralelo entre las características que se le adjudican al cuerpo del deportista negro y al cuerpo esclavizado negro y hay varias coincidencias. La industria del deporte, que se sienta sobre la base de los cuerpos racializados negros, continúa tratando estos cuerpos como descartables”, explica la investigadora Gonzáles.
Carla Tristán, por otro lado, jugaba a los 15 años en menores, juveniles y mayores paralelamente. Pese a los años que separan a sus historias, ella también podía identificar la presión de las miradas ajenas. Todas, exigiéndole ser más fuerte, rápida y soportar una mayor carga de trabajo. Pero en ella, las consecuencias fueron aún más duras. “Fui mal llevada físicamente. Desde muy chica quemaron etapas en mí. Acabé con muchas lesiones y cirugías”, las que finalmente la llevaron a dejar el voley.
Carla Tristan, voleibolista. Foto: FIVB
Camila narra cómo tanto en Argentina como en Perú ha podido percibir que los entrenadores suelen buscar a voleibolistas racializadas, con determinada altura y contextura, pues se cree que van a tener mayor fuerza, agilidad y rendimiento. En otras palabras, se considera que los cuerpos racializados son hiperdotados para el deporte. “Al mismo tiempo es importante ver el estereotipo paralelo, que es que son cuerpos menos capacitados para habilidades intelectuales”, precisa Gonzáles.
Al respecto, Carla cuenta cómo en repetidas ocasiones cuando se ha subido a taxis le han preguntado automáticamente si jugaba basquet o voley. “¿Porque soy negra tengo que hacer deporte? ¿No puedo hacer otra cosa?”, respondía. “No es común que a una chica blanca o mestiza le digan eso”, añade.
En ese sentido, Gonzáles explica que constantemente se piensa que los cuerpos racializados están más capacitados para desempeñarse deportivamente. “Incluso cuando ves cómo los medios describen sus cuerpos hablan de, por ejemplo, el largo de sus extremidades”. Además, en muchos casos son al mismo tiempo empobrecidos, por lo que los deportes populares aparecen como posibilidades de escapar por lo menos circunstancialmente de la pobreza, explica. Aquello puede constituir un estresor aún mayor.
Eso, sumado al hecho de que, de acuerdo con Gonzáles, hay un nivel de explotación en el fútbol o en el voleibol que no se da en los deportes elitistas. Todo esto, termina configurando un sistema tortuoso que reduce las posibilidades de que las deportistas afrodescendientes conecten con sus disciplinas desde el placer. Además, tiene impactos fuertes en su autoestima y salud emocional, al colocar su valor en el cumplimiento o no de los estándares.
Un mito interiorizado
No es de extrañar entonces que la salud mental de gran parte de las deportistas racializadas esté tan deteriorada. Tristán lo cuenta desde su experiencia: uno de sus entrenadores le repetía constantemente que “los negros debían ser buenos en el deporte”. En ese entonces ella no sabía que eso era racismo. “Si me volviera pasar lo haría público o le diría algo”, expresa con un poco de pesar pero con el orgullo que siente hoy de poder identificarlo como tal.
Aauri Bokesa, atleta. Foto: SoyDe
Asimismo, relata que en su época pasaban por mil pruebas psicológicas pero que jamás les dieron los resultados. “Nunca sentí que se preocuparon realmente por nuestra salud emocional. Es más, creces con esta idea de que tienes que aguantar y eso lo llevas a tu vida diaria. Si te lesionabas nadie te llamaba, tenías que recuperarte y volver al campo. Tienes que ser una mujer súper fuerte porque tu equipo te necesita, porque el Perú te necesita”.
Noles lo explica desde el racismo endémico, término que da cuenta de la manera en que las personas racializadas interiorizan el mensaje que está alrededor suyo. Reyes, por otro lado, considera que “incluso a las mujeres que nos cuestionamos eso nos queda en el subconsciente y aparece como un mecanismo de protección». Y añade: «Por eso es que nos mostramos fuertes».
Y no es para menos, pues estamos hablando de un trauma racial donde además se intersectan el género y la identidad étnico-racial. “Muchas veces somos la primera generación que rompe con patrones familiares y es duro porque es una gran carga”, detalla Reyes, incluso a título personal.
Un acto político de amor propio
Finalmente, aunque el mito del strong black woman no se limita al deporte, lo que tiene en común con todos los demás ámbitos en los que impacta es que no deja mucho espacio para el autocuidado, pues se espera que las mujeres afrodescendientes se mantengan fuertes y, en consecuencia, sostengan al sistema que aún recae en su mano de obra, explica Gonzáles. “Aún esclaviza, solo que de formas más naturalizadas”.
Lo que hizo Simone Biles al decir “no” fue intentar recuperar su humanidad. “Puedes decir que eso nos pasa a todas y todos, pero en el caso de las mujeres racializadas negras estas expectativas están ligadas a procesos de deshumanización de nuestros cuerpos. Biles generó disonancia a todo el sistema porque estamos acostumbrados a que estos cuerpos sean hiperdotados. Humanizarse a sí misma defrauda estas expectativas”, agrega la especialista.
Simone Biles. Foto: La Vanguardia
Si en algo concuerdan todas las entrevistadas, es en que cuidarse a sí mismas es un acto de rebeldía. Principalmente, porque rompe con los estereotipos de estar siempre a la expectativa de las necesidades de los demás. Sobre todo de las mujeres racializadas. “El antirracismo es saber elegir qué espacios van a ser sanos para ti porque históricamente no nos han dejado elegir. Haber oído lo que hizo Simone a los 15 años hubiera cambiado muchas cosas en mi vida”, expresa Reyes.
Mendoza, que estuvo a punto de dejar el vóley, hoy puede contar feliz que está aprendiendo a manejar el peso de intentar ser perfecta gracias a su psicólogo deportivo. Esto, en una sociedad que, en general, desalienta el cuidado de la salud mental, es aún más destacable. “Muchas veces se puede sentir que estás traicionando a tu país o comunidad, pero no se entiende que para crear sanas colectividades tenemos que crear sanas individualidades”, comenta al respecto Reyes.
Al final del día, como expone Noles, lo que hizo la gimnasta fue una decisión individual como cualquier elección de cualquier otra mujer racializada en el mundo, con la diferencia del nivel de exposición. “Vivir de acuerdo a tus propias reglas en lugar de las expectativas de los demás es un acto político de resistencia”, agrega.
Carrillo destaca el autocuidado especialmente cuando viene de mujeres afrodescendientes de piel oscura. “Cuanto más oscura eres más deshumanizada eres y más se espera que complazcas al otro. Ahora estamos diciendo que no, no lo vamos a seguir aceptando”, concluye.