«El cine y el teatro siguen siendo un espacio sexista»

«El cine y el teatro siguen siendo un espacio sexista»

Por Mariana Aljovín

Valentina Zelada, 23 años, directora de cine y actriz peruana.

“Mi nombre es Valentina Zelada, tengo 23 años y trabajo en publicidad en Tunche Films desde que tengo 16 años, como asistente de dirección. Comencé como segunda asistente de dirección, hasta que me promovieron a primera asistente cuando cumplí 18 años. He trabaja en Tunche Films ocho años, más que nada en filmaciones de publicidad. 

Actualmente estoy haciendo mi tesis. Estoy escribiendo un largometraje para sacar mi título y aplicar a DAFO, al concurso de proyecto de largometraje para poder conseguir financiamiento para hacer mi película. Una película sobre crecer, que espero genere conciencia sobre la salud mental. 

Al principio de mi carrera quise estudiar actuación, pero finalmente estudié dirección de cine en EPIC. Terminé en el segundo mejor puesto de mi promoción. Dirigí cinco cortos, uno de esos fue un documental que ha estado en tres festivales nacionales, llamado “Pescaditos”. Lo han usado varias organizaciones nacionales e internacionales para generar conciencia sobre el autismo. También estuvo en el festival de cine de mujeres y ganó el tercer puesto en la semana de cine de Lima.

Siempre me gustó actuar. Me sentía cómoda en el escenario. La primera obra que protagonice fue “Alicia en el país de las maravillas” para el taller de actuación de mi colegio. Hasta que salí del colegio nunca estuve en un taller de teatro intensivo. Luego en EPIC estuve en varios cortometrajes y talleres de formación actoral.

Durante el último ciclo nos agarró la pandemia. Ha sido terrible para los actores de teatro porque parte del trabajo es estar en contacto con el público. Te llenas de la energía que te brinda la audiencia. Como actriz de teatro no sueles estar frente a una cámara, sino en un espacio con mucha energía, en contacto con tu personaje y los demás compañeros de escena. Esto se perdió. Hubo mucha desconfianza dentro del taller en el que estaba, fue una experiencia nueva tratar de conectar a la distancia con mis compañeros. Fue difícil, pero finalmente logramos sacar adelante varias obras virtuales.

Intenté darle una nueva perspectiva al trabajar frente a una cámara como actriz de teatro. Aunque no había público sabía que estaban ahí, era una nueva conexión. Además, lo audiovisual se conecto con mi trabajo en el teatro. Fue interesante fusionar cine y teatro. Las dos cosas que más amo.

Actualmente, estoy en otra obra. Ya le agarramos el ritmo, los seis interactuamos en un espacio físico, pero el público sigue siendo virtual. Esta vez yo escribí uno de los guiones, eso me gusta, dar vida a personajes y a las historias que creo.

Como mujer puedo decir que el cine y el teatro siguen siendo un espacio sexista. A lo largo de mi experiencia he tenido que ser prepotente y obstinada al tomar decisiones para que me tomen en serio. Lamentablemente no todas las mujeres tienen la misma personalidad ni voz para defenderse. Por eso, espero que se sigan promocionando espacios para que las mujeres hagan lo que aman sin miedo”. 

La fe de Faustina y su lucha por la Pensión 65

La fe de Faustina y su lucha por la Pensión 65

Por Arturo Gutarra

Clementina Peralta es uno de los asentamientos humanos más unidos que pueden existir en Trujillo. Cada familia de este lugar, tiene un caso que presentar a diario. Aún así, siempre están para apoyarse el uno al otro. Esta vez, presentamos el caso de Faustina Rodríguez, una mujer adulta mayor sordomuda que hasta hace unos días no encontraba esperanza ni ayuda.

El analfabetismo y la discapacidad auditiva son comunes en el sector.  Algo semejante ocurre en los adultos mayores que carecen de alimentos, salud y vida digna. Ese es el caso de la querida vecina Faustina Rodríguez Polo. Esta mujer adulta mayor no puede oír ni hablar. Estas condiciones complicaron el proceso para exigir la ansiada pensión 65. La misma, que es brindada a adultos mayores cuando viven en condiciones precarias. A pesar de ello -de tanta lucha e insistencia- una alegría llegó al sector tras darse con la sorpresa que aún había esperanza de poder solucionar y darle calidad a sus últimos días de vida. 

Era una tarde ajetreada. Una colega de una radio nacional y yo, caminábamos por los arenales de Clementina. Una señora de aproximadamente 70 años, salía de una choza a punto de caerse. Aquel lugar era el baño al que suele recurrir. La mirada triste de Faustina demuestra lo crudo que puede ser al llegar a la tercera edad. 

Faustina es proveniente de Huamachuco, de la región de La Libertad. Vive acompañada de su hijo Silvestre Alcapoma. Él es el mayor de 5 hermanos, quienes hasta el momento, no han preguntado por su madre. Silvestre, desde muy temprano sale a ganarse el pan de cada día en cualquier tipo de trabajo. A veces en construcción, a veces en otros. Cuando la noble anciana se queda sola en su vivienda, son los mismos vecinos quienes le dan cariño. En especial los más pequeños. Son ellos quienes hacen reír a Faustina y le ayudan cuando lo necesita. 

Niños y niñas cuidan a los adultos mayores de Clementina. FOTO: Arturo Gutarra

“Últimamente solo estaba comiendo papa sancochada, es lo único que tienen”, manifiestan los vecinos quienes la ven diariamente. Suele hacer un gesto indicando querer hablar. Es imposible verla y no querer ayudarla.  Ella intenta, con señas, explicar qué es lo que quiere.  En ocasiones no se daba a comprender, pero entre los intentos de hacer señas a objetos, partes del cuerpo y otras cosas, entendimos que lo que exigía Faustina era su pensión. Asimismo,  que un médico le haga una revisión. Esto, ya que manifestaba un dolor en la parte del estómago. Es por ello que, un médico en Clementina es urgente para estos casos.  

Faustina sosteniendo el tubérculo que come a diario. FOTO: Arturo Gutarra

La burocracia, a veces, suele ser un obstáculo para denunciar y resolver problemas sociales. Por ejemplo, en Arequipa, son al menos 600 adultos mayores que continúan a la espera de ser incluidos en el programa del Estado que beneficia a personas de la edad de Faustina. Muchos, como ella, están en espera del subsidio monetario. La cifra presentada por Defensoría del Pueblo demuestra la falta de apoyo para las mujeres en estado vulnerable. Un 73,90% no está afiliado(a) a un sistema de pensión. Así mismo,  un 56,08% de la población femenina, no recibe pensión, ni Pensión 65. 

Comité de damas reclama al estado por el olvido de Faustina. FOTO: Arturo Gutarra

Volviendo a Trujillo, el caso fue difundido a través de las transmisiones en vivo para que las y los vecinos puedan levantar su voz y puedan acceder a la petición. Las lágrimas de Faustina abrazando a su nieto menor conmovieron a los presentes. 

Al día siguiente, la municipalidad distrital llegó al lugar con donativos para Faustina. Ella apreciaba con sorpresa y alegría lo que sucedía. Aquellos días de oración en silencio dieron frutos. Martin Namay, Alcalde del distrito de La Esperanza, aseguró que en un corto plazo, Faustina recibiría su pensión. 

Donación de víveres y materiales para Faustina y su hijo. FOTO: Arturo Gutarra

Luego de 2 años, la municipalidad puso cartas en el asunto para acelerar el trámite de la pensión. Pero, ¿cómo y porqué el alcalde “se puso las pilas” luego de que estos casos sean difundidos? Es sencillo. Anteriormente, ya se había hecho un llamado de atención a través de distintos medios de comunicación para difundir las quejas de los moradores. Como el tema de educación (Exitosa Trujillo), mujeres sin identificación (intervención de La Antígona), y este último caso,  el de Faustina. Asimismo, representantes del MIDIS acudieron al lugar para gestionar el trámite. En la sede central habían aceptado la solicitud y se pondría en marcha el proceso. Así, Faustina podrá acceder al banco y recoger su dinero equivalente a 250 nuevos soles.

Tras entregar los donativos, Luis Flores –en compañía de su esposa- y la señora Alicia, quien también es parte de la directiva del comité de damas, realizaron un acuerdo para gestionar el traslado de un médico particular de una clínica cercana. Según lo manifestado por los esposos, el redondeo de los chequeos médicos superan más de los cien soles. Sin embargo, el gasto en servicios, fue subsanado por la misma clínica privada Betesda ubicada en el sector Manuel Arévalo. 

Al realizar los chequeos, detectaron que la anciana  padecía de gastritis. Los medicamentos que le recetaron podrán ayudarla. Casi todos los días el comité de damas realiza las observaciones y vigila la casa de Faustina para verificar que nadie hurte los donativos que le dejaron. Ya que, al vivir sola, corre riesgo de ser víctima de robo. 

La mañana del 18 de agosto, Luis Flores recibió una llamada inesperada. Era una gran noticia pues le indicaban que Faustina ya podía acercarse al banco para recoger su dinero. Una camioneta de la Municipalidad realizó las carreras para el recojo. 

“Me encuentro muy agradecido que mi mamacita ya pueda recibir su pensión, ha pasado mucho tiempo y perdí las esperanzas. Sin embargo, ya me siento tranquilo”, comentó Silvestre en las afueras del banco. Su rostro lucía iluminado, esperanzado. Luego retornó a su hogar. 

Faustina saliendo de recoger su bono en el banco de la nación. FOTO: Arturo Gutarra

En la actualidad, la mamita Faustina –como lo conocen en el centro poblado- cuenta con una silla de ruedas para poder trasladarse. De regreso a Trujillo, Silvia Yupanqui, feminista y periodista radial, y quién ayudo para que Faustina tenga un final feliz con la cobertura brindada desde su espacio, comentó feliz: “Ahora cada vez que me siento derrotada en mi profesión, recuerdo que a través de nuestra denuncia y gracias a la difusión, pudimos cambiar la vida de una persona y exponer esta problemática, eso me recuerda porque escogí ser periodista”. 

Si tienes un caso que quieras compartir para que sea difundido, escribe a proyectolaantigona@gmail.com

Alicia Olivares: ‘’Es la sociedad la que nos coloca en distintos escenarios’’

Alicia Olivares: ‘’Es la sociedad la que nos coloca en distintos escenarios’’

Por Hiro Ramos

Foto: Prensa
Si deseas escuchar la entrevista completa, dale play a este audio

Alicia Olivares no va a parar hasta que las artistas afroperuanas reciban la representación y el reconocimiento que merecen. La actriz, productora y fundadora de Ébano Teatro ha llegado incluso a reunirse con mujeres como ella, pues cree que la unidad es vital para lograr los cambios necesarios en la industria que tanto ama. Con motivo de la celebración del Día de la Actriz el 26 de agosto, la dramaturga se reunió con La Antígona para narrar su experiencia en Mujeres Afro en Escena, además de explicar los problemas de representación en la industria teatral y el papel del Estado y de la sociedad en solventarlos. 

En un país en el que el teatro hegemónico y comercial solo incluye a cierto grupo de actores, propuestas como las de Alicia Olivares logran saciar las ansias de un teatro diverso e inclusivo.

¿Cómo surgió Ébano como proyecto? ¿Cómo cree que ha ayudado a actrices afroperuanas y sus carreras?

Se crea como una productora teatral para generar proyectos con actores afrodescendientes y producir obras de teatro tanto de actores internacionales como nacionales. Esta falta de dramaturgas afroperuanas hace que me vea en la necesidad de buscar autores de afuera. He realizado la producción ejecutiva de Al Otro Lado de la Cerca y Ropa Íntima. A partir de ahí se desprende el proyecto Mujeres Afro en Escena.

¿Y a usted, cómo le ha cambiado la vida tanto Ébano como Mujeres Afro en Escena?

Definitivamente me ha cambiado la vida. Si en su momento cuando fundé Ébano Teatro me sentía sola, en este encuentro de Mujeres Afro en Escena me he sentido acompañada de muchas mujeres que comparten las mismas problemáticas que vivimos las artistas. Problemáticas como la falta de espacios, oportunidades para artistas afroperuanos y la autogestión. Estas mujeres emprenden sus propios proyectos, por lo que me he sentido identificada con cada una de ellas, además de fortalecida y acompañada. Es bonito como algo colectivo. De algo que empezó como algo personal y se volvió colectivo.

¿Qué tan importante es tener a mujeres afroperuanas también detrás de cada pieza teatral?

Es vital que estas mujeres sean líderes de toma de decisiones. Al ver una mayor representación de mujeres afro como directoras, productoras o gestoras, se da una apertura para que puedan ingresar otras. Actualmente, aterrizándonos al contexto peruano y hablando de mujeres afro creadoras, hay muy poca representación de artistas afroperuanas en el sector escénico, y ni hablar de lo audiovisual. Si me dices un nombre referente de este último sector tenemos Una Chica Afroperuana, cuya directora es Natalia Barrera. 

Ella se proyecta como productora y directora audiovisual. Yo la admiro mucho porque es muy talentosa, muy creativa. Justamente con Una Chica Afroperuana se ha unido como coproducción Ébano Teatro porque tenemos proyectos a realizar a futuro, que es incentivar la participación de artistas afroperuanos en proyectos audiovisuales. Esperamos conseguir la ayuda y las colaboraciones necesarias para poder financiar estos proyectos que tenemos en mira. 

En el teatro comercial, con mayor recaudación, hay una clara ausencia de actrices afroperuanas, ¿Qué considera que se puede hacer para combatir este problema?

Es un tema que hay que cortar de raíz. Yo tengo una preparación de actriz, y nos preparan para interpretar distintos personajes, muy al margen de tu raza. Yo sueño que algún día nosotros los actores podamos interpretar cualquier personaje y no sea un tema de perfil. El personaje es un ser humano que va a transmitir sentimientos, y si la historia está bien contada y bien escrita la interpretación del buen actor va a hacer que esto sea mágico. Esto va desde las escuelas, la academia, el hogar, las familias a no marcar estas diferencias. Desde que nacemos tenemos los mismos derechos, es la sociedad la que nos coloca en distintos escenarios. 

Hay que trabajar desde uno mismo y cambiar el actuar. Lo que se está logrando ahora, y justamente cuando estábamos en el conversatorio de mujeres afro creadoras, ellas mencionaban que era la primera vez que veían un proyecto de extraordinarias afroperuanas. ¿De dónde habían salido tantas representantes de lo artístico? Sí tenemos mujeres representantes, pero como no se generan estos espacios de encuentro, no nos conocemos. Nace para unirnos, fortalecernos y cambiar. También juega aquí un papel importantísimo el Estado. Con sus políticas deben fomentar y promover. Al igual, la sociedad civil y la empresa privada deben apoyar proyectos inclusivos y con mayor diversidad. El día que empecemos a mirarnos a todos con las mismas posibilidades, con los mismos derechos, vamos a transformar las realidades que vivimos ahora. 

¿Qué puede hacer el público en general para promover un consumo de teatro menos hegemónico?

Creo que el público peruano no tiene la cultura de ir al teatro. ¿Se ha avanzado un poco? Sí. Pero no tenemos esa necesidad cultural. Nuestra cultura es más de ir a conciertos, estamos más ligados a la música. Los teatros hacen demasiados esfuerzos para solventar las temporadas. Si no fuera por la colaboración y auspicios de las empresas privadas, muchos de ellos no podrían sostenerse. 

Un proyecto no se subvenciona solamente con las entradas. Por eso, el papel importante de las escuelas es que los profesores deben inculcar a los jóvenes adolescentes a que vayan al teatro. De esa manera se va haciendo un hábito, así como ir al cine. Los principales agentes serían los colegios, las universidades, los profesores. A mí me gustaría que el curso de teatro sea obligatorio en las escuelas, porque eso va a acercar a los chicos al arte y van a poder ser mejores personas, más empáticas y sensibles, y vamos generando el cambio que queremos ver. 

Encuentra mayor información de los proyectos de Alicia Olivares en las páginas de Facebook de Ébano Teatro y de Mujeres Afro en Escena.

«No hay mayor orgullo que emprender tu propio negocio»

«No hay mayor orgullo que emprender tu propio negocio»

Por Emma Ramos

negocio
Arte: Adriana Velásquez

Myrian Edith Ramos Marcos, 22 años, Negocios Internacionales

«Yo nací en la peluquería de mi mamá y actualmente ese lugar tiene 25 años. Desde pequeña me llamó la atención el diseño de las uñas, pero nunca lo tomé en serio porque mis planes eran dedicarme a la profesión que estudié. Hasta que llegó la pandemia y tuve que reinventarme.

En el 2019, llegó una tía a Lima a dictar clases sobre extensión de pestañas y diseño de uñas. Ella es de Italia y llegó con la nueva tendencia de la cosmetología. Me invitó a participar, pero no le tome importancia. Hasta sentir la presión constante de mi familia para tomar el curso. Solo ingresé con una condición, renunciar a mi trabajo. El mismo que no me permitía estudiar. Además, los permisos para faltar solo eran en caso de urgencia o de una enfermedad.

Renuncié y tomé las clases durante dos meses, hasta que me volví una experta gracias a la práctica y constancia que le dediqué.

Con las nuevas restricciones de la pandemia, se tuvo que cerrar el negocio de mi mamá. No sabíamos qué hacer. Fue así, que me animé a estudiar de manera online diseño de uñas. Empecé a practicar con mi mamá, primas y amigas cercanas con la finalidad de perfeccionar mis diseños y técnicas.

Una vez que el Estado dio la autorización de abrir los negocios, le pedí a mi mamá que me de un espacio en su spa para colocar una mesa y silla, y empezar a atender por citas a mis futuras clientas.  Empecé con una, ella me recomendó a sus amigas. Ahora, no me doy abasto porque son muchas. Estoy en busca de personal para poder atender a todas.

Nunca me imaginé ser socia de mi mamá y trabajar en el negocio familiar. Hoy en día, tengo mi propio espacio y empresa. Gracias a mi carrera de negocios internacionales, empezaré a importar desde México todas las herramientas y materiales que se requiere. Esto, ya que es el país pionero del mundo en el diseño de uñas.

Ahora, entiendo que la vida te da muchas enseñanzas y oportunidades. Solo es cuestión de aprovechar, perseverar y seguir adelante. Por un momento sentí un poco de vergüenza sobre lo que emprendí. Después entendí que no hay mayor orgullo que tener tu propio negocio».

Abriendo el camino: Las precursoras de la fotografía periodística en el Perú

Abriendo el camino: Las precursoras de la fotografía periodística en el Perú

Por Adriana Velásquez

Momentos históricos que marcaron los 70s, 80s y 90s fueron capturados por las cámaras de estas intrépidas mujeres. En un conversatorio organizado por la Asociación de Foto Periodistas del Perú (AFPP), Alicia Benavides, Beatriz Suárez, Fátima López, Mónica Newton, Carmen Barrantes, Rocío Cáceres, Mariel Vidal, Mayu Mohanna y Nancy Chappell se animaron a compartir sus experiencias en el mundo de la fotografía periodística. Sus imágenes te harán volver en el tiempo…

Nueve mujeres tenían mucho en común: una cámara, un cuarto oscuro en casa, rollos y un don para la fotografía. Ellas descubrieron el poder de la imagen en los albores del fotoperiodismo peruano cuando las cámaras eran análogas y el revelado resultaba esencial para obtener la foto perfecta. Con mucho talento y dedicación lograron colaborar para diarios y revistas reconocidas en el Perú y el extranjero. 

CARMEN “LA CHINA” BARRANTES

Alfabetizando mujeres a través de medios audiovisuales, Carmen descubrió el poder de la imagen y su gran valor. Así, en 1975, ‘la china’ tomó un curso de fotografía en Sao Paulo, compró su primera cámara y armó su laboratorio en casa. Comenzó trabajando como fotógrafa freelance para pequeños diarios de origen sindicalista ligados a la izquierda. 

Era una época donde la gente empezaba a salir a las calles para marchar y levantar la voz. Fue durante la dictadura de Morales Bermúdez que la china Barrantes capturó, junto a otros colegas, marchas multitudinarias pese a la gran represión del gobierno. 

“Era muy intenso y riesgoso, en ese momento, durante las marchas morían personas. Nos lanzaban perdigones sin dirección. Varias hemos vivido la experiencia”, recuerda.

Pese a la represión, el peligro y la escasa remuneración, Carmen seguía en su labor acompañada de un maletín que utilizaba de escalera y también para defenderse de la policía y de otros periodistas.” Tenía un maletín de metal que medía 30 cm y me daba altura para estar por encima de la aglomeración de fotógrafos. Me servía también de escudo protector.”

Por un tiempo tuvo que dejar la fotografía para dedicarse a la consultoría de temas sociales, debido a que el oficio de reportera gráfica no le daba el sustento necesario para mantener a sus tres hijos. Con el tiempo, retomó su vocación. Porque, como ella misma menciona, nunca dejará su alma de reportera. 

FÁTIMA LÓPEZ

Fátima López fue una de las primeras egresadas de la facultad de comunicaciones en la Universidad de Lima, fue ahí donde descubrió su amor por la fotografía. Entrar al cuarto oscuro para revelar las fotos era mágico. Rápidamente pidió tener su propio cuarto oscuro en casa. Su familia siempre apoyo este interés por lo que sus obsequios de cumpleaños y navidad eran rollos Tri-X y papel Ilford.

Pronto llevó su talento a la cancha. Trabajó para el suplemento VSD de La República y para la revista Caretas. Y, posteriormente, para el diario El Comercio. Le tocó desempeñar su labor en una época donde las condiciones laborales no eran las mejores para los reporteros gráficos. 

“Era difícil, posiblemente no medí nunca el peligro ni las condiciones absurdas con las que trabajamos. Teníamos que llevar nuestro equipo, no teníamos seguro de salud, ni seguro de vida. Nos íbamos a la guerra por amor a la fotografía”, cuenta López.

A Fátima como a muchas otras pioneras del fotoperiodismo le tocó cubrir durante la violenta época del conflicto armado interno. “Mi generación y todos los que hemos tenido la mala suerte de vivir esa época tan violenta sabíamos que había un momento en el que estábamos en peligro si estábamos en la calle. Yo le llamaba “la hora de la bomba”, comenta. 

Fátima fue una de las primeras fotógrafas en llegar a Tarata después del atentado de 1992. Ella recuerda muy bien ese día. Como vivía cerca, pudo escuchar la explosión. En pijama se apresuró para salir, se puso un saco, tomó su bicicleta y siguió a un camión de bomberos que iba en dirección a Tarata. “Cuando vi la magnitud de la explosión me quedé sin aire, me agaché, me volví a levantar y empecé a tomar fotos sin parar. Encontré autos todavía con fuego, pedazos de gente, cabezas… Simplemente disparé sin detenerme. Seguí y seguí como una zombie”. 

Esa noche, la fotógrafa se quedó cerca del lugar y a la mañana siguiente continuó tomando fotos a las personas que recogían los restos que habían quedado de sus casas. Fue una experiencia que la marcó. Hace 22 años Fátima viajó a Austria y se convirtió en foto corresponsal de la región. Hoy continúa viviendo ahí con sus hijas. Nunca dejó de hacer lo que más ama: fotografiar. 

“Tú eres tan bueno como fue tu ultima foto y eso es un estímulo para seguir produciendo” 

MÓNICA NEWTON

Mónica había estudiado economía, se había casado y tenía tres hijos cuando en 1984 decidió matricularse en un taller de fotografía, el cual le cambiaría la vida. Más tarde, estudiaría fotografía profesional en el Centro de la Imagen en España. 

Segura de su pasión, no dudo en escribirle una nota al jefe de fotografía del diario Ojo pidiéndole practicar como fotógrafa. Inesperadamente, él la contacto y la cito a una reunión el mismo día. Así fue como entro al área de fotografía en donde compartió una oficina con otros 15 fotógrafos hombres. Una pared llena de posters de mujeres voluptuosas en aquella oficina la hizo cuestionarse sobre donde había ido a parar. Pero ella quería trabajar y optó por quedarse. Al ser la única mujer en ese equipo de trabajo tuvo que enfrentarse a conductas machistas. “Al principio era terrible. Todo este conjunto de hombres que eran super machistas y vulgares en muchos momentos me malograron negativos, me publicaban lo malo y en lo bueno no ponían mi nombre”.

Pero con la llegada de su colega Nancy Chappell al equipo las cosas se tranquilizaron. En seis meses ya habían logrado ganarse el cariño de esos hombres quienes ahora las protegían. El diario pronto se convirtió en un lugar lleno de aprendizajes.

“Yo estudié Economía y había leído sobre la pobreza, pero lo que encontré en la calle fue algo no imaginado. En Ojo pude conocer cada plaza, cada posta de salud, cada escuelita, cada cono. Pude realmente tener una visión total de lo que era el Perú”, declara.

Tras su paso por Ojo, llegó a la revista Sí! y, posteriormente, a la unidad de investigación de La República. Lo que la llevó a cubrir en la selva peruana. “Cuando yo llegué a la selva me conecté totalmente con ella. Sentía que, a pesar de la violencia, la vida cotidiana seguía y de pronto cambiaban de canal y estaban riendo, cantando, compartiendo contigo.  Entonces quise fotografiar ese documento de vida donde la vida y la muerte hacían un contrapunto.”

A través de la fotografía, Mónica tuvo una transformación. Cuenta que pese a tener tres hijos le tenía mucho temor a la maternidad. Pero recuerda la vez en la que le comentaron algo peculiar en la mayoría de sus fotografías. Casi todas tenían a mujeres y niños. Fue ahí que entendió todo. “La selva como tierra abundante y fértil, y las mujeres de la selva me enseñaron cómo ser madre. La selva salvo mi maternidad”, declara.

ROCÍO CÁCERES

Rocío tenía muy en claro que quería dedicarse a la fotografía, por ello se fue a estudiar a Londres. Ahí empezó a cubrir manifestaciones feministas y antifascistas. Tras diez años, regresó a su patria justo en una década marcada por la violencia. Ser fotógrafa de guerra en los 80s era extremadamente duro. 

“Constantemente iba a Ayacucho y cubría manifestaciones bravas. Corrían balas, corrían piedras, mataban a los perros y los colgaban en los postes. Era una cosa atroz. Eran unas mini guerras”. 

Una anécdota que impactó a la reportera se dio durante una comisión en la casa del ex presidente Alberto Fujimori, cuando él era aún candidato a la presidencia. Le habían asignado cubrir a Fujimori y el ex mandatario la mandó a llamar. Cuando entró a su casa se topó con una mesa de comedor cubierta de una gran variedad de periódicos. En todos ellos se había publicado la foto de Fujimori con un traje japonés y una espada. Aquella foto que lo hizo enfurecer era obra de Rocío. 

“Me dijo: ‘Hace más de 60 años que este periódico desde que salió no ha publicado una sola foto y mira.’ Me enseña la primera página donde está él. Entonces ahí fue donde me pone la espada en el cuello. Yo hasta ese momento estaba un poco desconcertada. Él estaba furioso. Entonces me dice: ‘¡¿Cómo te has atrevido?!’ Y conforme se ponía más colérico me empujaba más la espada en el cuello. Hasta que uno de sus guardaespaldas le bajo la mano y le dijo: ‘Suave, cuidado’”, relata.

Los guardaespaldas ayudaron a que Rocío saliera de la casa, ya que Fujimori no la quería dejar ir. “Entonces cuando estaba saliendo. Me dijo: ‘Yo voy a ser presidente ya vas a ver’. Y yo volteo y le digo: ‘Y llorarás lágrimas de sangre’. Y los dos guardias prácticamente me empujaron para fuera”.

Después del incidente, a Cáceres le quitaron la asignación de cubrir al ex mandatario porque temían que pudiera hacerle daño a la periodista.

NANCY CHAPPELL

En 1987, Nancy Chappell egresó de la carrera de comunicaciones y empezó sus prácticas en el diario Ojo. Ella tenía muy en claro que quería ser redactora, pero en las salas de redacción se dio cuenta que las palabras no le eran suficiente para contar lo que cubría. Empezó a sentir envidia de los fotógrafos que la acompañaban a las comisiones. Así que habló con el jefe de redacción y le suplico que la trasladaran al área de fotografía. La aceptaron por un mes, pero se quedó ahí muchos años. 

Era la década de los 90’s, la violencia perduraba en las calles. Nancy viajó por primera vez a Ayacucho para fotografiar las conmemoraciones por semana santa. “Es impactante llegar ahí y ver a a la gente con unos rostros tan sufrientes y en el poco tiempo que estuve, escuchar historias de terror. Fue muy impactante. Y yo como limeña, aún como periodista, había visto todo de una manera tan lejana y me sentí mal.” Después de esa experiencia, Chappell regresó a Lima.

La violencia ya se había movilizado a la capital y los atentados eran frecuentes. En ese clima de guerra, Nancy sentía que la labor que hacían ella y sus demás colegas serviría para parar la guerra. “Siempre tuve esa esperanza y la convicción de que los fotógrafos mostrando imágenes íbamos a hacer un cambio, pero pasaban los años y todo eso se hizo peor.”

Algo que marcó profundamente a la periodista fue cubrir un atentado que acabó con la vida de un taxista en la avenida Canadá en 1992. El hombre tenía 54 años, la misma edad que tenía su padre en ese entonces. Había sido quemado y de su cuerpo aún desprendía humo. “Ese día llegué a mi casa y vomité. Esa noche hubo un coche bomba que voló completamente la Embajada de Bolivia. Y ese día tuve consciencia del miedo de cubrir porque antes no lo había tenido”. La excesiva violencia hizo que Nancy se desencantara de la fotografía. Sentía que se había equivocado, que la fotografía no iba a parar la guerra y optó por no registrar más los horribles actos de terrorismo. 

En 2002 la llamaron para participar en la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y buscar archivos de los 20 años de violencia que sufrió el país. Entre archivos de fotógrafos y distintos medios entendió la importancia del registro fotográfico. “La fotografía sí hace la diferencia. No va a parar la guerra, pero nos crea consciencia, nos acerca, es capaz de confrontar y ser un testimonio. Ahí reside el valor de la fotografía. Nos hace más empáticos».