Una de cada cinco mujeres con discapacidad señalan haber sufrido de algún tipo de violencia por parte de sus parejas. Ellas viven sometidas por una sociedad que las mira con pena e indiferencia, lo que les dificulta aún más reconocer y denunciar estos abusos.
“Diversidad funcional” es el término alternativo que han comenzado a utilizar las personas con discapacidad. Su objetivo es evitar ser tratadas de una forma condescendiente o peyorativa. En el caso de las mujeres, su imagen e identidad son borrosas y distorsionadas. La sociedad, regida por los rígidos cánones estéticos del patriarcado, por el capacitismo y la discafobia, las invisibiliza. Estas mujeres sufren doble discriminación: por ser mujeres y por su diversidad funcional.
Ante esta realidad, los casos de violencia de género en los que las víctimas son mujeres con diversidad funcional pocas veces tienen presencia en los medios de comunicación. El raro número de casos que trascienden son objeto de repulsa desde las organizaciones feministas hegemónicas o por las grandes organizaciones de los llamados “legítimos representantes” de las personas con diversidad funcional.
En España, hasta hace poco tiempo ni siquiera existían datos estadísticos sobre el tema, y en la actualidad son insuficientes. También se debe señalar que las cifras tan solo reflejan una pequeña parte de la realidad, dada la cantidad de casos que no se denuncian.
Una de cada cinco mujeres con discapacidad ha sufrido violencia física o sexual por parte de alguna pareja a lo largo de su vida; es decir, un total del 20% frente al 13% de las mujeres sin diversidad funcional reconocida. En tanto, la cifra de mujeres con diversidad funcional que ha sufrido este tipo de abusos por parte de un miembro con el que guarda algún tipo de relación sentimental alcanza el 10,3%, frente a un 6,2%de las mujeres sin diversidad funcional reconocida.
Según un informe del Parlamento Europeo, las parejas o exparejas son mayoritariamente las figuras agresoras de las mujeres sin diversidad funcional, pero en el caso de las mujeres con diversidad funcional, ellas están expuestas a la violencia por parte del entorno más allá de la pareja, ya sea un familiar cercano, amistades, profesionales de referencia, compañeros de las residencias, entre otros. Estas violencias suelen producirse en el hogar familiar, en el colegio, en el centro ocupacional, etc.
En España, cada día se registran casos en los que las mujeres sufren violencia de género, y bastantes también llegan a los noticiarios y periódicos; sin embargo, rara vez salen a la luz pública cuando una mujer con diversidad funcional es la víctima.
Las barreras en las denuncias
La violencia de género afecta a todas las mujeres de una forma u otra. Sin embargo, a estas mujeres les resulta más difícil reconocer el maltrato. Esto, ya que dichos abusos se crean dentro de su propio entorno familiar o habitacional. Incluso en las instancias policiales y judiciales. La falta de conocimiento, de recursos y formación, o falta de interés suma a este silencio.
También se debe apuntar que estas mujeres, por el hecho de tener una diversidad funcional, están -en muchos casos- condenadas a una infancia infinita. En muchos casos, durante este proceso de vida, su voz es silenciada y un familiar o su pareja, son quienes hablan por ellas. Cuando sufren algún tipo de violencia de género y se plantean denunciar, su único y mayor obstáculo no es solamente llegar a la comisaría, sino que es poder entenderse en ellas mismas, ya que va a denunciar a su agresor, de quien, en muchos casos, depende.
Así, esta mujer con diversidad se da cuenta que no hay protocolos adaptados. Tampoco, existen recursos suficientes para atenderlas con rigor y eficacia. Por ejemplo, es notoria la inexistencia de intérpretes de lengua de signos, casas de acogida que no contemplan la accesibilidad universal, etc.—. También, que las y los diferentes profesionales que tienen que atender a estas mujeres estén formados y sensibilizados. Desde el agente que cursa la denuncia, pasando por los profesionales de la sanidad, abogados y terminando con el juez o la jueza. Todos ellos deberían estar capacitados para apoyar en situaciones de violencia.
Parece ser, que no se toma en cuenta la existencia de estos casos. Es por ello que no existen suficientes recursos ni herramientas para que ellas puedan ser atendidas adecuadamente. Es cuestión de justicia y equidad. De derechos humanos. Todas las vidas humanas tienen el mismo valor y merecen ser vividas sin discriminación ni violencia.
Glosario
Diversidad funcional es un término alternativo al de discapacidad. Ha comenzado a utilizarse por iniciativa de las propias personas afectadas, y pretende sustituir a otros cuya semántica puede considerarse peyorativa, tales como «discapacidad» o «minusvalía». Se trata de un cambio hacia una terminología no negativa sobre la diversidad funcional. El termino fue propuesto en elForo de Vida Independiente llevado a cabo en 2005.
Capacitismo es una forma de discriminación o prejuicio social contra las personas con diversidad funcional.
Discafobia hace referencia a la aversión (fobia, del griego antiguo Φόϐος, fobos, ‘pánico’) obsesiva contra personas con discapacidad o en situación de dependencia, lo que conduce a adoptar o consentir conductas de rechazo, discriminación e invisibilización de las personas con otras capacidades o en situación de dependencia.
El Día Mundial de la Salud Sexual es una fecha para visibilizar, promover y generar una mayor conciencia social sobre la salud sexual y reproductiva, para así lograr una sociedad más justa. ¿Cómo hemos estado cuidando y aprendiendo sobre nuestra sexualidad en tiempos de COVID-19? Aquí un recuento y recomendaciones para estar informadas al respecto.
La sexualidad se expresa durante toda nuestra vida, y se manifiesta de distinta manera en cada individuo y cultura. Es por ello que debemos aceptar y tolerar la diversidad. Asimismo, garantizar su desarrollo seguro e informado. Este día reconoce que los derechos sexuales son esenciales para disfrutar de una vida sexual libremente elegida, saludable y placentera, sin violencia, riesgos ni discriminación.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), define la salud sexual como un “estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia”.
El objetivo es lograr que todos los embarazos sean deseados, que todos los partos sean seguros y poner fin a la violencia basada en género y practicas nocivas contra grupos que suelen enfrentar restricciones en su capacidad para ejercer este derecho básico.
Foto: ONU
Actualmente, el 55 % de las mujeres peruanas en edad fértil accede a métodos modernos de planificación familiar. En Latinoamérica, este porcentaje se encuentra en el orden del 70%. Si bien se han producido avances importantes en los últimos años, aún quedan abiertos grandes debates sobre la sexualidad, especialmente la que respecta a las mujeres; y brechas socio – económicas para acceder a una salud universal.
Suele resultar complicado empezar a cuidarnos o informarnos sobre salud sexual, para esto es óptimo acudir a un profesional que de manera ética nos brinde dicha información y cuidados. En el sitio web del Ministerio de Salud podemos ver cual es nuestro centro de salud más cercano para comenzar a cuidarnos. Otra institución que promueve la salud es INPPARES https://inppares.org/ que brinda consejeria en salud sexual y salud reproductiva de manera accesible.
Hay diversas maneras amigables de encontrar información. Por ejemplo, a través de las redes sociales tanto de personal medico especializado como @tuginealdia o @fementidad, como comunicadoras o sexólogas @yacallateromina, @corazonconleche, @lamujeralborde. No tengamos miedo de velar por nuestro bienestar sexual. Lo merecemos.
Tras dos años de ausencia debido a la pandemia por el COVID-19, uno de los eventos culturales más esperados e importantes, regresa con fuerza. La Feria del Libro Ricardo Palma presenta su edición N° 42 y promete sorprender a todo el público. Contará con más de 60 actividades culturales presenciales y virtuales que se extenderán a lo largo de los 14 días de este evento tradicional.
Todos lo estaban esperando y la Cámara Peruana del Libro no tardó en encontrar la mejor manera de volver a impulsar la cultura, que inaugurando la 42° edición de la Feria del Libro Ricardo Palma. La misma, que empezó a medio día del miércoles 1ro de septiembre en el parque Kennedy en el distrito de Miraflores y se desarrollará hasta el lunes 13 de septiembre.
Foto: Cámara Peruana del Libro
“La mejor manera de reencontrarnos con los libros y la lectura es una feria del libro. La Feria del Libro Ricardo Palma representa para todos un evento tradicional que acoge a miles de lectores. No tan solo vecinos de Miraflores sino de los demás distritos de Lima y de todas las regiones del Perú”, destacó el presidente de la Cámara Peruana del Libro, Wilfredo Del Pozo Alarcón.
Para esta edición, Del Pozo mencionó que los países invitados son Argentina y Venezuela. Ambos, al igual que nuestro país, conmemoran los 200 años de la proclamación de su independencia. En el Anfiteatro Chabuca Granda del Parque Central se podrán disfrutar de presentaciones de libros, conferencias y otras actividades culturales. Todas ellas contarán con las respectivas medidas de bioseguridad para salvaguardar la salud de los asistentes.
“(La Feria del Libro Ricardo Palma) es la feria principal que hay en el Perú. Es la más concurrida, la más querida, gracias al apoyo constante de la Municipalidad de Miraflores que ha generado las condiciones necesarias”, reconoció durante la ceremonia de inauguración, el Director General de la Dirección General de Industrias Culturales y Artes del Ministeriode Cultura, Santiago Alfaro Rotondo. Además, sostuvo que este ejemplo debe replicarse en otros municipios para contribuir con los esfuerzos realizados por la Biblioteca Nacional del Perú y el Ministerio de Cultura.
Foto: Cámara Peruana del Libro
Para culminar con la inauguración, el alcalde de la Municipalidad de Miraflores, Luis Alfonso Molina Arles señaló que “la Feria del Libro Ricardo Palma tiene una importancia muy especial. Esto, ya que retorna de forma presencial y reúne a escritores y editores de Argentina y Venezuela”. El burgomaestre felicitó por la organización a la Cámara Peruana del Libro. Asimismo, reconoció que en estos días el parque Kennedy se convertirá en un lugar de encuentro cultural para los que aman los libros y la literatura.
La 42 edición de la Feria del Libro Ricardo Palma abre sus puertas hasta el 13 de septiembre. Tendrá un horario de lunes a domingo de 11 de la mañana a 9 de la noche. El ingreso es totalmente gratuito.
La Cámara Peruana del Libro invita al público en general a que nos volvamos a reencontrar con lo mejor de la cultura en un solo espacio.
Mirtha Navarro aplicando la vacuna. FOTO: Archivo del Instituto Nacional de Oftamología
Mirtha Navarro, es una de las muchas enfermeras que luchan en primera línea. Fue una de las primeras enfermeras que vacunó a todo el personal de salud del hospital Víctor Larco Herrera, INO, entre otros. Hoy, conversa con La Antígona para relatar su experiencia sobre su jornada laboral en tiempos de Covid-19 y los obstáculos que se enfrenta por los bajos recursos que presentan los hospitales del país.
Mirtha descubrió su vocación de enfermera desde los 10 años. A esa edad le gustaba ir al puesto de salud de Tongorrape, Lambayeque a ayudar a las enfermeras a cortar gasas y algodones. Así mismo, su padre le enseñó a inocular inyecciones y manejar algunos instrumentos quirúrgicos que eran básicos de curaciones, ya que en ese entonces su papá contaba con los conocimientos necesarios porque trabajó en el área de sanidad del ejército.
A los 16 años decidió viajar a Lima y estudiar su carrera soñada. En su segundo año, empezó a practicar en la clínica CIRLAP junto al Dr. Jorge Cuyubamba(director médico) con quién viene trabajando hace más de 20 años.
No contenta con obtener el grado de técnica de enfermería, a sus 34 años, decidió estudiar en la universidad para ser licenciada. Pese a muchos obstáculos y responsabilidades de mamá, logró culminar con éxito su carrera.
Actualmente como licenciada nunca pensó vivir una pandemia, ni mucho menos separarse de su familia por temor a contagiarlos. Menos pensó en descansar o dejar su trabajo, sino al contrario, sus ganas de querer ayudar a su prójimo cada vez eran más fuertes.
Cuando llegó la pandemia, ¿Dónde recibiste la noticia y cómo cambió o influyó en tu trabajo?
La pandemia llegó en marzo. Yo estaba en una charla en el hospital Grau donde hice mi internado hospitalario. Faltando una semana para terminar el internado se presentó un caso de Covid-19. Además, nos dijeron que no podían haber internas en el hospital porque no contaban con mucho equipo de protección personal. Al principio, lo tomé como una exageración, pensando que esto acabaría en una semana.
El lunes me presenté en mi trabajo,clínica CIRLAP, y me dijeron que entramos en cuarentena, la clínica se cierra. No lo podía creer, esto era realmente serio y peligroso. Hablé con mi jefe para encontrar una solución y la posibilidad de atender al menos por emergencia. Lamentablemente, se presentaron algunos pacientes positivos, cuando era así, era una cosa de locos porque todos estábamos cubiertos y durante toda la cirugía teníamos que estar con el mameluco, mandil quirúrgico, con tres mascarillas, con los lentes y el casco encima.
¿Llegaste a atender a personas con Covid-19?
Sí, se presentaron casos para cirugía y pacientes positivos de covid. No podíamos dejarlos, aún cuando estábamos en el pico más alto de la pandemia. Me acuerdo que llegó un caso de apendicitis, no operarlo sería algo inhumano. Para esto mi jefe me consultó sobre qué hacer y yo le respondí: Lo operamos, tomamos todas las medidas y arriesgamos.
Ese día fue de locos, estuve operando con mi jefe y el anestesiólogo. Solo los tres en cirugía porque nadie más quería operar. Los médicos estaban en su casa y no venían a la clínica porque son adultos mayores. Y el resto del personal se asustó porque temían contagiar a su familia.
Solo sé que trabajé con miedo, no te puedo decir que 100% feliz, sería mentirte. Además, llamé a mi hermana para decirle que me gustaba mi profesión. Pensé que si tenía que morir sería trabajando. Lo único que le pedí es que siempre cuiden de mi hija.
En noviembre, la ola de casos bajó y la atención siguió en curso pero siempre estábamos bien protegidos. Lo cierto es que si nosotros elegimos esta carrera vamos a enfrentar las cosas buenas y malas que vengan, por mi parte yo seguiré en la lucha hasta que Dios diga.
¿Crees que hay un reconocimiento especial hacia las enfermeras en este tiempo de la pandemia?
Supuestamente, había un reconocimiento en los hospitales. Sin embargo, escuché una entrevista de una enfermera del Rebagliati que cuenta que en su turno de 8 horas, de la noche, fallecieron 40 pacientes. Además, ella lloraba y decía que se contagió durante su turno. Lamentablemente, ni siquiera ha sido reconocida.
En nuestro país las enfermeras que están en primera línea, las que trabajamos 24 horas con los pacientes, nos encontramos bajo la sombra. Un hospital no funciona sin enfermeras, puede tener médicos y anestesiólogos pero sin enfermeras no va funcionar porque nosotras hacemos parte asistencial, administrativa, estamos en salas quirúrgicas, de emergencia; todas las especialidades prácticamente. Damos la cara en esta pandemia. Sin nosotras no funcionaría.
¿Piensas que el país no cuenta con un buen sistema sanitario?
No, nuestro sistema sanitario no está apto. Para empezar, los hospitales tienen carencias de años. Esto, ya que el gobierno nunca invierte. Cuando empezaron a caer los pacientes para UCI, mucha gente murió debido a que no había ventiladores mecánicos. Los hospitales no se abastecen. Los intensivistas son muy pocos en el Perú para atender a tanta población.
A veces dicen que las enfermeras no quieren atender y no es así. No es que vayas hacer una cola por gusto; es porque no tenemos camas y eso no es una situación de ahora, sino de años. Nuestro Perú no estuvo preparado para recibir esta pandemia. El sistema de salud es muy pobre.
¿Cómo te sentiste cuando te enteraste que, el presidente Martín Vizcarra y personas que formaban su gabinete en ese momento, recibieron antes la vacuna que el personal médico?
La verdad, me sentí muy decepcionada de nuestras autoridades. Han muerto médicos y enfermeras que estaban en primera línea. Ellos pudieron ser salvados o quizás, en su momento, pudieron ser vacunados.
¿Tuviste algún amigo o conocido que perdió la vida?
Si, un amigo muy cercano llamado Carlos, enfermero instrumentista. Un chico trabajador que cuando vino el Covid-19 fue una de las primeras víctimas. Un día en una cirugía me enteré que él estaba en UCI, conectado a un ventilador. Fue muy triste para mí porque es joven y pensaba que saldría de esta enfermedad. Al final falleció y dejó huérfanos a sus hijos. Esto del Covid-19 es fuerte y triste.
¿Cómo fue que llegaste a formar parte del equipo de vacunación?
Yo estaba en el centro de salud Breña. Llegué ahí por el internado y justo llegaron las vacunas. La jefa le dijo a mi tutora que elija a su grupo y ella me mandó junto a una amiga que se llama Cristina. Fuimos una de las primeras enfermeras en vacunar en el hospital Víctor Larco Herrera. Recuerdo que vacunamos el 12 de febrero. Fue la primera dosis; y el 5 de marzo pusimos la segunda dosis. Nos llamaron, nos dieron charlas sobre inmunizaciones, aunque nosotros ya sabíamos porque venimos vacunando desde hace muchos años. También, nos instruyeron sobre las reacciones adversas al medicamento. Ese día vacunamos a más de 400 personas y no tuvimos ninguna reacción.
¿Cómo sentiste al personal médico cuando recibió la vacuna?
Fue hermoso. Nosotros llegamos al Hospital Víctor Larco Herrera y todos nos aplaudieron. Decían: ¡vivan las enfermeras! Fue muy especial. Nos sentíamos emocionadas porque era ver llegar la esperanza. Nos recibieron con globos y aplausos. Bajamos las vacunas, colocamos nuestras carpas y empezamos a vacunar. Todos estaban felices, contando sus chistes, a pesar de estar con sus mascarillas.
Esta es una linda experiencia para mi carrera y mi vida. El haber pertenecido a este grupo tan bonito, ha sido una experiencia maravillosa. También, fui al Instituto Nacional de Oftalmología (INO) a vacunar a más de 200 médicos, enfermeras y técnicos. Todos estaban muy contentos. Si bien es cierto, no estás 100% protegido, sabes que ya tienes algún anticuerpo que va evitar que el contagio sea fuerte.
Cuando pase la pandemia, ¿con qué momentos te quedarías?
Me voy a quedar con toda la experiencia que logré en este tiempo porque fue algo nuevo para nosotros, viviré con los recuerdos bonitos que nos unió con mi equipo porque sabemos que la vida se nos podía ir en cualquier momento de nuestras manos. El haber formado parte del equipo médico en la pandemia, los aplausos que nos dieron los médicos y enfermeros en los hospitales; todos son momentos que nunca olvidaré.
Otro momento importante para mí, fue el tiempo que compartí con mi hija durante la pandemia. Quizá era el tiempo que ella necesitaba y yo no le había dado por mi trabajo. Dios me ha dado mucha fortaleza y sabiduría.
¿Psicológicamente, tú crees que las enfermeras han sido las más afectadas?
Sí. Ver gente que está en una cama o que se está muriendo es impactante. No tienen idea cómo las enfermeras lloramos por las veces que un paciente no puede recuperarse y tú no sabes qué hacer. A pesar de que das todo de ti, no puedes hacer más. Hay muchas enfermeras muy humanas. Algo positivo de esta pandemia, ha sido que muchas personas han visto que no solamente estamos bajo la sombra, si no que somos quienes podemos ayudarles a resolver cualquier enfermedad que tengan y que estamos ahí para servir. Esta es una de las carreras más sacrificadas y bonitas.
¿Con qué frase cerrarías esta entrevista?
La enfermería no solo es ciencia, es un arte. Asimismo, que la manera más hermosa de demostrar esta afirmación, es amando lo que haces.
El pueblo Kañaris es uno de los tantos pueblos originarios y ancestrales de nuestro país. Su tradición es transmitida por ellos mismos a través de su tejido, sus danzas y su lengua. Todos ellos son unidos; tanto, que han creado un vínculo entre la comunidad campesina, el trabajo en el campo y el medio ambiente. Es por todo ello que, resisten como uno de los últimos pueblos quechua hablantes del norte del Perú, a pesar del riesgo de la explotación minera y las debilidades de la globalización. Conoce sobre ellos en este reportaje.
Justino Huamán Rinza sonríe. Su rostro guarda muchos años dentro y él lo resume en una oración: “Es que nosotros los Kañaris no fuimos conquistados: Por eso todavía hablamos el quechua y por eso en celebración, danzamos”. Luego de eso, toma la caja y el pingullo. Inmediatamente, los apoya en su poncho rojo, e inhala hondo para comenzar a tocar un ritmo. Ese mismo que se aloja en la memoria de todos aquellos que visitamos Kañaris.
La Comunidad Campesina San Juan de Cañaris
Cañaris, -también escrito como Kañaris-, es un pueblo religioso, agricultor y ligado a su historia, que recibe visitas en sus fiestas de aniversario. Su nombre entero es “Comunidad Campesina San Juan Bautista de Kañaris”, ancestral y originario por derecho propio, donde todos sus integrantes se reconocen en el quechua norteño o linwaras, en su vínculo con su comunidad, con el trabajo en el campo y con el medio ambiente.
Territorialmente, Cañaris es un distrito ubicado en Ferreñafe, en la serranía de Lambayeque. Como explica el investigador Pedro Alva, este distrito presenta dos áreas históricamente diferenciadas: la Comunidad Campesina San Juan de Cañaris, en la zona oriental (tradicionalmente conocida como común de indios, comunidad de indígenas y ahora pueblo originario) y, en la zona occidental, una área que fue haciendas y al presente es la Comunidad Túpac Amaru II.
En la presentación del libro “Los Cañaris de Lambayeque y sus títulos coloniales” el autor señala que Kañaris es una comunidad prehispánica que creció en paralelo a Lambayeque y casi en desconección con ella, debido a lo difícil que era (y sigue siendo) el acceso. Es en 1956, que recibe un reconocimiento gubernamental, como “Comunidad de Indígenas”, que en 1970 sería obligada a llamarse “comunidad campesina” por el gobierno de Velasco y se apega a las leyes específicas dictadas para comunidades campesinas como son la Ley N°24656. En distrito limita con Jaén, Cutervo, Incahuasi y Lambayeque y al 2017 contaba con más de 11 mil habitantes.
Cabe señalar que en la actualidad, Kañaris tiene una difícil conección con Lambayeque, debido a lo accidentado de la carretera y es aún más difícil su conección con Incahuasi, la otra comunidad quechua hablante de la región, como han resaltado sus autoridades locales. Cada vez que las lluvias retumban en los cerros, dejando sordos por unas horas a los comuneros, temen quedar aislados por el derrumbe de los cerros sobre la vía que los conecta a Pucará, el pueblo más cercano para el comercio.
La tradición viva y bosques montanos en la Comunidad Kañaris
En Kañaris se habla el quechua norteño como idioma principal, salpicado de palabras en español. Los hombres visten punchus, ponchos rojos o blancos tejidos en lana de oveja, llankis, sandalias tradicionalmente hechas de cuero y sumrus o sombreros de paja. Las mujeres, anuku o pollera de color negra, amplia y tradicionalmente tejida en lana de oveja y sobre la pollera una wacuku o faja. Llevan una blusa de colores cubierta por una pullu o manta de abrigo en el cotidiano o por una liklla o manta de fiesta, con colores vivos. Sobre la cabeza un qatapañu o pañuelo debajo del sombrero y se adornan con collares y pulseras.
En contraste al verde del campo o el negro de la montaña, la ropa de las mujeres resalta en tonalidades rosadas, amarillas, azules o rojas. Las casas, principalmente de adobe robusto, tienen una sala grande, donde se reúnen las familias. La salud se cura gracias a las mujeres que saben de hierbas, curanderos y al seguro integral de salud. Tanto hombres, mujeres y niños trabajan en la siembra, recogiendo legumbres, tubérculos y frutas.
Kañaris alberga tanto identidad cotidiana, como valor natural: Los Bosques Montanos o Bosques de Neblina, estudiados por César Lucero Rinza, son particulares a Kañaris. Estos, tienen un clima húmedo y lluvioso, y se sitúan en la cuenca Chamaya – microcuenca Kañaryaku. En ellos destaca el árbol de la quina -o cascarilla-, las orquídeas y la catarata El Chorro, una de las más grandes de Lambayeque.
Conservan entre la fauna y flora relevante al cóndor, tucán y al puma, así como el helecho arbóreo y el saucecillo. Las fuentes de agua nacen en los páramos de Qiwamarka y generan microcuencas con diversidad biológica en todo su recorrido hacia el mar. La zona abarca tanto bosque seco como bosque húmedo según la altura y relieve del territorio, y guarda en ella flora y fauna relevante.
En el 2017 se llevó a cabo un programa de restauración del ecosistema, mediante la siembra de quina, sauco y cedro, con la intención de mejorar la calidad de vida y acceso al agua, así como brindar sostenibilidad a futuro mediante el comercio de la quina. Esta zona se encuentra en amenaza debido tanto a la degradación antrópica (Cambio de usos de suelo y contaminación con residuos sólidos), así como por grandes cantidades de pérdida de bosque en la cabecera de Kañaryaku, acción del proyecto minero Candente Cooper.
Kañaris y el derecho a la Consulta Previa
Una voz en off, con el acento dulce del quechua que repite las palabras como si fueran versos, resuena en el documental Cañari Amaru, de Tomate Colectivo: “Nosotros queremos aire puro, para nuestros hijos. Queremos que nuestra agua sea limpia y natural, para el futuro de nuestros hijos. Natural, sin abono, sembramos nosotros”. Roberto Rodolfo Reyes Rinza, ex presidente de la Comunidad Campesina, señala que la comunidad apuesta por la conservación del bosque y el agua, así como la alimentación natural. Esto se hizo evidente en el 2010, con el caso Kañaris frente a Candente Cooper.
Protestas frente al proyecto Cañariaco. Foto: Servindi
El Abogado Luis Hallazi resume el caso de la Comunidad de Cañaris y la vulneración al derecho a la consulta previa para SERVINDI. Hace presente que en los años 2010 – 2013 retumbó en Lambayeque el caso de Cañaris frente al proyecto Cañariaco Norte de la minera Candente Cooper, que desarrolló estudios de factibilidad para extraer cobre y oro.
A medida de que la empresa iba logrando sus objetivos, se iba desconociendo a la comunidad. No respetaban los procesos de esta, pues se había realizado una consulta comunal en septiembre del 2010. Esta misma, reflejó un 95% de desaprobación de los y las comuneras frente al avance de la mina. Frente a esto, la empresa Candente Cooper rechazó el resultado, alegando que esta no se hizo de acuerdo a la Ley 24656, por lo que no era vinculante. Sin embargo, esta fue realizada por la comunidad, en su derecho de autonomía organizativa y con presencia estatal.
La invisibilización de esta autonomía y de los estipulado por el Convenio 169 OIT sobre derecho a la Consulta Previa generó un levantamiento de la Comunidad Campesina de Kañaris. Los comuneros, intentaron tomar la carretera. Esta acción, fue reprimida por la policía de forma desproporcionada, llegando -incluso-a insultar a los y las personas que reclamaban. Cabe señalar que, como indica SERVINDI, a diciembre del 2012 según el Gerente General de Energía y Minas de Lambayeque, se registraron 459 concesiones mineras y otras 173 en trámite, concentradas en Kañaris, Incahuasi, Olmos y Oyotún, sin profundizar en la comunicación con las comunidades o en la sostenibilidad de estos proyectos extractivos.
En el documental “Cañaris no está sola”, de Martín Lopez, se puede escuchar a las ronderas sobre los riesgos de la contaminación que este avance en las concesiones significaría. Otro rondero expone que un 96,16% de Cañaris está concesionado por 18 empresas mineras para una futura exploración y el riesgo de la comunidad en en desaparecer o apagarse bajo la mina.
Documental Kañaris no estás sola
Las mujeres Kañaris tejen sueños nuevos
Las mamitas de Kañaris son agricultoras, ronderas y artesanas. Sus tejidos visten y abrigan en el cotidiano a las familias, pero también recogen las tradiciones e historias del pueblo. Su labor en telar ha reunido a quince artesanas en la asociación Warmikuna Awakun Shumaqta (“Las mujeres Kañaris tejen sueños nuevos”), desde el año 2019 presididas por la Sra Lucila Bernilla Gaspar.
En el año 2020 las artesanas ganaron el fondo de Estímulos Económicos para las Artes Escénicas, las Artes Visuales y la Música 2020 – Artes Visuales, del Ministerio de Cultura, con el proyecto “Mujeres tejiendo identidad” (“Warmikuna Awakun Chaynillata”). Esta propuesta de la asociación, coordinada por Rosa Sara Huamán Rinza, tiene como objetivo visibilizar la tradición Kañaris reflejada en la artesanía textil, y así motivar a que las mujeres jóvenes de la comunidad sigan conservando este arte.
En el proyecto “Mujeres tejiendo identidad” las artesanas de la asociación tejerán prendas representativas de la tradición Kañaris que serán presentadas en una exposición abierta al público en Kañaris (octubre) y Chiclayo (noviembre) y también compartidas en su inaugurada cuenta en instagram. Esta experiencia fortalece las técnicas tradicionales, para evitar que la lana industrial o las telas sintéticas ganen a la siempre cómoda e impermeable lana de oveja en la montaña.
Cada prenda tiene un significado y cada color una historia, que se remonta a la época incaica. En las fajas se reflejan |los caminos tradicionales con forma ondulada, el árbol de la quina y las manitos de los cuyes. Las artesanas cuentan qué materiales han usado para que los tintes naturales lleguen a la lana. Ellas, se guían por los ciclos lunares para elegir el mejor momento de corte de lana de oveja, que luego procederán a lavar e hilar.
Mujer, tejedora Kañaris sostiene un telar. FOTO: Harold Espinoza
Sus manos siempre están ocupadas. Como cuenta la Sra Rosa Sara, ella aprendió a tejer muy niña. Recuerda que lo hizo, haciendo mantas gruesas, donde el hilado podía ser tosco y tener errores. Con el tiempo y la práctica, su técnica se iba perfeccionando, para llegar a lograr las fajas labradas o los ponchos finísimos.
“Tejemos porque es algo nuestro. Las prendas que nosotros aprendemos a hacer desde los cinco años por la enseñanza de nuestras abuelitas, son abrigos, mantas y polleras. Es lo que vestimos. Antes de 1970 aquí no conocíamos lanas sintéticas. Si queríamos colores, recurríamos a los bosques para pintar en combinaciones de varias plantas, como la andanga y otras flores”, recuerda Rosa. También dice, “cuando éramos mujeres jóvenes, después de la pedida de mano, a nuestro compañero le regalábamos obligadamente una alforja y un poncho. Esto, para ser el orgullo de nuestras mamás. Por eso ellas nos enseñaban desde muy niñas”
Los Guerreros Cascabeleros
Justino Huamán es docente y director de la Danza de Guerreros Cascabeleros. “Esta danza tiene más de doscientos años. Ya se estaba perdiendo y nosotros lo hemos rescatado para conservar a los danzantes de cascabel”, señala. Esta danza es símbolo de la resistencia de la comunidad Kañaris. Júbilo por no ser conquistados y por conservarse libres y victoriosos.
Los Guerreros Cascabeleros son doce bailarines, vestidos con un pantalón negro de luto, una camisa blanca de paz y un poncho rojo, de la sangre de los caídos durante las guerras. En las manos llevan un pallio, similar a una espada pulida en madera, y una corona de color, en la que traen la victoria. El Sr. Justino toca la música con la que los Guerreros danzan, usando un pingullo y una caja (equivalentes a una flauta dulce y un tambor).
Guerreros Cascabeleros. FOTO: MINCUL
Es tradición ver danzar a los Guerreros Cascabeleros en la fiesta de San Juan Bautista. Como señala Benito Lucero Rinza, mientras ellos se presentan, las señoras visten al Santo y adornan su portal con palmas y flores. Los danzantes ofrecen varias piezas como el Golpe, el palio, el cascabeleado, el gavilán, la casaca, el borracho, entre otros. Cada una dura de 5 a 8 minutos, y su sonido resuena en todo el pueblo.
En el año 2019, gracias a la labor de docentes y líderes locales, la Danza de los Guerreros Cascabeleros fue reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación por la UNESCO. En el aniversario de la Comunidad, recibieron la declaratoria de manos de la entonces ministra Ulla Holmquist.
Otro caso relevante en la comunidad son las y los maestros, que reciben a sus estudiantes con su ropa tradicional y se cercioran de hacer al menos 8 horas a la semana en quechua linwaras. Buscan formar infancias en ambos idiomas. Estos maestros parten desde la identidad. Por ejemplo, Eloy Reyes, quien se especializa en educación intercultural bilingüe en quechua norteño y ha sido Premio Nacional de Innovación Educativa 2019.
La cultura viva en la comunidad
Cañaris es una comunidad abierta y amigable, que recibe con cariño a quienes les visitan de buena fe. En el año 2016 se promovió el proyecto de turismo vivencial “Déjate adoptar por Cañaris”, donde las familias abrieron sus puertas a los turistas, “hijos adoptivos”, para integrarlos a las costumbres del pueblo, así como a la alimentación y las conmemoraciones de Semana Santa. “Y para que así entiendan por qué nosotras defendemos nuestra comunidad», agrega Rosa Sara cuando recuerda esta actividad.
Tras el COVID-19 el pueblo ya no recibe visitas hace un buen tiempo. Las celebraciones de San Juan Bautista se detuvieron también, pero esperan iniciarlas pronto, para volver a bailar en la plaza, el taqui (en grupos de hombres y mujeres, que giran en un gran círculo), o la cashua, danzada en parejas. Los carnavales bailando alrededor de la unsha (o árbol cubierto de regalos, conocido en otros lugares como la yunza), esperan también una próxima celebración.
Almuerzo tradicional de Kañaris. FOTO: Joao Socola
Cañaris se recuerda como un pueblo valiente que viste los colores de su memoria. Sin embargo, no es su única cualidad. También, dicen ser amorosos y unidos. Sus tradiciones así lo comprueban: ellos chacchan coca para tener energía en el campo y en las fiestas juntan la comida de todas las familias sobre una manta. Inician el brindis con guarapo y comen juntos la gallina, el mote, el dulce de cipchi (o chiuche) y el agüita. Siempre dulce y siempre limpia, de la acequia más cercana. Finalmente, agradecen estar juntos y son felices por tener tanta tradición. Así son los Cañaris.