La virgen de Guadalupe y el arquetipo de la madre

La virgen de Guadalupe y el arquetipo de la madre

Por Arleth García

Imagen de la Virgen de Guadalupe.

El 12 de diciembre, se conmemora a la Virgen de Guadalupe en México, y aunque es una fiesta gozosa y de gran significado en el país, su creación y repercusión dentro de las mujeres tiene un contexto de opresión y violencia contra ellas de manera simbólica.

La Virgen de Guadalupe es el máximo estandarte religioso en México y, a la vez, es el inalcanzable rol e imagen de lo que debe ser una mujer, por lo que implica su historia de sacrificio, virginidad y recompensa dentro del espectro religioso. Aunque eso también ha significado una lucha para las mexicanas, dado que estas ideologías han impedido la lucha por la legalización del aborto, quitarle el tabú a la menstruación y tomarlo como un aspecto de salud, y el no poder gozar de una vida sexual sin enfrentarse a los estigmas sociales.

¿Qué relación tienen estas ideas religiosas con las formas de vida actuales? ¿Por qué a pesar de los años y cambios sociales no se han podido eliminar los estereotipos y roles de género impuestos? Sin duda, mucho tiene que ver con que la máxima figura mexicana sea una mujer, aunque también hay más detrás de estas imposiciones que tienen relación con las idiosincrasias universales.

Peregrinos afuera de la capilla de la Virgen de Guadalupe. FOTO: Arleth G.

Primero, hablemos de los mitos alrededor del culto a la Virgen de Guadalupe:

Según la historia, entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, a 10 años de la conquista de MéxicoTenochtitlan, la Virgen de Guadalupe se apareció en cuatro ocasiones a un hombre indígena llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac, también conocido como de Guadalupe, situado a poca distancia de la Ciudad de México. 

En las dos primeras ocasiones, la Virgen pidió a Juan Diego que notificara al obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, que deseaba que en el lugar de la aparición se erigiera una iglesia para que ella se convirtiera en patrona de las y los novohispanos, así como su intermediaria ante Dios. El obispo Zumárraga se mostró incrédulo frente al relato y solicitó una prueba de la veracidad de los hechos. La Virgen accedió a darla y en una cuarta aparición pidió a Juan Diego que subiera a la cima del árido cerro y cortara rosas de Castilla para llevarlas al obispo.

Él recogió las flores en la manta de algodón que llevaba anudada al hombro, prenda conocida como “tilma”, y al extenderla delante del obispo, las flores cayeron al suelo y la imagen de la Virgen quedó estampada en ella. Durante una quinta aparición, en esta ocasión a Juan Bernardino —un tío de Juan Diego— la Virgen realizó su primer milagro al curarlo de la peste. Zumárraga agradeció a Dios estos milagros, mandó construir la iglesia solicitada por la Virgen y depositó allí la tilma con la pintura, atribuida a los ángeles o al mismo Dios.

Representación de la aparición de la Virgen Guadalupe a Juan Diego.

El culto a la Virgen de Guadalupe se remonta a la primera época de la colonización española y se inscribe dentro del proceso de evangelización de los indígenas. El cerro del Tepeyac era un lugar sagrado en la época prehispánica. Allí había un santuario dedicado a la diosa madre Tonantzin, que junto con Ometéotl formaba la pareja de dioses primigenios del panteón mexica. Era muy visitado por personas de otras partes del territorio que llevaban ofrendas a la diosa y le brindaban cantos y danzas, según la usanza indígena.

Los soldados españoles conocieron este santuario durante las guerras de conquista, ya que estaba situado cerca de México-Tenochtitlan.  Allí estableció Gonzalo de Sandoval, el célebre capitán de Hernán Cortes, su cuartel. Y fue allí donde se refugiaron los españoles el 30 de junio de 1520 durante la llamada “Noche Triste” cuando tuvieron que huir de la ciudad tras ser derrotados por los mexicas.

Después de la conquista, este santuario consagrado a Tonantzin fue transformado por frailes franciscanos en una ermita católica dedicada a la Virgen de Guadalupe.

Cerro de Tepeyac y la Virgen de Guadalupe.

Aunque la veneración a la Virgen de Guadalupe inició como una imposición colonial, a lo largo de los años se dieron disputas entre los pueblos indígenas para recodificar su simbología, religiosidad y epistemología en su figura, la cual —hasta la fecha— se sigue dando por pueblos y barrios. Asimismo, continúa como un símbolo de identidad para las personas mexicanas que migraron a Estados Unidos.

Analizando una iconografía de la Virgen de Guadalupe hecha por Andrea, una historiadora del arte, podemos destacar que está embarazada, que en su vestido tiene un símbolo azteca de piel de conejo con cuello y mangas para mantenerla en calor y, a la vez, un símbolo español de una cinta negra arriba del vientre que da lugar a la expresión de “está en cinta”.

Una de las palmas tiene una piel más blanca en representación al español, y una más grande y morena en alusión al azteca. Las manos en forma de casita simbolizan una manera en la que saludaban las y los indígenas, y que en general representa a indígenas y españoles que se unen por primera vez. El manto es de color azul, que significa la vida, y rosa, que significa reina. Contiene las 46 estrellas que corresponden a la constelación exacta del 12 de diciembre de 1531 y debajo se forma la palabra “luz”.

Las flores del vestido representan el Nahui Ollin, uno de los símbolos más poderosos de los aztecas. Aparecen en el vientre, que significa que está esperando al hijo de Dios. La postura asemeja que está bailando por la rodilla doblada, que muestra la tradición de los aztecas a bailar cuando hacían algo importante, aunque también viste con un zapato español.

Sus ojos son los más detallados: en ambos, dentro de sus pupilas, aparecen 13 personas retratadas en la escena en que Juan Diego muestra al fray Juan de Zumárraga el manto con la imagen. Las nubes y el sol que la encuadran representan que el Sol (Dios) es más grande que ella. Por detrás del manto, el sol se ve por toda la tela. De frente, el sol es tapado por las nubes y, a la vez, las nubes y la lluvia significan la protección de Dios.

La Virgen tiene el pelo suelto y partido a la mitad como símbolo de virginidad y las pulseras (esclavas) son un símbolo de matrimonio. Está parada sobre una luna, que significa la noche, la oscuridad y lo desconocido, lo cual es una referencia a que la Virgen vence todos esos miedos. Además, se observa que quien la sostiene es un ángel que toma con una mano el manto (el cielo) y con la otra el vestido (la tierra).

Virgen de Guadalupe.

La devoción a la Virgen de Guadalupe se extendió de manera prodigiosa a lo largo de todo el territorio por las semejanzas con la comunidad y la representación del arquetipo de la madre. Su arraigo en el pueblo mexicano es de gran importancia, puede verse su imagen por todas partes y cada 12 de diciembre millones de peregrinos acuden con fe a cantarle ‘Las mañanitas’ y poner sus intenciones a los pies de la milagrosa Madre de Dios en su Capilla.

México es considerado como un país feminicida por el incremento de la violencia contra la mujer, ya que —según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística y Geografía)—, cada día son asesinadas 10 mujeres. Esto deriva a la incredulidad de cómo uno de los países más violentos para las mujeres tiene como principal estandarte de devoción a una figura femenina.

Centrándonos en la idea de que es “La madre de Dios”, podemos hacer alusión al arquetipo de la madre y toda la influencia que tiene sobre las personas la imagen de un personaje que implica dolor, sacrificio, amor y culpa, que son todos aquellos sentimientos de los que necesitamos protección y que encontramos en la Virgen.

Invitación a la misa de la Virgen de Guadalupe.

El psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung entendió los arquetipos como patrones e imágenes arcaicas universales que derivan de lo inconsciente colectivo y son la contraparte psíquica del instinto. Son potenciales heredados que se actualizan cuando entran como imágenes en la consciencia o se manifiestan en el comportamiento durante la interacción con el mundo exterior.

Al igual que todo arquetipo, el de la madre tiene una serie de aspectos inabarcables, ya que es la expresión típica de la mamá y abuela personales, la madrastra y la suegra; es decir, cualquier mujer con la que se tiene relación, incluida las que han estado en nuestras vidas como cuidadoras. A un nivel más elevado, se encuentra la Diosa; sobre todo, la Madre de Dios: la Virgen, quien es la meta del anhelo de salvación. La madre en los arquetipos es la mayor representación de lo femenino.

Los arquetipos no son iguales a los estereotipos de cómo debe ser una persona; en este caso, una madre. Los estereotipos pueden variar de acuerdo con el contexto, momento histórico y cambios en las formas de vida. Los arquetipos son la idiosincrasia que está en el universo y a lo que no podemos quitarle su fuerza, porque ya hay una idea general que todo mundo tiene de lo que es ser una “madre”. Esa gran madre que está presente en todo momento.

En México, el 12 de diciembre es una de las fechas más importantes, ya que es el cumpleaños de La Morenita. Se realizan misas en todas partes de la República, una gran peregrinación cruza el país para llegar a la Capilla en el cerro de Tepeyac, hay mariachis entonando ‘Las mañanitas’. Cada año, hay un artista que tiene el honor de cantarle, y todo el evento es transmitido por televisión. También en México las madres son lo más importante del país, pese a que hay una verdad poco conocida: el 10 de mayo, que es el Día de la Madre, nace bajo un contexto de opresión.

Según un artículo del CIEG de la UNAM “Día de las madres: una invención capitalista”, el 13 de abril de 1922, el periódico Excélsior lanzó una convocatoria pública con el pretexto de instituir un día para celebrar a las madres mexicanas. Sin embargo, un análisis más detallado muestra que esta iniciativa de celebración fue más bien una excusa para contrarrestar las demandas sobre maternidad que reclamaban las primeras mujeres feministas en el México de los años 20. En Yucatán, se había anunciado el primer congreso feminista, el cual tuvo lugar del 13 al 16 de enero de 1916, donde asistieron 617 mujeres. Entre sus demandas, estaba el sufragio femenino, así como educación sexual para ambos géneros. Desde entonces, comenzaron a circular folletos informativos sobre métodos para evitar la concepción.

La importancia de la madre y el arquetipo que engloba la misma tienen gran fuerza por su relación con el eterno femenino, que son todos aquellos atributos asociados a dar vida, la intuición, sacrificio, dolor, cuidados, el sostenimiento y la belleza. Todo estos —lamentablemente— caen sobre las mujeres, pues se piensa que ellas solo poseen esa energía femenina, a pesar de que las personas son un conjunto de energías tanto masculinas como femeninas.

El principal aspecto que engloba el arquetipo de la madre y lo femenino es el de procrear. Hay una gran relación e importancia dentro del plano espiritual y religioso de la vida, la concepción y el estar libre de pecado. No es casual que dentro de los rezos haya una frase que dice “sin pecado concebida”, y por eso es aún más significante la Virgen: porque es eso, un ser que no cayó ante los placeres mundanos y por eso pudo tener el privilegio de ser la madre de Dios.

Dentro del eterno femenino, también existen aspectos negativos de los otros tres arquetipos de la doncella, la hechicera y la bruja: los que se asocian a la virginidad, lo temible, lo salvaje, lo caótico y que —así como da vida— puede destruirla. Sin embargo, este condicionamiento afecta a las mujeres, pues las deja inmersas en los roles sociales, encasilladas a ser todo el tiempo el reflejo de esos arquetipos. En especial, el de no poder gozar de su sexualidad y el juicio de valor ante ello,  ya que existe la comparativa de que deben ser esa pureza, la cual representa a la madre o la Virgen de Guadalupe.

Representación de la virgen y una vagina.

Como reflexión, podemos dejar que cada persona escoja lo que representan o simbolizan los arquetipos. Aunque, dentro de la idea religiosa, sí hay un interés de seguir permeando estas representaciones de lo doloso y el ser dadoras de la vida. Porque si bien no podemos cambiar una construcción general que ha calado hondo en el imaginario social a lo largo de los años, sí podemos resignificarla hacia algo que nos haga sentir que nos apropiamos de esos arquetipos y roles preconcebidos. Como el culto a la vulva, otro tipo de adoración a la creación de la vida y, al mismo tiempo, al placer sexual como distintas formas de buscar recuperar el derecho sobre nosotras y nuestro cuerpo.

Elena y Gael: Desde el vientre

Elena y Gael: Desde el vientre

Texto y fotos por Arturo Gutarra

Una sensación rara se le presentó a Maria Elena. Se levantó pensativa, con cara de misterio. No había pasado mucho tiempo desde que se realizó su más reciente ecografía para ver el estado de su primogénito, quien venía en camino. Aquella mañana, no sentía los latidos de Gael:  “De seguro continúa durmiendo, ya se despertara”, pensó sin imaginar el  martirio que estaba por venir.

  1. El anuncio de un ecógrafo dañado y que un médico radiólogo es quien tiene el papel de dicho consultorio hizo que los esposos Quispe Chavez dudaran de la atención hospitalaria de Vista Alegre, ubicado en el distrito de Victor Larco Herrera en Trujillo. Desde aquel día, decidieron que las consultas en el ecógrafo las harían en los laboratorios particulares de la ciudad. A los tres meses de su embarazo, Elena se llevó la sorpresa de que su primogénito era varón. Bajo mutuo acuerdo, optaron por llamarlo Sebastián Gael
  1. El 2 de septiembre, durante los controles de maternidad, Marco Quispe recuerda: “La doctora me indicó que saque una cita con el ecógrafo para otra fecha y no en el momento, ya que supuestamente el bebé pesaba más de la cuenta, se supone que era una emergencia”, reclama. Él fue quien advirtió que estaban programando su cita para el 27 de septiembre, tan solo dos días antes de la fecha programada para el nacimiento de su pequeño.  Así que, tras varias insistencias, se le asignó una nueva fecha para el 7 del mismo mes, sin imaginar que, para ese momento, su niño no llegaría con vida. 
  1. El último día de la semana, Elena se despertó en horas de la madrugada tras tener una pesadilla: “Esperamos hasta la mañana, creíamos que nuestro hijo estaba durmiendo”. Aquel domingo, no había ni una patadita de Gael, la preocupación reinaba en la casa. El lunes por la tarde, Marco llevó de emergencias a su esposa al hospital Vista Alegre. Pese a la desesperación de no apreciar el nacimiento de su primer hijo, tres palabras bastaron para destruir su vida: “Tu niño no responde”. 
  1. Un traslado express para tratar de apaciguar la situación se convertiría en un dolor para la madre. “Atinaron a hacer trámites para que lo deriven a otro centro de salud y para inducir a un parto normal”. Sin embargo, al llegar la ambulancia, desde afuera le indicaron que no se podría realizar dicha acción, ya que no contaban con un banco de sangre, indispensable en vista a que estaba en riesgo de desestabilizarse si recurrían a la cesárea. 
  1. El día martes, fue derivada al hospital Belén por emergencia para que al día siguiente le pudieran extraer el feto. Solo horas más tarde, no dudó en hacer una denuncia pública que sería difundida en los medios de comunicación locales y nacionales. “Exijo al ministro de Salud Cevallos que vea mi caso y que esto no quede impune. A mi hijo nadie me lo va a regresar”, manifestó con dolor en su mensaje.
  1. La extracción por cesárea fue exitosa. Apenas 15 días después de apreciar la sepultura de su bebé de tan solo ocho meses mediante una videollamada de WhatsApp, Elena presenta secuelas luego de la operación. Al tenerlo tres días fallecido dentro de ella, fue testigo presencial de las limitaciones de atención en los programas del Estado. Los dolores de vientre y la ansiedad son solo algunas de las secuelas que le persiguen, sin considerar el profundo dolor que siente por no poder cargar a su pequeño en brazos. 
  1. Una oración, alabanzas y apoyo familiar acompañaron a Marco en el sepelio de su hijo. Las lágrimas caían en todos los presentes. La frustración de saber que si no fuera por una negligencia en la atención médica, su bebé estaría a salvo, penetraba sus corazones. Una muerte fetal que pudo haber sido prevenida tan solo con la ecografía de emergencias. Si se hubiesen cumplido los protocolos mínimos, se estaría escribiendo la historia de un bebé recién nacido compartiendo gratos momentos junto a su familia. 
  1. Luego de una semana dura de difusión periodística, un buen samaritano se presentó en vivo y se comprometió a brindar orientación legal y respaldo emocional para llegar hasta el fondo de los hechos. Pero las promesas de dicho abogado, sumamente conocido en Trujillo, fueron vanas. La familia quedó desolada. Con la herida aún no curada y con la frustración de no contar con ayuda para lograr que se atienda o, siquiera, revise su caso.
  1. A pesar de los meses transcurridos, Marco Quispe no pierde la fe de que un abogado o abogada los ayuden a encontrar justicia para Sebastián Gael. La pérdida de su primer hijo dio inicio a una nueva etapa de su vida. Vive su día a día con motivos para continuar. Elena, por su parte, sigue sin recibir medicinas del hospital donde la atendieron. Aún así, ella continúa firme y esperanzada en que su primogénito no quedará en el olvido. 
Marden Crunjer: “Quiero colorear la industria musical”

Marden Crunjer: “Quiero colorear la industria musical”

Por Mya Sánchez

Con un año de emocionantes lanzamientos a la vuelta de la esquina, Marden Crunjer viene a revolucionarlo todo. Su propuesta, caracterizada por los recursos narrativos que emplea, tiene como objetivo contar su historia de la manera más auténtica posible. El cantante y compositor peruano conversó con La Antígona sobre de dónde viene y hacia dónde va con su arte.

Colorido como él solo. La estética que David Bowie y Elton John propusieron cuando el mundo veía surgir al glam rock trajo consigo el cuestionamiento de prejuicios bastante arraigados en la sociedad. Son los mismos esquemas a los que Marden Crunjer, cantante y compositor peruano, se enfrenta con su propuesta creativa, pero esta vez en el Perú del siglo XXI. “¿Por qué no?”, se pregunta cuando piensa en la falta que de pequeño le hizo un “superhéroe” —como él lo llama— en la escena musical nacional, algo que hoy él intenta ser para quienes lo necesiten.

Marden se caracteriza por su vestimenta y maquillaje coloridos. FOTO: IG Marden Crunjer.

Sea con sombreros vistosos, maquillaje y pinturas, prendas de vestir excéntricas o personajes, Marden siempre consigue voltear las miradas hacia él. Sin embargo —explica— su objetivo como artista no es solo ofrecer algo distinto, sino también comunicar un mensaje. Es por ello que su música tiene también una particularidad: cual guion, está dividida por escenas. “Voy a presentar el drama pop”, responde cuando le pregunto a qué género corresponde su música. Él —dice— siempre ha sido de revolución, y no le falta razón.

Raíces

Y es que Marden y su proyecto gritan autenticidad e identidad. Incluso desde la elección de su nombre artístico, que heredó de su abuelo, originario de San Martín. “Cuando él falleció, yo traté de buscar dentro de mis propias experiencias qué quería comunicar con mi música y decidí revalorizar su nombre. Es propio de la selva y yo quiero que sea conocido por todo el mundo”, explica. 

Él sabe bien cuán importante es recordar siempre de dónde uno viene. ‘Arraigo’ es una palabra bastante común en su vocabulario cuando habla del porqué de su música, y aquello cobra sentido al conocer su historia. Marden aprendió sus primeros términos en quechua cuando acompañaba a su abuela materna a su trabajo en el mercado de San Miguel, donde muchas de las vendedoras hablaban dicho idioma. “Me he dado cuenta de que siempre sentí esa necesidad de conocer mis raíces”, relata.

Es así que más adelante estudió quechua y hoy incluso dicta clases como parte de su compromiso con la difusión de esta lengua originaria, en la que además ha compuesto música. “Es muy importante exportar al mundo algo que conecte con lo que realmente somos, sentimos y con esa existencia del quechua en nuestra vida cotidiana”, opina. Regresaremos (Kutirimusunchik), versión bilingüe que hizo de una canción suya para interpretarla con Milena Warthon y Naysha, responde a esta necesidad.

A pesar de que la música no fue su primera opción, Marden siempre estuvo conectado al arte. Es por eso que desde adolescente llevaba cursos artísticos, los que logró financiarse subiendo a cantar a los buses de Lima. “Carreando” —cuenta— llegó a pagar incluso sus primeros años de la carrera de actuación y teatro musical. Y si bien aquello le ayudó a desinhibirse, la lección más importante que la calle le dejó tuvo que ver con el ego. 

“Hay muchas personas a las que no les vas a importar, pero aprendes que no necesitas que te escuchen para compartir lo que sientes. No hay que frustrarnos por conectar con todo el mundo, sino ser sinceros y llegar a aquellos a los que realmente les gusta lo que haces”, reflexiona el artista. Es quizá ese el motivo por el que la música de Marden parece estar hecha solo para ser fiel a su verdad.

Cuando terminó la carrera, quería tomar un riesgo mayor: hacer un disco. En ese momento, todos los aprendizajes que adquirió en los salones, escuchando a las divas del pop hispano y consumiendo teatro musical, se condensaron en un primer proyecto que lleva por nombre La Tragicomedia de Prisma. Este cuenta la historia de Prisma, “un colorido músico callejero” que encarna y cuenta las vivencias autobiográficas de Marden, algunas de ellas tristes y otras felices, y tiene a Nube como el pasaje cumbre y final de esta historia organizada cronológicamente.

De esta manera, los recursos actorales que él adquirió durante su carrera han sido claves a la hora de componer música. “‘¿Cuándo ha sido la última vez que has oído una canción que te ha dejado con una historia en la mente?’, fue la pregunta con la que partí”, explica Marden, para añadir que es justamente esa narrativa la que su experiencia como actor ha aportado a sus canciones. 

Esto se evidencia no solo en el monólogo dramático al que remiten sus letras y la interpretación con la que las entona, sino también en el panorama sonoro que incluye en las producciones. Es así que se pueden oír sonidos, onomatopeyas, voces y demás efectos propios del contexto en el que se desarrolle la historia de cada canción. 

Además, su apuesta por lo diferente le ha servido incluso para el lanzamiento de ese primer álbum, donde las doce canciones son sencillos que fueron lanzados cada mes del 2019. “Quizá para un artista emergente no es lo más recomendable, pero a mí me gustó la experiencia. Realmente tenías a gente pegada con cada lanzamiento, porque el álbum tiene una numeración y un hilo que seguir. Eventualmente, lo volveré a hacer”, promete.

De colores

El arte de Marden es disruptivo. “A mí me gusta mucho (Me Llamo) Sebastián, me parece que es un muy buen referente chileno y por eso digo que hay alguien que debe hacer música recontra marica, LGTB y colorida acá en Perú, y yo quiero ser esa persona”. En ese sentido, considera que nuestra industria musical está en proceso de consolidación e iniciativas como la suya vienen intentando forjar una normativa amigable con las disidencias.

Portada del single Monocromático por el mes del orgullo 2020. IMAGEN: IG Marden Crunjer.

Prueba de esto es Monocromático, versión de una canción suya que grabó junto a Noah Blanco y Eme en el marco del Día del Orgullo 2020. “Yo creo que por el momento sigo haciendo arte que hace que la gente se cuestione, y eso me parece ya un acto político de por sí”, opina. Fiel creyente de que el cambio surge a través del arte, intenta hacer política desde el consenso. “Eventualmente, me verás aún más metido”, dice riendo.

Marden Crunjer y la Orquesta Multicolor. FOTO: IG Marden Crunjer.

El mensaje que el cantante peruano difunde es coherente con las decisiones artísticas que toma. Es así que el grupo de músicos que lo acompaña en escena es igual de diverso que el universo que crea con sus canciones. “Yo soy un compositor loco que tiene ideas locas. En mi música hay violines, viola, chelos, flautas, trompetas, saxofón y pensé: ‘debe haber personas en este país que también son rares y disidentes’. La vida misma me fue poniendo a estas personas. Somos una familia, una comunidad chiquita para la comunidad LGTB. Un grupo de 10 bichos raros tiene que conquistar el Perú”, afirma con esperanza.

Rodearse de creadores con propósitos similares al suyo es algo que quiere seguir haciendo a futuro, sobre todo porque aún no ha tenido la oportunidad de co-componer una canción. En su opinión, trabajar colectivamente es fundamental para que los distintos públicos se conozcan entre sí, y así construir la fanbase de los artistas independientes. 

“Yo soy de y para el pueblo”, afirma entre risas al hablar sobre el rol activo que sus oyentes tienen en su proyecto musical. No solo los convoca frecuentemente para participar en sus videos musicales, sino que también cumplen un papel relevante en sus conciertos, donde Marden interpreta canciones que requieren de interacción directa con la audiencia y ejecuta juegos teatrales. “Yo entrego alma, corazón y vida en mi trabajo para que las personas reciban el mensaje que emito. Así tiene que ser”, dice con convicción.

La vulnerabilidad que caracteriza a su música es lo que viene llamando la atención de cada vez más seguidores, quienes se ven atraídos por su fresca propuesta y sus excéntricos personajes. Esta es su forma de abrazar esas versiones anteriores de sí mismo y asegurarse de que sus experiencias pasadas sigan vivas en forma de aprendizaje y crecimiento. 

Rey Zero, protagonista del segundo álbum, a lanzarse el próximo año. FOTO: IG Marden Crunjer.

Es así que mientras Prisma es su “yo de los carros que cantaba por las calles y creía que todo lo que soñaba podía lograrlo”, su próximo personaje, el Rey Zero, representará a un Marden más centrado y comprometido con la lucha política de su comunidad. “Es una historia un poco más crecida y desde una perspectiva más alta, como es la de un rey”, precisa.

En vista de todo lo que le espera, invita a sus seguidores a permanecer atentos al lanzamiento de sus próximos singles y su álbum durante el 2022. “No sé si alguien está listo para lo que se viene”, asegura con la certeza de quien confía en la forma y fondo de su arte, y en el impacto que tendrá en quienes —como él en el pasado— necesitan saber que ser uno mismo nunca puede estar mal.

El precio de mi tranquilidad: el trabajo en mujeres y poblaciones LGBTIQ+ que migran de regiones a Lima – 2da parte

El precio de mi tranquilidad: el trabajo en mujeres y poblaciones LGBTIQ+ que migran de regiones a Lima – 2da parte

Por Mya Sánchez y Zoila Antonio Benito

Foto: UNFE

Tras persistir y convencer a sus papás de mandarla a Lima, Delia* lo había logrado. Era 1988 y con 18 años, ella había dejado su natal Chanchamayo, provincia en el centro del Perú. Buscaba estudiar Laboratorio en el instituto Daniel Alcides Carrión. Sabía que no era Derecho, la carrera que quería, ni tampoco una universidad, como le hubiese gustado, pero tenía más oportunidades de estudiar y trabajar que en su lugar de origen. Como ella, desde décadas, mujeres y parte de la población LGBTIQ+ peruanas migran de regiones a la capital, Lima.

Discriminación, lo que aún arrastramos

Cuando Delia trabajaba en el área administrativa del último empleo que tuvo, una de sus labores era la toma de muestras sanguíneas a domicilio en hogares de niveles socioeconómicos elevados, donde vivían los pacientes de su centro laboral. Llegó a la casa de un menor de edad y siguió el procedimiento habitual para la toma de sangre. Hubiese sido un día normal, pero, como respuesta, recibió insultos racistas que la hirieron.

El marco normativo al que los trabajadores pueden acogerse sigue aún siendo falible. No obstante, existen también barreras sociales a las que las mujeres y población LGTBIQ+ migrantes deben enfrentarse a la hora de trabajar. La discriminación étnico racial termina siendo una de las más latentes debido a que las causas que la motivan están directamente relacionadas a las características fenotípicas.

En Discriminación étnico-racial en el ámbito laboral: Diagnóstico situacional, el Ministerio de Cultura del Perú indica que la normativa constitucional al respecto es insuficiente, pues se refiere a la igualdad de oportunidades mas no de trato. Se debería abogar más bien por una igualdad de resultados a través de medidas afirmativas. En cuanto a la legislación laboral, normas como el Reglamento de la Ley de Inspección del Trabajo o la Ley Contra Actos de Discriminación se esfuerzan por contemplar también factores como color, idioma u origen social y distintos procesos laborales como la oferta de empleo y el despido.

“La gente era bien injusta. Porque eres provinciana creen que puedes hacer todo, aguantas porque no sabes sentir dolor, hambre o cansancio. La justicia es más para los que tienen plata. El pobre nunca va a alcanzarla”, narra con pesar Sonia*, quien percibía cómo los actos déspotas de sus empleadores tenían el objetivo de hartarla para que renuncie. 

De hecho, en el referido documento, el MINCUL sostiene que otra de las manifestaciones más comunes de racismo es la discriminación acumulada, por la cual, por ejemplo, las mujeres provenientes de zonas rurales, con rasgos indígenas y lenguas maternas ajenas al español sufren de manera permanente de marginación.

“La mujer indígena trabaja duro: está laborando en la chacra, atiende a los hijos, se levanta más temprano y duerme más tarde. Trabaja mucho, pero no es reconocida. Mientras que los hombres trabajan ocho horas y tienen un salario”, indica Melania Canales Poma, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP) y lideresa indígena del pueblo quechua para el diario El País. Al igual que las amas de casa, las mujeres indígenas cumplen una labor que ha sido subestimada y, además, poco visibilizada.

Según la FAO, como productoras, las mujeres en zonas rurales se enfrentan a más obstáculos que los hombres a la hora de acceder a recursos y servicios productivos, tecnología, información de mercado y activos financieros. Foto: Supercampo

Asimismo, la discriminación linguística, se da sobre todo hacia los grupos de personas que viven en las zonas rurales. “Las dinámicas de poder legitiman la discriminación y el lenguaje reproduce (en sus usos, en sus prácticas) estas dinámicas”, rescata la linguista Virginia Zavala cuando fue consultada por el Washington Post. Estas dinámicas se vuelven más evidentes cuando hay jerarquías dentro de un espacio laboral. 

El color de piel también es un factor de discriminación que mujeres y poblaciones LGBTIQ+ afroperuanos enfrentan al escuchar apodos, chistes o comentarios racistas, inclusive, hipersexualizarlas, como le pasó a la promotora en derechos sexuales y reproductivos Milagros de la Cruz Yucra. “Cuando entré al último trabajo, todo mundo quería ver la forma de atraer mi atención. Me insinuaban que querían tener relaciones sexuales conmigo, porque nunca habían estado con una ‘negrita’. Esa situación fue la que rebasó todo lo que habían dicho”, expresa. El acoso u hostigamiento laboral pueden ser el doble que a una persona que no es afroperuana, debido a los estereotipos errados que la sociedad moldea. Esto también sucede con mujeres y poblaciones LGBTIQ+ que provienen de la selva.  

“Tienen un estereotipo sexualizante cada vez que migran y tienen que cargar con ello, aún cuando laboran en espacios formales. Trabajo con una abogada que es de Iquitos, es súper especializada, por lo que no debería haber comentarios sobre su sexualidad. Pero sí he escuchado cuando se referían a ella como ‘de sangre caliente’. Ella los tolera, porque está acostumbrada a vivir así y no puede estar enfrentándose a todos”, asegura Jessica Huertas, psicóloga social. Todo esto sucede pese a que, en el Perú, se cuenta con leyes contra la discriminación fuera y dentro del ámbito laboral (Nº 27270, N°28867, Nº 28983 y Nº 30709)

Por otro lado, también está el caso de las mujeres con discapacidad. En el marco del ciclo de conversatorios: Voces de Mujeres Capaces, Diómedes Nieto, especialista en Promoción Social Laboral para Personas con Discapacidad del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), explicó que del 2016 al 2020 la planilla electrónica del MTPE registró un promedio de 7 mil personas con discapacidad, sin embargo, 7 de cada 10 son varones y solo 3 son mujeres. 

En este mismo evento, Ester Crispín, especialista legal de la Defensoría del Pueblo, señaló que durante la emergencia sanitaria se reportaron casos de mujeres con discapacidad que trabajaban en el sector estatal y a quienes no se les renovó los contratos CAS. Esto se produce, pese a que, cuentan con una ley que las respalda (N° 29973).

Asimismo, de acuerdo con la normativa vigente, las personas con discapacidad deben representar por lo menos el 3% del promedio anual de trabajadores de las empresas con más de 50 trabajadores, y el 5% como mínimo en el sector público. No obstante, los requisitos de educación técnica o superior para ciertos empleos hacen que el 68% no sea contratado, así lo aseveró José Peralta Navarrete, representante del Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad – Conadis.

Mujeres y población LGBTIQ+: limitarse para no ser despedido

Cansarte hasta pedir tu renuncia. Eso le pasó a Flor, natural de Apurímac, cuando sus jefes se enteraron de que tenía una relación sentimental con una compañera de trabajo. “Te aburren para que te retires porque simplemente no te toleran. Prácticamente, te limitan. Era asistente de ventas. No andaba diciendo ‘esta es mi opción’”, indica. 

La discrinación hacia mujeres y personas LGBTIQ+ en Lima persiste. A veces, como pasó con Flor, los rumores hacen más daño, por más que una persona no comente su orientación sexual de forma libre. Con testimonios como el de ella, cobra sentido que el 24.3% de trabajadores LGBTIQ+ mantenga en reserva su orientación sexual e identidad de género por miedo a la discriminación o despido laboral, según reportó el Instituto de Estudios Sindicales.

Como lo que no se nombra no existe, la comunidad LGTBIQ+ está expuesta también a la desprotección de sus derechos. Leticia* llegó a Lima desde Arequipa para presentarse a diversos castings y así, lograr su sueño de ser reina de belleza. Ella, que tenía una carrera incompleta en educación y un título técnico como estilista, tuvo que recurrir al trabajo sexual para poder subsistir. “No creo que ninguna mujer se sienta cómoda ejerciéndolo. Una se acostumbra, que es diferente”, cuenta.

El orgullo es usado muchas veces como estrategia de marketing mas no viene acompañado de políticas de inclusión. Fuente: Getty Images

La ausencia de un DNI que la represente ha ocasionado que se enfrente a numerosos “te llamaremos” que no se hacían realidad. Hasta la fecha, cuenta, no ha sido empleada más que en campañas por el mes del orgullo o en donde se necesitaba precisamente a una mujer trans. “Hay empresas que en el mes del orgullo sacan sus banderas, pero es difícil verlo puesto en práctica”, comenta sobre el tema la abogada Pamela Navarro. Esto se puede observar en diversos estudios. La II Encuesta Nacional de Derechos Humanos refleja que el 37% de empleadores no contratarían a una persona trans. Asimismo, La discrminación hacia lgbti en el entorno laboral peruano: 2016-2020 menciona que las poblaciones trans son las más vulnerables a sufrir discriminación laboral, debido a la desventaja estructural y la violencia de Estado al no reconocerlas dentro del sistema. 

“Como dicen, no podemos ejercer ciudadanía. En mi caso, el poder haber cambiado la partida de nacimiento y el DNI, me ha abierto muchas puertas, no solamente en el ámbito de la salud, sino también en el aspecto laboral, al trabajar en la Universidad de San Marcos y en otras convocatorias, que no podía hacer porque están destinadas a mujeres y no a mujeres trans. Ese es el gran avance”, indicó Dania Calderón en un evento organizado por el Poder Judicial Peruano. Esto se da luego de que ella fuese la primera mujer trans en conseguir el cambio de sexo en su DNI sin requerir reasignación genital.

“Si pudiera regresar el tiempo atrás, elegiría seguir trabajando”, señala Delia, ahora con dos hijos, quienes aún dependen económicamente de su exesposo. Como ella, el 90% de las entrevistadas para este reportaje dejó su trabajo para dedicarse a labores del hogar y cuidado. 

 La calidad de vida de los ciudadanos depende en gran medida de la región donde les haya tocado nacer y vivir. No es de extrañar que miles de ellos opten por trasladarse a lugares con mejores indicadores socioeconómicos, como es el caso de Delia. Diseño e ilustración: Adriana Velázquez, Mya Sánchez y Zoila Antonio

* Delia, Sonia y Leticia son nombres ficticios para proteger la identidad de las personas 

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Este contenido es parte de una cobertura colaborativa entre cinco medios —Distintas Latitudes (México), Morras explican cosas (México), La Antígona (Perú), La Andariega (Ecuador) y Revista Colibrí (Argentina)— de la Coalición LATAM, una iniciativa para impulsar el crecimiento de nuevos medios fundados por jóvenes periodistas. Este reportaje fue posible gracias al Fondo de Respuesta Rápida de Chicas Poderosas e Internews.

El precio de mi tranquilidad: el trabajo en mujeres y poblaciones LGBT+ que migran de regiones a Lima

El precio de mi tranquilidad: el trabajo en mujeres y poblaciones LGBT+ que migran de regiones a Lima

Por Mya Sánchez y Zoila Antonio Benito

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El trabajo de las mujeres que son amas de casa no solo no es retribuido económicamente, sino que es subestimado. Según la Universidad Continental, en Perú, 4 millones 160 mil desarrollan dos funciones: amas de casa y trabajan fuera del hogar. Foto: El Búho

Tras persistir y convencer a sus papás de mandarla a Lima, Delia* lo había logrado. Era 1988 y con 18 años, ella había dejado su natal Chanchamayo, provincia en el centro del Perú. Buscaba estudiar Laboratorio en el instituto Daniel Alcides Carrión. Sabía que no era Derecho, la carrera que quería, ni tampoco una universidad, como le hubiese gustado, pero tenía más oportunidades que en su lugar de origen. Como ella, desde décadas, mujeres y parte de la población LGBTIQ+ peruanas migran de regiones a la capital, Lima.

Según el informe La Migración Interna en el Perú, 2012 – 2017 del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), la calidad de vida de los ciudadanos depende en gran medida de la región donde les haya tocado nacer y vivir. No es de extrañar que miles de ellos, opten por trasladarse a lugares con mejores indicadores socioeconómicos, como concluyen los redactores del documento del BCR. 

María Salazar, secretaria de Organización en el Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores del Hogar de la Región Lima (SINTTRAHOL), nos cuenta: “La mayoría de mujeres en el campo no estudiamos. Yo, por ejemplo, estudié mi secundaria en Lima con un hijo. Los colegios están muy alejados, no hay movilidad. Para salir del campo a la ciudad tenemos que tomar una mototaxi que cobra 15 o 20 soles”, relata. Por la concentración de la población económicamente activa y el acceso al empleo, migrar a Lima se vuelve una posibilidad. 

“Las políticas nacionales no están construidas para dar igualdad de oportunidades a los ciudadanos que viven en diferentes regiones del país”, agrega al respecto Gustavo Minaya, secretario de Defensa de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).

Como Delia y María, son muchas las personas que llegan a Lima con el objetivo de estudiar y trabajar. Sin embargo, sus esfuerzos parecieran ser insuficientes. “Me escapé de casarme contra mi voluntad”, dice entre risas Sonia*. Para ella, la vida en la capital no fue fácil, pero su miedo a regresar a Apurímac y “terminar como su mamá”, relata, era más grande que cualquier otra cosa.

Sobrevivir en Lima le implicó dedicarse a distintas actividades relacionadas al trabajo en el hogar y la limpieza, enfrentándose incluso a tratos esclavizantes, como lavar ropa por más de 8 horas de pie. Logró estudiar y ejercer la carrera técnica de Enfermería, pero incluso luego de eso, Sonia volvió a realizar labores completamente ajenas a su rubro. Y es que, en la opinión de Minaya, lejos de un tema de esfuerzo, la explicación se encuentra en la escasa oferta laboral formal.

mujeres buscan trabajo
Entre enero del 2020 y enero del 2021, la participación laboral de las mujeres bajó 8%, mientras que de los hombres cayó apenas 2,7% (INEI, 2021) Foto: Punto por Punto

“Nuestro país no está adecuadamente construido para la cantidad de empleos que se necesitan. No hay investigación ni un sistema de producción que permita darle valor agregado a nuestros productos y eso genera que no haya empleos suficientes. Además, la migración ha incrementado las zonas poblacionales de las grandes ciudades y eso ha causado bastante informalidad en el empleo”, sentencia.

Las cifras lo evidencian. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la tasa de informalidad a nivel nacional entre julio del 2020 y junio de este año fue de 78,1%. Además, sólo en el área urbana, la formalidad disminuyó en 6,4% durante los últimos tres años. Al respecto, Minaya lamenta que las políticas aprobadas en el Acuerdo Nacional (2002) no hayan sido aplicadas.

Asimismo, el representante menciona a los regímenes de contratación laboral como obstáculos para la estabilidad en el puesto de trabajo, lo que dificulta que los ciudadanos aspiren a tener mejores condiciones de vida. Si esto afecta a todos los trabajadores de manera general, los migrantes tanto del extranjero como aquellos que viajan de regiones a Lima se ven aún más perjudicados por el nivel de precariedad en que muchos de ellos viven, sumado a la marginación y lo difícil que de por sí es empezar de cero lejos de sus hogares.

“Muchas veces los empleadores prefieren a personas que vienen de la sierra o de la selva porque probablemente se queden dentro de casa a trabajar y no tienen un hogar a dónde ir. Además cuando somos jóvenes somos más sumisos”, añade Salazar refiriéndose puntualmente a las trabajadoras del hogar. No obstante, la vulnerabilidad de sus derechos se extrapola también a otros rubros.

Mujeres y poblaciones LGBTIQ+: ¿leyes en vano?

Después de terminado sus estudios, Delia trabajó en una clínica pequeña, en el distrito limeño de Chorrillos. Al encontrarse preocupada por su salud, decidió hacer una consulta médica al dueño del establecimiento, pero él intentó tocarla sin su consentimiento. Al no encontrar respuesta cuando le contó de lo sucedido a la esposa y socia, decidió renunciar. “Pude haber denunciado, pero no se me ocurrió en ese momento. Pensé que yéndome estaba solucionado”, indica. 

Pese a que el delito de tocamientos se contempla en el artículo 176 del código penal y tengamos la ley N° 27942, Ley de Prevención y Sanción del Hostigamiento Sexual en el Perú, por desconocimiento, shock o miedo, dichos actos no se llegan a denunciar. En otras ocasiones sí, como fue el caso de Flor, natural de Apurímac y perteneciente a la población LGBTIQ+. Sin embargo, en un sistema patriarcal, las mujeres y poblaciones LGBTIQ+ no solemos obtener justicia.

“Recuerdo que el administrador me decía ‘tranquila, no te preocupes, no va a pasar nada’, pero él no hacía nada. La persona me seguía en cada movimiento que hacía, me tomaba fotos, me grababa videos. Sabía con quién hablaba, dónde estoy o a qué hora salía”, asegura. Pese a que ella denunció estos actos en una empresa de alcance nacional, la sanción no fue la esperada. “Cuando una de las chicas sufrió de tocamientos indebidos por esta misma persona, recién lo cambian. No lo retiraron, sólo lo pasaron de un departamento a otro”, comenta. 

“El sistema, si presentas pocas pruebas, te llama exagerada. Y hay trabajos precarios informales que además incrementan el acoso sexual, como en el caso de las camareras”, afirma la psicóloga social Jessica Huertas. “Los clientes hombres suelen decir ‘Qué guapa estás’. Ellas reconocen el capital sexual para poner ganar propinas, pero no se dan cuenta que lo que están viviendo es acoso sexual”, indica. La formalidad y mucho menos la informalidad, no son garantía de un espacio seguro. 

Esta incomodidad laboral también se manifiesta en el caso de la maternidad. Avalada en el artículo 2 de la Constitución Política del Perú, Pamela Navarro, abogada laboralista, recalca que no están permitidas las preguntas sobre este tema en una entrevista de trabajo. “Por desconocimiento o por miedo a quedar fuera del proceso de selección tenemos que enfrentarnos a ese tipo de cosas. De manera equivocada se piensa que la mujer, en la medida que tiene la posibilidad de ser madre, resulta un poco rentable para las empresas”, asegura. 

mujer embarazada toca su vientre
Si una mujer realiza una actividad en el trabajo que pone en riesgo su salud y la de su estado de gestación, puede solicitar no hacerlo mediante la Ley N° 28048. Foto: Andina

Si se encuentra embarazada, inclusive, se encuentra amparada por la Ley Nº 30367 y por el Decreto Supremo 006-2016-TR, donde se define su protección en casos de riesgo en la gestación, el descanso pre y post natal, subsidio por maternidad y ante el despido arbitrario. 

Asimismo, Perú cuenta con una ley, N°29896, donde se establece la obligación de implementar lactarios en las instituciones del sector público y privado que cuenten con más de 20 o más mujeres que se encuentren en edad fértil. “Deberías poder alinear tu vida laboral con la familiar para tener estabilidad emocional. Para lograrlo, necesitas balancear espacios. Este sistema de cuidados debe incluir el garantizar derechos laborales que implican una guardería, un lactario, horarios adecuados para poder trabajar”, enfatiza Huertas. No obstante, estas dinámicas han cambiado en pandemia, debido a la opción de virtualidad o teletrabajo. Este puede jugar a favor o en contra, ya que tiende a sumar a la carga de servicios de cuidado que las mujeres brindan.  

El teletrabajo, que permite a algunas personas seguir laborando durante la crisis, es un arma de doble filo para las mujeres porque tiende a aumentar la carga de servicios de cuidado que ellas ofrecen. Según el estudio del BID La participación laboral de las mujeres en el Perú: 10 mensajes clave y 6 recomendaciones de política (2021), casi el 60% de las mujeres encuestadas afirmaron ser las únicas responsables de la educación de sus hijos en el hogar durante la pandemia, en comparación con el 14% de los hombres.

No obstante, el teletrabajo también ha abierto otras posibilidades a mujeres y poblaciones LGBTIQ+. Hay una “migración de regreso” que se da de la capital a las regiones. “Sirve para buscar soluciones más flexibles que se acomoden a lo que los trabajadores demandan.  En nuestro caso, nos abrió el mercado de talento al acceder a personas que probablemente no podrían trabajar con nosotros. Gracias a la virtualidad ahora lo pueden hacer”, comenta la gerenta Jurgita Sarkovaite.

Este reportaje tiene segunda parte, click aquí para leerlo.

*Delia y Sonia son nombres ficticios para proteger la identidad de las personas.

Este contenido es parte de una cobertura colaborativa entre cinco medios —Distintas Latitudes (México), Morras explican cosas (México), La Antígona (Perú), La Andariega (Ecuador) y Revista Colibrí (Argentina)— de la Coalición LATAM, una iniciativa para impulsar el crecimiento de nuevos medios fundados por jóvenes periodistas. Este reportaje fue posible gracias al Fondo de Respuesta Rápida de Chicas Poderosas e Internews.