Con un año de emocionantes lanzamientos a la vuelta de la esquina, Marden Crunjer viene a revolucionarlo todo. Su propuesta, caracterizada por los recursos narrativos que emplea, tiene como objetivo contar su historia de la manera más auténtica posible. El cantante y compositor peruano conversó con La Antígona sobre de dónde viene y hacia dónde va con su arte.
Colorido como él solo. La estética que David Bowie y Elton John propusieron cuando el mundo veía surgir al glam rock trajo consigo el cuestionamiento de prejuicios bastante arraigados en la sociedad. Son los mismos esquemas a los que Marden Crunjer, cantante y compositor peruano, se enfrenta con su propuesta creativa, pero esta vez en el Perú del siglo XXI. “¿Por qué no?”, se pregunta cuando piensa en la falta que de pequeño le hizo un “superhéroe” —como él lo llama— en la escena musical nacional, algo que hoy él intenta ser para quienes lo necesiten.
Marden se caracteriza por su vestimenta y maquillaje coloridos. FOTO: IG Marden Crunjer.
Sea con sombreros vistosos, maquillaje y pinturas, prendas de vestir excéntricas o personajes, Marden siempre consigue voltear las miradas hacia él. Sin embargo —explica— su objetivo como artista no es solo ofrecer algo distinto, sino también comunicar un mensaje. Es por ello que su música tiene también una particularidad: cual guion, está dividida por escenas. “Voy a presentar el drama pop”, responde cuando le pregunto a qué género corresponde su música. Él —dice— siempre ha sido de revolución, y no le falta razón.
Raíces
Y es que Marden y su proyecto gritan autenticidad e identidad. Incluso desde la elección de su nombre artístico, que heredó de su abuelo, originario de San Martín. “Cuando él falleció, yo traté de buscar dentro de mis propias experiencias qué quería comunicar con mi música y decidí revalorizar su nombre. Es propio de la selva y yo quiero que sea conocido por todo el mundo”, explica.
Él sabe bien cuán importante es recordar siempre de dónde uno viene. ‘Arraigo’ es una palabra bastante común en su vocabulario cuando habla del porqué de su música, y aquello cobra sentido al conocer su historia. Marden aprendió sus primeros términos en quechua cuando acompañaba a su abuela materna a su trabajo en el mercado de San Miguel, donde muchas de las vendedoras hablaban dicho idioma. “Me he dado cuenta de que siempre sentí esa necesidad de conocer mis raíces”, relata.
Es así que más adelante estudió quechua y hoy incluso dicta clases como parte de su compromiso con la difusión de esta lengua originaria, en la que además ha compuesto música. “Es muy importante exportar al mundo algo que conecte con lo que realmente somos, sentimos y con esa existencia del quechua en nuestra vida cotidiana”, opina. Regresaremos (Kutirimusunchik), versión bilingüe que hizo de una canción suya para interpretarla con Milena Warthon y Naysha, responde a esta necesidad.
A pesar de que la música no fue su primera opción, Marden siempre estuvo conectado al arte. Es por eso que desde adolescente llevaba cursos artísticos, los que logró financiarse subiendo a cantar a los buses de Lima. “Carreando” —cuenta— llegó a pagar incluso sus primeros años de la carrera de actuación y teatro musical. Y si bien aquello le ayudó a desinhibirse, la lección más importante que la calle le dejó tuvo que ver con el ego.
“Hay muchas personas a las que no les vas a importar, pero aprendes que no necesitas que te escuchen para compartir lo que sientes. No hay que frustrarnos por conectar con todo el mundo, sino ser sinceros y llegar a aquellos a los que realmente les gusta lo que haces”, reflexiona el artista. Es quizá ese el motivo por el que la música de Marden parece estar hecha solo para ser fiel a su verdad.
Cuando terminó la carrera, quería tomar un riesgo mayor: hacer un disco. En ese momento, todos los aprendizajes que adquirió en los salones, escuchando a las divas del pop hispano y consumiendo teatro musical, se condensaron en un primer proyecto que lleva por nombre La Tragicomedia de Prisma. Este cuenta la historia de Prisma, “un colorido músico callejero” que encarna y cuenta las vivencias autobiográficas de Marden, algunas de ellas tristes y otras felices, y tiene a Nube como el pasaje cumbre y final de esta historia organizada cronológicamente.
De esta manera, los recursos actorales que él adquirió durante su carrera han sido claves a la hora de componer música. “‘¿Cuándo ha sido la última vez que has oído una canción que te ha dejado con una historia en la mente?’, fue la pregunta con la que partí”, explica Marden, para añadir que es justamente esa narrativa la que su experiencia como actor ha aportado a sus canciones.
Esto se evidencia no solo en el monólogo dramático al que remiten sus letras y la interpretación con la que las entona, sino también en el panorama sonoro que incluye en las producciones. Es así que se pueden oír sonidos, onomatopeyas, voces y demás efectos propios del contexto en el que se desarrolle la historia de cada canción.
Además, su apuesta por lo diferente le ha servido incluso para el lanzamiento de ese primer álbum, donde las doce canciones son sencillos que fueron lanzados cada mes del 2019. “Quizá para un artista emergente no es lo más recomendable, pero a mí me gustó la experiencia. Realmente tenías a gente pegada con cada lanzamiento, porque el álbum tiene una numeración y un hilo que seguir. Eventualmente, lo volveré a hacer”, promete.
De colores
El arte de Marden es disruptivo. “A mí me gusta mucho (Me Llamo) Sebastián, me parece que es un muy buen referente chileno y por eso digo que hay alguien que debe hacer música recontra marica, LGTB y colorida acá en Perú, y yo quiero ser esa persona”. En ese sentido, considera que nuestra industria musical está en proceso de consolidación e iniciativas como la suya vienen intentando forjar una normativa amigable con las disidencias.
Portada del single Monocromático por el mes del orgullo 2020. IMAGEN: IG Marden Crunjer.
Prueba de esto es Monocromático, versión de una canción suya que grabó junto a Noah Blanco y Eme en el marco del Día del Orgullo 2020. “Yo creo que por el momento sigo haciendo arte que hace que la gente se cuestione, y eso me parece ya un acto político de por sí”, opina. Fiel creyente de que el cambio surge a través del arte, intenta hacer política desde el consenso. “Eventualmente, me verás aún más metido”, dice riendo.
Marden Crunjer y la Orquesta Multicolor. FOTO: IG Marden Crunjer.
El mensaje que el cantante peruano difunde es coherente con las decisiones artísticas que toma. Es así que el grupo de músicos que lo acompaña en escena es igual de diverso que el universo que crea con sus canciones. “Yo soy un compositor loco que tiene ideas locas. En mi música hay violines, viola, chelos, flautas, trompetas, saxofón y pensé: ‘debe haber personas en este país que también son rares y disidentes’. La vida misma me fue poniendo a estas personas. Somos una familia, una comunidad chiquita para la comunidad LGTB. Un grupo de 10 bichos raros tiene que conquistar el Perú”, afirma con esperanza.
Rodearse de creadores con propósitos similares al suyo es algo que quiere seguir haciendo a futuro, sobre todo porque aún no ha tenido la oportunidad de co-componer una canción. En su opinión, trabajar colectivamente es fundamental para que los distintos públicos se conozcan entre sí, y así construir la fanbasede los artistas independientes.
“Yo soy de y para el pueblo”, afirma entre risas al hablar sobre el rol activo que sus oyentes tienen en su proyecto musical. No solo los convoca frecuentemente para participar en sus videos musicales, sino que también cumplen un papel relevante en sus conciertos, donde Marden interpreta canciones que requieren de interacción directa con la audiencia y ejecuta juegos teatrales. “Yo entrego alma, corazón y vida en mi trabajo para que las personas reciban el mensaje que emito. Así tiene que ser”, dice con convicción.
La vulnerabilidad que caracteriza a su música es lo que viene llamando la atención de cada vez más seguidores, quienes se ven atraídos por su fresca propuesta y sus excéntricos personajes. Esta es su forma de abrazar esas versiones anteriores de sí mismo y asegurarse de que sus experiencias pasadas sigan vivas en forma de aprendizaje y crecimiento.
Rey Zero, protagonista del segundo álbum, a lanzarse el próximo año. FOTO: IG Marden Crunjer.
Es así que mientras Prisma es su “yo de los carros que cantaba por las calles y creía que todo lo que soñaba podía lograrlo”, su próximo personaje, el Rey Zero, representará a un Marden más centrado y comprometido con la lucha política de su comunidad. “Es una historia un poco más crecida y desde una perspectiva más alta, como es la de un rey”, precisa.
En vista de todo lo que le espera, invita a sus seguidores a permanecer atentos al lanzamiento de sus próximos singles y su álbum durante el 2022. “No sé si alguien está listo para lo que se viene”, asegura con la certeza de quien confía en la forma y fondo de su arte, y en el impacto que tendrá en quienes —como él en el pasado— necesitan saber que ser uno mismo nunca puede estar mal.
Tras persistir y convencer a sus papás de mandarla a Lima, Delia* lo había logrado. Era 1988 y con 18 años, ella había dejado su natal Chanchamayo, provincia en el centro del Perú. Buscaba estudiar Laboratorio en el instituto Daniel Alcides Carrión. Sabía que no era Derecho, la carrera que quería, ni tampoco una universidad, como le hubiese gustado, pero tenía más oportunidades de estudiar y trabajar que en su lugar de origen. Como ella, desde décadas, mujeres y parte de la población LGBTIQ+ peruanas migran de regiones a la capital, Lima.
Discriminación, lo que aún arrastramos
Cuando Delia trabajaba en el área administrativa del último empleo que tuvo, una de sus labores era la toma de muestras sanguíneas a domicilio en hogares de niveles socioeconómicos elevados, donde vivían los pacientes de su centro laboral. Llegó a la casa de un menor de edad y siguió el procedimiento habitual para la toma de sangre. Hubiese sido un día normal, pero, como respuesta, recibió insultos racistas que la hirieron.
El marco normativo al que los trabajadores pueden acogerse sigue aún siendo falible. No obstante, existen también barreras sociales a las que las mujeres y población LGTBIQ+ migrantes deben enfrentarse a la hora de trabajar. La discriminación étnico racial termina siendo una de las más latentes debido a que las causas que la motivan están directamente relacionadas a las características fenotípicas.
En Discriminación étnico-racial en el ámbito laboral: Diagnóstico situacional, el Ministerio de Cultura del Perú indica que la normativa constitucional al respecto es insuficiente, pues se refiere a la igualdad de oportunidades mas no de trato. Se debería abogar más bien por una igualdad de resultados a través de medidas afirmativas. En cuanto a la legislación laboral, normas como el Reglamento de la Ley de Inspección del Trabajo o la Ley Contra Actos de Discriminación se esfuerzan por contemplar también factores como color, idioma u origen social y distintos procesos laborales como la oferta de empleo y el despido.
“La gente era bien injusta. Porque eres provinciana creen que puedes hacer todo, aguantas porque no sabes sentir dolor, hambre o cansancio. La justicia es más para los que tienen plata. El pobre nunca va a alcanzarla”, narra con pesar Sonia*, quien percibía cómo los actos déspotas de sus empleadores tenían el objetivo de hartarla para que renuncie.
De hecho, en el referido documento, el MINCUL sostiene que otra de las manifestaciones más comunes de racismo es la discriminación acumulada, por la cual, por ejemplo, las mujeres provenientes de zonas rurales, con rasgos indígenas y lenguas maternas ajenas al español sufren de manera permanente de marginación.
“La mujer indígena trabaja duro: está laborando en la chacra, atiende a los hijos, se levanta más temprano y duerme más tarde. Trabaja mucho, pero no es reconocida. Mientras que los hombres trabajan ocho horas y tienen un salario”, indica Melania Canales Poma, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP) y lideresa indígena del pueblo quechua para el diario El País. Al igual que las amas de casa, las mujeres indígenas cumplen una labor que ha sido subestimada y, además, poco visibilizada.
Según la FAO, como productoras, las mujeres en zonas rurales se enfrentan a más obstáculos que los hombres a la hora de acceder a recursos y servicios productivos, tecnología, información de mercado y activos financieros. Foto: Supercampo
Asimismo, la discriminación linguística, se da sobre todo hacia los grupos de personas que viven en las zonas rurales. “Las dinámicas de poder legitiman la discriminación y el lenguaje reproduce (en sus usos, en sus prácticas) estas dinámicas”, rescata la linguista Virginia Zavala cuando fue consultada por el Washington Post. Estas dinámicas se vuelven más evidentes cuando hay jerarquías dentro de un espacio laboral.
El color de piel también es un factor de discriminación que mujeres y poblaciones LGBTIQ+ afroperuanos enfrentan al escuchar apodos, chistes o comentarios racistas, inclusive, hipersexualizarlas, como le pasó a la promotora en derechos sexuales y reproductivos Milagros de la Cruz Yucra. “Cuando entré al último trabajo, todo mundo quería ver la forma de atraer mi atención. Me insinuaban que querían tener relaciones sexuales conmigo, porque nunca habían estado con una ‘negrita’. Esa situación fue la que rebasó todo lo que habían dicho”, expresa. El acoso u hostigamiento laboral pueden ser el doble que a una persona que no es afroperuana, debido a los estereotipos errados que la sociedad moldea. Esto también sucede con mujeres y poblaciones LGBTIQ+ que provienen de la selva.
“Tienen un estereotipo sexualizante cada vez que migran y tienen que cargar con ello, aún cuando laboran en espacios formales. Trabajo con una abogada que es de Iquitos, es súper especializada, por lo que no debería haber comentarios sobre su sexualidad. Pero sí he escuchado cuando se referían a ella como ‘de sangre caliente’. Ella los tolera, porque está acostumbrada a vivir así y no puede estar enfrentándose a todos”, asegura Jessica Huertas, psicóloga social. Todo esto sucede pese a que, en el Perú, se cuenta con leyes contra la discriminación fuera y dentro del ámbito laboral (Nº 27270, N°28867, Nº 28983 y Nº 30709)
Por otro lado, también está el caso de las mujeres con discapacidad. En el marco del ciclo de conversatorios: Voces de Mujeres Capaces, Diómedes Nieto, especialista en Promoción Social Laboral para Personas con Discapacidad del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), explicó que del 2016 al 2020 la planilla electrónica del MTPE registró un promedio de 7 mil personas con discapacidad, sin embargo, 7 de cada 10 son varones y solo 3 son mujeres.
En este mismo evento, Ester Crispín, especialista legal de la Defensoría del Pueblo, señaló que durante la emergencia sanitaria se reportaron casos de mujeres con discapacidad que trabajaban en el sector estatal y a quienes no se les renovó los contratos CAS. Esto se produce, pese a que, cuentan con una ley que las respalda (N° 29973).
Asimismo, de acuerdo con la normativa vigente, las personas con discapacidad deben representar por lo menos el 3% del promedio anual de trabajadores de las empresas con más de 50 trabajadores, y el 5% como mínimo en el sector público. No obstante, los requisitos de educación técnica o superior para ciertos empleos hacen que el 68% no sea contratado, así lo aseveró José Peralta Navarrete, representante del Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad – Conadis.
Mujeres y población LGBTIQ+: limitarse para no ser despedido
Cansarte hasta pedir tu renuncia. Eso le pasó a Flor, natural de Apurímac, cuando sus jefes se enteraron de que tenía una relación sentimental con una compañera de trabajo. “Te aburren para que te retires porque simplemente no te toleran. Prácticamente, te limitan. Era asistente de ventas. No andaba diciendo ‘esta es mi opción’”, indica.
La discrinación hacia mujeres y personas LGBTIQ+ en Lima persiste. A veces, como pasó con Flor, los rumores hacen más daño, por más que una persona no comente su orientación sexual de forma libre. Con testimonios como el de ella, cobra sentido que el 24.3% de trabajadores LGBTIQ+ mantenga en reserva su orientación sexual e identidad de género por miedo a la discriminación o despido laboral, según reportó el Instituto de Estudios Sindicales.
Como lo que no se nombra no existe, la comunidad LGTBIQ+ está expuesta también a la desprotección de sus derechos. Leticia* llegó a Lima desde Arequipa para presentarse a diversos castings y así, lograr su sueño de ser reina de belleza. Ella, que tenía una carrera incompleta en educación y un título técnico como estilista, tuvo que recurrir al trabajo sexual para poder subsistir. “No creo que ninguna mujer se sienta cómoda ejerciéndolo. Una se acostumbra, que es diferente”, cuenta.
El orgullo es usado muchas veces como estrategia de marketing mas no viene acompañado de políticas de inclusión. Fuente: Getty Images
La ausencia de un DNI que la represente ha ocasionado que se enfrente a numerosos “te llamaremos” que no se hacían realidad. Hasta la fecha, cuenta, no ha sido empleada más que en campañas por el mes del orgullo o en donde se necesitaba precisamente a una mujer trans. “Hay empresas que en el mes del orgullo sacan sus banderas, pero es difícil verlo puesto en práctica”, comenta sobre el tema la abogada Pamela Navarro. Esto se puede observar en diversos estudios. La II Encuesta Nacional de Derechos Humanos refleja que el 37% de empleadores no contratarían a una persona trans. Asimismo, La discrminación hacia lgbti en el entorno laboral peruano: 2016-2020 menciona que las poblaciones trans son las más vulnerables a sufrir discriminación laboral, debido a la desventaja estructural y la violencia de Estado al no reconocerlas dentro del sistema.
“Como dicen, no podemos ejercer ciudadanía. En mi caso, el poder haber cambiado la partida de nacimiento y el DNI, me ha abierto muchas puertas, no solamente en el ámbito de la salud, sino también en el aspecto laboral, al trabajar en la Universidad de San Marcos y en otras convocatorias, que no podía hacer porque están destinadas a mujeres y no a mujeres trans. Ese es el gran avance”, indicó Dania Calderón en un evento organizado por el Poder Judicial Peruano. Esto se da luego de que ella fuese la primera mujer trans en conseguir el cambio de sexo en su DNI sin requerir reasignación genital.
“Si pudiera regresar el tiempo atrás, elegiría seguir trabajando”, señala Delia, ahora con dos hijos, quienes aún dependen económicamente de su exesposo. Como ella, el 90% de las entrevistadas para este reportaje dejó su trabajo para dedicarse a labores del hogar y cuidado.
La calidad de vida de los ciudadanos depende en gran medida de la región donde les haya tocado nacer y vivir. No es de extrañar que miles de ellos opten por trasladarse a lugares con mejores indicadores socioeconómicos, como es el caso de Delia. Diseño e ilustración: Adriana Velázquez, Mya Sánchez y Zoila Antonio
* Delia, Sonia y Leticia son nombres ficticios para proteger la identidad de las personas
El trabajo de las mujeres que son amas de casa no solo no es retribuido económicamente, sino que es subestimado. Según la Universidad Continental, en Perú, 4 millones 160 mil desarrollan dos funciones: amas de casa y trabajan fuera del hogar. Foto: El Búho
Tras persistir y convencer a sus papás de mandarla a Lima, Delia* lo había logrado. Era 1988 y con 18 años, ella había dejado su natal Chanchamayo, provincia en el centro del Perú. Buscaba estudiar Laboratorio en el instituto Daniel Alcides Carrión. Sabía que no era Derecho, la carrera que quería, ni tampoco una universidad, como le hubiese gustado, pero tenía más oportunidades que en su lugar de origen. Como ella, desde décadas, mujeres y parte de la población LGBTIQ+ peruanas migran de regiones a la capital, Lima.
Según el informeLa Migración Interna en el Perú, 2012 – 2017del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), la calidad de vida de los ciudadanos depende en gran medida de la región donde les haya tocado nacer y vivir. No es de extrañar que miles de ellos, opten por trasladarse a lugares con mejores indicadores socioeconómicos, como concluyen los redactores del documento del BCR.
María Salazar, secretaria de Organización en el Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores del Hogar de la Región Lima (SINTTRAHOL), nos cuenta: “La mayoría de mujeres en el campo no estudiamos. Yo, por ejemplo, estudié mi secundaria en Lima con un hijo. Los colegios están muy alejados, no hay movilidad. Para salir del campo a la ciudad tenemos que tomar una mototaxi que cobra 15 o 20 soles”, relata. Por la concentración de la población económicamente activa y el acceso al empleo, migrar a Lima se vuelve una posibilidad.
“Las políticas nacionales no están construidas para dar igualdad de oportunidades a los ciudadanos que viven en diferentes regiones del país”, agrega al respecto Gustavo Minaya, secretario de Defensa de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).
Como Delia y María, son muchas las personas que llegan a Lima con el objetivo de estudiar y trabajar. Sin embargo, sus esfuerzos parecieran ser insuficientes. “Me escapé de casarme contra mi voluntad”, dice entre risas Sonia*. Para ella, la vida en la capital no fue fácil, pero su miedo a regresar a Apurímac y “terminar como su mamá”, relata, era más grande que cualquier otra cosa.
Sobrevivir en Lima le implicó dedicarse a distintas actividades relacionadas al trabajo en el hogar y la limpieza, enfrentándose incluso a tratos esclavizantes, como lavar ropa por más de 8 horas de pie. Logró estudiar y ejercer la carrera técnica de Enfermería, pero incluso luego de eso, Sonia volvió a realizar labores completamente ajenas a su rubro. Y es que, en la opinión de Minaya, lejos de un tema de esfuerzo, la explicación se encuentra en la escasa oferta laboral formal.
Entre enero del 2020 y enero del 2021, la participación laboral de las mujeres bajó 8%, mientras que de los hombres cayó apenas 2,7% (INEI, 2021) Foto: Punto por Punto
“Nuestro país no está adecuadamente construido para la cantidad de empleos que se necesitan. No hay investigación ni un sistema de producción que permita darle valor agregado a nuestros productos y eso genera que no haya empleos suficientes. Además, la migración ha incrementado las zonas poblacionales de las grandes ciudades y eso ha causado bastante informalidad en el empleo”, sentencia.
Las cifras lo evidencian. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la tasa de informalidad a nivel nacional entre julio del 2020 y junio de este año fue de 78,1%. Además, sólo en el área urbana, la formalidad disminuyó en 6,4% durante los últimos tres años. Al respecto, Minaya lamenta que las políticas aprobadas en el Acuerdo Nacional (2002) no hayan sido aplicadas.
Asimismo, el representante menciona a los regímenes de contratación laboral como obstáculos para la estabilidad en el puesto de trabajo, lo que dificulta que los ciudadanos aspiren a tener mejores condiciones de vida. Si esto afecta a todos los trabajadores de manera general, los migrantes tanto del extranjero como aquellos que viajan de regiones a Lima se ven aún más perjudicados por el nivel de precariedad en que muchos de ellos viven, sumado a la marginación y lo difícil que de por sí es empezar de cero lejos de sus hogares.
“Muchas veces los empleadores prefieren a personas que vienen de la sierra o de la selva porque probablemente se queden dentro de casa a trabajar y no tienen un hogar a dónde ir. Además cuando somos jóvenes somos más sumisos”, añade Salazar refiriéndose puntualmente a las trabajadoras del hogar. No obstante, la vulnerabilidad de sus derechos se extrapola también a otros rubros.
Mujeres y poblaciones LGBTIQ+: ¿leyes en vano?
Después de terminado sus estudios, Delia trabajó en una clínica pequeña, en el distrito limeño de Chorrillos. Al encontrarse preocupada por su salud, decidió hacer una consulta médica al dueño del establecimiento, pero él intentó tocarla sin su consentimiento. Al no encontrar respuesta cuando le contó de lo sucedido a la esposa y socia, decidió renunciar. “Pude haber denunciado, pero no se me ocurrió en ese momento. Pensé que yéndome estaba solucionado”, indica.
Pese a que el delito de tocamientos se contempla en el artículo 176 del código penal y tengamos la ley N° 27942, Ley de Prevención y Sanción del Hostigamiento Sexual en el Perú, por desconocimiento, shock o miedo, dichos actos no se llegan a denunciar. En otras ocasiones sí, como fue el caso de Flor, natural de Apurímac y perteneciente a la población LGBTIQ+. Sin embargo, en un sistema patriarcal, las mujeres y poblaciones LGBTIQ+ no solemos obtener justicia.
“Recuerdo que el administrador me decía ‘tranquila, no te preocupes, no va a pasar nada’, pero él no hacía nada. La persona me seguía en cada movimiento que hacía, me tomaba fotos, me grababa videos. Sabía con quién hablaba, dónde estoy o a qué hora salía”, asegura. Pese a que ella denunció estos actos en una empresa de alcance nacional, la sanción no fue la esperada. “Cuando una de las chicas sufrió de tocamientos indebidos por esta misma persona, recién lo cambian. No lo retiraron, sólo lo pasaron de un departamento a otro”, comenta.
“El sistema, si presentas pocas pruebas, te llama exagerada. Y hay trabajos precarios informales que además incrementan el acoso sexual, como en el caso de las camareras”, afirma la psicóloga social Jessica Huertas. “Los clientes hombres suelen decir ‘Qué guapa estás’. Ellas reconocen el capital sexual para poner ganar propinas, pero no se dan cuenta que lo que están viviendo es acoso sexual”, indica. La formalidad y mucho menos la informalidad, no son garantía de un espacio seguro.
Esta incomodidad laboral también se manifiesta en el caso de la maternidad. Avalada en el artículo 2 de la Constitución Política del Perú, Pamela Navarro, abogada laboralista, recalca que no están permitidas las preguntas sobre este tema en una entrevista de trabajo. “Por desconocimiento o por miedo a quedar fuera del proceso de selección tenemos que enfrentarnos a ese tipo de cosas. De manera equivocada se piensa que la mujer, en la medida que tiene la posibilidad de ser madre, resulta un poco rentable para las empresas”, asegura.
Si una mujer realiza una actividad en el trabajo que pone en riesgo su salud y la de su estado de gestación, puede solicitar no hacerlo mediante la Ley N° 28048. Foto: Andina
Si se encuentra embarazada, inclusive, se encuentra amparada por la Ley Nº 30367 y por el Decreto Supremo 006-2016-TR, donde se define su protección en casos de riesgo en la gestación, el descanso pre y post natal, subsidio por maternidad y ante el despido arbitrario.
Asimismo, Perú cuenta con una ley, N°29896, donde se establece la obligación de implementar lactarios en las instituciones del sector público y privado que cuenten con más de 20 o más mujeres que se encuentren en edad fértil. “Deberías poder alinear tu vida laboral con la familiar para tener estabilidad emocional. Para lograrlo, necesitas balancear espacios. Este sistema de cuidados debe incluir el garantizar derechos laborales que implican una guardería, un lactario, horarios adecuados para poder trabajar”, enfatiza Huertas. No obstante, estas dinámicas han cambiado en pandemia, debido a la opción de virtualidad o teletrabajo. Este puede jugar a favor o en contra, ya que tiende a sumar a la carga de servicios de cuidado que las mujeres brindan.
El teletrabajo, que permite a algunas personas seguir laborando durante la crisis, es un arma de doble filo para las mujeres porque tiende a aumentar la carga de servicios de cuidado que ellas ofrecen. Según el estudio del BID La participación laboral de las mujeres en el Perú: 10 mensajes clave y 6 recomendaciones de política (2021), casi el 60% de las mujeres encuestadas afirmaron ser las únicas responsables de la educación de sus hijos en el hogar durante la pandemia, en comparación con el 14% de los hombres.
No obstante, el teletrabajo también ha abierto otras posibilidades a mujeres y poblaciones LGBTIQ+. Hay una “migración de regreso” que se da de la capital a las regiones. “Sirve para buscar soluciones más flexibles que se acomoden a lo que los trabajadores demandan. En nuestro caso, nos abrió el mercado de talento al acceder a personas que probablemente no podrían trabajar con nosotros. Gracias a la virtualidad ahora lo pueden hacer”, comenta la gerenta Jurgita Sarkovaite.
Este reportaje tiene segunda parte, click aquí para leerlo.
*Delia y Sonia son nombres ficticios para proteger la identidad de las personas.
Concentración por el 25N en la plaza de Armas de Trujillo. FUENTE: Facebook de Colectiva Feminista 8 de marzo – Trujillo
Al principio, es difícil ubicar al grupo en la plazuela El Recreo de Trujillo. Cae la tarde del sábado 27 de noviembre. Se realiza, a nivel nacional, la marcha conmemorativa por el 25N (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer). Este año, se cumplen cuatro décadas desde que oficialmente se declarase una fecha por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Junny Ynoquio, activista de la Colectiva Feminista 8 de Marzo, fue tajante sobre ello: “Hoy no celebramos, conmemoramos”, señaló con firmeza a través del megáfono, ya en la Plaza de Armas de la ciudad. Esta historia, sin embargo, tiene un mayor trasfondo.
La dificultad de hallarlas estriba en el ruido. Hoy, en la plazuela, además de los asistentes de la marcha, conviven una agrupación religiosa y tres jóvenes exigiendo una nueva Constitución. Cada quien tiene una forma particular de manifestarse. Los religiosos predican, los jóvenes reproducen himnos de freestyle, las colectivas usan pañuelos, camisetas, pancartas, arengas… Quizá lo más impactante sean las dos banderolas sobre el suelo. Son largas extensiones de tela, que traen bordados, dibujados o pintados nombres de compañeras que no podrían usar este tipo de prendas. No podrían, porque ya no están aquí.
Ellas sí. Adultas mayores, adultas, jóvenes e incluso una niña rodean las banderolas. Vienen de distintas organizaciones: la Colectiva 8 de Marzo, la Defensoría de la Mujer de Alto Trujillo (DMAT), el INADIS (Instituto de Apoyo a la Diversidad Sexual), entre otros. También están los transeúntes que se detienen –como yo–, o los fotógrafos que registran el acto. La mayoría lleva en mano una hoja de papel con consignas numeradas. Encuentro el punto de reunión mientras repiten a una sola voz:
“Mujeres contra la guerra. Mujeres contra el capital. Mujeres contra el machismo, contra la violencia neoliberal”.
De un lado al otro, dos compañeras de la colectiva dirigen las consignas para que las demás acompañen en un único pedido. Más personas están llegando. Junny Ynoquio, que media hora después ofrecería palabras sobre el 25N en la Plaza de Armas, pide que se cante Canción Sin Miedo. El himno feminista compuesto por Vivir Quintana es lo último que se enuncia antes de comenzar la ruta.
La marcha está encabezada por una representante del INADIS, quien viste una falda de la bandera LGBTQ+. Es una imagen poderosa. Camina con confianza por el Jirón Pizarro, seguida por más mujeres en su diversidad que sostienen las banderolas. Minutos previos a la salida, Eliana Pérez –perteneciente a la Colectiva 8 de Marzo–, advirtió sobre la presencia de grupos “fundamentalistas” que podrían buscar discusiones. No se equivocó. El movimiento antivacunas,escoltado por la policía,emprendía una trayectoria opuesta, simultánea a la del 25N.
“¡No se vacunen, no permitan que las esterilicen!”, demanda un hombre con micrófono. La afirmación es por completo infundada. No existen motivos de sospecha de que la vacuna contra la COVID-19 cause infertilidad u otro perjuicio para las mujeres. Así que ellas responden, en medio del bullicio de la calle, bailando. “Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer…”, inician, bajando las caderas casi al ras del piso. “Arriba el feminismo, ¡que va a vencer, que va a vencer!”, finalizan, ahora saltando con un puño en alto. Ningún enfrentamiento ocurre. La marcha continúa a lo largo del paseo peatonal.
La Plaza de Armas de Trujillo recibe más visitas los fines de semana. Al arribar, las colectivas se dirigen a las escaleras de la Estatua de La Libertad, justo frente a la municipalidad. Acomodan sus banderas representativas, posicionan las banderolas en el centro y se acomodan para pronunciar más arengas. Esta vez, sin embargo, alguien interrumpe.
Se trata de un pastor. Apenas nota la vestimenta de la representante de INADIS, su rostro se encrespa. Desorbitado, comienza a interpelar a los participantes de la marcha, que no se inmuta ante la cámara de uno de los fotógrafos a menos de diez centímetros de él. Aunque la policía se percata, al comprobar que no incurre en violencia física, no interviene. Permite que el pastor atribuya demonios a los presentes y acalle las consignas de las manifestantes.
Aun así, estas persisten. “¡Señor!, ¡señora!, no sea indiferente. Se mata a las mujeres en la cara de la gente”. “¡Tocan a una, tocan a todas!”. “¡La policía no me cuida, me cuidan mis hermanas!”. Pasado las seis, el pastor se retira, las velas en memoria de las mujeres violentadas se encienden y Junny Ynoquio habla. “Nos llamarán histéricas, locas (…), ¡pero oigan las cifras!”, reclama con fuerza.
Los números son claros, como el canto de las manifestantes. “Soy Eivy, soy Rocío y soy Roxy. Soy María, Solsiret y soy Jimena”, claman al unísono, honrando a quienes no pueden estar presentes. La marcha conmemorativa del 25N en Trujillo, esta tarde, ha sido eco de ese respeto y resistencia, presente en las banderolas, los afiches, las consignas… El grito común que resuena fuerte: “Nos queremos vivas”.
Concesiones, contaminación y compensación social provocan pobreza y hartazgo en la comuna El Edén. Hace 2 años Petroecuador firmó el último convenio y desde entonces opera de forma irregular sin el consentimiento de la población, afectada por enfermedades de la piel, estomacales y cáncer. Tras casi 20 años de explotación petrolera en su localidad, no cuentan con agua potable, electrificación o adecuada atención a la salud. Derechos básicos se ofertan en convenios incumplidos.
Paúl de 8 años, juega balanceándose en una cuerda bajo un árbol de mango a las orillas del río Napo, Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo.
ORELLANA, ECUADOR.- Con pancartas en alto y acompañados de sus hijos, mujeres y hombres de la Comuna El Edén exigen a la petrolera estatal Petroecuador renovar el convenio de compensación social por explotación del crudo en sus tierras. La estación petrolera Edén Yuturi está asentada en el territorio ancestral Kichwa Naporuna, a tan solo tres kilómetros del poblado. La zona de influencia del Bloque 12 EPF afecta a 900 personas por contaminación de tierra, agua y aire. Llevan 40 días de protesta pacífica en medio de la transición del nuevo gobierno de Guillermo Lasso. La presente crónica narra las actuales condiciones que atraviesa la comuna El Edén, un paraíso envenenado por la industria petrolera.
Atestiguar la selva
Detalle del rocío sobre unas hojas, Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
A 300 km de Quito, en la ciudad fronteriza de El Coca, Edwin Coquinche, un joven emisario del pueblo Kichwa Naporuna, espera en el puerto artesanal. Tenemos el permiso para ingresar al territorio ancestral de los kichwas amazónicos. Nos embarcamos en una canoa a motor para cincuenta personas. La madera se ha reemplazado por la fibra de vidrio. Es un hermoso día para navegar aguas abajo el río Napo. 98 % de humedad. La lluvia es constante. Cuando se detiene, deja pasar el sol entre las nubes espesas.
Rótulo indicativo de las distintas plataformas existentes en la zona, Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Tras cuatro horas en canoa aguas abajo en el río Napo llegamos a El Edén, una de 238 comunas y comunidades de la provincia de Orellana. Su extensión es de 864 Km2. Como su nombre anuncia, El Edén es un pequeño paraíso. Árboles de frutas tropicales, plantas y flores autóctonas caen. Y tan pronto pongo un pie en tierra kichwa, el aparecimiento de un niño jugando entre las ramas de los árboles, marca el inicio de este viaje. Cubierto de barro de pies a cabeza, solo sus ojos se iluminan. Paúl es un niño de ocho años que se divierte columpiándose con una cuerda en la rama de un árbol de mango. Con un salto desde el árbol, se zambulle en las aguas del río sin preocupación porque el «río es también espiritual». Las historias de los abuelos se refieren a Amazanga, espíritu de la selva, como a un niño juguetón.
Subimos a la camioneta que la comuna financia para el transporte dentro del territorio cada hora. De esta forma, cuatro kilómetros se recorren en 15 minutos hasta el punto donde esperan nuestros anfitriones. Atravesamos un camino de gravilla en el bosque Siempre verde de tierras bajas, parte del sistema Aguarico-Putumayo-Caquetá.
La resistencia a menor escala: mariposas diminutas simulan con sus alas los colores y los pétalos de flores enanas; hormigas que cargan hojas hacia escondites donde la vida resiste; la captura de los rayos solares entre platanales y arbustos silvestres. Las petroleras han abierto caminos para conectar las plataformas de exploración y explotación. Empieza el desfile de letreros y señalética para indicar la dirección de las plataformas k, a, t, f, e, r, por un lado, c, h, j, d, i, g, hacia el otro sentido. Banderines rojos con la palabra «peligro» se levantan a los costados de largas tuberías que serpentean la superficie de la tierra. Avanzan, rodean, parecen no tener fin. «Ramales» o líneas secundarias que transportan petróleo crudo desde El Edén a Lago Agrio, con una extensión de 135 km.
En el trayecto, el olor de la combustión nos golpea. Un mechero está encendido en El Edén. Quema gas que tiene propano, butano (GLP) y metano (gas natural). Se divisa desde las aguas del río. Hollín, óxidos de azufre, y otros gases contaminantes generan una combustión que eleva la temperatura. Atrae a los animales y los quema. Aves, mariposas e insectos atraídos por la luz agonizan a su alrededor. Hay 447 mecheros encendidos en la Amazonía según datos del «Colectivo Eliminen los mecheros que encendemos la vida» registrados en 2020. Ecuador quema en mecheros a cielo abierto más gas que Brasil, Qatar y Canadá. Esta no es otra expedición al corazón indomable de la selva.
Acampar y resistir en comunidad
Desde el 10 de Mayo de 2021, se instaló un campamento para impedir el ingreso a la estación petrolera Edén-Yuturi en protesta. Unos 50 comuneros permanecen con sus familias a la espera de la nueva firma de un Convenio de Compensación Social en beneficio de su comuna. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Llegamos a una bifurcación en el camino que por un lado, conecta a la estación petrolera Edén Yuturi. En este lugar, los comuneros de El Edén sostienen un campamento rudimentario. Palos y plásticos levantan sombras para guarecerse de la continua lluvia. Se divisan una larga fila de motocicletas y un tanque cónico para unos mil mililitros de agua de uso comunitario. De un total de 169 familias, al menos unas 50 personas permanecen en el campamento. El 10 de mayo de 2021, para algunos trabajadores finalizó el contrato con la petrolera local. Fue la fecha en que las autoridades comunales escogidas por 284 socios, decidieron plegarse a una protesta pacífica.
Nos reciben en asamblea. Idalba Alvarado, la tesorera de la Comuna, se dirige a la comunidad en español y kichwa. Nos presentamos y agradecemos que se nos permita convivir en comunidad. Nos ofrecen comida y chicha, una bebida tradicional que preparan las mujeres con base en la trituración y fermentación de la yuca. La chicha sostiene el espíritu y sacia el hambre bebiéndose constantemente entre hombres y mujeres. Una electricidad despierta la lengua con la primera ingesta del mismo pocillo.
Desde el 10 de mayo, los pobladores decidieron protestar pacíficamente. Con palos y plásticos improvisaron carpas bajo las cuales ellos y sus hijos se resguardan de la lluvia. La cocina se instaló en medio del campamento con ollas donde se cocina yuca, verde y arroz. Pollos se preparan en un asador casi al ras del piso. «A veces, las cosechas en las chacras sólo se dan una vez y después los árboles mueren» comparte Edwin. El suelo es apto para agricultura de ciclo corto.
La pesca, una actividad vital de los Kichwas Naporunas se dejó de hacer en el río Yuturi, donde ya no hay peces, río sagrado de la comuna. Los peces se cultivan ahora en piscinas. Nos ofrecen lo mejor de su casa, las raciones del día. El valor de cada bocado, se recibe con generosidad y una carga de tristeza.
Una mujer camina junto a carteles ubicados alrededor del campamento con textos explicativos sobre las compensaciones que ha incumplido la empresa petrolera. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
En las mallas metálicas que cercan el campo, colocaron carteles citando la ley: el artículo 57 de la Constitución del Ecuador reconoce y garantiza los derechos colectivos a las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas, de acuerdo con los pactos, convenios, declaraciones y demás instrumentos internacionales de derechos humanos.
Los comuneros de El Edén exigen que las autoridades de Petroecuador los escuchen y firmen un nuevo Convenio de Compensación Social que expiró hace dos años. Esta no es la primera vez que protestan y exigen el cumplimiento de los Convenios. En 2015, el pedido a la petrolera (Petroamazonas E.P) era el mismo: agua potable, una casa de acogida, un embarcadero, una casa de salud, y remediar los derrames de crudo de 2012 y 2014.
Las peticiones «son migajas» expresa molesto un comunero. La producción del Bloque 12 es de 28.462 barriles de petróleo por día (bppd); en la central de facilidades de producción electrónica de exteriores, EPF (por sus siglas en inglés) se procesa el crudo proveniente de los Bloques 31 y 43, llegando a un volumen de 89.654 bppd. En territorio de la comuna El Edén se procesa cerca del 23% del total de la producción nacional está en 500.364,57 bdpd.
Ser un hijo Kichwa Naporuna hoy
Retrato de Edwin Coquinche. Heredero del Sacha Runa Yacha, el conocimiento del hombre de la selva. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Edwin Coquinche tiene 23 años. Se ofreció voluntariamente a acompañar a este equipo periodístico cuando su comuna pidió ayuda para denunciar. Ha dejado de hablar kichwa por vergüenza. Aprendió a cazar a los 14 años. El último animal que cazó fue una huangana, un puerco del monte. Tuvo que internarse mucho más adentro de la selva para encontrarlo después de horas de búsqueda. Tiempo atrás, cuando sus padres llegaron a El Edén, los animales se criaban en abundancia en las orillas del río Napo.
— ¿En qué trabajan los jóvenes de tu comunidad?
— En trabajos que nos ofrece la petrolera. Cavando zanjas.
— ¿Cuándo fue la última vez que trabajaste para la petrolera?
— En noviembre. Pero tuve que renunciar. Enfermé de covid. Me hicieron los exámenes y fui el único contagiado de una cuadrilla de 12 trabajadores.
— ¿Qué pasó? ¿La petrolera te dio asistencia médica y receta?
— Me aislaron por 14 días. Dentro del campamento, no mejoraba. Solo me sentía peor con un gran dolor en la garganta. No podía respirar. Mi papá me llamó. Me dijo que debía salir de ahí sino podría morir.
— ¿Cómo hiciste para llegar a casa de tu familia?
—Caminé tres kilómetros hasta la casa de mis padres.
Mariela Mamallacta de 25 años abraza a su bebé Joel, recién nacido. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Encuentro bajo uno de los plásticos a Mariela Mamallacta de 25 años. Su pequeño hijo, Joel, tiene solo un mes de nacido.Compartimos el mismo plato de comida. Una madre tiene más hambre cuando da de lactar a su bebé.
—¿Cómo es cuidar a un bebé recién nacido en un campamento sin agua?
—Difícil —responde la madre primeriza abrumada por el llanto de su hijo. Le limpia el cuerpo con el agua de pozo que tiene en un recipiente cercano. También recoge agua de lluvia.
Una de las tuberías que forma parte de los «ramales» que transportan crudo en un trayecto de 135 km desde la estación Edén a Lago Agrio. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Un grupo de jóvenes están sentados en la orilla del camino. Uno tiene 21 años, el segundo 26, y un tercero 33 años. Vestidos con trajes overol, la vestimenta habitual que entregan las petroleras a los contratados, descansan en su tiempo libre. Pregunto sobre su empleo:
—¿En qué trabajan para la petrolera?
— En obra civil.
—¿Eso qué significa?
—Hacer huecos.«Trabaja. Cava.» Eso es lo único que nosotros tenemos.
Reciben un salario mínimo de aproximadamente 300 dólares. También están bebiendo cerveza y escuchando música.
— A alguno de ustedes, ¿les ofrecieron estudios?
— A nadie.
—¿Hay otro empleo en el que puedan trabajar?
—No, es todo lo que nos ofrecen: cavar zanjas de sol a sol —remata uno de ellos con amargura.
— Saben que hay maquinarias que podrían hacer su trabajo en menos tiempo. ¿Por qué creen que la empresa los contrata para cavar zanjas?
— Es la forma en que la empresa dice que apoya a la comunidad y le da empleo.
—Lleva solo una cosa para la gente de la ciudad —pide. Diles que El Edén está sufriendo. Aquí la gente está muriendo de hambre. De aquí sale el petróleo que mantiene al país.
¿Es todo lo que la industria petrolera y la promesa de la riqueza nacional pueden ofrecer a los hijos del pueblo milenario kichwa Naporuna?
«Ese derrame me hizo llorar»
Retrato familiar del chamán Carlos Tapuy y su descendencia. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Un largo legado tiene Carlos Tapuy de 55 años. Ocho hijos y nietos. Nació en Aguarico. Es un hombre de piel del color de la tierra de El Edén. Mide aproximadamente 1,80 de altura. Fuerte por el trabajo en el campo. Capitán de embarcaciones. Llegó a El Edén a los 13 años. Sus padres, originarios de Puyo, anhelaban encontrar un buen lugar para vivir. En dos ocasiones, 2007 y 2015, fue presidente de la comuna. La lucha de la comuna El Edén se hace también exigiendo la remediación de la contaminación petrolera:
«En 2014, el derrame en la plataforma L me hizo llorar » confiesa Carlos en medio de sus nietos que nos rodean para escuchar su testimonio. «Fue un doble derrame. Un estero lleno de crudo de 60 cm de alto. Llamamos al Ministerio de Medio Ambiente, tomaron la muestra y negaron la contaminación, a favor de la empresa».
En 2016, ocurrió otro derrame en la plataforma F. «Así mismo, salió agua de formación y llegó a la Laguna y mató a los peces más grandes.Trajimos al Ministerio de Medio Ambiente y otra vez nos negaron la contaminación. De nuevo, ellos se pusieron a favor de la empresa». La población cree que una infestación de lechuguines que impide navegar el río hacia la laguna emblemática de la comunidad es la reacción a la contaminación.
La comuna El Edén no cuenta con agua potable. Recogen agua de lluvia o se abastecen del agua de pozos. Las aguas del río Napo y río Yuturi están contaminadas por constantes derrames de crudo. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
La población se baña en los ríos de forma recreativa pero también por necesidad. «Las mujeres embarazadas tiene abortos y otros salen con cáncer, y toda clase de enfermedades» da testimonio Carlos Tapuy. «El río Napo también está contaminado. Dejan todo contaminado y nosotros no tenemos nada de beneficio. Por ese motivo, estamos pidiendo agua potable, vivienda y no nos cumplen».
Son al menos diez años de derrames continuos en las tierras ancestrales los que recuerda el líder histórico de la comuna Kichwa Naporuna. Por eso, cuando el 22 de julio 2019 finalizó el convenio de compensación social, solicitó en asamblea a los comuneros que primero firmen el Convenio de Compensación Social antes de que sigan trabajando y contaminando a El Edén. Para empeorar la situación, llegó la pandemia.
Medicina ancestral y sueños
Retrato de Carlos Tapuy, líder histórico de la comuna El Edén. Su fuerza proviene de la resistencia milenaria del pueblo Kichwa Napureno. Es hijo del tigre-chamán, Domingo Tapuy, curandero que heredó el conocimiento de al menos 30 recetas de medicina ancestral. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Carlos Tapuy enfermó de covid mientras trabajaba en Pañacocha, luego del gran derrame de 15 800 barriles de petróleo (bdp) en los ríos Napo y Coca, el 7 de abril de 2020. Su mujer le recordó: «Carlos toma yagé. Antiguamente, tu papá tomaba yagé cuando venía el sarampión». «Los curanderos soplaban para que la enfermedad no caiga aquí y guardaban a la gente y todos se salvaban» explica. Carlos Tapuy es también el hijo de Domingo Tapuy, un poderoso chamán de la zona. Junto a Bartolo Papa y a Diego Salazar, formaron la comuna El Edén en 1974.
Domingo Tapuy fue un curandero que enseñó a su hijo al menos 30 recetas que incluyen el uso de plantas sagradas como el yagé o la ayahuasca con propiedades alucinógenas y de sanación espiritual. La visión que tuvo para curar el covid fue a las plantas vivas pidiendo que las escuche. Sobre su padre, Carlos Tapuy narra:
— De Quito venían a buscarlo y curaba. Cuando falleció, se transformó en un tigre. Tenía 78 años.
—¿Cómo sabe usted eso?
— Antes de fallecer, me dejó diciendo: «Mijo, cuídate. Cuando yo muera, no comas ají. Coja algodón y juega botándolo». ¿Por qué dice así papá? —pregunté. «Mi alma es la que va transformarse en tigre» —respondió el chamán. A los quince días, él falleció. Me hizo soñar y pidió: «Camine a tal punto». Se lo conversé a mi mujer. Fui a ese lugar y cuando llegué, estaba lleno de loras y tucanes que cantaban alrededor. Ahí estaba mi padre. También salió gruñendo un tigre. Se encontró con su papá tigre que venía por el camino de Galeras, Sumaco. El hijo tigre era grande, papá tigre era tremendo y mucho más grande. Viéndome a mí sentado, lloraron. ¡Lloró ese tigre! Ambos tigres corrían y brincaban de aquí para allá, y yo seguía sentado. Después de una vuelta de despedida, se metieron a la selva. Y en el sueño me dijo: «Mijo adiós. Me voy con tu abuelo, él me lleva. Ahora te quedas solo. Cuide a su mujer, cuide a los wawas». Luego de siete años, no he vuelto a soñar con mi padre.
— ¿En qué animal de poder usted se va a transformar cuando muera?
— Según me dijo mi padre, hasta cierto punto, vives. Me dio de comer un barro rojo y me dijo: «Vas a vivir bien, y cuando vayas a fallecer, te convertirás como yo, en un tigre».
El chamán explica que junto a Manuel Coquinche y otros curanderos de la comunidad, cuidan y sanan a las personas. Las amenazas que ha recibido son reales y las enfrenta con la sabiduría de un tigre que conoce su fuerza: «Soy un líder y mi obligación es llevar adelante a mi pueblo». En mitad del campamento donde se mantiene la protesta, hacemos un retrato con la descendencia del tigre-chamán. Cierro el diálogo con el líder histórico de la comuna Kichwa Naporuna. También he visto al hijo de un tigre llorar.
Ceguera, abusos e ignorancia
Retrato de Abelardo Vargas. Perdió la vista por la contaminación petrolera en la comuna que ayudó a fundar. Fue presidente de la Comuna El Edén en 2000. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Abelardo Vargas de 67 años, es uno de los ancianos de la comuna. Junto a Santiago Santi, Adriana Alvarado, Augusto Tapuy y Carlos Tapuy, conforma el consejo de El Edén. Hace siete años quedó ciego. Ermelinda de 60 años, su esposa, asegura que fue el aire contaminado, el polvo de los químicos que se transporta por los caminos, y el agua contaminada lo que provocó la pérdida. La entrevisto en el centro de salud de la comuna. Debieron llevarla de urgencia a El Coca para ser atendida por una infección urinaria. 40 días de paro cobran efectos en la salud, sin agua potable, con poca comida.
«Me ofrecieron 200 mil dólares por la firma del Convenio de Compensación Social» revela don Abelardo Vargas. Se negó a firmar. El borrador del convenio que él conoció proponía dinero, salud para la enfermedad, obras y trabajo para la comunidad mientras la petrolera estuviera en su territorio. «Al cabo de un año de iniciadas las negociaciones, empezaron a quitar el empleo. Nos quedamos pisoteados, saqueados, viendo a la gente de la sierra y la costa venir a trabajar. Los de la comunidad empezamos a trabajar como jornaleros en trabajo de hacha, machete, motosierra. Del trabajo petrolero otras familias se benefician en Ecuador. Nosotros nos quedamos más pobres».
Abelardo tiene ocho hijos, 27 nietos vivos. Intentó enviar a uno de sus hijos a la Universidad en Quito. Cuenta que El Edén es sitio de herencia cultural de antiguos pueblos como Záparos, Abijiras y Omaguas, quienes hicieron la guerra con sus patrones que los esclavizaron en la extracción de oro en el río Suno. En 2001, el presidente de la comuna, Clemente Quindigua, firmó el convenio con la petrolera Occidental que habría de tener vigencia por un plazo de 19 años. Desde que se fue Occidental, los trabajos que ofrece la petrolera local son esporádicos. «Este es el motivo por el cual la vida se ha hecho más dura para nosotros, los dueños del territorio».
Conversamos con varios de los líderes que han ejercido la presidencia comunal. La pregunta es: ¿por qué tras 20 años de explotación petrolera en El Edén, la petición es la misma: agua, luz eléctrica, salud, vivienda? ¿Conocen los dirigentes que sus peticiones son derechos básicos que garantiza la Constitución ecuatoriana?
Retrato de Freddy Oraco, ex presidente de la Comuna El Edén en 2020. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Claudio Alvarado de 48 años, originario de Archidona en Napo, y presidente comunal en 2002, lanza una respuesta: «Por desconocimiento no exigimos nuestros derechos. Cuando fui presidente de la comuna tenía 23 años y desconocía sobre los derechos». Con la ayuda de su esposa, Claudio culminó el bachillerato. Se siente más preparado. Le preguntó: ¿Qué haría para garantizar el derecho de sus hijos? «Hay muchas instituciones competentes encargadas de vigilar los daños ambientales y dar solución a los problemas. La Constitución dice que todo ciudadano tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y libre de contaminación. Vamos a hacer cumplir nuestros derechos como dueños del territorio. Derechos ancestrales por justicia y por herencia» responde Claudio rodeado de su esposa y seis hijos.
La comuna El Edén está recibiendo asesoría legal y apoyo de otras organizaciones sociales como Fundación Alejandro Labaka para la defensa de sus derechos.
Carlos Tapuy y Wilson Quindigua junto al puente sobre el río Yuturi. Los comuneros aseguran que debajo del puente, una tubería presenta una constante fuga de aguas residuales provenientes de la empresa petrolera. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Sobrevivir en El Edén contaminado
Hasta el Centro de Salud llegamos buscando confirmar la existencia de la Casa del Parto Intercultural Warmi Wachana Wasi. Petroecuador registra en sus acciones de responsabilidad social, el proyecto de parto intercultural. Y sólo cinco mujeres han hecho uso, según los registros. En la cartelera pública del centro se hacen públicos los siguientes datos: La población por censo en el área de influencia son 520 personas en El Edén, 272 hombres, 248 mujeres, nueve embarazadas, y seis personas con discapacidad.
Las determinantes de salud en El Edén son de tipo conductual (fecalismo al aire libre, shamanismo, cocinar con leña); biológicas (población mayoritariamente joven, nutrición con base en pescado, yuca y carne de monte); ambientales (0% de hogares con consumo de agua segura, 25% de hogares cuenta con energía mediante planta eléctrica); sociales (bajo nivel de educación, consumo problemático de alcohol, violencia intrafamiliar y de género, presencia de la industria petrolera). Las amenazas reconocidas a la salud son las epidemias y la contaminación. Se registran más de 400 casos de covid. Entre las 10 primeras causas de morbilidad infantil está en primer lugar la rinofaringitis aguda, le sigue la diarrea y gastroenteritis, amigdalitis, pioderma, pediculosis, conjuntivitis viral, bronquitis aguda, dermatitis seborréica. También se registra: impétigo, parásitos intestinales, helmintiasis intestinal, dermatitis alérgica de contacto.
Con asistencia de la comuna, llegamos al puente de acceso a los puntos de control en El Edén: Río Pungara, Río Enrique, Ramal del Yuturi, Río Ushpa Yuturi, Río Pimosyacu, Desembocadura del Yuturi. En cada ocasión que se presenta un derrame, las boyas que se guardan aquí se sacan para navegar los afluentes del río Yuturi. Esta es una forma de saber que se ha producido un derrame. Debajo de este puente, hay una fuga de crudo que brota desde una tubería debajo del agua. Una mancha negra aceitosa advierte la falla.
La concesión para exploración y explotación de petróleo, la hacía el gobierno ecuatoriano sin consulta previa, libre e informada a los pueblos. En el año 2001, las actividades petroleras en territorio de la comunidad El Edén se hicieron con la suscripción de un convenio con Occidental Exploration and Production Company (OEPC) para diez pozos. «Hoy se cuentan más de 30».
Wilson Quindigua, actual presidente de la comuna El Edén frente al ingreso de la plataforma C, estación Edén Yuturi, bajo la administración de Petroamazonas. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
El Convenio con Occidental firmado en 2001, se renovó en 2004. En 2006 el gobierno ecuatoriano embargó a la petrolera estadounidense Ocidental por venta ilegal de acciones a la compañía AEC. Actualmente, Petroamazonas administra la estación Edén Yuturi. El convenio de compensación social venció el 22 de julio de 2019. Y Petroecuador continúa operando dos años sin la firma de ese convenio» explica Wilson Quindigua de 46 años, presidente de la comuna desde enero de 2021. «La petrolera le explicó que obtuvieron permiso para tirar las aguas grises al río Yuturi». Con engaños, funcionarios de la petrolera sostienen la legitimidad de sus acciones en contra de la naturaleza. «Como presidente de esta comunidad asentada en tierras comunales, nunca hubiera autorizado ese crimen», reitera enfático.
Más de 30 muñecos que marcan la perforación de pozos en la plataforma C, estación Edén Yuturi. A menos de tres kilómetros del poblado. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
«Petroamazonas EP aplica sistemas de perforación en racimo en sus campos. Por ejemplo, en Edén Yuturi, en las plataformas C y D, se perforan 30 pozos por cada plataforma» refiere el informe de gestión empresarial de 2013. El mismo documento menciona que construyó corredores ecológicos, puentes de dosel, pasos deprimidos sin especificar cuántos. Se preparó bases de licitación para la ampliación de Yuturi y se afirma que se ejecutaron todos los trabajos bajo acuerdos firmados con las comunidades del sector.
El colectivo Geografía Crítica inspeccionó el Bloque Edén Yuturi en Abril de 2019 y elaboró un amplio informe. «En total, Petroamazonas, ha deforestado cerca de 288,64 hectáreas para la instalación e implementación de infraestructura petrolera dentro del territorio de la Comuna El Edén».Los estudios de impacto ambiental se hacen por organizaciones de la sociedad civil observando el incremento de amenazas a las especies de flor y fauna endémicas de la Amazonía no solo por las prácticas extractivas sino también por el incremento del calentamiento global.
Concesiones y compensación social
Un niño juega con su juguete dentro del campamento de resistencia junto a su familia. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
En el marco normativo vigente, el artículo 57 constitucional, el artículo 46 de la Ley de Gestión Ambiental, y el artículo 41 del Reglamento Ambiental de Actividades Hidrocarburíferas, abordan el concepto de protección y responsabilidad ambiental así como el de compensación social. El Reglamento Ambiental de Actividades Hidrocarburíferas define a las medidas ambientales de compensación como aquellas que se requieren para compensar y contrarrestar el deterioro y/o sustracción de algún elemento tangible o intangible del ambiente existente antes o durante la ejecución de las operaciones hidrocarburíferas. Los Estudios de Impacto Ambiental, contenidos en el Plan de Manejo Ambiental deben obligatoriamente presentar un Plan de relaciones comunitarias con criterios de compensación.
Para Carlos Mazabanda, coordinador de Amazon Watch en Ecuador, este racionamiento que las empresas tienen con las comunidades se da desde que la industria petrolera empezó a moverse en la Amazonía ecuatoriana. «Ofrecieron beneficios que eran dádivas para las comunidades. Los indígenas las aceptaban en la década de los sesentas. Así empezó este relacionamiento y se fue institucionalizando en las leyes» explica.
La entrega de obras, dinero, entre otras acciones por parte de las petroleras directamente a las comunidades, cambió en 2012. El gobierno de Rafael Correa creó Ecuador Estratégico para que fuera el propio Estado quien garantice la entrega de recursos. En opinión de Mazabanda, «fue una medida popular para mostrar a las comunidades quién les estaba dando recursos, asegurar un relacionamiento cercano con las comunidades y seguir promoviendo la actividad petrolera». En octubre de 2007, el presidente Rafael Correa, mediante Decreto Ejecutivo 662, elevó al 99 % la participación del Estado en las utilidades que generan a las empresas petroleras privadas los altos precios del crudo, misma que hasta entonces había sido del 50 %. Se hace necesario cuestionar: ¿el incremento en la participación estatal alentó un mayor extractivismo? Los derrames documentados por la comunidad de El Edén ofrecen una clara respuesta.
El tanquero de la empresa petrolera se encuentra retenido desde el día que iniciaron las movilizaciones. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Si el precio del petróleo es alto, si hay ganancias para las petroleras locales o extranjeras, entonces se promete mayores beneficios a las comunidades. El análisis de la compensación social puede evaluarla como un sistema perverso: «Bajo esta lógica, se empieza a considerar derechos y es injusto si tomamos en cuenta que la actividad petrolera les puede traer una gran afectación ambiental, social y culturalmente a los pueblos indígenas» expresa con preocupación Mazabanda.
La llamada Compensación o Responsabilidad Social Empresarial (RES) fue disminuyendo. Influyó también la caída del precio del petróleo. El incumplimiento del convenio para empresas extranjeras o locales no representa ningún problema por sanciones económicas o impedimentos que frenen su actividad.
El 15 de junio, se presentó el Informe de situación de personas defensoras de derechos humanos, colectivos y de la naturaleza en Ecuador 2021 por parte de la Alianza de Organizaciones. El informe da cuenta de la criminalización de comunidades Kichwas y abogados/as defensoras del derrame de hidrocarburos del 7 de abril en la provincia de Orellana. 27 mil personas habrían sido afectadas por 15 800 barriles de petróleo en los ríos Napo y Coca. el 29 de abril de 2020, se presentó una acción protección con medidas cautelares por parte de la Federación de Comunas Unión de Nativos de la Amazonía Ecuatoriana (FCUNAE), la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE), obispos de los Vicariatos de Orellana y Sucumbíos. La demanda es contra el Ministerio de Energía y Recursos Naturales no Renovables, el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Salud Pública, la empresa estatal de petróleos Petroecuador y la empresa privada OCP Ecuador.
Graves crímenes ocurren en la amazonía ecuatoriana. Los pueblos originarios llevan resistiendo 500 años de colonización y extractivismo. ¿Hasta dónde alcanza el dinero y las dádivas a pagar el sufrimiento de toda lo que representa vida?
Escuchar a la selva
Detalle de las plumas multicolores de un guacamayo. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
En la cosmovisión de los pueblos ancestrales, no somos los foráneos quienes emprendemos una expedición a la Amazonía como en una película de aventuras. Son ellos y el espíritu de la selva, quienes nos convocan. Por eso quizá, el segundo día de estancia en la comuna El Edén, la lluvia incesante hizo que nos quedemos cerca de la escuela, buscando guarecernos. Pusimos atención en los insectos y animales gozando del agua, chapoteando en la humedad. Un escarabajo hércules nos dio la bienvenida, los zancudos nos pincharon, las garzas sobrevolaron los charcos, y las plantas nos dejan ver cómo crecen, y la vida se impone.
Unidad Educativa El Edén (Mushuc Inti), provincia de Orellana. Centro educativo de Educación Regular y sostenimiento Fiscal, con jurisdicción Bilingüe. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
Tras un año de pandemia y restricción de movilidad, las aulas vacías piden de regreso a los niños. Encontramos libros en los que se estudia historia del Ecuador. Un mapa de la nación donde el territorio amazónico luce más inmenso que las superficies urbanas. En cuadernos abiertos, la escritura de los estudiantes se hace en español, kichwa e inglés.
Al partir de la comuna El Edén, tomamos de nuevo la camioneta con rumbo al muelle. Encuentro a Paúl columpiándose en las ramas del gran árbol de mango. Sonríe. Se zambulle con un salto en las aguas sagradas del río Napo. Hereda el Sacha Runa Yacha, el conocimiento del hombre de la selva. Los lugares del yachak o chamán están vigilados por guardianes como serpientes o pumas, representantes de Amazanga, el espíritu del bosque.
¿Existe riesgo de ocupación violenta de las fuerzas de seguridad del Estado en la comuna El Edén? El 3 de junio, Petroecuador declaró Fuerza Mayor en el Campo Edén Yuturi, perteneciente al Bloque 12, y las áreas de influencia directa, con el fin de implementar un Plan de Contingencia Logística Operativa. La empresa considera que los trabajadores están expuestos así como las instalaciones del estado. Se pidió el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas para relevo técnico y abastecimiento de víveres y materias primas. La producción del Bloque 12 es de 28.462 barriles de petróleo por día (bppd); en la central de facilidades de producción electrónica de exteriores, EPF (por sus siglas en inglés) se procesa el crudo proveniente de los Bloques 31 y 43, llegando a un volumen de 89.654 bppd.
El cintillo que lleva Abelardo Vargas en su cabeza fue tejido por su esposa, Ermelinda, durante su estancia en el campamento. Está hecho con fibras vegetales y plumas de guacamayos. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo
En una lenta agonía. El agua envenenada en los ríos Napo y Coca, fluye a través de los bosques y el Amazonas. Dentro de 20 años más de explotación petrolera y minería, ¿cuántos pueblos indígenas sobrevivirán a su muerte cultural? ¿Cuántas comunas serán los próximos poblados marginales que entren al mercado de consumo? Requiere un cambio de política estatal que garantice la Constitución, los derechos de la naturaleza, los derechos humanos, los derechos básicos al agua, el alimento y una vida digna libre de contaminación. Sobre todo el reconocimiento de que los pueblos originarios como El Edén, aún existen y están en la Amazonía resistiendo.
Detalle de una cobija. Comunidad Kichwa El Edén – Ecuador, junio 2021. Foto: Josué Araujo