Karen Chávez: «La biblioteca no es sólo un espacio de lectura, sino de acceso a la información, sociabilización y contención»

Karen Chávez: «La biblioteca no es sólo un espacio de lectura, sino de acceso a la información, sociabilización y contención»

Por: Karen Díaz en colaboración con La Antígona
larensi86@gmail.com
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Isabel hacía las tareas del colegio de lunes a viernes para poder ir a jugar a la biblioteca el fin de semana. Cuando llegaba el sábado, después de terminar con las cosas de la casa, cogía de la mano a Julito y caminaba con paso seguro de su hermana mayor de diez años que tiene mucho mundo que mostrar a su hermanito. 

En la biblioteca no sólo encontraba a sus amigos del barrio sino también un espacio donde dejar de cuidar a Julito, un pequeño que se perdía entre los cuentos que escuchaba junto a otros niños de su edad. Ella, en esos momentos, podía dedicarse a su sueño: leer mucho para un día ser bibliotecaria como la señorita Karen. Cruzaba la puerta del salón y veía los murales. Su corazón se llenaba de alegría al saber que le esperaba una tarde entera para mirar libros, leerlos, ordenarlos y hablar sobre ellos con las voluntarias.

De un día para otro todo cambió. Al principio no entendía bien qué sucedía. Su profesora les dijo que había llegado una enfermedad nueva y que tenían que cuidarse en casa. No tener que ir al colegio sonaba divertido, pero la casa de Isabel es pequeña; la abuela, renegona y Julito muy llorón. 

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Isabel, pequeña del centro poblado UPIS Emilio del Solar. Foto: Asociación Gálvez Ronceros

Durante muchos días no supo nada del colegio, de la biblioteca o de sus amigos. En el centro poblado UPIS Emilio del Solar no hay internet y el único celular de la casa, el de su mamá, no se podía tocar. Los días pasaban pero el tiempo parecía no moverse. La abuela rezaba mucho por los que fallecían. Se sentía el temor en el ambiente. Luego comenzaron las clases en la televisión y la profesora habló por teléfono con su mamá para darle una poco alentadora noticia: el coronavirus se quedaría muchos meses. Atrás quedaron los días de libros, títeres y cine en la biblioteca. Ahora estaba vacia. 

En el Perú sólo el 39% de los hogares tiene acceso a internet. A pesar de eso, el aprendizaje se ha transformado en horas de televisión pública nacional al día en un esfuerzo para hacer frente a la pandemia que hace aún más honda la brecha educativa. Y qué decir de las bibliotecas escolares y municipales, lugares que, a pesar de los pocos recursos, existían y tuvieron que cerrar durante la cuarentena obligatoria. Ahora, cuando la mayoría de ellas están fortaleciendo sus recursos tecnológicos a distancia, la Biblioteca Comunal de Antonio Gálvez Cisneros, está obligada a encontrar formas seguras de acercarse a las personas porque a pesar de la pandemia y de la lejanía del estado, los derechos humanos de las y los niños no pueden dejar de garantizarse.

Niñas y niños no abandonan sus lecturas. Foto: AGR

Karen Chavez, gestora cultural y mediadora de lectura, es promotora de este espacio. Ella tiene el cabello inconfundible: negro y largo hasta la cintura. Habla con calma y está hecha de coraje. Los niños la aman porque está convencida de que la lectura es una necesidad básica que no debe ser impuesta sino que debe llegar como una invitación a la que aferrarse para hacer más grande el mundo.

Karen Chávez, gestora cultural. Foto: IberCultura Viva

“Cuando dieron la declaración de estado de emergencia fue muy preocupante para nosotros. Se hablaba mucho de la virtualidad, la educación a distancia, la lectura virtual, pero al ser chicos que viven en situaciones de vulnerabilidad sin tener servicios básicos, incluso la señal del teléfono llega muy baja. La biblioteca no es sólo un espacio de lectura, si no de acceso a la información, sociabilización y contención”.

Niñas y niños de la UPIS Emilio del Solar. Foto: Karien Díaz

El coronavirus, el distanciamiento y la ausencia del Estado en estas comunidades ha puesto en riesgo y vulnera el derecho humano de estos niños y niñas, de leer y a acceder a la información. Sí, ha leído bien: El derecho a leer. Así lo explica la Dra Lea Shaver, especialista en propiedad intelectual y derechos humanos: “La existencia del derecho a la lectura está implícita en la legislación universal de derechos humanos. Es interseccional e involucra el derecho a la educación, el derecho de los niños al acceso de información, el derecho a la ciencia y la cultura, los derechos culturales de las minorías y la libertad de expresión”.

Antes de la pandemia, la Biblioteca Comunal era un lugar de encuentro entre los niños de la zona rural de Chincha baja. La casa de los libros, hoy, parece estar hecha a mano por la comunidad: las paredes con murales, los árboles recién sembrados, los animalitos que son parte del paisaje y cerca, el mar. Son 25 voluntarios que junto a las familias impulsan la biblioteca y creen en la capacidad de los niños y niñas como actores y líderes del desarrollo comunitario. 

Nació en 2018 cuando la Asociación Cultural Gálvez Ronceros trajo a la UPIS Emilio del Solar una biblioteca itinerante en el día del aniversario de la comunidad. El entusiasmo de los niños logró que tengan un espacio físico que hoy en día cuenta con 1500 libros y logró su objetivo de conectar con los niños y niñas mediante actividades de promoción lectora, entre ellas el biblioburro y el cine comunitario. Tenían también el programa “Leer para construir”, que trabajaba la creatividad y el fortalecimiento de la lecto-escritura. Esta calidez era la que debía llegar hasta las casas de los pequeños de Chincha Baja.

Decididos, Karen y su equipo tomaron acción: “Nuestros pequeños menores de 8 años estaban recién aprendiendo a leer y escribir. Nosotros teníamos que encontrar la forma de mantenernos cerca así que nos tocó ir a las casas llevando libros y fichas pedagógicas”.

Fichas y materiales elaborados para los niños. Foto: Karien Diaz

Tocaban las puertas y los niños abrían. Se veían, se sonreían y compartían por un momento la calidez y la ilusión de la que estaba llena la biblioteca que ahora Karen cargaba en su mochila. Con el tiempo y gracias a los aportes y tesón de los voluntarios, lograron canalizar en donación algunos celulares y así monitorear a los niños que no tenían ese recurso para poder brindarles soporte emocional y académico por teléfono. En momentos donde la tensión carga el ambiente los adultos tienen que garantizar la supervivencia y no hay silencio dentro de las casas pequeñas y llenas.

Según el artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU se reconoce los derechos de todas las personas a participar de la vida cultural y compartir los beneficios de el progreso científico. 

Lea Shaver plantea que esa introducción tiene mucho poder y la llama “vida cultural”. Esta, abarca todas las formas en que las personas buscan la creatividad y la belleza, expresando su relación con otros seres humanos. Esto incluye los libros y la literatura. Es vibrante y cambiante como los individuos y la vida misma. Para que esto se dé, es necesario garantizar el acceso a los materiales culturales y herramientas, así como garantizar la posibilidad y libertad de crear, transformar e intercambiar los objetos culturales, considerando que toda persona puede ser un autor. 

Foto: Asociación Cultural Gálvez Ronceros 

El programa de lectura resistió durante el confinamiento a pesar de las dificultades, pero también tuvieron pérdidas. “Tuvimos que dejar de asistir a dos zonas que la biblioteca cubría porque presentaban índices de contagios de covid 19 y contagiarnos pondría en riesgo al programa entero. En la comunidad donde está la biblioteca no hubo ningún caso, porque ellos no salen del campo a la zona urbana y se organizaron para lograr una cámara de protección en la entrada. La que tenía que ir con mucho cuidado soy yo, para evitar portar virus desde afuera”, comenta Karen. 

Otras actividades que la Asociación tenía en la zona urbana de Chincha se han detenido desde marzo también. Karen suspira antes de continuar. “Es que aquí en Chincha los espacios de lectura son muy escasos. En El Carmen hay dos bibliotecas comunitarias que no están atendiendo. Prestan libros pero hay tan pocos que no pueden arriesgarse a perderlos. Si antes la situación estaba jodida, ahora está mucho más. Los docentes sólo reenvían la información de “Aprendo en casa” pero no hay mucho más que eso para los que eran pequeños lectores”.

A medida de que el año avanza y el confinamiento se suaviza, poco a poco, los niños de la UPIS Emilio del Solar regresan a la sala que desde julio sólo permite la entrada dos veces por semana. A pesar de que Karen no avisa cuando llega los niños se pasan la voz y entonces hay que dividirlos en grupos para conservar el distanciamiento social. 

Foto: Asociación Cultural Gálvez Ronceros 

Ahora no sólo leen juntos. Karen también refuerza el contenido de Aprendo en casa. “Para los niños es terrible porque muchas veces los profesores no les hacen seguimiento, entonces los espacios que tenemos para disfrutar de la lectura son cortos”, dice. 

Es cierto que en un contexto de crisis el soporte del gobierno a las bibliotecas comunitarias no fue primera prioridad los primeros meses. Pero ahora, el desconfinamiento debe profundizar en estos espacios culturales en una realización progresiva, asegurando un contenido mínimo de acceso a la información y la cultura para la ciudadanía, más allá de la educación.

Foto: Asociación Cultural Gálvez Ronceros 

Así lo resume la Dra. Shaver, quien señala que, es importante considerar que a diferencia de la salud, la promoción del trabajo y otras áreas de interés público, la vida cultural no requiere tanta inversión pero sí modelos que prioricen a las personas. 

Isabel quiere ser bibliotecaria y está segura de lograrlo. En el futuro mirará atrás, hacia la pandemia del año 2020 y más allá del miedo y las pérdidas Verá a las voluntarias  tocando las puertas de los hogares más humildes para llevar información e imaginación. Isabel será bibliotecaria y recordará todo esto al reafirmar su compromiso con el derecho de leer, crear y participar. 

© 2021 La Antígona

Solidaridad vecinal logra apagar incendio en Villa María del Triunfo

Solidaridad vecinal logra apagar incendio en Villa María del Triunfo

Por: Alessandra Vera 
aless.veranimal@gmail.com
Foto: Colaboración 

Flora Saldaña, encargada de la olla común “Emanuel Dios con Nosotros”, conversó con La Antígona para que podamos llevar su voz y apoyar a las vecinas afectadas.

Este último domingo 28 de marzo, tres familias vulnerables perdieron todo luego de que sus viviendas se  incendiaran en la Asociación Bellavista de Villa María del Triunfo, en Lima. La señora Flora Saldaña, encargada de la olla común “Emanuel Dios con Nosotros”, conversó con La Antígona para que podamos llevar su voz y apoyar a las vecinas afectadas.

El suceso dio inicio inesperadamente pues los vecinos estaban realizando sus actividades diarias cuando- a un promedio de las cuatro de la tarde- algunos de ellos creyeron haber oído que un balón de gas había reventado. El humo confirmó lo que sospechaban e hizo que la preocupación movilice a todos rápidamente porque las llamas podían esparcirse en segundos entre las casas altamente inflamables, construidas con triplay y machimbrado. Todos ayudaron a desconectar los balones de gas para evitar explosiones, a romper los tubos de pasadizo y a llenar baldes con agua y tierra.

Aún cuando las compañías de bomberos N° 120 (San Juan de Miraflores) y N° 106 (Villa María del Triunfo) llegaron para ayudar más tarde, la tarea siguió siendo difícil porque -como tantas de las partes más altas de distritos limeños como Villa María del Triunfo- el lugar no cuenta con servicios de agua ni desagüe. 

Fotos: Colaboración

La Asociación Bellavista inició los trámites para acceder al agua hace un año, pero el proceso se vio frustrado por la llegada de la pandemia. Sedapal abastece este asentamiento humano solo tres veces por semana, y eso hace que para los vecinos sea difícil librar batallas contra el fuego, pero también contra el coronavirus.

La PNP y un representante de la Municipalidad de Villa María del Triunfo también estuvieron presentes en el lugar de los hechos, y la municipalidad del distrito se comprometió a retirar los escombros el día de hoy. También ofrecieron brindar una carpa o alguna otra opción para aquellas familias que quedaron en la calle tras este suceso. 

Entre las familias afectadas se encuentran madres jóvenes con niños que no tienen con qué o cómo seguir estudiando pues dentro de sus hogares tenían sus herramientas de estudio. Sheyla Chachaqui Pacompia y sus tres hijos – de doce, ocho y seis años- se llevaron la peor parte porque no presenciaron la tragedia, y al regresar solo encontraron las cenizas de lo que había sido su casa.

Video proporcionado en colaboración

Esta madre de familia también es una de las más afectadas por el incendio pero no es la única. Otras familias y mujeres también se muestran afligidas ante la situación. Como la señora Sonia Negreiros Vega y sus dos niños de diez y cinco años que temen no tener apoyo tras lo sucedido en su casa del Pasaje La luz Manzana C de VMT. 

“Somos los vecinos que hemos trabajado en esto como una especie de hormiguita”, narra la señora Saldaña mientras muestra todas las imágenes que tomó del incidente. Una vez que lograron apagar el incendio, esta mujer fue una de las que, sin quedarse atrás, organizó junto a otras personas, una reunión para buscar un lugar dónde pasar la noche y descansar a las familias afectadas. Hoy, espera que la Municipalidad de VMT cumpla su compromiso y apoye lo más pronto posible a todas las personas damnificadas. 

Si deseas apoyar a los vecinos afectados puedes comunicarte con: 

Sheyla Chachaqui al 984291353

Marisol Acevedo al 902013726 

Sonia Negreiros al 984394299. 

También puedes colaborar aportando al: 

Nro. de cuenta: 2003105986012 (Interbank) 

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Lucía Alvites: «El país necesita a mujeres en espacio de representación»

Lucía Alvites: «El país necesita a mujeres en espacio de representación»

Por: Luz Mateo Cielo
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Lucía Alvites tiene 35 años. Es militante del movimiento político Nuevo Perú y forma parte de la Comisión Política del mismo. En su trayectoria, ha tratado temas de derechos humanos, justicia e igualdad. Hoy, en el marco de la alianza con el partido Juntos por el Perú, postula al Congreso de la República con el número 16.  La Antígona conversó con ella para conocer sus orígenes en el activismo y sus propuestas para representar a Lima en tiempos en el que la deslegitimidad del Parlamento y de los partidos políticos se han convertido en uno de los problemas más grandes que afrontaremos en las elecciones del 11 de abril.

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Foto: Lucía Alvites – Facebook

«El Parlamento no tiene vinculación con las demandas y las necesidades de la gente. Hay una falta de representación grave, por eso es sumamente importante que las personas que postulan al Congreso vengan de la gente, de las organizaciones. Que sean fruto del pueblo peruano organizado.»

Como pocas postulantes, Lucía viene de una trayectoria de organización colectiva. Empezó incidiendo desde el activismo a los 16 años cuando entró a la universidad y participó en luchas por la defensa de la universidad pública y el presupuesto para la educación. Más joven, a los 14 años, cuando aún era escolar, participó en protestas contra la dictadura fujimorista. Estas, sus primeras marchas la motivarían a adentrarse al activismo. 

El activismo y la militancia son dos formas de participación política distintas con estructuras y dinámicas diferentes pero sin duda se entrelazan. Lucía lo explica: “Siento que más activistas -sobre todo mujeres- van siendo parte de partidos; en el caso de Juntos por el Perú y desde Nuevo Perú así es”y agrega que ambas generan una retroalimentación que enriquece.

En ese sentido, la candidata al parlamento, sostiene que el activismo ciudadano es un elemento importante para un movimiento y un colectivo, y se debería mantener y fortalecerse ya que cumple un rol fundamental que tiene que ver con la vigilancia y la construcción social. “Creo que los Partidos políticos deben tener una relación permanente con las organizaciones sociales y con el activismo ciudadano porque es de donde salen las propuestas para el país”, formuló.

Lucía y el activismo

El yo activista de Lucía también se relaciona con colectivos como Mujeres Dignidad No a Keiko, el cual se formó en el marco de las elecciones del 2011 a fin de denunciar lo que había sido la década fujimorista y cómo había afectado a las mujeres. Consistió en una caminata de aproximadamente 500 personas, de intervenciones en los barrios y en los mercados, hicieron murales itinerantes donde denunciaron las esterilizaciones forzadas, las desapariciones y la violación de derechos humanos. “Fue nuestro granito de arena a la pretensión de siempre y de cada 5 años del fujimorismo: hacerse del poder político total en nuestro país”, menciona Alvites.

«La organización con mujeres y poder articular en torno a nuestras reivindicaciones posee una mística bastante distinta que no solo tiene logros términos políticos, sino que también construye redes donde nos vamos transformando personalmente.»

Foto: Prensa 

Merecemos Más fue otra iniciativa en la que participó en el 2015. Reunió a varios jóvenes y personajes públicos como Sergio Tejada, Sigrid Bazán, Augusto Rey, entre otros. El objetivo fue hacer una demanda para que no tengamos las mismas opciones electorales de siempre, que no pongamos en piloto automático nuestra política y continuemos con las reglas del juego. “Entran para servir a ciertos grupos económicos, para atender ciertos negocios como el de las universidades o para pagarles a financistas que los apoyaron en la campaña. Eso hace que se forme un grupo enquistado”, explicó.

Más adelante, en el 2017, nació Habla Castañeda, una iniciativa ciudadana hecha para presionar al exalcalde de Lima, Luis Castañeda, a que rinda cuentas. Se organizó con la ayuda de varios jóvenes y lograron reunir más de 25 mil firmas, lo que forjó un precedente fundamental para la participación ciudadana, la democracia en los gobiernos locales y por ciudades sostenibles.

Foto: La Junta

Posteriormente, se interesó por conocer y dar voz a causas feministas. Realizó una maestría en género y parte de la docencia que realiza en la actualidad, es sobre el movimiento feminista. Hoy en día integra el colectivo La Junta cuyo propósito es incidir en la formación política desde principios como distribución de la riqueza, la soberanía, la integración Latinoamericana y la justicia social.

Machismo en la política

Después de acabar la universidad en el 2011, Lucía decidió que si quería cambiar las cosas en el Perú debía hacer política partidaria y disputar los espacios de poder. Para ella, era momento de hacer un cambio pues de no hacerlo, seguirán gobernando quienes no han representado correctamente a la población. 

En su camino, reafirmó que la política es un espacio principalmente de hombres y aunque eso ha ido cambiando lentamente, aún todas las dinámicas de los espacios políticos tienden a tener más presencia masculina. El que una mujer ocupe uno de estos espacios o cargos, significa -para la sociedad patriarcal- una irrupción. Es solo en base a presión y tensión que se ha logrado tener una voz y ser parte de la política. Lo sintió por primera vez cuando fue madre y asistió a una reunión con su hijo.

«La crianza te mete para la casa, todo lo que pensamos sobre la crianza es para hacerlo en el ámbito privado. Llevar la crianza a otros espacios fue algo que la hizo reflexionar mucho sobre cómo todavía las mujeres en el rol de madres tienen varias barreras para la política.»

Otra situación que vale la pena recordar es la ocurrida el año pasado cuando le tocó debatir en Plaza San Martín con un militante aprista. Hombres de la portátil del adversario le vociferaban palabras como “vedette”. “Estoy segura que si hubiese sido un hombre no me hubieran gritado eso”, asegura la candidata. 

En esa ocasión denunció ante el Tribunal de Honor el acoso político. “El país necesita a mujeres en espacios de representación. Hagamos política para liberar al país del machismo, la corrupción y la pobreza”, invitó. Además señaló que la política tiene grandes posibilidades porque es transformadora. 

Foto: Lucía Alvites – Facebook

El problema, sostiene ella, es que la mayoría de políticos que han ocupado cargos de poder han usado la política para servirse, enriquecerse y conceder favores para beneficiar a quienes los rodean y les convenga. “La política como servicio yo creo que nos va construyendo como personas más solidarias”, concluyó.

Cuatro propuestas esenciales

La candidata Alvites enlista algunas de las primeras acciones que realizaría de llegar al ocupar una curul en el congreso en el próximo Gobierno. 

Impulsar el Sistema Nacional de Cuidados

Una propuesta que reconoce el trabajo invisibilizado de cuidados de las mujeres en el hogar. Propone una pensión para las cuidadoras y cuidadores, ya que cuando llegan a su vejez no tienen un fondo de pensiones que les garantice una calidad de vida digna a pesar de haber contribuido con la sociedad. Esta propuesta incluye también una pensión para los trabajos comunitarios como las ollas comunes y vasos de leche. En esa línea, propone crear una infraestructura de cuidados como guarderías y centros de adulto mayor para que las mujeres tengan tiempo de realizarse personalmente.

«Por eso, como trabajo, debe dejar de ser algo privado y el Estado lo debe de entender como una situación pública.»

Foto: Lucía Alvites – Facebook

La ley de desconexión digital

Alvites, apuesta por la prohibición -con sanción- de que los empleadores puedan llamar, mensajear, mandar correos electrónicos o realizar cualquier tipo de comunicación con los trabajadores fuera del horario laboral. Lucia explica que esto es una situación permanente en nuestro país, pero con la pandemia se ha exacerbado aún más. 

«Somos uno de los países que tiene el trabajo mas precarizado y estamos acostumbrados a la sobreexplotación, claro porque en este modelo tienes que agradecer que tienes un trabajo»

Foto: Lucía Alvites – Facebook

Un Congreso sin privilegios

Plantea la renovación de reglas con la reducción del 50% de los sueldos de los congresistas. La candidata también sugiere retirar beneficios escudados bajo conceptos como la asignación por función congresal, los gastos de representación, los gastos de instalación, entre otros. También propone crear un mecanismo de fiscalización de la ciudadanía a los congresistas y de rendición de cuentas.

«No puede ser que un congresista gane 22 mil soles mensuales en un país donde el sueldo mínimo es 930 soles mensuales»

Foto: Lucía Alvites – Facebook

Derechos humanos e igualdad

Plantea que la formación con enfoque de género sea obligatoria para todos los funcionarios públicos, desde el presidente de la República hasta los funcionarios de los tres niveles de gobierno. Asimismo, apuesta por el matrimonio igualitario y el aborto legal libre, seguro y gratuito.

«Muchas veces, el Estado es la primera barrera para que no vaya justicia para las mujeres y diversidades»

Foto: Lucía Alvites – Facebook

© 2021 La Antígona

¡Ni una menos!:  Los derechos invisibles de las trabajadoras del hogar

¡Ni una menos!: Los derechos invisibles de las trabajadoras del hogar

Por: Estafani Delgado

Foto: Colaboración

Desde la Antígona, nos sumamos a su lucha y esfuerzo por ser reconocidas y reivindicadas.

Cada 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, sin embargo, muchos de sus derechos continúan siendo invisibles para el Estado y sectores de la sociedad. Hoy, desde la Antígona, nos sumamos a su lucha y esfuerzo por ser reconocidas y reivindicadas. 

Ofelia, “Ofe” para los amigos. Tiene sesenta y ocho años. Afortunadamente – como ella dice – es parte del grupo del 20% de trabajadoras del hogar que tiene trabajo formal, pues el 77,5% operan en la informalidad, incluso en Latinoamérica y El Caribe superan el 90% – según el informe de la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo -, de informalidad.

Es natural de la provincia de Azángaro, en Puno y desde los siete años se desempeña como trabajadora del hogar. Llegó a Lima a los diecisiete años para buscar mejores oportunidades, cuando comenzó, le pagaban apenas tres soles por realizar cargos de limpieza y de cocina,  a pesar que su jornada laboral excedía las ocho horas diarias.

“No conocía mis derechos. Estudiaba por las mañanas y regresaba a trabajar toda la tarde, pero un día descubrí, en un libro que compre en el Parque Universitario – al que me gustaba ir – que nos correspondía seguro, remuneración justa, días de descanso. Eso a mí nunca me lo habían dado”, cuenta Ofe. 

Foto: Prensa

Al inicio, sus patrones negaron brindarle los beneficios que merecía pero Ofelia siempre insistió. Hasta el día de hoy, se encuentra laborando en la misma familia a donde llegó, en San Borja. 

Orgullosa, me dice que no tiene queja de sus empleadores, más sí conoce la situación actual y la anterior que tuvo que vivir. Hoy, Ofe, se acuerda de lo mucho que le costó luchar por sus derechos y valora cada esfuerzo que hizo para lograr el cambio.

Esta historia es una de las muchas otras 496 mil trabajadoras del hogar que existen de acuerdo a las estadísticas brindadas por la Defensoría del Pueblo en el 2020.  

De las leyes a la realidad

La Súper Intendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (SUNAT) reconoce a la trabajadora del hogar como aquella persona quien realiza labores domésticas. Lo hace a cambio de una remuneración  y dentro del régimen de labor mínimo de cuatro horas. 

La ley 31047, aprobada y publicada en octubre del 2020, otorga hoy a las trabajadoras del hogar los beneficios que merecen tener, tales como percibir un sueldo no inferior a la Remuneración Mínima Vital (RMV) por jornada de 8 horas diarias y cuarenta y ocho horas semanales, el pago de gratificaciones y compensación por tiempo de servicios (CTS), otorgar descanso anual remunerado de 30 días, un contrato laboral por escrito, edad mínima de 18 años para trabajar, tener alimentación y  seguro de salud adecuados al nivel socioeconómico del empleador – éste no forma parte de la remuneración-, impedir el despido por maternidad, y no permitir cualquier acto de discriminacion, y hostigamiento sexual.  

Cabe resaltar que esta histórica promulgación les permite celebrar, por primera vez, el 30 de marzo, como día no laborable y remunerado, lo que representa un gran avance ante el esfuerzo que vienen realizando. 

Este cambio se debe a los esfuerzos y las demandas que la Federación Nacional de las Trabajadoras del Hogar (FENTTRAHOP) y  las Organizaciones No Gubernamentales, vienen realizando desde distintos frentes para  que se reconozca el trabajo de las trabajadoras del hogar. 

Leddy Mozombite. Foto: Simplemente Trabajadoras del Hogar

Leddy Mozombite, secretaria general de la FENTTRAHOP, considera que para lograrlo, se tuvieron que promover muchas gestiones. “Venimos presentando pre dictámenes a la Comisión de Trabajo y la Comisión de la Mujer del Congreso, insistiendo en la ratificación del Convenio 189 de la OIT, y la aprobación de la nueva ley que por muchos años viene siendo invisible”, dijo. 

Mozombite, resaltó que todavía quedan esfuerzos por realizar, pues se debe insistir en la aplicación de la ley y el cumplimiento de la misma. “Tenemos dos instrumentos históricos producto de esta lucha, sin embargo, debemos lidiar para que la ley se cumpla y los medios de comunicación junto a la sociedad  sean quienes difundan e informen sobre esta norma”, agregó. 

A pesar de este avance legal, aún existen vacíos que no permiten defenderla. Pues, de acuerdo a las estadísticas del análisis laboral de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), realizado en septiembre de 2020 – un mes antes de la publicación de la nueva ley – el empleo informal ascendió a 74,3%, es decir, siete de cada diez peruanos tienen empleo informal en el Perú.

Esta situación evidencia que se deben optar por otros mecanismos de protección hacia las trabajadoras del hogar que las salvaguarde. 

Una de ellas es propuesta por Andrea Gandolfi, coordinador de proyectos y oficial de desarrollo de la asociación Grupo de Trabajo Redes (GTR), quien sugiere que para evitar problemas entre el empleador y empleado, ambas partes deben conocer sus derechos y hacerlos valer, para que así, el trabajo del hogar se realice de manera eficiente y responsable, evitando así los casos de explotación laboral.

Como el caso de V.V. y J.A. quienes trabajaron bajo estas informalidades, y pidieron no ser identificadas pero sí se mostraron dispuestas a declarar su testimonio en los siguientes audios.  Escucha los testimonios00:00 / 01:59

Testimonios brindados por V.V.D Y M.V- trabajadoras del hogar.

Foto: Diario UNO

Además, Yuri Marcelo representante de la Adjuntía de los Derechos de la Mujer en la Defensoría del Pueblo, sostiene que «tiene que ver con los roles de poder y la superioridad que tienen algunos empleadores hacia las trabajadoras del hogar».

Por lo que una alternativa, sería empoderar e informar constantemente a las trabajadoras del hogar sobre sus beneficios y los actuales cambios en la ley, quienes muchas de ellas aún no conocen.

Por otro lado, las entidades estatales también deben contribuir con la normativa ya vigente, como la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL), el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) y los Gobiernos Regionales.

Una de las formas de hacerla cumplir por parte de la SUNAFIL  es realizando inspecciones laborales, a fin de supervisar las condiciones en que se encuentra laborando la trabajadora del hogar. Mario Giles, especialista en estadística de SUNAFIL, explica que se actúa en base a el Plan Anual de Inspección del Trabajo (PAIT), en el que se programa la supervisión a nivel nacional de todos los sectores laborales, entre ellas el sector de las trabajadoras del hogar.

Sin embargo, existen limitaciones para fiscalizar el lugar donde laboran pues su lugar de trabajo es el domicilio de sus empleadores. 

Álvaro Garcia, Intendente Nacional de Prevención y Asesoría, declaró que existe el principio de inviolabilidad del domicilio, establecido en el artículo 2.9 de la Constitución.

“El lugar de trabajo de las trabajadoras del hogar es, al mismo tiempo, el domicilio de los empleadores. Si el dueño de casa niega el ingreso al inspector de trabajo, no hay posibilidad de ingresar y se necesitará una autorización judicial, más allá de las facultades que tenemos. Este problema tampoco lo soluciona la nueva ley de trabajadoras del hogar porque el impedimento viene desde la Constitución”, explicó.

En el mismo sentido, Guillermo Córdova, inspector de trabajo de SUNAFIL, agrega que la principal limitación para el inspector de trabajo, se basa en poder establecer un vínculo laboral entre las trabajadores de hogar y sus empleadores. 

Foto: El Comercio

“Muchas veces, no existe prueba alguna de la relación laboral, en las visitas inspectivas los empleadores son reacios a dar información a un inspector de trabajo, y otras veces incluso niegan de plano la relación laboral, con lo que la trabajadora queda desprotegida al no poder probar una relación laboral”, dijo.

Ante todas estas dificultades aún existentes, no sólo es necesario celebrar la histórica aprobación de la nueva Ley 31047, si no que es sumamente importante abolir, por un lado la falta de conocimiento de los derechos de las trabajadoras del hogar en diversos espacios, por otro lado, es necesario cambiar las limitaciones que las entidades encargadas tienen para poder fiscalizar libremente y sancionar su incumplimiento. 

Por lo que se requiere de un trabajo conjunto que ayude finalmente a las mujeres de este reportaje y muchas otras que desempeñan este cargo a superar la valla de la desigualdad. 

Hoy, tras conmemorar el Día de las Trabajadoras y Trabajadores del Hogar, reflexionamos sobre este tema y expresamos nuestra admiración a todas las trabajadoras del hogar y les hacemos recordar que estamos de pie, juntas en esta lucha. 

Foto: La República 

¿Cómo ayudar? Si conoces a alguna trabajadora del hogar cuéntale sobre sus derechos, ayudala si necesita denunciar, abrázala, y sobre todo respétala. 

Agradecimientos y nota de la autora:

Con cariño, para Ofelia, Vilma, Amanda, Agatha, Andrea y Leddy.

Federación Nacional de las Trabajadoras del Hogar

La Casa de Panchita

La Asociación Grupo Trabajo en Redes

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Todos los días regresaba con miedo y preocupación a mi casa

Todos los días regresaba con miedo y preocupación a mi casa

melanies.soca@pucp.pe

Karen Cristóbal. Trabajadora de supermercado Plaza Vea. 23 años.

Hace cinco años empecé a trabajar en Plaza Vea y hace tres estoy en su sede del Jockey Plaza. En este tiempo de pandemia, las cajeras y las vendedoras de electrodomésticos como yo somos las más propensas a contraer el virus por el contacto directo con el cliente.

Trabajo cinco días a la semana: me levanto a las seis de la mañana para salir y encontrar un bus que me lleve desde El Agustino hasta Surco. Al principio no fue fácil transportarse en bus. Algunos días tardaba demasiado en venir uno y tenía que tomar taxi. Los gastos corrían por mi cuenta. Después nos abonaron setenta y cinco soles para el gasto del transporte. Fue el único “incentivo” que nos dieron.

Todos los días regresaba con miedo y preocupación a mi casa. En la puerta tenía lista unas sandalias para entrar y dejar mis zapatillas, y meterme directo a la ducha.  Mi mayor miedo era contraer el virus y contagiar a mi familia, sobre todo a mi menor hija y a mi abuela.

Al principio de la cuarentena a todo el personal nos dieron solo mascarillas. Una por día. Luego implementaron el protocolo de que a cada hora se haga la limpieza de manos y desinfección de cajas, muebles, vitrinas. A la segunda semana nos dieron guantes y los implementos de desinfección como alcohol y gel antibacterial. Después de un mes, los lentes.

Luego, hicieron una encuesta a todos los colaboradores del supermercado, señalé que de niña sufrí de asma y que además vivo con un adulto mayor. Me dieron vacaciones.

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