Alejandra Ruiz León: «La comunicación científica busca abrir camino para hacer que la ciencia esté al alcance de todos»

Alejandra Ruiz León: «La comunicación científica busca abrir camino para hacer que la ciencia esté al alcance de todos»

b.angobaldo@pucp.pe
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Según cifras del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC) el 34% del total de profesionales dedicados a la ciencia, tecnología e innovación en el Perú son mujeres. Alejandra Ruiz de León es una de las pocas profesionales en el Perú especializadas en comunicación científica, una rama bien consolidada a nivel mundial pero poco conocida en nuestro país. Luego de obtener su primer grado en bioquímica de la Universidad de Navarra, siguió un máster en comunicación científica, médica y ambiental y otro en Historia de la Ciencia. Actualmente cursa un doctorado en el mismo campo en el Georgia Institute of Technology. En esta entrevista con La Antígona, nos comenta de qué se trata esta profesión, la importancia de las redes sociales para la divulgación y cómo ha tratado temas relacionados a la pandemia en los últimos meses. 

¿Cómo describirías lo que es la comunicación científica? 

A veces hay confusión entre los términos que usamos: comunicación científica, popularización, divulgación, etc. Yo uso el término de comunicación científica como un paraguas para todo lo demás, que abarca diferentes métodos o estrategias de poner en contacto a la ciencia con la sociedad. Pero no desde un punto en el que la ciencia le comunica a la sociedad, sino desde un punto de democratizar la ciencia. Es decir, hacer que la ciencia llegue al resto de personas, pero también para que las personas puedan participar de ella. Realmente creo que la comunicación científica más que comunicar o divulgar, lo que busca es abrir camino para democratizar la ciencia. Lo que quieres es que la ciencia también se beneficie de la sociedad, y viceversa. La ciencia es un campo muy limitado. Durante muchos años estaba limitado solo a los hombres, o solo a las personas que tienen dinero, o que pueden dedicar siete, diez años de su vida en formarse como científico. La ciencia como procedimiento tiene muchas barreras. Se necesita abrirlas para poder representar a toda la sociedad y entender los diferentes puntos de vista. 

¿Cómo llegaste a este ámbito? Es decir, ¿cómo llegaste a combinar tu educación científica con un propósito comunicacional? 

Cuando estábamos en el colegio, a muchos, nos decían que debíamos escoger: ciencias o letras. Yo no me convencía por ninguna, y al final me decidí por bioquímica porque me pareció una carrera interesante. 

Tenía igual de horas de laboratorio que clase, porque había mucho entrenamiento en lo que era técnicas de investigación. Por más que me encantaba, no me veía cinco años de mi vida en un laboratorio, pero sí relacionada con la ciencia. Y fue ahí que empecé a buscar otras opciones.  Descubrí que la divulgación era una carrera y que había másteres y doctorados. Realmente, la divulgación ha existido hace mucho tiempo pero casi siempre se ha visto como una simple acción de escribir algo en los tiempos libres. Y es una profesión que está dentro de la academia. Inmediatamente después de acabar la carrera hice un máster para dirigirme a eso concretamente. 
 

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Alejandra Ruiz León en su graduación de la Universidad de Navarra. Fuente: Instagram

¿Qué rol juegan las redes sociales en la actualidad para la comunicación científica y el conocimiento del público en general en estos temas? 

Realmente ha habido un gran salto. Yo antes de crear la página y la empresa de Mitocondria, porque es una empresa con la que hacemos más cosas, he estado seis años trabajando en el rubro. El Instagram ha sido mucho después, fue un poco por esa idea de traer todo lo que hacía fuera de redes a la vida online. 
 

¿Cuál ha sido tu experiencia durante la pandemia como comunicadora científica desde Mitocondria CC? 

Creo que ha sido un buen canal porque ha permitido una respuesta muy rápida. A diferencia de otros proyectos que solía hacer, en los que se necesitaba un año de diseño, buscar fondos y tener a todos los profesionales listos, las redes sociales te brindan una conexión día a día. Realmente puedes conectarte, hablar de un tema y responder a la gente de una manera más automática. Si bien los otros proyectos que hacía también apoyaban la democratización de la ciencia, los resultados eran muy a largo plazo. En cambio en redes puedes tener un resultado rápido. El coronavirus se ha dado tan rápido que creo que la mayoría de nosotros necesitaba respuestas inmediatas. En ese sentido las redes sociales ayudan mucho porque puedes responder dudas y evitar que esas dudas se esparzan. Eso ahora me parece algo fundamental: que no se comparta información falsa y que la gente no esté ansiosa con las noticias que ve. 
 

¿Qué tipo de dudas respecto a la pandemia son las que surgen más? ¿Qué tipo de interacción tienes en Instagram? 

Yo lo que trato de hacer con mi página es brindar herramientas que a la gente le pueda servir para cualquier circunstancia de sus vidas. Si bien a veces es necesario detenerse a desmentir una noticia en concreto, es mejor tener las herramientas y un pensamiento crítico. Por ejemplo, en el tema de las vacunas. Si bien explico algunos puntos sobre cada vacuna en especial, me gusta centrarme más en cómo se producen, pues es algo que nos va a acompañar todas nuestras vidas. Trato de brindar conocimiento o conceptos que se puedan aplicar a varias situaciones. Mi idea es que la gente lo entienda una vez y le sirva para toda su vida. Tiene que haber un balance entre apagar incendios y sembrar. 
 

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Logo de Mitocondria CC. Fuente: Instagram
¿Cómo ha sido tu experiencia siendo mujer en el mundo de las ciencias? 

Primero en la carrera que yo hice -bioquímica- realmente la mayoría éramos mujeres entonces no noté mucho ese choque que puede haber en otras carreras. Cuando salí al mundo laboral todas mis jefas han sido mujeres, todas líderes en sus campos, que han abierto puertas, entonces no he sentido esa pegada de un jefe directo que me diga «no». Siempre he tenido el apoyo de mis jefas, aunque sí he encontrado puertas cerradas. Hay científicos que no ven a la divulgación como algo importante sino como un hobby. Incluso colegas míos ven el Instagram como algo poco profesional. Mi objetivo es que la ciencia esté al alcance de todos y todos estamos en Instagram, entonces la ciencia tiene que estar en esas redes y no solo en congresos en los que solo están tres personas y se escuchan entre ellos.
 

¿Cómo ves la educación científica en el Perú y la situación de la divulgación científica? 

La ciencia en el Perú tiene el último lugar de la fila y no está nada considerada. Esto se traduce en los presupuestos del gobierno, de las empresas en innovación, y hasta en nuestro sistema universitario. Sabemos que la reforma universitaria es incluso cuestionada por muchos y lamentablemente no parece que la ciencia esté bien considerada en el Perú. En la ciencia, la comunicación tiene la última palabra. Lo vemos en cómo se diseñan los planes de gobierno, el plan de popularización nacional. También lo vemos cuando los científicos y científicas de las universidades reciben dinero del gobierno cuyos resultados, a veces, no son comunicados. 

Si vamos a hablar de divulgación científica en el Perú, el primer paso tendría que ser que todo aquel que reciba dinero por convocatoria pública del Concytec, de Innóvate Perú o de cualquier ministerio, tenga la obligación de comunicarlo al público. Esos proyectos de investigación están financiados con el dinero de todos y todos tenemos que saber los resultados de esas investigaciones. Para mí la divulgación no está nada consolidada en el Perú. Somos menos de 15 profesionales dedicados a la comunicación de la ciencia, y de esos 15, somos realmente muy pocos los que nos dedicamos a esto completamente o que lo hemos estudiado. 

© 2021 La Antígona

Las mujeres agricultoras y su imparable labor que está en crisis por la pandemia

Las mujeres agricultoras y su imparable labor que está en crisis por la pandemia

Por: Johanna Gallegos y Emma Ramos
johanna.gallegos@pucp.pe – a20110518@pucp.pe

Muchas agricultoras no tuvieron el apoyo del Gobierno para salvar sus cultivos, venderlos, transportarlos a mercados ni para evitar ser víctimas de la infravaloración de precios.

Cuatro meses han pasado desde que el presidente Martín Vizcarra declaró en estado de emergencia sanitaria a todo el país por la llegada del COVID-19. Tras un aislamiento social obligatorio que duró más de 100 días, algunos sectores de la economía se han reactivado. Sin embargo, tanto en el sur del país como en el norte, las mujeres agricultoras, quienes son importantes para el abastecimiento de productos y alimentos de cada familia peruana, así como de sus propios hogares, no han podido retomar totalmente su trabajo ni generar los ingresos que tenían antes de la pandemia. Muchas no tuvieron el apoyo del Gobierno para salvar sus cultivos, venderlos, transportarlos a mercados ni para evitar ser víctimas de la infravaloración de precios. 

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Es temporada de lluvias en la ciudad del Cusco. La temperatura bajó y ha obligado a todos los cusqueños a refugiarse en sus hogares aún cuando el aislamiento obligatorio ha cesado. Sin embargo, no todos pueden quedarse en casa. Ese es el caso de Natividad Arque, una mujer quechua hablante que cada mañana toma un bus interprovincial desde su hogar en la comunidad campesina Chitapaman, distrito de Taray, provincia de Calca en Cusco. Ni el frío ni las fuertes lloviznas la detienen de salir desde su localidad hasta la ciudad donde intenta ganar algo de dinero vendiendo los productos que ella misma cultiva. Sentada en la puerta N° 2 del Mercado Wanchaq llama a cada persona que pasa pidiendo que compren lo que trae: orégano, ruda y acelgas. Todo cultivado por su esposo, sus dos hijos y ella misma.

Desde los primeros días de julio su rutina es la misma: vender lo que pueda en las puertas del mercado. No tiene dinero para alquilar un puesto.  Meses antes, cuenta ella, con el aislamiento social obligatorio, solo salía su hijo. “Yo le mandaba mis productos amarrados y los vendía en el Mercado Vinocanchon. Él me decía ‘ya saldremos pues, ya traeremos más cuando se normalice’”, cuenta ella a La Antígona, en su lengua originaria.  

Así como Natividad, hoy son casi 3 millones de agricultoras que trabajan y viven de la producción. Una cifra que  representa el 83% de la población económicamente activa (PEA) del sector agropecuario, según Red Muqui. De entre todas estas personas 38,7% son mujeres. Ellas trabajan en los campos pero también son madres que, a pesar de la coyuntura actual, siguen sembrando y abasteciendo a las ciudades enteras en todo el país. Aún cumplen con su labor de agricultoras.

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De sur a norte 

La pequeña agricultura -es decir, no exportadora- siempre ha recibido poco presupuesto del Estado. En el año 2017 se le asignó solo el 2.1% del total de monto del país: el aumento entre el 2012 a ese mismo año también fue mínimo, representando un 1.5%, de acuerdo al reporte del Grupo Propuesta Ciudadana. La llegada del COVID-19 y la posterior cuarentena que llevó a paralizar la labor de muchos peruanos, no ha sido causa para que la agricultura se detenga. En una entrevista en Radio Programas del Perú (RPP) en los primeros días de julio, el ministro de Agricultura, Jorge Montenegro, señaló que “desde que inició la emergencia, los productores agropecuarios han sostenido la producción y el abastecimiento de alimentos para todos los peruanos”. 

No obstante, el Coronavirus obligó a que comunidades como las de Natividad, que sobreviven del cultivo y venta de sus propios productos, cierren sus fronteras y a prohibir el ingreso a quienes no fueran lugareños. Estas drásticas medidas de prevención hicieron que las familias no puedan transportar a tiempo todos sus productos como el maíz, las hortalizas, las papas y hierbas como las que vende Natividad. “Todo estuvo cerrado con tranqueras, no entraban ni carros. Siempre estaba cuidando que no entre nadie por eso recién ahora estoy viniendo”, recuerda. Algunas perdieron sus cultivos.

Una de ellas fue Rebeca Chilliwani, quien vive en el distrito de Corao en la comunidad Ccorimarca, en Cusco. Ella es agricultora y madre de seis hijos. Salir a vender, es necesario para conseguir algunos alimentos como aceite, azúcar y sal. “Cuando no vendíamos… todo se ha perdido, todo se ha malogrado. Mis plantas se han vuelto amarillas”, contó.

Rebeca Chilliwani, agricultora cusqueña 
Foto: Victoria Aguilar

En el norte del país la situación es parecida. La Antígona conoció el caso de Esmeralda Ramos, quien es una de las tantas agricultoras que inician su trabajo muy jóvenes. Ella empezó desde los 19 años, en Lambayeque, Motupe, del centro poblado de Tongorrape. Ella produce anualmente mango: hoy su parcela se encuentra abandonada y las actividades agrícolas se han estancado, a partir del estado de emergencia decretado por el Gobierno.

A ello se suma que en la región norteña empieza una temporada con un clima difícil para la floración y para que los frutos se desarrollen de manera efectiva, ya que no ha recibido la limpieza y aplicación de productos orgánicos. Esmeralda comenta que la situación en Tongorrape cada vez se complica para los agricultores. “No estamos trabajando en el campo, no podemos contratar personal porque en la zona todos están contagiados con el COVID-19”, señala.

Según las evaluación del Ministerio de Agricultura (Minagri), ante la caída de los ingresos de los agricultores por la pandemia del COVID-19, la actividad agropecuaria registrará un -2.3% para este año.

Sin bono rural ni canastas solidarias

La Dirección Regional de Agricultura de Cusco ha registrado un total de 126 mil familias cuya labor es la agricultura en dicha región. A pesar de esta cifra considerable, muchos pequeños productores no están registrados en los padrones de las Juntas de usuarios, Agrobancos, entre otros. Es por este motivo que ellos no han sido beneficiados con el bono rural aprobado en abril y que fue dado a conocer en una de las conferencias de prensa del presidente Vizcarra y del ministro Montenegro. Esta ayuda monetaria que empezó a ser repartida los primeros días de mayo nunca pudo ser cobrada por Natividad o Rebeca. “No, bono no hemos recibido. Solo para los de buen nombre será el bono, no para nosotros”, reclama Natividad. 

Maria Elena Ramos Quispe es presidenta de la organización de mujeres del distrito de Huanoquite, provincia de Paruro, también en Cusco. En diálogo telefónico con La Antígona, detalló la falta de atención que ha tenido el Estado con las agricultoras y obreras de su comunidad. “Por ejemplo, las canastas, se les dio a los municipios para que repartan. Nos llamaron diciendo que sí tenían canastas y que yo recibiría una pero debía esperar en mi casa. Les esperé y en la noche dijeron que yo no estaba en la lista. Esto pasa porque los que hacen el registro borran nombres”, recuerda.

Ella sí pudo cobrar el bono rural, pero muchas de sus compañeras de la organización no estaban en el padrón. Esto a pesar de que el ministro Montenegro aseguró que todos, incluidos los pequeños agricultores, tendrían acceso al bono. “Está orientado a los sectores pobres y pobres extremos y cuando hablamos de tenencia de tierras son aquellos que tienen menos de cinco hectáreas, también a ellos está dirigido», afirmó el titular del MINAGRI en abril. 

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Ministro de Agricultura y Riego, Jorfe Montenegro
Foto: Prensa

Este bono no habría resultado suficiente para las familias agricultoras. De acuerdo a Eduardo Zegarra, investigador del Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), las zonas rurales necesitan más apoyo económico ya que son geográficamente más extensas que las zonas urbanas. En una entrevista para el diario La República en abril, comentó que con los datos que sugiere el MINAGRI, se obtendría que “al menos un millón de pequeños agricultores se quedarían fuera del bono rural y podría considerarse para ellos un nuevo bono agrícola. Se les debe dar soporte económico, de los S/ 1.000 que podrían recibir sólo podrían cubrir el 40% del costo promedio para levantar sus siembras”. Tras varios meses de aislamiento sus estimaciones no distan de la realidad. 

En los mercados 

Otro de los grandes problemas de las mujeres agricultoras es la distribución y venta de sus productos en los mercados de sus regiones.  Los ingresos diarios de alimentos a los mercados de Lima, por ejemplo, se han reducido. Un caso para analizar es el del mercado mayorista de Lima, que registró una reducción de 13% con 6,573 toneladas de productos en promedio, según datos oficiales reportados por el Minagri.

Manuela Flores trabaja en el Mercado Mayorista de Frutas del distrito de La Victoria desde hace 28 años. Antes del estado de emergencia, ella contaba con diez proveedores. Hoy solo puede trabajar con cinco porque la venta de fruta ha disminuido. “Antes me traían 2 o 3 veces a la semana la mercadería. Entonces yo en un día vendía  500 o 200 cajas. Hoy vendo 9 o 27 cajas hasta completar las 200 en una semana, pero termino rematando y no hay ganancia”, cuenta.

Foto: PrensaPeru.pe

Mujeres como Manuela, que trabajan en mercados, se han visto afectadas por la crisis sanitaria. A pesar de su contribución con la venta de productos agrícolas, no han podido evitar que la agricultura haya perdido más de S/. 6.000 millones (US$1.700 millones) en estos meses, como lo dijo el ministro Montenegro.

Durante una entrevista al diario Gestión, la directora nacional de CARE Perú y exministra de Educación, Marilú Martens, afirmó que estas pérdidas se deben a que las cadenas de distribución se han roto, generando que las agricultoras pierdan sus cosechas ya que no tienen cómo transportarlas. Otra razón sería los cierres de los mercados, lugares sumamente necesarios para el abastecimiento pero también puntos de alta concentración y contagio del COVID-19.

El mercado Mayorista de Frutas fue uno de los focos infecciosos donde los vendedores eran los principales transmisores del virus. Sin embargo, las autoridades impusieron nuevas reglas de salubridad para el bienestar de los compradores. Actualmente, las medidas son más rigurosas y los fiscalizadores de la Municipalidad de La Victoria multan a las personas que no acatan el uso de mascarillas y guantes. “Las personas que comen o toman dentro del mercado reciben una  multa. No quieren que comamos adentro ni nos traigan comida”. comenta Manuela.

Mujeres agricultoras capacitadas

Desde Cusco, Maria Elena nos dice que tiene clara la importancia de las cadenas de distribución y que por ello procura ofrecer los mejores productos cuando los vende en el mercado de su región. Aunque precisa que antes de la pandemia y la cuarentena ya existían problemas al respecto. “Yo trabajo orgánicamente. Cuando salí de mi casa para vender mis productos y hortalizas en el mercado no quisieron comprar nada porque veían que tenían pulgones. Lo que pasa es que cuando trabajas así, siempre entran plagas e insectos”, dice la presidenta de la organización de mujeres del distrito de Huanoquite.  Poco a poco, y gracias a diversas instituciones capacitadoras, ella pudo aprender a usar fertilizantes que no dañen sus productos, exterminen a las plagas y sean orgánicos.

Foto: Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán- Facebook

Una de las organizaciones que realizan estas capacitaciones es El Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. En 2018, con el fin de  que las agricultoras rurales se empoderen en sus derechos como ciudadanas y desarrollen sus capacidades en la pequeña agricultura, inició el proyecto “Productoras rurales empoderadas de Cusco gestionan de manera sostenible sus unidades productivas aportando al desarrollo local equitativo con justicia climática”.  Este contó con el apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo y la institución Mugen de España.

De la misma forma y en pleno estado de emergencia se creó la iniciativa “Ella alimenta al mundo”, ejecutada por la organización humanitaria CARE, que busca el desarrollo de la mujer campesina en las áreas rurales. Trabajan con mujeres rurales de Lima, Ica y Piura pero se estima alcanzar a más de 400,000 beneficiarias que están en riesgo de perder su seguridad alimentaria. Marilú Martens, directora de CARE en Perú, estimó para agencia EFE que este y otros programas adentran a las mujeres rurales en el mercado financiero y vuelven sostenible a la actividad agrícola.

Reactivación de la agricultura

Ante la preocupante situación de riesgo que sufren las agricultoras y sus familias de diversas partes del territorio, Conveagro -gremio agrario nacional- exhortó al Poder Ejecutivo a declarar en emergencia al sector agropecuario. Esto sucedió a mediados de mayo, cuando reportaron que 30% de agricultores y ganaderos en el Perú están seriamente afectados por las pérdidas de sus cosechas y siembras. Desde entonces, se han ido elaborando medidas. Una de ellas fue, por ejemplo la creación del fondo Agro Perú del Agrobanco, que tiene un financiamiento de S/.250 millones. Además, está destinado a pequeños productores agrícolas y a sus familias.

Además, el ministro Montenegro anunció en una entrevista durante su visita a Arequipa que se había destinado S/. 373 millones para asegurar empleos en el agro y S/. 100 millones para el mantenimiento de canales y drenes. Como parte del plan de reactivación del agro, también se autorizó mediante el Decreto de Urgencia N° 070 -2020 la transferencia de S/3.898 ‘324.560 para el mantenimiento de la red vial vecinal nacional que garantizará el traslado de productos agrícolas a los mercados.

Asimismo, con el propósito de beneficiar a mujeres como Maria Elena o Esmeralda se han implementado los mercados itinerantes “De la Chacra a la olla” que reúne a productores pequeños de diversas regiones. Recientemente -el 14 de julio- se inició la segunda etapa de este programa y según el director de Agrorural, Angello Tangherlini, se estima tener a 16.000 productores de la costa, sierra y selva, que cumplirán con los protocolos de seguridad para evitar contagios del COVID-19.

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Mercados itinerantes «De la chacra a la olla»
Foto: Prensa

Sin duda, la reactivación de la agricultura es urgente y debe darse en beneficio de las mujeres agricultoras y de sus familias, quienes sobreviven de este trabajo en el sector agrícola y que se han visto drásticamente afectadas por la pandemia. Son alrededor de 31 millones de personas -a todo el Perú- a las que alimentan estas mujeres productoras de vida. 

© 2021 La Antígona

Hatun Killa: el renacer del género lírico andino

Hatun Killa: el renacer del género lírico andino

Por: Adriana Velásquez en colaboración con Melanie Soca

Al estilo de Yma Sumac, Hatun Killa encandila con su voz a todo aquel que la escucha. Como el sonido de una flauta dulce, la soprano de coloratura interpreta las canciones más emblemáticas de la lírica andina. Su talento vocal ha sido reconocido en escenarios internacionales. En el 2016, ganó el premio Gianni Casu en el Festival Internacional de Folklore de Custonaci de Italia. Hoy, tras recuperarse del COVID-19, se prepara para presentar su primer concierto virtual.

Su nombre artístico significa ‘luna llena’ en quechua, un seudónimo que condensa lo que ella hace: iluminar con su voz. Desde hace más de 4 años, asombra al público con su talento. Lamentablemente, debido a la pandemia por el COVID-19, todos sus proyectos se han paralizado. En abril, ella y su familia se contagiaron de coronavirus. “Iba a hacer conciertos virtuales hace mucho antes, pero me afectó el COVID. Recién en julio empecé a retomar los proyectos que se suspendieron”, cuenta. Sin embargo, este tiempo le ha permitido aprender y volver a la escena de otra forma para recordar el trayecto de su carrera artística.

Sus inicios

Cuando tenía 19 años y solo era Lilian Cornelio, pese a su timidez y nerviosismo,  se animó a cantar el carnavalito argentino ‘El Humahuaqueño’, en una de las actividades que organizaba el club recreacional de Chorrillos. Sin embargo, la letra de la canción desapareció de su mente. En un intento por disimular, comenzó a tararear la melodía imitando el sonido ornamental de una flauta. En ese momento, vino a su memoria aquellas tardes en las que su padre le enseñaba -a ella y a sus hermanos- a tocar dicho instrumento. El público la ovacionó al presenciar su registro vocal. Lilian no entendía qué tenía de especial su voz. 

“En ese momento mi visión cambia porque la gente se acerca y me dice: ‘tú eres soprano de coloratura. Existió una mujer que solo cantaba en ese registro y que viajó por todo el mundo’. Pero yo sentía que no era mi voz”, contó a La Antígona sobre sus inicios como cantante. 

Lilian desarrolló su amor por la música desde muy pequeña, cuando escuchaba a su padre tocar huaynos cajamarquinos y rancheras con la guitarra. El registro vocal lo heredó de su abuela materna, a quien se refiere como ‘la voz del pueblo’ de Tayabamba, La Libertad. Nadie se imaginaba que, de tantos nietos, ella tendría la voz privilegiada. Por algo llevan el mismo nombre. 

Ella sabía que tenía que trabajar y estudiar si quería grabar un disco, asegura. Sin embargo, las limitaciones físicas dejaron en pausa su carrera artística. La miopía y astigmatismo le impedían estudiar con normalidad. Tras una fuerte caída debido al desprendimiento de retina decidió operarse de los ojos, a pesar de la negativa de algunos médicos. Trabajó como profesora de inglés y logró ahorrar el dinero para su operación. Pero cuando empezaba a recuperarse, apareció una nueva limitación: un problema bronquial la dejó sin voz durante tres años. “Fue desesperante, intentas hacer los sonidos agudos y no llegas. Es frustrante porque piensas que nunca más vas a recuperar la voz”, relata. 

Lilian no se dio por vencida y después de 5 años sin cantar intentó probar suerte en un karaoke.  “Canté esa canción de ‘Amor Amor’ haciéndole notas agudas y salía mi voz otra vez. Dije: “uy, ya estoy bien”. Pero tenía tanto miedo que ya no intentaba cantar más”, recuerda también.

Desde aquel episodio, el cuidado de su voz se convirtió en una prioridad para ella. “Sé qué pedir y en qué lugares cantar y cómo cuidarme si voy a exponerme. Hay muchos riesgos que se corren al aire libre y teniendo la boca abierta por más de una hora”, dice. El temor de ver su sueño frustrado la llevó a proteger ese tesoro al que antes no le daba tanto valor.

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Hatun Killa en el Teatro Municipal de Lima luego de un recital. Foto: Facebook.

Una vez recuperada, Lilian luchó para abrirse un espacio dentro de la música y, aunque contaba con el apoyo de su familia, no tenía los medios económicos para invertir en su carrera artística. Empezó a hacer presentaciones en lugares pequeños. “Algunos ni siquiera te pagan con la excusa de que recién estas empezando. Muchos se aprovechan. En mi caso yo no sabía el valor que tenía como cantante lírica andina, no sabía que era una de las pocas con un registro privilegiado”, asegura. El desconocimiento la llevó a sobreexigir su voz para cumplir con sus contratos. 

Su fuerza y la perseverancia que afloraba en cada dificultad la llevó a arriesgarse a organizar su primer concierto en junio del 2012. “Sin un sol en el bolsillo” -como ella dice- buscó auspiciadores que le ayudaron a recaudar los ocho mil soles de inversión: algunos con la compra de entradas y otros con dinero. Y así fue como se llevó a cabo su primer concierto “Esencia de Luna”. Nunca imaginó que la fila de personas que ocupaban una cuadra era su público esperándola. “Cuando llegué me di cuenta que el público había llegado desde temprano. Para mí eso fue como comenzar con el pie derecho hacia el camino a un sueño. La emoción era grande”, señala.

Hatun Killa en el Capitolo de EE.UU. Foto: Facebook.

En el 2016, una asociación cultural la convocó para participar en el festival de folclore en Sicilia, Italia. “Llegué 40 minutos antes y solo me alcanzaba para hacer mis ejercicios vocales. Cuando ya me tocaba subir al escenario, mi traje no me lo puse completo ni me había maquillado y dije: ‘Ya no importa, saldré mal pero mi voz saldrá bien’”, recuerda de aquel día. El resultado fue el premio Gianni Casu, máximo galardón del Festival Internacional de Folklore de Custonaci. Los jueces y organizadores del evento querían escucharla una vez más sin los instrumentos: su voz ya era un instrumento por sí misma. 

Hatun Killa tuvo que paralizar sus actividades por la pandemia. Pero este 29 de noviembre volverá a cantar en su primer concierto virtual.Una nueva experiencia que le ha permitido adaptarse a las plataformas tecnológicas. El género lírico andino prevalece en el tiempo y el espacio a través de la voz de Hatun Killa. El género que, hace más de 60 años, recorrió el mundo a través de la voz de Yma Sumac. 

© 2021 La Antígona

Karen Chávez: «La biblioteca no es sólo un espacio de lectura, sino de acceso a la información, sociabilización y contención»

Karen Chávez: «La biblioteca no es sólo un espacio de lectura, sino de acceso a la información, sociabilización y contención»

Por: Karen Díaz en colaboración con La Antígona
larensi86@gmail.com
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Isabel hacía las tareas del colegio de lunes a viernes para poder ir a jugar a la biblioteca el fin de semana. Cuando llegaba el sábado, después de terminar con las cosas de la casa, cogía de la mano a Julito y caminaba con paso seguro de su hermana mayor de diez años que tiene mucho mundo que mostrar a su hermanito. 

En la biblioteca no sólo encontraba a sus amigos del barrio sino también un espacio donde dejar de cuidar a Julito, un pequeño que se perdía entre los cuentos que escuchaba junto a otros niños de su edad. Ella, en esos momentos, podía dedicarse a su sueño: leer mucho para un día ser bibliotecaria como la señorita Karen. Cruzaba la puerta del salón y veía los murales. Su corazón se llenaba de alegría al saber que le esperaba una tarde entera para mirar libros, leerlos, ordenarlos y hablar sobre ellos con las voluntarias.

De un día para otro todo cambió. Al principio no entendía bien qué sucedía. Su profesora les dijo que había llegado una enfermedad nueva y que tenían que cuidarse en casa. No tener que ir al colegio sonaba divertido, pero la casa de Isabel es pequeña; la abuela, renegona y Julito muy llorón. 

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Isabel, pequeña del centro poblado UPIS Emilio del Solar. Foto: Asociación Gálvez Ronceros

Durante muchos días no supo nada del colegio, de la biblioteca o de sus amigos. En el centro poblado UPIS Emilio del Solar no hay internet y el único celular de la casa, el de su mamá, no se podía tocar. Los días pasaban pero el tiempo parecía no moverse. La abuela rezaba mucho por los que fallecían. Se sentía el temor en el ambiente. Luego comenzaron las clases en la televisión y la profesora habló por teléfono con su mamá para darle una poco alentadora noticia: el coronavirus se quedaría muchos meses. Atrás quedaron los días de libros, títeres y cine en la biblioteca. Ahora estaba vacia. 

En el Perú sólo el 39% de los hogares tiene acceso a internet. A pesar de eso, el aprendizaje se ha transformado en horas de televisión pública nacional al día en un esfuerzo para hacer frente a la pandemia que hace aún más honda la brecha educativa. Y qué decir de las bibliotecas escolares y municipales, lugares que, a pesar de los pocos recursos, existían y tuvieron que cerrar durante la cuarentena obligatoria. Ahora, cuando la mayoría de ellas están fortaleciendo sus recursos tecnológicos a distancia, la Biblioteca Comunal de Antonio Gálvez Cisneros, está obligada a encontrar formas seguras de acercarse a las personas porque a pesar de la pandemia y de la lejanía del estado, los derechos humanos de las y los niños no pueden dejar de garantizarse.

Niñas y niños no abandonan sus lecturas. Foto: AGR

Karen Chavez, gestora cultural y mediadora de lectura, es promotora de este espacio. Ella tiene el cabello inconfundible: negro y largo hasta la cintura. Habla con calma y está hecha de coraje. Los niños la aman porque está convencida de que la lectura es una necesidad básica que no debe ser impuesta sino que debe llegar como una invitación a la que aferrarse para hacer más grande el mundo.

Karen Chávez, gestora cultural. Foto: IberCultura Viva

“Cuando dieron la declaración de estado de emergencia fue muy preocupante para nosotros. Se hablaba mucho de la virtualidad, la educación a distancia, la lectura virtual, pero al ser chicos que viven en situaciones de vulnerabilidad sin tener servicios básicos, incluso la señal del teléfono llega muy baja. La biblioteca no es sólo un espacio de lectura, si no de acceso a la información, sociabilización y contención”.

Niñas y niños de la UPIS Emilio del Solar. Foto: Karien Díaz

El coronavirus, el distanciamiento y la ausencia del Estado en estas comunidades ha puesto en riesgo y vulnera el derecho humano de estos niños y niñas, de leer y a acceder a la información. Sí, ha leído bien: El derecho a leer. Así lo explica la Dra Lea Shaver, especialista en propiedad intelectual y derechos humanos: “La existencia del derecho a la lectura está implícita en la legislación universal de derechos humanos. Es interseccional e involucra el derecho a la educación, el derecho de los niños al acceso de información, el derecho a la ciencia y la cultura, los derechos culturales de las minorías y la libertad de expresión”.

Antes de la pandemia, la Biblioteca Comunal era un lugar de encuentro entre los niños de la zona rural de Chincha baja. La casa de los libros, hoy, parece estar hecha a mano por la comunidad: las paredes con murales, los árboles recién sembrados, los animalitos que son parte del paisaje y cerca, el mar. Son 25 voluntarios que junto a las familias impulsan la biblioteca y creen en la capacidad de los niños y niñas como actores y líderes del desarrollo comunitario. 

Nació en 2018 cuando la Asociación Cultural Gálvez Ronceros trajo a la UPIS Emilio del Solar una biblioteca itinerante en el día del aniversario de la comunidad. El entusiasmo de los niños logró que tengan un espacio físico que hoy en día cuenta con 1500 libros y logró su objetivo de conectar con los niños y niñas mediante actividades de promoción lectora, entre ellas el biblioburro y el cine comunitario. Tenían también el programa “Leer para construir”, que trabajaba la creatividad y el fortalecimiento de la lecto-escritura. Esta calidez era la que debía llegar hasta las casas de los pequeños de Chincha Baja.

Decididos, Karen y su equipo tomaron acción: “Nuestros pequeños menores de 8 años estaban recién aprendiendo a leer y escribir. Nosotros teníamos que encontrar la forma de mantenernos cerca así que nos tocó ir a las casas llevando libros y fichas pedagógicas”.

Fichas y materiales elaborados para los niños. Foto: Karien Diaz

Tocaban las puertas y los niños abrían. Se veían, se sonreían y compartían por un momento la calidez y la ilusión de la que estaba llena la biblioteca que ahora Karen cargaba en su mochila. Con el tiempo y gracias a los aportes y tesón de los voluntarios, lograron canalizar en donación algunos celulares y así monitorear a los niños que no tenían ese recurso para poder brindarles soporte emocional y académico por teléfono. En momentos donde la tensión carga el ambiente los adultos tienen que garantizar la supervivencia y no hay silencio dentro de las casas pequeñas y llenas.

Según el artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU se reconoce los derechos de todas las personas a participar de la vida cultural y compartir los beneficios de el progreso científico. 

Lea Shaver plantea que esa introducción tiene mucho poder y la llama “vida cultural”. Esta, abarca todas las formas en que las personas buscan la creatividad y la belleza, expresando su relación con otros seres humanos. Esto incluye los libros y la literatura. Es vibrante y cambiante como los individuos y la vida misma. Para que esto se dé, es necesario garantizar el acceso a los materiales culturales y herramientas, así como garantizar la posibilidad y libertad de crear, transformar e intercambiar los objetos culturales, considerando que toda persona puede ser un autor. 

Foto: Asociación Cultural Gálvez Ronceros 

El programa de lectura resistió durante el confinamiento a pesar de las dificultades, pero también tuvieron pérdidas. “Tuvimos que dejar de asistir a dos zonas que la biblioteca cubría porque presentaban índices de contagios de covid 19 y contagiarnos pondría en riesgo al programa entero. En la comunidad donde está la biblioteca no hubo ningún caso, porque ellos no salen del campo a la zona urbana y se organizaron para lograr una cámara de protección en la entrada. La que tenía que ir con mucho cuidado soy yo, para evitar portar virus desde afuera”, comenta Karen. 

Otras actividades que la Asociación tenía en la zona urbana de Chincha se han detenido desde marzo también. Karen suspira antes de continuar. “Es que aquí en Chincha los espacios de lectura son muy escasos. En El Carmen hay dos bibliotecas comunitarias que no están atendiendo. Prestan libros pero hay tan pocos que no pueden arriesgarse a perderlos. Si antes la situación estaba jodida, ahora está mucho más. Los docentes sólo reenvían la información de “Aprendo en casa” pero no hay mucho más que eso para los que eran pequeños lectores”.

A medida de que el año avanza y el confinamiento se suaviza, poco a poco, los niños de la UPIS Emilio del Solar regresan a la sala que desde julio sólo permite la entrada dos veces por semana. A pesar de que Karen no avisa cuando llega los niños se pasan la voz y entonces hay que dividirlos en grupos para conservar el distanciamiento social. 

Foto: Asociación Cultural Gálvez Ronceros 

Ahora no sólo leen juntos. Karen también refuerza el contenido de Aprendo en casa. “Para los niños es terrible porque muchas veces los profesores no les hacen seguimiento, entonces los espacios que tenemos para disfrutar de la lectura son cortos”, dice. 

Es cierto que en un contexto de crisis el soporte del gobierno a las bibliotecas comunitarias no fue primera prioridad los primeros meses. Pero ahora, el desconfinamiento debe profundizar en estos espacios culturales en una realización progresiva, asegurando un contenido mínimo de acceso a la información y la cultura para la ciudadanía, más allá de la educación.

Foto: Asociación Cultural Gálvez Ronceros 

Así lo resume la Dra. Shaver, quien señala que, es importante considerar que a diferencia de la salud, la promoción del trabajo y otras áreas de interés público, la vida cultural no requiere tanta inversión pero sí modelos que prioricen a las personas. 

Isabel quiere ser bibliotecaria y está segura de lograrlo. En el futuro mirará atrás, hacia la pandemia del año 2020 y más allá del miedo y las pérdidas Verá a las voluntarias  tocando las puertas de los hogares más humildes para llevar información e imaginación. Isabel será bibliotecaria y recordará todo esto al reafirmar su compromiso con el derecho de leer, crear y participar. 

© 2021 La Antígona

Solidaridad vecinal logra apagar incendio en Villa María del Triunfo

Solidaridad vecinal logra apagar incendio en Villa María del Triunfo

Por: Alessandra Vera 
aless.veranimal@gmail.com
Foto: Colaboración 

Flora Saldaña, encargada de la olla común “Emanuel Dios con Nosotros”, conversó con La Antígona para que podamos llevar su voz y apoyar a las vecinas afectadas.

Este último domingo 28 de marzo, tres familias vulnerables perdieron todo luego de que sus viviendas se  incendiaran en la Asociación Bellavista de Villa María del Triunfo, en Lima. La señora Flora Saldaña, encargada de la olla común “Emanuel Dios con Nosotros”, conversó con La Antígona para que podamos llevar su voz y apoyar a las vecinas afectadas.

El suceso dio inicio inesperadamente pues los vecinos estaban realizando sus actividades diarias cuando- a un promedio de las cuatro de la tarde- algunos de ellos creyeron haber oído que un balón de gas había reventado. El humo confirmó lo que sospechaban e hizo que la preocupación movilice a todos rápidamente porque las llamas podían esparcirse en segundos entre las casas altamente inflamables, construidas con triplay y machimbrado. Todos ayudaron a desconectar los balones de gas para evitar explosiones, a romper los tubos de pasadizo y a llenar baldes con agua y tierra.

Aún cuando las compañías de bomberos N° 120 (San Juan de Miraflores) y N° 106 (Villa María del Triunfo) llegaron para ayudar más tarde, la tarea siguió siendo difícil porque -como tantas de las partes más altas de distritos limeños como Villa María del Triunfo- el lugar no cuenta con servicios de agua ni desagüe. 

Fotos: Colaboración

La Asociación Bellavista inició los trámites para acceder al agua hace un año, pero el proceso se vio frustrado por la llegada de la pandemia. Sedapal abastece este asentamiento humano solo tres veces por semana, y eso hace que para los vecinos sea difícil librar batallas contra el fuego, pero también contra el coronavirus.

La PNP y un representante de la Municipalidad de Villa María del Triunfo también estuvieron presentes en el lugar de los hechos, y la municipalidad del distrito se comprometió a retirar los escombros el día de hoy. También ofrecieron brindar una carpa o alguna otra opción para aquellas familias que quedaron en la calle tras este suceso. 

Entre las familias afectadas se encuentran madres jóvenes con niños que no tienen con qué o cómo seguir estudiando pues dentro de sus hogares tenían sus herramientas de estudio. Sheyla Chachaqui Pacompia y sus tres hijos – de doce, ocho y seis años- se llevaron la peor parte porque no presenciaron la tragedia, y al regresar solo encontraron las cenizas de lo que había sido su casa.

Video proporcionado en colaboración

Esta madre de familia también es una de las más afectadas por el incendio pero no es la única. Otras familias y mujeres también se muestran afligidas ante la situación. Como la señora Sonia Negreiros Vega y sus dos niños de diez y cinco años que temen no tener apoyo tras lo sucedido en su casa del Pasaje La luz Manzana C de VMT. 

“Somos los vecinos que hemos trabajado en esto como una especie de hormiguita”, narra la señora Saldaña mientras muestra todas las imágenes que tomó del incidente. Una vez que lograron apagar el incendio, esta mujer fue una de las que, sin quedarse atrás, organizó junto a otras personas, una reunión para buscar un lugar dónde pasar la noche y descansar a las familias afectadas. Hoy, espera que la Municipalidad de VMT cumpla su compromiso y apoye lo más pronto posible a todas las personas damnificadas. 

Si deseas apoyar a los vecinos afectados puedes comunicarte con: 

Sheyla Chachaqui al 984291353

Marisol Acevedo al 902013726 

Sonia Negreiros al 984394299. 

También puedes colaborar aportando al: 

Nro. de cuenta: 2003105986012 (Interbank) 

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