¿Libertades?: Al día de hoy, hay menos democracias que hace 10 años

¿Libertades?: Al día de hoy, hay menos democracias que hace 10 años

Por Ana Pieters

Podemos recordar que desde hace dos décadas comenzamos a experimentar un auge en el reconocimiento de los derechos e igualdad. Cambios que generaban gran expectativa alrededor del mundo y que por fin volteaban la mirada hacia diferentes espectros de la sociedad. Sin embargo, aún queda mucho por hacer y que deben llevarnos a preguntar ¿aún tenemos libertades?

Vimos cómo el movimiento LGBTQI+ lograba obtener, luego de una ardua lucha, parte de los derechos esenciales de todo individuo, como casarse, adoptar, legalizar su cambio de identidad, conseguir la despenalización de la homosexualidad, entre algunas otras poquísimas cosas.

También vimos una lucha más fuerte en contra del racismo, el nacimiento de movimientos como el “#MeToo” para dar voz a las mujeres abusadas  y la despenalización del aborto en algunos países de Latinoamérica. 

Parecía que, a pesar de todo lo que faltaba por avanzar, se había comenzado a transitar por un camino de tolerancia, en parte, gracias a las democracias jóvenes, gobiernos de centro y movimientos sociales. Sin embargo, en algún momento de toda esta historia, comenzamos a retroceder.

Datos alarmantes

Hoy en día, estamos ante una cifra alarmante que arrojan los estudios sobre autocracias electivas.

“El 68% de la población mundial vive hoy bajo una autocracia. Diez años antes era el 48%” 

Este dato nos aporta luces sobre lo que sucede actualmente, y lo más escalofriante es que son los mismos ciudadanos los que han elegido este sistema de gobierno. Las denominadas autocracias electivas están, como era de esperarse, en los extremos del espectro político. Muy hacia la derecha o muy hacia la izquierda, cercenando los derechos y las libertades de las minorías. 

Otro dato muy desalentador es que solamente hay 16 países en transición a la democracia, mientras que, hace una década, la cifra se duplicaba. 

Hay que remontarse hasta la caída del muro de Berlín para, quizás, comprender este fenómeno, pues luego de desaparecida la URSS, surgieron las naciones libres, independientes y democráticas bajo el modelo de éxito conocido, el modelo de occidente. 

Lamentablemente, el modelo de libertades personales e individuales no funcionó fuera de América del Norte y Europa, debido al componente cultural, histórico y religioso de las naciones. Entonces, ante el fracaso, años más tarde los ciudadanos cayeron en la ilusión que les venden estos autócratas, siempre representado por ese hombre fuerte, con desparpajo y profundamente nacionalista. Que siempre promete “volver a la esencia” y utiliza la palabra pueblo en cada frase.

Sin embargo, aquí cabe una pregunta, ¿y si no había que imitar el modelo de occidente y solo era tomar las cosas buenas? Igual, ya es un poco tarde para esa reflexión. 

El mundo en peligro

Quizás ya conocemos a algunos regímenes que visiblemente socavan las libertades y amenazan a las minorías. Rusia, Venezuela, China… y la lista podría seguir. Pero hay algunos otros, que por su ubicación geográfica y vecinos, no pensaríamos que están retrocediendo vertiginosamente.

Es el caso de Hungría, Polonia y la India. Los dos primeros tienen a la Unión Europea en jaque con sus leyes antiinmigrantes y la criminalización de personas LGBTIQ+. Además de un ascenso precipitado de los grupos de extrema derecha. Pero en el caso de la India, cuna de Mahatma Gandhi, ahora el primer ministro, elegido democráticamente, da pasos agigantados para hacerse con todo el control y condenar a la minoría musulmana.

En esos tres ejemplos, hay puntos en común. Estos mandatarios gozan de gran popularidad, tienen discursos populistas e incendiarios y logran todo de forma “democrática”, aunque truculenta, pero sin llegar a parecer tiranos. 

Lamentablemente, han llegado a ser un gran dolor de cabeza para la Unión Europea, puesto que Polonia y Hungría son de sus miembros activos y cada paso que dan va en contra de sus estatutos. En contra de las libertades y no pareciera cambiar. Día tras día, se mina más el camino y se replican estos personajes en otras naciones.

Latinoamérica no es la excepción

En el otro lado del charco, no nos quedamos atrás, porque si en algo son buenos nuestros políticos, es en imitar lo malo. Hemos visto en diferentes países de la región a muchos lobos disfrazados de ovejas y algunos otros que se muestran tal y como son, aplicando la misma receta que en Hungría.

Y si acá las libertades ya estaban melladas, con la pandemia, las teorías conspirativas y la campaña presidencial del 2021, las minorías han quedado relegadas. Tanto por la derecha como la izquierda cavernícola y reaccionaria que nos ha tocado.

Para ganarse a las masas, los candidatos optaron por un discurso convulsivo, hacia los extremos y sin ningún tipo de remordimiento esgrimieron calificativos despectivos, sobre todo, en contra de la comunidad LGBTIQ+, que ha sido la más golpeada.

No es fácil digerir la realidad en la que estamos, pero podemos seguir luchando, creando espacios para el diálogo y concientizar, principalmente, porque a pesar de todas sus imperfecciones, es a través de la democracia que hemos ganado espacios.

Afeni Shakur: más que una madre

Afeni Shakur: más que una madre

Por Ayllin Siñas

Afeni Shakur en Filadelfia, Pensilvania, en septiembre de 1970. (David Fenton / Getty Images)

I finally understand (Finalmente comprendí)

For a woman it ain’t easy tryin to raise a man (Para una mujer no es fácil tratar de criar a un hombre)

You always was committed (Siempre fuiste comprometida)

A poor single mother on welfare, tell me how ya did it (Una pobre mamá soltera con asistencia social, dime cómo lo hiciste)

There’s no way I can pay you back (No hay manera para pagarte de vuelta)

But the plan is to show you that I understand (Pero el plan es enseñarte que yo comprendo)

You are appreciated (Eres apreciada)

En este extracto de la canción Dear Mama, el cantante Tupac Shakur manifestó un cambio en la relación que tenía con su madre Afeni Shakur. Una relación que él consideró como problemática por mucho tiempo, pasó a ser incondicional e irreemplazable. Esto fue gracias a un momento por el que todos los hijos e hijas pasamos: comprender la humanidad de nuestros padres. 

Desde pequeños, pensamos que nuestros padres deben ser perfectos, pero en realidad son sujetos que también pudieron vivir circunstancias fuertes que forjaron su carácter, que fallan, que son vulnerables, que son rebeldes.

Afeni Shakur, cuyo nombre de nacimiento era Alice Faye Williams, nació en enero de 1947 en Lumberton, Carolina del Norte. Su madre, Rosa Belle, se dedicaba al cuidado del hogar; mientras que su padre, Walter Williams Jr., trabajaba como chofer de tráiler. La familia decidió mudarse a Norfolk tiempo después. Afeni contó en una entrevista a Jasmine Guy que detestaba a su padre, ya que maltrató a su madre por años. La violencia física y psicológica era pan de cada día.

“Él esperaba que nosotras —Afeni y Glo, su hermana— vayamos a la escuela para pelear con mamá y la golpeaba”, narra Afeni. Cuando su mamá se hartó de la situación, llamó a su hermano Bob, quien sacó a Rosa y sus hijas de aquel hogar para retornar a Lumberton. A los 11 años, su madre decidió mudarse al Bronx, Nueva York. Vivían en un apartamento de un cuarto y consiguió trabajo en una fábrica de lámparas. 

“Para noveno grado, yo era muy mala. Le daba un infierno a mi madre. Pensé que peleando iba a compensar las deficiencias. Antes de aprender a pelear, los niños me molestaban. Era nueva en el barrio, de piel oscura, cabello corto y no tenía senos aún. Los hombres me hicieron sentir fea y débil. Pero yo tenía mente, una lengua feroz y sabía pelear, pensaba que podía luchar a través de mi miedo”, comenta Afeni. 

Afeni estudió en la High School of Performing Arts, actualmente llamada LaGuardia High School of Performing Arts. Sin embargo, faltaba con regularidad por su incomodidad y la diferencia de clases que veía, ya que muchos de sus compañeros eran ricos. “Yo estaba demasiado avergonzada para practicar en esa escuela, estaba muy avergonzada de mí, no pensaba que pertenecía allí y no sabía cómo llegué allí” reconoce.

Años más tarde, ocurrió algo que marcó su vida. Era un sábado en Harlem y Bobby Seale, cofundador del partido de las Panteras Negras, estaba en la ciudad. Seale decía que estaban abriendo oficinas en Nueva York y venían para cambiar nuestra comunidad.

“Había miles de tipos de personas —madres, profesores, niños, gángsters— todos nosotros en una esquina escuchando a Bobby. Dijo los diez puntos del programa del partido, […] el modo en el que dijo esos diez puntos me hicieron querer eso más que nada. Ahí estaba yo, envuelta en mi africanidad. Por primera vez, amándome a mí misma, había allí algo que podría hacer con mi vida. Algo que podría hacer con toda la agresión y el miedo”

Ella se unió a los programas de desayuno para alimentar a los niños y la habilitación de clínicas gratuitas. Programas así hubieran ayudado a su mamá y habrían salvado su dignidad.

David Fenton/Getty Images

Lumumba Shakur fue su compañero y líder de la oficina de Harlem. Ella se enamoró de él y de su modo de ver la vida. El padre de Lumumba era musulmán y seguidor de Marcus Garvey, fundador de la Asociación Universal de Desarrollo Negro o UNIA por sus siglas en inglés, organización influyente en el partido de las Panteras Negras. En septiembre de 1968, Afeni se casó con Lumumba y cambió su nombre de nacimiento por el de Afeni Shakur.

“Lumumba y yo teníamos mucho en común. Ambos éramos guerreros. Ambos teníamos buenas mentes y salimos de las calles, el matrimonio fue bueno porque yo y mi esposo luchábamos juntos. Éramos panteras, eso era lo que amaba y respetaba sobre Lumumba”, menciona la militante.

Jamal Joseph, integrante más joven del partido en aquel entonces, recuerda a Afeni como una inspiración, una mentora y una gran compañera pantera. Él recuerda su actitud desafiante y aquellos discursos en los que recordaba a los jóvenes que su lucha se trataba de un sacrificio de amor por el pueblo.

Llegó a ocupar el cargo de líder junto con Dharuba y Cetewayo, de la oficina de Harlem. Pero a pesar de todo, ese era un espacio machista y Afeni lo sabía. Ella siempre trataba de buscar más derechos para las mujeres en el partido, pero Lumumba le recordaba que ellas no estaban calificadas. Afeni tenía críticas y quejas, pero no siempre era escuchada. Ese fue uno de los factores para el desgaste de la relación.

“Yo sabía que Yehwah Sudan era un maldito policía infiltrado desde el inicio y Lumumba no me escuchaba”, comenta. Yehwah, cuyo nombre real fue Ralph White, fue un policía que se inmiscuyó en el partido para descubrir los mecanismos y objetivos del partido, que según el FBI era una organización comunista enemiga del Gobierno de los Estados Unidos.

La historia hubiera sido distinta si Lumumba no hubiese ignorado a Afeni, pero no fue así. El 2 de abril de 1969, cientos de agentes del FBI y la Policía de Nueva York irrumpieron en las casas de decenas de militantes del partido, entre ellos la casa de Afeni y Lumumba. 21 miembros de las Panteras Negras fueron detenidos y acusados por conspiración de ataque a policías y presunta planificación de incendio y bombardeo de cinco shoppings, uno de ellos Abercrombie and Fitch, escuelas y los jardines botánicos de Brooklyn.

Los 21 militantes fueron detenidos por dichas conspiraciones. Lumumba insistió en tener relaciones con ella en prisión, pero Afeni nunca accedió. Le dieron una fianza de 100,000 dólares y le asignaron una abogada que parecía poco frontal: “Tenía una voz demasiado chillona, ella no podía representarme, no con esa voz, no se iba a escuchar ni la palabra objeción”. Fue así que optó por hacer algo sorprendente: se defendería a sí misma.

En la Casa de Detención de Mujeres, Afeni conoció a chicas de afuera, mujeres que pertenecieron al movimiento obrero entre 1950 y 1960. Ella les pidió que ayudaran a mujeres que necesitaban 50 dólares para salir. Estas mujeres, al ver el gran gesto, también hicieron un fondo para Afeni. Fue cuando estuvo libre que se embarazó de Billy Garland, otro miembro de las Panteras Negras. Cuando Lumumba se entera de ello, la tildó de cualquiera y le pidió el divorcio.

“Todo el tiempo que estoy fuera, trabajo en mi caso. Leo, estudio y construyo mi mente. La declaración final de Fidel Castro en su juicio: «La historia me absolverá», me dieron el tono de mi defensa” narra Afeni. El 3 de febrero de 1971, cuando Afeni se presenta a la corte para iniciar el juicio, se da con la sorpresa de que sus coacusados —Jamal,

Dharuba y Cetewayo— habían desaparecido. Es por ello que vuelve a la Casa de Detención embarazada.

El 13 de mayo de 1971 se da el último juicio. Ella se defiende con su vida: “Estaba condenada a prisión por 312 años. Eso era lo que estaba enfrentando”. Fueron 21 los detenidos, pero solo estuvieron 13 en el juicio, porque desestimaron los cargos de ocho de ellos. En la corte, tuvo la oportunidad de encarar a Ralph White: “¿Por qué nos estás haciendo esto, Yehwah?”. Ella le preguntó si en algún momento la vio hacer una mala acción, Ralph respondió que no recordaba.

Murray Kempton, periodista reconocido que siguió el caso de las 21 Panteras, informó que antes de finalizar el juicio, Afeni le dijo al juez: “Haga lo que tenga que hacer, todo lo que pedimos de usted es que nos juzgue correctamente. Por favor, juzguemos acorde a la manera en la que usted quisiera ser juzgado”.

En la tarde, a los presentes se les informó que ya había un veredicto. Luego de 35 minutos, el presidente del jurado, Ingram Fox, dictó: inocente. 

Afeni lloró de emoción. Derrotó al Estado luego de pasar un embarazo en prisión bajo condiciones inhumanas. Luego de separarse de su pareja. Sin ayuda de un abogado o un asesor legal. La noticia apareció en múltiples medios y fue símbolo de orgullo para la comunidad afroamericana en los Estados Unidos.

Un mes después, el 16 de junio de 1971, nace Tupac Amaru Shakur, cuyo nombre de nacimiento fue Lesane Parish Crooks. El nombre de su hijo vino de Tupac Amaru II, líder indígena y revolucionario que luchó por la reivindicación de los descendientes de los incas durante la época de la colonia. Afeni señaló en su momento que “quería que supiera que formaba parte de una cultura mundial y no solo de un barrio”. También añadió que “quería que llevara el nombre de los revolucionarios, de los pueblos indígenas del mundo”. 

Luego de dar a luz, se casó con Mutulu Shakur, hermano adoptivo de Lumumba, y en 1975 tuvo una hija con él: Sekyiwa Shakur. Consiguió un empleo en servicios legales y ayudó a mujeres y niños. El proceso de reinserción social marcó su vida. Se encontraba bien hasta que Mutulu vuelve a prisión, luego perdió su trabajo en 1984. Todo parecía desmoronarse. 

Ese mismo año, decide mudarse a Baltimore. Vivieron allí cuatro años, pero para Sekyiwa solo los dos primeros fueron buenos. Vivían gracias a la asistencia social, pero eran alegres. Luego, Afeni tuvo una relación con un hombre violento que era adicto a la heroína. Ella envió a sus hijos a Marin City a vivir a la casa de una amiga llamada Asante para que no vean el abuso.

Dos años después, Asante llamó a Afeni y le dijo que tenía que sacar a sus hijos de allí porque iba a entrar en rehabilitación. Tupac decide independizarse y ella se muda a un apartamento con Sekyiwa. Tuvo una relación con un hombre en prisión y queda embarazada, pero al descubrir que el hombre tenía esposa y la utilizaba, decide abortar. ¿Cómo? Consumiendo crack. “Yo acepto la responsabilidad de lo que hice, fue malo. Y ese bebé murió. Y yo quedé adicta al crack”, menciona Afeni.

Sekyiwa recuerda que un día se torció el tobillo y llamó a su madre para que la cuidase. Pasaron una buena tarde, pero al finalizar el día, Afeni le habló sobre una casa hogar para niños. Sekyiwa le dijo que ella era la adicta y que ella debería irse. Y así fue, abandonó a su hija. “Dejé a Seyiwa en un momento crítico de su vida en el que ella se estaba convirtiendo en mujer. Todos tenemos issues respecto al abandono. Mi papá me dejó, sus padres me los dejaron… y yo los dejé”.

Su hija se mudó con la tía Glo y Tupac estaba enfocado en su vida. Parecía que todos estaban recuperando su bienestar, menos ella. En la víspera de Navidad de 1990, Afeni fue a la casa de Glo y pasó las fiestas allí. Se quedó cinco meses más. Durante mayo de 1991, la esposa de Ali Bay, exmiembro de las Panteras Negras, fue a visitarla y la convence de ir al vigésimo aniversario del juicio histórico de las panteras.

Van a la casa de Ali y allí conoce a Tonya, su hija. Ella le pidió que la acompañara a un lugar y, sin querer, terminó visitando una comunidad de alcohólicos anónimos. Las historias de personas que salieron del mundo de la adicción la motivaron y siguió yendo a las sesiones, anotando cada palabra o frase que la ayudaran. 

“Sekyiwa fue muy alentadora. Tupac también. Ambos lo fueron. Luego de estar allí por noventa días, Tupac me escribió una carta y me dijo cómo se sentía y que no podía estar demasiado emocionado, porque no sabía si lo que estaba pasando era real o no. Pero que esperaba que lo fuera”, dijo Afeni.

Tupac falleció el 13 de septiembre de 1996 en un tiroteo en Las Vegas. Afeni asegura que pensó que podría volver a recaer en el consumo de drogas, pero prometió no hacerlo más, se lo prometió a su hijo. «Él tuvo cinco años y medio de su madre sana. Más sana que antes cuando consumía, y tuvimos una relación más saludable también”.

Annette Brown/Getty Images

Desde el fallecimiento de su hijo, ella se ocupó de sus bienes. Fundó la Amaru Entertainment y la Fundación Tupac Amaru Shakur, organización que ofrece herramientas para el desarrollo artístico de jóvenes. También solía dar charlas y conferencias a nivel mundial hasta que falleció el 6 de mayo del 2016 a causa de un paro cardiaco. 

En un acto de conmemoración de su fallecimiento, el 18 de junio del 2016, Dhoruba Bin Wahad, quien compartió liderazgo con ella en el Harlem durante los 60, dijo: “Afeni fue amada por mucha gente, ella inspiró a mucha gente. Nosotros solíamos decir: «Sé como Afeni» cuando éramos jóvenes. Ella cambió un poco y tuvo sus caídas como todos nosotros. Yo siempre incentivaré a las mujeres jóvenes a ser como Afeni. No busques lo peor, porque puedes encontrar ello en cualquiera de nosotros, busca lo mejor. Y si tú buscas lo mejor, en Afeni encontrarás brillo, amor y coraje”.

¿Cómo afecta a las mujeres el síndrome de ovario poliquístico (SOP)?

¿Cómo afecta a las mujeres el síndrome de ovario poliquístico (SOP)?

Por Diandra García

El síndrome del ovario poliquístico (SOP) es una afección hormonal que afecta a gran parte de las mujeres en edad fértil. Entre sus síntomas más comunes, están las irregularidades menstruales, el acné y el hiperandroginismo. Pero, ¿cómo se manifiestan?

–¡Mamá! –grito desde el baño. 

Es 2020. Mi madre –que no escucha– está en su habitación. Corro a su encuentro por el pasadizo. Niego con la cabeza, frunzo el ceño, cojeo ligeramente. Soy una joven de veinte años que, bajo el umbral del dormitorio materno, sacudirá el orden cotidiano de las cosas…

–¿Tienes toallas higiénicas? –pregunto.

Al instante, mamá ensancha los ojos. Aplaude, como cada que su sorpresa es auténtica. No es para menos. Su hija, que padece el síndrome de ovario poliquístico, acaba de tener un periodo menstrual natural después de seis años sin ninguno.

¿Qué es el síndrome de ovario poliquístico (SOP)?

El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es una afección de los niveles hormonales de las mujeres. Los síntomas son tan variados como dispares: van desde la prolongación del periodo hasta su total ausencia. “Las pacientes sufren alteraciones, como irregularidades menstruales, hiperandrogenismo, caída del cabello o sobrepeso”, asegura la ginecóloga Evelyn Campos.

No siempre la ciencia lo tuvo tan claro. Los primeros registros clínicos califican como “testículos femeninos” a los ovarios típicos de esta condición (con múltiples quistes foliculares). Más adelante, se estableció su relación con otros patrones del sistema endocrino. 

“Hay tipos: pacientes con hipotiroidismo, prolactina alta, resistencia a la insulina (un trastorno metabólico por el que se sube de peso con facilidad)”, añade la experta. Por eso, se explica que algunos ovarios poliquísticos originen dos semanas seguidas de menstruación y otros –como el mío– ninguna en más de un lustro. 

Poliquísticas: ¿cómo nos afecta?

“Es horrible”, escribe Ariana Gálvez (21). Se trata de una compañera universitaria con la que coincidí en la carrera, quistes y pastillas anticonceptivas. También tiene el síndrome. “Demasiadas mujeres viven con SOP sin ser diagnosticadas”, apunta Marcia Granados (21). Ambas contestan a la interrogante que planteé en Instagram: ¿Qué sabes del síndrome de ovario poliquístico?

RESPUESTAS DE INSTAGRAM

Las respuestas –aunque especulativas– poseen base científica. “(El SOP) se asocia con episodios de estrés, depresión, ansiedad”, confirma la ginecóloga Campos. A continuación, menciona ejemplos vivos: mujeres que ven frustrada su maternidad, que engordan o adelgazan sin motivo aparente, que lidian con marcas cutáneas, que no disfrutan del sexo por vergüenza de su vellosidad… Mujeres que, en general, se sienten desconectadas de sus cuerpos. 

“Hay que trabajar la autoestima, a la par del tratamiento”, aconseja la doctora.

Perú: un tratamiento particular del SOP

Se trata de un padecimiento común. Según datos del MINSA, en 2021 se diagnosticaron 9 mil mujeres con síndrome de ovario poliquístico en Perú. La cifra es engañosa. En 2019 –antes de que la pandemia impactara en la frecuencia de las visitas médicas–, ascendía a poco más del doble (18 788). Aun así, el Estado no cubre el tratamiento.

“La anticoncepción del Estado está pensada para la planificación familiar. No cubre anticonceptivos de acción antiandrogénica, que son los que necesitan estas pacientes”, indica Evelyn Campos.

El cuidado del SOP depende del perfil hormonal particular de cada mujer. Dentro de los anticonceptivos, hay un espectro de combinaciones hormonales. Fuera, existen alternativas –como la metformina, para casos de resistencia a la insulina– e imperativos –como llevar un estilo de vida saludable–. 

“El objetivo es recuperar los ciclos ovulatorios”, finaliza la especialista.

Natividad Llanquileo: de vocera y defensora del pueblo mapuche a constituyente

Natividad Llanquileo: de vocera y defensora del pueblo mapuche a constituyente

Por Claudia Castro y Noelia Carrazana

Natividad Llanquileo. FOTO: Facebook.

Desde julio de 2021 en Chile, comenzó a sesionar la Convención Constituyente, órgano encargado de la redacción de la nueva Constitución Nacional. Se encuentra integrada por 17 representantes de los 10 pueblos originarios reconocidos en el país. La nación mapuche, uno de los pueblos indígenas más representativos de Chile, cuenta con siete escaños, de los cuales uno le fue otorgado a Natividad Llanquileo.

Natividad Llanquileo Pilquimán tiene 37 años y se reconoce como una mujer mapuche y campesina. Nació y se crió en la comunidad mapuche Esteban Yevilao de la comuna de Tirúa. Es abogada de la Universidad Bolivariana y diplomada en Derechos Humanos, Políticas Públicas e Interculturalidad por la Universidad de la Frontera.

Natividad, es vicepresidenta adjunta de la Convención Constituyente de Escaños Reservados del pueblo mapuche a partir de la última elección que se llevó a cabo el 6 de enero de este año.

Llanquileo es una activista por los derechos humanos, quien tomó notoriedad en 2010 al asumir el rol de vocera de la extensa y dramática huelga de hambre de presos políticos mapuche en penales del Bio Bio, todos vinculados a conflictos territoriales con el estado chileno, incluyendo a dos de sus hermanos que se encontraban encarcelados.

¿Quién es Natividad Llanquileo?

Yo siempre me he identificado como una mujer mapuche. Vengo de una familia mapuche. Toda mi vida fue en base a lo que fue la crianza en el campo, de una comunidad rural con seis hermanos. Mis padres, ambos mapuches también, con una historia de hartas dificultades, porque mi familia estuvo en contra de la dictadura cívico militar en Chile en el año 1973 en adelante, la cual le tocó vivir una situación muy dura. 

En ese periodo, mi familia tuvo que asumir, producto de que se le habían quitado las tierras, los procesos de restitución de tierra, de reclamos de tierra desde el 90 en adelante. Entonces, como que esto no paró y sigue hasta el día de hoy. De una historia de alta movilización, de protesta, de reclamos, de reivindicación de derecho que siempre se nos ha negado. Así que me identifico con eso, con una historia familiar. Para algunos, podría ser bastante difícil, para mí es parte de lo que tenemos que hacer.

Se puede decir que, de alguna manera, has heredado todo lo que fueron sufriendo tus padres y tu comunidad… 

Y efectivamente. Igual, cargo con una historia que la mayoría de la gente lo carga. Yo desde el campo, y otros también desde la ciudad.  Vivimos en un país y en una sociedad que es bastante individualista por una parte y, por otra, también el sistema capitalista que nos rige alrededor del mundo. 

Acá en Chile, son siete las familias más ricas y que son dueñas del país y el resto de la sociedad sigue mirando. Y quiénes nos dimos cuenta y quienes nos hemos dado cuenta de eso, creo que lo hemos tomado como parte de nuestras vidas. Como lo que tenemos que hacer. 

Lo que nuestros abuelos hicieron, lo que nuestros padres hicieron, lo que ahora nos toca hacer para también defender los derechos de las futuras generaciones. Entonces, como a nosotros algo nos dejaron, tenemos la obligación también de dejarle algo al futuro, a la gente que nos sigue, y en especial énfasis, en esta relación que nosotros como pueblos indígenas tenemos con nuestra tierra, con nuestros territorios. No los vemos como solo un recurso, sino que tiene que ver con una relación mucho más estrecha. Como que somos parte también de ello.

En el caso del mundo mapuche, la palabra mapuche significa “gente de la tierra», entonces hay una vinculación bien importante ahí.

¿Cómo asumís esa responsabilidad?

Yo no lo asumo de por vida. Por lo menos en 10 años más, en 15 años más, seguramente vamos a estar en lo mismo. Porque, mientras siga este sistema que es depredador, extractivista, capitalista, vamos a seguir en la misma. Uno no ve cómo habrá un cambio.

Yo por lo menos lo he asumido así. Creo que es lo mejor también para no sufrir, como se dice. Es lo mejor que uno puede hacer, asumir que les toca algo difícil. Que también contribuye no solamente dentro del tema indígena, sino también todo lo que significa la forma distinta de ver la vida, y que eso nos va a llevar. 

Estamos ya en una crisis ecológica mundial. Además, estamos en un sistema producto también de este sistema que es extractivista, donde no se mide nada. Y eso nos va a llevar a consecuencias que no solamente van a afectar al indígena, sino también van a afectar a todos los habitantes de los territorios. A veces, no se logra comprender eso. Y producto de toda esa injusticia, uno aprende a conocer el otro lado. 

En mi caso particular, salí a los 14 años de la casa a estudiar. Me fui a un internado. Con posterioridad también me fui a estudiar a Santiago, donde estoy actualmente, en la capital de Chile. 

¿Por qué decidiste estudiar Derecho?

Estudiar Derecho lo elegí  producto de toda esta injusticia, porque era necesario también conocer el otro lado. A medida de que transcurrieron los años y como varios jóvenes indígenas se han ido a estudiar a la ciudad, se ha ido avanzando en la discusión respecto de los derechos que se nos están negando. Entonces, había un reclamo mucho más argumentado. 

Nos hemos metido también dentro del sistema, por decir algo. Aunque nos cuesta igual estando dentro, pero que ha permitido avanzar en algunas oportunidades. Por ejemplo, un hecho específico: cuando una persona está detenida, nosotros tenemos la posibilidad de poder ingresar a los lugares, a los centros de detención, cosa que antes no pasaba. 

Esto ha permitido avanzar también en términos de modificación de ley, nos han permitido poder estar en ese espacio, cosa que no pasaba con anterioridad. Porque pasaban a veces 10 días incomunicados los detenidos y antes de la reforma procesal penal, nadie se enteraba. Solo había un abogado que tenía que dirigirse a todos lados, y hoy día, en ese sentido, hay muchos más profesionales que podemos hacer ese trabajo. 

Se dio también que nosotros lo pudimos visibilizar en el estallido social en Chile, donde nos agrupamos como abogados, indígenas y no indígenas, para poder asistir a las comisarías, que son los lugares donde van los dirimidos por primera vez. 

Eso ha sido un poco de todo lo que hemos tenido que ver. Asumimos que es parte de nuestras vidas; o sea, lamentablemente hemos normalizado algo que no es normal.

Sabemos que los pueblos originarios han tenido una vinculación con la naturaleza desde el respeto. ¿Cómo ves que es el pensamiento de los gobiernos y empresarios para no tomarlos en cuenta y no respetar los derechos de los pueblos?

Yo creo que su pensamiento, la verdad, es bien macabro. Saben perfectamente lo que están haciendo. No lo subestimaría, tiene que ver, en realidad, con seguir degradando; o sea, para ellos lo más importante es el dinero, y van a hacer cualquier cosa con tal de obtener más y más dinero. 

A los empresarios no les importan las personas, solo pensar en las condiciones laborales en las cuales están la mayoría de los ciudadanos, son pésimas. Tenemos un sueldo que no alcanza hoy en día. Todo esto también produjo el estallido social.

En ese momento, se dio el aumento del metro a 30 pesos y ya no alcanzaba. El empresario ha hecho lo que ha querido. Y esto es quizás a nivel mundial, a nivel global. No es solo de Chile.

Imagínense que en Chile tenemos un presidente que es empresario, y uno de los más ricos del mundo. Entonces, a esa persona, a ese presidente ¿le va a importar las personas o les va a importar su billetera? Esa es la pregunta que uno se debería hacer frente a esta situación. No les importamos. 

Para ellos somos cosas, somos objetos, somos sus trabajadores, somos sus empleados y ese empleado. Si ellos nos pudieran tener como esclavos, nos tendrían como esclavos.

Afortunadamente, también eso ha avanzado en el mundo del Derecho. Por eso, no lo hacen, pero ellos perfectamente si lo pudieran hacer nos tendrían como tal. Porque no les importamos, y además se hacen cargo de una labor pública como es la administración del Estado, donde ellos no deberían estar. Por ningún motivo, debiera llegar un empresario, porque los intereses que tienen al gobernar un país van a estar relacionados con su interés personal de ganancia.

¿Cuáles son las problemáticas que encontrás hoy en el territorio mapuche?

Hoy en día, tenemos un problema tremendo a nivel global, que es el agua. ¿Por qué está esto? Nosotros tenemos acá la presencia de las empresas forestales en nuestras comunidades. El monocultivo de pino y eucalipto. Y los suelos están absolutamente degradados. 

Hay falta de agua; o sea, en el verano y casi en el invierno se reparte el agua con camiones en comunidades donde antes existía mucha agua, y producto de este, y de la plantación de este monocultivo es que, finalmente, hoy día nos estamos quedando sin agua. Y hay otros que acaparan el agua, porque además en Chile el agua es un negocio.

¿Podés explicar cómo es la relación que tienen las comunidades mapuches en relación al valor que se le da al territorio y al agua?

Sí. Nosotros hablamos mucho del territorio. El territorio para nosotros es el todo, es un todo. Son las montañas, los ríos, las aguas, son el subsuelo y ellos separan todo. Se separa la tierra del subsuelo, de la atmósfera, del territorio marítimo. Del territorio, desde las montañas, las cordilleras. La legislación occidental tiene una regulación distinta.

Entonces, ¿cómo se separa todo? Si bien es cierto que el agua en alguna legislación está reconocida como un derecho fundamental, en Chile también tiene una regulación. Pasa que a nosotros nos quitaron todo, incluso la educación cívica. Entonces, no sabemos lo que implica. 

Por ejemplo, el cambio de una Constitución y lo que implican los cambios de legislaciones. La gente no tiene mucho conocimiento respecto de sus derechos. Y en el tema del agua tampoco existe mucho conocimiento respecto a cómo funciona. Entonces, como no se sabe, los que tienen el conocimiento son los que inscriben sus derechos de agua, son los que se hacen propietarios del agua. 

Por ejemplo, para una persona indígena o mapuche es muy difícil decirle que tiene que inscribir su agua, porque está separada y que el subsuelo no le pertenece. Si encuentras algún mineral, ahí va a ir el Estado, y son los van a sacarlo y da lo mismo que tenga un título respecto de esa tierra.

Como ellos conocen, hacen lo que quieren y el agua en Chile es un negocio, el cual está acaparado por unos pocos, por los que conocieron la legislación en sus inicios, y el resto está mirando. Además, se tiene que hacer cargo el Estado de entregarle esta agua a través de camiones, que además se lo compran a un empresario. Se lo compran a un empresario que luego va a las comunidades. Se entrega una vez a la semana, y a los días siguientes, el agua se pudre porque son aguas estancadas. Con este sistema, a la gente no le está alcanzando el agua como para pensar en la agricultura. Es complejo hoy en día, y eso significa no tener alimento.

La situación cada vez está siendo más compleja, y como eso está pasando, nos encontramos en un proceso constituyente, donde tenemos la obligación de dejar estos derechos como derechos humanos fundamentales. Ahí está el desafío que tenemos el día de hoy. Pero también hay una falta que no se puede desconocer producto de todo el extractivismo que existe. Por eso digo, si no cambia el sistema económico depredador, difícilmente podamos pensar que más allá que exista el derecho, efectivamente ese derecho lo podamos tener.

En Sudamérica, tenemos dos experiencias de constituciones plurinacionales: el caso de Ecuador y, posteriormente, Bolivia. ¿Cuál crees que es el aporte de estas constituciones a la nueva Constitución de Chile?

Sí, son aportes que uno evidentemente tiene que ver. La experiencia que hay, especialmente, con Bolivia y Ecuador, donde hay derechos que están garantizados de una muy buena forma. O sea, que existen de una buena forma en el papel. Ahora, el tema que uno puede observar es cómo se concretiza ese derecho y quizá es la deuda en la cual aquí se quedó. Porque no da lo mismo reconocer un derecho y no generar las herramientas para que se cumpla. Yo, por ejemplo, puedo decir que tengo derecho a la educación, pero el Estado tiene la obligación de garantizar el derecho a la educación. Pero, asimismo, buscar un mecanismo que permita el cumplimiento de ese derecho. 

Acá se está hablando también de la defensoría de los pueblos. Por ejemplo, que exista una institución que le haga el contrapeso al Estado. Que cuando el Estado no esté cumpliendo, tenga una institución y le diga “Estado cumpla porque estas son sus consecuencias”.

Entonces, ahí yo creo que ha servido bastante lo que ha estado pasando, porque nos permite también observar lo bueno y lo malo respecto de las Constituciones vecinas. Son experiencias distintas. En Bolivia, la mayoría son indígenas; por lo tanto, las decisiones a veces son mucho más fáciles de tomar. Acá en Chile, no superamos el 13%, somos el 12,8%, según los últimos datos estatales que existen. 

¿Cuáles son los puntos más importantes que están marcando desde los pueblos originarios?

Las demandas más importantes para el mundo mapuche tienen que ver con los derechos territoriales.  El derecho a la tierra, el territorio, a los recursos, a los bienes y, con mucho énfasis, el derecho internacional de los derechos humanos. A veces se nos pregunta: ¿por qué tanto énfasis en el derecho internacional si estamos en Chile? Nosotros sabemos cómo funciona Chile. Nosotros siempre nos vemos en la necesidad de estar argumentando todo. 

Nosotros, en el derecho internacional de los derechos humanos, encontramos un argumento. Encontramos más argumentos que lo nacional, hacemos mención del convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales que está vigente. Incluso, que a pesar de que está vigente, no se han logrado garantizar los derechos como esperamos. Por eso, también creemos que es necesario constitucionalizarlo, y ahí el derecho al territorio. En la base, es fundamental el reconocimiento del pluralismo jurídico. Eso quiere decir que no solamente existe un derecho, sino varios derechos. 

¿Cuántas naciones indígenas están reconocidas y que implica este reconocimiento? 

En Chile, están  reconocidos 10 pueblos originarios: mapuche, aymara, rapa nui, atacameños o lickam antai, quechua, colla, chango, diaguita, kawésqar y yagan; por lo tanto, ya existirían 10 mecanismos distintos de justicia y otros tienen que ver con lo más político. Esto tiene que ver con el reconocimiento también desde un estado plurinacional.

Existe un primer acercamiento que se votó en la Convención Constitucional, que tenía que ver con la plurinacionalidad. Porque todos hablan de la plurinacionalidad, pero ¿cómo se concretiza esa plurinacionalidad?

Nosotros señalamos que tiene que ver con la distribución del poder por una parte, y por otra parte con el pleno reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los pueblos originarios. Además, el reconocimiento a ese vínculo estrecho o especial que tienen los pueblos originarios con su tierra y su territorio. Todo esto tomando como base la declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. 

Hasta ahora, esas han sido algunas de las demandas. Para otros, son más importantes los cupos, los escaños reservados dentro del Parlamento, y dentro de toda la institucionalidad; o sea, en los Concejos Municipales. 

Nosotros tenemos un piso, independientemente del resultado que se tenga dentro de la nueva Constitución. Nosotros ya tenemos estos derechos internacionales que el Estado sigue teniendo la obligación de respetar. Con esto, nosotros reconocemos el trabajo que han realizado otros pueblos indígenas, incluidos los mismos pueblos originarios de Chile.

¿Cuál es tu experiencia con el movimiento feminista?

Es bastante complejo. Si bien es cierto que se reconoce y se valora al Movimiento de Mujeres, y que nosotros también somos parte de eso, y estamos totalmente de acuerdo, nos cuesta mucho la relación con el feminismo que ha ido predominando en el último tiempo. Yo, por lo menos, si no voy en un grupo importante de mujeres —especialmente mujeres indígenas— no me siento cómoda dentro de esos espacios. Porque seguimos viviendo en una sociedad racista, donde los indígenas siempre tenemos que estar por debajo, porque supuestamente siempre estamos cuestionados desde un lugar intelectual.

Entonces, siempre nos miran hacia abajo. Hay un tema de clase también. La mayoría de las mujeres que hoy día lideran los movimientos más grandes son mujeres con muchos recursos, y el resto de las mujeres como yo, que a pesar de tener una profesión, seguimos siendo pobres. Entonces, no hay una buena relación ahí. No logramos todavía congeniar.

Es bastante difícil. No hay mucho acercamiento, porque siempre se nos ve en una situación de paternalismo/maternalismo, y siempre con una mirada como si fuéramos objetos.  Siempre se nos mira como algo de estudio. Siempre se nos está interrogando. Entonces, eso no es cómodo, porque uno no las está interrogando a ellas.  Nosotras cargamos con ser mujeres indígenas, pobres y campesinas. Para cierto grupo intelectual, es interesante y quieren estudiarnos. Seguimos siendo objeto.

Como mencionaba, el movimiento de mujeres ha jugado un rol importante en los últimos tiempos. En realidad, desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que en el último tiempo logra salir también a los medios de comunicación,  y eso también tiene que ver con que nosotros estamos frente a un proceso constituyente que es paritario y, al mismo tiempo, con participación de mujeres. Somos 78 mujeres en un total de 155 constituyentes. Pero hubo discusión, ya que en un principio no estaban consideradas las mujeres, ni los pueblos originarios. 

Pero por la demanda que hubo, llegamos a la Constituyente 17 representantes originarios y 78 mujeres, producto de mucho trabajo.

¿Qué representa para el pueblo chileno este proceso constituyente?

Es súper importante para todos, pero algo que juega en contra es el poco tiempo que tenemos. Solo un año para redactar la Constitución: nueve meses, prorrogables por única vez por tres meses.  Entonces, el 4 de julio de este año deberíamos tener listo el texto constitucional, el proyecto y presentarlo al país. Y eso tiene muchas dificultades, y quizás va a servir de experiencia para los otros países que están levantando el proceso constituyente para que no pongan un tiempo tan limitado, porque es muy poco tiempo. 

Nosotros estamos colapsados, y esto quita tiempo para la participación popular y participación de los pueblos indígenas. Nosotros igual estamos obligados a hacer procesos de consulta indígena y una consulta que, generalmente, se hace en ocho meses. Acá, lamentablemente, se ha tenido que hacer en menos de dos meses. Porque nosotros a mediados de marzo ya tenemos que tener todo el contenido en la Constitución. 

Después viene una comisión de armonización, que va a armonizar, va a ver qué  cosas se repiten, cómo va a quedar el texto final. Entonces, tenemos muy poco tiempo para trabajar bien.

En estos meses que han venido trabajando, ¿cómo fue el comportamiento del actual Gobierno?

Nosotros nos encontramos con un Gobierno que no nos coopera. Además, es la primera vez que se hace un proceso constituyente con la participación de personas elegidas democráticamente en Chile; por lo tanto, no había ninguna experiencia. Se tuvo que partir de cero.

Otro tema son los medios de comunicación, quienes también están cooptados por el poder económico. Se suman una serie de dificultades que  hicieron que la información no pudiera llegar con facilidad a la gente. Pero, aun así, nos llegaron muchas iniciativas populares. Pero nosotros defendemos mucho la participación. Y aun así con el poco tiempo que tenemos, igual hemos intentado llegar a todos los sectores.

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