Desde julio de 2021 en Chile, comenzó a sesionar la Convención Constituyente, órgano encargado de la redacción de la nueva Constitución Nacional. Se encuentra integrada por 17 representantes de los 10 pueblos originarios reconocidos en el país. La nación mapuche, uno de los pueblos indígenas más representativos de Chile, cuenta con siete escaños, de los cuales uno le fue otorgado a Natividad Llanquileo.
Natividad Llanquileo Pilquimán tiene 37 años y se reconoce como una mujer mapuche y campesina. Nació y se crió en la comunidad mapuche Esteban Yevilao de la comuna de Tirúa. Es abogada de la Universidad Bolivariana y diplomada en Derechos Humanos, Políticas Públicas e Interculturalidad por la Universidad de la Frontera.
Natividad, es vicepresidenta adjunta de la Convención Constituyente de Escaños Reservados del pueblo mapuche a partir de la última elección que se llevó a cabo el 6 de enero de este año.
Llanquileo es una activista por los derechos humanos, quien tomó notoriedad en 2010 al asumir el rol de vocera de la extensa y dramática huelga de hambre de presos políticos mapuche en penales del Bio Bio, todos vinculados a conflictos territoriales con el estado chileno, incluyendo a dos de sus hermanos que se encontraban encarcelados.
¿Quién es Natividad Llanquileo?
Yo siempre me he identificado como una mujer mapuche. Vengo de una familia mapuche. Toda mi vida fue en base a lo que fue la crianza en el campo, de una comunidad rural con seis hermanos. Mis padres, ambos mapuches también, con una historia de hartas dificultades, porque mi familia estuvo en contra de la dictadura cívico militar en Chile en el año 1973 en adelante, la cual le tocó vivir una situación muy dura.
En ese periodo, mi familia tuvo que asumir, producto de que se le habían quitado las tierras, los procesos de restitución de tierra, de reclamos de tierra desde el 90 en adelante. Entonces, como que esto no paró y sigue hasta el día de hoy. De una historia de alta movilización, de protesta, de reclamos, de reivindicación de derecho que siempre se nos ha negado. Así que me identifico con eso, con una historia familiar. Para algunos, podría ser bastante difícil, para mí es parte de lo que tenemos que hacer.
Se puede decir que, de alguna manera, has heredado todo lo que fueron sufriendo tus padres y tu comunidad…
Y efectivamente. Igual, cargo con una historia que la mayoría de la gente lo carga. Yo desde el campo, y otros también desde la ciudad. Vivimos en un país y en una sociedad que es bastante individualista por una parte y, por otra, también el sistema capitalista que nos rige alrededor del mundo.
Acá en Chile, son siete las familias más ricas y que son dueñas del país y el resto de la sociedad sigue mirando. Y quiénes nos dimos cuenta y quienes nos hemos dado cuenta de eso, creo que lo hemos tomado como parte de nuestras vidas. Como lo que tenemos que hacer.
Lo que nuestros abuelos hicieron, lo que nuestros padres hicieron, lo que ahora nos toca hacer para también defender los derechos de las futuras generaciones. Entonces, como a nosotros algo nos dejaron, tenemos la obligación también de dejarle algo al futuro, a la gente que nos sigue, y en especial énfasis, en esta relación que nosotros como pueblos indígenas tenemos con nuestra tierra, con nuestros territorios. No los vemos como solo un recurso, sino que tiene que ver con una relación mucho más estrecha. Como que somos parte también de ello.
En el caso del mundo mapuche, la palabra mapuche significa “gente de la tierra», entonces hay una vinculación bien importante ahí.
¿Cómo asumís esa responsabilidad?
Yo no lo asumo de por vida. Por lo menos en 10 años más, en 15 años más, seguramente vamos a estar en lo mismo. Porque, mientras siga este sistema que es depredador, extractivista, capitalista, vamos a seguir en la misma. Uno no ve cómo habrá un cambio.
Yo por lo menos lo he asumido así. Creo que es lo mejor también para no sufrir, como se dice. Es lo mejor que uno puede hacer, asumir que les toca algo difícil. Que también contribuye no solamente dentro del tema indígena, sino también todo lo que significa la forma distinta de ver la vida, y que eso nos va a llevar.
Estamos ya en una crisis ecológica mundial. Además, estamos en un sistema producto también de este sistema que es extractivista, donde no se mide nada. Y eso nos va a llevar a consecuencias que no solamente van a afectar al indígena, sino también van a afectar a todos los habitantes de los territorios. A veces, no se logra comprender eso. Y producto de toda esa injusticia, uno aprende a conocer el otro lado.
En mi caso particular, salí a los 14 años de la casa a estudiar. Me fui a un internado. Con posterioridad también me fui a estudiar a Santiago, donde estoy actualmente, en la capital de Chile.
¿Por qué decidiste estudiar Derecho?
Estudiar Derecho lo elegí producto de toda esta injusticia, porque era necesario también conocer el otro lado. A medida de que transcurrieron los años y como varios jóvenes indígenas se han ido a estudiar a la ciudad, se ha ido avanzando en la discusión respecto de los derechos que se nos están negando. Entonces, había un reclamo mucho más argumentado.
Nos hemos metido también dentro del sistema, por decir algo. Aunque nos cuesta igual estando dentro, pero que ha permitido avanzar en algunas oportunidades. Por ejemplo, un hecho específico: cuando una persona está detenida, nosotros tenemos la posibilidad de poder ingresar a los lugares, a los centros de detención, cosa que antes no pasaba.
Esto ha permitido avanzar también en términos de modificación de ley, nos han permitido poder estar en ese espacio, cosa que no pasaba con anterioridad. Porque pasaban a veces 10 días incomunicados los detenidos y antes de la reforma procesal penal, nadie se enteraba. Solo había un abogado que tenía que dirigirse a todos lados, y hoy día, en ese sentido, hay muchos más profesionales que podemos hacer ese trabajo.
Se dio también que nosotros lo pudimos visibilizar en el estallido social en Chile, donde nos agrupamos como abogados, indígenas y no indígenas, para poder asistir a las comisarías, que son los lugares donde van los dirimidos por primera vez.
Eso ha sido un poco de todo lo que hemos tenido que ver. Asumimos que es parte de nuestras vidas; o sea, lamentablemente hemos normalizado algo que no es normal.
Sabemos que los pueblos originarios han tenido una vinculación con la naturaleza desde el respeto. ¿Cómo ves que es el pensamiento de los gobiernos y empresarios para no tomarlos en cuenta y no respetar los derechos de los pueblos?
Yo creo que su pensamiento, la verdad, es bien macabro. Saben perfectamente lo que están haciendo. No lo subestimaría, tiene que ver, en realidad, con seguir degradando; o sea, para ellos lo más importante es el dinero, y van a hacer cualquier cosa con tal de obtener más y más dinero.
A los empresarios no les importan las personas, solo pensar en las condiciones laborales en las cuales están la mayoría de los ciudadanos, son pésimas. Tenemos un sueldo que no alcanza hoy en día. Todo esto también produjo el estallido social.
En ese momento, se dio el aumento del metro a 30 pesos y ya no alcanzaba. El empresario ha hecho lo que ha querido. Y esto es quizás a nivel mundial, a nivel global. No es solo de Chile.
Imagínense que en Chile tenemos un presidente que es empresario, y uno de los más ricos del mundo. Entonces, a esa persona, a ese presidente ¿le va a importar las personas o les va a importar su billetera? Esa es la pregunta que uno se debería hacer frente a esta situación. No les importamos.
Para ellos somos cosas, somos objetos, somos sus trabajadores, somos sus empleados y ese empleado. Si ellos nos pudieran tener como esclavos, nos tendrían como esclavos.
Afortunadamente, también eso ha avanzado en el mundo del Derecho. Por eso, no lo hacen, pero ellos perfectamente si lo pudieran hacer nos tendrían como tal. Porque no les importamos, y además se hacen cargo de una labor pública como es la administración del Estado, donde ellos no deberían estar. Por ningún motivo, debiera llegar un empresario, porque los intereses que tienen al gobernar un país van a estar relacionados con su interés personal de ganancia.
¿Cuáles son las problemáticas que encontrás hoy en el territorio mapuche?
Hoy en día, tenemos un problema tremendo a nivel global, que es el agua. ¿Por qué está esto? Nosotros tenemos acá la presencia de las empresas forestales en nuestras comunidades. El monocultivo de pino y eucalipto. Y los suelos están absolutamente degradados.
Hay falta de agua; o sea, en el verano y casi en el invierno se reparte el agua con camiones en comunidades donde antes existía mucha agua, y producto de este, y de la plantación de este monocultivo es que, finalmente, hoy día nos estamos quedando sin agua. Y hay otros que acaparan el agua, porque además en Chile el agua es un negocio.
¿Podés explicar cómo es la relación que tienen las comunidades mapuches en relación al valor que se le da al territorio y al agua?
Sí. Nosotros hablamos mucho del territorio. El territorio para nosotros es el todo, es un todo. Son las montañas, los ríos, las aguas, son el subsuelo y ellos separan todo. Se separa la tierra del subsuelo, de la atmósfera, del territorio marítimo. Del territorio, desde las montañas, las cordilleras. La legislación occidental tiene una regulación distinta.
Entonces, ¿cómo se separa todo? Si bien es cierto que el agua en alguna legislación está reconocida como un derecho fundamental, en Chile también tiene una regulación. Pasa que a nosotros nos quitaron todo, incluso la educación cívica. Entonces, no sabemos lo que implica.
Por ejemplo, el cambio de una Constitución y lo que implican los cambios de legislaciones. La gente no tiene mucho conocimiento respecto de sus derechos. Y en el tema del agua tampoco existe mucho conocimiento respecto a cómo funciona. Entonces, como no se sabe, los que tienen el conocimiento son los que inscriben sus derechos de agua, son los que se hacen propietarios del agua.
Por ejemplo, para una persona indígena o mapuche es muy difícil decirle que tiene que inscribir su agua, porque está separada y que el subsuelo no le pertenece. Si encuentras algún mineral, ahí va a ir el Estado, y son los van a sacarlo y da lo mismo que tenga un título respecto de esa tierra.
Como ellos conocen, hacen lo que quieren y el agua en Chile es un negocio, el cual está acaparado por unos pocos, por los que conocieron la legislación en sus inicios, y el resto está mirando. Además, se tiene que hacer cargo el Estado de entregarle esta agua a través de camiones, que además se lo compran a un empresario. Se lo compran a un empresario que luego va a las comunidades. Se entrega una vez a la semana, y a los días siguientes, el agua se pudre porque son aguas estancadas. Con este sistema, a la gente no le está alcanzando el agua como para pensar en la agricultura. Es complejo hoy en día, y eso significa no tener alimento.
La situación cada vez está siendo más compleja, y como eso está pasando, nos encontramos en un proceso constituyente, donde tenemos la obligación de dejar estos derechos como derechos humanos fundamentales. Ahí está el desafío que tenemos el día de hoy. Pero también hay una falta que no se puede desconocer producto de todo el extractivismo que existe. Por eso digo, si no cambia el sistema económico depredador, difícilmente podamos pensar que más allá que exista el derecho, efectivamente ese derecho lo podamos tener.
En Sudamérica, tenemos dos experiencias de constituciones plurinacionales: el caso de Ecuador y, posteriormente, Bolivia. ¿Cuál crees que es el aporte de estas constituciones a la nueva Constitución de Chile?
Sí, son aportes que uno evidentemente tiene que ver. La experiencia que hay, especialmente, con Bolivia y Ecuador, donde hay derechos que están garantizados de una muy buena forma. O sea, que existen de una buena forma en el papel. Ahora, el tema que uno puede observar es cómo se concretiza ese derecho y quizá es la deuda en la cual aquí se quedó. Porque no da lo mismo reconocer un derecho y no generar las herramientas para que se cumpla. Yo, por ejemplo, puedo decir que tengo derecho a la educación, pero el Estado tiene la obligación de garantizar el derecho a la educación. Pero, asimismo, buscar un mecanismo que permita el cumplimiento de ese derecho.
Acá se está hablando también de la defensoría de los pueblos. Por ejemplo, que exista una institución que le haga el contrapeso al Estado. Que cuando el Estado no esté cumpliendo, tenga una institución y le diga “Estado cumpla porque estas son sus consecuencias”.
Entonces, ahí yo creo que ha servido bastante lo que ha estado pasando, porque nos permite también observar lo bueno y lo malo respecto de las Constituciones vecinas. Son experiencias distintas. En Bolivia, la mayoría son indígenas; por lo tanto, las decisiones a veces son mucho más fáciles de tomar. Acá en Chile, no superamos el 13%, somos el 12,8%, según los últimos datos estatales que existen.
¿Cuáles son los puntos más importantes que están marcando desde los pueblos originarios?
Las demandas más importantes para el mundo mapuche tienen que ver con los derechos territoriales. El derecho a la tierra, el territorio, a los recursos, a los bienes y, con mucho énfasis, el derecho internacional de los derechos humanos. A veces se nos pregunta: ¿por qué tanto énfasis en el derecho internacional si estamos en Chile? Nosotros sabemos cómo funciona Chile. Nosotros siempre nos vemos en la necesidad de estar argumentando todo.
Nosotros, en el derecho internacional de los derechos humanos, encontramos un argumento. Encontramos más argumentos que lo nacional, hacemos mención del convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales que está vigente. Incluso, que a pesar de que está vigente, no se han logrado garantizar los derechos como esperamos. Por eso, también creemos que es necesario constitucionalizarlo, y ahí el derecho al territorio. En la base, es fundamental el reconocimiento del pluralismo jurídico. Eso quiere decir que no solamente existe un derecho, sino varios derechos.
¿Cuántas naciones indígenas están reconocidas y que implica este reconocimiento?
En Chile, están reconocidos 10 pueblos originarios: mapuche, aymara, rapa nui, atacameños o lickam antai, quechua, colla, chango, diaguita, kawésqar y yagan; por lo tanto, ya existirían 10 mecanismos distintos de justicia y otros tienen que ver con lo más político. Esto tiene que ver con el reconocimiento también desde un estado plurinacional.
Existe un primer acercamiento que se votó en la Convención Constitucional, que tenía que ver con la plurinacionalidad. Porque todos hablan de la plurinacionalidad, pero ¿cómo se concretiza esa plurinacionalidad?
Nosotros señalamos que tiene que ver con la distribución del poder por una parte, y por otra parte con el pleno reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los pueblos originarios. Además, el reconocimiento a ese vínculo estrecho o especial que tienen los pueblos originarios con su tierra y su territorio. Todo esto tomando como base la declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.
Hasta ahora, esas han sido algunas de las demandas. Para otros, son más importantes los cupos, los escaños reservados dentro del Parlamento, y dentro de toda la institucionalidad; o sea, en los Concejos Municipales.
Nosotros tenemos un piso, independientemente del resultado que se tenga dentro de la nueva Constitución. Nosotros ya tenemos estos derechos internacionales que el Estado sigue teniendo la obligación de respetar. Con esto, nosotros reconocemos el trabajo que han realizado otros pueblos indígenas, incluidos los mismos pueblos originarios de Chile.
¿Cuál es tu experiencia con el movimiento feminista?
Es bastante complejo. Si bien es cierto que se reconoce y se valora al Movimiento de Mujeres, y que nosotros también somos parte de eso, y estamos totalmente de acuerdo, nos cuesta mucho la relación con el feminismo que ha ido predominando en el último tiempo. Yo, por lo menos, si no voy en un grupo importante de mujeres —especialmente mujeres indígenas— no me siento cómoda dentro de esos espacios. Porque seguimos viviendo en una sociedad racista, donde los indígenas siempre tenemos que estar por debajo, porque supuestamente siempre estamos cuestionados desde un lugar intelectual.
Entonces, siempre nos miran hacia abajo. Hay un tema de clase también. La mayoría de las mujeres que hoy día lideran los movimientos más grandes son mujeres con muchos recursos, y el resto de las mujeres como yo, que a pesar de tener una profesión, seguimos siendo pobres. Entonces, no hay una buena relación ahí. No logramos todavía congeniar.
Es bastante difícil. No hay mucho acercamiento, porque siempre se nos ve en una situación de paternalismo/maternalismo, y siempre con una mirada como si fuéramos objetos. Siempre se nos mira como algo de estudio. Siempre se nos está interrogando. Entonces, eso no es cómodo, porque uno no las está interrogando a ellas. Nosotras cargamos con ser mujeres indígenas, pobres y campesinas. Para cierto grupo intelectual, es interesante y quieren estudiarnos. Seguimos siendo objeto.
Como mencionaba, el movimiento de mujeres ha jugado un rol importante en los últimos tiempos. En realidad, desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que en el último tiempo logra salir también a los medios de comunicación, y eso también tiene que ver con que nosotros estamos frente a un proceso constituyente que es paritario y, al mismo tiempo, con participación de mujeres. Somos 78 mujeres en un total de 155 constituyentes. Pero hubo discusión, ya que en un principio no estaban consideradas las mujeres, ni los pueblos originarios.
Pero por la demanda que hubo, llegamos a la Constituyente 17 representantes originarios y 78 mujeres, producto de mucho trabajo.
¿Qué representa para el pueblo chileno este proceso constituyente?
Es súper importante para todos, pero algo que juega en contra es el poco tiempo que tenemos. Solo un año para redactar la Constitución: nueve meses, prorrogables por única vez por tres meses. Entonces, el 4 de julio de este año deberíamos tener listo el texto constitucional, el proyecto y presentarlo al país. Y eso tiene muchas dificultades, y quizás va a servir de experiencia para los otros países que están levantando el proceso constituyente para que no pongan un tiempo tan limitado, porque es muy poco tiempo.
Nosotros estamos colapsados, y esto quita tiempo para la participación popular y participación de los pueblos indígenas. Nosotros igual estamos obligados a hacer procesos de consulta indígena y una consulta que, generalmente, se hace en ocho meses. Acá, lamentablemente, se ha tenido que hacer en menos de dos meses. Porque nosotros a mediados de marzo ya tenemos que tener todo el contenido en la Constitución.
Después viene una comisión de armonización, que va a armonizar, va a ver qué cosas se repiten, cómo va a quedar el texto final. Entonces, tenemos muy poco tiempo para trabajar bien.
En estos meses que han venido trabajando, ¿cómo fue el comportamiento del actual Gobierno?
Nosotros nos encontramos con un Gobierno que no nos coopera. Además, es la primera vez que se hace un proceso constituyente con la participación de personas elegidas democráticamente en Chile; por lo tanto, no había ninguna experiencia. Se tuvo que partir de cero.
Otro tema son los medios de comunicación, quienes también están cooptados por el poder económico. Se suman una serie de dificultades que hicieron que la información no pudiera llegar con facilidad a la gente. Pero, aun así, nos llegaron muchas iniciativas populares. Pero nosotros defendemos mucho la participación. Y aun así con el poco tiempo que tenemos, igual hemos intentado llegar a todos los sectores.
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Diseño, ilustración y redacción: Zoila Antonio Benito
Indagar en sus raíces fue suficiente para que la cantante peruana Andre tomara la decisión: pasar de la música clásica a la música fusión. Con un primer álbum en proceso, la intérprete conversó con La Antígona sobre su romance con el folclor peruano, el uso del quechua en sus canciones y por qué se considera una músico/exploradora.
Cuando la maestra de canto de Andre la acompañaba cada clase en su camino a alcanzar la excelencia dentro de la música clásica, no se imaginó que la intérprete soñaba despierta con una carrera en la música fusión. Y es que las presentaciones en imponentes teatros como el Carnegie Hall o el Liceo, su concluida carrera en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por sus siglas en inglés), la trayectoria de más de 8 años y el éxito que le auguraba ese género parecían indicar que Andre estaba hecha para la ópera. Pero su profesora sabía que no iba a poder detenerla y ella no se lo iba a perdonar si no lo intentaba, así que sacarse el clavo parecía ser la única opción.
Revisar su historia es reconocer que la fusión estuvo siempre presente en su vida. Durante la década de los 90, su padre locutaba en un programa de boleros y música romántica en Radio Unión, mientras en su casa reproducía a Celia Cruz, Calixto Leicea, Benny Moré, Carlos Argentino y la Sonora Matancera. Por otro lado, su madre, de orígenes norteños, fue su primer acercamiento a los valses, zamacuecas y la música criolla. Y mientras una de sus hermanas estaba afanada con el grunge, rock noventero y el pop, la otra se inclinaba hacia las melodías asiáticas.
Pero fue cuando un día vio en la televisión el concierto de Los Tres Tenores (Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras), que las posibilidades en su mente se multiplicaron. “Hay algo que no se está escuchando en mi casa. ¿Qué es esto? Quiero oír más”, pensó en ese momento. Si bien no pudo explorar el mundo de la música clásica durante su vida escolar, era un hecho que lo haría en la posteridad.
A los 14 años, formó parte de un elenco de teatro junto a otros estudiantes del ICPNA, y cuando les tocó presentar la obra musical Grease, convocaron a la maestra de canto Rosa Echevarría, quien a punta de ejercicio físico y entrenamiento riguroso supo sacar lo mejor de Andre. Pero Rosa resultó ser también directora del coro de la Universidad Nacional de Ingeniería, a donde introdujo a la joven cantante.
Andre pasó luego al Conservatorio Nacional de Música (ahora Universidad Nacional de Música) y fue parte de la segunda promoción ingresante a la carrera de Música en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Durante esos años conoció al productor y sonidista Rafael de la Lama, quien la convocó para el Proyecto de la Lama, cuyo concepto era de rock sinfónico lírico. Con esta agrupación no solo grabó un disco, titulado Vi una Estrella Venir, sino que llegaron a abrir el concierto de Evanescence en Lima, allá por el 2012.
No obstante, Andre tenía hambre de más. Fue por ello que, en un acto que califica como “de locura”, audicionó a la Escuela Juilliard, donde la admitieron e incluso estudió becada. Y tras cumplir un año, finalmente, se trasladó a la Universidad de la Ciudad de Nueva York, que le atrajo particularmente por su programa de ópera. En el 2016, complementó sus estudios con clases en técnica vocal clásica en el Conservatorio del Liceo, en Barcelona, donde ahora radica.
El otro despertar
Su reencuentro con sus raíces estuvo siempre más cerca de lo que ella podía imaginar. Como parte de sus estudios profesionales, llevó un curso de Música Peruana dictado por Rafael Santa Cruz, quien como trabajo final les asignó investigar sobre las expresiones musicales en distintas regiones del país. A ella le tocó la sierra, así que entre caminatas y viajes en la ‘Chama’ recorrió distintos puestos de música folclórica a lo largo y ancho de la capital.
“Yo estaba feliz yendo de un lado para el otro. Terminé recopilando en una tabla de excel de 20 o 30 hojas datos sobre canciones, los discos a los que corresponden y sus intérpretes”, cuenta emocionada. Su curiosidad ya había sido estimulada, y bastó la retroalimentación positiva que le dio su maestro para que decida seguir indagando. “Quería saber más, por qué suena así, por qué el sombrero de las personas que tocan chinlili, del subgénero de Pumpin en Sarhua, Ayacucho tienen una flor adelante y otra atrás. El porqué de nuestras tradiciones”, precisa.
En el 2019 Andre volvió a Ayacucho a resolver sus dudas, y la pasión que le despertaba la música peruana fue más grande que cualquiera de sus miedos. No fue una decisión fácil, admite, irse de un género en el que ya tenía terreno ganado a otro en el que no sabía si le iría bien. Había cantado con sinfónicas en Estados Unidos, Canadá, España. “Me encantan las partituras, me duermo solfeando. Me apasiona encontrar en la ópera historias de pasión, coraje, envidia, celos, amor litúrgico. Aún me gusta ir y en el intermezzo conversar con mis amigas sobre qué nos ha parecido la aria”, comenta entusiasmada.
Pero haber explorado el mundo le había generado aún más ideas locas y ganas de ponerlas en práctica fuera de la música clásica. “No voy a ser más joven de lo que soy ahora, me lo debo a mí misma”, pensó cuando, a pesar de la incertidumbre sobre el futuro, decidió finalmente empezar su proyecto en la música fusión. Así como muchos otros artistas y creadores, la pandemia le puso las cosas en perspectiva y se atrevió a concretar lo que solo había imaginado antes.
Vientos de cambio
La transición musical impactó incluso en su forma de hablar. “Yo venía del clásico y las sopranos hablamos “bostezadito” y tuve que acostumbrarme a la fuerza a hacerlo con voz de garganta y de pecho”, explica. Pero así como había muchas cosas por adaptar, había otras también que le sirvieron de base para no empezar de cero, como la memoria muscular que tiene su cuerpo y la consiguiente técnica vocal que ya había aprendido y puesto en práctica.
Su clara dicción, que en la música clásica permitía que se le entienda aún cuando cantaba las notas más agudas, es un legado también útil en la actualidad. Asimismo, su vasto conocimiento del lenguaje musical le permite hoy por hoy hacer arreglos de instrumentos varios como trombones e incluso cuartetos de violines. Pero la responsabilidad que como músico clásica desarrolló es quizá la enseñanza más importante que adquirió.
“Para ella una limonadita” es una frase ya común en sus reuniones de amigas. No tomar alcohol para evitar inflamar sus cuerdas vocales, dejar de ingerir comida chatarra, usar mascarilla (incluso antes de pandemia) durante cambios de clima o al pasar cerca de árboles que expulsen polen, quedarse máximo una hora las raras veces que va a discotecas y regular el uso de audífonos son solo algunos de los cuidados que toma con su voz. Además, actitudes como el buen compañerismo y ser puntual han sido claves durante toda su trayectoria. Finalmente, ser músico es un estilo de vida.
Todos vuelven
En mayo del 2020 Andre trabajó en conjunto con Kayfex, Jorge Flores y Wari Willka en la traducción, para lanzar Tukuy Tuta, una versión reimaginada de la canción ‘All Night’ de Beyoncé con partes de la letra en quechua. Este tema resultó ser una continuación artística del proceso que empezó hace 11 años en Estados Unidos. Andre tuvo que experimentar lo que cualquier peruano siente lejos de casa para empezar a indagar en sus raíces con efervescencia. Fue así que a los 19 años, tras mudarse sola a otro país, llegó al Colectivo Quechua de Nueva York.
Aparte de aprender un poco del idioma de la mano de la directora Elva Ambía, Andre pudo rodearse de otros compatriotas en su misma situación y participar de los eventos culturales organizados por la organización, y la Embajada, como los Raymis. Aparte de eso, reconoció que el motivo por el que sus abuelos de Áncash y Huancavelica no transmitieron su idioma nativo a su padre fue la discriminación que aquello les hubiese supuesto.
“Es importante para mí usar este idioma en mi música porque de alguna manera es también tener presente a mis ancestros. Así que con el quechua este romance no ha acabado”, manifesta determinada. Y es imposible no creerle cuando se evidencia en su entusiasmo la pasión que siente por nuestras tradiciones y nuestra música. Al respecto, la cantante explica que no ha encontrado en ningún otro género lo que ha oído en nuestro folclor.
“La música peruana te transmite un sentimiento desde el estilo de canto, como el lamento en el harawi, que a la vez te cuenta una actividad tradicional de la comunidad. Y al mismo tiempo expresa una conexión espiritual con elementos naturales. Es como un círculo en el que una cosa está conectada a otra y la primera no podría estar despegada de la última. No solo me cuenta algo, sino que intenta transmitirme un mensaje. Y eso hacen las grandes canciones. Básicamente me cantan un poema”, concluye.
El proyecto de Andre recién ha empezado. Su constante intento de retarse la lleva a no conformarse con lo mucho que ya ha logrado, sino pensar en todo aquello que podría conseguir. Susana Baca, Renata Flores y Cecilia Barraza están entre sus colaboraciones soñadas, pero le cuesta escoger debido a la admiración que siente por todos los artistas de la escena peruana y latinoamericana.
Además de distintos proyectos musicales con compañeros como Erkki Nylund y el percusionista peruano Mario Cubillas, con quienes el año pasado grabó un cover de Cardo o Ceniza, Andre está trabajando en la producción de su primer álbum, que se gestó en Ayacucho. Por ahora, adelanta, sus seguidores tendrán una sorpresa de su parte este año.
Y quién sabe, quizá en el futuro pueda volcar en una publicación la investigación sobre la música peruana que durante estos años ha realizado. “Me gustaría aliarme con otros colegas investigadores. Ese es uno de mis objetivos como artista, porque yo siento que soy una músico/exploradora. Ojalá podamos poner esa información al servicio de la comunidad”, finaliza.
Siobhan Guerrero, mujer trans, filósofa y defensora de Derechos Humanos, reflexiona sobre lo que según la sociedad implica ser mujer y la presión que sienten las mujeres trans para validar su identidad y cumplir con los estereotipos socialmente aceptados.
-“¿Qué es ser mujer para mí? Esta pregunta me la han hecho muchísimo. Y no sólo a mí. De alguna forma esta pregunta está en el centro del debate en torno a lo trans. ¿y en qué sentido es que eres mujer? Bueno, es que así me vivo.”
Ser mujer trans en espacios educativos
Siobhan Guerrero estudió la licenciatura en Biología en la Facultad de Ciencias, así como la maestría y el doctorado en Filosofía de la Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se desempeña como investigadora [AMVGS2] en el Centro de Investigaciones interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de esta Universidad y es autora del libro “¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la Homosexualidad”.
Su interés por la Biología se dio por su deseo de escribir literatura de ciencia ficción- que aún no ha hecho-y en la Filosofía a través de la epistemología feminista porque fue donde encontró su vocación. El miércoles pasado, antes de la entrevista, Siobhan estaba frente a su computadora, preparándose para comenzar su primera clase virtual sobre un tema que lesapasiona y une sus especialidades.
–“No estamos pensando en militarización y mujeres desde los Derechos Humanos y los Derechos Ecológicos” dice Siobhan como presentación a su grupo del módulo Feminismos y subalternidades en el Antropoceno que impartirá en el seminario “Modelos para Des-armar” del Instituto de Liderazgo de Simone de Beauvoir (ILSB)
Lleva casi 16 años impartiendo clases a nivel superior y cuenta que en 2017 cuando comenzó su transición, las alumnas y los alumnos creían que se trataba de una novatada al verla llegar con falda y tacones. Después de decirles que es una mujer trans, se mostraron con empatía y respeto a su identidad.
Pero, dentro de este proceso existían personas de su alrededor que cuestionaban por qué a sus 36 años había decidido comenzar este cambio si ya contaba con una carrera profesional reconocida y no tenía la “necesidad de hacerlo”. Así fue como llegó al feminismo, porque existía en un mundo que le exigía justificar su existencia como mujer trans.
-“Por casi diez años estuvo rondando en mi cabeza este deseo. Imaginaba mi cuerpo, me imaginaba incluso pensándome. Y eso no dejó de pasar hasta que empecé a vivirlo. Además, para mí las mujeres siempre han sido algo que he asociado a figuras con fuerza y contundencia para salir adelante, nunca dentro del estereotipo de la feminidad”.
Siobhan dando una conferencia sobre protección de derechos de las mujeres. FOTO: Suprema Corte de Justicia de la Nación
La identidad trans y su lado oscuro
Aunque dentro de su labor como académica y activista trans también ha tenido que enfrentarse a la exigencia social [AMVGS3] de que les eduque en teoría crítica de género pensando que las mujeres trans deben ser expertas en el tema. O en situaciones más violentas cuando le han pedido “críticamente” que no ocupe cierta vestimenta, se deje el cabello largo o use maquillaje porque promueve los estereotipos de género. A esto, ella siempre responde que la transición es como una segunda adolescencia y apenas lleva cinco años de redefinirse
En los primeros intentos de cambio, después de darse cuenta de que se encontraba en una posición de vida que no era la que ella ocupaba, tuvo un acercamiento con el Drag Queen. Hacer Drag es jugar con el género y desdibujar sus límites. A pesar de la popularidad de este arte en México, han existido debates sobre la misoginia, racismo, transfobia y falta de empática por parte de algunas, algunos y algunes Drags.
A pesar de que fue una de sus etapas que disfruto porque pudo conectar con su parte femenina sin prejuicios encontró otras formas de celebrar la diversidad como en la academia donde al principio sentía que se estaba alejando de las realidades de las personas trans sentada en su escritorio en un centro de investigaciones, pero que se ha convertido en su herramienta de incidencia ante una sociedad que es cada vez más intolerante con las otredades.
Siobhan con sus alumnas hondeando bandera trans. FOTO en : Saberes de Intercambio.
Resiliencia ante lo desconocido
Con su voz serena e hipnotizante cuando comienza a hablar de los temas que le apasionan, pasan las siguientes dos horas tratando de explicar a sus alumnas qué es el Antropoceno y cómo relacionarlo en la teoría feminista. Sus oyentes no dejan de hacerle preguntas. Ella se ríe pensando en que le costará dejar de ser tan teórica para que le entiendan. También ha comentado que no quiere acostumbrarse a la virtualidad y que todavía le cuesta separar sus horarios de descanso y trabajo.
A mediados de diciembre 2021, subió un video de YouTube titulado “El último y nos vamos” a su canal personas llamado “Siobhan Guerrero Mc Manus” en el que tiene 7,480 suscriptores. En dicho video mencionaba que debía poner una pausa a este espacio etnográfico por el aumento de hostilidad [AMVGS4] que estaban viviendo las mujeres trans. Sin entender porque aun cuando la población trans representa sólo el 0.3 por ciento según la Secretaria de Salud, su existencia generaba un violento rechazo.
Para poder sobrellevar estas coyunturas que traen consigo su identidad, ha encontrado refugio en el Budismo: “Llevo 21 años ya de esta práctica budista que la entiendo como una relación ética hacia las alteridades más que como una relación con una deidad. Por eso, desde lo espiritual intento resistir las emociones que de alguna manera te pueden llevar a canalizar los sentimientos negativos y aunque no siempre es posible, al menos lo pongo en práctica alejándome de las relaciones afectivas que pueden lastimarme.”
Desde la tranquilidad de una persona que disfruta su trabajo, pasar el día con su pareja, también una mujer trans, sus dos perrijos Poodle, como les llama, llenar el espacio que habita con su madre de ropa y libros, y verse como se imaginaba en la infancia de articular sus pensamientos desde el vivirse como una mujer, o lo que para ella siempre ha sido una mujer desde el reflejo de su madre, abuelas y bisabuelas que le han dado la fortaleza de vivir, así como ella, somo Siobhan.
El feminismo continúa en una importante lucha. Si bien en algunos aspectos el movimiento sociopolítico ha podido abrirse y asentarse en espacios esenciales para la reconstrucción de una sociedad más crítica y reflexiva ante un sistema heteropatriarcal/androcéntrico, aún no podemos decir que estamos cerca del objetivo, recalcando lo importante, que es seguir en esta transformación dentro de las diferentes dimensiones de la sociedad.
En el contexto Latinoamericano, son varios los países que han logrado importantes avances, tanto en materia legal/normativa (por ejemplo: Ecuador), como en lo social/cultural con la implementación de la perspectiva de género en los diferentes ejes sociales, contando con la importante participación de los grupos y colectivos feministas. Pero, ¿cuál es el contexto boliviano?
En Bolivia, la situación se vuelve más complicada, pues aparte de que la lucha por cambiar la estructura machista-patriarcal toma protagonismo directamente desde las manos de los colectivos, organizaciones independientes y mujeres feministas; los sistemas del gobierno parecen beneficiar a feminicidas, violadores, etc. Tomando como ejemplo el último caso que conmocionó al país, el de Richard Choque Flores, violador y feminicida serial, al que la justicia boliviana favoreció, y al que los medios de comunicación llamaron “Psicópata sexual”, término que fue analizado y corregido por la Red de Periodismo Feminista de Bolivia, tomando en cuenta el importante rol que cumplen los medios de comunicación dentro de la lucha feminista.
La Red de Periodismo Feminista de Bolivia es una organización independiente formada por un grupo de periodistas, quienes al estar conscientes del importante rol de los medios de comunicación como agentes sociales, crean un espacio para la reflexión y crítica en la cobertura periodística. Esta es la primera red de periodismo con perspectiva de género en Bolivia. La Antígona habló con una de sus fundadoras, Carolina Méndez Valencia, quien nos cuenta más sobre este proyecto.
¿Cómo empieza la gestación y posterior materialización de este proyecto?
La Red de Periodismo Feministaes una iniciativa nueva, que surgió inicialmente de dos periodistas amigas: María Silvia Trigo y mi persona Carolina Méndez, que nos sentamos a pensar qué podíamos hacer para aportar o para generar algún tipo de análisis dentro de las redacciones o con las colegas periodistas.
Ninguna de nosotras antes participó en ninguna red de este tipo, ni de ningún otro; entonces, no sabíamos bien lo que teníamos que hacer. Lo que hicimos fue sentarnos a pensar cómo, qué cosas podrían ayudar. Ayudarnos a reflexionar. No es que nosotras íbamos a ayudar en una redacción, sino que íbamos a propiciar un espacio de reflexión colectivo para recoger ideas de todas. Ese es, en realidad, el objetivo de la red. Nosotros no enseñamos cómo hacer a nadie, no somos profesoras, ni queremos serlo: lo que hacemos es simplemente habilitar un espacio de conversación y de reflexión.
Entonces, a raíz de eso, conversamos con otras colegas y conformamos un núcleo para programar las actividades y organizarnos. Primero, éramos cinco; ahora, somos tres. Además de María Silvia Trigo está Esther Mamani, ella también integra el núcleo y entre las tres estamos ahora llevando adelante la red. Teníamos una compañera más, quien finalmente ha decidido hacer una pausa y hay otra compañera que definitivamente no puede, porque demanda mucho tiempo. Pero somos tres personas las que estamos remando el proyecto para que salga adelante.
Entonces, se trata de realizar un análisis en los productos de los medios masivos de comunicación, ¿tienen una metodología para realizar este tipo de análisis?
Nosotras somos periodistas que venimos de medios tradicionales; o sea, hemos trabajado en medios tradicionales y conocemos un poco del trabajo desde adentro. Entonces, nuestra idea era sentarnos a conversar con colegas que trabajan en estos espacios; o sea, en redacciones habituales de los medios, casi todos grandes para pensar cómo, qué cosa y también qué cosas están bien, qué cosas están mal, qué cosas podemos mejorar y para generar ideas.
Entonces, el objetivo es encontrarnos una vez al mes. Tenemos un encuentro mensual con una red de periodistas aliadas que no son las que organizan, pero sí participan de los encuentros y analizamos en este encuentro algún producto periodístico de nuestro trabajo; o sea, de alguna cobertura de algún periódico, o alguna nota de prensa, o alguna nota televisiva. O algún reportaje radial. La idea es ir variando los formatos para poder ampliar el análisis. Básicamente, nos preguntamos: “¿Cómo podemos hacerlo mejor?”, “¿qué está bien?”, “¿qué está mal?”, “¿cuál es el acierto?”, “¿cuál es el error?”. Y a partir de allí, pensar cómo pudo haber sido mejor este trabajo. Lo que hacemos es sistematizar todas las ideas que salen del encuentro y hacemos un documento.
Primero, explicamos qué fue lo que hicimos. En tal fecha, hicimos el análisis de una nota periodística que trató sobre este tema. No damos mayores detalles porque no nos interesa ni atacar a nadie, a ningún medio, a ningún periodista. Simplemente es un ejercicio para poder reflexionar, entonces decimos: “Hicimos un análisis sobre, por ejemplo, una nota que cubrió el primer caso de feminicidio en Bolivia; entonces, a partir de allí, ¿qué reflexiones sacamos?” y lo vamos a puntualizando. Por ejemplo, la nota utilizaba el término “crimen pasional”, este término es errado, porque de alguna forma romantiza el hecho y no delata cuál es el problema, que es un problema estructural que existe dentro de la sociedad.
De esta forma, puntualizamos todos los comentarios que se generan y compartimos este documento con las personas que participan de la red. La idea es que ellas compartan con sus demás colegas; es decir, que lo socialicen, que lo lean, que lo envíen, lo compartan. La idea es cómo poner una semilla, que a partir de allí se generen más reflexiones o debates internos. Quizás a alguien le puede servir, alguien que no está formando parte de la red, pero que le llegue este documento y le puede resultar útil, porque son cosas muy concretas. No hablamos de teorías, no damos mucha vuelta, sino que, puntualmente, decimos: este término es preferible a este otro, como sugerencia.
Se están articulando varios medios de comunicación a este proyecto ¿Podríamos mencionar con qué medios se están colaborando y la importancia de articularlos?
Periodistas de diferentes lugares del país, eso para nosotros es importante. No hemos logrado todavía todos los departamentos, pero sí tenemos colegas de Cochabamba, colegas de La Paz, colegas desde Tarija, colegas de Santa Cruz, y eso nos gusta mucho. Y aunque podamos conversar desde diferentes espacios de Bolivia con respecto a los medios, porque tenemos periódicos, medios televisivos y tenemos también portales digitales; o sea, integrantes de portales digitales. No hemos logrado todavía recuperar toda la cantidad de medios que quisiéramos, y seguimos intentándolo. Sabemos que es muy complicado siempre dedicar espacios en las agendas de los periodistas, porque por lo general se trabaja demasiado, los horarios son muy complicados, los fines de semana están de turno; entonces, entendemos esta dificultad, pero de todas formas la invitación es como para que la red siga creciendo y siga sumando más periodistas según se fortalezca.
¿Esto es lo que se quisiera lograr en un futuro con esta red? ¿Articular más medios? ¿ O qué se quiere lograr en un futuro?
La verdad es que nosotras queremos incidir en el trabajo, eso es lo que queremos lograr. Reflexionar y, a partir de allí, generar algún tipo de impacto dentro del trabajo cotidiano. No sabemos muy bien cuál es nuestro objetivo de aquí a un año, no lo hemos pensado. Por ahora, estamos comprometidas con estas reuniones de frecuencia mensual. Por ejemplo, tuvimos una reunión interna, conversamos sobre el próximo encuentro y hemos decidido que en vez de tener una reflexión como la que tuvimos la semana pasada, que digamos es el formato habitual de nuestra red, vamos a tener temas de capacitación. Invitar a una experta que nos cuente sobre algún tema específico. También un poco esa es la idea: de crear espacios de reflexión, pero también compartir capacitaciones, invitando, propiciando espacios con expertos para que nos den elementos, para que nos den herramientas, para que nuestros análisis sean cada vez más completos. Eso es lo que queremos, no generamos ingresos, no somos muchas, y es un trabajo que por supuesto demanda tiempo. (…) Es demandante, no sabemos cuánto lo vamos a sostener, pero tenemos mucha convicción con lo que estamos haciendo, porque disfrutamos mucho de escuchar a los colegas y aprendemos mucho.
Entonces, vamos a tratar de sostenerlo lo más que se pueda, no sabemos cuánto, no sabemos qué deparará de aquí a un par de meses, al menos este año vamos a seguir con los encuentros y la idea es abrir estos espacios de encuentro, propiciar capacitaciones formar parte entre nosotras de capacitaciones, y también estar conectadas como periodistas, por si necesitamos algo. Creo que es importante también esto del trabajo colaborativo, porque más allá de las competencias que existen siempre entre los medios, por el rating, la primicia y por todo. El trabajo periodístico colaborativo es muy beneficioso; entonces, también es la idea de esto, cómo hacerlo, escucharlo, aprender de la otra y seguir construyendo.
¿Cómo determinarían desde la red la importancia de estos espacios, mucho más en el contexto actual boliviano? ¿Y cómo ven el trabajo de los medios en relación al aspecto de la perspectiva de género?
Bueno, me parecen importantes estos espacios, y todos los espacios que sirvan para reflexionar, para capacitarnos y para, de alguna forma, desnaturalizar lo que se ha naturalizado con el sistema en el que estamos. Hemos aprendido a hacer las cosas muchas veces sin cuestionarlas ni procesarlas sin cuestionarlas, como que hemos naturalizado la violencia, hemos naturalizado muchas acciones que en realidad deberíamos cuestionarnos.
Creo que todos los espacios que propician la reflexión son muy necesarios y es todo lo que nosotros queremos de alguna forma brindar, pero por supuesto no somos el único espacio. Seguramente, hay un montón de iniciativas también. Y con respecto a los medios, respetamos muchísimo el trabajo los medios, somos periodistas que venimos de los medios, entonces conocemos el trabajo intenso, el trabajo comprometido y por eso también creemos que nuestro rol como coordinadora dentro de este espacio no es atacar a los medios, ni a ningún medio, ni ningún periodista, sino todo lo contrario como darles herramientas o elementos que puedan serles útiles para mejorar, para que todos crezcamos como periodistas. Nosotros queremos y creemos en un mejor periodismo. Creemos que el camino es reflexionando y pensando qué puedo hacer y, por eso, no hablamos de forma genérica, sino que hablamos de análisis puntual. Es la idea de dar herramientas bien concretas para que se hagan los cambios y las mejoras de manera oportuna y de manera evidente.
Tomamos el feminismo como un movimiento sociopolítico interseccional. ¿Cómo se trabajaría con otros sectores desde la red?
La verdad es que nuestra idea no es solamente hablar de, por ejemplo, feminicidio, sino cómo ver el trabajo en general y notar cómo se evidencia de alguna forma el patriarcado. Cualquier tipo de nota puede tener un discurso de género; incluso las de economía, las notas de política, de lo que sea son analizables a todo. Creemos que también es eso lo que queremos sacar un poco del área policial, del sistema de la violencia y entenderlo como algo que tiene que ver con todo. Porque no solamente se trata de violencia física, sino también otros tipos de violencia, incluso el hecho de la utilización de ciertas palabras, el uso de fuentes… Muchas notas tienen solamente como expertos o como fuente a voces masculinas. Creemos que el análisis horizontal e integral va a permitir que nuestro trabajo sea mucho mejor.