¿Yo perreo sola?: reggaetón, twerk y feminismos

¿Yo perreo sola?: reggaetón, twerk y feminismos

Por Zoila Antonio Benito y Arleth García

Ivy Queen, Natti Natasha, Karol G y Becky G. Foto: La República Perú

A raíz de la conversación que tuvimos con especialistas de reggaetón y twerk, que la puedes ver aquí, compartimos algunas de las perspectivas más resaltantes sobre los orígenes de este género musical, el porqué se dice que hay cierta apropiación cultural por algunos artistas y su vinculación (o no) con el feminismo.  

¿Qué es el reggaetón? Es la pregunta que desde La Antígona nos hemos hecho en el conversatorio Yo perreo sola: reggaetón, twerk y feminismos. Con Loraine Rosado, integrante del colectivo Hasta ‘Bajo proyect; Katelina ‘Gata’ Eccleston, historiadora de reggaetón y fundadora de Reggaetón con la Gata; María Alejandra Carrillo, magíster en Musicología y Mery Queen, integrante de Zorroras Twerk, responderemos esta y más dudas. 

Los orígenes del reggaetón

“El reggaeton es amor. Es resistencia”, señala ‘Gata’ Eccleston. “El reggaeton nació en parte de Panamá y Puerto Rico, en medio de resistencias contra la policía y su brutalidad. Tiene una historia que viene del reggae que nació en Jamaica, los afroantillanos migraron hacia Panamá para trabajar en el canal. Con ello, trajeron sus esfuerzos y ánimos para salir adelante y su cultura, como la comida y la música. Esta música nació en los barrios porque necesitaban un medio de resistencia desde el reggae y el dancehall para reclamar su espacio”, recalca. 

Loraine añade tres factores importantes dentro de este género: “Es cultura, memoria y conexión. Es cultura porque nace de personas de sectores marginados, que necesitaban hacerse sentir y escuchar. Memoria porque representas tu experiencia de vida a través de la música, recoge la experiencia de vida de estos sectores. Y es conexión porque hay unión del caribe, la afrodescendencia, la diáspora en USA: cada país se va uniendo y va creando una explosión brutal”, refiere. Por su parte, Mery Queen asegura que ahora prefiere escuchar reggaetón feminista. “Pero antes el reggaeton era para mí fiesta, amigos, amigas, chicos, chicas, parejas, calle. Es muy lindo”, indica. 

“Hay muchas mujeres que hemos podido hacer propio el discurso del reggaetón”, comenta María Alejandra. Foto: 24 horas

Para aquellas personas que no terminan de conectar con este género, ‘Gata’ les tiene un mensaje. “Le diría que quizá no fue creado para ti. Nosotros no lo tenemos en mente. Ahora esta música se ha vuelto mundial y eso es lindísimo. Hay mujeres que también rechazan eso porque para ellas es demasiado vulgar, cada quién tiene su gusto y eso también se puede respetar”, afirma. Asimismo, para las panelistas no es imposible asociar al reggaetón con la mujer y con los feminismos que pueden manifestarse en representantes o canciones. 

“Hemos pasado de personajes como Ivy Queen a otras cantantes que tal vez representan a mujeres más heteronormadas, más modelos, como Karol G, pero al mismo tiempo también tenemos nuevos ejemplos como Miss Nina de Argentina y que, por ejemplo, sus letras son mucho más explícitas. El reggaetón sigue siendo asociado como vulgar, que cosifica a la mujer, pero hay muchas mujeres que hemos podido hacer propio ese discurso a través de la corporalidad bailándolo, porque me siento dueña de mi cuerpo y me sé las letras, bailo y canto a la vez y eso no me define como ser humano. Es un lado de mí que se expresa en ese momento”, asevera María Alejandra. 

Reggaetón y apropiación cultural 

‘Gata’ nos comenta su experiencia. “El otro día entrevisté a J Balvin, él dice ‘La música es para todos’. Es verdad que la música es para todos, pero la manera que funciona esta industria no siempre da accesibilidad u oportunidades a los que vienen de los barrios en los que esta música se desarrolló. Me encantaría saber cuál es el acento de alguien de Argentina, Chile o Perú. Pero estamos asociando el reggaeton y el éxito de reggaeton con lo boricua. Ahí hay mucho daño y falta de dignidad y respeto, porque se asocia como un disfraz como un ‘tienes que comportarte de tal manera para pegar en este mercado’”, asegura. 

Loraine sigue lo dicho por la ‘Gata’: “Pienso en artistas como Rosalía, inclusive Naty Peluso o Karol G que a veces es un poco problemático precisamente por esta cuestión de la apropiación de algunas de las estéticas. Pienso en “Bichota”. Me encanta porque me relaciono rápido con Puerto Rico, pero Karol G no es puertorriqueña”, indica. Es importante también considerar y pensar en la industria que hay detrás, llámese mánagers, equipo de imagen y más, que ejercen presión en las artistas. Ellas no son víctimas ni tampoco tienen toda la culpa. 

Por su parte, María Alejandra dice: “Cuando Rosalía canta ‘El dembow lo canto con hondura’ y todo esa introducción que ella hace en esa primera parte de ‘Con altura’, está mezclando cosas que quiere hablar desde una realidad latinoamericana en vez de hacer un reggaetón desde su propia realidad, que es igual de válido. Ahí está el punto de quiebre: quién lo compone, desde qué realidad va a hablar y con qué se quiere apropiar o no”, afirma. 

Loralaine secunda: “Hay quien piensa que Rosalía ya está haciendo reggaeton feminista, pues okay, pero es lo mismo que pasaba con las corrientes feministas que están fuera de la música. Las feministas de Europa tienen una forma de luchar, pero el feminismo en Latinoamérica es distinto. Las feministas de allá no se pueden identificar con las luchas que hay acá”, avala. 

Reggaetón y feminismos

¿Se podrá asociar estos dos términos? Loraine comenta: “Sabemos que el reggaetón también repite la cosificación extrema, la sexualización extrema, pero eso no es algo que produce en sí mismo el retorno del reguetón, sino es la sociedad y cultura en la que vivimos. Si no hubiese existido reggaetón, ¿hubiese existido tal vez otro género musical que iba a estar replicando las mismas cosas de otra forma?”, se cuestiona. 

La ‘Gata’ asegura que sí hay reggaetón feminista. “A mí la que siempre se me borra en la trayectoria del reggaetón es La Atrevida, “la primera dama del movimiento”. Ella hizo canciones diciendo “Sin plata no hay nada, papi sin plata, no hay amor” hablando de la autonomía de la mujer, la agencia de la mujer y el respeto de la mujer. En tanto, para Mery Queen es cuestión de “a quién escucho, por qué lo/la escucho y qué letras escucho”.

Video: YouTube

Por su parte, María Alejandra considera que el término ‘reggaetón feminista’ se debe tomar con cuidado. “Es una etiqueta y ya. En el contenido o producción podemos ver mucho más si es o no reggaetón feminista. Es un tema de cómo se define la artista en su momento y sus consumidores. Lo bacán es que el reggaetón no se ha agotado y siempre encuentra temáticas nuevas qué incluir y muchas veces esas vienen desde los márgenes, desde sus orígenes con temas políticos, raciales, ahí va a seguir creciendo”, opina.  

Asimismo, Loraine asegura que el reggaetón no es ni machista ni feminista. “Se está creando, pues hay una bola feminista dentro de reggaetón. Antes no estaba claro qué era reggaetón feminista, pero sí habían mujeres que tenían esas semillitas de lo que podía ser el reggaeton feminista. Un ejemplo, cuando Glory le contesta a Don Omar en la canción ‘Dale Don Dale’: ‘Dale papi, que estoy suelta como gabete’ eso no es más que validar y confirmar que sí, yo también estoy puesta para lo que tú quieras hacer. La mujer puede ser sexual, el reggaetón vino a dar ese empujoncito. No estoy diciendo que sea la salvación del feminismo, pero sí le ha dado un espacio a la mujer”, afirma.

Para María Alejandra, las mujeres juegan un rol súper importante en esta industria. “Está hecha para nosotras. Para vernos bailar, gozar en todos los sentidos tanto en el sexo como en el baile como en la casa, mientras lo escuchas, bailas o perreas”, señala. En el caso del twerking, baile donde, con las rodillas flexionadas, hacemos movimientos de cadera con el ritmo de la música, ella considera que se debe de dejar de pensar de forma despectiva de las mujeres que lo practican. “Son conceptos muy tradicionales donde hemos sido criados casi todos en Latinoamérica: o eres buena o mala, o eres santa o una mala mujer. No somos seres unidimensionales. Al final es un género musical más y hay para todo el mundo en el maravilloso mundo de la música. A la gente que no le gusta, debería dejar de arañarse”, comenta. 

Al momento de bailarlo, ya sea twerking o perreo, ‘Gata’ nos trae una premisa interesante: todo perreo es reggaetón, pero no todo reggaeton es perreo. “En algunos temas de reggaetón hay esa esencia de baile y en otras no me puedo imaginar moviendo las caderas, por el estilo más pop, como lo hacen en el verdadero perreo. Son dos géneros diferentes”, menciona. 

Las dinámicas de este género musical continúan expandiéndose, al tener como exponentes y temas principales a las poblaciones LGBTIQ+. “Por ejemplo con la canción “Cuerpa” de Ana Macho o Villano Antillano sí existe reggaeton feminista”, asegura Loraine. “Pensaba citar a DJ Lares, nos dice que el reggaeton se hace feminista en tanto que se hace un esfuerzo de consumirlo de maneras distintas. El consumo es el cómo se consume. Además, todo medio artístico tiene potencial y un historial de ser machista, pero también ha tenido la posibilidad de hacer algo distinto, entiendo que eso también se puede aplicar al perreo y al twerking”, concluye. 

María Alejandra finaliza con que el reggaetón será o no feminista con la decisión de quién lo escucha, cómo lo escucha y practica. “A medida de eso creo que tenemos que ir trazando, cuestionando y quitarnos la venda de los ojos de pensar que solo hay una verdad y asumir que escuchar reggaetón no es solo escuchar solo a mujeres, sino también a hombres y cuestionarnos cuáles son los límites de nuestros discursos y de nuestras prácticas, ya sea para deconstruirlas o para reflexionar al respecto. No hay un solo camino recto, sino que estamos en un constante revisar de nuestros actos. La música es también un espacio donde lo podemos hacer y donde podemos tener mucha agencia corporal, vocal y musicalmente”, termina. Mientras tanto, nosotras iremos a poner reggaetón nuevo y del old school en nuestra lista de reproducción.

Andrea Cruzado: “Escribo sobre feminidad porque es lo que conozco”

Andrea Cruzado: “Escribo sobre feminidad porque es lo que conozco”

Por Diandra García

Andrea Cruzado (Laredo, 1993) se mueve de una habitación a la otra, para estabilizar su conexión a internet. Aunque es la primera vez que la veo en simultáneo, la conozco de antes. Se trata de una de las escritoras contemporáneas de mi región –La Libertad– sobre la que más he oído. Me han hablado de su poesía; su segundo puesto en los Juegos Florales de la Universidad Nacional de Trujillo (UNT, 2011), su primer poemario (Materia, Paloma Ajena Editores, 2015), el segundo (Museum, Fondo UNT, 2018), su escritura nocturna en madrugadas con amigos… Me han hablado, digamos, de su voz particular. 

–¿Cosas buenas o cosas malas? –pregunta Andrea con interés. 

Evado la respuesta. Han sido buenas, por supuesto, pero prefiero escucharla a ella. Prefiero escuchar su voz particular.

–Vaya –sonríe ahora–. Pues, ¡qué te cuento!

Sobre la necesidad de escribir

La sintió alrededor de los once años. Andrea es sobrina de Tomás Ruíz Cruzado, poeta regional conocido por su editorial independiente Camión Editores. Él visitaba la casa de su sobrina con libros, que se convirtieron en el refugio de Andrea. Leía y escribía para hacer frente a un “cuadro familiar extraño”.

–La separación de mis papás fue lo mejor que pudo pasar entonces –asegura. Deja la palabra “violencia” escabullirse de sus labios, sin ahondar en el tema. No es esa la historia que tiene que contar.

No consideró compaginar sus textos iniciales hasta que se organizó un concurso literario en su colegio. El premio la sedujo: libros y papelería, el sueño de su infancia. Aquel poemario pequeño sería el comienzo de una obra que, años después, ganaría portadas, lomos y –cómo no– contraportadas.

Materia (2015) y Museum (2018). Poemarios de Andrea Cruzado.

Sobre la universidad y sus primeros libros

A los dieciséis, ya deseaba independizarse. Iba a ingresar a la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), por lo que consiguió trabajo en un café. Alquiló una habitación en el pasaje Santa Rosa.  Empezó a vivir y a moverse por su cuenta.

–Gorreaba comida de mi papá los fines de semana –admite con diversión.

Durante su etapa universitaria, participó en la organización de diferentes eventos culturales. Destacaría más incluso con Común y Corriente (2011), compilatorio que ganó el segundo lugar de los Juegos Florales de la UNT. Los poemas escritos allí datan de sus quince a sus diecinueve años.

–El lenguaje es… insidioso. Soy muy intimista. Hablo sobre costumbres familiares, religión, encuentros amorosos –comenta Andrea, distante y considerada de su yo de hace una década–. Termina con la parte de concepción. Estaba embarazada de mi primer hijo.

Andrea y Paulo, su hijo. Ambos graban el programa radial Libros ¿Para qué?

Paulo, el “conquistador” de su vientre –como lo llama en una dedicatoria–, es una presencia constante en El Animal es el Acto, que comprende una sección de Museum (2018), su poemario más reciente. La contraportada del ejemplar elogia el discurso femenino “no confrontacional” de la autora. Cuando la cuestiono acerca de esto, Andrea se muestra impávida.

Escribo sobre la feminidad porque es lo que conozco. Para algunos, será un tema feminista; para otros, no. Es la perspectiva de quien lo lee. Yo, en realidad, sí tengo confrontaciones. Intento desmitificar la maternidad, porque también cansa. No siempre se tienen palabras bonitas.

Sobre el Segundo Síntoma

Cuando Andrea viajó por turismo a Chachapoyas, decidió que era el espacio que quería para ver a sus hijos crecer. Se lo diría con frecuencia en adelante, ante cualquier vicisitud que se presentara. Eran sus decisiones. Con estas, ejercía una libertad tan auténtica como los versos en que se refugió de pequeña. 

Hoy, Andrea vive con sus dos hijos, Paulo y Laina, en el lugar que eligió. Paulo, heredero del ímpetu lector de su madre, la acompaña en el programa radial Libros ¿Para qué?, producido por la Municipalidad Provincial de Chachapoyas. Juntos, se preparan para la llegada de la próxima auténtica decisión de Andrea: Segundo Síntoma, su tercer poemario.

–El corazón (del poemario) es mi mundo interior, que está rodeado de poemas con temas sociales. Ha sido un proceso bonito: la redacción, la edición, la elección de la portada… Siento que me he involucrado totalmente.

De la mano con Paloma Ajena Editores, Andrea Cruzado publicará Segundo Síntoma en marzo de este año. Para la promoción del libro, regresará a Trujillo, ciudad que volverá a oír su voz particular.

Fuerza Extraña. Para Andrea, si su próximo poemario (Segundo Síntoma) fuera una canción, sería Força Estranha de Moreno Veloso. Esa, o Lo siento BB :/

Género neutro: El pequeño gran paso de Dylan Alejandro

Género neutro: El pequeño gran paso de Dylan Alejandro

Por Víctor Rivera

La identidad de este chico trans impulsó la creación de un espacio de baños de género neutro en la preparatoria donde estudió. Un cambio de paradigmas en una sociedad que necesita modificar sus patrones culturales para encaminarse a la inclusión y la tolerancia.

Una incomodidad, eso era. Una incomodidad. La necesidad manifiesta de acudir al sanitario. La incomodidad, otra vez. Los ojos ajenos y los señalamientos. La incomodidad de los otros. Dylan en el baño (¿equivocado?). Para él, el correcto. 

“Yo me cambié de ‘prepa’, porque adonde yo iba tenía precisamente problemas con lo del baño”.

Dylan Alejandro es un chico trans. Ahora recuerda el asunto del uso de los baños y cómo la Preparatoria 6 de la Universidad de Guadalajara instauró estos espacios para el uso de todxs. También hace mención de cómo llegó a esa escuela para terminar sus estudios de bachillerato, luego de que el colegio jesuita donde estudió los primeros ciclos fuese un problema constante que nacía de un acto común: ir al baño. 

De repente, ese ir al baño, esa necesidad se volvió un acto de supuesta rebeldía para algunos – algunas. La directora del plantel jesuita recibió la queja. Dylan actuó acorde a su identidad de género, a cómo se sentía. No por cómo lo veían. 

Recapitula y considera: “A veces, creo que no lo implementaron de forma adecuada, pero luego me pasó que había estudiantes que no se identificaban con el asunto del género, entonces sí les incomodaba el tema del baño”.

Parte del movimiento LGBTI+ considera a los baños de género neutro como un elemento que abona a solucionar el conflicto de rechazo para las personas trans. Este espacio no es solo un sitio exclusivo, sino que es un sanitario para personas. 

Ahora, Dylan Alejandro lo ve justamente así: “Los baños género neutro fueron un pretexto para impulsar a que otras personas descubrieran su identidad. Cuando fue todo el tema de la inauguración. yo tuve miedo porque no era muy abierto con el tema de mi identidad. Pero eso inspiró a que un chico me contactara. Él también es trans, y a partir de ahí se motivó a reconocerse”.

Actualmente, Dylan estudia la carrera de Enfermería. El traslado de su hogar al campus donde cursa sus estudios ronda las dos horas de trayecto. Vive en un municipio cercano a la ciudad de Guadalajara: El Salto. Es un lugar que se ha caracterizado por ser el espacio donde diversas empresas multinacionales se han instalado para emplear sus servicios. Cerca de allí, se localiza el aeropuerto de la ciudad. Son los escenarios que Dylan transita a diario para arribar a su actual escuela. 

Sobre sus antecedentes, relata que desde pequeño, cuando su familia le llamaba con el nombre que tuvo como mujer, era una etiqueta que sentía que no le pertenecía: “El sentimiento nació de cosas simples como los gustos que tenía. El interés por la ropa de hombre. Cuando me vi como hombre, fue cuando decidí que era la identidad a la que yo pertenecía”.

Con el antecedente del baño de género neutro de la preparatoria donde estudió, considera que esos pequeños elementos fortalecen la formación de los ciudadanos y las ciudadanas para apegarse a valores de respeto y tolerancia.

Opina que la niñez es un momento ideal para que se pueda hablar sobre la identidad de género, ya que es cuando se está en una constante búsqueda y es cuando se desarrolla la personalidad: “Es demasiado importante que desde ahí se implementen estos temas en la educación. Ese momento es cuando te vas identificando más, y también abona al respeto”.

Además, explica que esto sumaría a cambiar poco a poco los rasgos culturales que aún imperan en la sociedad hacia la diversidad de género. 

Afirma que hay procesos legales que en México se ha avanzado, como la cuestión del cambio de nombre u otros mecanismos como el de la expedición de actas de nacimiento para personas trans fuera del país, como el caso de Jacqueline, que el pasado mes de enero fue la primera mujer trans en recibir este documento viviendo en los Estados Unidos, pero hay otros como los culturales que son más lentos.

Según reportó Ojo Público en 2021, la crisis económica durante la pandemia precarizó más a personas trans en México, ya que existe falta de oportunidades laborales y de atención médica debido a la ausencia de documentos oficiales. Esto se suma a las 145 agresiones que documentó la plataforma Visible entre 2020 y 2021. Es por eso que acciones como los baños de género neutro, o el llamado con el que se aborde la diversidad dentro de los procesos de educación básica, son elementales para modificar los patrones culturales que pueden condicionar los derechos de las personas LGBTI+. 

Estefanía Telis: “Me dedico a escuchar, entender a las personas y luego buscar soluciones digitales que les ayuden a lograr sus objetivos”

Estefanía Telis: “Me dedico a escuchar, entender a las personas y luego buscar soluciones digitales que les ayuden a lograr sus objetivos”

Por Ana Pieters

El factor pandemia ha influido en todos los aspectos de nuestras vidas y cambió la forma en la que nos desenvolvíamos. Si bien es cierto que algunas entrevistas ya se realizaban de manera remota, en caso de que la persona se encontrara quizás en otro país o ciudad; ahora, al estar a escasa distancia, también es necesario utilizar esta modalidad. 

Familiarizarnos con las distintas aplicaciones que nos permiten realizar videollamadas es cada vez más fácil, pero seguro nunca te preguntaste: “¿Quién diseña estas plataformas para que la experiencia sea sencilla?”.

Desde diseño de aplicaciones para celulares, pasando por páginas webs, hasta pantallas de cajeros de banco, cada uno de ellos cuenta con diseñadores de experiencia de usuario que buscan simplificarte la vida. 

En esta ocasión, La Antígona habló con Estefanía Telis, diseñadora de experiencia de usuario, venezolana migrante que con mucha incertidumbre y grandes sueños llegó hace algunos años a Perú. 

Cuéntame un poco de ti, ¿de dónde vienes y hacia dónde consideras que vas? Porque a ti no puedo Googlearte aún… Seguro en poco tiempo ya aparecerás.

Soy Estefanía Telis, una venezolana apasionada por la tecnología y que trabaja como diseñadora de experiencia de usuario. Anteriormente, en Venezuela estudié cuatro años de medicina, pero tuve que dejar la carrera porque la situación se estaba poniendo difícil. Y, bueno, todo el mundo me decía que no lo hiciera, que solo me faltaba un año, que estaba loca, pero en ese momento necesitaba dinero y comencé con el marketing digital que era algo que me gustaba y sabía mucho del tema. Por algunos años, me fue muy bien, pero la situación de Venezuela se complicaba cada vez más y fue cuando decidí venirme a Perú. 

Al principio, como todos, comencé trabajando en Wilson, diseñando banners en una imprenta, era horrible porque trabajaba 12 horas al día 6 días a la semana y resultaba extenuante. Luego, un día, vi que hablaban sobre Laboratoria y me puse a investigar sobre su bootcamp, un programa que enseña a mujeres habilidades para conseguir su primer trabajo en tecnología. Deseaba poder hacerlo, pero el reto era mantenerme los seis meses que duraba, porque no podía trabajar y estudiar al mismo tiempo, fue muy duro, pero lo logré con ayuda de personas que confiaron en mí, y aquí estamos. Luego de graduarme en Laboratoria, entré a trabajar en Scotiabank y actualmente estoy en Auna, una reconocida empresa del rubro de la salud en Perú y Colombia.

¿Por qué elegiste Perú en vez de, por ejemplo, Argentina o Chile?

Principalmente por las facilidades migratorias, porque a pesar de todo, el tema de los papeles no es tan difícil como en otros países. Además, está más cerca de Venezuela, así que yo pensaba: “Bueno, si algo sale mal, pues me regreso”. No tenía tanto dinero para el pasaje y coincidía con que ya estaba en Lima un familiar. Esos fueron los motivos principales. 

¿Cómo crees que ha influido todo este proceso en tu salud mental?

Ha influido mucho negativamente, porque no es fácil. Todo lo que implica el duelo migratorio es complicado, allá todo sigue igual y uno se desgasta. Yo sigo en terapia, porque cuando piensas: “Ya lo tengo, ya he logrado superarlo”, vuelves al punto de partida. No es nada fácil, pero se hace lo que se puede.

¿Qué crees que te ha brindado Perú que otro lugar no hubiese podido hacerlo?

La comida (risas). De verdad que el estándar de comida de aquí es muy alto. Perú tiene comida muy buena. Pero, además, también me dio la oportunidad de conocer Laboratoria y formarme en lo que me gusta. Estar trabajando en lo que me apasiona y conocer personas muy chéveres.

Ahora, ¿qué crees que aprendiste en Perú que en otro lugar no hubieses podido aprender?

Principalmente, empatizar con otras realidades y entender el porqué de las cosas. Saber que Perú tiene una sociedad que ha sido muy golpeada y maltratada por sus políticos. Detenerme a preguntar por qué piensan así, sin asumir lo que pasa.

¿Cómo llegas al bootcamp de Laboratoria y qué es lo que estudiaste allí? 

Bueno, yo estaba estudiando con cursos de una plataforma de educación online llamada Platzi y un día vi un vídeo donde hablaban de eso; entonces, me puse a ver más y acudí a una feria de Laboratoria y fue como: “Wow”. Me explicaron todo y básicamente es aprender en seis meses lo que se aprende en tres años. Son conceptos sólidos y un poco de cada cosa que necesitas. 

¿Sientes que siendo una persona afro, migrante, mujer y parte de la comunidad LGBTQI+ hay más prejuicios sobre ti, a diferencia de que solo pertenecieras a una sola de esas etiquetas?

Sí, pero he tenido la fortuna de estar en burbujas acá en Lima que quizás otros no. Por ejemplo, en Laboratoria, que se enfoca hacia el feminismo. Eso me conectó con otras personas que pueden pensar igual que yo, pero no estoy exenta de la discriminación. Por ejemplo, una vez fui a comer a Larcomar y un mesonero me trató muy mal. Y me di cuenta que solo era conmigo porque luego llegó una familia y cambió su actitud. También me pasó que iba caminando y alguien desde un carro bajó la ventana para decirme algo sobre mi cabello.  O esa vez que compramos una lavadora y el delivery no podía creer que yo era la que vivía en el departamento, creía que era una empleada. También siento mucha inseguridad actualmente como parte de la comunidad LGBTQI+. Me da pánico tomar la mano de mi novia. 

¿Ser mujer te ha puesto alguna barrera en tu vida?

Una barrera como tal creo que no, pero sí he notado en mis trabajos que cuando los hombres hablan, tienden a dejar a un lado a las mujeres y es como que: “Mira, pero ya va, yo también quiero expresarme”. También cuando trabajé como diseñadora en Wilson había clientes hombres que me tenían que decir algo, pero miraban a los hombres que trabajaban ahí.

¿Cuál es tu mayor logro personal?

Yo creo que mi relación de pareja, porque eso denota mi crecimiento personal. Esa fluidez con la que se llevan las cosas.

¿Tuviste algún reto al momento de asumir tu orientación sexual?

Reto como tal no, porque yo me descubrí tarde, pero sí quizás en lo familiar. Si alguien me preguntaba, yo no lo negaba, pero es cierto que existía una especie de tabú o eso de no expresarlo libremente. 

¿Qué hace un diseñador de experiencia de usuario? ¿Eres como Neo de Matrix hackeando?

No (risas). Digamos que es la evolución de lo que antes llamaban “diseño web”, pero hoy en día se sabe que no es solo hacer una página web bonita visualmente, sino que es importante entender las necesidades de las personas que van a interactuar con una plataforma digital y diseñar soluciones con ese enfoque. Así que a eso me dedico, a escuchar y entender a las personas, y luego buscar soluciones (digitales o no) que les ayuden a lograr sus objetivos, y también se alineen con los objetivos de la empresa.

¿En algún momento el acento ha sido un inconveniente en tu trabajo?

La verdad nunca me han dicho nada, pero yo sí tengo un poco de miedo a veces. Sobre todo cuando la xenofobia está en su punto más alto. Porque me ha tocado llamar a los clientes y me da miedo cuando escuchan mi acento. 

¿Cómo haces para mantener tus rulos?

La verdad es que soy muy floja para mantenerlos, pero trato de tener productos para el cuidado. Dejé de hacer algunas cosas que crean frizz como secarme con la toalla. Lo más importante es que los acepté tal como son, y ahora los dejo ser libres.

¿Qué le dirías a la Estefanía del pasado y a las niñas que te pueden ver como un ejemplo?

Uf, qué pregunta tan complicada, porque puedo llorar, pero le diría que sí puede lograrlo, que no importa lo que muchos digan. Que no le pare a los comentarios. Y a las niñas les diría que el camino puede ser duro, pero se llega a la meta.

Ping pong Antígona

¿Ceviche o Ají de gallina?

Ceviche.

¿Perros o gatos?

Perros.

¿Invierno o verano?

Verano si hay playa (risas).

Luego de esta charla tan amena, terminamos la entrevista a distancia, y me quedé con una gran admiración por la entrevistada y la terrible certeza de que no importa cuánto hemos avanzado en el mundo, al día de hoy, los prejuicios están más latentes que nunca. Sin embargo, en muchos casos, eso no impide que el ímpetu de ese empujón necesario para conseguir los sueños.

El mar y sus facciones manchadas

El mar y sus facciones manchadas

Fotos y texto por Miguel Vásquez

Hace casi un mes, el distrito de Ventanilla fue testigo del mayor desastre ecológico en la historia reciente del Perú. Según cifras oficiales, el derrame de crudo alcanzó los siete millones de metros cuadrados de mar, y contaminó casi dos millones de metros cuadrados de arena, lo que comprometió la integridad de 24 playas del litoral peruano. 

Para la mañana del 16 de enero del 2022, cormoranes, pingüinos y gaviotas se vieron envueltos en brazos negros y oleosos, mientras que en la orilla, el manto oscuro alcanzaba a incautos negociantes, cuya economía gira en torno al mar. A pesar de que hace unos días Repsol comunicó que los trabajos de limpieza en mar y playas tuvieron un avance superior al 56%, no es necesario adentrarse en el océano para verificar que el petróleo sigue azotando la vida a su alrededor. Un grupo específico notoriamente afectado fueron las mujeres comerciantes, que poco o nada tuvieron que ver con el origen de este desastre, y quienes vienen manchándose de problemas económicos producto de la negligencia de una empresa internacional de hidrocarburos.

“Antes del derrame, yo ganaba diariamente entre 100 a 120 soles, ahora gano entre 30 a 40 soles diarios. Eso no compensa para un almuerzo, y menos para pagar la luz y el agua. Yo no puedo ir a limpiar, porque las rodillas las tengo hinchadas, y no puedo caminar mucho. Ese es mi problema, porque sino yo me hubiera ido a trabajar extrayendo el petróleo de la arena, porque están pagando bien, no estuviera acá vendiendo chocolates”, indicó Vilma Milla Rojas, vendedora de chocotejas.
Ruma de barcos de uso recreativo vacíos, en la orilla del mar de Ancón. En un día normal, gran parte de ellos estarían navegando sobre el agua salada.
Vilma Rojas no es un caso aislado. Marina Obregón, otra vendedora de golosinas, también se ha visto afectada en sus inversiones.

“Yo tengo 35 años trabajando acá, y en este negocio he invertido, he sacado préstamos. Un domingo se sacaba entre 1000 a 1200 soles. Ahora estamos sacando por día entre 20 a 30 soles, y eso que hay días en los que no se saca absolutamente nada. Si salgo a vender es porque tengo esa necesidad económica, y también porque de alguna u otra manera tengo que vender mi mercadería, porque los productos se van a vencer, y voy a perder aún más”

El balneario de Ancón luce deshabitado. La pandemia y el derrame de crudo por parte de Repsol se perfilan como principales responsables de este panorama.
“Nosotros teníamos esperanzas de que este año fuera mejor, ya que el año pasado las playas han estado cerradas por el motivo de la pandemia. Nos hemos alistado con tanto esmero, con tanta ilusión. Ahora hemos mandado nuestros documentos a Repsol, y nos han dado un bono de 500 soles a todos los asociados, pero eso no es suficiente para todos nosotros que ganamos mucho más. Los comerciantes trabajamos para sobrevivir todo el invierno, educar a nuestros hijos y comprar algo para casa, pero lamentablemente no creo que todo esto se vaya a concretar”, menciona Maritza Cueto Carbajal, vendedora de raspadillas y presidenta de la Asociación de Comerciantes del Balneario de Ancón.

Un solitario salvavidas descansando bajo una torre de vigía, en uno de los principales puntos del balneario.
Así como Vilma, Marina y Maritza, Brenda Yarelin, una vendedora de yuquitas fritas, comenta que antes del desastre ella ganaba diariamente entre 300 a 700 soles. Luego de que el mar se tiñiera de negro, ella vio reducido su ingreso diario entre 60 y 120 soles, casi la mitad. 
Los intentos de Repsol por mitigar los daños causados al ecosistema producto del vertimiento de crudo, continúan. Según expertos de Markleen, empresa noruega dedicada a la fabricación de productos contra derrames de petróleo o hidrocarburos, el tiempo que  tarda en recuperarse un ecosistema afectado por derrame de petróleo es de aproximadamente 15 años.