Adriana García es comunicadora, trujillana y una mujer apasionada por la producción audiovisual. Emocionada por el próximo cortometraje que grabará junto a su equipo de Plano Errante, concedió un tiempo para conversar con La Antígona. No te pierdas esta crónica relatada por Diandra García.
“Hola, cómo te va…”, inicia el mensaje. Escribe Adriana García Benites, a quien entrevisté hace una semana sobre su camino como mujer trujillana en la producción audiovisual. En aquella ocasión, sentí que algo se escapaba de la entrevista, como si rodeáramos el tema en lugar de tocarlo. En cambio, por chat, Adriana va directo al asunto.
“Estamos organizando una rifa para la grabación de nuestro próximo cortometraje”, explica. Son 12 premios. El mejor no está enumerado: quienes contribuyan formarán parte de los créditos. Entonces, lo supe. Eso faltó en nuestra conversación previa, el final tras el final: los créditos.
Adriana es comunicadora de profesión. Egresó el año pasado de la Universidad Privada Antenor Orrego en Trujillo. Para ella, la carrera es el corazón de su trabajo. “Todo lo que he hecho se centra en la comunicación”, afirma. Ese “todo” es realmente bastante: canto, teatro, organización de eventos, dirección y producción audiovisual.
De hecho, entre 2020 y 2021, Adriana formó parte de la productora femenina Agua Florida y el Festival Itinerante de Cine Latinoamericano Atemporal, proyecto ganador del Concurso Nacional de Proyectos de Gestión Cultural para el Audiovisual. Además, obtuvo una beca en el Programa de Formación para Cineastas Jóvenes del Festival Cortos de Vista. Estos logros acompañan el inicio de su trayectoria en la producción audiovisual, pero ¿qué la inició?
El camino de la producción audiovisual
En 2018, Adriana produjo el cortometraje La cuna de la justicia, premiado por el Festival de Cine Universitario Render. Fue un momento clave para Adriana. Allí se dio cuenta de que lo suyo era la producción audiovisual.
“La premiación fue en Lima. Asistí con otro miembro del equipo, éramos los provincianitos del lugar”, relata ella. Como entusiasta y realizadora, conoce de primera mano las dificultades de hacer cine fuera de la capital. “Son un montón. Desde mi cancha, lo más complicado ha sido encontrar espacios de exhibición y aprendizaje. No tenemos escuelas de cineaquí”.
Una complicación adicional es el género. “He reflexionado mucho en torno a esto, porque la inclusión no es solo crear espacios ‘de mujeres’. La idea es que nadie se sienta excluido”, sostiene Adriana. Su trabajo le ha permitido conectar con distintas personas, perspectivas y pasiones. “Ver cómo luchan por su sueño me ayuda a comprenderme a mí misma”, confiesa.
Adriana resume el impacto que desea para sus producciones en una palabra: emoción. “Cada película es un mundo. No espero que los espectadores cambien su vida porque ven una, pero sí que se emocionen. Que se enojen, rían, lloren… ¡Hay muchas emociones!”, sonríe. Junto a unos amigos, Adriana inició la productora Plano Errante, con la que realizará su próximo cortometraje. De seguro, tan emocionante como el primero.
Los créditos para una productora
Atemporal, iniciativa en la que Adriana participa, recibió hace poco un estímulo económico del Ministerio de Cultura. Adriana cree que esto confunde a la gente. “Piensan: ‘wow, con eso tienes 10 mil ediciones más de tu festival’. ¡Pero no es así! No alcanza para valorar la chamba de todos los involucrados”, lamenta.
Por eso, ella y su equipo emprendieron dos campañas: un crowdfunding en Atemporal y una rifa en Plano Errante. Cuando comenta lo segundo, a través de WhatsApp, soy consciente del valor de los créditos. El sector cultural es uno de los menos priorizados por el Gobierno, y más aún en zonas lejanas a Lima. Adriana, por ejemplo, no tuvo acceso a especializaciones o recursos.
Sin embargo, se lanzó de lleno a su vocación. Entendió que quería trabajar inmersa en arte y cultura. Detrás de las condecoraciones y éxitos recientes, está ese trabajo que abarca a “todos los involucrados”: desde el crew, hasta las entidades de financiamiento y las propias audiencias, presentes también en los créditos.
Ante el incremento de los feminicidios, de la violencia contra las mujeres, la impunidad y de tantos otros delitos que diariamente dejan a miles de víctimas en todo México, manifestantes caracterizadas de Catrinas-el símbolo que honra a la muerte en México-aprovechan la popular festividad del Día de los Muertos para exigir justicia.
#LaMarchaDeLasCatrinas2021, convocada desde el 2016 y llevada a cabo durante los últimos cinco años por el colectivo feminista de “Las del Aquelarre”, se desarrolló el día lunes primero de noviembre en la Glorieta de las Mujeres que Luchan rumbo a La Antimonumenta para dar lectura a su pronunciamiento para exigir justicia en nombre de todas las mujeres, niñas y adolescentes asesinadas, además de colocar una ofrenda en su memoria.
Hacía un poco de frío por el reciente cambio de horario, se comenzaba a ver que el sol bajaba. La hora del encuentro era a las cinco de la tarde. Desde distintos puntos del Monumento a la Revolución y la avenida Paseo de la Reforma, empiezan a verse a lo lejos las convocadas. Es el Día de Muertos, tradicional festividad mexicana celebrada el 1 y 2 de noviembre, donde se honra a los que ya no nos acompañan. En esta marcha en específico, se hace memoria a aquellas que han sido asesinadas por feminicidios, acto de violencia extrema contra las mujeres por el solo hecho de ser mujeres.
«Estamos haciendo la convocatoria de la marcha de las catrinas porque quisimos levantar la voz en contra de los feminicidios de mujeres y de niñas. Participan a lo largo del 2016 al 2021 diferentes colectivos feministas, madres de víctimas, sobrevivientes de intento de feminicidio y defensoras de derechos humanos” -Ana Elena Contreras, fundadora de la colectiva “Las del Aquelarre”.
FOTO: Arleth García/ La Antígona
Se les diferenciaba porque llegaban caracterizadas de Catrinas, personaje creado por el caricaturista mexicano José Guadalupe Posada como una burla a las personas clasistas de México, haciendo referencia a que al final todas las personas éramos lo mismo por dentro: puros huesos, y que acopló el término de «La Catrina» en 1947 mediante la obra del muralista Diego Rivera Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. Además, conforme llegaban, se les entregaba un carné para poder identificarlas.
Había mujeres de todas las edades. Algunas venían con la cara cubierta de pintura de colores diversos, había otras que maquillaron su rostro todo de negro en protesta por las mujeres que ya no están, un grupo cubría la mitad de su faz con la caracterización y la otra con un cubrebocas a juego. En el parque que daba frente a La Glorieta de las mujeres que luchan ubicada en la intersección del Paseo de la Reforma y la avenida Morelos en la Ciudad de México, habían compañeras del colectivo feminista “Las del Aquelarre” que estaban maquillando a cualquiera que lo solicitara.
Amontonadas en los pequeños pasillos de La Glorieta, se comenzaban a formar aquellas personas que iban a documentar la marcha, tomando fotografías de la ofrenda y de los nombres escritos alrededor de una valla de metal que el Gobierno de la Ciudad de México colocó el pasado septiembre, después de que diversos colectivos feministas instalarán una estatua en honor a “las mujeres que luchan”, donde se encontraba el monumento a Cristóbal Colón, y que fue retirado el año pasado.
Marisela, Fátima, Norma, Lidia, Karen, Marcela, Areli, Sandra, Ingrid… la lista de nombres continuaba y llenaba la valla. En medio, estaba la ofrenda adornada por la típica flor de la festividad, el cempasúchil, utilizada en los senderos que van desde el camino principal hasta el altar con la finalidad de guiar a las almas hacia allá. También se podían observar veladoras, pan de muerto y cruces de papel color rosa en representación de los feminicidios.
“Yo pude haber sido una foto de las que están aquí” -Becky, víctima de tentativa de feminicidio.
FOTO: Arleth García/ La Antígona
Alrededor de las cinco y media llegó la batucada feminista, que comenzó a practicar en una esquina de La Glorieta mientras las mujeres asistentes, feministas, convocantes, personas de prensa, familias de víctimas de desaparecidas, sobrevivientes de feminicidio, activistas, defensoras de derechos humanos, delegadas de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, personal de la Secretaria de Gestión Integral de Riesgos y PC se iban agrupando detrás de ellas para dar inicio a la Marcha de las Catrinas 2021.
Los tambores empezaron a sonar y en fila, a paso lento y con el puño adornado de un pañuelo verde o morado, comenzamos a caminar por avenida Reforma rumbo a ‘La Antimonumenta’, memorial levantado por feministas para pronunciarse en contra de los feminicidios, ubicada en Bellas Artes. De forma pacífica, aunque rodeadas por policías, se lanzó el primer “Porque vivas se las llevaron”, que gritó por un megáfono una integrante de la batucada; “Vivas las queremos”, coreamos las asistentes.
“Las participantes sienten rabia e indignación, pero también mantienen el espíritu de lucha para manifestarse en contra de la nula respuesta del gobierno al problema de feminicidios y desapariciones en México.”
-Marcela, integrante del colectivo La Antimonumenta
“De Juárez a Chiapas, ¿qué buscan las madres?…justicia, justicia, justicia”.Al borde del llanto, con rabia y abrazadas por compañeras que nos veían vulnerables, es como transitamos el camino. Algunas chicas levantaban carteles que decían “ni todo el cempasúchil del mundo alcanza para guiar a nuestras muertas”. Otras compañeras se tenían que cubrir el rostro con el antebrazo de aquellas personas que querían grabarlas para “exhibirlas”, según decían. A paso firme, con una veladora entre manos, prendiendo bombas de humo de color rosa y gritando “Ni una menos” es que se recorrieron las calles.
Al llegar a La Antimonumenta, todas las personas que asistieron rodearon la ofrenda en un espacio de calle fuera de un restaurante, que fue cerrado por lazos, con personal de seguridad a los lados evitando que cualquier transeúnte intentara ingresar. La prensa se colocó al frente para escuchar las intervenciones de familiares de desaparecidas y víctimas de feminicidio, así como el pronunciamiento del colectivo feminista “Las del Aquelarre”.
Entre el ruido de la gente que estaba celebrando el Día de los Muertos pidiendo su calaverita, caracterizada por seres mitológicos, algunas otras personas que asistían a las maxi ofrendas colocadas en el Zócalo capitalino por la calle Madero, a unos metros de la ofrenda, se hizo un llamado al gobierno y a la sociedad para frenar el alarmante incremento de violencia de género.
Entre gritos de “No están solas”, después de las intervenciones de las madres y padres que piden justicia por su hijas, abrazos y la prendida de velas de la ofrenda fue como finalizó la marcha, con el recordatorio de que los feminicidios, asesinatos por razón de género, aumentaron en México en el primer semestre de 2021, lapso en el que se registraron 508 casos, un 3,25% más que los 492 del mismo periodo del año anterior.
En México, solo el 26,4% de los asesinatos de mujeres son tipificados como feminicidio. La impunidad en esos casos alcanza el 89,6%; es decir, que solo uno de cada 10 casos queda resuelto.
"Estamos conmemorando en el Día de Muertos a mujeres que fueron asesinadas a mano de sus parejas. Yo, en lo particular, busco reivindicar este día de tanta tradición, pero dándole ese trasfondo para sensibilizar sobre la violencia hacia las mujeres. Cada día en México son asesinadas más de 11 mujeres”.
MasQlinidades UNFV es una organización juvenil gestada en un espacio universitario e integrada por estudiantes en búsqueda de la reflexión del trabajo con hombres y su concepción de las masculinidades, así como su visibilización.
“Mi nombre es Johel Gómez, soy estudiante de Trabajo Social en la UNFV y actualmente soy el presidente interino de MasQlinidades UNFV. La organización nace en la Villarreal e inició con cinco compañeros: Diego Andazabal, Renato Guerrero, Nich Vilca y Joel Mio, el que falta se retiró tempranamente. El compañero Diego vio la necesidad de crear un espacio en el que los compañeros puedan compartir sus experiencias y comenzarán a tener una posición crítica sobre lo que es ser varón y masculino. El espacio debía ser de confianza porque estos temas son delicados para nosotros mismos. Al principio cuesta bastante aceptar los privilegios que nosotros tenemos en la sociedad.
Nosotros hemos participado en el II Coloquio Nacional de Masculinidades – Perú organizado por la Red de Masculinidades Perú en la PUCP. También hemos realizado talleres de concientización sobre género y masculinidades y poco a poco hemos logrado tener una posición de reconocimientos a nivel de Lima Metropolitana.
A mediados de este año hicimos una convocatoria y nos dimos con la sorpresa de que el 70% de inscritos eran mujeres. Nosotros sabíamos que no podíamos negarles el espacio a las compañeras ni prohibir que aprendan de esos temas, sin embargo existía un temor de que se pudiera perder el espacio de confianza que habíamos forjado. Pero lo aceptamos y estamos logrando tener una mejor visión para nuestra organización, así como una grandiosa cohesión entre los miembros.
Somos una de las organizaciones fundadoras de la Alianza Interorganizacional de Masculinidades Igualitarias (AIMI Perú) y también pioneros en tocar el tema de las masculinidades a nivel universitario. Eso nos alegra, pero a la vez nos preocupa. Hay organizaciones y colectivos que ven el tema de género, pero no tienen como tema central a la masculinidad. Por ello vamos a estar diseñando a futuro posibles trabajos con otras universidades para poder incentivar la gestión de espacios como el nuestro.
El tratar estos temas en cualquier ámbito es importante y necesario. El estudio de las masculinidades surge por querer ver el tema de reducir la violencia de los varones. Sabemos que siempre se busca incrementar la pena a quienes cometen un acto de violencia o feminicidio. Pero yo creo que esa no es la solución, la solución está en la prevención. Entonces, ¿cómo tratar ello si vivimos en una sociedad sumamente violenta y machista? Primero debemos estudiar cómo siente el varón su postura ante la sociedad, así se logra la deconstrucción de lo que es ser masculino para adoptar otras conductas no violentas.
La intervención en estos temas tiene pocos años. Es necesario trabajar no ante la crítica o el señalamiento, sino el autoconocimiento y la autorreflexión. Que uno mismo se de cuenta de sus errores cometidos y los privilegios que ha tenido.
A aquellos que quisieran pertenecer a un espacio como el nuestro les diría que primero lean temas sobre masculinidades o enfoque de género. Muchas veces cuando se dicen cosas que nos puedan ofender o incomodar tendemos a retirarnos de estos espacios.
Si es que de verdad te interesa el tema lee, estudia y haz una autocrítica. También recomiendo que converses con tus compañeros sobre estos aprendizajes, si ves que necesitas otro espacio porque las amistades no conocen o no le dan importancia al tema, pues allí puedes ingresar a organizaciones como la nuestra, para aprender de un modo más profundo y trabajar en conjunto”.
En un contexto aún hostil para las artistas mujeres, iniciativas como la del colectivo escénico Las Crías son un oasis en medio del desierto. Tras una exitosa primera edición, el taller artístico Peruanas Creadoras tendrá lugar por segunda vez este y el próximo fin de semana y serán 12 las mujeres beneficiadas no solo por las herramientas impartidas, sino por el espacio de encuentro, escucha y creación colectiva.
La historia es de nunca acabar. Desde la ausencia de mujeres en cargos de decisión hasta las distintas denuncias por acoso y otras formas de violencia de género demuestran que el ámbito de las artes escénicas en nuestro país sigue sin ser un espacio que propicie la participación de todos de manera equitativa. En un contexto en el que la libertad creativa y la expresión están en juego, los lugares seguros son cada vez más necesarios.
IMAGEN: Instagram colectivo escénico Las Crías
Alejandra Campos, Carla Valdivia y Roxana Rodríguez lo descubrieron desde que empezaron a ejercer su carrera como actrices. “Es una profesión que requiere mucha gestión personal, entonces pensamos en que había pocas probabilidades de que nos llamen porque somos mujeres y las oportunidades se van cerrando un poco más”, cuenta Campos. Ese fue el motivo por el que, luego de conocerse en el Taller de Formación Actoral de Roberto Ángeles, las tres decidieron fundar el colectivo Las Crías en febrero del 2017.
IMAGEN: Instagram colectivo escénico Las Crías
El resto se dio naturalmente. Abordar temas de género no fue algo que como colectivo decidieron, sino que surgió en el proceso de hacer teatro desde sus propias experiencias, deseos y visiones del mundo. Al descubrir que las obras que ponían en escena eran historias de mujeres como Ofelia no estaba loca o Una breve historia sobre cómo llegamos aquí, se les ocurrió la idea de crear un espacio exclusivamente femenino en el que más allá de exhibir arte, pudieran compartir herramientas artísticas y crear en comunidad.
Fue así que nació Peruanas Creadoras, un taller y espacio de articulación que tiene como objetivo dotar de recursos artísticos principalmente a aquellas mujeres que, por sus profesiones, no se dedican al arte o no encuentran dónde hacerlo. La vulnerabilidad que implica la creación desde las propias vivencias fue lo que las motivó a decidir que este espacio sea exclusivamente femenino, pues de acuerdo a Campos, los espacios públicos son en su mayoría patriarcales.
Valdivia considera que “hay que generar redes para apoyarnos y protegernos, espacios donde poder compartir nuestra voz y difundir lo que no está bien, para que no vuelva a ocurrir”. Asimismo, con esta iniciativa esperan contribuir a la democratización de las artes. “Hasta ahora sigue siendo algo muy elitista”, advierte Campos.
A pesar de que Peruanas Creadoras era una propuesta que el colectivo quería ofrecer a diferentes instituciones de manera presencial, la pandemia llegó y trajo consigo circunstancias particulares para las artes escénicas. Afortunadamente, no todo fue negativo, ya que Las Crías resultaron ganadoras de las Líneas de Apoyo para la Cultura que el Ministerio de Cultura otorgó en el contexto de la COVID-19 a distintas organizaciones culturales.
Este aporte económico les permitió llevar a cabo la primera edición del encuentro virtual, que recibió más de 150 postulaciones. La difícil tarea de filtraje que emprendieron las llevó a priorizar a las mujeres sin educación superior y apuntar a la diversidad de edad, profesiones y lugares de procedencia. Finalmente, fueron 12 las elegidas para la iniciativa. Y si bien el taller fue impartido por ellas, coinciden que se trató de un proceso de retroalimentación del que también aprendieron.
“Uno de los mayores aprendizajes ha sido darme cuenta de lo vinculadas que estamos desde ser mujeres, y cuán importante es generar espacios donde podamos construir representación. Hay poder en abrirnos y reafirmar quiénes somos”, detalla Valdivia. Y es que al ser el arte una disciplina que trabaja con los cuerpos y sensibilidad de las personas, el esfuerzo por garantizar la seguridad debe ser aún mayor.
Siguiendo ese enfoque, el colectivo lanzó recientemente la segunda edición de Peruanas Creadoras, que esta vez tendrá lugar de manera virtual el 13, 14, 20 y 21 de noviembre. Debido a temas logísticos, la convocatoria se realizó en Lima con 12 mujeres que tendrán la oportunidad de explorar sus imaginarios y crear de manera conjunta desde tres áreas: la escritura, las artes escénicas y las artes plásticas.
IMAGEN: Instagram colectivo escénico Las Crías
Puño y letra
En una primera parte del encuentro, las participantes exploran el mundo de la escritura creativa. “Trabajamos con diferentes disparadores, puede ser una carta, una canción, una imagen, una noticia y, a partir de ello, con la historia que la participante quiera compartir”, precisa Campos. Así, los ejercicios de esta área parten de la memoria y la historia personal.
Carla Valdivia, quien guía el proceso de escritura, es dramaturga y guionista independiente. Para ella, la escritura genera una conexión única con quien la ejerce y la dota de libertad para expresar lo que desee dentro de las páginas que hay que llenar. “Para mí, es importante que las mujeres puedan tomar conciencia de que sus historias son valiosas y únicas y que siempre merecen ser contadas”, comenta la artista.
Es por ello que Peruanas Creadoras termina conformando un espacio enriquecedor donde, explica Campos, todas aprenden de las experiencias e historias de vida de sus compañeras. Aparte de los puntos de encuentro que genera la escucha, la representación de mujeres en el arte es también una brecha que este ámbito de la iniciativa aborda.
Valdivia recuerda que mientras crecía no tenía a la mano literatura hecha por mujeres, lo que la llevaba a pensar que ser escritora no era realista, por lo que considera primordial que contemos con mayor representación. Además, el costo creativo de que nuestras creaciones y vivencias no sean conocidas es alto. “Si no tenemos historias escritas por nosotras, entonces nuestra historia es contada desde otros, o ni siquiera existe. Se nos desaparece”, señala la dramaturga.
En escena
“Todo se puede convertir en teatro”, sostiene Campos. El área de Peruanas Creadoras que ella como actriz y gestora guía, es la de trabajo escénico desde el juego. Y, efectivamente, consiste en escenificar las historias escritas que se generaron considerando los talentos que las participantes tienen, que pueden ir desde silbar hasta bailar: “Así creas que no tienes habilidad, puedes partir de eso y vas a ver que todo puede ser un hecho escénico”.
Además, las herramientas escénicas son también usadas en una primera etapa con el objetivo de generar confianza intergrupal. Así, Alejandra guía los ejercicios de juego teatral iniciales que buscan romper el hielo y remitir a la infancia. “Cuando éramos niños, dejábamos el roche de lado, y si conocías a alguien en el parque, ya era tu mejor amigo. Cuando estamos a ese nivel, empezamos nuestro trabajo, porque si no confío en lo que voy a soltar o en lo que me pueda dar mi compañera, no se puede crear mucho”, precisa.
IMAGEN: Instagram colectivo escénico Las Crías
Si bien los recursos compartidos por las facilitadoras cumplen con su objetivo dentro del evento, lo cierto es que estos terminan siendo útiles para distintos aspectos de sus vidas. Por ejemplo, Campos menciona que en la actualidad las habilidades blandas son mejor valoradas en el mundo laboral. En ese sentido, cuenta que la práctica de muchos ejercicios teatrales contribuyen a desarrollar confianza, dominio escénico, dicción, proyección y volumen de la voz, entre otras habilidades.
Pero para ella, lo más valioso es la conciencia que se adquiere sobre el propio cuerpo y de lo que se puede hacer con él, así como la empatía y la comprensión del otro. “En el teatro, ves las características de un personaje, su psicología, y tratas de desentrañar sus acciones para luego plasmarlo con tu cuerpo. A mí me ha motivado a cuestionarme por qué las personas se comportan de determinada manera en la vida diaria”, reflexiona.
Creación conjunta
Las cuatro jornadas del encuentro finalizan con la creación de un quipu grupal que carga con los relatos de las creadoras, proceso guiado por la escultora y profesora de arte Alejandra Ortiz de Zevallos. Es un ejercicio en el que las participantes aprenden a trenzar a seis cabos, lo que genera un patrón visual que es distinto en cada caso. Cada creadora hace dos trenzas: una con la que se queda y otra para entregarla al grupo.
IMAGEN: Instagram colectivo escénico Las Crías
“Cuando pensamos en la pieza final, queríamos un objeto que cuente historias, que simbolice comunidad y redes, entonces pensamos en tejido, en hilos, en redes que se van tejiendo por todo el país”, explicaba Campos en el video final de la primera edición del encuentro. Para ellas, la colectividad en el arte es importante. “Sobre todo si somos mujeres, hay que cuidarnos entre nosotras”, añade.
Es así que el quipu grupal termina representando la idea central del encuentro: el aprendizaje en comunidad. “Realmente creo que necesitamos cultivar más espacios colectivos y transdisciplinares que nos permitan aprender de otra manera. Vivimos en un mundo demasiado individualizado que nos ha llevado a un egocentrismo muy nocivo y como artistas tenemos que trabajar juntos”, comenta Ortiz de Zevallos.
El colectivo escénico Las Crías ideó el taller de tal manera que se caracterice por la continuidad. Es así que ese primer quipu seguirá completándose con el que produzcan las mujeres de la segunda edición. Además, esperan poder realizar más ediciones de la iniciativa incluso en formato presencial, como fue pensado originalmente. No obstante, por ahora dependen del financiamiento de instituciones que deseen apostar por su proyecto.
“Yo aprendo contigo si es que tú aprendes conmigo”, es una célebre frase de la filósofa española Marina Garcés y es la primera que viene a la mente de Ortiz cuando piensa en la importancia de iniciativas como la que lidera junto a sus compañeras. En su opinión, hay valor en las historias, experiencias y formas de hacer que cada creadora trae a la mesa, lo que propicia el intercambio entre todas. “El aprendizaje solo sucede en el encuentro”, resalta.
Campos piensa en su yo universitario y en las herramientas que no tenía en ese entonces, y aun así sabe que desconoce la reacción que tendría si en la actualidad se enfrentara a una situación de vulneración. Ella cree que lograr que el arte sea un espacio seguro para las mujeres depende de la educación y del progresivo ingreso de nuevas generaciones a las esferas más altas de nuestra industria cultural. Sin lugar a dudas, espacios como Peruanas Creadoras hacen que la espera no sea tan solitaria.
Retratos de enfermeras de diversas especialidades en Trujillo. FOTO: Arturo Gutarra/ La Antígona
A pesar de las dolorosas pérdidas suscitadas durante la primera y segunda ola de coronavirus, el personal de salud continúa de pie ante las adversidades. En esta ocasión, La Antígona retrata los rostros de seis valientes mujeres que combaten contra esta peligrosa enfermedad en primera línea: enfermeras con especialidades distintas que laboran en la ciudad de Trujillo, una de las ciudades más afectadas por el virus.
Hasta el último reporte dado por la Gerencia Regional de Salud La Libertad (GERESA) este último 29 de octubre, son 128,271 los casos positivos a la COVID-19 en la región, de los cuales, un total de 10,125 fallecieron entre la 1ʳᵃ y 2ᵈᵃ ola. Seis testigos de estos trágicos hechos nos revelan las vivencias íntimas a las que se enfrentan a diario para contener esta pandemia mundial.
Enfermera Giovanna Trujillo. FOTO: Arturo Gutarra/ La Antígona
1. “TUVIMOS QUE AMPLIAR NUESTRA SALA”, Giovanna Trujillo (47).
Giovanna lleva 15 años en la sala de hemodiálisis, al grado de conocer de memoria las transfusiones de sangre que con mucho cuidado y profesionalismo viene ejerciendo. Con la llegada de la COVID-19 a la ciudad, el hospital donde labora tuvo que ampliar el espacio mediano para mantener la distancia recomendada; es decir, el metro y medio.
“Al inicio hubo contagio entre pacientes y enfermeras; sin embargo, gracias a la vacuna, ha disminuido la alta demanda de contagiados en esta área”, indica Giovanna.
Enfermera Bety Cruzado. FOTO: Arturo Gutarra/ La Antígona
2. “SOMOS DOS MUJERES EN UNA OBRA DE 60 OBREROS”, Bety Cruzado (34).
Existen ocasiones en las que el personal masculino toma una actitud de fortachón cuando de obras se trata. En el área de enfermería, específicamente en el tópico, se encuentra laborando Bety, quien —hasta el momento— atendió a ocho obreros con cortes de riesgo menor, y malestares propios del trabajo. Sin embargo, trabajar con 60 obreros no es nada fácil: «Es complicado manejar el carácter y actitudes de los caballeros, pero se trata de lidiar con ello», señala con cautela Cruzado.
Aunque Bety no se encuentra en primera línea, para ella, el área de salud es muy bonita, la enfermería ocupacional es muy amplia, y no solo se trata de curar heridas en obra: es poder cuidar y prevenir.
Enfermera Yessenia Rosario. FOTO: Arturo Gutarra/ La Antígona
3.“80 A 120 PACIENTES POR DÍA HEMOS ESTADO ATENDIENDO”, Yessenia Rosario (47).
Por su parte, Yessenia solía escuchar los llamados de los pacientes internos luego de operaciones exitosas en los hospitales antes que inicie la pandemia. Pese a que era difícil dar un alto a los contagios por varios motivos, entre ellos la desobediencia, los centros de salud optaron por poner en carpas oscuras el triaje diferenciado contra la COVID-19.
«Nuestro objetivo era atenderlos y derivarlos al hospital regional. Los síntomas de los pacientes son dolor de cabeza, garganta y fiebre”, puntualiza Yessenia.
Enfermera Cindy Acosta. FOTO: Arturo Gutarra/ La Antígona
4. “NO ABRAZAR A MI HIJA ERA UNA TORTURA”, Cindy Acosta (36)
Cuando se dio la inmovilización social a nivel nacional, no había transporte para movilizarse. Y aunque algunos taxistas consiguieron permiso laboral, muchos no se atrevían a trasladar al personal de salud a sus centros de atención por temor al contagio. Tal fue el caso de Cindy.
En una conversación con La Antígona, ella manifestó que tenía que caminar una distancia aproximada de 8,9 kilómetros desde su vivienda hacia la salida de Trujillo para el distrito de Moche. Aunque, confiesa, lo peor de todo fue continuar sin abrazar a su hija de cuatro años por temor a que se contagie. Fueron días sumamente inciertos los que se vivieron durante las primeras olas de la COVID-19 para Cindy.
Enfermera María Marín. FOTO: Arturo Gutarra/ La Antígona
5. “MAMITA, RENUNCIA, NO VAYAS”, María Marín (54).
Con más de cinco décadas en su haber, Maria no imaginaba que tendría que convivir con un virus tan mortal como el SARS-CoV-2. Sin embargo, su vocación por salvar vidas le animó a continuar con sus labores en su centro de salud en el distrito de Moche: “Solía ver jovencitos sin mascarilla deambulando por las calles, pero cuando decimos algo nos insultan”, manifiesta con dolor.
A pesar del gran riesgo al que estaba expuesta, haber seguido los cuidados de bioseguridad mantuvieron a salvo a Marin. “Mis hijos me rogaban, hasta lloraban cuando salía de casa a dirigirme a acompañar a vacunar casa por casa”, recuerda con claridad Maria.
Enfermera Mercedes Almendras. FOTO: Arturo Gutarra/ La Antígona
6. “LAS SECUELAS DEL COVID SON MORTALES”, Mercedes Almendras (46).
Las recomendaciones de la enfermera Almendras para atención en vivienda por COVID-19 fueron en aumento durante la segunda ola: a diario tenía a cargo un promedio de 18 pacientes no mayores de 35 años. Aunque hoy en día los casos por COVID-19 han descendido, las secuelas son muy peligrosas, advierte Mercedes. “Me ha tocado atender pacientes en estado crítico, con daños neurocerebrales, insuficiencia renal y, en oportunidades, a pacientes con pre-infarto”.
No había un día de descanso. Las llamadas por la madrugada de desesperadas familias con pacientes infectados en casa aumentaban debido a que los hospitales COVID se encuentran en colapso. No había camillas, ni personal de salud suficiente para atender la alta demanda de contagio.
La recomendación de las protagonistas de este informe a la ciudadanía y a futuros y futuras profesionales de la salud es seguir cuidándose de las nuevas variantes. Ellas no descartan que el virus pueda continuar mutando, por lo cual se pide el uso correcto de la mascarilla y mantener el distanciamiento.
*Se prefirió mantener en anonimato los centros de salud.