Día internacional del condón: educación que protege

Día internacional del condón: educación que protege

Por Antuané Pizarro

Uso del condón femenino. Imagen: Mujer Mexico.

Hace algunos años, un par de señoritas con uniformes claros interrumpieron la clase de mi antigua tutora para hablarnos sobre los métodos anticonceptivos; específicamente, los condones. Llevaron dos de los productos que mencionaron. El que logró sorprenderme fue el denominado ‘condón femenino’. “¿Hay condones para mujeres?”, fue lo primero que surgió en mi mente. Cuando llegué a mi casa, el tema que toqué con mi mamá fue sobre lo que aprendí en el colegio. Ella no conocía sobre ello, así que estuvo atenta a todo lo nuevo que le contaba.

Ahora me doy cuenta de lo afortunada que fui en ese momento, pues mi madre me hablaba sobre la sexualidad de forma directa, preparándome para el futuro. Pero, ¿cuántos habrán tenido la misma suerte de tener a alguien de confianza que los oriente? 

El condón es un método anticonceptivo de barrera que, aparentemente, más se conoce entre las personas. Se sabe qué es, pero a veces se ignora cómo se usa, para qué y por qué.

Una encuesta aplicada a un total de 24,135 personas, realizada por la Fundación AHF Perú en el 2020, reveló que solo el 13% de peruanos de distintas ciudades usan de manera frecuente el preservativo durante sus relaciones sexuales y el 77% lo utiliza “casi siempre”. Además, en otra realizada en el 2021, muestra que en un grupo de 45,697 jóvenes, solo el 14% de adolescentes varones en nuestro país usa siempre preservativo durante sus relaciones sexuales, mientras que la cifra en las mujeres no llega ni al 6%. Estos datos demuestran que el mensaje sobre el uso del condón aún no sensibiliza a la población. 

Condón masculino y femenino. Imagen: Extremadura salud

El uso de este preservativo no solo debe realizarse cuando se tiene sexo vaginal, sino también cuando es de forma oral o anal. La idea frecuente con la que se emplea este producto es para prevenir los embarazos no deseados, el cual tiene una alta efectividad: entre 85 y 98%.

Sin embargo, algunos incluso sirven de protección a posibles infecciones o enfermedades de transmisión sexual (ITS/ETS). Aunque se ha demostrado que el uso del condón previene los embarazos, no hay que confiar solo en ese método; adicionalmente, se debe usar al mismo tiempo otro —como la pastilla anticonceptiva, el dispositivo intrauterino (DIU) o la inyección anticonceptiva— para que sea más efectivo. 

Dejando de lado la protección que genera su empleo frecuente, también pueden ser muy estimulantes al realizar el acto sexual. Su uso puede ser parte de los juegos previos y del placer que proporciona cada uno de forma independiente (condón masculino y femenino). No hay excusas para no hacer uso del condón; ya que, además de sus beneficios salubres y didácticos, actualmente, algunas fábricas realizaron variaciones del producto; por ejemplo, de diferentes tamaños, texturas, aromas y sabores. 

Día Internacional del condón: 13 de febrero

Cada 13 de febrero, se celebra el Día Internacional del Condón, en el cual se informa e incentiva su uso a la población sexualmente activa; de esta manera, se promueve a que tengan relaciones seguras. La fecha se decidió por ser víspera del Día de San Valentín, también conocido como el Día del Amor y la Amistad.

AHF Perú promueve el día internacional del condón. FOTO: El Peruano

No es una fecha que haya sido oficializada por la OMS o la Unesco, sino que fue una iniciativa que surgió en el 2009 y se instauró a nivel mundial en el 2012 por la AIDS Healthcare Foundation (AHF), organización sin fines de lucro que ofrece servicios de salud, métodos de prevención e información a las personas con VIH o sida.

Sin embargo, es importante que se destaque este día para que más personas sexualmente activas conozcan sobre los beneficios de su uso, como lo es la prevención de las enfermedades de transmisión sexual (ETS), y que tiene gran eficacia en la reducción de la incidencia de embarazos no deseados. 

Importancia de la ESI en escuelas

La Educación Sexual Integral (ESI) es un tema que estuvo resonando en los medios de comunicación hace unos días. Aunque genere controversia en la política y las familias, es importante que se hable sobre esto en los colegios. El currículo educativo no se reduce al enfoque de género, propuesta que ayudaría a reducir la violencia sexual y de género, sino que también tiene varios puntos que ayudarían a la prevención de enfermedades y de embarazos adolescentes. 

FOTO: La República.

Según la Unesco, la Educación Sexual Integral forma parte de una educación completa e indispensable a la que todo ser humano tiene derecho, ya que proporciona competencias y habilidades para la vida. Además, según la Defensoría del Pueblo, en el 2016, el Comité de los Derechos del Niño recomendó al Estado peruano hacer frente al problema del elevado número de embarazos de adolescentes con el acceso a una educación en materia de salud sexual y reproductiva.

Los beneficios que puede proporcionar el implemento de la ESI son variados. Se puede prevenir casos de violencia sexual, puesto a que los estudiantes, al saber sus derechos y reconocer los actos negativos, pueden alzar la voz y defenderse. También reduce la tasa de embarazo adolescente, porque tanto niñas, niños y adolescentes conocerían sobre los variados métodos anticonceptivos que existen; además de saber dónde y cómo conseguirlos. Por ejemplo, sabrían que no necesitan receta médica, son económicos y en establecimientos de salud se entregan de manera gratuita. Otro punto a favor es que se enseñaría sobre la planificación familiar, una información necesaria para que tengan un plan de vida estructurado. 

La encuesta realizada por AHF Perú en el 2021 revela que el 52% de mujeres comenzó su etapa sexual antes de los 17 años y en los varones esta cifra asciende a 66%, lo que es aún más preocupante en el caso de mujeres trans, donde llega al 86%. 

FOTO: El Peruano

Actualmente, el uso del condón es un tema que se habla más en los espacios publicitarios de la televisión y en Internet, pero no deja de ser menos relevante que se informe también dentro de los colegios. La curiosidad puede llevar a que, en el exceso de información, haya parte de desinformación.

Jóvenes y adolescentes pueden entrar a sitios virtuales dónde no saben si las fuentes son verídicas o cuánto es realmente cierto. Pueden encontrarse con mitos que los desanimen a usar el preservativo o les genere temor. Por ejemplo, de que la sensación es menor al llevar puesto el condón, lo cual es falso, ya que hoy en día existe una gran variedad de condones ultra delgados que puede brindar gran sensibilidad y sensaciones muy placenteras; o sobre que el preservativo (ya sea un condón femenino o masculino) puede quedarse dentro del cuerpo de la otra persona, un mito que se desmiente al saber el anillo externo del condón evita que se introduzca; otro sería de que este producto se puede colocar o retirar en la mitad del acto sexual, hecho que perjudicaría a ambos. 

Por esta información tan variada que se encuentra en Internet, lo indicado sería que se enseñen estos temas en las escuelas, porque así habría una fuente segura con datos confiables. 

Según unos datos de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES 2017), en promedio, 10 mujeres son víctimas de feminicidio cada mes, 78.9% de las víctimas de trata son mujeres y 13.4% de las adolescentes estaban embarazadas o fueron madres en ese año. Entonces… ¿hasta cuándo vamos a cegarnos de la realidad y negar que en las escuelas hay una alta necesidad de tener una Educación Sexual Integral? No solo se trata de brindar información a los adolescentes y jóvenes, sino también proporcionarles herramientas para que puedan defenderse y tomar mejores decisiones. 

Indígenas LGBTQIA+ brasileños rompen el silencio y los tabúes sobre la diversidad sexual

Indígenas LGBTQIA+ brasileños rompen el silencio y los tabúes sobre la diversidad sexual

Por Global Voices

La diversidad sexual, que sigue siendo un tema tabú, va ganando espacio en los pueblos a pesar de los prejuicios, la violencia y los abusos sufridos. La imagen de arriba muestra a Cacica Majur | Foto: Archivo personal/Usada con autorización de Amazônia Real

Más indígenas hablan sobre la diversidad e identidad sexual en sus comunidades.

Este texto, escrito es de Keka Werneck y se publicó originalmente en el sitio web Amazônia Real en diciembre de 2021. Se reproduce aquí en virtud de una asociación, con algunas modificaciones.

Majur empezó a darse cuenta de su identidad como niña a los 12 años. En la aldea Apido Paru, Tierra Indígena Tadarimana en Rondonópolis, en el estado brasileño de Mato Grosso, donde nació y vive, esto nunca fue un tema problemático. Sin embargo, durante un tiempo, la mujer indígena de la etnia boe bororo no comprendió del todo lo que estaba ocurriendo en su interior.

Hoy, a los 30 años, se identifica como mujer transgénero y está pasando por la transición de género, a la vez que se convierte en cacica (jefa indígena), porque su padre, de 79 años, se ha jubilado por problemas de salud.

Desde que se dio cuenta de que era trans, Majur dejó atrás a Gilmar Traytowu, el nombre masculino que le pusieron, y ha construido su identidad como mujer.

«Estoy haciendo (la transición) por partes. En primer lugar, tomo la hormona femenina, con el seguimiento de un endocrinólogo de Rondonópolis», dijo a Amazônia Real en una entrevista.

Majur esperaba someterse al tratamiento de transición de forma gratuita a través del Servicio Único de Salud (SUS, el sistema de salud público de Brasil), pero por la demora en la atención, optó por procedimientos pagados.

En su pueblo, en un estado de la región centro-oeste de Brasil, a Majur siempre la han respetado. Ahora, como cacica y al frente de una comunidad de unos 800 habitantes, dice que el respeto ha aumentado. Sabe que esa no es la realidad de la mayoría de los indígenas LGBTQIA+.

«Nosotros, además de ser indígenas, LGBT, sufrimos un doble prejuicio. Aunque nunca he sufrido por parte de mis padres, sí por parte de algunos familiares, y en la sociedad exterior también», explica.

Incluso teniendo la oportunidad de salir del pueblo para estudiar, decidió quedarse y trabajar con su gente. Soltera, cría a dos sobrinas como si fueran sus propias hijas;, dice que una ya le ha dado «dos nietos».

«Siempre digo que nuestra [orientación] sexual no define nuestra personalidad, somos lo que somos, no lo que la sociedad homofóbica quiere que seamos», dice, y añade que siempre da las gracias a Aroe Eimejera – «Dios, el Jefe de las Almas, el Jefe de los Espíritus»- de los bororo por estar bien.

El diseñador amazónico Sioduhi | Foto: Jéssica Lagoas/Usada con autorización de Amazônia Real

Romper el silencio

Aunque el tema sigue siendo tabú, la diversidad sexual en los pueblos ha cobrado fuerza pues más indígenas que han decidido romper el silencio.

A los 25 años, el diseñador amazónico Sioduhi, del pueblo pira-tapuya (también llamado Waíkahana), recuerda lo difícil que fue darse cuenta de que era gay.

«Este descubrimiento me dio mucho peso, precisamente porque nací en una zona con un proceso de colonización muy fuerte, que es el Alto Río Negro, en la Amazonia. Allí hay un elevado número de católicos y protestantes. Es un lugar donde la colonización es tan fuerte que todos sufrimos el proceso de integración», afirma.

Consciente del papel que ocupa en la sociedad, ha tratado de orientar este debate de forma más abierta.

«Como indígena, LGBTQIA+ y diseñadora de moda con algo de influencia, he tocado más estos temas, que todavía son sumamente delicados, por esta construcción del binarismo (hombre-mujer) y la culpa cristiana, que todavía es muy grande. Nos dijeron que íbamos a ir al infierno», dice.

Cuando decidió perseguir su sueño de convertirse en diseñador de moda en São Paulo, llevaba toda esta carga e historia en su maleta, que se reflejaba en su proceso creativo. También llevaba en su maleta la prevaricación, la violación espiritual y los abusos morales. No es raro que un indígena LGBTQIA+ acabe sintiéndose aislado y oprimido dentro de su propio territorio.

Para el pueblo waíkahana, Sioduhi significa «espíritu ancestral de un baiá», el cantor de las ceremonias sagradas. Nació y creció en la comunidad Mariwá, en São Gabriel da Cachoeira, en el Alto Río Negro, estado de Amazonas, región que concentra la mayor diversidad de etnias indígenas, con 23 pueblos diferentes.

A los 12 años se trasladó a la ciudad para estudiar. Hace tres años, Sioduhi llegó a la ciudad de Pedras, en el estado de São Paulo. Resistir es lo que aprendió a hacer, como indígena gay que corría tras el sueño que tenía desde niño de ser diseñador de moda. Creó la marca Sioduhi Studio, de moda indígena.

Antropóloga Bárbara Arisi | Foto: Archivo personal/Usada con autorización de Amazônia Real

Indígena gay

Barbara Arisi, que investiga la diversidad sexual entre los indígenas, es doctora en antropología por la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC).

«Mi investigación doctoral fue con los matis, que viven en la tierra indígena de Vale do Javari, cerca de la frontera con Perú, donde el río Javari separa ambos países», explica.

Arisi, que actualmente vive y enseña en los Países Bajos, es coautora de dos libros sobre el tema. La Tierra Indígena de Vale do Javari se encuentra en el estado de Amazonas y es la segunda mayor tierra indígena del país. Es el hogar de más de 6000 indígenas recientemente contactados y aislados..

El primer libro del investigador, «Indígenas gay en Brasil: historias no contadas de la colonización de las sexualidades indígenas«, fue publicado en 2017 por la editorial suiza Springer y habla de la historia no contada de las sexualidades indígenas, antes de la llegada de portugueses y españoles.

«Los cronistas, los sacerdotes, los jesuitas, los dominicos registraron la presencia de otras prácticas sexuales no monógamas y no heterosexuales, que los indígenas, al igual que muchos otros pueblos indígenas del mundo, tenían antes de la colonización europea, admitidas en la comunidad», explica el antropólogo.

«El heterosexismo, la violencia contra las prácticas que luego llamaremos homosexuales, es parte de un proceso de imposición cultural católica sobre las prácticas indígenas relacionadas con las formas de establecer las familias, la sexualidad, la afectividad.»

Su segundo libro, Indígenas gais en América Latina: capítulos prohibidos de la historia colonial, fue publicado en 2021 por la misma editorial. Presenta un barrido por la escasa literatura sobre el tema y las historias de personalidades indígenas transgénero y gais contemporáneas.

«El libro trata de todo lo que encontramos de material en la arqueología, en los registros de los cronistas hasta la parte más contemporánea, de cómo los indígenas de hoy en día se reivindican como ‘pueblos maricas’, por ejemplo, un término que se usa en Sudamérica. En Bolivia, los indígenas usan esta expresión», destaca..

El libro también presenta información sobre los académicos indígenas estadounidenses y canadienses que reivindican el número dos del acrónimo de la diversidad: LGBTQIA2+. Esto se debe a que son indígenas y no se sienten cómodos en el binarismo. Se hacen llaman dos espíritus, categoría nativa. El término similar en Brasil sería «indígena gay».

Tarisson Nawa | Foto: Archivo personal/Usada con autorización de Amazônia Real

Fluidez de género

Según el periodista José Tarisson Costa da Silva, indígena y gay del pueblo nawa, en el estado de Acre, al norte de Brasil, hay informes de que sus antepasados vivían su sexualidad de forma tan natural que no era necesario asumir su orientación sexual.

«La sexualidad no tenía esta jerarquía o relación de violencia con las personas, con las diferentes prácticas. Hoy en día, afirmarse como persona indígena LGBT es fundamental para la lucha y el reconocimiento. Es la diferencia dentro de la diferencia», explica.

Tarisson Nawa, que actualmente vive en Manaos, capital del estado de Amazonas, recuerda que la agenda de género en los pueblos indígenas la está planteando el movimiento de mujeres indígenas.

«Porque las luchas de género traen otras formas de ser y vivir dentro del territorio», señala la periodista. «Junto a esta lucha de las mujeres, esta lucha por el territorio, ligada a las cuestiones de género, también vienen las cuestiones de la sexualidad».

Reconoce que en la mayoría de los territorios la colonización ha afectado directamente a la sexualidad de los pueblos indígenas, impactado en sus afectividades, sensibilidades y formas de relacionarse. Al igual que alteró y sigue afectando a la organización social de los pueblos.

«Tengo mis temores al decir que todo es producto de la violencia de la colonización. No lo niego, es un hecho que la colonización tuvo un impacto, pero hay que tener en cuenta que en Brasil hay 305 pueblos indígenas. La diversidad es inmensa, es difícil medir hasta qué punto antes de la colonización existía la fluidez de género y sexualidad en todos estos territorios», afirma.

Para la antropóloga Barbara Arisi, la discriminación y los prejuicios contra la diversidad sexual entre los indígenas dependen del contexto. Aunque muchas comunidades, como la de Majur, tienen aceptación, otras no.

«Hay comunidades muy violentas. En Centroamérica, a las personas las golpean, las maltratan, y para que sigan el binarismo, la forma de castigo suele ser la violación», advierte.

«Siempre pienso que las comunidades indígenas aceptan más a la gente, pero eso no significa que todos, la diferencia es muy grande, hay muchos pueblos, no se puede hablar genéricamente».

“Están aniquilando el periodismo”: Reporteros mexicanos trabajan entre agresiones y asesinatos

“Están aniquilando el periodismo”: Reporteros mexicanos trabajan entre agresiones y asesinatos

Por Albinson Linares para Telemundo y La Antígona

Al menos siete reporteros fueron asesinados en 2021 y, en las pocas semanas de 2022, tres más han muerto en ataques. Por tercer año consecutivo, México es considerado el país más peligroso del mundo para los periodistas, según Reporteros sin Fronteras.

José Ignacio Santiago Martínez estaba trabajando durante la madrugada del miércoles. Como reportero de sucesos acababa de recopilar fotografías y videos en una localidad cercana a San Lucas Yosonicaje, en el estado mexicano de Oaxaca.

A las 2:00 am, un taxi rojo comenzó a seguir la camioneta que lo transportaba y, de repente, intentó cerrarle el paso.

«El chofer hizo una maniobra y logró evadirlo, pero los hombres del taxi portaban armas largas y comenzaron a dispararnos. Por fortuna no salimos heridos, pero fueron muchos balazos. Los escoltas me pidieron que me tirara al piso de la camioneta y no levanté la cabeza hasta que nos alejamos de ahí», explica Santiago Martínez, con el miedo vivo en la voz, durante una entrevista con Noticias Telemundo.

El reportero oaxaqueño, director del medio Pluma Digital Noticias, dice que se salvó porque forma parte del Mecanismo Federal de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas que le asignó cuatro escoltas que trabajan en dos turnos. «De no ser por la protección con la que yo contaba, formaría parte de la estadística lamentable que estamos viviendo», comenta Santiago Martínez con desaliento. 

No todos los periodistas mexicanos tienen la misma suerte. En las pocas semanas que han transcurrido de 2022, cuatro reporteros han sido asesinados en el país.

A inicios de enero, José Luis Gamboa, fundador del portal de internet Inforegio, fue apuñalado mortalmente en el estado de Veracruz; el 17 de enero mataron al fotoperiodista Margarito Martínez de un balazo en la cabeza, a plena luz del día y frente a su casa en un barrio de Tijuana. Seis días después, asesinaron a la reportera Lourdes Maldonado López, en el mismo estado y también frente a su residencia.

El 31 de enero, durante las últimas horas del mes, el periodista Roberto Toledo fue baleado en Zitácuaro, Michoacán. Toledo, de 55 años, era abogado y articulista del medio Monitor Michoacán y, según informaciones de los medios locales, había recibido múltiples amenazas por lo que fue incluido en el mecanismo de protección del gobierno federal.

En el más reciente informe anual de Reporteros sin Fronteras, México volvió a ser considerado como el país más peligroso del mundo para los periodistas —por tercer año consecutivo— debido al asesinato de al menos siete periodistas en 2021.

«Lo que México enfrenta ahora es producto de la proliferación de la delincuencia organizada en todo el territorio, y la corrupción en los cuerpos policiales y las fiscalías que atentan contra el Estado de Derecho. En realidad, el Gobierno mexicano no tiene la capacidad para atender un problema tan específico como los ataques contra la libertad de prensa», asevera Jan-Albert Hootsen, representante en México del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por su sigla en inglés).

Según diversas organizaciones, como Artículo 19, la cifra roja del país suma 148 periodistas asesinados por ejercer su oficio desde el año 2000. Al menos, 28 de ellos han muerto durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador.

Durante el primer semestre de 2021, Artículo 19 documentó 362 agresiones contra periodistas, es decir, una cada 12 horas.

«Me siento un poquito mal por la situación que estoy viviendo. Siempre que sucede un ataque contra los medios de comunicación nos tienen que mover de nuestro lugar de origen y eso ya lo viví, y lo sufrí», dice Santiago Martínez.

No es la primera vez que el reportero de Oaxaca sufre agresiones por su trabajo periodístico: en 2015 le fracturaron dos brazos y dos años después lo amenazaron de muerte si no trabajaba para difundir las informaciones de unos narcotraficantes, por lo que fue trasladado a Ciudad de México por las autoridades.

A veces me da miedo, pero no pienso retroceder porque hay que seguir informando».

JOSÉ IGNACIO SANTIAGO MARTÍNEZ, PERIODISTA

Santiago Martínez, de solo 31 años, explica que esos incidentes, además del constante acoso a través de los medios digitales han hecho mella en su salud y padece de un intenso estrés. Hace poco más de un mes sufrió un infarto.

«A veces me da miedo, pero no pienso retroceder porque hay que seguir informando. Ese es mi trabajo», asevera.

El martes, los asesinatos de Maldonado, Martínez y Gamboa desencadenaron protestas en diferentes ciudades del país, donde decenas de periodistas salieron a exigir justicia.

Familiares y amigos en el entierro de la periodista Laura Maldonado en Tijuana, el 27 de enero de 2022.
Familiares y amigos en el entierro de la periodista Laura Maldonado en Tijuana, el 27 de enero de 2022.Marco Ugarte / AP

«Hasta temo por mi vida»

El 26 de marzo de 2019 fue un día normal en las conferencias matutinas del presidente López Obrador.

La reportera Lourdes Maldonado, que trabajaba en Tijuana, hizo algunas preguntas sobre temas de comercio y luego aprovechó ese momento para contarle al mandatario que exigía justicia laboral en una demanda contra Jaime Bonilla Valdez, aliado político del presidente en Baja California, por despido injustificado y adeudos de nómina.

Bonilla Valdez gobernó Baja California entre los años 2019 y 2021, y es el dueño del canal PSN, donde trabajó la reportera.

[Asesinado un periodista que escribía de crimen en México, el país más peligroso de América para reporteros]

En esa ocasión, Maldonado miró fijamente a López Obrador y le dijo: «Hasta temo por mi vida». El pasado domingo, cuando se cumplían 669 días de su intervención en la conferencia presidencial, fue asesinada frente a su casa en Tijuana.

La reportera estaba protegida, en su caso, por el Mecanismo Estatal de Protección a Periodistas porque en marzo de 2021 fue agredida cuando dispararon un balazo que perforó el vidrio trasero de su vehículo.

Sin embargo, el incidente del domingo sucedió cuando los oficiales que la custodiaban ya se habían marchado de su residencia. Según la fiscalía estatal, fue abordada por tres hombres y uno le disparó.

El 19 de enero, y luego de un litigio laboral que se extendió durante nueve años, Maldonado había recibido una decisión favorable sobre su demanda al dictaminarse un embargo mercantil contra el canal. Bonilla Valdez ha rechazado públicamente estar relacionado con la muerte de Maldonado López, y López Obrador pidió no apresurarse a formular conclusiones, además de exigir «una investigación a fondo».

Días antes de su asesinato, la reportera había participado en una manifestación para recordar a Margarito Martínez, el fotoperiodista que también fue asesinado en Tijuana.

«Estoy muy consternada, llena de dudas y de conflictos en la mente. Me urge que este caso se aclare, hay que saber cuáles eran las razones por las que asesinaron a Margarito», dijo la periodista en la protesta de la noche del 21 de enero.

Dos días después, ella misma pasaba a formar parte de la estadística sangrienta de México.

Desde 2012, el Gobierno mexicano implementó el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, que actualmente tiene 1,504 beneficiarios, 493 de ellos son profesionales de la comunicación.

Como sucede con la mayoría de los delitos en México, la impunidad en las agresiones contra periodistas es casi total. La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión inició alrededor de 3,000 investigaciones desde 2010 pero, según Artículo 19, solo logró 22 sentencias condenatorias.

«El Gobierno quiere hacer foros para mejorar el mecanismo de protección, y eso está muy bien, pero las exigencias de la comunidad periodística es muy clara: lo principal es el combate a la impunidad. No puede haber un cambio en la situación de violencia, si no se investiga y se sanciona a las y los perpetradores», afirma Itzia Miravete, coordinadora de prevención en Artículo 19.

Cuando la guerra toca la puerta

Unas 16 horas después del atentado contra Santiago Martínez, el reportero Alejandro Ortiz quedó atrapado en medio de una balacera en Chilpancingo, Guerrero.

Era poco después de las seis de la tarde, y Ortiz acababa de cenar cecina con sus dos hijos y su esposa. Mientras atendía una llamada telefónica comenzó a escuchar una detonaciones estruendosas en Buenavista de la Salud, la comunidad donde vive.

Fueron cientos de balas, el sonido era ensordecedor».

ALEJANDRO ORTIZ, REPORTERO

«Yo pensé que era alguna celebración religiosa, nunca me imaginé que era una descarga de balas de un grupo delictivo», explica con sorpresa.

Al colgar, vio el semblante espantado de su esposa y comprendió que la guerra acababa de estallar afuera de su casa. Rápidamente se abalanzó sobre su familia y todos se tiraron al piso, mientras se comunicaba con las autoridades y sus redes de apoyo para pedir ayuda.

Cuando concluyó la balacera y los maleantes se habían marchado de la zona, llegaron las autoridades con efectivos policiales y militares.

«Fueron cientos de balas, el sonido era ensordecedor y duró más de una hora, sin parar. Mis hijos nunca olvidarán eso», dice con tristeza, mientras recuerda que hace unos años otro grupo armado les quitó cámaras, laptop y una camioneta durante una cobertura.

«Aunque uno está preparado para que sucedan esas cosas en el trabajo, nunca te lo esperas en tu casa, fuera de horario, y cuando ya estás descansando», concluye Ortiz, quien no se encuentra protegido por las autoridades.

Estresado y hastiado, el reportero casi no pudo dormir esa noche. Pero, al día siguiente, escribió un breve texto para drenar su traumática experiencia. El título es elocuente: «Y las balas seguían…».

«Están aniquilando al periodismo»

Para expertos como Hootsen y Miravete, revertir la situación de violencia contra los periodistas llevará años, pero se puede lograr si se fortalecen los mecanismos de protección y se inician procesos de capacitación para las autoridades con el fin de que combatan la impunidad. Además, se deben implementan procesos de reparación.

«El impacto de la violencia que vive la prensa, tanto a nivel físico, psicosocial y económico es brutal. Muchos periodistas se enferman después de estar desplazados, incluso algunos se han muerto, y eso hay que atenderlo», afirma Miravete.

Omar Bello, periodista desplazado de Guerrero, conoce bien las consecuencias de ser extraído de su región. Tuvo que abandonar el paraíso de las playas de Zihuatanejo, por la gris megalópolis capitalina. El 20 de agosto de 2017 recibió una última amenaza de los narcotraficantes de su zona y el mensaje fue claro: «O dejas de portarte mal o te matamos».

Poco después, entró al mecanismo de protección y ahora vive en Ciudad de México.

[Ocho balazos en una calle desierta: los periodistas sufren la violencia criminal y el acoso de autoridades en México]

«Pierdes todo: familia, amigos, empleos y, lo más importante, pierdes tu identidad porque al ser desplazado ya no puedes ejercer más. El mecanismo solo te da ayudas para comida y vivienda pero no te ayuda a volver a ejercer, renuncias a eso. Los delincuentes están aniquilando el periodismo», dice con impotencia.

En su caso, la imposibilidad de ejercer el oficio informativo lo llevó a convertirse en activista por los derechos humanos. En diciembre de 2020, Bello y un grupo de manifestantes se extrajeron sangre frente a la Secretaría de Gobernación capitalina para protestar por los recortes presupuestarios en los mecanismos de protección.

Omar Bello, periodista desplazado, durante una protesta frente a la Secretaría de Gobernación en Ciudad de México, en diciembre de 2020.
Omar Bello, periodista desplazado, durante una protesta frente a la Secretaría de Gobernación en Ciudad de México, en diciembre de 2020. Foto: Albinson Linares

«Duré más de 25 días en un plantón y no me atendían. Ni siquiera me pusieron escoltas aunque estoy amenazado de muerte. Por eso manchamos con nuestra sangre toda la fachada, ahí quedó mi ADN«, dice con vehemencia.

Santiago Martínez coincide con Bello, y afirma que su experiencia en la capital mexicana fue «un martirio» porque se sentía preso y sin la posibilidad de volver a escribir sobre su amada Oaxaca.

«No te dan ni siquiera un empleo temporal, no te dan alternativas y te encierran en un refugio. Por eso, con todo y los peligros, decidí volver a mi lugar de origen y aquí pienso continuar», concluye.

Si usted tiene información sobre casos de abusos contra periodistas en México puede escribir a albinson.linares@nbcuni.com.

Yo creo: Más allá de la Kipá

Yo creo: Más allá de la Kipá

Por Renato Silva

Luego de haber sufrido una brutal persecución durante el régimen nazi —que provocó la muerte de entre seis y doce millones de personas en campos de concentración— la comunidad judía es, en la actualidad, poco comprendida e, incluso, acosada y discriminada en espacios públicos por personas con poca tolerancia a la diversidad religiosa, o que reivindican un discurso antisemita.

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Según un artículo publicado por el Congreso de la República en el año 2002 —y rescatado por León Trahtemberg en su sitio web— la presencia de judíos en el Perú se remonta a los años 1850. Fueron activos en la sociedad e historia del país con participación en hechos como el contrato Dreyfus para comercializar guano, el establecimiento de la primera casa de cambio en Lima, así como la fundación del Jockey Club (antes llamado Sociedad de Carreras).

En el censo nacional del año 2017, la religión judía no tenía categoría propia dentro de las estadísticas de religiones profesadas por ciudadanos peruanos. “Otras religiones”, según la contabilidad oficial del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) son practicadas por el 4,8% de peruanos, mientras que el 76,0% se identificaba como católico y el 14,1% restante pertenecían a denominaciones evangélicas.

Según el rabino Mendel, integrante de la secta judía conocida como Chabad, solo en Lima hay 3,000 judíos y, en todo el territorio peruano, podrían haber alrededor de 12 mil.

“Tenemos los mismos padres”

La religión judía, según Mendel, no es muy diferente de las vertientes del cristianismo, como el catolicismo. El Tanakh, que es el libro sagrado de los judíos, cuenta la historia de lo que los católicos conocen como el Antiguo Testamento. La diferencia es que la comunidad judía no acepta el Nuevo Testamento y, por lo tanto, no reconoce a Jesús como el Mesías. 

Pese a la diferencia existente, el judaísmo es considerado el punto de origen del cristianismo y del islam, lo que implica que comparten historias similares que se diferencian en algunos aspectos. Para Mendel, “todo el mundo cree en la Biblia, el cristianismo y el islam, así que la relación que existe es que tenemos el mismo padre, ya que ambos tenemos las mismas madres, mientras que Abraham, Isaac y Jacob son nuestros padres. Creemos en Dios”.

Sin embargo, las diferencias entre estas religiones no implican que el judaísmo rechace las distintas formas que tiene el cristianismo o el islam. De hecho, esa diversidad es aceptada y alentada, pues se reconoce que cada quien tiene una forma especial y característica de relacionarse con Dios. “Todos somos hermanos y hermanas. Y, al final del día, todos estamos tratando de traer a Dios a este mundo y hacerlo… Hacer del mundo la morada de Dios”, asegura el rabino.

Un sinfín de reglas

Otra de las diferencias que puede encontrarse entre el cristianismo y el judaísmo se refleja en los mandamientos que Dios le entregó a Moisés en el monte Sinaí. Mientras que los cristianos siguen los 10 mandamientos del libro de Éxodo, la comunidad judía tiene un conjunto de 613 mandamientos o mitzvah, que no solo inciden en la forma en la que los practicantes se relacionan con Dios y con las personas, sino que también influyen en su forma de vestir, en su aseo personal, e incluso en qué cosas comer.

El rabino Mendel indica que los mitzvah a seguir varían. Las mujeres y los hombres no tienen los mismos mandamientos; al igual que hay diferencias entre los judíos y no judíos.

Estas reglas son formas en las que los judíos pueden establecer una conexión con Dios en todo momento, incluso realizando actividades comunes como descansar. “Lo que Dios está haciendo cuando te da un mandamiento, te está dando una conexión. Dios nos ha dado mandamientos para conectarnos con él. No es que Dios necesite esto o quiera esto otro. Nos ha dado una manera de conectarnos con él”, explica Mendel.

La promesa de la resurrección

Contrario a las creencias cristianas, el judaísmo no considera la existencia del purgatorio. De hecho, tampoco considera que el cielo o el infierno sean lugares de descanso o castigo eternos para las almas de sus fieles conforme a su comportamiento. 

La religión judía tiene una visión positivista sobre el destino del alma luego de la muerte del cuerpo físico. El infierno es un lugar de transición en la que se “lavan” por 12 meses las impurezas de las almas antes de pasar al cielo. La única forma de evitar ese periodo es mostrar arrepentimiento antes de morir.

La promesa de la resurrección se hará realidad una vez que el Mesías llegue a la Tierra. La creencia judía indica que todos los fieles que fallecieron a lo largo de la historia volverán a la vida y es por eso que está prohibida la cremación de los cadáveres en esta religión.

Para Mendel, “el enfoque principal de toda nuestra vida es estar en este mundo haciendo de este mundo un lugar mejor. No es que nos comportemos y por lo tanto obtengamos una recompensa en el cielo o en el infierno, pero hay cielo e infierno. El enfoque es traer al Mesías y volver a este mundo”.

Después de todo, más allá de las diferencias, de las similitudes y de las críticas que pueden existir a las creencias de las religiones, el rabino Mendel considera que el diálogo es importante para una convivencia pacífica y armónica entre todas las personas.

“El pueblo judío no solo ha existido desde ahora. Hubo judíos en los años 1800 y 1900, y ellos hablaban, pero aún así había cierto tipo de racismo, así que no se trata solo de oír, sino de querer vivir en armonía, entender y escuchar. Creo que oír no ayuda si no hay nadie que quiera escuchar. Así que se trata de ambas cosas”, finalizó.

Un archivo por y para nosotrxs

Un archivo por y para nosotrxs

Por Aylinn Siñas

“¿Cuál es la memoria que nosotras como maricas tenemos? ¿Qué recordamos? ¿Cuál es la historia de las maricas asesinadas? ¿Por qué se nos ve solo como una cifra y no recogemos esas memorias?”, esos fueron los primeros pensamientos que vinieron a la mente de André Mere (29), luchador por los derechos de las disidencias sexuales y miembro fundador del Archivo Marica, al pensar en la historia y la memoria del Perú.

Para Jonás Muñoz (33), activista por los derechos humanos y la comunidad LGBTQ+ del Callao y Anticuchx Polisha, travesti trans-toriadora y chalaca (28), el colectivo debe recuperar sus memorias, ya que si no la construyen ellxs, nadie lo hará. Es por eso que iniciaron con este proyecto.

El Archivo de la Memoria Marica del Perú nace a raíz de la necesidad de visibilizar las vivencias de las disidencias sexuales para calar, fortalecer a la comunidad y hacer que se reconozca con orgullo. “Debemos conocer nuestra memoria para no permitir que hechos desastrosos vuelvan a ocurrir, porque así sabremos lo que nos merecemos y debemos exigir a la sociedad”, añade André.

Logo de Archivo de la Memoria Marica del Perú. Fuente: Instagram

La iniciativa, que en primera instancia será digital, se encuentra en la etapa de acopio de información y por ello todo el apoyo económico de la sociedad civil es apreciado, porque organizar un proyecto de tal relevancia necesita financiamiento. Un archivo es un grupo de documentos producidos por una persona u organización durante el ejercicio de sus actividades. Y no pensemos en el archivo como algo anticuado, ya que —gracias a la tecnología— nuevos tipos de documentos se han ido creando, tales como fotografías, películas o videos.

“Nosotrxs buscamos recoger fotografías, documentales, cortos, películas y todo tipo de registro físico o virtual. Probablemente, vamos a tener material relacionado con la violencia, pero también queremos mostrar el más allá. Donde no se nos ha visto, como personas que ocupan un lugar y aporta algo a la sociedad”, señala André.

Algo importante a rescatar es que estos documentos sirven para crear conocimientos basados en fuentes de gran valor. Con la información que brinde el archivo, cualquier sujeto con los medios suficientes para acceder a él puede realizar estudios, informes e investigaciones de gran impacto social.

Otros archivos LGBTQ en Latinoamérica

Archivo de la Memoria Trans – Argentina

Este espacio fue imaginado por María Belén Correa y Claudia Pía Baudracco, dos activistas trans. Con el fallecimiento de Pía en el año 2012, meses antes de que se aprobara la Ley de Identidad de Género en Argentina, María decidió hacer realidad esta iniciativa y comenzó a recolectar fotografías, testimonios, cartas y crónicas policiales de la comunidad para fundar este espacio virtual en Facebook.

Posteriormente, en el año 2014 —con el apoyo de la artista visual Cecilia Estalles— comenzaron a clasificar y agrupar más de 10 mil documentos reunidos de inicios del siglo XX hasta fines de los noventa y crearon el Archivo de la Memoria Trans. Actualmente, los archivos se han expuesto en museos de todo el mundo y buscan rescatar la memoria de la comunidad travesti, transexual y transgénero argentina.

Archivo de la Memoria Trans. Fuente: Instagram

Archivo Histórico del Movimiento de Lesbianas Feministas – México

La activista lesbofeminista Yan María Yaoyólot fue la fundadora de este archivo que busca darle visibilidad al lesbianismo en México. Este archivo recopila 5 mil documentos en promedio —entre libros, revistas, grabaciones, volantes o videos—, los cuales recuerdan y comparten la memoria de las miembras del colectivo desde 1976 hasta el 2020.

Este proyecto aportó hallazgos significativos no solo para la memoria lésbica, sino para la historia del país. También sirvió para demostrar que muchas de ellas dieron la vida en diversas manifestaciones por la búsqueda de reconocimiento de derechos, y así reforzaron la identidad del colectivo y empoderaron a las nuevas generaciones.

Identidad y memoria: Dos conceptos entrelazados

Un archivo no se debe concebir únicamente como un recuerdo. Elizabeth Jelin, socióloga argentina, explica que la información del pasado —aquella que puede ser encontrada en documentos escritos o digitales— no garantiza que los individuos la recuerden o reconozcan. Afirma que, por el contrario, es necesario que aquella memoria pasada active en la persona un sentido a su escenario actual.

“Queremos difundir la alegría, el paso del tiempo, la colectividad. Todo esto termina siendo resistencia y denuncia”, comenta André al explicar qué es lo que quisieran causar en el espectador, ya que uno de los fines es generar conciencia sobre lo que la comunidad ha podido lograr y aportar.

Tal como vemos, la necesidad de creación de una memoria propia también surge para afirmar y empoderar la identidad de la comunidad LGBTQ+ en el Perú, aquella que muchas veces se reconoce en las historias y experiencias de grupos externos, pero no tiene idea de los sucesos nacionales que marcaron su pasado —y presente— de lucha. Como dice André: “Hay dos cosas que se cruzan, la mariconada como identidad y el ser peruana como identidad”.

Es por ello que el Archivo de la Memoria Marica del Perú tendrá cruces de territorialidad, temporales y de la vivencia. Esto para poder difundir hechos nacionales que son desconocidos por muchxs dentro de la misma comunidad, como la matanza de Las Gardenias ocurrida el 31 de mayo de 1989 en Tarapoto.

Aquel día, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) irrumpió de forma intempestiva hacia la discoteca Las Gardenias en San Martín; sacó a ocho gays y trans del interior y los asesinaron. Aquellxs personas fueron César Marcelino Carvajal, Max Pérez Velásquez, Luis Mogollón, Alberto Chong Rojas, Rafael Gonzales, Carlos Piedra, Raúl Chumbe Rodríguez y Jhony Achuy. Posteriormente, el MRTA publicó un comunicado en el que resaltan que iban en contra de la existencia de “lacras sociales”; entre ellas, la comunidad LGBTQ+.

Fuente: El Comercio

Lamentablemente, pareciera que en nuestro país no existe una voluntad política ni social por querer introducir hechos de esta temática como parte de nuestra cultura y memoria como sociedad. Esperemos que, con esta iniciativa que nace del propio pueblo, se tome acción y poco a poco construyamos una sociedad inclusiva en la que se respete la diversidad.

¿Felices fiestas? La comunidad LGTBIQ+ y la Navidad

¿Felices fiestas? La comunidad LGTBIQ+ y la Navidad

Por Mya Sánchez

Las reuniones familiares navideñas suelen ser espacios de censura y autocensura para las personas LGTBIQ+. FOTO: Cottonbro

La familia es la temática central durante las fiestas de fin de año, pero es también esa figura que para muchas personas disidentes representa violencia y censura. Ante ello, La Antígona conversó con especialistas de Más Igualdad Perú sobre recursos y respuestas rápidas que aparecen como salvavidas en caso de marea alta.

Unión familiar, cánticos y regalos. Eso es lo que Ariel* ve a su alrededor cada vez que se acerca Navidad. Su hermana menor está emocionada porque, en esta oportunidad, —después de dos años— verá nuevamente a parte de su familia extendida. Sin embargo, para Ariel significa otra cosa: tendrá que afeitarse la barba que adora y en la que había invertido tanto tiempo y lágrimas. Su mamá no iba a querer que sus abuelos y tíos sepan lo que toda la cuarentena había logrado ocultar: que su hijo es un hombre transgénero.

Mientras que para algunas personas las fiestas de fin de año son motivo de celebración, para otros es sinónimo de caretas y soledad. Esto, aunado a las de por sí graves consecuencias que ha tenido el aislamiento por COVID-19 en la salud mental de la comunidad LGTBIQ+, hace que estas fechas sean especialmente difíciles para las personas disidentes. 

“Desde el Botiquín Emocional Arcoiris de Más Igualdad, hemos visto que durante la pandemia, a falta de espacios sociales de encuentro con personas con las que tienen algo en común, muchos han ido explorando su identidad u orientación solos. Una cosa es estar solo en tu casa con tu familia, y otra es estarlo en tu cuarto porque no te aceptan o te violentaron. O quizá ni siquiera tienes un cuarto porque te han botado de tu casa”, explica Geraldine Guzmán, coordinadora del referido servicio gratuito de primeros auxilios psicológicos para personas LGTBIQ+.

Muchos de ellos prefieren pasar las fiestas con su familia escogida. (FOTO: Rodnae)

A diferencia de Ariel, Santiago* no le ha contado a nadie de su familia que le gustan los chicos. Para él, su verdadera familia son los amigos a los que él escogió, pero sabe perfectamente que su padre no aceptaría que ellos asistan a la cena navideña en su casa.  

“Tenemos que recordar que la familia suele ser uno de los espacios más violentos y discriminatorios contra esta población, especialmente cuando son jóvenes. Cuando hablamos de violencia, hay factores de riesgo y uno de ellos son las relaciones de poder. Si  las personas LGTBIQ+ son dependientes, sus cuidadores estarán en una posición de autoridad respecto a ellas”, explica Alex Hernández, presidenta de Más Igualdad.

Santiago teme tener que enfrentarse otra vez a las burlas homofóbicas de sus tíos, que cada año ríen más fuerte al escuchar las imitaciones de una expresión de género que ellos consideran graciosa en los hombres. Para Hernández, lejos de ser humor, es una forma de violencia naturalizada detrás de la que se esconden las personas para manifestar su homotransfobia. 

Asimismo, los contextos familiares suelen ser espacios en los que se refuerzan otro tipo de sesgos, como los estereotipos de género y los cánones de belleza. Esto también afecta de manera particular a las personas disidentes. “Algunas personas que han pasado por transiciones hormonales o de otro tipo, tienen que básicamente disfrazarse de un género con el que no se identifican. La violencia también pasa por la corporalidad”, comenta Guzmán, también coordinadora de educación e incidencia social de la asociación.

Este deseo de “dar una buena imagen” frente a la familia extendida, que encuentra su explicación en la heteronorma, precisa Hernández, lleva finalmente a la censura. Pablo* lo sabe bien. A pesar de que su mamá parece no tener problemas con su orientación sexual, le ha pedido expresamente que su abuela no se entere de la misma. “Es contradictorio. No sé si realmente ha habido algún cambio y no veo ningún esfuerzo por buscar información”, relata él. Para Hernández, este tipo de condiciones representan una vulneración a los derechos de expresión de identidad y personalidad.

Y si bien muchas veces los ataques no son directos, el contexto sigue sin ser seguro para las disidencias, por lo que algunos optan por la autocensura. “Es muy común y no es culpa de la persona. Las reacciones de la familia pueden llegar a la expulsión del hogar, así que el clóset a veces sirve para protegerse de agresiones de terceros, pero incrementa los problemas de salud mental”, afirma la presidenta de Más Igualdad.

Es así que las fiestas de fin de año terminan reproduciendo numerosas dinámicas violentas, como los regalos basados en estereotipos de género que, si se entregan con la intención de influir en los gustos, orientación sexual o identidad de género de quien lo recibe, adquieren el mismo cariz que las terapias de conversión, opina Guzmán. 

El problema con estos eventos, comentan las especialistas, radica en que el valor de la familia de sangre y de la reconciliación se convierten en la norma, a pesar que no sean espacios seguros para las personas LGTBIQ+. “Esto puede ser violento y revictimizante para ellos”, concluye Guzmán.

Estragos en el bienestar

La pandemia ha recrudecido la ansiedad, depresión, estrés postraumático e incluso ideación suicida, afectando de manera particular a la comunidad LGTBIQ. (FOTO: MartProduction)

No es de sorprender entonces que el contexto propio de esta temporada pase factura en la salud mental de las personas de la comunidad LGTBIQ+. La delicada situación es tal que, según cuenta Guzmán, desde Más Igualdad han visto cómo los índices de depresión, ansiedad y estrés postraumático han recrudecido, al igual que los casos de ideación suicida, que aumentaron en diciembre, y que han sido derivados a sus aliados del Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio Sentido.

Cuando se trata de agresiones físicas o psicológicas, los efectos son más predecibles. “Lo que se hace es desestimar y desvalorizar su identidad y su expresión desde algo tan humano que es la vinculación afectiva y sexoafectiva en un contexto en el que está sobrevalorado el concepto que nos venden de familia, lo cual puede ser aún más violento”, explica la especialista.

La imposibilidad de ser auténtico en un contexto familiar acarrea sentimientos de insuficiencia e inadecuación, al punto de sentir incluso que la propia identidad se debe a una patología. “Es negarte a ti y todo lo que te involucre, quitarte tu humanidad. Reducirte a tu orientación sexual o identidad de género, y creer que eso te impide tener vínculos humanos, románticos, tener un proyecto de vida o básicamente ser una persona”, añade.

Además, que los familiares mantengan en secreto estos aspectos de la vida de una persona LGTBIQ+ no es tan inofensivo como parece, pues es una agresión que involucra a terceros. “Se le dice a la persona ‘tienes que mentir por mí’ y además le quitan la oportunidad de encontrar posibles sistemas de apoyo”, explica Guzmán. 

Hernández agrega que este es un acto discriminatorio. “No se puede aceptar a las personas con condiciones. Censurar para evitar disgustos es básicamente decirle a la persona que es más importante cómo se sienten los demás que cómo se sientes ellas”, sentencia. Finalmente, entrar y salir del clóset como estrategia de supervivencia es también violento.

Salvavidas en la emergencia

Mientras que para algunas personas es sencillo defenderse en situaciones de vulneración, para otras no. En la opinión de las especialistas, esto depende mucho de los recursos con los que cuente cada individuo, porque en muchos casos esto puede exponerlos a mayor violencia o exponer sus identidades cuando no lo desean. 

Las familias escogidas, como las parejas, no suelen ser bienvenidas en las cenas navideñas en familias homofóbicas. (FOTO: Tirachardz)

Las personas LGTBIQ+, explica Guzmán, muchas veces sobreviven en base a estrategias que les permite perdurar en ciertos espacios incómodos hasta obtener mayores recursos para salir de ellos. Así, mientras algunos —por ejemplo— prefieren no festejar Navidad o Año Nuevo para no exponerse a eventos violentos, otros optan por reivindicar su derecho a participar y disfrutar de una cena como merecen.

En ese sentido, la psicóloga precisa que no existe fórmula perfecta para actuar en estas fechas, y recomienda, en su lugar, trabajar en la afirmación para recordar el motivo por el cual se está o no haciendo algunas concesiones y esfuerzos. De igual manera, las redes de apoyo virtuales han adquirido un rol importante en el contexto pandémico.

Es así que desde Más Igualdad se están incorporando recursos para salvaguardar el bienestar emocional de la comunidad LGTBIQ+ peruana en este contexto. Una de sus primeras estrategias será gestionar una Cena Navideña Virtual mediante un canal de Telegram, donde a través de actividades y herramientas, un grupo de psicoterapeutas acompañará a quienes lo necesiten durante la velada del 24 de diciembre.

Algunas organizaciones como Más Igualdad vienen gestando iniciativas para otorgar recursos a las personas disidentes en este contexto.

Asimismo, han llevado a cabo un taller virtual de Autocuidado Para Navidad el pasado domingo, y realizarán uno similar para Año Nuevo el 29 de diciembre a las 9:00 p. m., donde además de establecer resoluciones para el 2022 con los participantes, se buscará sostener aquellas emociones que hayan podido surgir a partir de las fiestas navideñas. Las inscripciones se pueden hacer en el enlace: https://www.masigualdad.pe/autocuidado-fiestas 

Por otro lado, gracias al fondo económico recientemente otorgado por la Embajada de Suiza, el equipo de especialistas en salud mental de Más Igualdad provee atención gratuita, inmediata y personalizada a quienes lo necesiten a través del WhatsApp del Botiquín Emocional Arcoiris. Para conocer los horarios y condiciones, ingresar al enlace: https://www.masigualdad.pe/botiquin 

“Empezamos nuestro trabajo de salud mental porque siempre ha sido primero un enfoque de trabajo interno. Pero, en el 2018, realicé un estudio exploratorio y encontré que los problemas de salud mental se incrementan en la población LGBT, que la atención en salud mental es terrible, que no hay capacitación y que hay muchos prejuicios. Con esa información, planteamos iniciativas desde la incidencia política a través de proyectos de ley, pero también con un directorio de profesionales de salud mental capacitados para atender a esta población y con el Botiquín Emocional Arcoiris”, sostiene Hernández sobre el trabajo que vienen realizando y que busca llegar a cada vez más personas.

Manual de protección

Tomando en cuenta que estamos frente a épocas duras para algunos, las especialistas dieron algunas recomendaciones. Las primeras de ellas están dirigidas a los familiares y aliados de personas disidentes:

  1. “Hay que acogerse a la rabia”, dice Guzmán. Alzar la voz cuando atestiguamos hechos de violencia homolesbotransfóbica es la mejor manera de participar en la lucha, principalmente por la revictimización y desgaste emocional que experimentaría una persona LGTBIQ+ al defenderse.
  2. Consultar a los familiares LGTBIQ+ si se sienten cómodos con las personas que asistirán a las reuniones. En muchas ocasiones, explica Hernández, los integrantes de la familia extendida pueden no ser personas seguras para ellos por manifestaciones previas de homotransfobia.
  3. Respetar sus maneras de vestir, presentarse y brindarles la tranquilidad de que no habrá censura contra ellos.
  4. Respetar las manifestaciones religiosas de cada uno. En muchas ocasiones, la relación entre las personas LGTBIQ+ y la religión es ambigua por los discursos que desde la Iglesia se han sostenido históricamente, por lo que es entendible que muchos de ellos no deseen ser partícipes de los eventos religiosos en el marco de la Navidad.

Para las personas de la comunidad LGTBIQ+, el autocuidado es la respuesta:

  1. Acérquense a las organizaciones LGTBIQ+ que están lanzando recursos e información para que estos eventos sean menos dañinos.
  2. Guzmán recomienda no sentirse obligados a pasar estas fiestas en espacios donde se sientan violentados. Debido a que la mayoría de personas disidentes cuenta con una familia escogida, permanecer con ellos es siempre una opción. 
  3. En caso de tener que hacerlo, se puede optar por diversas técnicas de afirmación. Una de ellas, sugiere, es escribirse a sí mismos una carta de Felices Fiestas, para agradecer la manera en la que están lidiando con estas fechas y leerla en momentos de vulnerabilidad. “El concepto de familia, finalmente, empieza en uno mismo”, concluye.

Disclaimer: Si estás experimentando ideación suicida, comunícate a la línea 13, opción 5 o sigue los siguientes pasos: https://www.sentido.pe/necesitas-ayuda 

*Ariel, Santiago y Pablo son nombres ficticios para proteger la identidad de las personas.