Marcha por el #8M, Día Internacional de la Mujer. FOTO: Melanie Soca.
Para nosotres, es completamente normal que las mujeres voten en las elecciones, conduzcan autos, se divorcien si lo desean, tengan una cuenta en el banco, estudien o trabajen. También se nos hace natural compartir con personas de otras razas o religiones, caminar libremente por la calle sin importar nuestro género o ver familias homoparentales. Sin embargo, no siempre nos detenemos a pensar en todo lo que tuvo que suceder para que las mujeres tuvieramos esta libertad con la que gozamos.
Miles de personas no son conscientes de sus derechos, pero también hay una numerosa cantidad que los conoce y, por cuestiones sociales, no los ejerce o defiende como deberían. La causa femenina tiene más de 100 años y, a medida que evolucionan las naciones, los motivos por los cuales se lucha cambian.
En la actualidad, se busca la igualdad salarial entre hombres y mujeres, que podamos tener las mismas oportunidades, decidir sobre nuestros cuerpos, que reine la meritocracia y, por sobre todas las cosas, la posibilidad de ser libres.
El Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, principalmente es para celebrar y conmemorar lo que hemos logrado a pesar de las barreras, tangibles o no, que atraviesa nuestro género. Y es que vivimos en una sociedad patriarcal pensada por los hombres y para los hombres.
Las más afectadas por la pandemia
Uno de los aspectos que generó un retroceso abrupto en nuestros derechos fue la pandemia por la COVID-19. El confinamiento y las medidas tomadas por los gobiernos de diversos países para frenar los contagios perjudicaron el significativo avance que se había logrado progresivamente.
Y quizás algunos piensen que el catastrófico año 2020 afectó a todos, pero fueron las mujeres las que más gravemente afectadas terminaron. Y las cifras lo advierten.
Para el 2021 la OIT estimaba que solo el 46,8% de las mujeres tendría un trabajo. Mientras que en el caso de los hombres, la cifra alcanzaba un 66,2%. Pero eso no es todo, las mujeres aún ganan 20% menos que los hombres.
“Según el documento de la CEPAL, un 56,9% de las mujeres en América Latina y un 54,3% en el Caribe se encuentran ocupadas en sectores en los que se prevé un mayor efecto negativo en términos del empleo y los ingresos por causa de la pandemia”.
Pero no solo las mujeres adultas sufren, pues 70 millones de niñas no pueden ir a la escuela o ser educadas. Una cifra que va en aumento, sobre todo desde que los talibanes retomaron el control de Afganistán.
Del mismo modo, también en América Latina vemos este terrible fenómeno, donde las creencias religiosas y culturales relegan a las niñas a las labores domésticas y de cuidado en el hogar, lo que impide su formación académica.
La vida se ha vuelto un privilegio
En el 2021, Perú cerró el año con la escandalosa cifra de 147 feminicidios y 123 tentativas de feminicidio, lo que significó un incremento del 6,85% respecto al 2020. Además, se contabilizaron 5000 mujeres desaparecidas, lo que equivale a un promedio de 16 desapariciones por día.
Esto coloca a nuestro país como uno de los más peligrosos para ser mujer, porque no son solo los feminicidios, sino que también el 34% de las mujeres ha sufrido acoso en el trabajo, mientras que 7 de cada 10 mujeres, del total de la población peruana, ha vivido algún tipo de acoso.
Lamentablemente, este es un panorama que no solo sufrimos en el Perú. Y es que, según registros de la ONU, aproximadamente 641 millones de mujeres han sufrido de acoso en todo el mundo. La cifra es aún más preocupante si se toma en cuenta que no todas las víctimas presentan una denuncia.
Niñas y adolescentes en riesgo
La mutilación genital sigue presente, principalmente, en niñas de cinco años. Más de 200 millones de menores son sometidas a esta práctica inhumana. No solo las sentencian por ser mujeres, sino que también ponen sus vidas en riesgo. Ellas pueden contraer infecciones por los métodos utilizados.
Tampoco escapamos de la violencia sexual. Aproximadamente, 15 millones de adolescentes han sufrido relaciones sexuales forzadas. Y esto también está asociado al matrimonio infantil, ya que, 4 de cada 10 niñas en el África subsahariana se casaron antes de cumplir 18 años.
Referentes desconocidas para muchas
Malala Yousafzai es una niña pakistaní que sobrevivió milagrosamente y se convirtió en la persona más joven en ganar un premio Nobel. El 9 de octubre de 2012, cuando regresaba de clases, un talibán abordó el autobús donde ella se desplazaba y le propinó tres disparos: una bala atravesó su frente.
Malala es una activa luchadora por el derecho a la educación, en especial de las niñas. En Pakistán los talibanes impiden que las pequeñas asistan al colegio e intentaron silenciar su voz. Su historia debe servir de inspiración para todos. La obligaron a abandonar su país, a sus amigos, su vida, pero con ello solo lograron que multique sus ideas.
Chimamanda Adichiees escritora nigeriana, feminista y con gran sentido del humor. Esta excepcional mujer busca la igualdad a través de sus discursos y con los mensajes en sus novelas. Su TEDxEuston “Todxs deberíamos ser feministas” es una de las más aplaudidas.
Ella se define como una “feminista africana feliz”, ya que muchas veces le dijeron que “las feministas son mujeres tristes porque no encuentran esposo”. Y por si fuera poco también ha tenido que lidiar con frases como: “ser feminista es contrario al sentir africano, porque es algo de Occidente”.
En el 2021, esta increíble mujer fue nominada al Nobel de literatura por su increíble talento y obra literaria, pero a diferencia de sus colegas hombres, su nombre no tuvo resonancia.
El camino que todavía falta por recorrer
Es necesario celebrar nuestros derechos. La lucha por estos ha sido bastante larga y se remonta no mucho tiempo atrás, es entonces cuando nos damos cuenta que otros hicieron el trabajo para que las generaciones siguientes viviéramos en armonía. Si bien esta no es total, al menos está en proceso y tenemos la certeza de saber que en buena parte del mundo, somos libres y buscamos que otros también lo sean.
Y a pesar de que en algunos ámbitos mujeres como Ursula von der Leyen, exministra de defensa de Alemania y actual presidenta de la Comisión Europea, han llegado lejos, eso no las exime de sufrir golpes de realidad indignantes. En una visita oficial a Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdoğan tuvo un desaire con ella al privilegiar a su acompañante masculino. Además, en una reciente reunión con el ministro de Exteriores de Uganda, este la ignoró y saludó solamente a sus pares hombres.
Hay quienes juzgan a las feministas de hoy porque “la lucha de ahora no es como la de antes”, pero eso mismo decían con las sufragistas, y eso mismo van a seguir diciendo en el futuro. Todavía hay un largo, larguísimo camino por recorrer y frentes por conquistar. Y quizás Occidente sienta que ya todo está ganado, pero es una afirmación nada más lejana a la realidad.
Marcha previa al Día Internacional de la Mujer. FOTO: Melanie Soca.
Las situaciones de hostigamiento sexual en medios son algo endémico pese a que cada día aumenta la cantidad de mujeres que estudian la carrera. El periodismo es una profesión que en sus inicios se reservó casi en exclusivo para varones y hoy el acoso, en la mayoría de los medios de comunicación, se mantiene en el más absoluto silencio y normalización como consecuencia de ese machismo. Por nosotras y las generaciones que vienen, ya no es hora de callar.
Desde nuestra propia experiencia y escuchando a colegas de todas las edades, entendemos que las mujeres periodistas somos y podemos ser víctimas de conducta sexistas y depredadoras. Estas no solo ocurren en el reporteo, sino también en las redacciones. De la misma forma, los agresores han sido pares, editores, jefes y hasta fuentes. En muchas ocasiones fueron referentes que admirábamos.
El acoso sexual es una forma de violencia machista en Latinoamérica y particularmente en el gremio periodístico, es una práctica normalizada e invisible. Quizá por la manida frase “El periodista no es la noticia”, las periodistas hemos pagado con nuestro silencio. El ejercicio del periodismo en sí mismo ya es un riesgo, pero la mayoría del tiempo estamos inseguras en nuestros lugares de trabajos y cubículos.
La Federación Internacional de Periodistas (FIP) ya lo ha advertido: la mitad de las mujeres periodistas ha sufrido acoso sexual, abuso psicológico, trolling en línea y otras formas de violencia de género mientras trabajan. En el 85% de los casos, las empresas periodísticas no han tomado acciones adecuadas porque ni siquiera tienen una política para contrarrestar tales abusos. El 48% vivió violencia de género en su trabajo y un 44% abuso en línea. Entre las formas más comunes de violencia de género relatados por las mujeres periodistas está el abuso verbal (63%), el abuso psicológico (41%), el acoso sexual (37%).
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el acoso sexual en el espacio de trabajo es perjudicial para las condiciones de trabajo, el empleo y las oportunidades de carrera de quienes lo sufren. Las consecuencias del acoso sexual pueden ser demoledoras para la víctima. Además de los dañinos efectos psíquicos y físicos (estrés emocional, ansiedad, depresión, ira, impotencia, fatiga y enfermedad física), la víctima corre el riesgo de perder su trabajo o experiencias relacionadas con él, tales como su formación profesional, o llegar a sentir que la única solución posible es renunciar a todo ello. El acoso sexual lleva a la frustración, pérdida de autoestima, ausentismo y una merma de la productividad.
A veces al hostigamiento se responde, otras se rehúye y hay ocasiones en que se sostienen sonrisas incómodas después de bromas de calibre sexual, masajes, invitaciones salir, degradaciones y anulación por no aceptar salidas, abusos, y acoso sexual sistemático. Las periodistas resistimos por no quedar sin trabajo, por no quedar “marcadas” dentro del rubro, porque muchas veces no hay alternativa.
Y ya no podemos solo seguir resistiendo.
Queremos hacer un llamado a trabajar en concordancia con los discursos que se emiten desde las redacciones, que las buenas intenciones no se remitan a campañas solo para el 8M o una sección de “género”. Necesitamos que los directores y editores se esfuercen por sensibilizar los espacios de trabajo y tomen acciones acerca del acoso que vivimos las mujeres en los medios. Las situaciones de hostigamiento sexual se normalizaron pese a que cada día aumenta el número de mujeres que estudian la carrera. Todas ellas son otra razón para levantar esta campaña: ¡No más acoso sexual en el periodismo! Las periodistas investigamos, producimos información, escribimos crónicas sobre derechos humanos. Por eso, el acoso y otras manifestaciones de violencia machista contra nosotras, son también atentados a la libertad de expresión. Exigimos nuestro derecho a trabajar libres de violencia género.
“Llegué como practicante a un noticiero muy conocido en Chile y lo primero que hizo uno de los periodistas fue ponerme el apodo de una nudista, porque dijo que así se imaginaba que debía verme sin ropa. Yo me paseaba por la redacción-cuerpo enjuto, casi infantil-atenta a todos los detalles con mi libreta de notas en las manos, ajena a todo lo que vendría después. Uno de los editores montajistas de los reportajes también sabía de este apodo y este hombre a su vez tenía una broma muy normalizada, de hecho se jactaba que lo había hecho con varias generaciones de periodistas, algunas de ellas hasta “rostros” de televisión que admirábamos. Cada vez que le dabas las gracias por su trabajo, te decía “Nada de gracias, bájate los calzones”. En otros lugares de trabajo viví y fui testigo de situaciones similares y con el tiempo entendí que cada colega que se emparejaba con algún editor, lo hacía como una manera de resistir a esa violencia (pero sin duda había asimetría de poder). También estaba la segunda opción: masculinizarte, ‘ser una de ellos’ y contestar las bromas de tenor sexual, tocaciones y así también esquivar las invitaciones a salir o de lleno acosos más sistemáticos. Muchas veces me pregunté, como tantas, como ustedes “¿Seré yo?””.
“Desde que empecé a ejercer el periodismo, lo hice en medios transfeministas y autogestivos por convicción política. Sin embargo, en 2019 me tocó trabajar en un medio hegemónico y masivo, una experiencia que decidí aprovechar para entender sus metodologías de trabajo y, por qué no, incorporarlas a nuestros medios si eran útiles.
Mi experiencia fue triste y confirmó mucho de lo que suponía: tuve un editor que reconocía como el hombre que había puesto un famoso titular pedófilo en una revista comercial. Yo había oído de ese titular, como todo lo que no hay que hacer, pero como realmente me interesaba su sección, decidí enfrentarlo.
Resultó ser infernal, no solo avalaba chistes sexistas en la reunión de sumario, sino que desaprobaba sistemáticamente todas las ideas que planteaba (yo era la única mujer de esa sección) y festejaba las ideas más insulsas de mis compañeros. En medio de una crisis internacional en un país que yo venía siguiendo, ignoró cuatro notas que escribí en el día y él mismo hizo la nota de tapa con copy-paste. No sólo era un machirulo, sino también un pésimo periodista.
Tenía razón Ryszard Kapuscinski cuando dijo que para ser buen periodista hay que ser buena persona. Desde entonces estoy convencida de que los medios transfeministas son la trinchera desde la que elegimos comunicar.
“Cuando haces periodismo, te impones no expresar tus experiencias y emociones. A veces parece una buena idea cuando deseas olvidar aquello que te mortifica, pero al mismo tiempo, el silencio y la invisibilización hacen que la situación se acreciente. Durante mis estudios universitarios viví -lamentablemente-, muchas instancias de acoso. Y al egresar, tenía la esperanza casi naif de que no se iba a repetir en mi vida laboral. No fue así. Mientras trabajaba en una redacción un grupo de compañeros nos fotografiaban cuando las mujeres comíamos hot dogs, o cualquier alimento para luego subirlas a un grupo de WhatsApp que tenían entre ellos con bromas alusivas al sexo oral. Para ellos era una “humorada”, para nosotras una vejación. En otra oportunidad, un compañero se enfureció conmigo, porque no deseaba conversar con él y su hostigamiento colmó mi paciencia. El resultado: me tomó el brazo tan fuerte que mi muñeca quedó con un hematoma. No podía decir nada y otro colega me recomendó silenciar esta situación porque sería tildada de «problemática y exagerada» y creo que tenía razón. Hoy ya no es hora de seguir callando.
“Cada mañana, antes de entrar a la redacción, no pensaba en qué temas iba a ofrecer en la reunión de pauta, sino en qué blusas me iba a poner para tapar mi cuerpo. Con 23 años, recién salida de la universidad, en mi primer día de práctica, encontré a un asechador en lugar de un editor. Me miraba cada vez que me veía pasar por fuera de su cubículo, luego comenzó a tomarme fotos, después empezó a hablarme por WhatsApp fuera del horario de oficina y me decía “¡Ay! Perdón, me equivoqué de chat”.
Con el tiempo se alejó al ver que yo no respondía a sus insinuaciones, de ahí vino una suerte de “Ley del hielo”. Como siempre suele suceder, yo me fui de ese trabajo y él siguió ahí, a la espera de una nueva presa. Con el tiempo me enteré de que, en efecto, hubo otras víctimas y, si bien todo el mundo conocía su comportamiento, jamás alguien le dijo algo. Era amigo del editor general, tenía un pase de libertad para destruir mujeres profesionales”.
A.E.V
En poco tiempo ajusto mi primera década ejerciendo el oficio del periodismo. Es una temporada insuficiente para hablar de este como la disciplina de mi vida, pero ha sido vasta en los aprendizajes que me ha otorgado, incluso sobre mi rol como mujer en esta andanza. Las salas de redacción hace diez años tenían campos excepcionales y estrechos para las mujeres: relaciones públicas y venta de pauta —ojalá de tacones y con mucho cosmético—; la sección de cultura —que pueda hacer la cartelera de cine— y cargos administrativos de bajo rango —una señora que todxs tratan bien porque paga la nómina—. Y al escaso porcentaje de mujeres en un medio se le incluía lo menos posible en discusiones de grueso calibre —guerra, economía, política—, tampoco en las de suave calibre —deportes y hasta clasificados—.
Lo cierto es que entre más mujeres han entrado a medios de comunicación más se nota el avance en la agenda periodística: análisis de datos, información con enfoque de género, activismo en derechos humanos, enfoques en construcción de paz y hasta investigaciones forenses en cobertura de movilización social. Pero no es lo único, el empoderamiento femenino dentro del ecosistema periodístico también ha dejado ver un sinnúmero de violencias que empiezan por desestimar nuestro pensamiento y terminan en casos de acoso laboral y hasta abuso sexual. No me salvé de lo primero y, por ventura, sí de lo segundo.
Trabajé en un medio “joven y alternativo” en el que los hombres decían “llegó carne fresca” refiriéndose a las pasantes mujeres, a quienes ellos osaban perseguir como cazadores furtivos, sobre todo los que estaban en puestos directivos. Cuando oí su expresión, por eso la traigo a cuento, recordé que como pasante de un diario nacional, uno de los más tradicionales, recibí la humillación del editor hacia el final de mi proceso cuando descubrió que mi reticencia a acostarme con él era definitiva. Ya no mojan mi mal genio sus babas salpicando mi teclado mientras me hablaba borracho y oprimía todas las teclas buscando estropear el trabajo. Ese es mi recuerdo inaugural sobre ser mujer en esta profesión: sería tratada en adelante, intelectual y personalmente, según lo que estuviera dispuesta a ceder.
Crecí viendo reproducir desde el cine y la televisión el estereotipo de la periodista cuyo cuerpo y relativa belleza son señuelos para obtener información de la fuente. Crecí en Colombia con la imagen de Virginia Vallejo, la periodista del telediario más visto en ese entonces, el noticiero 24 Horas, pero que quedó registrada en la historia como una de las parejas del narcotraficante Pablo Escobar. Y también me formé con el caso de Jineth Bedoya, quien salió a cubrir la guerra y regresó con esta en el cuerpo tras ser violada. Hay una cantidad de ejemplos que demuestran que el trato nunca propende a estimar nuestro aporte sino que disminuye nuestra capacidad humana con agresiones psicológicas y físicas. Hoy hago parte de un medio en el que la mayoría somos mujeres. Esto era algo improbable hace diez años, pero con pulso hemos demostrado cómo se puede ser la excepción a la regla.
Sally Jabiel, periodista independiente
Cuando era estudiante de periodismo sufrí hostigamiento sexual de al menos dos profesores. Uno de ellos en el primer día de clases me dijo, en frente de los demás, que yo no serviría para esta profesión. Desde ahí, siempre hacía que me quedara luego de clases para “asesorarme”. En esas “asesorías” aprovechaba para lanzar comentarios sobre mi cuerpo y preguntarme de forma insistente sobre mi vida sexual. Cuando me negaba a responder, me decía: “Alguien tan tranquila como tú no sirve para este oficio”, y me recordaba lo reconocido que él era y cómo con apenas una llamada podía colocarme en el periódico que quisiera.
Yo le tenía miedo. Se había encargado de hacerme entender el poder él que tenía y las pocas personas a las que acudí en aquel entonces me dijeron: “Qué esperabas, así es esta profesión”.
Cuando ese hostigamiento se repitió con otro profesor, llegué a sentir culpa y a creer que ningún mérito mío era verdadero si había un hombre cerca. Culpa, miedo y desconfianza. Y ante la falta de una red de soporte, pensé varias veces en cambiarme de carrera. Pero me salvaron las clases con las pocas profesoras que habían. Ellas me devolvieron poco a poco la confianza en mi trabajo y, aunque nunca hablamos del tema, me hicieron entender que el periodismo no podía ser ese hostigamiento constante que enfrenté.
Casi 10 años después todavía hay momentos en que se me viene el síndrome de la impostora —sobre todo cuando trato con jefes varones—, pero es algo que he ido sobrellevando de la mano con otras colegas y amigas que hacen que esta vez sí sienta que tengo una red de soporte.
Fue en octubre del 2021 cuando se dio a conocer el caso de una niña de 11 años abusada sexualmente durante nueve meses por su abuelastro. Resultado de esta violación, la niña quedó embarazada. Este polémico caso dejó a la población boliviana conmocionaday despertó diversas opiniones sobre el aborto.
El hecho sucedió en Yapacaní, una provincia de la ciudad de Santa Cruz en Bolivia. La niña, junto con sus hermanas, estaba bajo la supervisión del padre de su padrastro; es decir, su abuelastro. Esto ocurría mientras la madre y el padrastro se encontraban trabajando en la ciudad de La Paz, según la ANF.
La tía de la menor fue la que descubrió el embarazo, luego de que la niña le comentara el malestar que sentía en el vientre. Posteriormente, presentó la denuncia (el hombre de 61 años se encuentra en la prisión de la ciudad de Santa Cruz) y la solicitud para la interrupción legal del embarazo de la niña (ILE). Esto dio como resultado el enfrentamiento de dos bandos: unos que apoyaban la interrupción del embarazo de la menor de edad y los que estaban en contra de la interrupción legal del embarazo.
La menor fue internada en el Hospital Percy Boland de la ciudad de Santa Cruz. Ella misma expresó a la junta médica que “no quiere ser madre”, según el medio El Mostrador. De esta manera, se comenzaron a realizar las evaluaciones para ejecutar la ILE, pero luego de iniciar el procedimiento para el aborto, la Iglesia católica interfirió y disuadió a la niña y familiares de desistir de la interrupción del embarazo. Posteriormente en su comunicado, manifestaron que se ofreció “acogida y atención a la niña y a la criaturita que tiene en su vientre, dando hospitalidad gratuita en el Centro de Madres Adolescentes Madre María, asegurando el apoyo material, médico, psicológico y espiritual para la maternidad y el tiempo posmaternidad”. Reafirmando su repudio al aborto y manifestando que “la única solución es salvar, cuidar y apoyar con amor de las dos vidas” y que “un crimen no se soluciona con otro crimen”.
Ante tal hecho, varias instituciones sociales, autoridades del Estado y movimientos feministas manifestaron el repudio de la intromisión de la Iglesia católica, lo que frenó la decisión de una menor de edad quien fue violada y a quien las leyes amparan en estos casos.
A lo que la Iglesia católica se refiere “[…] nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante”. Además, recuerda que la Sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional 0206/2014 establece que “un aborto incondicional y en todas las etapas del desarrollo del embrión no es constitucionalmente admisible.”
Una de las instituciones que se manifestó ante este hecho, y que calificó como una tortura el continuar con el embarazo de la niña, fue el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de las Mujeres. Además, centró y manifestó su repudio ante el papel de la Iglesia y condenaron su intervención en un Estado esencialmente laico. «Condenamos la intromisión de grupos fundamentalistas y de la Iglesia católica, quienes han ingresado de manera ‘clandestina’ al Hospital Percy Boland de Santa Cruz para amedrentar y amenazar a la madre y obligar a la niña de 11 años a firmar el desistimiento para realizarse la interrupción legal de su embarazo».
La Organización de Naciones Unidas Mujeres también participó y aseveró “que todas las niñas puedan vivir su infancia y completar sus estudios, sin tener que renunciar a sus sueños por un embarazo forzado”.
Por otra parte, el Ministro de Gobierno, Eduardo Castillo también se pronunció ante el suceso y dijo que “cuando una niña de 11 años es obligada a dar a luz producto de una violación, le están vulnerando todos sus derechos”, según ANF. Y añadió la preocupación porque “algunas instituciones se sienten con la autoridad de impedir la interrupción legal de un embarazo bajo criterios aleccionadores y morales”.
Fueron muchos los actores que intervinieron en esta discusión, entre las consignas “niñas, no madres” y “salvemos a las dos vidas”, los momentos de tensión y discordia se hacían evidentes. La intervención de la Iglesia católica alentó a la participación de los llamados “provida” para determinar continuar con el embarazo de una niña abusada sexualmente, sin velar por la salud, la vida, ni la infancia de la misma, y reafirmando a través de la historia el apoyo a estas medidas (morales) aunque fuera a costa de la vida de una mujer embarazada, en este caso, una niña de 11 años violada.
Bolivia, la iglesia y el aborto
Desde el 2009, Bolivia viene realizando transformaciones a nivel político, social, cultural y económico. Con la reestructuración de la Constitución Política del Estado, se ponen en conocimiento importantes disposiciones sobre el Estado laico, entre las cuales mencionamos los siguientes artículos:
El artículo 4 señala: “El Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones. El Estado es independiente de la religión”.
El artículo 14 establece que “todo ser humano tiene personalidad y capacidad jurídica con arreglo a las leyes y goza de los derechos reconocidos por esta Constitución, sin distinción alguna”.
El artículo 66, a su vez, garantiza a las “mujeres y a los hombres el ejercicio de sus derechos sexuales y sus derechos reproductivos”. http://catolicasbolivia.org/wp-content/uploads/2015/03/notiderechos_9.pdf
A pesar de esto, en 2019, luego de la crisis política por las elecciones nacionales, la religión y lo político tuvieron un contacto cercano, no a nivel legal, sino algo simbólico. Uno de los principales personajes de la oposición en la crisis política, Luis Fernando Camacho, ingresó al Palacio de Gobierno con la Biblia en sus manos. Posteriormente, la autoproclamada presidenta del Estado, Jeanine Añez, entonaría: «Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar a Palacio. Que él nos bendiga». Estos son fieles retratods de que la iglesia y el Estado volvieron a estar juntos.
Sin embargo, a pesar de ser un Estado laico, el tema del aborto todavía constituye la consecuencia de la penalización. “En un régimen democrático, de derechos y libertades individuales, el Estado, la iglesia y la sociedad ejercen un papel altamente impositivo, ya que se impone la maternidad a las mujeres sin considerar su criterio”. En Bolivia, aún se penaliza el aborto, y solo se encuentra permitido realizarlo en resultado de una violación, incesto, rapto no seguido de matrimonio o representa un riesgo para la salud y vida de la mujer”, se lee en el artículo de René Pereira, Daniel López y Javier Campuzano.
Sistema legislativo en Bolivia
FOTO: Agencia EFE
Dentro de las leyes bolivianas, existen varias causales para la penalización del aborto. Bolivia solo permite realizar el aborto cuando se trata de violación, incesto, rapto no seguido de matrimonio o que pone en riesgo la salud y vida de la madre. Es el caso de la niña de 11 años. El Código Penal, Capitulo II artículo 266 se refiere a la interrupción del embarazo en relación a las anteriores razones mencionadas:
Artículo 266. (Aborto Impune) Cuando el aborto hubiere sido consecuencia de un delito de violación, rapto no seguido de matrimonio, estupro o incesto, no se aplicará sanción alguna, siempre que la acción penal hubiere sido iniciada.
Tampoco será punible si el aborto hubiere sido practicado con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre, y si este peligro no podía ser evitado por otros medios.
En ambos casos, el aborto deberá ser practicado por un médico, con el consentimiento de la mujer y autorización judicial en su caso.
Según el análisis de la abogada, Paola Daniela de la Rocha Carias:
En Bolivia, no existe un desglose jurídico y legal en relación al aborto como tal; es decir, la no existencia de una ley que hable específicamente de la relación de aborto y Estado, sino se refiere a un conjunto de artículos que crean un sistema de penalización.
Para entender la postura del Estado en relación al aborto de manera legislativa, es importante mencionar la sentencia constitucional 0206/2014, la cual nos permite dar algún tipo de orden a la actual situación jurídica del aborto en Bolivia, y nos deja dar un vistazo al tipo de solución en virtud a su legislación que puede otorgar Bolivia ante una situación de aborto y la “condena” que legalmente a este se atribuye, o las garantías que el Estado esté dispuesto a brindar en esta situación.
Desde una perspectiva jurídica y mediante un análisis de las constituciones que tuvo Bolivia a lo largo de la historia, la Constitución del año 2009 (la última constitución actualizada en Bolivia) es la única que ofrece una serie de garantías “razonables” para las mujeres en Bolivia, y que otorga una seguridad jurídica de forma específica para el género para así entender la vulnerabilidad a la que este sector se ve expuesto. Aun así, se vuelve a mencionar la postura firme del Estado contra el aborto, entonces debemos entender que el posicionamiento del Estado boliviano frente al aborto es de total condena, es una conclusión a la cual se puede llegar fácilmente con una observación simple al código penal sin necesidad de tener un conocimiento o una base jurídica, pues se penaliza el aborto con una pena mínima de un año y una pena máxima de seis años.
Ahora bien, es contradictorio que Bolivia tome una postura legal tan cerrada ante este tema después de formar parte de una serie de convenios con países en los cuales se trata de evitar la condena al aborto. Por ejemplo, formar parte de la Convención Interamericana de Derechos Humanos para garantizar una vida libre para la mujer, tanto de manera ideológica, física y sexual, eso genera un tipo de conflicto normativo, ya que se debe reconocer a los convenios y tratados internacionales como parte de la jerarquía normativa en Bolivia. Si bien Bolivia pertenece a estos convenios donde se ha mencionado más de una vez la despenalización del aborto, hasta la fecha se mantiene la postura de condena legal.
Iglesia y el aborto
No podemos negar la relevante participación de la Iglesia católica en la formación y construcción de un imaginario social/significaciones/posicionamientos y posteriormente representaciones en gran parte de la población religiosa y no religiosa. Es la religión con más creyentes en el mundo (el catolicismo tiene relaciones diplomáticas con 182/197 Estados), y su participación en la esfera pública-político estaba ligada hasta hace unos años con el argumento “de que la mayoría de los ciudadanos comparten, más o menos activamente sus posturas en cuestiones como la defensa de la vida desde su concepción, la salvaguardia de la familia tradicional y el rechazo total a cualquier tipo de ley que permita la eutanasia”, según BBC News.
Lo que genera diversos y acalorados debates con movimientos y agrupaciones sociopolíticas como el feminismo, la comunidad LGBTQIA+, entre otros. En 2021, el diario El País retrató la problemática y crisis de la Iglesia en relación a los temas como: “El escándalo de los abusos, la marginación de las mujeres, el clericalismo y la reforma curia romana, además de cuestiones que tienen directa relación con el tema del aborto y de los derechos homosexuales con la implementación de temas bioéticos”. Temas que tocan el meollo de diferentes protestas sociales y políticas actuales, que transgreden y vulneran los derechos humanos, no solo en Latinoamérica, sino a nivel mundial.
Un poco de historia
Sin embargo, la historia de la postura antiabortista de la iglesia está llena de ambigüedades, incongruencias, divergencias y desacuerdos. Originalmente, los teólogos se han encontrado en debate en relación al tema del aborto durante la historia. Algunos apoyaban la práctica del aborto en los primeros meses embarazo, lo que llamaban como “hominización retardada”, en la que basa la teoría del dualismo del ser; es decir, que el cuerpo y el alma eran dos elementos distintos. El discurso se refiere a que no se tiene alma hasta después de los 40 días de gestación. Otros teólogos, por su parte, lo consideraban “homicidio” y aceptaban la llamada “hominización inmediata”, la cual se refiere a que el alma existe desde la concepción (aunque no existía seguridad sobre esto, tomaron la ley de “Por si acaso”).
Uno de los teólogos que argumentaba a favor del aborto era San Agustín: “La pregunta sobre el alma no se decide apresuradamente con juicios no discutidos ni opiniones temerarias; según la ley, el acto del aborto no se considera homicidio porque aún no se puede decir que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación, ya que todavía no se ha formado la carne y no está dotada de sentidos”.
Fue a través del tiempo que la teoría de que el alma existe desde la concepción tomó fuerza mediante las Leyes Canónicas (leyes que fueron creadas por teólogos en conjunto). Fue el Papa Pio IX quien terminó finalmente la discusión sobre la práctica del aborto, y la condenó como un pecado (no solo pecado por “homicidio”, sino por atentar contra la “familia” y los actos sexuales: adulterio, fornicación, etc.) y con la consecuencia punitiva de la excomunión no solo a quien lo practicaba, sino a todos los actores involucrados (médicos, enfermeras, etc.).
Es así que durante los años siguientes aparecen otras doctrinas (como la Inmaculada Concepción) que apoyan la condena de la práctica del aborto en cualquier momento de la gestación, no solo el electivo, sino también el terapéutico (usado para salvar la vida de la mujer embarazada). Este discurso se extendió por la autoridad papal a los diferentes líderes de la iglesia y estos a los fieles.
Finalmente, en la Iglesia católica se distinguen dos funciones: la legislativa y la del magisterio. La primera se encarga de determinar las leyes morales y los castigos que recibirán los fieles si se transgrede alguna norma católica mientras que el magisterio se encarga de enseñar a los feligreses temas relacionados con la fe y la moral. Solo tocan estos dos aspectos, y es justo aquí donde recae la “infalibilidad papal”, la que se refiere a que el papa está exento de cualquier error en relación a la enseñanza de estos temas. Cabe mencionar que la práctica del aborto no goza de infabilidad papal (por las incongruencias que tiene la iglesia en relación a este tema); es decir, los fieles pueden decidir creer o no, sin embargo, sí tiene condena a quien lo practica.
Disidencias
A través del tiempo, nació la inconformidad y desacuerdo entre las personas pertenecientes a esta religión, y empezaron a mostrar su postura frente a las normas y reglas sobre la interrupción del embarazo.
En este caso, está la agrupación llamada “Católicas por el Derecho a Decidir”. Ante el hecho de que la religión católica tiene bases y leyes canónicas bastante estrictas, empezó a existir una pluralización de lo religioso, como lo llaman algunos autores. Esto hace referencia a las diferentes formas de observar una cuestión desde lo religioso.
Las diversas formas en la que diferentes temas se entrecruzan de forma compleja. Por ejemplo, la sexualidad y la religión o de qué manera esta disidencia dentro de la religión sirve para la identificación religiosa y política. Es así que existen sectores dentro de la Iglesia católica que apoyan a grupos sociales y políticos de la comunidad LGTBQIA+ y feministas.
Las mujeres pertenecientes al catolicismo, enfrentan dos grandes cuestiones al momento de apoyar el aborto. La cuestión sobre las enseñanzas de las normas católicas y la formación de la conciencia desde esta (la moralidad y la transgresión de la norma). Sin embargo, ellas los reinterpretan y lo resignifican a través del contexto vivido. Algunas de ellas sienten miedo y culpa originados por los discursos de la iglesia católica; no obstante, encuentran en la religión un soporte y no una condena.
Se dio origen en el siglo XVI, cuando a la Iglesia luterana se le empezó a denominar Iglesia evangélica. Consideradas como las herederas del cristianismo, al igual que el catolicismo, tienen bases estrictas en relación al aborto, pues su postura contra este se presenta como “defensa de la vida y de la familia”. Con el argumento del “niño por nacer”, consideran que ya es una persona desde el momento de la concepción, por lo que el aborto sería un crimen. No aprueban su práctica en ninguna circunstancia, ni tampoco causal (terapéutica, psicológica, moral, económica, etc.).
Junto a la Iglesia católica, tiene una participación activa en contra de la despenalización del aborto, principalmente en Argentina, donde se movilizaron el año 2019 en Buenos Aires para evitar que se volviera a plantear por segundo año consecutivo la legalización del aborto en las marchas del 8 de Marzo.
En el diario El País, Rubén Proietti, presidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina, afirmaba: «Jesús fue el que puso en alto a la mujer. Los cristianos somos defensores del rol de la mujer, es la hermosura que hizo Dios y atacarla es alevoso, pero no hay que confundirlo con la ideología de género o de carácter político. El año pasado, las mujeres usaron el Día Internacional de la Mujer para movilizarse a favor del aborto, y eso no es correcto. Nosotros creemos en la igualdad de salario, de trato con el hombre y estamos en contra del abuso, pero a favor del aborto, no».
La Iglesia adventista, a diferencia de la Iglesia católica y evangélica, tiene una postura más flexible en relación al aborto. Ellos consideran la práctica del aborto como “uno de esos trágicos dilemas de la condición humana caída”, y que la práctica de este no es condenada por la Iglesia; en cambio, esta debe dar “apoyo” a través de la orientación en base a sus creencias y deber ser “solidaria y compasiva” a “quienes se vean obligados a enfrentar personalmente la decisión de tener que provocar un aborto”. Si bien el aborto no está permitido cuando se basa en la tasa de natalidad, selección de sexo o conveniencia, se muestran más permisivos a realizarlo en casos como el riesgo de la vida de la mujer embarazada, malformaciones congénitas del feto, problemas en la salud de la mujer embarazada, y embarazos por violación e incesto. Este tema sigue en debate por los miembros de la Iglesia. Sin embargo, consideran que obligar a una mujer a seguir o no con el embarazo viola su libertad personal.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones)
Definen al aborto como una de las practicas más “pecaminosas”, “horrendas”, “repugnantes”, “malvadas” y se oponen completamente al aborto de manera electiva, ya sea por razones sociales o de “conveniencia”. Sin embargo, tienen “posibles excepciones”: cuando la vida de la mujer embarazada peligra, por violación e incesto y por malformaciones congénitas (según el informe de un profesional médico), a las que se refieren como causas “poco comunes” y que deben hablarse primero con un líder eclesiástico. Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días condenan el aborto.
En el budismo, se considera al aborto como “matar”; sin embargo, no tienen normas, ni condenan el acto de la interrupción del embarazo. Ellos creen que la única persona con el derecho a decidir es la mujer embarazada, porque será ella quien asuma las consecuencias de sus actos, ninguna entidad, ni persona puede oprimir a la mujer en la decisión de la interrupción. Ellos definen a la vida y la muerte como un ciclo, un punto donde no se sabe dónde empieza ni dónde termina.
Podemos recordar que desde hace dos décadas comenzamos a experimentar un auge en el reconocimiento de los derechos e igualdad. Cambios que generaban gran expectativa alrededor del mundo y que por fin volteaban la mirada hacia diferentes espectros de la sociedad. Sin embargo, aún queda mucho por hacer y que deben llevarnos a preguntar ¿aún tenemos libertades?
Vimos cómo el movimiento LGBTQI+ lograba obtener, luego de una ardua lucha, parte de los derechos esenciales de todo individuo, como casarse, adoptar, legalizar su cambio de identidad, conseguir la despenalización de la homosexualidad, entre algunas otras poquísimas cosas.
También vimos una lucha más fuerte en contra del racismo, el nacimiento de movimientos como el “#MeToo” para dar voz a las mujeres abusadas y la despenalización del aborto en algunos países de Latinoamérica.
Parecía que, a pesar de todo lo que faltaba por avanzar, se había comenzado a transitar por un camino de tolerancia, en parte, gracias a las democracias jóvenes, gobiernos de centro y movimientos sociales. Sin embargo, en algún momento de toda esta historia, comenzamos a retroceder.
Datos alarmantes
Hoy en día, estamos ante una cifra alarmante que arrojan los estudios sobre autocracias electivas.
Este dato nos aporta luces sobre lo que sucede actualmente, y lo más escalofriante es que son los mismos ciudadanos los que han elegido este sistema de gobierno. Las denominadas autocracias electivas están, como era de esperarse, en los extremos del espectro político. Muy hacia la derecha o muy hacia la izquierda, cercenando los derechos y las libertades de las minorías.
Otro dato muy desalentador es que solamente hay 16 países en transición a la democracia, mientras que, hace una década, la cifra se duplicaba.
Hay que remontarse hasta la caída del muro de Berlín para, quizás, comprender este fenómeno, pues luego de desaparecida la URSS, surgieron las naciones libres, independientes y democráticas bajo el modelo de éxito conocido, el modelo de occidente.
Lamentablemente, el modelo de libertades personales e individuales no funcionó fuera de América del Norte y Europa, debido al componente cultural, histórico y religioso de las naciones. Entonces, ante el fracaso, años más tarde los ciudadanos cayeron en la ilusión que les venden estos autócratas, siempre representado por ese hombre fuerte, con desparpajo y profundamente nacionalista. Que siempre promete “volver a la esencia” y utiliza la palabra pueblo en cada frase.
Sin embargo, aquí cabe una pregunta, ¿y si no había que imitar el modelo de occidente y solo era tomar las cosas buenas? Igual, ya es un poco tarde para esa reflexión.
El mundo en peligro
Quizás ya conocemos a algunos regímenes que visiblemente socavan las libertades y amenazan a las minorías. Rusia, Venezuela, China… y la lista podría seguir. Pero hay algunos otros, que por su ubicación geográfica y vecinos, no pensaríamos que están retrocediendo vertiginosamente.
Es el caso de Hungría, Polonia y la India. Los dos primeros tienen a la Unión Europea en jaque con sus leyes antiinmigrantes y la criminalización de personas LGBTIQ+. Además de un ascenso precipitado de los grupos de extrema derecha. Pero en el caso de la India, cuna de Mahatma Gandhi, ahora el primer ministro, elegido democráticamente, da pasos agigantados para hacerse con todo el control y condenar a la minoría musulmana.
En esos tres ejemplos, hay puntos en común. Estos mandatarios gozan de gran popularidad, tienen discursos populistas e incendiarios y logran todo de forma “democrática”, aunque truculenta, pero sin llegar a parecer tiranos.
Lamentablemente, han llegado a ser un gran dolor de cabeza para la Unión Europea, puesto que Polonia y Hungría son de sus miembros activos y cada paso que dan va en contra de sus estatutos. En contra de las libertades y no pareciera cambiar. Día tras día, se mina más el camino y se replican estos personajes en otras naciones.
Latinoamérica no es la excepción
En el otro lado del charco, no nos quedamos atrás, porque si en algo son buenos nuestros políticos, es en imitar lo malo. Hemos visto en diferentes países de la región a muchos lobos disfrazados de ovejas y algunos otros que se muestran tal y como son, aplicando la misma receta que en Hungría.
Y si acá las libertades ya estaban melladas, con la pandemia, las teorías conspirativas y la campaña presidencial del 2021, las minorías han quedado relegadas. Tanto por la derecha como la izquierda cavernícola y reaccionaria que nos ha tocado.
Para ganarse a las masas, los candidatos optaron por un discurso convulsivo, hacia los extremos y sin ningún tipo de remordimiento esgrimieron calificativos despectivos, sobre todo, en contra de la comunidad LGBTIQ+, que ha sido la más golpeada.
No es fácil digerir la realidad en la que estamos, pero podemos seguir luchando, creando espacios para el diálogo y concientizar, principalmente, porque a pesar de todas sus imperfecciones, es a través de la democracia que hemos ganado espacios.
Ivy Queen, Natti Natasha, Karol G y Becky G. Foto: La República Perú
A raíz de la conversación que tuvimos con especialistas de reggaetón y twerk, que la puedes ver aquí, compartimos algunas de las perspectivas más resaltantes sobre los orígenes de este género musical, el porqué se dice que hay cierta apropiación cultural por algunos artistas y su vinculación (o no) con el feminismo.
¿Qué es el reggaetón? Es la pregunta que desde La Antígona nos hemos hecho en el conversatorio Yo perreo sola: reggaetón, twerk y feminismos. Con Loraine Rosado, integrante del colectivo Hasta ‘Bajo proyect; Katelina ‘Gata’ Eccleston, historiadora de reggaetón y fundadora de Reggaetón con la Gata; María Alejandra Carrillo, magíster en Musicología y Mery Queen, integrante de Zorroras Twerk, responderemos esta y más dudas.
Los orígenes del reggaetón
“El reggaeton es amor. Es resistencia”, señala ‘Gata’ Eccleston. “El reggaeton nació en parte de Panamá y Puerto Rico, en medio de resistencias contra la policía y su brutalidad. Tiene una historia que viene del reggae que nació en Jamaica, los afroantillanos migraron hacia Panamá para trabajar en el canal. Con ello, trajeron sus esfuerzos y ánimos para salir adelante y su cultura, como la comida y la música. Esta música nació en los barrios porque necesitaban un medio de resistencia desde el reggae y el dancehall para reclamar su espacio”, recalca.
Loraine añade tres factores importantes dentro de este género: “Es cultura, memoria y conexión. Es cultura porque nace de personas de sectores marginados, que necesitaban hacerse sentir y escuchar. Memoria porque representas tu experiencia de vida a través de la música, recoge la experiencia de vida de estos sectores. Y es conexión porque hay unión del caribe, la afrodescendencia, la diáspora en USA: cada país se va uniendo y va creando una explosión brutal”, refiere. Por su parte, Mery Queen asegura que ahora prefiere escuchar reggaetón feminista. “Pero antes el reggaeton era para mí fiesta, amigos, amigas, chicos, chicas, parejas, calle. Es muy lindo”, indica.
“Hay muchas mujeres que hemos podido hacer propio el discurso del reggaetón”, comenta María Alejandra. Foto: 24 horas
Para aquellas personas que no terminan de conectar con este género, ‘Gata’ les tiene un mensaje. “Le diría que quizá no fue creado para ti. Nosotros no lo tenemos en mente. Ahora esta música se ha vuelto mundial y eso es lindísimo. Hay mujeres que también rechazan eso porque para ellas es demasiado vulgar, cada quién tiene su gusto y eso también se puede respetar”, afirma. Asimismo, para las panelistas no es imposible asociar al reggaetón con la mujer y con los feminismos que pueden manifestarse en representantes o canciones.
“Hemos pasado de personajes como Ivy Queen a otras cantantes que tal vez representan a mujeres más heteronormadas, más modelos, como Karol G, pero al mismo tiempo también tenemos nuevos ejemplos como Miss Nina de Argentina y que, por ejemplo, sus letras son mucho más explícitas. El reggaetón sigue siendo asociado como vulgar, que cosifica a la mujer, pero hay muchas mujeres que hemos podido hacer propio ese discurso a través de la corporalidad bailándolo, porque me siento dueña de mi cuerpo y me sé las letras, bailo y canto a la vez y eso no me define como ser humano. Es un lado de mí que se expresa en ese momento”, asevera María Alejandra.
Reggaetón y apropiación cultural
‘Gata’ nos comenta su experiencia. “El otro día entrevisté a J Balvin, él dice ‘La música es para todos’. Es verdad que la música es para todos, pero la manera que funciona esta industria no siempre da accesibilidad u oportunidades a los que vienen de los barrios en los que esta música se desarrolló. Me encantaría saber cuál es el acento de alguien de Argentina, Chile o Perú. Pero estamos asociando el reggaeton y el éxito de reggaeton con lo boricua. Ahí hay mucho daño y falta de dignidad y respeto, porque se asocia como un disfraz como un ‘tienes que comportarte de tal manera para pegar en este mercado’”, asegura.
Loraine sigue lo dicho por la ‘Gata’: “Pienso en artistas como Rosalía, inclusive Naty Peluso o Karol G que a veces es un poco problemático precisamente por esta cuestión de la apropiación de algunas de las estéticas. Pienso en “Bichota”. Me encanta porque me relaciono rápido con Puerto Rico, pero Karol G no es puertorriqueña”, indica. Es importante también considerar y pensar en la industria que hay detrás, llámese mánagers, equipo de imagen y más, que ejercen presión en las artistas. Ellas no son víctimas ni tampoco tienen toda la culpa.
Por su parte, María Alejandra dice: “Cuando Rosalía canta ‘El dembow lo canto con hondura’ y todo esa introducción que ella hace en esa primera parte de ‘Con altura’, está mezclando cosas que quiere hablar desde una realidad latinoamericana en vez de hacer un reggaetón desde su propia realidad, que es igual de válido. Ahí está el punto de quiebre: quién lo compone, desde qué realidad va a hablar y con qué se quiere apropiar o no”, afirma.
Loralaine secunda: “Hay quien piensa que Rosalía ya está haciendo reggaeton feminista, pues okay, pero es lo mismo que pasaba con las corrientes feministas que están fuera de la música. Las feministas de Europa tienen una forma de luchar, pero el feminismo en Latinoamérica es distinto. Las feministas de allá no se pueden identificar con las luchas que hay acá”, avala.
Reggaetón y feminismos
¿Se podrá asociar estos dos términos? Loraine comenta: “Sabemos que el reggaetón también repite la cosificación extrema, la sexualización extrema, pero eso no es algo que produce en sí mismo el retorno del reguetón, sino es la sociedad y cultura en la que vivimos. Si no hubiese existido reggaetón, ¿hubiese existido tal vez otro género musical que iba a estar replicando las mismas cosas de otra forma?”, se cuestiona.
La ‘Gata’ asegura que sí hay reggaetón feminista. “A mí la que siempre se me borra en la trayectoria del reggaetón es La Atrevida, “la primera dama del movimiento”. Ella hizo canciones diciendo “Sin plata no hay nada, papi sin plata, no hay amor” hablando de la autonomía de la mujer, la agencia de la mujer y el respeto de la mujer. En tanto, para Mery Queen es cuestión de “a quién escucho, por qué lo/la escucho y qué letras escucho”.
Video: YouTube
Por su parte, María Alejandra considera que el término ‘reggaetón feminista’ se debe tomar con cuidado. “Es una etiqueta y ya. En el contenido o producción podemos ver mucho más si es o no reggaetón feminista. Es un tema de cómo se define la artista en su momento y sus consumidores. Lo bacán es que el reggaetón no se ha agotado y siempre encuentra temáticas nuevas qué incluir y muchas veces esas vienen desde los márgenes, desde sus orígenes con temas políticos, raciales, ahí va a seguir creciendo”, opina.
Asimismo, Loraine asegura que el reggaetón no es ni machista ni feminista. “Se está creando, pues hay una bola feminista dentro de reggaetón. Antes no estaba claro qué era reggaetón feminista, pero sí habían mujeres que tenían esas semillitas de lo que podía ser el reggaeton feminista. Un ejemplo, cuando Glory le contesta a Don Omar en la canción ‘Dale Don Dale’: ‘Dale papi, que estoy suelta como gabete’ eso no es más que validar y confirmar que sí, yo también estoy puesta para lo que tú quieras hacer. La mujer puede ser sexual, el reggaetón vino a dar ese empujoncito. No estoy diciendo que sea la salvación del feminismo, pero sí le ha dado un espacio a la mujer”, afirma.
Para María Alejandra, las mujeres juegan un rol súper importante en esta industria. “Está hecha para nosotras. Para vernos bailar, gozar en todos los sentidos tanto en el sexo como en el baile como en la casa, mientras lo escuchas, bailas o perreas”, señala. En el caso del twerking, baile donde, con las rodillas flexionadas, hacemos movimientos de cadera con el ritmo de la música, ella considera que se debe de dejar de pensar de forma despectiva de las mujeres que lo practican. “Son conceptos muy tradicionales donde hemos sido criados casi todos en Latinoamérica: o eres buena o mala, o eres santa o una mala mujer. No somos seres unidimensionales. Al final es un género musical más y hay para todo el mundo en el maravilloso mundo de la música. A la gente que no le gusta, debería dejar de arañarse”, comenta.
Al momento de bailarlo, ya sea twerking o perreo, ‘Gata’ nos trae una premisa interesante: todo perreo es reggaetón, pero no todo reggaeton es perreo. “En algunos temas de reggaetón hay esa esencia de baile y en otras no me puedo imaginar moviendo las caderas, por el estilo más pop, como lo hacen en el verdadero perreo. Son dos géneros diferentes”, menciona.
Las dinámicas de este género musical continúan expandiéndose, al tener como exponentes y temas principales a las poblaciones LGBTIQ+. “Por ejemplo con la canción “Cuerpa” de Ana Macho o Villano Antillano sí existe reggaeton feminista”, asegura Loraine. “Pensaba citar a DJ Lares, nos dice que el reggaeton se hace feminista en tanto que se hace un esfuerzo de consumirlo de maneras distintas. El consumo es el cómo se consume. Además, todo medio artístico tiene potencial y un historial de ser machista, pero también ha tenido la posibilidad de hacer algo distinto, entiendo que eso también se puede aplicar al perreo y al twerking”, concluye.
María Alejandra finaliza con que el reggaetón será o no feminista con la decisión de quién lo escucha, cómo lo escucha y practica. “A medida de eso creo que tenemos que ir trazando, cuestionando y quitarnos la venda de los ojos de pensar que solo hay una verdad y asumir que escuchar reggaetón no es solo escuchar solo a mujeres, sino también a hombres y cuestionarnos cuáles son los límites de nuestros discursos y de nuestras prácticas, ya sea para deconstruirlas o para reflexionar al respecto. No hay un solo camino recto, sino que estamos en un constante revisar de nuestros actos. La música es también un espacio donde lo podemos hacer y donde podemos tener mucha agencia corporal, vocal y musicalmente”, termina. Mientras tanto, nosotras iremos a poner reggaetón nuevo y del old school en nuestra lista de reproducción.
Migrantes en el Estado de Chiapas, México, el 27 de octubre del 2021. FOTO: Marco Ugarte/ AP
Eugenio Ambrosi, jefe de gabinete de la Organización Internacional de Migraciones, conversó en exclusiva con Noticias Telemundo para el Día del Migrante sobre por qué es tan complejo responder a la crisis migratoria y los nuevos retos como la emergencia climática.
CIUDAD DE MÉXICO – Eugenio Ambrosi ha sido un testigo excepcional de las más cruentas y difíciles consecuencias de los flujos migratorios. Visitar países, atravesar fronteras y analizar la movilidad humana son su trabajo diario desde hace más de 30 años cuando, siendo un estudiante de secundaria en Italia, comenzó a trabajar con diversas organizaciones humanitarias.
«He estado en casi todos lados, y me ha tocado ver muchas cosas terribles. Pero así es el trabajo con la migración», explica Ambrosi, quien es el jefe de gabinete de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), ente que forma parte del Sistema de las Naciones Unidas.
Ambrosi analiza la migración como una problemática que requiere una acción colectiva, universal, por parte de los gobiernos del mundo para proteger a las personas migrantes, atender sus vulnerabilidades y favorecer su integración en otras sociedades.
“En los últimos seis o siete años el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio por la cantidad de personas que mueren”, dice con desaliento.
Y luego agrega: “Pero cuando entrevistas a los migrantes que se rescatan del agua, los que se salvan de ahogarse te dicen que prefieren correr el riesgo de morir en el mar a quedarse en sus países”.
Para el funcionario, ese poderoso impulso de supervivencia que no aminora pese a los peligros, al igual que las muertes, es una de las consideraciones que cualquier política migratoria debe tener en cuenta.
«El Mediterráneo se ha convertido en un cementerio por la cantidad de personas que mueren».
Human Rights First, una organización de defensa de los derechos humanos con sede en Washington, ha registrado al menos 7,647 reportes de secuestros y otros ataques violentos contra personas que fueron expulsadas a México desde que el presidente Biden asumió el cargo.
«La migración, en sí misma, tiene un potencial de desarrollo económico».
EUGENIO AMBROSI, JEFE DE GABINETE DE LA OIM
“El fenómeno migratorio ha cambiado mucho, ya no solo se trata de las personas refugiadas o los migrantes económicos. La gran desigualdad ha hecho que surjan otros factores como la extrema pobreza, la imposibilidad de acceder a los servicios básicos, la ausencia de justicia y el cambio climático. Por eso es tan complejo poder responder a la crisis migratoria”, advierte Ambrosi.
Con motivo del Día Internacional del Migrante compartimos esta entrevista exclusiva con el jefe de gabinete de la OIM, celebrada durante su visita a México el mes pasado.
-¿Cómo debería ser la respuesta regional ante el enorme crecimiento de los flujos migratorios?
Cualquier medida migratoria debe centrarse en los derechos humanos y creo que el primer esfuerzo podría ser crear un sistema de gobernanza regional de lo que está pasando. La respuesta no es simplemente parar los flujos para evitar que entren en un país o en otro.
Hay que ver cuáles son las alternativas que se pueden implementar en temas como integración, regularización y visas de trabajo. Algo que no se considera mucho es que la migración, en sí misma, tiene un potencial de desarrollo económico que se debe aprovechar.
-En el caso de la frontera entre México y Estados Unidos ambos países han incrementado el despliegue de efectivos militares. ¿Cómo ven estas estrategias?
Nosotros aceptamos el hecho de que la frontera tiene que ser controlada. Hay que tener cierto nivel de aparato de seguridad porque eso forma parte de la soberanía de un Estado, pero insistimos en que hay que evitar los excesos. Militarizar mucho una frontera no es necesariamente una respuesta adecuada porque los migrantes desesperados no son criminales. Son personas que intentan escapar de sus países porque tienen necesidades muy grandes.
Otra cosa importante es que cualquier nivel de militarización en la seguridad fronteriza necesita actuar en conformidad con la ley internacional y el respeto a los derechos humanos. Si se detectan abusos o violaciones, los Estados democráticos deben investigar y corregir cualquier incidente porque todo el mundo debe respetar esos principios.
-¿Cree que existe la tendencia de relacionar directamente a los flujos migratorios irregulares con las políticas de seguridad?
Es una equivalencia que nosotros no consideramos correcta. No es verdad que para preservar la seguridad de un país, o de una comunidad, hay que evitar que lleguen migrantes o refugiados.
Al contrario, la seguridad de una comunidad, o de un país, se incrementa cuando hay más posibilidades de inmigración legal. Los Estados tienen que crear e impulsar canales legales para una migración ordenada porque eso hace que las autoridades tengan más control de los flujos de personas.
-¿La migración ocasionada por la emergencia climática será un fenómeno determinante en los movimientos de personas durante los próximos años?
Absolutamente y eso es un tema que se habló en la COP26 en Glasgow. El cambio climático va a tener un gran impacto sobre el tema de la movilidad humana, sin embargo, no ha recibido la atención que se merece por parte de muchos gobiernos del mundo.
Casi semanalmente vemos algún evento climático fuerte, que se sale de los patrones que habíamos visto hasta ahora. Además, el cambio climático está incrementando la competencia y las confrontaciones violentas por los recursos naturales en diversas regiones del mundo.
Ambrosi durante una visita al campo de refugiados en Lipa, Bosnia, el 21 de abril de 2021. Darko Bandic / AP
-¿Los gobiernos de regiones como las Américas podrán controlar y organizar los desplazamientos masivos de personas a corto plazo?
Es un gran reto que implica una coordinación de toda la región, no solo se trata de México o Estados Unidos. Las soluciones deben ser internacionales y rápidas, pero debemos pasar de la emergencia a una planificación estratégica.
Después de la pandemia, la desesperación de las personas se ha incrementado y eso hace que sea imposible centrarse solamente en parar los flujos. Lo que hay que hacer es buscar la mejor manera de manejarlo entre todos, porque nunca en la historia de la humanidad se han podido interrumpir los desplazamientos de personas. Y eso no va a pasar ahora.