Entre enero y agosto del 2021, la Defensoría del Pueblo reportó más de 4,000 casos de violaciones sexuales a niñas y adolescentes. Los números de embarazos infantiles y juveniles siguen en aumento, y a pesar de que existen lineamientos para comenzar una Educación Sexual Integral, en muchas comunidades educativas, la ESI sigue siendo un tema tabú.
El término “educación sexual” puede escandalizar a muchos, incluso existe un sector de la población peruana que piensa que se reduce a solo hablar de sexo y la genitalidad. Sin embargo, la Educación Sexual Integral (ESI) es mucho más que eso: es un espacio de aprendizaje que atraviesa distintas áreas del desarrollo humano y requiere un trabajo articulado de distintas organizaciones como los colegios, los centros de salud, las familias, etc.
Según la Unesco, la ESI es un proceso de enseñanza en torno a la sexualidad dirigido principalmente a niños y jóvenes, el cual busca dotarlos de conocimientos que les ayudarán a disfrutar de su salud y bienestar, entablar respetuosamente relaciones sociales y sexuales, así como proteger sus derechos.
Es decir, la ESI no busca ideologizar a la juventud, sino que pretende generar conciencia en torno los derechos sexuales y reproductivos, comportamientos sexuales, autopercepción, orientación sexual, prevención de embarazos o enfermedades de transmisión sexual, entre otros conocimientos fundamentales en torno a la salud.
El 3 de junio, el Ministerio de Educación (Minedu) aprobó los Lineamientos de Educación Sexual Integral para la Educación Básica mediante la resolución viceministerial Nº 169-2021-MINEDU. La finalidad de los lineamientos son la implementación de la ESI en las instituciones educativas públicas y privadas para “permitir la vivencia de la sexualidad de manera segura, responsable y saludable”.
No obstante, a la fecha aún hay comunidades educativas en las que los lineamientos no son tomados en cuenta. La campaña “#EsHoraDeCumplir”, iniciada por jóvenes estudiantes de distintas regiones, colectivos juveniles y organizaciones, busca que el Minedu brinde informes sobre las medidas que se han venido tomando para garantizar la ESI en las instituciones educativas.
Esta medida tomada por dichos grupos sociales es entendible, debido a que las y los estudiantes quieren gozar de su derecho a recibir esta información fundamental por parte de sus docentes, quienes muchas veces no reciben una capacitación adecuada en materia de igualdad y género.
“Con esta herramienta tan fundamental es que nosotras como adolescentes podemos desarrollarnos de una manera realmente segura confiable y garantizando que nuestros derechos sean cumplidos”, señaló Jamilee Tello, miembro de la organización juvenil Formando Líderes Adolescentes en Villa el Salvador (FLA-VES), en el programa 90 Segundos en Latina Noticias. La aplicación de la ESI es un factor importante para el cambio de un panorama desolador que aqueja a muchos peruanos hoy en día.
Una realidad alarmante que debemos enfrentar
La Encuesta Demográfica y de Salud Familiar del 2020, elaborada por el INEI, reveló que, durante el año pasado, el 8.3% de adolescentes peruanas entre 15 a 19 años estaban embarazadas o ya eran madres, problemática que principalmente afectaba a las jóvenes de áreas rurales.
Es importante señalar el área en la que se dan la mayoría de los embarazos adolescentes, ya que muchas de estas chicas deben dejar sus estudios, algunas por tiempo indefinido y otras permanentemente, lo que trae como consecuencia una futura vida laboral mermada, así como el riesgo de un posible ciclo de pobreza.
Fotografía: UNICEF Perú
Según el Sistema de Registro del Certificado de Nacido Vivo en Línea (CVN), sistema web elaborado por el Ministerio de Salud (Minsa) y el Registro Nacional de Identidad y Estado Civil (Reniec), en lo que va del 2021, se han registrado ocho nacimientos en niñas de 0 a 10 años. Durante el 2019, la cifra se elevó a nueve y en el 2020 casi se triplicó, pues alcanzó los 23.
Según el mismo registro, durante el 2021, la cantidad de niñas entre 11 a 14 años que registraron sus partos fueron 926. Loreto, Lima y Ucayali son las regiones con mayor cantidad de nacimientos registrados con 161, 119 y 114 respectivamente. La cifra de las adolescentes entre 15 y 19 años que registraron sus partos durante este año es de 36.359.
Es necesario recordar que no se podría utilizar estas cifras para conocer la cantidad total de niñas y adolescentes que quedaron embarazadas estos años, debido a que no se contabiliza a aquellas que abortaron o no lograron inscribir oficialmente a sus hijos por llevar partos extrahospitalarios.
También es lamentable observar que los partos realizados por menores de edad se han mantenido durante la pandemia, ya que muchas de estas niñas se quedaron en sus casas debido al confinamiento y fueron víctimas de violencia sexual por parte de sus propios familiares, por ello es importante que los estudiantes sepan reconocer las situaciones de riesgo, para evitar ambientes de violencia y abuso.
La Defensoría del Pueblo señaló que “del 1 de enero al 31 de agosto de este año, se atendieron 4151 casos de violación sexual de niñas y adolescentes mujeres”. El organismo recordó que muchas menores ven afectado su desarrollo y proyecto de vida debido a su edad y género, por lo cual resulta urgente prevenir estos casos.
Las estadísticas demuestran que la situación problemática y crítica que vive el país necesita de un Estado que tome un rol activo en el fomento de la ESI. Muchos jóvenes no sabrán defender sus derechos y prevenir violencia sexual o de género o embarazos no deseados si no se les enseña en las aulas la importancia del sano desarrollo de su sexualidad.
Gabriela Delgado 24 años y María José Tamayo 25 años, egresadas de la Universidad del Pacífico y creadoras de JUNTAS.OFICIAL.
“Juntas.Oficial” nació como una idea en el 2018. Queríamos crear una empresa con impacto social: una marca de salud en la que las mujeres latinoamericanas nos sintamos identificadas.
«El estigma y la situación de las mujeres en el Perú en torno a la menstruación es un tema que siempre nos llamó la atención. Para profundizar en el tema, hicimos varios viajes, uno de ellos a Pucallpa, en donde las mujeres son de las más afectadas por el embarazo adolescente. Tuvimos la oportunidad de conversar con ellas y sus mamás. Descubrimos que muchas adolescentes ya eran sexualmente activas o comenzaban a interesarse por diversos temas con respecto a sus cuerpos y a la sexualidad. A pesar de esto, no sabían de conceptos como el consentimiento, o la propia menstruación; en resumen, existía mucha desinformación que podría afectarlas en su futuro.
En Lima, tampoco sentimos que nuestras dudas fueran satisfechas, pese a que se trata de la capital (tomando en cuenta que el Perú es un país sumamente centralizado) y con una educación privada más presente. No había un canal de apoyo para saber de educación sexual integral; es decir, sobre identidad, sexualidad, violencia, menstruación, entre otros términos claves en su vida.
Es aquí que, en el 2019, formalmente creamos “Juntas.Oficial”. Presentamos la idea a las universidades de Harvard y San Diego. Con su financiamiento pusimos en marcha el proyecto. Como todavía faltaba data sobre la realidad peruana y la educación sexual integral, hicimos una investigación en algunos colegios públicos y hospitales. Después de esto es que validamos la idea de hacer una plataforma online.
Durante la pandemia, hicimos diversas actividades: talleres para empresas y colegios, regalamos kits menstruales, entre otras dinámicas para todo el público. Además, recibimos mensajes de adultos que querían aprender ellos mismos sobre el tema para poder compartirlo con sus hijos o hermanos.
Más que un negocio en mente, queremos crear una marca de salud sexual para que esta sea un tema natural y cotidiano. Sentimos que muchas de las marcas de productos menstruales no satisfacen el arraigo de la mujer latinoamericana, no vienen acompañados de una carga emocional, ni se prioriza la salud. Y es por ello que apostamos por esta iniciativa, para crecer juntas».
En el Perú el acceso al derecho de identidad de género depende de la suerte. De las creencias de los jueces, del proceder del RENIEC, de los imprevistos. Tal fue el caso de Dania Calderón, quien a sus 42 años se convirtió en la primera mujer trans en conseguir el cambio de sexo en su DNI sin requerir reasignación genital. Pero su historia también se resolvió por una casualidad.
Como un deseo de cumpleaños que no se puede decir en voz alta. Así vivió Dania Calderón los pequeños triunfos que evitaba celebrar durante el proceso judicial por el cambio de sexo en su DNI. El día que recibió su documento en el que decía “mujer” y “soltera”, pudo creer recién lo que estaba ocurriendo: se había convertido en la primera mujer trans peruana en conseguir un DNI que refleje su identidad sin requerir una reasignación genital.
Pero aquel engorroso proceso que finalizó el pasado 28 de septiembre empezó en Huaraz hace 4 años, luego de que consiguiera el cambio de nombre en su DNI, solicitud que había iniciado en el 2015. Las infinitas trabas que el Estado peruano coloca usualmente a las personas trans era algo para lo que Dania y su abogada Johana Sotelo ya estaban preparadas. “Tú tranquila Dania, que igual RENIEC va a apelar”, le repetía la letrada, sin mostrar un atisbo de sorpresa por el proceder común de la entidad.
Los jueces de Huaraz ordenaron que el caso se traslade a Lima, donde continuó su curso en el juzgado de La Molina. Luego de una larga espera, se llevaron a cabo las dos audiencias en las que ambas partes debían presentar pruebas que sustenten su demanda. En el caso de Dania, los medios probatorios consistieron en examen psicológico, psiquiátrico, endocrinológico, el testimonio de la doctora que ha acompañado su tratamiento hormonal desde hace años y del cirujano que le realizó algunas intervenciones quirúrgicas.
Por otro lado, los procuradores de RENIEC mencionaban en un intento de defensa que el cambio de sexo en el DNI no podía realizarse pues Dania podía estafar a terceros, mentir a su pareja para casarse, que el sexo es biológico y no se puede cambiar e incluso que la jubilación de las mujeres cisgénero es a una edad menor. Pese a todo aquello, en mayo del 2020 el juez falló a favor de Dania.
Frontis de la RENIEC. FOTO: Andina/ Héctor Vinces
Lo que siguió fue inesperado. Dania y su abogada se preparaban para que RENIEC apele el fallo y el juicio ascienda a la Corte Suprema, donde la seguirían luchando. Mientras tanto, ella se comunicaba constantemente con el juez para lograr que se notifique el resultado lo más pronto posible al RENIEC, pues luego de eso serían cinco los días hábiles en los que la entidad podía apelar.
Finalmente, el 21 de diciembre se realizó la notificación, y le siguieron jornadas de ansiedad entre los feriados y días festivos. El 2 de enero, último día del plazo, Dania y su abogada estaban pegadas a las pantallas de sus equipos electrónicos esperando que RENIEC ingrese algún escrito al sistema. 23:30, 23:45, 23:40 y nada. El reloj marcó la medianoche y el plazo había vencido. Una alegría mezclada de extrañeza las invadió. “Estábamos contentas pero nos preguntábamos: ¿por qué no apelaron? Qué raro”, comenta.
Ante aquel nuevo escenario, distinto al de otros casos que la abogada Sotelo había llevado, presentó un escrito solicitando que se concediera la demanda a su patrocinada. El pedido procedió y Dania fue a recoger la sentencia con el oficio donde el juez ordenaba a RENIEC el cambio de partida y de DNI. “Ese mismo día lo escaneé todo al derecho al revés y lo presenté por mesa de partes virtual”, relata Dania evidenciando la premura con la que uno actúa cuando sabe que está cerca de cumplir su sueño.
Y ahí fue que ambas descubrieron lo que había ocurrido. Los días siguientes estuvieron llenos de escritos de parte de RENIEC, pues se les había pasado apelar. Uno de sus pedidos era la nulidad del caso pues, alegaban, no habían sido notificados correctamente. Dania sintió cómo su esperanza se desmoronaba cuando el juez le comunicó que estudiaría el caso. “Pensé que el juez efectivamente se había equivocado y que se anularía todo”, cuenta.
Repite un par de veces que fue la resolución número 15 en la que se declara infundada la petición de RENIEC. El número se quedó grabado en su mente. No obstante, RENIEC no daba su brazo a torcer. “Dios, ¿hasta cuándo?”, pensaba Dania. Mientras tanto, ella obedecía al pie de la letra las indicaciones del juez para tramitar el cambio de sexo en su partida de nacimiento, luego de que la autoridad exhortara a RENIEC realizarla.
El juez aceptó el último de los escritos de RENIEC, pero les informó que el juicio ya había terminado y que de todas formas tenían que entregarle el DNI a la ciudadana. La siguiente estrategia de la entidad fue el cambio de procurador. Cuando él asume su cargo y se apersona ante el juez, solicita que se notifique nuevamente todo a su casilla y correo institucional. Si el juez aceptaba, tendrían una nueva chance para apelar. No obstante, no accedió.
RENIEC ya no tenía más que hacer, la batalla había acabado. Habían pasado cerca de 20 días hábiles cuando Dania recibe la llamada de su abogada informándole que el primer paso ya estaba listo: su partida de nacimiento tenía como sexo el femenino. La imprimió y fue a la oficina de Santa Anita para tramitar su DNI. La expresión de incredulidad y las mil llamadas que realizaban los trabajadores del centro demostraban que esto es, sin lugar a dudas, un hito. “Qué extraño, hemos cambiado nombres y apellidos pero sexo nunca”, le decían.
Luego de 10 días hábiles y de estar constantemente revisando la web de RENIEC para verificar el porcentaje del proceso en el que iba su documento de identidad, por fin llegó al 100%. “Aún así no creía porque podía esperar cualquier cosa de RENIEC”, pensaba. Fue a recogerlo acompañada de sus compañeras del colectivo Féminas y todo se volvió real. “Entenderás que estoy un poco emocional porque es difícil pasar por lo que he pasado”, me dice. Más de diez mil soles y una montaña rusa emocional después, lo había logrado.
De la boca para afuera
En una de las tantas resoluciones, el juez exhortaba a la procuradora de RENIEC a dejar de “actuar de mala fe” e incluso la sanciona con una multa. Como explica Dania, esta entidad se llama a sí misma aliada de la comunidad trans. Incluso en el 2016 sus representantes formaron parte del Grupo de Trabajo para la Documentación de la Población Trans en el marco del Plan Nacional “Perú contra la Indocumentación 2016—2021”.
Su defensa fue que “hay procedimientos que no los deciden el RENIEC ni el Poder Judicial, sino el Congreso que da las leyes”, comunicó el jefe de Imagen Institucional de la entidad, Benito Portocarrero. En la misma línea, al ser consultada por su actitud ante las demandas por cambio de sexo, la ex-procuradora Nelly Paredes afirmó que apelan “porque no hay normativa que regule esos requerimientos y pueden representar una falta administrativa”.
Dania lo vivió de primera mano. En el mejor de los escenarios, ella creyó que lograría obtener un documento que reflejara su identidad cuando sea una adulta mayor y existiera una ley de identidad de género, pues el accionar de RENIEC y de algunos jueces no le daban espacio a tener mucha más fe. Ella lo atribuye al miedo al cambio y transfobia, pues destaca cómo muchos otros países de la región cuentan ya con una legislación para la comunidad trans, a pesar de la tendencia conservadurista de sus mandatarios, como es el caso de Ecuador.
Leyla Huerta, directora del colectivo de mujeres trans Féminas, que ha acompañado de cerca a Dania durante este proceso, hace énfasis en ciertas facciones anti derechos enquistadas en las esferas de poder. Incluso cuenta que en los juicios por cambio de nombre que muchas de sus compañeras han llevado a cabo, los jueces han sido víctimas de acoso por fallar a favor de ellas. “Están pendientes de sus errores para pedir su destitución”, añade.
En el dolor, hermanas
Dania Calderón y compañeras de Féminas. FOTO: Agencia Presentes
Era 2015 cuando Dania y Leyla, junto a algunas otras compañeras, fundaron Féminas. Seis años después, fue su misma familia escogida la que la acompañó a recoger su nuevo DNI en la puerta de RENIEC Santa Anita. Las mismas mujeres a las que ella alguna vez les abrió las puertas, la sostuvieron durante el largo camino que recorrió. Cuando le dijo a su abogada que quería desistir porque quería cuidar su estabilidad emocional, fueron ellas las que la motivaron a seguir.
“Me decían ‘madre, ¿cómo le va en su caso?’. Era una montaña rusa de emociones. Algunos días festejábamos y luego a la semana siguiente me veían desanimada, y me decían que siga adelante”, relata con nostalgia. El abuso y discriminación que sabía que sus compañeras experimentaban la convencían de seguir luchando. “No puedo dejar esto”, pensaba.
“Es importante el soporte comunitario, cumple el rol de la familia cuando esta no se encuentra. Por eso somos un grupo que sigue creciendo”, comenta al respecto Huerta. Féminas, precisa Dania, vive de la autogestión y de las donaciones. También del apoyo de especialistas como la abogada Sotelo. Ella lleva los casos por cambio de sexo y nombre en el DNI de muchas de sus integrantes.
Naaminn Timoycco, primera mujer trans que logró el cambio de sexo en el DNI. FOTO: Archivo El Comercio
Es así que este no es un logro individual, sino de toda su comunidad. Hace 10 años Naaminn Timoycco se convirtió en la primera mujer trans en lograr el cambio de sexo en su DNI. Sin embargo, el proceso duró 8 años e incluyó un “acto vejatorio”, considera Dania Calderón, por el cual tres médicos verificaron si tenía genitales femeninos. “Por eso esta sentencia es histórica, yo he ganado esto y nadie sabe si me he operado o no, eso es muy íntimo”, agrega.
En ese sentido, opina, el mensaje que deja este suceso es potente. “Esto normaliza que somos mujeres diversas. Así como existen altas, bajas, afro, andinas, hay mujeres trans. Aquí no se cuestiona si es una mujer trans operada o no, porque no hay diferencia entre ambas”, precisa. En la misma línea, Huerta afirma que la mutilación no puede ser una condición para acceder a documentos identitarios. “No pueden exigirte que renuncies a tu derecho a la reproducción para tener derecho a la identidad”, sentencia.
Este hito establece un antecedente importante para el proyecto de ley que viene preparando el colectivo, por el cual se buscará el reconocimiento de la identidad de género. “Para nosotras es importante demostrarle al Estado que nuestra demanda es verdadera, que no estamos pidiendo algo falso, la ley nos lo permite”, concluye la directora de Féminas.
Más puertas abiertas
A sus 42 años, Dania por fin puede ver cómo un horizonte de posibilidades se presenta al frente suyo. En primer lugar, sabe que esta es una luz al final del túnel. “El Estado tiene una deuda histórica con nosotras. Antes no había nada, no se hablaba nada, eran discursos de la boca para afuera pero no había ningún cambio”. Así, espera que su lucha no haya sido en vano y que permita que otras personas trans no la tengan tan difícil como ella.
Pero más allá de lo colectivo, Dania cuenta con emoción cómo ahora su trabajo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos no es su única posibilidad. Ella podrá participar de convocatorias relativas a su carrera técnica, la enfermería. “Podré postular a empleos en EsSalud o el MINSA porque ahora sí me van a considerar en el sistema. Siempre se fijan que coincida mi nombre con mi sexo”, explica.
Todo este tiempo de lucha y espera le ha dado tiempo a Dania para pensar incluso en el fin de sus días. Lo que a cualquier otra persona le parecería un procedimiento ordinario y común, para ella representaba un ataque a su identidad. “Si a mí me matan o fallezco, en las estadísticas yo no hubiese figurado como una mujer trans, sino como un señor. Eso tampoco me parecía justo”, comenta, con la tranquilidad de que eso ahora representa un problema menos.
Pero Dania tiene para rato. Me comenta que crio a su hermana desde el año y medio hasta los 7 años. Seguidamente, me dice emocionada que ama a los niños y que le gustaría formar una familia. “¿Qué fue lo primero que hiciste tras recibir tu DNI?”, le pregunto. “Hablar con mi novio”, responde. “Tenemos planes de casarnos”. Hacer crecer su patrimonio juntos, ejercer ciudadanía, todo lo que cualquier ciudadano cisgénero da por sentado, para ella es posible por primera vez. Lo que antes se le hacía incierto, hoy es cada día más real.
Nota de prensa por Organización Internacional para las Migraciones (OIM)
Promoviendo la diversidad cultural. FOTO: OIM
El programa Arte en Movimiento, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se realizará de forma itinerante durante el mes de octubre en los distritos de Barranco y Villa María del Triunfo, con el propósito de transmitir mensajes positivos en torno a la diversidad cultural y la movilidad humana.
La migración es parte de la realidad que nos rodea. Todos nos desplazamos de un barrio a otro, de una ciudad a otra, de un país a otro. Somos, migrantes. Recordemos que aproximadamente 3 millones de peruanos viven en el exterior. Es decir, casi el 10% de la población del Perú, vive en otro continente. Asimismo, el Perú se ha visto nutrido de diferentes olas migratorias durante su historia, con personas venidas de Japón, China, Italia y más recientemente de Venezuela. Esta fusión de saberes forma parte ahora de nuestra identidad y de nuestra cultura. En ese sentido, refugiados y migrantes pueden ser motor de potencial desarrollo tanto para la comunidad de acogida como para ellos mismos.
Con el fin de hacernos reflexionar sobre la diversidad cultural y la movilidad humana en las principales comunidades de acogida del país, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), de la Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado de los Estados Unidos ((PRM por sus siglas en Inglés) y las Municipalidades de Barranco y Villa María del Triunfo, desarrollarán durante el mes de octubre, de forma itinerante, el programa “Arte en Movimiento”, que con el lema “Espacios para abrazar las diferencias” transmitirá, a través de diversas actividades artísticas y culturales dirigidas a los niños y niñas y a sus familias, mensajes positivos en torno a la migración.
Talleres dirigidas a niños y niñas. FOTO: OIM
Los eventos se realizarán el sábado 23 de octubre. El lugar será en la Plaza de Armas del distrito de Villa María del Triunfo. Asimismo, el domingo 24 de octubre, en la Plaza Butters del distrito de Barranco, de 5 pm a 7 pm, y estarán conformados por un taller de intervención participativa “Mi barrio en Chroma Key” – en el que niños, niñas y adolescentes, acompañados por sus familias, expondrán su visión sobre la diversidad y la inclusión social y harán sus propuestas para vivir en un barrio y en una sociedad más igualitaria a través del uso de la pantalla verde – y un Cine Foro, que incluirá la exhibición al aire libre, en una pantalla de cine gigante, del cortometraje “La Bienvenida” y la obra de teatro audiovisual “Instrucciones para despedirse de una casa”.
Dato: Más información sobre el programa en la página de facebook de OIM. No se requiere inscripción previa para ninguna de sus actividades.
La escritura es un proceso, un desarmado y armado de nuestros pensares y/o sentires. Es un ritual donde nos preparamos avisando al cuerpo, apoyándonos en elementos sin los cuales no podemos escribir. Nos permite hacer comunidad con personas que se volverán tus lectoras. Implica borrar escribir en la misma hoja durante horas. Ese arduo proceso creativo, hoy es comentado por Alejandra Eme Vázquez.
Como escritoras debemos de hacer toda la ruta anterior más enunciarnos desde el ser mujeres. Abordar en torno a las representaciones del espacio doméstico. Todo esto para seguir las vertientes de nuestra escritura como acción afirmativa en sí misma. Por otro lado la escritura es construcción de subjetividad.
Todos estos consejos y conceptos son parte de las mentorías bingo-taller y encuentro de escrituras y cuidados, un proyecto sobre “Pensar lo doméstico”. Se trata de un ensayo que analiza la dinámica de cuidar y ser cuidada. Un proyecto por entregas que busca “hacer la revolución” para asumir el goce, posicionar el apoyo en colectivo. Lo mencionado antes son algunos de los espacios/proyectos a los que ha dado vida: Alejandra Eme Vázquez
Alejandra Eme Vázquez (Ciudad de México, 1980) es escritora, docente, editora, mediadora de lectura y cuidadora. Estudió lengua y literatura. Desde hace más de diez años ha colaborado regularmente como columnista en medios impresos y digitales. Calcula haber publicado, hasta ahora, unos 250 textos ensayísticos de temas muy diversos. Tiene a su cargo un laboratorio remoto de escrituras e imparte talleres de escritura con enfoque de cuidados. Coordina el proyecto Pensar lo doméstico, un espacio colectivo para generar diálogo, lecturas y escrituras críticas alrededor del espacio doméstico y los cuidados.
Asimismo, es parte del comité organizador del Encuentro de Escritoras y Cuidados, cuya primera edición se llevó a cabo en octubre de 2019. Actualmente combina sus labores de cuidados con la impartición de talleres para jóvenes y adultos, la creación de contenidos editoriales y el ejercicio de la escritura. Su ensayo “Su cuerpo dejarán”, ganó el premio Dolores Castro de ensayo en 2018 y en el 2019 se publicó bajo el sello de El Periódico de las Señoras, Kaja Negra y Enjambre Literario. Editó el proyecto de escritura colectiva Lucrecia, primer borrador, en coordinación con la compañía teatral estable de la Universidad Veracruzana y con la participación de: Alejandra Arévalo, Gabriela Damián Miravete, Diana Del Ángel, Brenda Navarro y Yeni Rueda.
La apuesta de Alejandra, como una lectora que escribe, es de acompañar a otras autoras a escribir ensayos. Pues afirma que todos podemos escribir y que necesitamos herramientas para proteger, potenciar, explorar y disfrutar de nuestra escritura.
¿Qué significa para ti el escribir, ser y nombrarte escritora?
Yo tengo una relación desde niña con esta escritura que llaman “creativa”. Primero como lectora y luego como ejecutante, y hasta la prepa escribía hasta por los codos. Luego entré al mágico mundo de los estándares. Eso mermó un poco mi entusiasmo, pero lo retomé con fuerza desde hace unos años porque para mí escribir es mi espacio de afirmación elegido. Por eso es que nombrarme no tiene que ver con la calidad de lo que escribo, con publicar ni con el futuro de mis textos. Decir que soy escritora significa reconocer abiertamente que mi relación con la escritura es vital para mí.
Desde sus espacios ha pronunciado que para las mujeres que escriben, la escritura debe ser trabajada con enfoque de cuidados. Donde se reflexionan y realizan ejercicios sobre cómo incorporar los cuidados en nuestro quehacer desde asumirnos escritoras. Puntualizando que son autoras vivas.
¿De dónde y por qué surgió el querer dar acompañamiento a otras escritoras por medio de los laboratorios que facilitas y la importancia de nombrar las Escrituras vivas?
Al revisar mi relación con mi propia escritura y la de otras personas, noté eso que ya se ha dicho sobre la visión muy tradicional del arte como un espacio de genios sin cuerpo, que escriben en condiciones asépticas y que son arrebatados de lo mundano para poder crear. Yo empecé a proponer otra visión, primero tímidamente y luego ya con mayor desfachatez, y básicamente se trata de explorar todo el tiempo qué ocurre cuando se pone al centro no sólo la vida sino la vitalidad, que es uno de los principios del trabajo de cuidados.
Esta visión de los cuidado, el cuidar y ser cuidadas, que involucra en todos los procesos de escribir, leer, acompañar y visibilizar también lo llevó a una iniciativa que comenzó a principios de años como algo que “solo vivía en su imaginación y que ahora es una realidad” llamada “Odo ediciones” una editorial autogestiva y sin fines de lucro que impulsó junto con Libia Brenda. Aunque dice “autogestiva”, no se debe dejar de nombrar que hacer libros requiere dinero y es necesaria la remuneración del trabajo de todas las personas que participen en el proceso.
¿Cuál fue el motivante para acompañar a otras escritoras a poder publicar sus escritos ?
Cuando Libia Brenda me contó del proyecto de Odo Ediciones, supe que quería ser parte de esto. Yo soy la cuidadora de temporadas de la editorial, de broma digo que soy como una “tía” para las autoras porque las acompaño en el proceso de generar vínculos con su comunidad lectora mientras su libro es editado. Normalmente las editoriales tienen relacionistas públicos que agendan presentaciones, actividades y apariciones de las autoras, pero siempre es con fines utilitarios y en contranarrativa a esto fue que imaginamos este esquema. Aprovecho para invitarles a suscribirse en odoediciones.mx
Dentro de su iniciativa de ensayo de sí, ha mencionado que “muchas vivencias, reflexiones, intuiciones que nos atraviesan y que, por lo tanto, quisiéramos llevar a la escritura. Sin embargo, parecen no encontrar su cauce. Históricamente, esto se explica con la masculinización del canon literario, que se ha construido para deslegitimar lo femenino, por falta de representación de escritoras en el canon configurado a partir de lo “clásico”, de las redes de enseñanza de literatura, de la crítica literaria, del historial de premios, de la academia, de las editoriales y los discursos relacionados.”
Esto puede verse en el claro ejemplo de la falta de mujeres en los primeros acercamientos de la infancia mexicana a la literatura mediante los libros de texto gratuitos. Para el final de la primaria, las y los estudiantes habrán leído en este libro a un 13.7 por ciento de autoras, contra 65.4 por ciento de escritores, según el artículo de Escritoras Mexicanas: Feminismo y Reivindicación en la Literatura. Este, fue escrito por la reportera Marcela Vargas en 2020. Aquí, también se habla de la marginación de la literatura escrita por mujeres que influye en las mujeres a no escribir.
¿Crees que cómo escritoras siempre vamos a conocer a esa “impostora”?
Actualmente escribo un ensayo por entregas titulado Sensacional de Escrituras junto con Salomé Esper y Ana Laura. En el segundo tomo mi objetivo es hacer una especie de disección de lo que han llamado el “síndrome de la impostora”. Y digo que lo han llamado así porque creo que forma parte de vocabularios impuestos y más bien yo propongo elaborar sobre ello. Decirle síndrome es hiriente y poco preciso, como también lo es llamarlo impostura, ¿impostura de qué? Creo que con ese término tan vago estamos nombrando un sinfín de detalles en los que podemos detenernos a pensar con minucia, que es una forma de hacernos justicia también.
Muchas mujeres tienen miedo a escribir porque sienten que “no tienen nada que aportar”, pero desde tus talleres te has pronunciado a que todas nuestras historias importan, ¿Qué les dirías para abrirles camino a intentar escribir?
Que valoren y escuchen sus propios procesos. Muchas veces damos por descontado que lo único importante es el producto y ese es un esquema casi empresarial de la escritura, que no permite analizar nuestro propio trayecto. Creo que hay muchas cosas muy seductoras en la escritura y una de ellas es esta certeza de que si bien muchas personas pueden escribir sobre lo mismo, nadie lo hará de igual manera porque la escritura es una expresión de la particularidad. Esa dimensión dactilar de la escritura es maravillosa.
El primer ensayo de Alejandra, fue sobre los cuidados, que nació a partir de un círculo de lectura de “Pensar lo doméstico” en la Biblioteca Vasconcelos. Donde se cuestionaba sobre los “asuntos” de mujeres. Aunque en lo personal, como lectora, el libro de “Su cuerpo dejarán” me removió, hay otras autoras que desde sus tiempos han nombrado el espacio doméstico como: Rosario Castellanos, Amparo Dávila, Luica Berlin, Elena Garro, entre otras. Es importante leer las diversas perspectivas para enriquecer nuestros saberes y cuestionamientos.
¿Cuál fue tu sentir cuando te compartían/comparten experiencias sobre su relación con los cuidados y la escritura a partir de tu propia experiencia?
Para mí fue una absoluta sorpresa cómo se recibió ese libro y mi experiencia me cambió la manera incluso de auto-percibirme. Sin embargo, no es una autoría que hubiera considerado y creo que todavía faltan muchas conversaciones para poder hacer vínculos más sustentables. Sin esas vivencias no hubiera podido escribir el Sensacional de Escrituras, que ahora sí viene de hacerme cargo por completo de lo que escribo, y de lo que no también.
Las escritoras no somos acreedoras de la verdad absoluta. En la literatura se dice que ya todo está escrito. Las escritoras recalcan que sí es así pero desde lo que no se ha escrito es desde tu propia visión. Por eso, el hablar de las autoras vivas, aquellas que están escribiendo y aportando en la actualidad, requiere de una escucha de lo que proponen. Un saber desde donde nos escriben, es decir, cuales son aquellas cosas que les removieron algo y les hicieron escribir sobre cierto tema.
El enfoque escritural tiene que ver con reconocer nuestra vitalidad y jugarla, lo más consciente y lúdicamente posible, al escribir, como dice Alejandra. Sigamos conmemorando la escritura y a las escritoras en este día.