Este 4 de junio se emitió el primer episodio de La Casa de los Famosos México, un programa en formato reality donde un grupo de celebridades viven juntos en una casa y siguen un proceso de eliminaciones a base de estrategias y la popularidad que cada uno va ganando con el público. Así, como parte del elenco se anunció que la celebridad de Internet, Wendy Guevara, iba a participar. Ella es una mujer transexual que rápidamente se convirtió en una de los favoritos del público para ganar el reality.
Sus ocurrentes frases y expresiones se volvieron virales en redes sociales. Sin embargo, el público también se conmovió cuando contó sus experiencias de vida como una mujer transexual mexicana, como una ex trabajadora sexual y como sobreviviente de abuso sexual.
UNA MUJER TRANS EN TV GLOBAL
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2021, del total de la población en México (de 97.2 millones de personas), 5 millones se autoidentifican LGBTIQ+. Del mismo modo, 316.258 personas se autoidentifican como personas transgénero o transexuales, lo cual representa al 0.3% del total de la población en 2021.
En este contexto, la participación de Wendy Guevara inició conversaciones sobre la identidad de género y sexualidad entre los mismos integrantes de la casa. “Quién iba a decir que una figura tan conservadora y que en muchas ocasiones nos llegó a sacar canas verdes como Poncho de Nigris iba a estar defendiendo la identidad de género de una mujer trans como lo es Wendy Guevara”, expresó Laurel Miranda, activista trans y periodista mexicana, en un video en sus redes sociales.
Pero Guevara ha sido criticada por algunas activistas trans mexicanas y latinoamericanas en el pasado debido a comentarios que dio sobre su identidad como mujer trans. En una entrevista que brindó a inicio del año 2023 en Radio Divaza – podcast del youtuber La Divaza, dijo que no se consideraba una mujer al 100%. “Siempre me han atacado porque yo siempre he dicho que no me considero una mujer. Yo siempre he dicho que soy una chica transexual y para mí una mujer es la mujer biológica que puede dar un bebé.Entonces me dicen: ‘¿y las que no pueden dar?’. Le digo: ‘No, no pueden dar, pendeja, pero tienen su órgano reproductor femenino y todo por dentro’”, expresó en esa ocasión.
Miranda analiza las críticas a Wendy desde una perspectiva más completa, donde la diversidad de historias y experiencias dentro de la misma comunidad nos lleva a aceptar su heterogeneidad. “Todas las personas trans generamos herramientas de defensa diferenciadas, de tal manera que, a lo mejor, sí, una persona en un contexto privilegiado tiene las herramientas, conocimientos, la información, para poder confrontar, para poder defender, para poder exigir el respeto a su identidad de género”, señala en su video.
“Hay que entender desde donde vienen las palabras de Wendy, desde donde vienen las palabras de muchas mujeres trans que comparten este tipo de contextos y creo que hay que dejar de juzgarlas, hay que dejar también de ser paternalistas porque tienen su propia historia de vida”, agrega.
Laurel Miranda publicó un video en julio de 2023, donde comenta sobre la participación de Wendy Guevara en La Casa de los Famosos México. | Capturas: Instagram/@laurelyeye
“Cuando hablamos entre nosotras (mujeres trans), no sacamos a flote quien sufrió más porque todas hemos sufrido, a todas nos han discriminado. Pero [esto cambia] cuando pones a una persona trans sola a que comparta sus vulneraciones. Cuando comparo sus historias de vida, por supuesto, la de ella fue la más cruda. Entonces, yo creo que el papel que ha desempeñado es un papel muy transparente, ha hablado de cosas, quizá no con los términos adecuados, pero lo ha hablado a su manera”, expresa.
Para Camacho García, el “papel” de la Wendy en el reality ha sido el de representar la historia de una Cenicienta moderna: donde una chica (en este caso, una chica trans) logró salir de las sombras y destacar.
“Entonces, yo siento que ella ha cumplido con su rol – porque es televisión, es un juego, es un reality. Pero ha puesto sobre la mesa muchos temas, ha hablado con sus compañeros sobre la sexualidad. Sí ha resultado importante y es necesario que esos temas se pongan sobre la mesa y no para convencer a nadie, sino para generar el debate”, compartió.
Leyla Huerta, activista y fundadora de la ONG peruana Féminas, comparte que la presencia de Guevara es relevante para la representación trans. Según explicó a La Antígona, la representación de las personas LGBTIQ+ no solo debe quedar en lograr llegar a estos espacios de poder, sino que importa mucho qué hace la persona con dicho poder que se le otorga.
“El papel que cumple Wendy de forma latinoamericana, porque es un éxito, realmente, la llegada a donde va, es importante. Habla de su visión, (la cual es) precaria en conocimientos sobre identidad, pero sí de empoderamiento, de lo que le ha tocado pasar y vivir, del poder del cuerpo, de quién soy yo”, dijo a La Antígona.
Gianna Camacho García (izq.) y Leyla Huerta (der.). | Foto: Composición
LA REPRESENTACIÓN TRANS IMPORTA
Cuando se habla de incluir a la comunidad LGBTQI+ en la sociedad, es casi imposible no mencionar el rol de los medios de comunicación. La mayoría de las personas forman sus posturas sobre la realidad basándose en lo que consumen de los medios masivos, como programas de televisión y noticieros. México es uno de los seis países de Latinoamérica que han legalizado el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, pero la región latinoamericana como un conjunto sigue teniendo ideas muy conservadoras sobre la comunidad LGBTIQ+. Esta es una realidad que se comparte en Perú, donde la herencia colonial española viene con una gran influencia de la religión católica.
Gianna Camacho García considera que, en el Perú, la representación de mujeres trans es estereotipada. “Aceptamos, aplaudimos, a la trans que nos hace reír, que nos da un show; en el caso de los hombres, consumimos a las trans que ejercen la prostitución.Nos quieren ver en plumas y lentejuelas, nos quieren ver maquillando, dando tips de belleza, nos quieren ver haciendo reír a la gente o no es quieren ver mostrando nuestro cuerpo, causando morbo a los hombres”, señala.
“Pero la trans que me quiere hablar de política, que me quiere hablar de derechos humanos, esa trans todavía no es aceptada ni mostrada como tal. Entonces, yo creo que actualmente la trans que no incomoda es la trans aceptada”, agrega.
En ese sentido, Leyla Huerta opina que los programas de televisión le dan espacio a personas no empoderadas o profesionalizadas porque encajan en la imagen que quieren “vender”. “Quieren una mujer trans que sigue manteniendo los estereotipos, que sigue manteniendo el status quo de que somos una burla, de que somos hombres vestidos de mujer, resaltan características masculinas para generar gracia y mofa. No quieren hacernos ver como una parte de la diversidad de expresiones de la feminidad que no necesariamente se va a ajustar a los estándares femeninos que la sociedad quiere mostrar de las mujeres”, señala.
Señala el caso de la cómica Dayanita, que “si bien es cierto, no es una persona con un empoderamiento femenino e, inicialmente, no podía dar conocimiento a la gente sobre su situación, en lo que avanza el tiempo, comienza empoderarse y comienza decir las cosas que la violentan. Lamentablemente, termina siendo echada de ese espacio, porque no quieren una mujer trans empoderada”.
“En la comunidad trans, la única persona que podría decir que ha sensibilizado sobre el tema, en su momento, es Naamin Timoyco y ahí tiene mucho que ver la edad. Es una mujer trans mayor que ha pasado por muchas más cosas y le toca cosechar ese desprecio en el que vivimos. (Pero) cuando comienza a tener esa visión, que ya la vida te da, te quedas sin lugar y solo te llaman para cosas puntuales”, agrega.
Algunas de las mujeres trans más reconocidas en la televisión peruana: Dayanita (cómica), Naamin Timoyco (vedette y bailarina, primera mujer en cambiar el sexo en su DNI) y Coco Marusix (una de las primeras drag queen y vedette trans). | Foto: Composición
Entonces, ¿qué podemos hacer para cambiar la realidad? Para Camacho García, es importante que las personas a cargo de las producciones y noticieros en medios de comunicación prioricen historias más allá del morbo, de los estereotipos, “más allá de la transición”. No existe un solo perfil o historia sobre lo que es ser una mujer trans en México, Perú u otro país de Latinoamérica. Por ello, también es fundamental que se haga la distinción entre la realidad factual y las opiniones, incluso cuando se trata de las opiniones de las mismas mujeres trans. Esto porque, dado que se trata de una minoría históricamente no siempre bien representada, cualquier comentario puede ser generalizado para toda la comunidad.
Del mismo modo, Huerta señala la responsabilidad de cada persona que sí consigue posicionarse en estos espacios de poder, pues en estos espacios – por más pequeños que sean – uno puede hacer activismo, pedagogía o tan solo contar su realidad para humanizar a toda una comunidad. Luego, en el ámbito político de la sociedad, se debe desarrollar el empoderamiento comunitario.
“Yo he podido conocer mujeres trans de otros países y me doy cuenta cómo está el empoderamiento comunitario de las personas trans fuera del Perú. El discurso político de estas mujeres está a años luz de lo que aquí tenemos. Por ello es importante el empoderamiento comunitario. Si bien en Perú podemos existir líderes trans, (nos) hemos quedado en ello, nos hemos quedado en ser “yo” y no hay nadie (más) detrás de estos liderazgos. No se ha empoderado a las comunidades. No podemos ser siempre las únicas las que vamos a estar delante de las cámaras (porque) las cámaras buscan a chicas que no tienen empoderamiento para decir las cosas”, expresa.
¿Dónde está papá? El Censo 2017 realizado por el instituto nacional de estadística e informática (INEI) reveló la existencia de 765 mil 246 hogares de madres y padres criando solos a sus hijos. En la actualidad se sigue reportando más casos tal como las historias de tres adolescentes que día a día llevan consigo mismos la interrogante de dónde podría estar su padre o madre.
“Cuento y solo espero día tras día, pintando calendarios, preparando mi alcancía para ese día en el que finalmente estés aquí, que mami llora y no comprendo qué le impide ser feliz”.
PrimoBeatz
La Antígona entrevistó a dos adolescentes quienes sus padres se encuentran ausentes por motivos laborales, abandono, entre otros motivos. Cabe mencionar que nuestros entrevistados se dan a conocer en forma anónima ya que son menores de edad y cuentan con la autorización debida. Los testimonios presentados en este reportaje son verídicos corroborados por el periodista quien pudo conocer sus casos.
A sus 16 años, Avie recuerda la partida de su padre con rumbo a Chile; según nos cuenta, la decisión de ir a otro país fue por motivos de brindar un futuro mejor para ella y sus hermanos. A pesar de todo la comunicación que permiten las conversaciones por teléfono, al consultarle sobre las actividades escolares como el día del padre, Avie comenta que las realiza sola o con ayuda de su madre.
“La verdad no ha sido muy fácil acostumbrarme, ya que fue algo repentino, siempre tuve la presencia de mi papá, tal vez no emocionalmente pero siempre estaba ahí para mí, me cuesta aceptar que estoy creciendo toda mi adolescencia sin mi papá presente”, relata.
En aquel mes de octubre del 2020, cuando los casos de covid-19 estaban descendiendo, Avie recuerda lo duro que fue al ver a su padre con unas maletas listo para dejar el hogar, este momentos fue uno de los más difíciles para la adolescente
“Recuerdo que estuvo llorando y me dijo que haría muchas cosas por mi, que se iba por nuestro bien y por qué quería un buen futuro para mí.pero hasta el día de hoy ya va un año que no me envía mi pensión alimenticia”, narró.
Por otro lado, la ausencia de muchos padres no solo se da por temas de trabajo. En una entrevista realizada a un docente de secundaria a quién llamaremos Emmanuel, relata que decidió abandonar a la madre de su primer hijo a los 16 años ya que iba a ser casado a la fuerza. Según cuenta, tomar esa decisión resultó siendo algo vergonzoso. Con el pasar del tiempo, su hijo creció y ahora lo considera como un amigo.
“Pasaron muchos años y mi hijo ya era grande. Cuando nos reuníamos a jugar fútbol nos tratábamos como amigos y en algunos casos me decía papá. Ahora que pasó el día del padre no me llamó para saludarme, pero le doy la razón y entiendo lo que pasó” comentó para La Antígona.
Si bien es cierto que en el último censo se reportó una alta demanda de madres que crían a los hijos sin la otra figura paterna, también existen madres que por alguna razón dejan a los pequeños junto al padre. Para el adolescente de 14 años llamado Sebastian esta situación fue significante en su vida pues cuenta lo extraño que se sintió cuando su madre decidió partir hacia la capital a buscar un futuro mejor.
“Lo observe todo por la ventana desde mi tercer piso. Un día antes había escuchado gritos de mis padres y pues al día siguiente veo a mi mamá bajando de la casa y subiendo a un taxi que le estaba esperando, pensé que se iba a comprar o alguna cosa pero de repente empecé a notar su ausencia al igual que mis hermanos”, comentó.
Sebastian recuerda que cuando llegó a enamorarse por primera vez intentó buscar una figura materna para comentarle lo ocurrido;sin embargo, no la halló pues aún tenía los recuerdos de su madre y fue duro darse cuenta que en la mesa no se encontraba su madre. Su familia no había notado que el rencor crecía en el adolescente.
“Empecé a sentir odio por el hecho de dejarnos de lado, hablamos muy poco y en casa ya no se le nombraba. Mi padre tomó la custodia de nosotros pero sin una madre al costado fue difícil crecer, al menos para mí”, indicó.
Estos eventos hicieron que ambos adolescentes crecieran con la falta de un padre o una madre, generando algunos problemas psicológicos. La psicóloga Jennyfer Ruiz Lopez precisó que las afectaciones se deben no solamente a una ausencia física (abandono o muerte de alguna de las partes) sino también al sentimiento de ausencia (negligencia, rechazo o maltrato), ausencia de afecto, atención y cuidados necesarios para el niño o adolescente.
En los pequeños se puede evidenciar problemas de conducta, temor a ser abandonado, baja autoestima, bajo rendimiento académico, entre otras señales. También perjudica su estabilidad emocional teniendo en cuenta que la familia es considerada el principal agente socializador de los niños y niñas, el lugar donde aprenden sobre el buen trato, valores, normas y límites. Estos factores se ven alterados debido a la ausencia de los mismos.
En el caso de los adolescentes, la especialista en salud mental indicó que siempre es recomendable ser observadores de su comportamiento, acercarse a ellos y ofrecerles a que se expresen con total libertad.
“Hay que darles la posibilidad de desahogarse, dado que es una edad crítica, si nosotros queremos incentivar el diálogo, debemos aprender a escuchar asertivamente, de tal manera que cuando los mismos se expresen sientan confianza y no se sientan juzgados y sobre todo, brindarle el apoyo necesario a nivel emocional”, precisó.
Nos adentrábamos en la oscuridad. A los diecisiete años, tras tomar fotografías en las calles de Huanchaco, los estudiantes de Ciencias de la Comunicación retornábamos al laboratorio para el revelado. Recuerdo las tenazas entre mis dedos, el olor de los químicos en las bandejas, la lenta aparición de una imagen sobre el papel. En el cordel, nuestra visión del balneario: nuestro balneario. Pasajes cuesta arriba a la iglesia, playa, surfistas inadvertidamente capturados, a blanco y negro. Revelar nuestras fotos en la universidad era un proceso lento, pero emocionante.
La historia de Claudia Holgado y Andrea Quirozposee algo de aquello. Se remonta también a las aulas, a la facultad de Comunicaciones en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ingresaron juntas. Llevaron cursos juntas. Luego de egresar, trabajaron en talleres de fotografía, juntas. Este año, difundirán su primer proyecto cinematográfico en conjunto: Julia se revela, cortometraje documental acerca de Julia Chambi, importante fotógrafa peruana.
Julia nació un 27 de mayo de 1919, en Cusco. Fue hija del reconocido fotógrafo Martín Chambi. Dentro de una familia de artistas, resaltó por su ímpetu en la gestión cultural, la fotografía de paisajes, los retratos de estudio que ella misma coloreaba y la conservación del archivo de su padre: Cine Club Cusco, Asociación de Artistas Plásticos del Cusco, Instituto Americano de Arte del Cusco, Centro Qosqo de Arte nativo, Concejo Municipal de Cusco; por todos ellos pasó Julia, dejando huella en su país, región y, sobre todo, sus conocidos.
“La recuerdan con muchísimo cariño, como hablando de una persona que significó bastante, más que una colega o tía lejana”, comenta Andrea. Claudia asiente. Julia Chambi es su tía abuela. Cuando falleció, se dijo a sí misma que había una historia que contar. “Era diferente a las mujeres de su época”, añade. Una visionaria. Una revelación. “Había una historia que contar, el documental es una forma de hacerlo”.
Esta que escribo representa otra forma: la nota periodística. Imposible atrapar con mi voz lo que cuentan Claudia y Andrea. Su amistad tiene historia. La grabación de Julia se revela tiene historia. Julia, protagonista en el corazón del corto, tiene historias, acogidas con cariño por la memoria de quienes la conocieron. Esta que escribo representa otra forma: un relato análogo al de Julia, Claudia y Andrea. Pedazos de una fotografía que van apareciendo, hasta proyectarse completamente.
El proceso de revelado
Primero hay que saber qué tipo de carrete vamos a utilizar. Esto permite conocer qué tanque revelador utilizar y qué formato se va a revelar.
CH: En el 2020, escribí una columna sobre fotógrafos que no eran de Lima. Mi primer artículo fue sobre Julia. Llamé a mamá, a mi abuela. Fue un ejercicio para recolectar los recuerdos comunes. Me hizo pensar que debía hacer algo más… Llamé a Andrea. Le dije: “Tengo este proyecto, ¿lo hacemos juntas?”. Es algo muy íntimo, porque son historias familiares. Tenía que ser alguien en quien yo tenga plena confianza.
Necesitas estar en un cuarto oscuro. El espacio puede adaptarse: podría ser cualquiera que tengas en casa. Solo hay que tapar toda fuente de iluminación, evitar que ingrese la luz. No permitir que se vele tu imagen.
AQ: Yo había hecho algunos proyectos documentales, también de carácter muy íntimo. Siempre con un equipo pequeño. Fue muy importante conversar sobre la visión de lo que Claudia quería contar. Finalmente, es la historia de Julia desde la voz de su sobrina nieta, familia, amigos. Es una visión muy personal. Mi rol estaba afuera: debía encontrar nuevas cosas que ver y proponer. Conectamos muy bien, todo el equipo. Somos todas mujeres.
Es muy íntimo. En el cuarto oscuro, entras en contacto con el nacimiento de la imagen.
CH: Hemos estado en espacios de mujeres del audiovisual y la fotografía. Siempre se cuestiona la brecha laboral, los obstáculos para dedicarse como mujer a este rubro en Perú. Es súper difícil encontrar trabajo, hay prejuicios: no vas a poder cargar el boom, no manejas el equipo de sonido, no tienes fuerza. Julia fue una de las pocas mujeres de su época inmersa en el mundo artístico. ¿Cómo es que, después de casi 80 años, la falta de oportunidades se mantiene?
Tú sabías que esa imagen existía, pero estaba latente. No la ves hasta el momento en que se revela. Entonces ocurre el inicio y el final de la fotografía. Es la creación, es ver cómo se crean las imágenes.
AQ: Yo no la conocía. Cuando iniciamos la investigación, pude familiarizarme con su línea de tiempo. Si le preguntas a alguien en Cusco por Julia Chambi, no es que te sepa dar datos acerca de ella. Hizo muchísimas cosas que se ignoran: por ejemplo, fue guía turística, además de fotógrafa. Los hijos hombres de Martín Chambi son más conocidos, en parte por eso había que contar esta historia.
Requieres de herramientas. Tijeras, tanque revelador, película, un espiral donde colocar la película. Vas a cortar su comienzo y su fin y, luego de ubicar la película dentro del espiral, introducirlo en el tanque revelador. También taparlo, para poder encender las luces.
CH: Julia fue la encargada económicamente del estudio fotográfico, ya desde la vejez de Martín Chambi. En realidad, tampoco él es muy conocido en Cusco. Ese es un cuestionamiento que afrontamos: el problema de la sistematización de las artes en el Perú, el trabajo de literatura del arte, la digitalización de documentos. Muchas obras se pierden por falta de acceso digital, muchos nombres se pierden.
Necesitas agua y químicos: el fijador y el revelador. Es importante tener consciencia de tus tiempos entre revelado y fijado. Mejor si tienes al alcance un temporizador, un cronómetro, para verificar cuándo ya es hora.
AQ: Sin embargo, todos la mencionan con tanto cariño, admiración y respeto, que es como si la conociera. A la vez, es como hablar sobre una celebridad. Nadie tiene un mal recuerdo, abundan las anécdotas con Julia: sus bromas, su manera de motivar a los otros, lo bailarina que era, lo libre que era. Era una mujer adelantada. Ella simplemente hacía las cosas que sentía que tenía que hacer. Eso está presente cuando la gente habla de ella.
Mueves el revelador en el tanque, con las manos, de forma circular, suavemente. Después de 45 segundos, lo dejas reposar. Le das golpecitos al tanque, para evitar burbujas y daños.
CH: Este podría ser el archivo fotográfico más grande de una mujer en el Perú. Lo primero fue hacer un inventario, rescatar su historia. Hemos dedicado fondos propios para preservar su obra, por amor a Julia. Para ella, fotografiar no era tener una cámara: era crear comunidad. Sus fotos conectan con Cusco desde lo paisajístico, lo social, lo documental, incluso el foto-arte.
Vuelves a agitar y voltear el tanque, 5 segundos por minuto. Sigue el baño de paro, que dura 1 minuto. Tienes que voltear el tanque constantemente. Pasado el minuto, lo vacías y echas el siguiente químico: el fijador.
CH: Cerramos un duelo abierto por mucho tiempo. Mi abuela estuvo viva durante la parte más importante del documental, pudimos hablar sobre Julia. Fue complejo. Se acordaba de su hermana, la lloraba. La tía Julia fue como su mamá. También fue quien me inspiró a ser fotógrafa. Siempre sentimos que merecía más reconocimiento. Es injusto que el nombre de Julia no sea recordado. Era necesaria una especie de reparación.
El fijador se emplea durante 5 o 6 minutos, agitando 45 segundos por minuto. Tras eso, lavas y secas los negativos. Esto implica, fundamentalmente, hacer cambios de agua por 10 o 15 minutos.
AQ: No puedes predecir lo que va a pasar. Retrasamos el rodaje por los acontecimientos nacionales de febrero. No teníamos certeza de si cumpliríamos el cronograma, pero nuestro equipo fue increíble. Hemos parado un poco por el fallecimiento de la abuela de Claudia. Calculamos que serán unos tres meses de post-producción. Vamos a ver cómo fluyen las cosas y en qué fecha aterriza todo. Para mí, construir la historia en base a lo que se presenta es un reto enriquecedor y adrenalínico.
Al terminar, sigue el secado. Sacas la película del espiral, la colocas en pinzas, para estirarla. Es importante usar un área cerrada, nada que sea ventilado. De otro modo, se perjudica la película. Quizá un armario, un espacio donde no haya corrientes.
CH: Todo ha sido grabado en Cusco, salvo algunas entrevistas. Las calles de Cusco son centrales en la vida de Julia, son un personaje más: lugares turísticos, campo, ciudad, cafeterías, centros culturales. Este documental se diferencia porque, si bien nos basamos en una investigación, la fuente de memoria principal viene de mi mamá y mi abuela, de la familia. La historia de Julia no podría contarse sin Cusco.
El tiempo total depende de la época del año. Hay que esperar para cortar los negativos, y archivar en fundas protectoras.
CH: Todos los proyectos siempre son personales, hay una transversalidad de lo personal, consciente o inconsciente. Yo diría que la palabra clave en Julia se revela es reparación. Siento que estoy reparando mi historia familiar, pero también la colectiva: la de las mujeres, la de Cusco. Es un acto político vivir aquí. A veces las oportunidades no se abren para nosotros, hay menos acceso. Pero es el espacio de mi familia. Ellos me enseñaron a amar la fotografía, me enseñó Julia.
De esta manera, consigues el revelado… Sí, ese sería tu proceso.
AQ: Sorprende. Pensar que una mujer pudo hacer lo que Julia en esa época. Es la feminidad como fuerza, no fragilidad. Lo otro, creo que lo más importante, es que (las audiencias) recuerden a sus abuelas. A los sueños que ellas quisieron lograr y no pudieron. Julia lo consiguió enfrentándose a prejuicios, decidiendo autónomamente. Sobre el papel de la mujer en el arte, la cultura y el trabajo en general, ¿cuánto ha cambiado? ¿Cuánto sigue igual? Después de ver el documental, espero que la gente salga con ganas de responder esa pregunta, que haya más Julias que se revelen.
Los pasos del revelado analógico son contribución de la fotógrafa talareña Lucía Torre.
El desarrollo de una subjetividad heteronormativa ha sido importante para sedimentar la idea de una nación fuerte, tanto a nivel económico como a nivel afectivo. La construcción de individuos viriles que sean capaces de luchar valientemente contra los enemigos de la patria se convirtió en parte de un discurso que abarcaría todos los campos de poder, llegando a penetrar finalmente en el naciente campo literario peruano del siglo xix. Ya Manuel Gonzáles Prada, en su poema “Guerra contra el menguado sentimiento”, plantea la existencia de ciertas emociones que pertenecen al ámbito de lo masculino y otras emociones que eran inherentemente femeninas. Entonces, lo afectivoestá ligado a un estatuto de género valorizado en lo biológico, es decir, las emociones se estructuran de acuerdo al sexo del individuo. Ahora bien, si estas nociones eran bastante conservadoras y deterministas, ¿Qué pasaba cuando aparecía un “otro” que excedía estos límites de la normatividad del género?
El objetivo de este artículo es analizar las representaciones de sujetos no heteronormativos (afeminado y marimacho) dentro del contexto urbano limeño y como participaron en la construcción de una identidad nacional basada en la reorganización de las emociones viriles y femeninas pre-guerra del pacífico. En ambas obras, la literatura funcionó como un tipo de tecnología del género que sirvió para darse cuenta de la alteridad del otro y como su existencia en el contexto urbano hacía peligrar el desarrollo de la nación peruana decimonónica. Primero se analizará brevemente la situación general de las personas queeren el Perú del siglo XIX y su performance dentro dispositivos de control del poder como la medicina y la prensa. En un segundo plano, se compararán dos cuentos que muestran dos tipos de sujetos “disidentes” en dos textos decimonónicos: Lorencita de Manuel Atanasio Fuentes y Juana La Marimacho de Ricardo Palma. En el primer texto se argumenta que la aparición de estos otros nacionales y especialmente su corporalidad no sólo es antinatural, sino también fuente de contagio para los otros “normales”. Finalmente, en el segundo texto se estudiará al sujeto femenino “marimacho” y su vinculación con el tema de la raza y la imagen de ángel del hogar.
Los sujetos queer en el Perú decimonónico
(Michel Eugène Courret)
En el siglo xix existió el curioso caso de un sujeto mulato llamado Juan José Cabezudo quien acostumbraba repartir sus comidas durante los festivales en las plazas de toda la ciudad y llamaba la atención de las personas por sus chistes picantes y su forma de vestir un tanto femenina lo cual le valió el apodo “El Maricón”. Pese a que no hay muchos registros históricos acerca de su vida, sí contamos con un material literario de Ricardo Palma, quien nombró a Juan José como uno de los mejores cocineros de Lima. Tal era su poder que logró amasar una pequeña fortuna que le permitió darse ciertos lujos, como, por ejemplo, ser retratado por el mismísimo Eugene Courret (Arcos 23). Juan José fue uno de los pocos sujetos no heteronormativos -al menos documentado- que lograron hacerse un espacio en esa conservadora sociedad limeña; sin embargo, no por ello dejó ser considerado un sujeto subalterno.
El sujeto travesti, homosexual o “marimacho” siempre ha existido dentro de la sociedad y su desarrollo ha variado dentro de las distintas culturas. En imperios como el romano o el griego estaba permitido mantener relaciones “homoeróticas” entre el discípulo y su maestro pues se complementaban de manera simbiótica: mientras que el discípulo contribuía con su belleza y juventud; el maestro brinda sabiduría a su pupilo. Por el contrario, este tipo de relaciones estaban prohibidas para las mujeres pues eran consideradas, según la doctrina aristotélica, como sujetos imperfectos tanto mentalmente como físicamente. Dentro del contexto peruano, si hablamos de la aparición del sujeto afeminado, en las cartas de Colón se describe a los indios como jóvenes lampiños y de apariencia delicada. Esta referencia de afeminamiento por parte de los indígenas era algo que se quedaría en el inconsciente de la intelectualidad peruana, incluso hasta en la república. En el “Discurso en el Politeama” Manuel Gonzales Prada sería enfático al afirmar que se debía enseñar al indígena a tener emociones útiles pues si no sabe amar, por ende, no puede amar ni pertenecer a su patria .
Aunque la práctica homosexual se pierde en los inicios de la humanidad, es durante el siglo XVII Y XVIII cuando los médicos son consultados debido a ciertos percances en los comportamientos de algunos individuos. Desde ahí, la homosexualidad pasaría a ser considerada como una enfermedad, una desviación de la naturaleza que debía ser medicalizada y curada. Entonces, desde un aspecto nominal los “otros” eran tratados como monstruos o con apelativos bastante peyorativos como marica, maricón, afeminado, etc. En 1869, Károly Mária Kertbeny, escritor húngaro y reivindicador de los derechos de los homosexuales, utiliza por primera vez el término homosexual para mencionar lo qué hasta ese momento solo había tenido denominaciones genéricas. (Peluffo 31).
Ahora bien, durante el siglo xix, después de un largo proceso de desarrollo social, económico y político, esto se dio en un contexto caracterizado por una burguesía creciente y el posicionamiento de la revolución industrial que la convirtió en clase dominante. Así, se consolidó la construcción de la categoría de desviado sexual como un mecanismo funcional más para el ejercicio del poder de la clase dominante. Lamedicina se erigió en sucesora de la religión cristiana y la desviación fue explicada en términos médicos, lo que a su vez confirió poder político a la clase médica. En 1792, es famosa la conferencia del profesor de cirugía José Torpas de Ganarilla en la que discute si una mujer podría convertirse en varón pues corría el rumor de que una monja se había convertido en hombre en extrañas circunstancias. Concluye su disertación hablando de que pueden existir mujeres con atributos varoniles, pero que esto es parte, obviamente, de “un irregular desvío de la naturaleza” (Cuder 128).
Con respecto a Perú y la presencia de los “otros”, como ya hemos mencionado en el caso de Juan José Cabezudo, su comportamiento lo hacía “diferente” a los demás, pero no llegaba al punto de ser acusado de sodomía. En estos casos, las penas eran bastante graves pues se comprendía qué estos hombres estaban violando las reglas de Dios al hacer un uso antinatural de su sexo, recordemos qué en esta época esta atracción de los sexos opuestos estaba basados en fines reproductivos (Cuder 32).
Esta idea religiosa preconcebida en los cuerpos y en los géneros, continuaría en los siglos restantes, especialmente en el siglo xix, en donde se comenzará a enfatizar la relación entre cuerpo, patria y sexualidad. Para ello, no sólo se debía ubicar a los individuos que vivirían en ese nuevo Perú, sino también a los cuerpos que la pusieran en peligro. Los sujetos no heteronormativos ocupaban ese lugar, sus cuerpos y comportamiento desviado desorganizan la estructura misma de las leyes genéricas, religiosas y sociales.
Para poder propagar sus ideas, las élites dominantes utilizaron varios mecanismos, lo que Foucault llamaría dispositivos de poder del género. Uno de ellos, además de la medicina y el arte, fue la literatura. En “La vida de los hombres infames”, Foucault menciona que los sistemas literarios de representación realista y naturalista en Hispanoamérica favorecen la aparición de ciertos personajes “infames” cada vez más alejados de la heteronorma.
Los textos, por lo mismo, se convertirán en el espacio ficticio ideal para la revelación del transgresor secreto de la diferencia sexual. En otras palabras, los textos literarios se convierten en una forma de control para poder tipificar y darle una forma concreta a los llamados desviados de manera que no puedan pasar desapercibidos. Este reconocimiento de la alteridad del otro se escribirá en límites bastantes conservadores; rozando lo homofóbico y misógino; y siempre intentando homogeneizarlos sobre las bases de cierta heteronormatividad asociada a lo viril o a lo femenino. Por ejemplo, en el texto anónimo “El Paseo de Amancaes y Prisión de los maricones” (1825), los travestis son retratados como seres ridículos que se visten de manera estrepitosa y cuyo alboroto antinatural ocasiona qué la policía -otro dispositivo de poder- los encarcelen. Así, la literatura atacará, ya sea en sátira o drama, aquellas desviaciones que suponen una incomodidad casi sacrílega para los valores y la moral.
Al analizar estos dos textos ya mencionados, notaremos que la descripción de los cuerpos, a detalle, es importante para la construcción del “personaje” no heteronormativo. Ya sea en forma negativa o positiva, el cuerpo se convertirá en la prueba de futuras desviaciones que deben ser prevenidas. En esta nueva física del poder el cuerpo del individuo se instaura como un objeto de conocimiento e intervención predilecto a partir de la demostración, según Foucault de una óptica especial que permitirá el ejercicio de vigilancia sistemática y ubicua de una utilización de los individuos mediante un control perpetuo (46). Lo que pretenden instituciones culturales como la prensa, seminarios o libros es atrapar o tejer una red de relaciones de poder para poder configurar al sujeto y convertirlo en un cuerpo productivo, paralelamente también sometido y formado alrededor a los conceptos de utilidad, es decir, ser útil para su familia (producir sujetos viriles) y su nación, defender al país en caso de guerra). Ello se acentuará en los discursos bélicos revanchistas ocasionados por la Guerra del Pacífico.
En el caso de la mujer “marimacho” (la mujer-hombre), se exigiría una docilidad frente a la figura paterna que en un primer momento será el padre y que después de su matrimonio será recuperada por el esposo. Las exigencias de la nueva madre republicana serán casi similares a la de su contraparte masculina: producir sujetos viriles para la patria y ayudarlos dentro del ámbito del hogar. Debido a ello, gran revuelo causaría la creciente aparición de mujeres escritoras en este siglo, algunos intelectuales reaccionaron con gran violencia ante la presencia de estos “monstruos” que no son ni hombres ni mujeres.
Es en esta época en donde también la prensa (primer medio de difusión de la literatura en el siglo xix), y en alianza con las elites del poder, empiezan a desarrollar una postura bastante agresiva en contra de lo que la investigadora Magally Alegre Henderson llamaría masculinidades disidentes. Periódicos como El Mercurio Peruano o El Cometa serían conscientes de su función educadora y establecerán normas de género con respecto a la lectura de los artículos: secciones específicamente masculinas y otras femeninas (Campuzano 12). Un ejemplo de obras publicadas en los periódicos de la época es “La Carta sobre los maricones”publicada en el Mercurio Peruano y escrita para un tal Leandro y cuyo autor utiliza el seudónimo de Filaletes. En esta epístola tenemos a una Lima llamada Androginópolis en donde hay presencia de ciertos individuos que pretenden imitar ridículamente a las mujeres tanto en sus actos como en sus maneras de vestir. El ya mencionado “Paseo de Amancaes” también fue publicado en el diario El Mercurio Peruano. Manuel Atanasio Fuentes perteneció a esa red de escritores que constantemente publicaba en diarios y seminarios. Como sabemos, el escribir un artículo o un texto más que querer narrar una historia buscaba formar no solo una opinión sobre un tema polémico, también se mostraba la opinión del autor. En este caso, Fuentes Delgado, a través de esta historia llamada “Lorenzita” buscó mantener la correspondencia con los autores de su época sobre este tema tan delicado que afectaba directamente la honra de la nación peruana sobretodo en un contexto político tan convulso como los últimos años en Lima previos a la Guerra del Pacífico.
Lorenzita en el Seminario La Broma
Manuel Atanasio Fuentes Delgado (1820-1889), conocido por el apodo del “El Murciélago”, fue un escritor peruano, venerador del género histórico y la sátira política. Además, fue también periodista, juez supremo en la ciudad de Huánuco y catedrático de medicina legal. Por otra parte, La Broma (1877-1878) fue un semanario limeño exclusivamente ligado a lo literario en el que publicaron algunos de los más renombrados escritores de la época como Ricardo Palma, el mismo Manuel Atanasio Fuentes, el potosino Julio Lucas Jaimes y Ascisclo Villarán, por aquel entonces presidente del Club Literario (1875). En sus secciones circularon las primeras versiones de numerosas tradiciones de Ricardo Palma, así como también un repertorio muy variado de poesías satíricas y parodias festivas (Soto 234). Es precisamente en el año de 1878 donde Lorenzita haría su primera y única aparición.
Para comenzar a analizar el texto, primero es necesario enfocarse en sus elementos paratextuales. En este caso, el título es lo que más resalta: Lorenzita. En una primera lectura y sin alguna noción previa de su contexto podríamos decir que la historia trata sobre una niña pequeña, pues el diminutivo invoca cierta dulzura, inocencia o cierto cariño hacia el personaje principal; sin embargo, es en medio de este juego paratextual donde se notará que no es así. Conforme avanzamos, el uso del diminutivo cambia de un tono cariñoso, a un tono de burla -a veces violenta- hacia un niño con comportamientos “afeminados”. Esta mirada es compartida tanto por el narrador como por los otros personajes de la trama:
Mientras todos los diablillos estudiantes del Nebrija se desayunaban con leche vinagre o bizcochos con queso, el joven melifluo tomaba orchata o fresco de piña, y mientras los cuartillos y medios iban a parar a la pulpería de D. Pascual en cambio de galletas, huesillos y orejones, los medios de la niña, como lo llamaban sus condiscípulos, iban a manos de la misturera en cambio de azahares y claveles.
En este pequeño fragmento se nota como el desarrollo de las actividades de Lorenzo involucran un nivel de masculinidad “anormal” en un niño de su edad. La asociación de ciertos alimentos como contribuyentes de virilidad están definidos por la forma, textura y sabor de estos. La leche con vinagre, por ejemplo, es una bebida de un color blancuzco que tiene un sabor ciertamente ácido, por el contrario, la horchata está hecha a base de almendras y otro tipo de frutas dulces. Además, la flor según la historia literaria pertenece al campo de los sentimientos, y, por ende, a la esfera de lo femenino. El autor tipifica ciertos alimentos y les otorga una categoría de género, en otras palabras, el cuerpo del hombre si es asociado con lo fuerte y con lo no emocional, debe consumir ciertos alimentos y debe comprar ciertos objetos que simbólicamente le ayuden a reconocer y fortalecer su masculinidad frente a otros. Esto también le ocurre a las mujeres, como veremos en “Juana La Marimacho”, su elección de trabajo y gustos generará escándalo, pues no corresponde al género ni a los afectos que le han sido asignados biológicamente. Dentro del universo narrativo del texto, así como en la sociedad peruana, esto no se cuestionaba, es más, estaba completamente naturalizado. Ahí recabe la fuerza de los dispositivos de control de género, los cuales logran pasar sigilosamente como algo neutral y natural. La fuerza del orden masculino, en especial, se manifiesta en el hecho de que precisamente no necesita de alguna justificación pues el orden social y sus grandes dispositivos simbólicos le ayudan a masificar la dominación en la que se sostiene: espacios, instrumentos, lugares (Bourdieu 11). Estos dispositivos de control del género, buscarán penetrar al cuerpo y convertirlo en otra fuente de poder que debe ser regularizada o censurada según los beneficios del sistema. Por eso la aparición del cuerpo extraño de Lorencita causa “pánico” a los alumnos, miedo demostrado a través de la ofensa y el ostracismo al que será condenado.
El cuerpo, espacio aparentemente neutro, se llena de cargas simbólicas que se materializan en una performance adecuada. El hombre o la mujer debe adoptar un rol dentro del espacio urbano, el colegio y el hogar son centros tempranos de generación de roles y sus primeras performances guiadas por el orden social. La representación teatral de los demás niños entra en juego con la performance de Lorencita pues él no es capaz de entender el papel que representa en esta pésima escenografía. Prontamente, sufrirá el rechazo de sus compañeros y esto solo será una pequeña muestra de lo que la sociedad le hará en un futuro. Más adelante, Lorenzo adopta las sagradas vestiduras y se convierte en cura, sin embargo, otra vez su conducta “afeminada” le generará problemas dentro del espacio religioso. A lo largo de su vida, tratará de buscar trabajos como establecer una pulpería en donde se reunirá con ciertos jóvenes que comparten sus aficiones. El énfasis con que el autor se refiere a la juventud y al espacio de aprendizaje o el colegio no es en vano. Como ya mencionamos, la prensa se tomaba muy en serio su papel de educadora y concordaba claramente con el Estado. Quizá el autor en esta parte quiere preguntarnos, ¿Qué hubiera pasado si Lorenzita hubiera tenido una educación más estricta? o si su núcleo familiar no hubiera permitido sus conductas desviadas, quizá la educación, así como se proponía a los indígenas, hubiera vencido su naturaleza.
La degradación del cuerpo de Lorenzita es presentada con cierta burla por parte del narrador y su cuerpo llega a ser tan traslúcido que los médicos querían utilizarlo de modelo para sus exámenes médicos. Otra vez, el lector decimonónico está ante un dispositivo de género cuya consecuencia es el descubrimiento de “otro” anómalo. Siguiendo la tradición gótica, Lorenzita representa a ese cuerpo degradado por los pecados y los vicios; se ha convertido en un tipo de vampiro que buscará alimentarse y contagiar sus males hacia los otros: los sanos o decentes. De hecho, cuando Lorencita recibe la visita de los jóvenes en su pulpería, no se puede dejar de notar cierta censura burlona por parte del autor:
La pulpería hacía negocio durante el día, pero la trastienda consumía las ganancias del negocio durante la noche. Varios jóvenes decentes, amigos del negociante, lo honraban nocturnamente con sus visitas; formaban en la trastienda unas francachelas y unas remoliendas de hacerse agua la boca; corrían las mistelas fabricadas en la casa por el gaznate de los amigos, como el agua en Matucana ahora dos meses; pasaban por el mismo túnel el pan, queso, aceitunas y plátanos, como si los propietarios de tales conductos hubieran pasado una cuaresma entera a pan y agua; y por último… por último, ¡qué diablos!, ¡¡quebró el pulpero!!Otro paréntesis en la vida pública de Lorenzito (Fuentes, Caníbales).
El cuerpo enfermo entonces, desde el contexto de las emociones, simboliza la repugnancia y el contagio en una nación. Males como el miedo, la lujuria o la avaricia – por desear género ajeno- son marcados en un cuerpo que finalmente servirá para marcar a un tipo específico de población (Ahmed 34).
¡Juana, no te metas a hombre!: El ángel del hogar en las “Tradiciones en salsa verde”
Ricardo Palma publicó sus Tradiciones peruanas desde 1860, tanto en periódicos como en revistas. Luego las publicaría en una colección de volúmenes desde 1872 hasta 1915. Sin embargo, tal como destaca el prólogo de Alberto Rodríguez Carucchi, hubo un pequeño libro que eligió no editar: “Tradiciones en Salsa Verde”. Este texto, escrito entre 1901 y 1904 fue pensado como un regalo para su amigo Carlos Basadre a quien escribió una dedicatoria muy interesante, en la que le mencionaba que aquel texto no estaba hecho para publicarse, pues podía lastimar los afectos de algunas personas mojigatas (Palma 15). La reticencia a publicarlo sería entendible pues la censura de la época podía descalificar su imagen como autor.
El título del texto ya indica que el lector está ante un material un tanto polémico. Salsa verde invita a pensar estas pequeñas tradiciones condimentadas con un tipo de aderezo picante y chispeante que le da cierto color subido de tono en donde los temas serán crudos, atrevidos e incluso obscenos. Las épocas en la que se narran estas tradiciones van desde el periodo colonial (“La pinga del libertador”, “El clavel disciplinado”) hasta la vida republicana. Aquí, la mayoría de las tramas se centran en personas jóvenes cuyas vidas están en constante tensión con la educación, el trabajo, el hogar. Asimismo, hace énfasis en que la sociedad debe asumir una postura pedagógica intensiva para que estos casos de desviación pueden ser reformados y/o reconocidos desde el colegio (Palma 23). Tradiciones como Muchachos del colegio y Juanita La Marimacho presentan otra vez el espacio público y educativo como centro temprano de la performatividad de género pues ahí se espera criar a los futuros héroes de la patria.
Según el Diccionario de autoridades, marimacho es aquella mujer cuyo cuerpo es fornido y cuyas acciones parecen de hombre. En el caso de Juanita La Marimacho, no tiene el cuerpo de fornido de un hombre, pero si se desempeña en un trabajo “raro” para su género: es torero. Asimismo, Juana ha logrado penetrar en el espacio de lo político pues se narra que cuenta con auspiciadores para sus corridas de toro.
El narrador describe la bravura con la que Juana se enfrenta al toro durante las corridas, pero sin dejar de lado su carácter sensual y voluptuoso de mulata. Esta categorización racial la coloca aún más en los márgenes de la otredad y la hace doblemente subalterna (Cuder 130). Pese a que es un sujeto antinatural, los hombres alaban su gallardía, a la vez que también tienen ansias por “repararla”. Para ellos, Juanita es un sujeto femenino defectuoso que debe ser reparado mediante el acto sexual lo cual marca para ellos la diferencia radical que hay en ambos sexos. De esto se sobreentiende de que el placer obtenido por la protagonista (enfrentarse al toro) es antinatural, por lo que la relación sexual heteronormativa la colocaría en el camino de la rectitud. Asimismo, es curioso que las mujeres son las que le darán la categoría de marimacho, estas la colocan en una posición de paria. Con esto se cumpliría con lo que Bourdieu menciona acerca del cuerpo femenino como espacio también adherido a las fuerzas de dominación masculina: Es a través de su mirada androgénica que el sujeto femenino reconoce a sus congéneres (Bourdieu 23). Entonces, el cuerpo de Juana es sexualizado doblemente, primero porque no corresponde a los afectos naturales de los hombres, y segundo por qué no pertenece al estereotipo de ángel del hogar pues la protagonista no responde a la figura materna. No es dócil ni es frágil, ella es capaz de enfrentarse a la muerte. Eso es lo que en el fondo asusta a los hombres, la afrenta indirecta de la superioridad de la mujer en los espacios masculinos.
Cuando muchas de las mujeres escritoras comienzan a aparecer en el naciente campo literario, la prensa se burla de ella. La satiriza con lo cual le niega la posibilidad de tener una agencia, un poder. Por otra parte, se le empieza a llamar monstruo. A lo largo de la historia, la mujer que tiene voz ha sido prejuzgada por la sociedad, cualquier intento que tenga de hablar será asimilado como una especie de chillido o grito. No es que no se le puede entender; ella no sabe hablar. Juanita, el marimacho, al igual que Lorencita, no habla en todo el texto. Quizá esto simboliza aún más su carácter subalterno, pues los demás personajes, en su mayoría hombres, sí pueden dar una opinión acerca de ella, pero ella no. Juanita solo actúa. Y qué pasa si habla, bueno, ya sabemos las consecuencias: terminará violentamente asesinada por el sujeto varonil. Finalmente, Juanita se enfrentará a un toro, símbolo de virilidad y poder masculino contra el cual finalmente perderá. La infeliz, así lo describe el texto, se refugiará en la religión para poder salvarse. El cuento entonces es una demostración del poder de la religión frente a los avances de la naturaleza fallida. Juanita regresará a su estatus de feminidad y subalternidad permitida: se convertirá en carnicera.
En conclusión, en el Perú decimonónico, la literatura servía para nombrar los cuerpos dentro de un orden de género que pretendía exorcizar lo que se oponía a él, es decir, expulsar a los sujetos disidentes. Asimismo, como vemos en los cuentos, solo había dos formas en las que estos sujetos podían vivir en la comunidad: integrarse, en el caso de Juana (quizás aparentemente) o morir como es el caso de Lorencita a manos de un sujeto viril. Por otro lado, la presencia de la mujer, ya materializada en ciertos ámbitos de poder, generará un temor de la feminización de la patria. La generación de un discurso femenino radicalizará su forma corporal y será analizada como un monstruo.
FUENTES REVISADAS:
Ahmed, Sara. La política cultural de las emociones. D.F: Universidad Nacional Autónoma de México, 2015. Impreso.
Arcos, Carol. “Maternidad y travestismo: cuerpos de mujeres en el Mercurio Peruano de historia, literatura y noticias públicas (1791-1795)”. Revista Arenal (2008): 298-322. Impreso.
Bourdieu, Pierre. La Dominación Masculina. Barcelona: Anagrama, 1999. Impreso.
Campuzano, Giuseppe. “Andróginos, hombres vestidos de mujer, maricones… el Museo Travesti del Perú”, Bagoas 4: s/p. 2009
Cuder, Primavera. “La representación del otro en el siglo xix: Ricardo Palma”. Florida International University. Departamento de Filosofía, 2017. Impreso.
El Caníbal inconsecuente. Lorenzita”, en: La Broma, 13 de abril de 1878 Manuel Atanasio Fuentes. 25 dic. 2020. Web. http://elcanibal-inconsecuente.com/pag/lorenzita.html
Foucault, Michel. Historia de la sexualidad. Tomo 1. Barcelona: Siglo XXI Editores, 2012.
Palma, Ricardo. Tradiciones en salsa verde. Barcelona: Montaner y Simón Ediciones. 1983. Impreso. Peluffo, Ana. Entre hombres: Masculinidades del siglo xx en América Latina. Madrid: Nexos. 2010.
Carmen Vásquez Uriol es una realizadora audiovisual trujillana y cajamarquina, fundadora del Festival Itinerante de Cine Latinoamericano Atemporal. A sus 25 años, ha sido jurada del Festival Render trabajado como asistente de investigación, realización y producción junto a directores como Omar Forero. Actualmente desarrolla su primer largometraje, tras muchos cortometrajes publicados, un año de estudios en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, 3 ediciones de Atemporal y nuevas preguntas y respuestas acerca de la familia, la identidad y la mirada.
«Mi familia es de Cajamarca, pero nací en Trujillo, un 24 de mayo de 1998, y pasé la infancia en Chimbote. Nunca me sentí por completo costeña. De joven, me gustaba la literatura. Leía a Vallejo, Borges, Cortázar; el libro Templado de Jorge Eslava. Leía, leía y leía. Quería ser escritora. Aún quiero. Un amigo me sugirió periodismo. Yo recordé las crónicas de Vallejo. Él no fue un periodista de calle, fue un periodista de letras. A mí siempre me apasionó contar historias, así que tomé el consejo.
Fue durante la universidad que me acerqué al cine, a un tipo de cine que no conocía. Una película me marcó mucho: Del Verbo Amar. Es hermosa, justo la vamos a proyectar en el festival. (Cuando la vi), me dije: “esto es lo que quiero hacer con mi vida”. Porque, para mí, literatura y cine están vinculados. Siempre he realizado video-ensayos. Lo del largometraje es nuevo, está aún en etapa de desarrollo. Trata sobre una búsqueda en el pueblo de mi madre, Contumazá (Cajamarca), para descubrir un misterio familiar: el asesinato de mi bisabuelo. En verdad, es un pretexto para retornar a mis raíces. Mi familia jamás terminó de entender lo que hago. Creo que con este proyecto quizá lo hagan.
Yo quería que mi tesis sea un festival. No fue posible. A dos meses de terminar la carrera, me dije: “Trujillo necesita nuevos rostros audiovisuales”. Ese fue el nacimiento de Atemporal. Recibí ayuda, claro, eso es lo bonito. Juntos hemos crecido. Nos reconocen, no solo en el país, también en otros lugares. No se creen que estemos en la tercera edición, que seamos tan nuevos. Este tipo de cosas te motivan, porque trabajar en cultura es complicado en el Perú. El Ministerio hace esfuerzos, hay que reconocerlo. El problema es que las convocatorias suelen ser para la categoría de ficción y aquí las mujeres tendemos a ser documentalistas, o realizadoras de video-poesía o de cine experimental. Para estas producciones solamente hay un estímulo a nivel nacional. El Estado tendría que investigar qué cine estamos haciendo las peruanas. Las mujeres tenemos una mirada en primera persona (pienso en Mary Jiménez, Marianela Vega, María Barea). A través de nuestras historias nos reivindicamos a nosotras mismas.
Creo que la identidad está en el cine, vigente y en cuestionamiento. Todos hablamos de identidades, vamos transmutando, narrando nuestras mutaciones en el tiempo. Desde Atemporal, nos interesa mucho difundir películas que vayan por esa ruta. La temática de esta edición es identidad y migración. Trujillo es una ciudad de migrantes, muchos provenimos de la Sierra. Por eso es importante observarnos desde nuestros territorios. Somos una generación postrauma, desde las dictaduras militares. El cine nos ayuda a crear memoria, es un registro. Así entendemos que no estamos solos. En lo personal, me he sentido muy acompañada en estos proyectos (el máster, Visiones Andinas, el festival…). Es más una reivindicación que una reconciliación.
Viajé para estudiar en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña el 31 de diciembre de 2021. Volví al año siguiente. Mi padre murió mientras estuve en España. Yo no podía regresar. A la distancia, se me aparecía su ausencia y, a la vez, la cuestión de si estuvo presente alguna vez. Jamás descubrí quién fue, más allá de un padre. Sé que discutía muy fuertemente con mi mamá. Me gustaría acercarme a esos errores, conocerlo como hombre. Ya en Trujillo, limpié su biblioteca. Revisé sus diarios, poemas y cuentos, que datan de 1975. Me preguntaba: “¿Quién eres? ¿Quién fuiste?”. Sé que en el futuro publicaré sus textos, cumpliré su sueño. Por ahora, los guardo en un cofre. Los releo, los releo. Son lo más preciado para mí.
Si hablara conmigo misma de pequeña, le diría “has sanado, te has reconciliado con quien eres”. Estás orgullosa de tu origen serrano, tu origen costeño. Eres muy trujillana y muy cajamarquina. Eso me diría, porque soy un poco de ambos. Esa fusión hace rica mi identidad. Esa fusión es mi mirada del mundo».