Yo creo: todos pueden ser Buda

Yo creo: todos pueden ser Buda

Por Renato Silva

Budismo

En el idioma español, existen tres definiciones para la palabra felicidad. La primera es “estado de grata satisfacción espiritual y física”; la segunda, “persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a ser feliz”; y la tercera, “ausencia de inconvenientes o tropiezos”. Aunque para la Real Academia Española estas frases sean suficientes para enmarcarla, la realidad es que para cada persona tendrá un significado diferente y único.

La búsqueda de este estado de “plenitud” ha inspirado películas, libros, talleres, conversatorios, conferencias internacionales, apariciones de falsos gurús de la autorrealización, “ideas millonarias”, entre otros productos y acciones que lo enfocan como la meta al final de un largo camino de sacrificios. Bajo este contexto, la felicidad solo podría ser alcanzada por aquellas personas que tienen los medios suficientes para poder satisfacer sus necesidades y sus sueños.

Para sus practicantes, como Juan José Bustamante, quien es el director del Instituto Peruano de Estudios Budistas, el objetivo principal de esta religión es liberarse del sufrimiento y, aunque pueda parecer difícil de creer, despertar el potencial oculto dentro de cada una de las personas para alcanzar la plenitud.

Pero ¿cómo una religión originada hace más de 2,500 años y que se practica principalmente en países asiáticos llega al Perú y construye una comunidad?

Los primeros monjes

En un artículo publicado por el periodista Daniel Goya Callirgos en la revista Kaikan, de la Asociación Peruano Japonesa del Perú, se indica que la historia del budismo en el Perú inició en 1903, hace casi 120 años, con la llegada de la segunda embarcación de migrantes provenientes desde Japón. En ella llegó Taian Ueno, quien unos años después, en 1907, inauguraría el primer templo budista en la provincia de Cañete.

El último censo nacional realizado en 2017 registró a un total de 1 ‘115,872 ciudadanos que profesaban religiones agrupadas dentro de la categoría de “otras”, entre las cuales está incluida el budismo. Aunque no se tienen datos fiables sobre la cantidad total de practicantes de esta religión, en el 2013 la BBC indicó que el número era de 365 millones de seguidores a nivel mundial.

Una religión sin dios…

Pese a que muchas religiones sostienen la existencia de una entidad superior responsable no solo de la creación del universo y la vida, el budismo no considera que la presencia de un dios sea relevante para sus enseñanzas. Según Juan José Bustamante, “el budismo no se basa en una creencia, no es una religión de fe. Podríamos decir que se basa en la experiencia”.

La filosofía del budismo sostiene que el debate sobre la existencia de dioses o un dios único no es un problema tan grande como sí lo es el resolver o liberarse del sufrimiento que aflige a las personas actualmente.

“Se respetan las creencias de otras vías espirituales, pero [el budismo] propone una experiencia profunda de serenidad y calma en la mente”, dice Bustamante. “Tengo que ser feliz hoy. Todos sentimos angustias, pero si uno tuviera una forma de manejarla, aliviarla y superarla, entonces ya no hay sufrimiento”.

Ni profetas, ni mandamientos

La divinidad tampoco está presente en el budismo y sus practicantes no persiguen la santidad o un estado superior luego de la muerte. Según la tradición budista, Buda es un simple ser humano que alcanzó la paz interior por medio de una profunda meditación. Su imagen es más cercana a la de un ejemplo o un maestro espiritual antes que a la de un profeta o un evangelizador. Ni siquiera podría decirse que es un líder o un jefe.

Para Juan José Bustamante, la idea de convertir a otros al budismo no es compatible con la filosofía de su religión, pues otro de los pilares de ella es que todas las personas son libres de seguir los consejos o guías de los maestros espirituales. La libertad de elegir qué camino seguir también forma parte de las ideas del budismo, por lo que el concepto de mandamientos tampoco es aplicable.

Karma y Dharma

El uso de la palabra “karma” en la cultura popular se ha tergiversado al grado de que se le ha dado una connotación negativa. Llamamos así a “lo malo” que le puede ocurrir a una persona que sabemos que actuó mal, pero es una idea incompleta.

En el budismo, el karma es una energía que se genera en base a las actitudes de las personas, ya sean buenas o malas, conscientes o inconscientes. Cada acción nuestra genera una reacción en cadena que, eventualmente, puede generar perjuicios o beneficios en esta vida o la siguiente.

“No hay un ser que diga ‘te voy a castigar’, no hay un castigo al final de la vida. Si hago algo en esta vida, la consecuencia, buena o mala, será hoy o mañana según sea el caso”, afirma Bustamante.

El Dharma, por su parte, es el conjunto de enseñanzas del budismo que aconsejan a las personas para que eviten los actos dañinos en perjuicio de nadie, pero cada quien puede elegir no seguir ese camino si así lo desea.

Para Bustamante: “Esta vida tiene una realidad, pero no es absoluta porque tú puedes cambiar de opinión, puedes cambiar de humor, de ideología, de parecer, puedes olvidar tu memoria, entonces nada es absoluto. Si tú crees que todo esto que te rodea es absolutamente real y que siempre va a ser así, es como si estuvieses confiando en la realidad de un sueño”.

Todos somos Budas

Profesar otra religión no es un obstáculo para seguir las enseñanzas del budismo. Juan José Bustamante sostiene que cada persona es libre de seguir cuáles tomar en cuenta según el tipo de vida que llevas.

La liberación del sufrimiento tampoco está destinada exclusivamente a quienes siguen a maestros budistas, pues es un estado mental al que todos pueden llegar si despiertan el potencial en su interior.

“Todos somos budas que ignoramos serlo. Dentro de nosotros existe una potencialidad de inteligencia de liberación, pero nosotros estamos oscurecidos por nuestras deseos, nuestras ansias, nuestras experiencias negativas de sufrimiento, entonces si todo eso se asienta y nos deja ver claro, todos tendríamos paz”, finaliza.

La Libertad: más de 7 mil casos de violencia de género se registraron desde el 2021

La Libertad: más de 7 mil casos de violencia de género se registraron desde el 2021

Por Arturo Gutarra

Para las que no están pero viven en nuestra memoria: justicia para Luzmila, Merary y Solange.

En el 2021, el Perú cerraba el año con 147 feminicidios y 5.000 mujeres desaparecidas, según la ONG Manuela Ramos. En lo que respecta a las regiones del Perú, como el caso de La Libertad, la segunda más poblada en el país, este 2021 se registraron más de 7.543 casos de violencia. 

Además de esta cifra, en entrevista con La Antígona, la Defensoría del Pueblo señaló que se reportaron 6 feminicidios y 22 intentos, lo que pone a la región en el segundo lugar más peligroso a nivel nacional. A continuación presentamos las historias de Luzmila, Merary y Solange, tres mujeres cuyos casos, desarrollados en La Libertad, tienen en común la búsqueda de justicia. 

Luzmila

Al iniciar el 2022, Luzmila tenía ganas de volver a ver a estudiar a su hijo. Los vecinos del sector “Las Malvinas” en Huamachuco (La Libertad) indicaron que el amor que los dos se tenían era inexplicable. Fueron vistos por última vez con Onésimo Marino Barros Gómez, padre del niño. Él puso la denuncia tras la  desaparición de su esposa e hijo. 

A las pocas horas, las rondas campesinas y la policía lo detuvieron como sospechoso. Posteriormente, esta persona se fugó y no fue visto hasta ese entonces. Luego de 5 días de búsqueda por los caseríos, Luzmila fue hallada sin vida. Tenía en la mano un pequeño zapato. 

Los familiares optaron por ofrecer una recompensa de 5.000 soles por dar con su paradero del presunto feminicida.  Al pasar los días, las bases ronderiles reportaron la aparición de un niño sin un zapato puesto. Él llamaba a su madre en todo momento. Según la persona que lo encontró, dijo haber visto a un tipo en una moto roja, quien dejó al menor afuera de su casa y partió con rumbo desconocido.

El 18 de marzo, luego de 2 meses, se dio con el paradero de Onésimo. Fue capturado en Cachipampa en la provincia de Sánchez Carrión. Fue derivado a Trujillo para las investigaciones.

Para la psicóloga y docente universitaria, Dra. Geraldine Morales, el perfil psicológico es muy importante para detectar a un agresor. Lo común de estas actitudes es la agresión verbal que suele observarse: insultos, ofensas, apodos y dichos que se puede tomar al principio como una broma. Es por ello que recomienda a las familias estar atento ante cualquier indicio. 

Merary

Merary Albarrán, natural del Valle Chicama, decidió viajar a la ciudad de Trujillo en La Libertad para buscar un futuro mejor para ella y sus cuatro hijos. Uno de sus sueños era que su segundo hijo se graduara como Licenciado en la Carrera de Ciencias de la Comunicación.   

Allí conoció a Carlos Marcelino Horna Quinde, quién se convirtió en su pareja. El 21 de enero, Albarrán llega al hotel Alameda ubicado en el distrito de Laredo con uno de sus hijos. Él fue puesto en otra habitación para que pueda descansar, mientras Merary pueda encontrarse con Carlos. Las horas transcurrieron hasta que Horna se acercó a la comisaría para avisar a la policía que encontró a su pareja en el baño del hospedaje sin vida. 

Dictan prisión preventiva contra Carlos Horna

Esto se le comunicó al hijo mayor de Merary. Él se acercó al distrito de Laredo para reconocer el cuerpo y proceder con las investigaciones. La PNP y la Fiscalía encontraron indicios que comprueban que Carlos fue el feminicida. A los pocos días, Horna Quinde fue capturado y de inmediato fue puesto a prisión preventiva de nueve meses en el Penal El Milagro mientras continúe el proceso.

Es importante recalcar que, para frenar los índices de violencia, debe haber un trabajo en conjunto con las instituciones públicas como comisarías, municipios o prefecturas. La ex prefecta regional Carolina Velasco manifestó su preocupación, puesto que no se estaría tramitando documentos al Ministerio de La Mujer ni se darían a conocer estos casos de violencia.

Solange

Solange Aguilar Vega tenía metas por cumplir. Ella estudiaba contabilidad en una universidad privada en Trujillo. Además, velaba por el cuidado de su pequeño hijo con Pedro Tacanga. Sol, como la llamaban de cariño, tenía un grupo en whatsapp donde comunicaba a sus amigos que era víctima de violencia física y psicológica de parte de Pedro. 

Pedro Tacanga

En el Día Internacional de la Mujer, Solange se reúne con su feminicida, supuestamente para conmemorar este día. Pero al pasar las horas fue encontrada sin vida en la urbanización Luzisol, donde está su domicilio. Julio Aguilar, su hermano, al no tener respuesta de Solange, acude a buscarla a su casa. Al llegar a dicho lugar encontró a su familiar en la acera de la calle sin vida. Se presume que Tacanga la pudo haber lanzado desde un octavo piso. 

Amistades y familiares convocan plantones en los exteriores de la Dirincri y Ministerio Público de La Libertad para exigir justicia para Solange. El 11 de marzo a las 6 a.m. Pedro Tacanga sale libre, ya que la fiscal a cargo detalló “no haber encontrado algún indicio”.

Al consultar con especialistas en el ámbito jurídico, el ex fiscal Dr. Alfredo Galindo indicó que la fiscal encargada del caso debió aprovechar el plazo de 48 horas. Así, ella pudo recopilar las declaraciones de testigos y pedir una orden de prisión preventiva. Sin embargo, esto no sucedió. Hasta el momento se desconoce el paradero del presunto feminicida. 

Chats grupal de Solange.
Mujeres trabajadoras: dentro y fuera de casa

Mujeres trabajadoras: dentro y fuera de casa

Por Aylinn Siñas

Hace unas semanas se conmemoró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora: unas en las calles, otras al lado de sus familiares o simplemente solas. Sin embargo, ¿cuál es la magnitud en la que el estado de emergencia sanitaria ha afectado a estas mujeres?

Kery Blanco (46) es una médico ocupacional que durante la pandemia ha tenido largas y exhaustivas jornadas laborales. Usualmente trabaja entre 8 y 12 horas, pero por la flexibilidad laboral puede tomarse algunos días libres.

Según el último informe “Estadísticas con Enfoque de Género” del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), Kery formó parte del 64.4% de mujeres que pertenecieron a la PEA (población económicamente activa) en el país a finales del 2021. Esta cifra crece paulatinamente, pero no se iguala a la de los hombres, que representaron un 80.4%.

Una nota de prensa de la misma institución por el Día Internacional de la Mujer señaló que actualmente un 35,8% de las mujeres trabajan en actividades de servicios, 29,3% en agricultura, pesca y minería y 24,6% en comercio. Estos son los sectores que poseen más presencia femenina.

Volviendo a retomar el informe, este también indica que el ingreso promedio de las mujeres en el área urbana representó el 72% del ingreso de los hombres. La diferencia se mantuvo en todos los rangos de edad. El grupo de trabajadores de 45 años a más representó la mayor brecha salarial, siendo esta del 32.5%.

Cuadro: Informe técnico “Estadísticas con Enfoque de Género” (2021)

Esta brecha salarial siempre ha existido. Sin embargo durante la pandemia se ha agudizado. El Instituto Peruano de Economía (IPE) afirma que esto se debe a la menor participación de las mujeres por el cierre de sectores como los servicios y el comercio, sectores en los que más se desenvuelven. Otra razón que resaltan es el aumento de las labores domésticas.

Durante la pandemia los hogares se convirtieron en oficinas, aulas y centros de salud. Esta situación aumentó la carga histórica que, lamentablemente, asumimos las mujeres: las labores domésticas y de cuidados.

“Sí, también me dedico a la labor del hogar. Tengo que cocinar, tengo que preparar a los chicos para ir al colegio, poner la ropa en la lavadora, lo que se hace normalmente en casa. Tengo hijos que me ayudan también, sin embargo, sí, tengo que hacer algunas cosas del hogar”, señala Kery.

La encuesta realizada por el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán y el Instituto de Estudios Peruanos reveló que durante el año 2021 el 82% de familias del país dejaron el cuidado del hogar en manos de las mujeres. Aparte, las mujeres que generan ingresos dedican 52.8 horas semanales a las labores domésticas.

Mujeres y tareas del hogar 

Muchos piensan que lavar los trastes o barrer son cosas sencillas, pero no es así. En el 2021, el 44% de las mujeres dejaron sus trabajos. Un 15% de ellas contestaron que fue para enfocarse en sus hogares. Del mismo modo, el 10% de las mujeres dejó sus estudios superiores para dedicarse al trabajo de cuidados (Flora Tristán/IEP, 2021).

Esta realidad influye en el proyecto de vida de las mujeres. Sus funciones laborales o académicas se ven interrumpidas por los trabajos domésticos y de cuidados. Kery es un claro ejemplo de ello, ya que puede notar cómo afecta en su desempeño laboral: “Tengo que priorizar la comida de los chicos antes de poder hacer algún informe o alguna actividad propia de mi trabajo. Si pongo en una balanza qué es más importante, en definitiva, mi familia lo es”, asegura. 

Tampoco debemos ignorar que esa carga afecta su bienestar emocional. Esto puede crear cuadros de estrés o ansiedad que muchas veces son relativizadas.

La corresponsabilidad: solución colectiva

Aunque el problema de la doble explotación de la mujer es estructural, desde nuestros hogares podemos disminuir esta carga que enfrentan ellas con la corresponsabilidad, práctica que fomenta la organización y distribución igualitaria del trabajo doméstico no remunerado.  Esto lo debemos de ver desde una perspectiva de responsabilidad mutua, más no de la idea de “hacerle un favor” a la mujer —o mujeres— de un hogar.

Si se inculca esta actividad se podrá reducir paulatinamente la reproducción de estereotipos de género. Ante ello, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) en el año 2020 publicó el material informativo “La igualdad la construimos desde casa. Cartilla informativa para promover la corresponsabilidad del trabajo doméstico no remunerado”. Asimismo, se han lanzado videos educativos sobre esta práctica durante el año pasado.

En el webinar “Presentación de hallazgos del proceso participativo sobre necesidades y estrategias de cuidados” la viceministra de la Mujer María Pía Molero Mesia mencionó que esta política garantiza “el derecho de las personas a dar y recibir cuidados de calidad y en condiciones de igualdad. Permitiría que las mujeres recuperen el poder de decisión sobre sus tiempos”.

Asimismo, el Sistema de Cuidados (SDC) institucionaliza a la familia y ve a la corresponsabilidad a nivel macro. El cuidado de niños, adolescentes, adultos mayores y personas con alguna discapacidad pasan a ser responsabilidad también del Estado y del sector privado.

Los hallazgos señalaron que el 87% de las personas adultas cuidadoras eran mujeres y de estas el 80% interrumpió su vida laboral. En las cuidadoras adolescentes, el 69% interrumpió su trayectoria educativa. Estas cifras confirman que en la mayoría de los casos el trabajo de cuidados tiene un impacto en la realización personal de las mujeres. También se señaló que el 52% de cuidadores recurre a redes familiares para recibir apoyo, usualmente a una familiar mujer. Esto tiene que cambiar. Empecemos desde casa. 

Mujeres y gastronomía: el quiebre del deber y la búsqueda del placer 

Mujeres y gastronomía: el quiebre del deber y la búsqueda del placer 

Por Brenda Villalba

En febrero del presente año se anunció la llegada de uno de los concursos y realitys shows gastronómicos más reconocidos internacionalmente a Bolivia: Master Chef. Esta competencia de cocina se inició y se emitió por primera vez en Reino Unido a cargo de Franc Roddam en 2009. Actualmente es producido en más de 40 países.

Tal noticia dio paso a una de las principales interrogantes en el contexto actual: ¿cuál es la situación actual de las mujeres chefs en la alta cocina?. Uno de los principales retos en relación a la mujer y la comida se origina desde el rol de cocinera doméstica, que se encuentra implantado desde el sistema patriarcal y machista históricamente: relegaban a las labores de la cocina a las mujeres. Pero, si se trata de la profesionalización en el rubro de las artes culinarias, este se volvió un espacio de reconocimiento para hombres originalmente, mientras que la relación de la comida con las mujeres siguió significando una labor de casa.

La gastronomía tomó importancia como una disciplina en el siglo XIX, al implantarse la cocina de autor. A partir de esto se experimentó una relación entre el cocinero y el héroe, donde no se incluye a la figura de la mujer, porque no encaja con el estereotipo de héroe. Es decir que el único que podía narrar y ser el protagonista era el hombre, por lo tanto “postular a una cocinera como autora y como heroína conlleva un doble obstáculo (…) que distinguen a la noción occidental de la autoría.”, explica Julieta Flores.

Las mujeres tenían gran dificultad a la hora de poder especializarse como profesionales en el rubro de la gastronomía, primeramente desde el impedimento en las academias, hasta el rol impuesto sobre la mujer como ama de casa, cuidadora, cocinera doméstica por naturaleza. 

La autobiografía y la escritura de recetas tanto en la literatura como en el ámbito de la gastronomía lograron que las mujeres se expresaran y  narraran mediante cartas, relatos, notas, etc. Este soporte literario junto con muchos otros tomó visibilización  a partir de grupos feministas y del movimiento en sí. Ellos cuestionaron lo que es “aceptado” tomando en cuenta producciones como cartas, diarios, autobiografías, novelas rosas y libros de cocina.

La relación de la comida con las mujeres, no fue estudiada hasta después por los grupos feministas, porque originalmente la cocina representaba un espacio de represión, donde la mujer se encontraba completamente relegada. Posteriormente se empezarían a preguntar y ver como un espacio donde se puede reestructurar y conformar una forma de resistencia y expresión. De esta manera se referían a la cocina como un placer y no un deber.

En la actualidad y en el contexto boliviano, existen reconocimientos en torno a la gastronomía. El 2018 El chef boliviano Mauricio López recibió un reconocimiento por el periódico digital alnavio.com,  “El medio de comunicación, especializado en empresarios, figuras del poder y emprendedores latinoamericanos y españoles, incluyó al creativo nacional en una lista de los diez mejores profesionales del área en el continente”, remarca Pagina Siete. En 2021 Marsia Taha recibió el premio a Chef Femenina Revelación de América Latina. En el mismo año Camila Lechín también recibió un reconocimiento entre las 50 mejores chef mujeres de Latinoamérica por la revista Fine Dining Lovers. Aunque en ambas categorías se sigue especificando el género. 

La Antígona realizó una entrevista a tres Chefs de Bolivia para conocer su perspectiva al respecto. Anahí Reyes Antequera, presidenta de la Asociación de Chefs de La Paz. Emma Rivera, vicepresidenta de la Asociación de Chefs de La Paz y Melvy Ledezma, docente del Instituto Iván Canelas.

¿Cómo percibe la situación de las mujeres dentro de la gastronomía?

Anahí Reyes Antequera: la gastronomía es un boom. Hay mucha gente, que además ya ha empezado a aceptar dentro de sus cocinas en cargos jerárquicos a las mujeres. Ya no se nota tanto esa brecha. Esto era un poco antes, donde además prácticamente casi en la mayoría de las cocinas es un 80% ocupado por las mujeres. El puesto de liderazgo lo tenían los varones, pero ahora no, ya no están.

Emma Rivera: yo creo que como en todas las áreas, la gastronomía ha evolucionado. Antes la mujer participaba en la gastronomía solamente de manera doméstica. Actualmente su rol es también profesional. Antes los chefs, los jefes de cocina eran siempre varones. Eso ha cambiado completamente y a través de esta historia, a través del tiempo.

¿Cuál ha sido su experiencia dentro de la academia y a lo largo del desempeño en el área de gastronomía?

Emma Rivera: los docentes en la universidad sí enfocan aquello, aquel jefe generalmente tenía que ser varón. Hace más de 20 años eso era lo que se veía en las cocinas profesionales. El varón era quien comandaba, quién era la cabeza del equipo. (…) Yo he entrado a trabajar directamente de jefa y siempre mi trabajo ha sido muy valorado por la gente que consume mis preparaciones.

Anahí Reyes Antequera: desde que he empezado a trabajar en gastronomía he sido una líder, digamos, dentro de mi cocina. Por experiencia de otras amigas, compañeras y colegas, sí hubo siempre esta (diferencia), mucho más en lugares jerárquicos, como hoteles de 5 estrellas, restaurantes que sean de mucho más categoría. Siempre se ha notado esta diferencia entre el cocinero varón y la cocinera mujer, pese a que la mayor parte del trabajo dentro de la gastronomía lo ha hecho la mujer. Entonces se sufría de discriminación, acoso, etc. El hombre tranquilamente puede pasarse horas fuera de la casa y del trabajo, y es por eso inclusive que se los toma de líderes. La mujer tiene que retornar a la casa, tiene responsabilidades en la casa, el trabajo. El levantar ollas pesadas, de los mismos insumos y demás, las han puesto siempre en un segundo plano. Pero ahora ya no hay esa diferencia.

¿Cómo es la relación con su equipo de trabajo? Y ¿Cuál es la relación entre ellos (hombres y mujeres)?

Emma Rivera: he visto, en mi equipo, que el cocinero tenía dos ayudantes: un varón y una mujer. Él tenía al inicio una actitud favorecedora al varón. (…) “(Ella) no puede”, “(ella) todavía no sabe” ese tipo de expresiones por ejemplo, y más dirigidas hacia la fuerza. Usted sabe que en la cocina hay que levantar pesos. Sí he visto algún comentario de que es mejor ayudante el varón que la mujer y he corregido.

Anahí Reyes Antequera: yo he contratado a un primer cocinero dentro de mi cocina. (…) Tengo como experiencia de que él me decía “deme la muestra”. Él quería que todo lo demuestre primero yo, que lo podía hacer. Le decía: “Yo soy la gastrónoma, yo soy la jefa, yo manejo” pero él, siendo mi subalterno inclusive, quería que yo haga todas las muestras, que yo le enseñe todo o lo guíe al comienzo. Pero, él debería haber liderado la cocina porque lo contraté para eso.

¿Cuál ha sido su principal obstáculo?

Emma Rivera: no consideran muchos un trabajo (la gastronomía) permanente, sino de paso mientras se están formando en otra cosa.

Anahí Reyes Antequera: la discriminación que se vivía en ese en ese momento, al ser un oficio de segunda clase, era más un trabajo realizado por gente que había venido del campo. (…) Una cocina era como el patio trasero de cualquier casa. (…) Esa falta de valoración de tantos amigos, familiares y clientes ha sido una tarea difícil de superar, muy dura.

Melvy Ledezma Orellana: la disminución de la brecha de género dentro de la disciplina, si bien he tenido contacto con diferentes micromachismos en la cocina profesional, como el subestimar sus capacidades o intentar encasillarme dentro de la docencia de repostería, esto ha ido desapareciendo a través de los años.

Sí, podemos marcar el cambio que existe dentro del campo de la gastronomía, en relación a la inclusión de género en la cocina profesional. Sin embargo, estos espacios siguen siendo retadores para las mujeres en diferentes niveles, relaciones, vivencias y experiencias.

 Chonon Bensho: “En las ciudades veo mucha superficialidad”

 Chonon Bensho: “En las ciudades veo mucha superficialidad”

Por Noelia Carrazana y Claudia Castro

Chonon Bensho, artista ganadora del XII Concurso Nacional de Pintura del BCRP, conversa con La Antígona para hablar de arte en diferentes comunidades.

El 7 de febrero el Banco Central de Reserva del Perú anunció como ganadora del primer premio del XII Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), a la artista Chonon Bensho por su obra “Inin Paro” (El río de los perfumes medicinales), elaborada con técnica de bordado de hilos sobre tocuyo. 

Chonon es una artista de 29 años, perteneciente a la nación shipibo-konibo. Esta nación se encuentra en los departamentos de Ucayali, Madre de Dios, Loreto y Huánuco. Según datos obtenidos por el Ministerio de Cultura, la población en las comunidades de este pueblo se estima en 32,964 habitantes, siendo uno de los más numerosos de la Amazonía peruana. 

El arte de esta cultura es su principal característica. La vienen desarrollando desde hace siglos. Sus textiles, cerámicas, bijouterías y tallados son muy característicos y llamativos. El arte shipibo se caracteriza por tener las formas geométricas que dibujan en sus pinturas o bordados. A esta práctica de pintar, bordar o tejer los shipibos la denominan como kené, palabra que en su lengua, significa diseño.

Si bien los shipibo son conocidos por las diferentes características de sus diseños, como todos los trabajos artísticos que provienen de las comunidades indígenas, muchas veces no son considerados arte, sino artesanía. Mucho menos son valoradas y premiadas estas obras. Hablamos con Chonon para que nos comente su perspectiva al respecto, así como de su cultura y comunidad. 

¿Quién es Chonon Bensho?

Me llamo Chonon Bensho. Significa golondrina de los campos medicinales, soy de la comunidad nativa de Santa Clara de Yarinacocha, Ucayali, Perú. Soy artista visual. Este año he ganado el XII Concurso Nacional de Pintura. Estoy muy contenta de haberlo ganado. Soy la primera mujer indígena que lo ha conseguido, que me reconozcan artista, para mí es una alegría. Y que nos reconozcan así, como artista.

¿Cuántos años tenías cuando ingresaste a la escuela de arte y por qué?

Cuando tenía 22 años entré a la escuela de Bellas Artes de Pucallpa, que queda cerca de la comunidad.  Cuando ingresé no sabía pintar, no sabía las perspectivas, pero sí sabía hacer cerámica, bordar y las mostacillas. Para poder conectarme con la pintura me esforcé bastante. Fue algo nuevo porque nunca había tocado ni un pincel. Gracias a las enseñanzas aprendí sobre la pintura, lo que hago ahora es equilibrar mi arte y mi conocimiento ancestral con este conocimiento que me enseñaron en esta escuela.

Lo que me hizo salir adelante fue que siempre tuve presente a mis abuelos. Comencé a trabajar con los conocimientos de mis ancestros desde que me comenzaron a curar con las plantas. En la niñez y juventud nuestras madres nos enseñan a hacer los diseños para no perderlos y tenerlos siempre presentes. Como mujeres indígenas, necesitamos salir de nuestras comunidades, conocer otras culturas y tener esa unión con otras personas, que nos valoren a nosotros. 

¿Para ti qué es arte y artesanía?

Cuando mi madre vendía, veía artesanía. Lo que hacían mis abuelas, veía que no era simple artesanía. Era algo que ellas sabían que otras personas no podían hacer. Era arte que se expresaba desde el fondo de sus corazones. Eso no lo puede entender la gente que ve de lejos. Ellos lo ven como artesanía porque no están ahí presentes, cuando ellas construyen sus propias artes.

¿Qué es lo que quieres mostrar en tus obras?

Lo que yo hago es político, pero a su vez, sin violencia. Es una política con amor, con transparencia, que muestra la belleza de los abuelos. Así podemos lograr una armonía a base de una política en la que este concepto tenga amor, comprensión, diálogo, equilibrio y el respeto a todos los seres que nos rodean. 

Como indígenas que somos, nuestros abuelos siempre han sido personas que respetaban la naturaleza. Tenía este contacto, diálogo y comprensión.  Los abuelos mostraban su humanidad y el respeto hacia los demás, no importa si eran peces, animales o árboles. Mi trabajo es básicamente eso: respeto, unión y complementación entre nosotros.

¿Cómo es el comportamiento en la comunidad? ¿Qué sientes cuando personas de afuera visitan tu comunidad?

Hay mucho machismo en las comunidades, por más que las mujeres estamos saliendo adelante. (Además) es mucho el alcoholismo. Lo único que quieren es tener una moto y hacer bulla sin respeto hacia el prójimo. En las ciudades veo mucha superficialidad. Hay mucha desconexión con uno mismo. Lo peor y lo triste es que no hay ese respeto hacia los abuelos. 

Cuando un antropólogo llega y expresa nada más lo que él siente. Empieza a escribir sus propias ideas. Hablan y dicen con sus propias palabras: “Yo investigué esto, yo hice esto…yo y yo”. No hay esa persona que le está diciendo, sino que el antropólogo va y dice “yo hice eso, yo conocía a esta persona”. No escuchan a los abuelos, no los hacen hablar a ellos. 

¿Por qué son tan importantes los abuelos?

Ellos guardan muchos conocimientos. Los pueblos indígenas no somos mejores que otros. Tenemos lo bueno y lo malo, pero siempre hay que rescatar lo bueno que nos pueden enseñar. Cuando no están los abuelos siempre están en nuestros sueños.  Estos se vuelven puros porque desde allí nos siguen enseñando.

Comencé a trabajar con los conocimientos de mis ancestros cuando me comenzaron a curar con las plantas desde que nací. En la niñez y juventud nuestras madres nos enseñan a hacer los diseños para no perderlos y tenerlos siempre presentes.

¿Qué piensas que genera tu arte en la gente?

Muchos a veces me han preguntado ¿por qué tu trabajo es tan simple? Yo digo que en ella expreso mi corazón, mi alma, no puedo enredarme. Soy libre y no vivo en diferentes mundos. Yo me expreso de tal manera, y si a alguien le parece mi sencillez muy aburrida, qué puedo hacer. También hay personas que se conectan, cuando van a mis muestras  me agradecen y dicen que se han conectado y que se sienten bien.

¿Cuánto tardas en realizar tus obras?

Si hago una pintura de dos metros y medio por dos, tardo como 6 meses. Siempre hago a mi ritmo, eso en  pintura y dibujo. En el bordado sí me demoró bastante, lo haces más calmado, no es como en la pintura. En un bordado de 2 metros por dos, demoro un año. Es muy trabajoso, pero al mismo tiempo es algo que lo haces con todo tu corazón y que salga lo mejor de ti. Lo bueno es que cuando te conectas con eso, te sientes aliviado de expresar lo que llevas dentro.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

Ahora estamos haciendo la reforestación con mi familia. Hace como 10 años hemos empezado con mi esposo y después se unieron mis hermanas para ayudarnos. Esperemos que nos vaya bien con la reforestación y con los trabajos que seguimos haciendo. Mi abuelo sin querer se puso a criar vacas para que sus hijos vayan a la universidad, entonces cortaron árboles, sacaron todo y ahora estamos reforestando de nuevo.Algunos árboles que hemos sembrado ya están grandes y me alegra bastante. Vienen de nuevo los monitos a comer fruta. Es algo que mi mamá siempre quiso. Particularmente a mí me encanta sembrar plantas y  flores.

También este año tengo una exposición junto con mi esposo en el Centro Cultural de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Para el 2023 tengo otra exposición.

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