Banesa Farfán: “No queremos seguir viendo a mujeres que no puedan denunciar porque no logran identificar la violencia”

Banesa Farfán: “No queremos seguir viendo a mujeres que no puedan denunciar porque no logran identificar la violencia”

Por Aylinn Siñas

Banesa Farfán es una joven psicóloga y fundadora de Ñañaykuna. Organización juvenil cusqueña que trabaja, reivindica y lucha por la igualdad de género desde el año 2017. Fueron los últimos ganadores del premio “Yenuri Chiguala Cruz” 2021. Banesa conversó con La Antígona y nos relató el origen, objetivos y logros de Ñañaykuna, así como la importancia de la prevención de violencia en el Perú y las zonas rurales.

A pesar de las adversidades que surgieron debido a la pandemia, la organización juvenil no se detuvo y crearon el programa Familias Online, un programa que busca la igualdad de género y prevención de violencia mediante talleres. Actualmente, son ganadores del Premio Nacional de la Juventud “Yenuri Chiguala Cruz” 2021, concurso organizado por la SENAJU, en donde participaron bajo la categoría de Comunicación Social. 

Coméntame acerca de la organización, ¿cómo se origina Ñañaykuna?

Ñañaykuna nace en el 2017 para poder visibilizar la problemática en torno a la falta de empoderamiento a las mujeres rurales y sobrevivientes de violencia. Ese año nosotros realizamos un proyecto llamado Escuela de Empoderamiento para Mujeres Cusqueñas. En el 2018 nos dimos cuenta de que la igualdad de género se tenía que realizar con hombres y mujeres, entonces iniciamos un segundo proyecto llamado Escuela de Empoderamiento frente a las Desigualdades, donde incluimos varones y mujeres.

La pandemia y la virtualidad trajo consigo muchos obstáculos en las organizaciones sociales, ¿Cuáles consideran que fueron los suyos?

En el 2020 hicimos una convocatoria y tuvimos más de 150 voluntarias y voluntarios, todos provenientes de diferentes provincias del Cusco. Nosotros trabajamos con voluntarios de todos los estratos sociales, como trabajadores del hogar, estudiantes, etc. Cuando llegó la pandemia la mayoría tuvo que regresarse a sus comunidades rurales, porque los puestos en los que ellos trabajaban cerraron. Fue un momento difícil para la organización.

Nuestra organización siempre ha sido autosostenible, utilizábamos ventas de rifas o colaboraciones. Ante la nueva normalidad tuvimos que transformarnos y es así como creamos Familias Online. Un proyecto que brinda herramientas educativas a madres jóvenes de zonas periurbanas y rurales. Nos preguntamos, ¿cómo podemos llegar a la gente?, en muchas comunidades la gente no tiene conectividad o no hay luz y el trabajo de prevención de la violencia era importante.

Cuando realizamos nuestra labor, llegamos a conocer muchas historias que nos impactan. En una escuela rural ofrecimos charlas sobre prevención de la violencia y al salir de la charla, una niña nos comentó que gracias a nosotras se enteró de que fue víctima de violencia, lo que pensó que era un “juego” con un familiar en sí era violencia.

Hay personas que no denuncian, no porque no quieran denunciar, sino porque no saben o no han identificado la violencia. Al crear Familias Online dijimos: “si no podemos entrar por la puerta, entraremos por las ventanas o por los techos”. Empezamos a hacer audios en quechua y español sobre la prevención de la violencia, sobre la educación sexual, autocuidado en la época de COVID – 19 o el cuidado de la salud mental; lo difundimos a través de radios comunitarias o por perifoneo local. Cuando nos fue mejor, mapeamos las zonas con mayor índice de violencia y dimos talleres presenciales. 

Taller presencial de la organización Ñañaykuna en Cusco. FOTO: Ñañaykuna

¿Cuáles consideran ustedes que son sus logros como organización?

En el 2019, organizamos con todas las voluntarias que habíamos formado en las Escuelas de Empoderamiento un proyecto llamado FutuPlan, con el que viajamos a 25 colegios de zonas rurales quechuahablantes y periurbanas en el Cusco, colegios con estigmas sociales. 

También sacamos un pronunciamiento a nivel nacional en pro de los derechos sexuales y reproductivos, justo cuando se celebraban los 25 años de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (CIPD), gracias a este pronunciamiento logramos representar al Perú en la Jornada Preparatoria del Segundo Campamento Regional de Liderazgo Juvenil ¡Juventudes YA!, en México y luego a Latinoamérica en La Cumbre de Nairobi, en Kenia.

Con el proyecto de Familias Online ganamos en el 2020 el reconocimiento de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en la categoría Jóvenes por la Buena Práctica en el Concurso de Buenas Prácticas sobre los Grupos en Situación de Vulnerabilidad en el Contexto del COVID – 19.

En el 2021 continuamos con Familias Online y la Municipalidad del Cusco nos reconoció el proyecto. También ganamos el premio a Protagonistas del Cambio de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y el Premio Nacional de la Juventud “Yenuri Chiguala Cruz” 2021.

¿Qué retos tienen este 2021?

Es el tema de la sostenibilidad económica. Para las organizaciones comunitarias de provincia es algo complicado, debido a la pandemia no se pueden hacer actividades de recaudación de fondos. Hoy entendemos que debemos abrirnos a otros campos y hacer ver que no solo damos talleres gratis. Otro de los retos que tenemos es el tema de la formación constante. Somos 50 voluntarias a nivel nacional, tenemos voluntarias de Lima, de Cusco, entre otras regiones. Y lo que queremos es llegar a las 13 provincias del Cusco. Hace poco estuvimos en Espinar, Cusco y Quillabamba, pero nuestra meta son todas las provincias cusqueñas.

Siempre es importante mantener una misión al gestar un proyecto social, ¿Qué te motiva a seguir organizando?

Me gustaría que mis sobrinas o mis futuros hijos o hijas vivan en un lugar donde no tengan que vivir violencia. Esto es algo que vamos a lograr construyendo el país que queremos. Siento que ya bastante gente ha hablado en redes sociales, en el día a día o en tu mismo barrio; pero es momento de hacer algo. Tomar acciones es algo que realizamos desde hace 4 años. Por eso Ñañaykuna se basa en la educación y brindar herramientas educativas. Si tú le ofreces estos conocimientos a una mujer, en un futuro esta podrá empoderar a su familia y va a cambiarles la vida. Esto es una cadena de favores y es algo en lo que creemos todas las voluntarias. Dentro de los miembros de la organización hay madres solteras, mujeres con familias o estudiantes. En esto se basa lo rico de Ñañaykuna y su diversidad. No queremos seguir viendo a mujeres que no puedan denunciar porque no logran identificar la violencia. 

Finalmente, ¿Qué le dirías a la gente para que se anime a formar parte de Ñañaykuna?

Ñañaykuna es una organización juvenil que es como una familia, en la que va a encontrar mucha amistad. Nosotros decimos que el empoderamiento empieza por ti. Ñañaykuna es un espacio para crecer, desarrollarse y conocer más sobre la realidad de las comunidades rurales. Es muy distinto verlo en redes sociales y vivirlo. Hay dos formas de apoyar: haciendo cosas y apoyando en lo que hacen las otras personas. Se pueden sumar al voluntariado, la próxima convocatoria es en marzo, o sino pueden ser aliados estratégicos y ayudarnos a llegar a las provincias que conozcan o a través de la compra de souvenirs que venimos vendiendo para financiar las actividades que realizamos. 

Siempre los círculos de violencia terminan donde una persona denuncia, si alguno conoce un caso de violencia o es víctima de violencia es importante que pueda denunciarlo, puede utilizar la línea 100. Podemos cambiar el mundo, pero primero empecemos cambiando el nuestro. 

Mujeres indígenas de América del Sur exigen a comité CEDAW de la ONU protección de sus derechos

Mujeres indígenas de América del Sur exigen a comité CEDAW de la ONU protección de sus derechos

Por la Organización de mujeres indígenas de Perú y América del Sur

Mujeres indígenas en resistencia. FOTO: Mianued Moreno Vera – ONAMIAP

Esperan que tratado internacional adopte una Recomendación General que obligue a los Estados a garantizar derechos colectivos e individuales ante las múltiples violencias que viven por el extractivismo, despojo, militarización y otras formas de recolonizar nuestros territorios. Asimismo, por la violencia de género, sexual, trata de personas, y otras afectaciones en sus cuerpos

El Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas Región Sur – ECMIA SUR, organización conformada por miles de mujeres indígenas que sufren múltiples discriminaciones y violencias provocadas por el modelo económico extractivista, como la invasión a sus territorios ancestrales, el saqueo de sus bienes naturales, la apropiación de conocimientos. Por ello exigen ser protegidas a través de una Recomendación General que debe ser elaborada y adoptada por el Comité para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), órgano de las Naciones Unidas.

Desde el año 2004, las mujeres indígenas de las Américas han logrado una serie de declaraciones, mecanismos y recomendaciones de parte de la ONU. Sin embargo, dentro del Comité CEDAW no se menciona específicamente los derechos colectivos de las niñas y mujeres indígenas. La única forma de que sus voces y demandas sean atendidas y garantizadas es que se incluya una Recomendación General por parte del CEDAW que obligue a los Estados a garantizar el igual derecho al territorio, a la tierra, a la lengua, la cosmovisión, a los saberes ancestrales, la cultura, el agua, entre los bienes naturales que han preservado por siglos. 

“El Estado o los gobiernos deben garantizar los derechos a una vida libre de violencias para niñas y mujeres indígenas. Que no exista la violencia racista que han creado los colonizadores para saquearnos, criminalizarnos, despojarnos de nuestros territorios. Por eso es importante que haya una Recomendación General del Comité CEDAW y los gobiernos se comprometan a cumplirla. Queremos vivir en paz, armonía, equilibrio y reciprocidad”, sostiene Melania Canales, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP) y coordinadora de ECMIA SUR.  

La pandemia del Covid-19 y la crisis global han evidenciado cómo la destrucción de la naturaleza propicia la aparición y expansión de enfermedades y plagas. Las mujeres indígenas enfrentan afectaciones específicas pues el cuidado del hogar se relaciona directamente con la tierra, el agua, los bienes naturales y la seguridad alimentaria. Por ello, el documento que el ECMIA SUR ha enviado al Comité CEDAW de Naciones Unidas, exige que la Recomendación General sobre los derechos de las niñas y mujeres indígenas incluya que se garantice el ejercicio pleno del:

  • Derecho al Territorio Colectivo Ancestral, libre determinación y autonomía para evitar el genocidio de los pueblos indígenas. Es importante que se entienda que la protección de mujeres indígenas es protección al territorio indígena ancestral y a los modos de vida indígena.
  • Protección a las mujeres indígenas de la violencia sexual antes, durante y post conflictos armados y eco territoriales, el embarazo infantil y adolescente, y la trata de personas.
  • Protección contra el racismo, capitalismo, machismo y colonialismo.
  • Derecho a la protesta y cese de la criminalización contra pueblos y mujeres indígenas. Que cese el estigma, la represión y la persecución. 
  • Derecho a vivir a una vida libre de las violencias múltiples y estructurales; ya que vivimos diversas violencias, pues nos discriminan y violentan por ser mujeres, por ser indígenas, por estar empobrecidas.
  • Justicia, reparación y sanación a las mujeres, pueblos y territorios indígenas, producto de las invasiones, saqueos, depredación de la naturaleza, vulneración de la seguridad alimentaria, entre otras violencias.
  • Derechos sexuales y derechos reproductivos desde nuestra cosmovisión sin injerencias de religiones que niegan nuestras creencias espirituales y conocimientos ancestrales.

Rosalee Gonzales de la Red Xicana Indígena, destaca lo siguiente: “Estamos en la lucha por proteger el derecho a nuestros territorios ancestrales. La amenaza más grande siguen siendo los megaproyectos de desarrollo, de la industria extractiva del petróleo y minerales, que han sido y son enemigos de los pueblos indígenas que son favorecidos por la mayoría de gobiernos. No se puede hablar de desarrollo económico solo como labor física o intelectual, exigimos que se respete que la mujer indígena tiene derecho al territorio colectivo”. 

ECMIA SUR espera que la Recomendación General se adopte a favor de las niñas y mujeres indígenas, herramienta que motivaría una articulación y vigilancia de las acciones a los 189 Estados parte del Comité CEDAW. 

Contacto para entrevistas: Melania Canales, coordinadora ECMIA SUR. Teléfono +511 966811995 (Perú)

50 años de Lucha: El legado de Luisa Revilla

50 años de Lucha: El legado de Luisa Revilla

Por Mya Sánchez y Hiro Ramos

Luisa Revilla, primera mujer trans regidora. FOTO: Mano Alzada

Han pasado 180 días desde que Perú perdió a una figura significativa no solo para la lucha por los derechos de las personas trans, sino también para la de diversas problemáticas sociales. Definitivamente, Trujillo y el país no han sido iguales desde la partida de Luisa Revilla, recordada por ser la primera mujer trans regidora de la Municipalidad Provincial de Trujillo entre el 2015 al 2018.

Este 12 de octubre ella habría cumplido 50 años de edad. Por ello, La Antígona rememora su trayectoria e impacto en el país a través de tres activistas trans que se conocieron gracias a ella: Jazmín Goicochea, actual lideresa de la Red Trans La Libertad, la cual Revilla fundó; Fernando García de TransMan Perú, organización transmasculina de origen trujillano y Leyla Huerta, directora de Féminas, colectivo de mujeres trans del país.

Hacer el trabajo previo

Desde lideresa de una organización de mujeres trans y representante de ellas en la Comisión Multisectorial de Salud, hasta subgerente de participación vecinal y regidora de la población trujillana. ¿Hay algo que esta mujer no haya hecho por las personas vulnerables? Los tres entrevistados la recuerdan por aquello que la caracterizaba. No abogaba únicamente por su comunidad, sino por todos quienes la necesitaran, incluso aquellos que no pensaban como ella. “Ella se metía en todo lo que podía’’, coincide Fernando García.

Luisa Revilla como funcionaria, participando de mesas de trabajo. FOTO: Minjus

Luisa Revilla fundó la Red Trans La Libertad el 11 de noviembre del año 2014, la cual inició con siete chicas. Hoy, casi siete años y muchas más adiciones a esta más tarde, el impacto que ha tenido este hogar en mujeres como ella ha sido enorme. La Casa Trans de La Libertad no se trataba de nada menos que su propia casa. Un hogar que acondicionó para acoger a sus hermanas trans que la necesitaran. 

Gracias a Revilla, las mujeres trans de la región llegaron a tener reconocimiento por parte de las autoridades. ‘’Ahora no nos ven como una comunidad de tercera clase, sino como una participativa’’, comenta Jazmín Goicochea, su sucesora. Este logro no tuvo sus raíces en la mera búsqueda del reconocimiento de esta comunidad, sino en un trabajo colaborativo con toda la población cercana.

Ella fue más que una líder para las mujeres trans, pues su trabajo social hizo que gane gran cariño de parte de la población trujillana. ‘’Comunidades vulnerables buscaban en ella ese apoyo, porque era un buen enlace a las autoridades’’, explica Goicochea. No se limitaba a lo local, pues tuvo la oportunidad de formar parte de la Mesa de Trabajo del Fondo Mundial. Gracias a su participación en la negociación del proyecto país del Fondo Mundial, regiones clave se benefician de los Mecanismos de Coordinación Comunitaria. En Trujillo, por ejemplo, el MCC se convirtió en un importante espacio de encuentro y articulación para los colectivos LGTB de la región.

Revilla cambiaba el paradigma de los derechos LGTB en todo ámbito en el que se involucraba. A partir de ella, se forman distintas ordenanzas en la región de La Libertad que beneficiaron a su población. Aun cuando se habían enfrentado a un alcalde conservador y religioso. “El mensaje que le daba Luisa era que tenía que dejar de lado sus posiciones religiosas y aperturarse como una autoridad que es para todas y todos’’, explica Goicochea. 

Bandera de la comunidad Trans. FOTO: CiudadTijuana.

No muchas figuras LGTB pueden decir que lograron trabajar con personas que suelen ser adversas a ellas. Luisa lo hizo por un bien que ella consideraba de interés mutuo. Hacia el final de su carrera política, Revilla se afilió a Alianza para el Progreso. Un partido en el cual se gestionó la creación de un espacio para las personas de la comunidad TLGB gracias a su presencia. La influencia que tuvo incluso en lugares en donde no se esperaría ver a una mujer trans ser aceptada es impresionante.

La pandemia no iba a detener a una mujer tan dedicada a ayudar a los demás. Gran parte de los ciudadanos trans, debido a los niveles de precarización e informalidad a los que se ven expuestos, dejaron de tener fuentes de ingreso. Ante esto, Revilla no se iba a quedar de brazos cruzados, pese a ser una sola mujer contra decenas de personas vulnerables. Por ello, decidió utilizar su influencia en las redes del Estado para conseguir la ayuda que necesitaban. 

“Ella gestionó directamente con las municipalidades, alimentos, atenciones en salud, en prevención para toda la comunidad TLGB’’, explica su sucesora. Además, Luisa entendía que el de ella no era el único grupo que la pandemia dejó a la deriva. Como explica Fernando García, ella “siguió ayudando a la gente que necesitaba abrigo, comida’’ Lamentablemente, fue su ardua labor por el prójimo la que la llevó a sus últimos días. Revilla, cuentan Goicochea y García, se contagió del virus en medio de su ayuda comunitaria. 

Las hijas de Luisa Revilla

Si bien el brillo de Luisa dificulta encontrar cualquier tipo de esperanza tras su partida, la estela que dejó está lejos de ser apagada. “Cuando un líder fallece, si no ha sentado bien las bases, su organización desaparece. Pero ellas siguen luchando, e incluso están más empoderadas que antes”, comenta García mientras recalca la admiración que siente por Jazmín Goicochea, hoy lideresa de la Red Trans La Libertad.

Y es que escuchar a Jazmín hablar de lo mucho que aprendió de su “madre”, a quien conoció hace 10 años cuando vendía productos de limpieza, es la evidencia más clara de que la lucha de Luisa no ha sido en vano. “Ella era mi mentora, es la persona que me ha educado, con la cual he estado mañana, tarde y noche”, comenta. Su partida, sin lugar a dudas, la dejó sin suelo durante un tiempo, pues la obligó a dejar el juego de lado y sacar a sus hermanas adelante, en sus palabras.

Pero, poco a poco, tiene todo más claro. En la opinión de ambos activistas liberteños, el legado más importante de Luisa fue su impacto en la percepción que tanto trujillanos como peruanos tienen acerca de las mujeres trans: “Desde llamarlas como son y respetar su identidad, hasta darles puestos laborales distintos al trabajo sexual. Ayudó a que se cambie la imagen”, añade García.

Mientras que antes la única manera de hacer política siendo una persona LGTB era desde dentro del clóset, la trayectoria de Luisa permitió que los partidos políticos dejen de tener reuniones discretas con representantes de la comunidad para ganar votos y empezaran a incluir sus necesidades en sus agendas. Incluso en Alianza Para el Progreso, último partido al que Luisa estuvo afiliada, se gestionó un espacio para poblaciones vulnerables, incluidas las disidencias sexuales, liderado por ella.

Además, explica Goicochea, su visibilidad permitió que se abriera las puertas a la comunidad LGTB para ejercer incidencia política, lo que posibilitó que se crearan y aprobaran distintas ordenanzas municipales y regionales en La Libertad que promueven la igualdad y sancionan la homolesbotransfobia. Así, las entidades públicas empezaron a tratar a la comunidad trans con respeto, y el índice de discriminación bajó. Aquello propició el diálogo entre activistas y autoridades, lo que se extiende hasta nuestros días.

Mujeres trans en busca del reconocimiento de su comunidad. FOTO: Red Trans La Libertad

Luisa era, ante todo, una estratega. Los tres activistas concuerdan en que si hay algo que dejó como lección al activismo trans a nivel nacional fue la contemplación de una agenda social abierta. “Hay muchas cosas que se pueden hacer sin necesidad de elevar la bandera trans”, opina Huerta. En ese sentido, Goicochea concuerda en que la manera de llegar a la mayoría de los ciudadanos es desde el activismo por los derechos humanos de todas las personas en situación de vulnerabilidad.

Durante el debate por la ley de identidad de género, Luisa llegó incluso a reunirse con congresistas fujimoristas, quienes por aquella época se oponían al uso de la palabra ‘género’. Las críticas no tardaron en llegar, pero Luisa sostenía que lo importante era que la ley “salga como salga”, pues no podían esperar que todos los sectores políticos estén de acuerdo en todo. “Estábamos construyendo política, estábamos sensibilizando a un sector político conservador, pero también popular. Si ella hubiera sido congresista, qué no hubiera logrado en el Congreso ya, con ese poder político que tenía”, reflexiona su sucesora.

Pero Luisa no era solo política, sino también amiga. García, que desde el 2014 complementa su trabajo como líder del activismo transmasculino, relata cómo su forma de ser, directa, transparente y estratégica, lo encaminó para guiar a los miembros de TransMan Perú. La noticia de su partida, que le cayó como un balde de agua fría mientras hacía compras, aún se siente en las reuniones de la red, en las que usualmente se le escapa un “¿dónde está la que nos ponía en orden?”.

“Yo admiraba lo cariñosa que era conmigo, a pesar de ser estricta”, rescata Goicochea. En su opinión, su legado es haber motivado constantemente a sus compañeras a educarse y tomar acción. Es así que la mejor manera de honrar su memoria es continuar su trabajo. Y cuando esa tarea genera miedos, Jazmin encuentra consuelo en sus diálogos nocturnos con ella. Le pide que al día siguiente le ponga las palabras correctas en la boca, confiesa entre risas tímidas. Sabe que la institución que ahora dirige es su principal herencia. “Ahora no solo soy la hija de Luisa Revilla, somos las hijas de Luisa Revilla”, concluye.

La mirada hacia adelante

Para la comunidad trans, quedarse de brazos cruzados nunca ha sido una opción. Así como Luisa conquistó una a una las batallas de las que fue partícipe en vida, hoy sus sucesores se enfrentan a nuevos retos. Lo más importante es, concuerdan los activistas, la representación. “No vamos a conseguir leyes a favor de la comunidad trans mientras no exista una congresista trans”, opina Goicochea. Además resalta que es importante que en los debates parlamentarios se escuche las necesidades de dicha población de primera mano.

En la misma línea, Huerta considera que conseguir un cargo político no es suficiente sino va de la mano con el empoderamiento de la comunidad. Además debe haber un involucramiento en espacios de la sociedad civil, pues Luisa “no apareció de un momento al otro”. Para ella, la visibilidad que ella alcanzó fue un logro importante. Sin embargo, a modo de autocrítica, asevera que “no se debe centrar el cambio en una persona, sino en un grupo de personas”.

Y en ese camino va la Red Trans La Libertad, que hoy cuenta con bases y lideresas provinciales en Chepén, Pacasmayo, Ascope, Trujillo y Virú. Prueba de ello es que se viene preparando la campaña “La Esperanza, ciudad inclusiva”, por la cual se implementará la ordenanza municipal 017-2016-MDE. Esta prohíbe la discriminación a la comunidad LGTBIQ+, a diferencia de otras regiones del país donde a pesar de haber sido aprobadas. O en otros casos no han sido implementadas. “Exhorto a los activistas a nivel nacional a que hagan vigilancia de estas ordenanzas”, añade Goicochea.

Sin embargo, como bien precisa el líder de TransMan Perú, las normas legales necesitan ser acompañadas de una correcta capacitación a funcionarios públicos para que su trato se caracterice por el respeto y el conocimiento. Asimismo, queda aún pendiente el reto de adoptar un discurso social que no contemple solo las necesidades de la comunidad LGTB.  “Si vas a ser autoridad, no lo vas a ser solo para cierto grupo, sino para todos”, añade Goicochea.

Luisa dejó este mundo pidiendo que no la olviden. Un pedido del que se están encargando sus “hijas” y compañeros. “Mencionándola siempre porque ella fue uno de los pilares para que esto esté como está, y recordándola como una gran amiga y lideresa”, acota García. La trascendencia de su historia está asegurada. Que su memoria sea honrada como a ella le hubiera gustado, con más lucha.

Germinda Casupá: Una indígena chiquitana frente al fuego y el machismo

Germinda Casupá: Una indígena chiquitana frente al fuego y el machismo

Por Esther Mamani y publicado en la revista digital Muy Waso.

Germinda Casupá en una entrevista para Muy Waso. Foto por Esther Mamani retocada por La Antígona.

La Chiquitania boliviana es el bosque seco tropical más grande y biodiverso del mundo. Desde hace casi una década, los incendios forestales dejan, cada año, millones de animales muertos, millones de hectáreas quemadas y miles de familias afectadas. Ante la catástrofe medioambiental y humanitaria, mujeres indígenas como Germinda Casupá asumen la defensa de su territorio.

Los inicios de Germinda

Germinda de 45 años viste jean, poleras de algodón, zapatillas deportivas y guarda su cabello oscuro en un moño. Para protegerse del sol siempre lleva una gorra, también de tela. Las largas caminatas que debe hace en las comunidades, para ella son como paseos. De joven practicaba fútbol, basquet y voleibol.

El viaje de San Ignacio a Santa Anita es de unas dos horas por un camino de ripio. Durante el trayecto, el polvo y el calor se concentran en la cabina del taxi. Pese al sofoco, Germinda sonríe y contagia su buen humor.

Al llegar a la comunidad, Germinda saluda a la dirigencia local y aprovecha para revisar sus planes de trabajo, ya con la temporada de quemas encima.

Ruta de tierra y ripio entre San Ignacio de Velasco y Santa Anita. Foto por Esther Mamani

Germinda es una buena administradora. Aun con los pocos recursos que tiene la Organización de Mujeres Chiquitanas, la lideresa consigue que el dinero sea bien aprovechado y cubra, al menos, gastos de transporte.

Esta habilidad “administrativa” se la debe a su primer trabajo, cuando aún era adolescente. Entonces se dedicaba al pago de servicios y el control de personal en una finca de la zona.

Los padres de Germinda la sacaron del colegio a los quince años, para que su hermano mayor tenga la oportunidad de ir a la Universidad.

Dos años después de esa decisión familiar, Germinda no solo trabajaba y cuidaba de sus hijos, sino que también iba a la escuela nocturna para concluir su bachillerato.

Para Germinda continuar con su educación era vital. Ella no quería vivir lo mismo que había travesado su madre.

“A sus ocho años, mis abuelos la vendieron a una familia rica para que ayude en la casa y ya nunca más volvió a la escuela”, cuenta Germinda sobre su mamá.

Esa práctica en el oriente boliviano es conocida como patronaje y consiste en entregar la tutela de las niñas y niños a los “patrones”, a cambio de su “cuidado”. Un régimen de servidumbre que la ONU define como una forma contemporánea de la esclavitud.

El hogar de Germinda

La Chiquitania es el bosque seco tropical más grande del mundo y, hasta 2019, también el mejor conservado. La mayor parte de este territorio se encuentra en el departamento de Santa Cruz.

Durante la época de chaqueo, que comienza entre julio y agosto, la expansión del fuego es una pesadilla que se repite todos los años. Esta práctica se realiza tradicionalmente para la preparación de suelos agrícolas, pero desde hace más de una década tiene ribetes ecocidas.

Las quemas, explican en la zona, sirven para limpiar las áreas de cultivo de los pequeños, medianos y grandes productores de soya, maíz y frijol.

Según un informe de la Fundación Tierra, el 26.3% de la superficie quemada en Santa Cruz durante 2019 correspondía a predios de empresas agropecuarias, grandes y medianas.

Solo 4, 9% correspondía a propiedades comunales y apenas el 2.7% a pequeñas propiedades.

Los incendios descontrolados provocados por la agroindustria, que se extienden incluso hasta tierras fiscales y áreas protegidas, afectan la seguridad de las comunidades más chicas.

Pese a este contexto, en 2019 muchas comunidades pagaron multas por los focos de calor en sus territorios. Las sanciones llegaban hasta los ochenta mil bolivianos.

Arlena Algarañaz, la mejor amiga de Germinda Casupá, recuerda con enojo las largas horas que pasaron en oficinas de la Autoridad de Fiscalización y Control de Bosques y Tierra. Intentaban explicar a los funcionarios que los incendios no son provocados por las comunidades.

Sobre Germinda, Arlena recuerda que “era una de las participantes más activas en los talleres de empoderamiento de la mujer que hacíamos con la Defensoría del Pueblo y la Plataforma de Atención Integral a la Familia”.

Una lucha que empezó en casa

Pese a su voluntad y esfuerzo, Germinda aún tenía un escollo para superarse: su exesposo, con quien se casó cuando tenía 16 años.

Él no estaba de acuerdo con que Germinda estudie y trabaje a la vez. Cuando salía, la hostigaba y violentaba con el pretexto de los “celos”. Durante muchos años la golpeó e insultó.

Hace más de un lustro la espiral de violencia se rompió. Él le dijo que “ahorre dinero para comprar su cajón (en referencia a un féretro)”. Germinda supo leer la gravedad de la amenaza.

Así fue que el 2015 se convirtió un año de cambios para Germinda. No solo se separó del violento, sino que comenzó su carrera en la dirigencia indígena.

Alejada de esa pareja, Germinda vio un camino llano para continuar con su formación asistiendo a talleres y ocupando cargos donde demostraba su temperamento: fuerte pero conciliador, comprometido y responsable.

Aulas de una escuela en la comunidad de Santa Anita. Foto: Esther Mamani

Germinda contra el machismo y la violencia machista

Las críticas contra Germinda no faltan. En su mayoría, provienen de liderazgos masculinos.

En el ingreso a una de las comunidades que Germinda visita habitualmente, uno de los líderes de la comunidad comenta que la desconocen como autoridad.

Además, la califican como “oenegera”. Una forma peyorativa de decir que solo trabaja con fundaciones u organizaciones sin fines de lucro.

“¿Por qué una mujer tiene que estar yendo a todo lado? ¿Quién la ha designado?”, reclama un dirigente.

Y es que no fueron los caciques quienes seleccionaron a Germinda para asistir a la audiencia del Tribunal Internacional de la Naturaleza (TIN) en Chile en 2019 para denunciar el estado boliviano por ecocidio. Sin embargo, su elección si tuvo el respaldo mayoritario de sus compañeras mujeres.

Caso presentado por AMAZONÍA AFECTADA

En 2018 creó la Liga de Defensoras Comunitarias. Esta instancia es un sistema comunitario de alerta ante situaciones de violencia contra las mujeres de la región.

“Germinda siempre está atenta para ayudar a las compañeras. Si sabemos de un caso de violencia, reportamos”, explica Elena Guasese, una habitante de Sañonama.

“De la preocupación a la ocupación”

Aquel fallo del TIN en 2019 fue una victoria para Germinda, pero se sintió apenas como el inicio de más tareas y responsabilidades.

La expansión de la frontera agrícola y el fuego retornaron a la Chiquitania el 2020 y también ahora, en 2021. Estos nuevos incendios le demandan Germinda más labores para sofocar las llamas y resguardar a su gente. Es decir, proteger la vida de los bosques y sus habitantes.

Actualmente, Germinda recorre las comunidades para revisar las acciones que se realizan para mitigar los efectos de las quemas.

El monitoreo que realiza Germinda, entre otras cosas, implica actualizar el número de familias que hay por comunidad, revisar si tienen acceso a agua potable o si existen vehículos que cuenten con combustible suficiente para posibles evacuaciones.

“Hay que pasar de la preocupación a la ocupación”, dice Germinda antes de subirse a un taxi con el que visitará tres comunidades aledañas a San Ignacio de Velasco: Sañonama, Santa Anita y Espíritu.

Pobladores de Santa Anita. Foto: Esther Mamani

La lucha contra el fuego no cesa

En el camino hacia la comunidad de Espíritu, Germinda se comunica con algunos bomberos que trabajan en la zona. Los incendios se reactivaron en Candelaria, San Matías y Roboré.

El olor a quemado vuelve a causar terror.

Además de los incendios, Germinda tiene otra preocupación que le obliga a acelerar la marcha: su hijo más pequeño está enfermo, probablemente tenga una infección estomacal. Ella tiene tres hijos.

Pese a que una de sus familiares la ayudará con esos cuidados y la atención, Germinda se revela inquieta: las tareas empiezan a acumularse.

“A veces pienso en retirarme de todo esto. Cada año es más difícil lidiar con el fuego”, vuelve a lamentarse.

En Espíritu, Germinda tenía pactadas varias reuniones con las mujeres de la comunidad. Tenía planificado hablar del acceso a agua potable, educación y salud.

Pero el fuego, y su peligrosa propagación, se apodera de las conversaciones.

Ese día, después de su última reunión, Germinda se toca la frente, arregla su gorro y da por terminada la expedición.

“Fue muy lindo exponer ante el Tribunal Internacional de la Naturaleza», —recuerda Germinda con una sonrisa— «pero aquí en los bosques no hay fallo que apague el fuego”.


Si deseas leer el texto original, lo puedes encontrar aquí.

Este reportaje es parte del proyecto ‘Defensoras del territorio’ de Climate Tracker y FES Transformación.

El «Lado B» de la maternidad

El «Lado B» de la maternidad

Por Jenn Calderón para Memorias de Nómada

Ilustración por Elo Draws

Siempre nos cuentan la maternidad como un proceso hermoso y perfecto, @jenncsa escribe -haciendo una analogía con Spotify- el Lado B de la maternidad y cómo vivió el posparto.

Huelo a leche cortada y sudor: veneno mortífero para el apetito sexual. Fantaseo con darme un baño largo, acicalarme a conciencia y ponerme esa prenda negra de encaje que arrumbé hace más de un año en el clóset. Ocho meses atrás, descubrí que el postparto es una vorágine de sentimientos contradictorios, como la playlist Tu Lado B que Spotify arma según tus gustos, una mezcolanza que sólo tiene sentido para una.

Los que mandaron felicitaciones cuando nació mi hijo, al preguntarme cómo me sentía recibieron la misma respuesta: “destruida pero de pie como Plaza Buenavista”. Contestaban “jajaja” y yo mandaba un emoji que para nada reflejaba mi estado de ánimo. No han observado lo mal que lo ha pasado ese centro comercial.

Tomé clases, leí decenas de artículos, videos, talleres, pláticas y me integré a círculos de mamás; pude no haber hecho nada de eso y el resultado hubiera sido muy similar. Aunque me sumergí en un mar de información sobre la maternidad nadie me habló de que existía un lado B. Nadie me dijo que la felicidad tendría un sabor distinto. Como cuando te lavas los dientes y comes algo que normalmente te gusta, no es que sepa mal sino que sabe distinto, apenas lo reconoce tu paladar, entonces alguien pregunta “Sí te gusta, ¿no?” Y tú contestas que sí, porque sabes que sí te gusta, aunque en la boca sepa a otra cosa.

La felicidad de ser madre es insondable, baña con una luminosidad tenue cada centímetro de la piel. Es íntima, calma, no tiene la algarabía que producen otras relaciones o encuentros. Es una felicidad también teñida por cansancio interminable, por ojeras, por una preocupación que late sin cesar en el estómago.

Otra cosa que me tomó desprevenida: nadie me preparó para la muerte de mi yo anterior; le hubiera hecho un funeral de haber sabido. O quizá restauró el contacto con mi yo más salvaje, primitivo, la YO bruta, sin pulir. Porque con un bebé no puedes aparentar algo que no eres, su mirada te atraviesa como una daga despiadada y devela tu verdadero ser. Cuando das a luz, naces de nuevo, te quitas todas las capas de lo que creías ser y vuelves a estar desnuda, expuesta ante un ser humano que ahora regirá el ritmo de tu vida.

Eso que llaman instinto maternal lo traduzco como una respuesta automática del cuerpo: tu labor es proteger y preservar la vida de ese ser humano que expulsaste; no importa qué, no importa si desfalleces en el proceso. Porque hay días en los que el cansancio me sobrepasa, algunas noches veo lucecitas azules en la habitación y brinco del susto cuando caigo en la cuenta: el espasmo lo asusta a él también regresándonos al inicio del arrullo. Confundir la vigilia con el sueño es como estar en una película de terror, eres el personaje al que pusieron a hacer guardia, no puedes quebrarte ante el sueño; podría tener resultados fatales.

Como la playlist de Spotify, tu campo de elección se reduce, tu ropa la escoges con base en otro — y en la facilidad de sacar la teta—, tu dieta también, tu consumo de alcohol, tus vicios, tu tiempo, todo se reajusta, hay algo de ti en esa mezcla de decisiones pero al final son los algoritmos que otra persona decidió para ti. Hay que elegir entre dormir o ir a orinar, comer o bañarse y definitivamente descansar siempre le gana a tener sexo. Encontrar el momento para escribir es lo más difícil, un esfuerzo mental es necesario para lograr el nivel de concentración y energía que se requiere.

Durante casi toda la cuarentena — la primera cuarentena — usé pijamas todo el día. Me sentía como en la película de “El día de la marmota”: todos los días eran iguales, todos los días me esforzaba por hacerlo mejor que el anterior, por sentir algo de placer, por despegar de una manera indolora la cinta que mantenía la venda de mi panza en su lugar. El ritual de colocar la venda era el inicio del ciclo; mi Tiita colocaba los broches, pegaba la cinta, me besaba la frente y se iba.

Yo me acostaba a la espera del llanto que me llevaba a tomar al bebé en mis brazos, darle pecho, arrullarlo, ponerlo encima de mí, dormitar. Después veía algo, una película de los 90’s era lo que elegía normalmente, después otro llanto, arrullo, pecho, sueño, pañal, comer con él encima de mí, llanto, arrullo, pecho, sueño, pañal, bañarlo, bañarme, poner la venda y un pijama limpia, repetir. El inicio era el final y el final el inicio.

Me descorazona saber que nadie recordará algo de esto o cómo se sentía, más que yo. Él crecerá, discutirá conmigo, se alejará y esa intimidad que tenemos ahora será un vago recuerdo que sólo vivirá en mi memoria. Yo le contaré cómo era mi vida cuando estaba pequeño, las noches en vela, la ropa manchada de leche y papilla, los cantos cetáceos con los que me despertaba y él me mirará fastidiado de haberlo escuchado mil veces, me verá vieja, me conocerá vieja, no sabrá de mi habilidad para subirlo, bajarlo, las piruetas que hago para no despertarlo cuando lo dejo dormido en la hamaca morada. La juventud de los padres es un cuento construido a través de anécdotas y fotografías.

Desde que llegué a casa con un recién nacido todos se fueron a vivir sus vidas, la soledad de la maternidad me aplastó de forma implacable, porque la responsable de la supervivencia de esa criatura indefensa era yo, todos los demás eran prescindibles, así que siguieron con sus rutinas y compromisos.

Yo entré en un ciclo que inició cuando me encontré sola y me dieron ganas de orinar. Intenté alejarme de mi cría unos minutos pero los decibeles de sus gritos eran más estresantes que cargarlo y llevarlo conmigo, junto con el dolor de mi cesárea al inodoro. Con una mano bajé mis calzones, quité la compresa, me agarré de la pared, me senté muy despacio, solté un grito ahogado y con la otra sostuve la cabeza y espalda de una personita que pesaba menos de tres kilos. En mi mente sonaba Green & Gold, uno de mis mayores descubrimientos de la playlist Tu Lado B: “And suddenly it seems that I’m where I’m supposed to be, oh. And now I’m fully grown”.