“Volvamos a empezar”: Una lectura decolonial de Happy Together de Wong Kar Wai

“Volvamos a empezar”: Una lectura decolonial de Happy Together de Wong Kar Wai

Por Stefany Flores

Foto: Wong Kar Wai / Happy Together

Happy Together (1997) del director hongkonés Wong Kar-Wai y ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes narra la historia de dos jóvenes homosexuales hongkoneses que deciden emigrar hacia la caótica Argentina de los años noventa con la promesa de visitar la cataratas de Iguazú y así salvar su relación. 

Buenos Aires, un auto varado, Iguazú y una única oportunidad para volver a empezar. Con estas palabras podríamos resumir el inicio de la película «Happy Together» (1997) de Wong Kar Wai. Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes esta película sumerge al espectador en un viaje nostálgico en la qué dos inmigrantes hongkoneses deciden viajar a Argentina para recomenzar su relación amorosa, qué como veremos está marcada por la dependencia emocional y el constante abandono de uno de ellos. Es precisamente el abandono y la ausencia el motivo de este viaje hacia Argentina en donde nuevamente ambos amantes se separarán. y tomarán caminos diferentes para poder sobrevivir en la caótica Buenos Aires de finales de los años noventa. Con la promesa de quizá, volver a ser felices juntos nuevamente. 

En este film se confrontan la ausencia y la dependencia, desencadenando un viaje que se convierte en un acto político en un entorno machista que replica las dinámicas de violencia de su ciudad natal. La película desafía los convencionalismos narrativos occidentales y presenta sujetos complejos, cuya condición de migrantes afecta su vivencia de la sexualidad, como lo ejemplifica Po Win al refugiarse en la prostitución para sobrevivir. En tiempos donde la individualidad de los espacios, sujetos y emocionadas se encuentran sofocadas bajo el peso de la globalización, esta película demuestra qué el contexto, es decir, el pasado de una persona puede servir como una forma de resistencia simbólica frente a la diáspora del sujeto migrante que se enfrenta a nuevos códigos culturales de otro país. 

Audrey Yue, investigadora de la  Universidad de Singapur, usa el término Queer Asian (inmigrants) para definir una dinámica de contextos locales específicos y discursos aparentemente subalternos. Es precisamente esta crítica la qué adapta Audrey Yue para proponer el término Queer (N) Asian el cual conecta con un nuevo horizonte qué críticamente desplaza las nociones aparentemente fijas de lo queer y lo asiático. Incluso, Yue sugiere qué el término produce una identidad queer asiática transnacional qué irrumpe con esa identidad post-Stonewall anglosajona la cual fue propuesta como un modelo narrativo para una identidad sexual queer. Es con estas características e influencias de lo Queer (N) Asian en las qué precisamente Happy Together transita. La intertextualidad entre la ciudad de Hong Kong y Argentina, así como la resistencia a un pink ending, tan particularmente registrado como parte del engranaje de los productos occidentales culturales. 

Entre los fragmentos de ausencia: Yiu – Fai y Po-Wing 

La primera vez que uno ve Happy Together no puede resistirse a su irresistible atracción, la combinación de la música y la riqueza de las imágenes. Cautiva profundamente, especialmente por su representación de Buenos Aires.  La película nos sumerge en las dificultades que enfrentan Lai Yiu-Fai, interpretado por Tony Leung Chiu-Wai, y Ho Po-Wing, interpretado por Leslie Cheung, como una pareja gay de Hong Kong viviendo como expatriados en Buenos Aires. 

La película se presenta como un collage de diversas situaciones y contextos, un mosaico de piezas que, de alguna manera, se conectan pero nunca se fusionan completamente. La primera parte se enfoca en el inevitable final de la relación de pareja entre Yiu-Fai y Po-Wing. En la segunda mitad, entra en escena un nuevo personaje: Chang, interpretado por Chang Chen, quien se convierte en amigo de Yiu-Fai. Mientras Yiu-Fai trabaja en diversos empleos con el objetivo de ahorrar lo suficiente para regresar a Hong Kong, Po-Wing se ve obligado a prostituirse como acompañante gay para mantenerse a sí mismo en las calles de Buenos Aires. Por otro lado, Yiu-Fai conseguirá trabajos en lugares predominantemente masculinos, como el matadero y el chifa, sin embargo esto refuerza la complejidad de definirse como migrante y sujeto queer. Yiu-Fai performa una personalidad de tipo duro, pero es quizás quien más en el fondo ha sentido el abandono, no solo de su amante, sino también de su patría pues para viajar a Buenos Aires tuvo qué robarle a su padre. 

Ambos personajes son muy duros en el trato qué se dan uno a otro, sin embargo las voces en off revelan personalidades frágiles internas marcadas por el abandono, manifestándose en actos violentos como una forma de procesar sus emociones. La relación entre ellos, aunque llena de amor, se revela como perjudicial para ambos en el contexto del siglo XXI, caracterizado por la soledad y la agitación.  En medio de esta dinámica, las historias de Yiu-Fai, Po-Wing y Chang se entremezclan en maneras diferentes y específicas, especialmente cuando desafían el marco heterosexual predominante de un Buenos Aires machista.

Aunque «Happy Together» aborda de manera sutil la cuestión de la homofobia, su presencia es palpable a lo largo de la trama. En una escena impactante, presenciamos a Po-Wing siendo brutalmente golpeado en un baño público, con sus manos y rostro sangrando y huesos rotos. Yiu-Fai lo lleva al hospital y luego a su hogar, donde Po-Wing debe refugiarse para su seguridad. La brevedad de la escena del ataque no disminuye su impacto, y es evidente que uno de los clientes ha perpetrado la violencia, forzando a Po-Wing a esconderse en casa de Yiu-Fai por seguridad.

La película destaca las agresiones físicas contra personas queer, una realidad no tan infrecuente en Buenos Aires. En muchos casos, estos crímenes motivados por el odio resultan en la muerte, y los perpetradores rara vez son identificados o procesados por la policía. «Happy Together» se aparta de las convenciones de las películas convencionales al ofrecer una constante renegociación de identidades transnacionales en una era de globalización. La narrativa presenta una perspectiva única sobre la vida queer al alejarse de los típicos «finales felices», explorando de manera más realista y cruda las complejidades y desafíos que enfrenta la comunidad queer en un contexto global.

Destaca notablemente la importancia de la música en la trama cinematográfica. A lo largo de toda la película se puede escuchar continuamente el tango piazzolla que dramatiza la compleja relación de dependencia qué hay entre los protagonistas. El tango ha sido parte de una cultura en donde se desarrolla bastante la sexualidad y el prototipo de hombre macho, sin embargo la película evoca sus comienzos homoeróticos. Desde un inicio el tango era un baile qué se desarrollaba entre hombres, es recién a partir de 1920 en donde se le permite el ingreso a las mujeres las cuales en su mayoría eran prostitutas. Wong Kar Wai evoca en su película esa raíz homoerótica y lumpen del tango. Primero, con la escena del baile entre ambos protagonistas en la destartalada cocina de la pensión. Luego, en el baile final entre Ho Po Win y un artista de tango. Cabe profundizar otro género musical en la película: la cumbia, esa qué suena cuando Chang y Yei están juntos, se ha convertido ahora en la música de la clase media y representa la apertura de la sociedad hacia el sujeto queer. 

En este contexto de diversidad explorada por los aficionados, la escena de la danza entre Yiu-Fan y Chang lleva consigo las marcas inequívocas del homo-deseo. Chang expresa su aversión por las fotografías y, en cambio, le pide a Yiu-Fan que le grabe un mensaje en una grabadora. Mientras Chang se entrega a la danza de la Cumbia, Yiu-Fan comienza a grabar un mensaje que culmina en lágrimas. Posteriormente, Chang acompaña a Yiu-Fan a su habitación, buscando un lugar tranquilo para despedirse.

A diferencia del tono festivo del club de cumbia en su encuentro anterior, la habitación de Yiu-Fan está llena de melancolía. Sin embargo, esta tristeza no tiene nada que ver con la manipulación frustrante que caracterizaba la relación rota entre Yiu-Fan y Po-Wing. Contrariamente a las tensiones y conflictos presentes en la relación anterior, la escena de Yiu-Fan y Chang revela una conexión más auténtica y menos complicada. La tristeza en la habitación no surge de la ruptura de una relación, sino quizás de la inevitabilidad de la despedida entre dos personas que han encontrado un vínculo genuino en medio de sus propias luchas y complejidades personales.

Contrahemisferios: nace una poeta trujillana

Contrahemisferios: nace una poeta trujillana

Por Diandra García

“Siento que aquí nazco”.

Christina Castillo (Trujillo, 1990), escritora, editora y abogada trujillana que acaba de publicar su primer poemario. 

Lo tengo entre mis manos. Sofá largo, taza de café, cuchara grande para el azúcar (no de postre, curiosamente), galletas Cream Cracker en un plato tendido. Christina Castillo (Trujillo, 1990) desapareció por varios minutos mientras yo espiaba su librero a la distancia. Es tres veces el mío. No se me ocurrió buscar Contrahemisferios allí. 

Es el primer poemario de Christina (escritora, editora, abogada) aunque lleva escribiendo desde adolescente. Un libro maduro. Tapa violeta, rostro clásico (griego) con el cerebro abierto, círculo ámbar detrás de líneas diagonales. Estilo entre minimalista y cyber (diría yo). La solapa está casi vacía. Christina la diseñó “como su nacimiento”: nombre, lugar y año, nada más. Es la autora más inédita posible. Sin embargo, los libros no son, de ningún modo, inéditos para ella.

–Mi mamá nos compraba revistas muy antiguas llamadas Veoveo, con pequeñas historias ilustradas. Fue lo primero que yo de verdad leí, o sea, con gusto.

Asiento. Christina luce el cabello ondulado suelto, lentes negros, expresión amable. En sus gestos, reconozco una predilección agradable que no sé definir. ¿Cuidado? ¿Amabilidad? ¿Decisión? Ahora mismo, son palabras lejanas entre sí, armonizando en su manera de ofrecerme el café con una larga cuchara dorada, como si fuera sopa…

La biblioteca de su infancia pertenecía a su madre. 

Sus primeros libros leídos fueron La cabaña del tío Tom y las novelas policiales de Agatha Christie.

Al egresar de la secundaria, se matriculó en la facultad de Derecho.

–Pensé postular a literatura en la UNT, pero hubo huelga, no se pudo. Entonces fui con mi mamá a la UPAO. Me gustaba la idea de ser abogada, quería comprender lo que decían las noticias.

Antes, en quinto año de secundaria, Christina había formado parte del proyecto Poesía Joven del profesor Manuel Medina. Fue en esos años que su escritura migró de lo que ella considera una imitación de Góngora (“muchos adornos, poemas redondos, poemas perfectos…”) a un espacio diferente. 

–Podías escribir sobre peleas con una enamorada, o con tu familia, y Manuel te escuchaba. No tienes idea de la experiencia que es leer ese poema para un niño.

Su primer recital fue en el Integral Class, colegio conocido por su preparación académica para quienes deseaban ingresar a universidades de escasas plazas disponibles, como la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Eran ocho jóvenes participantes. (contándola a ella). Christina los recuerda como un “grupo de niños poetas”, en medio de los alumnos genios. No fue su única vez como infiltrada. El proyecto de Manuel Medina continuó con universitarios, en la Universidad César Vallejo (UCV), conformando el Círculo de Poetas Jóvenes. Para aparecer en la antología, Christina tuvo que matricularse en la UCV por un ciclo. 

El Círculo es el escenario seguro donde Christina aprendió a sentirse poeta. Hasta la fecha, mantiene el contacto con su maestro, Manuel Medina, y otros miembros. Uno de ellos fue quien realizó la ilustración de Contrahemisferios.

–Hemos sido (el Círculo) parte de la escena cultural trujillana (…) Hubo un evento, Poesía cruzada, en el que intercambiamos poemas con poetas mayores. Preparé mi primer grupo de tres poemas, que han ido mutando hasta encontrarse acá –indica Christina.

Está señalando los hemisferios en mi regazo.

El poemario ya se estaba gestando desde 2018. En un principio, iba a titularse Los hemisferios reales, pero tanto el ritmo de edición como los planes acerca del contenido hicieron a Christina cambiar de idea. Decidió autogestionarse. 

–Es caro publicar. Es difícil para un joven escritor: las librerías se quedan con bastante porcentaje de las ventas, las editoriales grandes no apuestan por ti… Es complicado. 

Inició la casa editora Mireya, cuyo nombre es un tributo a su madre, recientemente fallecida. Es como si, en Contrahemisferios, Christina volviera a nacer de ella, de Mireya, atravesada por la poesía. Por eso la biodata le resulta innecesaria.

–Lo pensé mucho. Se suelen poner premios, yo no he ganado ninguno, o que han participado en eventos…

–Eso sí has hecho.

–Sí, eso he hecho –reflexiona–. Siento que aquí nazco, en todo caso.

Su nacimiento se abre con una sección dedicada al hemisferio izquierdo del cerebro. El lado racional. Los genios del Integral Class en la punta del lápiz de Christina, aproximándose al poema, al papel. Son 8 composiciones que ella define como “intentos de arte poética”, y a las que guarda mayor cariño, por haber consistido un “esfuerzo constructivo más grande”. La segunda sección, más extensa, es el hemisferio derecho. Contiene poemas más antiguos e íntimos. El lado emocional. Allí están, también, los poemas del Círculo y de Poesía cruzada

Pregunto a Christina si cree que el poemario está impregnado de un discurso científico.

–A mí Mme interesa qué parte de nosotros construye poesía. ¿Qué parte de tu mano te hace crear? Por ahí va el juego del libro.

–¿Eso nos ayuda a responder qué es la poesía?

–Ojalá, ¿no? 

–¿Por qué quisiste comenzar desde allí? 

–Porque crecí como un ser humano normal, pero una parte de mí quiere escribir poesía, una parte que busca crear belleza. La otra solo quiere vivir, equivocarse, derramarlo todo, tratar de repararlo. La vida y la muerte, más o menos. Esas son las dos caras del libro.

(…)todo este poema es un ovillo de codicia incesante
un manojo de lluvia que empapa de deseo
la mente de su creador
y nos quema a pesar del sonido
de la rabia que nos mantiene tibios e inmóviles
como esos monstruos
y estas garras que no se detienen                                                           no se detienen

Fragmento de el anticuerpo / la poesía 
(…)el futuro es una lágrima que sin querer mis ojoscontinúan alimentandoesta casa es la tinieblaes el techo que se cierra y la desventura de conseguirseuna verdad que oculte a mis paredes para siemprecomo estos párpados que solo           
 te escuchan




Fragmento de El ojo de Edelmira
hemisferio izquierdo: muerte y poesíahemisferio derecho: vida y razón
Fragmento del poema

Más adelante, hablando sobre música, Christina confesará que escribir un poema es “como una canción feliz”. Yo diréYo me diré que eso es, quizá, su equilibrio entre ambos hemisferios.

Christina ama los libros. Auténticamente. Es incapaz de ofrecer una contestación sencilla a la pregunta: “¿qué estás leyendo?”. Uno en la cartera, uno en el pie de cama, uno para cuando se alargan las colas… Más re-lectora que lectora: repasa sus textos subrayados con frecuencia. De hecho, repasa su propia vida.

–Ahora que lo pienso, medio que sí gané algo.

En 2019, Rafa, su esposo, envió dos cuentos al concurso de narrativa A todo papel de El Cultural (Trujillo). Solo se permitía una postulación por persona, así que inscribió el nombre de Christina para el segundo. Ese resultó ganador.

Christina asistió a la premiación, otorgó entrevistas, fue fotografiada, y recibió el cartón y las felicitaciones con humildad culpableculpable humildad. Lo cuenta riendo, aun si no es una burla. Hay algo gracioso, tierno incluso, en su forma de hacer memoria. El diploma parece más un símbolo de su complicidad con Rafa que de excelencia literaria. Eso me hace sonreír, como una canción feliz lo haría.

–Si este es tu nacimiento, ¿cuál es tu primera palabra? –interrumpo de repente, con una curiosidad ya lejana de mi labor de entrevistadora.

Esta vez, Christina no tarda demora ni dos segundos en contestar. 

–Palabra. 

Esa sola presencia sonora, en el aire, me lanza de nuevo a la sonrisa. Detengo la grabación de voz. Agradezco a Christina. Guardo mi ejemplar de Contrahemisferios en la mochila, sin haberlo ojeado a consciencia. Desde el café y las Cream Crackers, han pasado veinte makis, una Sprite y dos taquitos de atún entre nosotras. No me preocupa definir la predilección agradable de los gestos de Christina Castillo. Al menos, no tanto como abrazarla antes de despedirme.

No lo he mencionado antes, pero Christina Castillo, como yo, se mudó de Trujillo a Lima al culminar la universidad. En la actualidad, vive con Rafa, Brausen (su perro) y un roomie, en un departamento de Miraflores. Conocerla fueron los movimientos de Brausen dándome la bienvenida, un saludo alegre, el librero que habló en la entrevista a través de ella. Todo eso apenas crucé la puerta, sin necesidad de biografía.

LAS BAMBAS: HABLAN LAS MUJERES

LAS BAMBAS: HABLAN LAS MUJERES

¿Cómo viven las mujeres al lado de una de las minas más grandes del Perú?

FOTO: Juan Marin

Por Leah Sacín @leahsacin

Historias de mujeres en defensa del territorio, machismo, discriminación y lucha. Criminalización, afectación de la familia y el tremendo esfuerzo de cumplir con las labores de cuidado y también representar a su comunidad.

En dieciocho años desde que empezó a funcionar el proyecto minero Las Bambas, mucho se ha escrito sobre los problemas ambientales y sociales que rodean al proyecto. Esta vez son las mujeres las que tienen la palabra para contar cómo una de las minas de cobre más grandes y productivas del Perú tiene un tremendo impacto en sus vidas.

El rubro de las empresas extractivas es uno de los más difíciles para las mujeres profesionales. Según el «Informe de Empleo Minero 2019: Panorama y tendencias en el Perú», que realiza el Ministerio de Energía y Minas, habían 14,442 mujeres trabajando en el sector minero. Lo que significaba 8,360 más que en el 2009.

En 2020 la Consultora Igualab calculaba que las mujeres dedicadas a la minería en Perú representaban 6.87% en la mediana y gran minería, 7.17% en la pequeña minería y 9.62% en la minería artesanal. Además, las mujeres en minería representan 21.6% en la administración, 12.1% en gerencia, 5.1% en operaciones generales y 3.3% en planta.

No hay cifras específicas respecto a la participación de mujeres en los Frentes de Defensa o en las juntas directivas y organizaciones  comunales, pero hay algunas respecto a representación política que reflejan la magnitud del problema: no hay ninguna mujer al frente de un gobierno regional y solo 2% de las alcaldías a nivel nacional son lideradas por una mujer.

La protesta social alrededor del proyecto Minero Las Bambas también ha tenido rostro de mujer. En los comités de defensa ambiental y en las comunidades, muchas mujeres dirigentes han cumplido un rol fundamental en la lucha.

La vicepresidenta: Virginia

FOTO: Juan Marin

Llegamos hasta Haquira, provincia de Cotabambas, Región Apurímac, para entrevistar a Virginia Pinares. Ella fue vicepresidenta del Frente de Defensa de los Intereses de la Provincia de Cotabambas en los momentos más duros de la protesta social de Las Bambas. Estuvo allí en 2015 y 2016, los dos hitos más trágicos, pues fue cuando murieron sus compañeros. Las mujeres estuvieron en primera línea de defensa del territorio y el medio ambiente pero también al lado de las que más sufrieron.

“Como dirigente yo siempre he participado, desde antes incluso de la minería porque es importante que estemos organizados y reclamemos por nuestros derechos como mujeres porque siempre nos discriminaban y siempre había vulneración de derechos, no educaban a las mujeres, no tenían DNI, siempre había machismo”, evoca con esa actitud rebelde que siempre la ha llevado a no quedarse de brazos cruzados ante aquello que considera injusto.

“Un pequeño grupo de mujeres aquí, en el distrito de Haquira, nos hemos organizado. Primero tuvimos un Congreso con políticos y teníamos, poco a poco, que organizarnos, nada de “dedocracia” todo por democracia para que también podamos ser elegidas”, relata.

En ese trajinar dentro de las organizaciones es imposible no detectar el machismo que atraviesa a las comunidades, pero también a las organizaciones sociales “Las mujeres como dirigentes siempre tienen problemas para representar, sobre todo con la familia, pero hay que organizarse cuando se está planificado todo y hay que hablar con la familia, con el esposo, con los hijos para asistir a capacitaciones y reuniones, una siempre sale adelante”, pero para salir adelante Virginia sabe muy bien que a las mujeres les cuesta el doble. Las labores de cuidado son la prioridad y para tener tiempo de involucrarse en la comunidad debe primero cumplir con ellas. Es por eso que muchas veces van con sus hijos a las jornadas, a los talleres, a las reuniones de la comunidad. Cuesta el doble, pero para Virginia no hay barrera infranqueable.

Ser dirigente y defensora del medio ambiente le ha traído problemas incluso con la justicia. No solo hay un estigma social, especialmente hacia las mujeres, sino también la criminalización de la protesta.

“Mi hijo estaba estudiando y por los problemas que yo tenía de denuncias jaló el curso. Él es ingeniero ambiental, pero recién terminó este año y ha tenido problemas para encontrar trabajo. Hay una discriminación con mis hijos por ser yo dirigente. Nosotras no estamos en contra de la minería, pero queremos minería responsable, que cumpla con el medio ambiente. Que quede algo para ellos y que quede algo para la comunidad también”, dice Virginia.

“- ¿Tus hijos te han pedido que dejes la dirigencia?- le pregunto: “Sí, me dicen ¿qué sacas tú? Al contrario, te hacen visible y no consigues trabajo, nos discriminan, es peor que te hagas visible. Los que nos quejamos luego tenemos a las autoridades en la mira”, responde con cierto sinsabor.

La profesora: Lizbeht

FOTO: Juan Marín

Lizbeht Abarca es docente de educación primaria y luchadora social en un pueblo conservador como es Tambobamba. Ella se refiere a las denuncias que le han interpuesto, como diplomas. Llega a la entrevista con un folder donde sus “diplomas” están organizados por etapas, hay denuncias de su vida sindical y otras de la lucha por el territorio y el medio ambiente.

“Tenemos que buscar nuestros espacios para poder también representar a nuestro pueblo, llevar los destinos del país. Siempre pienso en las mujeres que asumen cargos de autoridad que nos representan a todas. En mi pueblo nunca hemos tenido una mujer de autoridad”. Lo que cuenta Lizbeht es una constante en la región Apurímac en donde nunca una mujer ha ocupado el cargo de Gobernador Regional. En las Elecciones Regionales y Municipales 2018 el porcentaje de mujeres elegidas en su región fue alrededor de 1% según información de IDEA Internacional.

A sus 42 años esta maestra con espíritu transformador tiene muy claro quién es y a dónde se dirige con cada paso que da. “Yo me considero una defensora del Medio Ambiente y en defensa de los compañeros, de la población, siempre he actuado. Desde joven he sido dirigente, en mi barrio, en mi comunidad y también en el SUTEP. El 2014 entré como Presidenta del barrio Huancallo y me uní a los frentes de defensa distrital, provincial, y hemos hecho un reclamo justo defendiendo el medio ambiente. Estaban haciendo muchos atropellos desde la empresa”, cuenta con convicción.

La vida de Lizbeht ha transcurrido entre las aulas, las calles y los juzgados. Sin embargo no se arrepiente del camino elegido. “Sí, he sentido alguna vez que me han tratado de menos por ser mujer. Me he cruzado con maltratadores de mujeres, pero a mi no me amedrenta eso”, nos cuenta mientras reafirma que haber decidido permanecer soltera -y no tener hijos- fue una decisión coherente con su esencia como mujer”. Afirmó también que “cuando comentan por qué no me casé, por qué no tengo hijos, yo lo tomo como de quien viene. Pero, yo me he dedicado a ser dirigente, esa ha sido mi pasión y me dediqué netamente a eso. Mis papás siempre me han apoyado, nunca me han criticado por no casarme y tener hijos. Yo les agradezco a ellos y a mi hermana. Ella también ha sido siempre una líder”.

Lizbeht lleva un sombrero al estilo de Tambobamba, son días de carnaval, pero ella nos dedica su tiempo porque le da muchísima importancia a su voz como mujer en el espacio público. “Yo no he sabido lo que es maltrato de pareja, pero muchas veces si menosprecio de los dirigentes y algunas autoridades locales. Muchas veces han querido que deje los cargos que he tenido, pero yo no soy así. Yo veo bastante machismo -lamentablemente- en mi distrito, yo soy tambobambina. A veces si tengo temor por todo lo que se ve de los crímenes. Pero no voy a dejar mi labor, miedo finalmente, solo a Dios”.

En la siguiente entrega, Leah Sacín nos relatará la historia de Isaura, Agustina y Antonia, viudas del conflicto social.

Conoce la campaña que impulsa la llegada de la primer jueza negra en el Tribunal Supremo de Brasil

Conoce la campaña que impulsa la llegada de la primer jueza negra en el Tribunal Supremo de Brasil

Por Fernanda Canofre; Traducido por Valeria Malavolta para GLOBAL VOICES

Afiches de campaña por una mujer negra en la Corte Suprema aparecieron en 15 capitales brasileñas, con frases como «Mujeres negras al poder» y «Justicia para las mujeres negras en el Tribunal Supremo para ayer».| Imagen: Naetê Andreo/Igniz Filme/Publicity

Los brasileños están llevando a cabo una campaña que abarca desde Nueva Delhi a Times Square para presionar al presidente Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva a nombrar a la primer mujer negra para un asiento en el Tribunal Supremo.

En sus 132 años de existencia, a pesar de ser un país donde el 56% de su población se identifica como negra o de ascendencia étnica mixta, el tribunal solo ha tenido tres jueces negros, todos hombres.

Entre los 171 jueces en su historia, tres fueron mujeres: la primera, Ellen Gracie, que fue designada recién en 2000.

El siguiente lugar está ahora vacante con la jubilación de otra mujer, la jueza Rosa Weber. Con su salida a comienzos de octubre, solo queda una mujer entre los actuales diez jueces, Carmen Lúcia.

Más allá de la brecha de género, hay una división racial aún más profunda en el sistema.

Una encuesta publicada recientemente por el Consejo Nacional de Seguridad (CNJ) mostró que solo el 1,7% de los jueces brasileños se identifica como negro, y el 12,8% se identifica se considera de etnia mixta (pardo, en portugués). Una aplastante mayoría, el 83,8% de los jueces en el país, se identifica como blanco.

«La cantidad de tuits que leo sobre «Joaquim Barbosa es negro y eso es lo que pasó» es extraña. Me pregunto si la gente lee lo que escribe, porque no puede ser posible… pero lo es. Hay mucho racista bueno, «paternalista», preocupado por el «bien» del país...
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Jueza negra ahora.
Queremos una jueza negra en el Supremo Tribunal Federal.
Brasil no acepta un juez conservador más. Presionemos al presidente Lula».

Con etiquetas en redes sociales como #MinistraNegraJá (jueza negra ahora) y #PretaMinistra (jueza negra), la campaña busca enviar correos electrónicos al Gobierno federal como forma de presionar a Lula, líder de centro izquierda, para el próximo nombramiento.

Joel Luiz Costa, director del Instituto para la Defensa de la Población Negra (IDPN), una de las organizaciones involucradas en la campaña, dijo al portal de noticias G1:

«Es importante que avancemos en el entendimiento de la democracia en Brasil. Es imposible sostener que vivimos en total democracia cuando la comunidad negra, que representa al 56% del país y las mujeres negras, que son el 28% de la población nacional, jamás han sido representadas por una mujer negra en el Supremo Tribunal Federal en 132 años».

La decisión de Lula

En junio, cuando quedó libre otro asiento, Lula nombró a Cristiano Zanin como juez. Zanin, hombre blanco, fue el fiscal responsable de defender al actual presidente en el caso de corrupción conocido como Operación Lava Jato.

Lula fue condenado y encarcelado por más de un año, pero la sentencia fue luego anulada por el Supremo Tribunal, la mayoría de los jueces afirmó que el caso no debería haber avanzado en la primera instancia legal como avanzó.

Además, los mensajes de Telegram filtrados entre el juez del caso, Sergio Moro, y la fiscalía, llevaron al Tribunal a dictaminar que estuvo sesgado. Los mensajes fueron publicados primero por The Intercept Brasil. Moro dejó su puesto para convertirse en el ministro de Justicia de Jair Bolsonaro y ahora es senador federal.

La designación de Zanin, con la aprobación de los aliados de Bolsonaro en el Congreso, hizo enojar a muchos que apoyaron y votaron por Lula en 2022. Sus primeros dictámenes en agosto siguieron una tendencia conservadora: uno de sus votos fue contra la despenalización de la marihuana para uso personal.

Esto aumentó la presión sobre Lula para tener una designación más progresiva y diversa en la segunda banca libre.

Aunque el presidente no ha expresado públicamente sobre su decisión aún, no hay ninguna mujer mencionada entre las favoritas hasta el momento, según la prensa brasileña.

A finales de septiembre, al acercarse la decisión, Lula declaró que el criterio para su elección no estaría basado en el género o en la raza, y que esto no debería seguir cuestionándose. «Elegiré a alguien que pueda entender las expectativas de Brasil, que pueda servir a Brasil y que respete a las sociedad brasileña», manifestó.

El rastro de la campaña

El comediante Gregorio Duvivier, que apoyó a Lula en las elecciones pero criticó la designación de Zanin, hizo énfasis en su programa de HBO, Greg News, la importancia de sopesar la opciones.

Duvivier ha sido atacado por impulsar la campaña por una jueza negra, y recuerda la lista de tres candidatas propuesta por el movimiento Mulheres Negras Decidem (Mujeres negras deciden), que le pidieron a Lula reunirse para tomar un café. Las candidatas son: la jueza Adriana Cruz, la fiscal Livia Sant’Anna Vaz, y la abogada Soraia Mendes.

El teólogo y activista Ronilso Pacheco escribió en un articulo publicado por The Intercept Brasil que la discusión ahora está más concentrada en el acceso a las posiciones de poder y menos en la diversidad en si misma, lo que hace notar que Lula será recordado por no designar a una mujer negra para el Supremo Tribunal.

En el periódico Folha de S. Paulo, el columnista Celso Rocha de Barros, autor de »PT, una historia» (libro acerca de la historia del partido de Lula), argumenta que la razón por la cual algunos políticos de izquierda evitan las críticas dirigidas a Lula y al actual gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) puede deberse al miedo de encontrarse parte de la oleada contra el PT, como aquellos que protestaban en 2013. Pero destaca que la demanda del movimiento negro debería pesar más en esta situación:

«Simplemente no hay suficientes personas negras en los círculos legales en los que se insertan los presidentes brasileños, así que cuando se alza la pregunta: «¿a quién puedo designar que sea cercano a mí?», no viene el nombre de un hombre o mujer negro a la mente.

(…)

Una de las razones para luchar por la representatividad es neutralizar aquellos mecanismos que hoy crean subrepresentación y la perpetúan para el día de mañana»

El sitio web de la campaña destaca:

«Tener una jueza negra en el Supremo Tribunal es esencial para avanzar en la tan necesaria transformación del sistema de justicia brasileño, no solo por la importancia de ver representación en la esferas de poder, sino para que las estructuras en las que se aplica la justicia cambien. Y no hay mejor momento para avanzar que cuando hay un gobierno progresista. Pero esta batalla no ha terminado».

Hungría Tovar: “Tomé las riendas de los días que estaba viviendo”

Hungría Tovar: “Tomé las riendas de los días que estaba viviendo”

Por Gabriel Vegas

Hungría Tovar (53) es una migrante venezolana en Perú. A propósito del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, este es su testimonio como sobreviviente.

«Le dije a mi ginecóloga que tenía un bultico en el seno, que siempre me chequeaba. Me recomendó ir al mastólogo. Fui a la consulta con Ángel, mi pareja. Le expliqué al doctor lo que había pasado, le llevé todos mis papeles. Me hizo mi examen físico. Vi que puso una cara no muy agradable. 

¡Mira, tenemos que hacer una biopsia lo más pronto posible, rápido!, me dijo.

Buscamos el día para hacer la cirugía. Yo estaba un poquito asustada, por supuesto. Mi cuerpo rechazó la anestesia. Fue bastante doloroso. Ahora había que esperar los resultados.

Llegó el día. Mi hijo me acompañó. 

Salió positivo.

Fue uno de los peores momentos de mi vida. Terrible y devastador tanto para mí como para mi hijo. No sé qué pensaba. Mi mente estaba en blanco. El médico me dijo que la medicina ha avanzado, que hay mucha tecnología.

Fui a donde mi hermana para darle la noticia. Yo estaba en shock. Fueron horas muy duras. Todo estaba como en tinieblas. Lloré mucho, lloré muchísimo. Llegamos a la casa y nos abrazamos en familia. No sabía qué pasaría, no sabía qué hacer.

La recuperación de la operación fue larga y dolorosa. Mi seno, mi pecho, mi teta estaba muy adolorida. La herida se contaminó, el olor que salía de allí era horrible. Eran curas y curas. Sufrí muchísimo, demasiado.

A pesar que estaba muy confundida con el diagnóstico, más la recuperación, empecé a hablarle a mi cuerpo, a mis células y a pedirle perdón. Le pedí perdón todos los días. Yo practico Ho’oponopono, una técnica ancestral hawaiana de sanación a través de las palabras. Todos los días ponía mi mano en mi pecho y le decía: lo siento, perdón, te amo, gracias. Desde ese momento empecé a tomar conciencia. 

Acepté lo que estaba viviendo, asumí el resultado, asumí la recuperación, sin lamento, sin culpa. Le pedí a Dios que me ayudara y con mi fe en el Dr. José Gregorio Hernández, un beato venezolano, al que somos devotos gracias a mi abuela Felicia y a mi mamá.

Algo milagroso una noche sucedió. Yo llevaba días sin poder dormir, porque la anestesia me dejó con insomnio. Me quedé dormida y tuve un sueño. Sentí que mis senos se movían, como un remolino por dentro. 

A partir de ese día empecé a recuperarme. La fe mueve montañas, las ganas de recuperarme, el cariño de las personas que me cuidaron, todo eso se unió. El siguiente paso era ir al Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN).

Los primeros días en el hospital fueron muy duros, ver tanta gente con el mismo padecimiento que yo, nada fácil. Mi mente se agotaba. Volví a asumir el nuevo reto. Cambié mi alimentación y vi todo con mayor responsabilidad y mucha valentía. Tomé las riendas de los días que estaba viviendo. Mi fe se hizo más intensa.

Tuve una segunda operación que gracias a Dios salió excelente. Mi hijo me cuidó por tres días, después seguí el reposo con Ivana, mi sobrina – hija. Me acompañó junto a sus dos pequeños, Fabián y Damián. Me abrazaban, me daban besos, el cariño de esos niños fue la recuperación completa. 

Luego fueron meses de citas y citas. Yo estaba preparando mi mente y mi cuerpo para el tratamiento que venía. Me corté el cabello cortico, para que no fuera tan traumático si perdía el pelo. Me dijeron que solo me iban a hacer 5 sesiones de radioterapia y que mis axilas estaban totalmente sanas, para mí fue un milagro. Yo estaba llorando de alegría. Sentía mucho miedo pero tenía muchas ganas de que me hicieran mi tratamiento. Esa es mi dosis de salud, tengo que entrar en la máquina. 

Después de haber terminado satisfactoriamente las radioterapias, quedé en mi chequeo mensual y tomando varias pastillas. Gracias a Dios ha salido todo bien.

Querida sé lo que siente tu corazón, puedo decirte que todo pasará y el tiempo todo lo cura. 

Soy Hungría Tovar, sobreviviente del cáncer de mama y ahora tengo una nueva oportunidad».