Christina Castillo (Trujillo, 1990), escritora, editora y abogada trujillana que acaba de publicar su primer poemario.
Lo tengo entre mis manos. Sofá largo, taza de café, cuchara grande para el azúcar (no de postre, curiosamente), galletas Cream Cracker en un plato tendido. Christina Castillo (Trujillo, 1990) desapareció por varios minutos mientras yo espiaba su librero a la distancia. Es tres veces el mío. No se me ocurrió buscar Contrahemisferios allí.
Es el primer poemario de Christina (escritora, editora, abogada) aunque lleva escribiendo desde adolescente. Un libro maduro. Tapa violeta, rostro clásico (griego) con el cerebro abierto, círculo ámbar detrás de líneas diagonales. Estilo entre minimalista y cyber (diría yo). La solapa está casi vacía. Christina la diseñó “como su nacimiento”: nombre, lugar y año, nada más. Es la autora más inédita posible. Sin embargo, los libros no son, de ningún modo, inéditos para ella.
–Mi mamá nos compraba revistas muy antiguas llamadas Veoveo, con pequeñas historias ilustradas. Fue lo primero que yo de verdad leí, o sea, con gusto.
Asiento. Christina luce el cabello ondulado suelto, lentes negros, expresión amable. En sus gestos, reconozco una predilección agradable que no sé definir. ¿Cuidado? ¿Amabilidad? ¿Decisión? Ahora mismo, son palabras lejanas entre sí, armonizando en su manera de ofrecerme el café con una larga cuchara dorada, como si fuera sopa…
La biblioteca de su infancia pertenecía a su madre.
Sus primeros libros leídos fueron La cabaña del tío Tomy las novelas policiales de Agatha Christie.
Al egresar de la secundaria, se matriculó en la facultad de Derecho.
–Pensé postular a literatura en la UNT, pero hubo huelga, no se pudo. Entonces fui con mi mamá a la UPAO. Me gustaba la idea de ser abogada, quería comprender lo que decían las noticias.
Antes, en quinto año de secundaria, Christina había formado parte del proyecto Poesía Jovendel profesor Manuel Medina. Fue en esos años que su escritura migró de lo que ella considera una imitación de Góngora (“muchos adornos, poemas redondos, poemas perfectos…”) a un espacio diferente.
–Podías escribir sobre peleas con una enamorada, o con tu familia, y Manuel te escuchaba. No tienes idea de la experiencia que es leer ese poema para un niño.
Su primer recital fue en el Integral Class, colegio conocido por su preparación académica para quienes deseaban ingresar a universidades de escasas plazas disponibles, como la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Eran ocho jóvenes participantes. (contándola a ella). Christina los recuerda como un “grupo de niños poetas”, en medio de los alumnos genios. No fue su única vez como infiltrada. El proyecto de Manuel Medina continuó con universitarios, en la Universidad César Vallejo (UCV), conformando el Círculo de Poetas Jóvenes. Para aparecer en la antología, Christina tuvo que matricularse en la UCV por un ciclo.
El Círculo es el escenario seguro donde Christina aprendió a sentirse poeta. Hasta la fecha, mantiene el contacto con su maestro, Manuel Medina, y otros miembros. Uno de ellos fue quien realizó la ilustración de Contrahemisferios.
–Hemos sido (el Círculo) parte de la escena cultural trujillana (…) Hubo un evento, Poesía cruzada, en el que intercambiamos poemas con poetas mayores. Preparé mi primer grupo de tres poemas, que han ido mutando hasta encontrarse acá –indica Christina.
Está señalando los hemisferios en mi regazo.
El poemario ya se estaba gestando desde 2018. En un principio, iba a titularseLos hemisferios reales, pero tanto el ritmo de edición como los planes acerca del contenido hicieron a Christina cambiar de idea. Decidió autogestionarse.
–Es caro publicar. Es difícil para un joven escritor: las librerías se quedan con bastante porcentaje de las ventas, las editoriales grandes no apuestan por ti… Es complicado.
Inició la casa editora Mireya, cuyo nombre es un tributo a su madre, recientemente fallecida. Es como si, en Contrahemisferios, Christina volviera a nacer de ella, de Mireya, atravesada por la poesía. Por eso la biodata le resulta innecesaria.
–Lo pensé mucho. Se suelen poner premios, yo no he ganado ninguno, o que han participado en eventos…
–Eso sí has hecho.
–Sí, eso he hecho –reflexiona–. Siento que aquí nazco, en todo caso.
Su nacimiento se abre con una sección dedicada al hemisferio izquierdo del cerebro. El lado racional. Los genios delIntegral Class en la punta del lápiz de Christina, aproximándose al poema, al papel. Son 8 composiciones que ella define como “intentos de arte poética”, y a las que guarda mayor cariño, por haber consistido un “esfuerzo constructivo más grande”. La segunda sección, más extensa, es el hemisferio derecho. Contiene poemas más antiguos e íntimos. El lado emocional. Allí están, también, los poemas del Círculoy de Poesía cruzada.
Pregunto a Christina si cree que el poemario está impregnado de un discurso científico.
–A mí Mme interesa qué parte de nosotros construye poesía. ¿Qué parte de tu mano te hace crear? Por ahí va el juego del libro.
–¿Eso nos ayuda a responder qué es la poesía?
–Ojalá, ¿no?
–¿Por qué quisiste comenzar desde allí?
–Porque crecí como un ser humano normal, pero una parte de mí quiere escribir poesía, una parte que busca crear belleza. La otra solo quiere vivir, equivocarse, derramarlo todo, tratar de repararlo. La vida y la muerte, más o menos. Esas son las dos caras del libro.
(…)todo este poema es un ovillo de codicia incesante un manojo de lluvia que empapa de deseo la mente de su creador y nos quema a pesar del sonido de la rabia que nos mantiene tibios e inmóviles como esos monstruos y estas garras que no se detienen no se detienen
Fragmento de el anticuerpo / la poesía
(…)el futuro es una lágrima que sin querer mis ojoscontinúan alimentandoesta casa es la tinieblaes el techo que se cierra y la desventura de conseguirseuna verdad que oculte a mis paredes para siemprecomo estos párpados que solo te escuchan
Fragmento de El ojo de Edelmira
hemisferio izquierdo: muerte y poesía
hemisferio derecho: vida y razón
Fragmento del poema
Más adelante, hablando sobre música, Christina confesará que escribir un poema es “como una canción feliz”. Yo diréYo me diré que eso es, quizá, su equilibrio entre ambos hemisferios.
Christina ama los libros. Auténticamente. Es incapaz de ofrecer una contestación sencilla a la pregunta: “¿qué estás leyendo?”. Uno en la cartera, uno en el pie de cama, uno para cuando se alargan las colas… Más re-lectora que lectora: repasa sus textos subrayados con frecuencia. De hecho, repasa su propia vida.
–Ahora que lo pienso, medio que sí gané algo.
En 2019, Rafa, su esposo, envió dos cuentos al concurso de narrativa A todo papelde El Cultural(Trujillo). Solo se permitía una postulación por persona, así que inscribió el nombre de Christina para el segundo. Ese resultó ganador.
Christina asistió a la premiación, otorgó entrevistas, fue fotografiada, y recibió el cartón y las felicitaciones con humildad culpableculpable humildad. Lo cuenta riendo, aun si no es una burla. Hay algo gracioso, tierno incluso, en su forma de hacer memoria. El diploma parece más un símbolo de su complicidad con Rafa que de excelencia literaria. Eso me hace sonreír, como una canción feliz lo haría.
–Si este es tu nacimiento, ¿cuál es tu primera palabra? –interrumpo de repente, con una curiosidad ya lejana de mi labor de entrevistadora.
Esta vez, Christina no tarda demora ni dos segundos en contestar.
–Palabra.
Esa sola presencia sonora, en el aire, me lanza de nuevo a la sonrisa. Detengo la grabación de voz. Agradezco a Christina. Guardo mi ejemplar de Contrahemisferios en la mochila, sin haberlo ojeado a consciencia. Desde el café y las Cream Crackers, han pasado veinte makis, una Sprite y dos taquitos de atún entre nosotras. No me preocupa definir la predilección agradable de los gestos de Christina Castillo. Al menos, no tanto como abrazarla antes de despedirme.
No lo he mencionado antes, pero Christina Castillo, como yo, se mudó de Trujillo a Lima al culminar la universidad. En la actualidad, vive con Rafa, Brausen (su perro) y un roomie, en un departamento de Miraflores. Conocerla fueron los movimientos de Brausen dándome la bienvenida, un saludo alegre, el librero que habló en la entrevista a través de ella. Todo eso apenas crucé la puerta, sin necesidad de biografía.
Historias de mujeres en defensa del territorio, machismo, discriminación y lucha. Criminalización, afectación de la familia y el tremendo esfuerzo de cumplir con las labores de cuidado y también representar a su comunidad.
En dieciocho años desde que empezó a funcionar el proyecto minero Las Bambas, mucho se ha escrito sobre los problemas ambientales y sociales que rodean al proyecto. Esta vez son las mujeres las que tienen la palabra para contar cómo una de las minas de cobre más grandes y productivas del Perú tiene un tremendo impacto en sus vidas.
El rubro de las empresas extractivas es uno de los más difíciles para las mujeres profesionales. Según el «Informe de Empleo Minero 2019: Panorama y tendencias en el Perú», que realiza el Ministerio de Energía y Minas, habían 14,442 mujeres trabajando en el sector minero. Lo que significaba 8,360 más que en el 2009.
En 2020 la Consultora Igualab calculaba que las mujeres dedicadas a la minería en Perú representaban 6.87% en la mediana y gran minería, 7.17% en la pequeña minería y 9.62% en la minería artesanal. Además, las mujeres en minería representan 21.6% en la administración, 12.1% en gerencia, 5.1% en operaciones generales y 3.3% en planta.
No hay cifras específicas respecto a la participación de mujeres en los Frentes de Defensa o en las juntas directivas y organizaciones comunales, pero hay algunas respecto a representación política que reflejan la magnitud del problema: no hay ninguna mujer al frente de un gobierno regional y solo 2% de las alcaldías a nivel nacional son lideradas por una mujer.
La protesta social alrededor del proyecto Minero Las Bambas también ha tenido rostro de mujer. En los comités de defensa ambiental y en las comunidades, muchas mujeres dirigentes han cumplido un rol fundamental en la lucha.
La vicepresidenta: Virginia
FOTO: Juan Marin
Llegamos hasta Haquira, provincia de Cotabambas, Región Apurímac, para entrevistar a Virginia Pinares. Ella fue vicepresidenta del Frente de Defensa de los Intereses de la Provincia de Cotabambas en los momentos más duros de la protesta social de Las Bambas. Estuvo allí en 2015 y 2016, los dos hitos más trágicos, pues fue cuando murieron sus compañeros. Las mujeres estuvieron en primera línea de defensa del territorio y el medio ambiente pero también al lado de las que más sufrieron.
“Como dirigente yo siempre he participado, desde antes incluso de la minería porque es importante que estemos organizados y reclamemos por nuestros derechos como mujeres porque siempre nos discriminaban y siempre había vulneración de derechos, no educaban a las mujeres, no tenían DNI, siempre había machismo”, evoca con esa actitud rebelde que siempre la ha llevado a no quedarse de brazos cruzados ante aquello que considera injusto.
“Un pequeño grupo de mujeres aquí, en el distrito de Haquira, nos hemos organizado. Primero tuvimos un Congreso con políticos y teníamos, poco a poco, que organizarnos, nada de “dedocracia” todo por democracia para que también podamos ser elegidas”, relata.
En ese trajinar dentro de las organizaciones es imposible no detectar el machismo que atraviesa a las comunidades, pero también a las organizaciones sociales “Las mujeres como dirigentes siempre tienen problemas para representar, sobre todo con la familia, pero hay que organizarse cuando se está planificado todo y hay que hablar con la familia, con el esposo, con los hijos para asistir a capacitaciones y reuniones, una siempre sale adelante”, pero para salir adelante Virginia sabe muy bien que a las mujeres les cuesta el doble. Las labores de cuidado son la prioridad y para tener tiempo de involucrarse en la comunidad debe primero cumplir con ellas. Es por eso que muchas veces van con sus hijos a las jornadas, a los talleres, a las reuniones de la comunidad. Cuesta el doble, pero para Virginia no hay barrera infranqueable.
Ser dirigente y defensora del medio ambiente le ha traído problemas incluso con la justicia. No solo hay un estigma social, especialmente hacia las mujeres, sino también la criminalización de la protesta.
“Mi hijo estaba estudiando y por los problemas que yo tenía de denuncias jaló el curso. Él es ingeniero ambiental, pero recién terminó este año y ha tenido problemas para encontrar trabajo. Hay una discriminación con mis hijos por ser yo dirigente. Nosotras no estamos en contra de la minería, pero queremos minería responsable, que cumpla con el medio ambiente. Que quede algo para ellos y que quede algo para la comunidad también”, dice Virginia.
“- ¿Tus hijos te han pedido que dejes la dirigencia?- le pregunto: “Sí, me dicen ¿qué sacas tú? Al contrario, te hacen visible y no consigues trabajo, nos discriminan, es peor que te hagas visible. Los que nos quejamos luego tenemos a las autoridades en la mira”, responde con cierto sinsabor.
La profesora: Lizbeht
FOTO: Juan Marín
Lizbeht Abarca es docente de educación primaria y luchadora social en un pueblo conservador como es Tambobamba. Ella se refiere a las denuncias que le han interpuesto, como diplomas. Llega a la entrevista con un folder donde sus “diplomas” están organizados por etapas, hay denuncias de su vida sindical y otras de la lucha por el territorio y el medio ambiente.
“Tenemos que buscar nuestros espacios para poder también representar a nuestro pueblo, llevar los destinos del país. Siempre pienso en las mujeres que asumen cargos de autoridad que nos representan a todas. En mi pueblo nunca hemos tenido una mujer de autoridad”. Lo que cuenta Lizbeht es una constante en la región Apurímac en donde nunca una mujer ha ocupado el cargo de Gobernador Regional. En las Elecciones Regionales y Municipales 2018 el porcentaje de mujeres elegidas en su región fue alrededor de 1% según información de IDEA Internacional.
A sus 42 años esta maestra con espíritu transformador tiene muy claro quién es y a dónde se dirige con cada paso que da. “Yo me considero una defensora del Medio Ambiente y en defensa de los compañeros, de la población, siempre he actuado. Desde joven he sido dirigente, en mi barrio, en mi comunidad y también en el SUTEP. El 2014 entré como Presidenta del barrio Huancallo y me uní a los frentes de defensa distrital, provincial, y hemos hecho un reclamo justo defendiendo el medio ambiente. Estaban haciendo muchos atropellos desde la empresa”, cuenta con convicción.
La vida de Lizbeht ha transcurrido entre las aulas, las calles y los juzgados. Sin embargo no se arrepiente del camino elegido. “Sí, he sentido alguna vez que me han tratado de menos por ser mujer. Me he cruzado con maltratadores de mujeres, pero a mi no me amedrenta eso”, nos cuenta mientras reafirma que haber decidido permanecer soltera -y no tener hijos- fue una decisión coherente con su esencia como mujer”. Afirmó también que “cuando comentan por qué no me casé, por qué no tengo hijos, yo lo tomo como de quien viene. Pero, yo me he dedicado a ser dirigente, esa ha sido mi pasión y me dediqué netamente a eso. Mis papás siempre me han apoyado, nunca me han criticado por no casarme y tener hijos. Yo les agradezco a ellos y a mi hermana. Ella también ha sido siempre una líder”.
Lizbeht lleva un sombrero al estilo de Tambobamba, son días de carnaval, pero ella nos dedica su tiempo porque le da muchísima importancia a su voz como mujer en el espacio público. “Yo no he sabido lo que es maltrato de pareja, pero muchas veces si menosprecio de los dirigentes y algunas autoridades locales. Muchas veces han querido que deje los cargos que he tenido, pero yo no soy así. Yo veo bastante machismo -lamentablemente- en mi distrito, yo soy tambobambina. A veces si tengo temor por todo lo que se ve de los crímenes. Pero no voy a dejar mi labor, miedo finalmente, solo a Dios”.
En la siguiente entrega, Leah Sacín nos relatará la historia de Isaura, Agustina y Antonia, viudas del conflicto social.
Por Fernanda Canofre; Traducido por Valeria Malavolta para GLOBAL VOICES
Afiches de campaña por una mujer negra en la Corte Suprema aparecieron en 15 capitales brasileñas, con frases como «Mujeres negras al poder» y «Justicia para las mujeres negras en el Tribunal Supremo para ayer».| Imagen: Naetê Andreo/Igniz Filme/Publicity
Los brasileños están llevando a cabo una campaña que abarca desde Nueva Delhi a Times Square para presionar al presidente Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva a nombrar a la primer mujer negra para un asiento en el Tribunal Supremo.
Entre los 171 jueces en su historia, tres fueron mujeres: la primera, Ellen Gracie, que fue designada recién en 2000.
El siguiente lugar está ahora vacante con la jubilación de otra mujer, la jueza Rosa Weber. Con su salida a comienzos de octubre, solo queda una mujer entre los actuales diez jueces, Carmen Lúcia.
Una encuesta publicada recientemente por el Consejo Nacional de Seguridad (CNJ) mostró que solo el 1,7% de los jueces brasileños se identifica como negro, y el 12,8% se identifica se considera de etnia mixta (pardo, en portugués). Una aplastante mayoría, el 83,8% de los jueces en el país, se identifica como blanco.
«La cantidad de tuits que leo sobre «Joaquim Barbosa es negro y eso es lo que pasó» es extraña. Me pregunto si la gente lee lo que escribe, porque no puede ser posible… pero lo es. Hay mucho racista bueno, «paternalista», preocupado por el «bien» del país... ————- Jueza negra ahora. Queremos una jueza negra en el Supremo Tribunal Federal. Brasil no acepta un juez conservador más. Presionemos al presidente Lula».
Con etiquetas en redes sociales como #MinistraNegraJá (jueza negra ahora) y #PretaMinistra (jueza negra), la campaña busca enviar correos electrónicos al Gobierno federal como forma de presionar a Lula, líder de centro izquierda, para el próximo nombramiento.
Joel Luiz Costa, director del Instituto para la Defensa de la Población Negra (IDPN), una de las organizaciones involucradas en la campaña, dijo al portal de noticias G1:
«Es importante que avancemos en el entendimiento de la democracia en Brasil. Es imposible sostener que vivimos en total democracia cuando la comunidad negra, que representa al 56% del país y las mujeres negras, que son el 28% de la población nacional, jamás han sido representadas por una mujer negra en el Supremo Tribunal Federal en 132 años».
La decisión de Lula
En junio, cuando quedó libre otro asiento, Lula nombró a Cristiano Zanin como juez. Zanin, hombre blanco, fue el fiscal responsable de defender al actual presidente en el caso de corrupción conocido como Operación Lava Jato.
Lula fue condenado y encarcelado por más de un año, pero la sentencia fue luego anulada por el Supremo Tribunal, la mayoría de los jueces afirmó que el caso no debería haber avanzado en la primera instancia legal como avanzó.
Esto aumentó la presión sobre Lula para tener una designación más progresiva y diversa en la segunda banca libre.
Aunque el presidente no ha expresado públicamente sobre su decisión aún, no hay ninguna mujer mencionada entre las favoritas hasta el momento, según la prensa brasileña.
A finales de septiembre, al acercarse la decisión, Lula declaró que el criterio para su elección no estaría basado en el género o en la raza, y que esto no debería seguir cuestionándose. «Elegiré a alguien que pueda entender las expectativas de Brasil, que pueda servir a Brasil y que respete a las sociedad brasileña», manifestó.
El rastro de la campaña
El comediante Gregorio Duvivier, que apoyó a Lula en las elecciones pero criticó la designación de Zanin, hizo énfasis en su programa de HBO, Greg News, la importancia de sopesar la opciones.
Duvivier ha sido atacado por impulsar la campaña por una jueza negra, y recuerda la lista de tres candidatas propuesta por el movimiento Mulheres Negras Decidem (Mujeres negras deciden), que le pidieron a Lula reunirse para tomar un café. Las candidatas son: la jueza Adriana Cruz, la fiscal Livia Sant’Anna Vaz, y la abogada Soraia Mendes.
El teólogo y activista Ronilso Pacheco escribió en un articulo publicado por The Intercept Brasil que la discusión ahora está más concentrada en el acceso a las posiciones de poder y menos en la diversidad en si misma, lo que hace notar que Lula será recordado por no designar a una mujer negra para el Supremo Tribunal.
En el periódico Folha de S. Paulo, el columnista Celso Rocha de Barros, autor de »PT, una historia» (libro acerca de la historia del partido de Lula), argumenta que la razón por la cual algunos políticos de izquierda evitan las críticas dirigidas a Lula y al actual gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) puede deberse al miedo de encontrarse parte de la oleada contra el PT, como aquellos que protestaban en 2013. Pero destaca que la demanda del movimiento negro debería pesar más en esta situación:
«Simplemente no hay suficientes personas negras en los círculos legales en los que se insertan los presidentes brasileños, así que cuando se alza la pregunta: «¿a quién puedo designar que sea cercano a mí?», no viene el nombre de un hombre o mujer negro a la mente.
(…)
Una de las razones para luchar por la representatividad es neutralizar aquellos mecanismos que hoy crean subrepresentación y la perpetúan para el día de mañana»
El sitio web de la campaña destaca:
«Tener una jueza negra en el Supremo Tribunal es esencial para avanzar en la tan necesaria transformación del sistema de justicia brasileño, no solo por la importancia de ver representación en la esferas de poder, sino para que las estructuras en las que se aplica la justicia cambien. Y no hay mejor momento para avanzar que cuando hay un gobierno progresista. Pero esta batalla no ha terminado».
Hungría Tovar (53) es una migrante venezolana en Perú. A propósito del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, este es su testimonio como sobreviviente.
«Le dije a mi ginecóloga que tenía un bultico en el seno, que siempre me chequeaba. Me recomendó ir al mastólogo. Fui a la consulta con Ángel, mi pareja. Le expliqué al doctor lo que había pasado, le llevé todos mis papeles. Me hizo mi examen físico. Vi que puso una cara no muy agradable.
¡Mira, tenemos que hacer una biopsia lo más pronto posible, rápido!, me dijo.
Buscamos el día para hacer la cirugía. Yo estaba un poquito asustada, por supuesto. Mi cuerpo rechazó la anestesia. Fue bastante doloroso. Ahora había que esperar los resultados.
Llegó el día. Mi hijo me acompañó.
Salió positivo.
Fue uno de los peores momentos de mi vida. Terrible y devastador tanto para mí como para mi hijo. No sé qué pensaba. Mi mente estaba en blanco. El médico me dijo que la medicina ha avanzado, que hay mucha tecnología.
Fui a donde mi hermana para darle la noticia. Yo estaba en shock. Fueron horas muy duras. Todo estaba como en tinieblas. Lloré mucho, lloré muchísimo. Llegamos a la casa y nos abrazamos en familia. No sabía qué pasaría, no sabía qué hacer.
La recuperación de la operación fue larga y dolorosa. Mi seno, mi pecho, mi teta estaba muy adolorida. La herida se contaminó, el olor que salía de allí era horrible. Eran curas y curas. Sufrí muchísimo, demasiado.
A pesar que estaba muy confundida con el diagnóstico, más la recuperación, empecé a hablarle a mi cuerpo, a mis células y a pedirle perdón. Le pedí perdón todos los días. Yo practico Ho’oponopono, una técnica ancestral hawaiana de sanación a través de las palabras. Todos los días ponía mi mano en mi pecho y le decía: lo siento, perdón, te amo, gracias. Desde ese momento empecé a tomar conciencia.
Acepté lo que estaba viviendo, asumí el resultado, asumí la recuperación, sin lamento, sin culpa. Le pedí a Dios que me ayudara y con mi fe en el Dr. José Gregorio Hernández, un beato venezolano, al que somos devotos gracias a mi abuela Felicia y a mi mamá.
Algo milagroso una noche sucedió. Yo llevaba días sin poder dormir, porque la anestesia me dejó con insomnio. Me quedé dormida y tuve un sueño. Sentí que mis senos se movían, como un remolino por dentro.
A partir de ese día empecé a recuperarme. La fe mueve montañas, las ganas de recuperarme, el cariño de las personas que me cuidaron, todo eso se unió. El siguiente paso era ir al Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN).
Los primeros días en el hospital fueron muy duros, ver tanta gente con el mismo padecimiento que yo, nada fácil. Mi mente se agotaba. Volví a asumir el nuevo reto. Cambié mi alimentación y vi todo con mayor responsabilidad y mucha valentía. Tomé las riendas de los días que estaba viviendo. Mi fe se hizo más intensa.
Tuve una segunda operación que gracias a Dios salió excelente. Mi hijo me cuidó por tres días, después seguí el reposo con Ivana, mi sobrina – hija. Me acompañó junto a sus dos pequeños, Fabián y Damián. Me abrazaban, me daban besos, el cariño de esos niños fue la recuperación completa.
Luego fueron meses de citas y citas. Yo estaba preparando mi mente y mi cuerpo para el tratamiento que venía. Me corté el cabello cortico, para que no fuera tan traumático si perdía el pelo. Me dijeron que solo me iban a hacer 5 sesiones de radioterapia y que mis axilas estaban totalmente sanas, para mí fue un milagro. Yo estaba llorando de alegría. Sentía mucho miedo pero tenía muchas ganas de que me hicieran mi tratamiento. Esa es mi dosis de salud, tengo que entrar en la máquina.
Después de haber terminado satisfactoriamente las radioterapias, quedé en mi chequeo mensual y tomando varias pastillas. Gracias a Dios ha salido todo bien.
Querida sé lo que siente tu corazón, puedo decirte que todo pasará y el tiempo todo lo cura.
Soy Hungría Tovar, sobreviviente del cáncer de mama y ahora tengo una nueva oportunidad».
En el marco del Día Internacional de la Niña, a partir de este 11 de octubre el Movimiento latinoamericano Son Niñas, No Madres, conformado por diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos como Planned Parenthood Global, el Centro de Derechos Reproductivos, Amnistía Internacional, el Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (CLACAI), el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), Surkuna, el Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (Promsex) y Mujeres Transformando el Mundo (MTM), invita a todas las personas a sumar su firma en la firmatón “Son Niñas, No Madres”, a favor de la defensa de los derechos de las niñas en América Latina y el Caribe.
Esta iniciativa tiene como objetivo sensibilizar a la sociedad y a los gobiernos acerca de la imperiosa necesidad de proteger a las niñas en la región y garantizar su acceso a servicios de salud sexual y salud reproductiva, incluyendo el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, en un contexto marcado por alarmantes tasas de violencia sexual y embarazos infantiles como resultado de esa violencia.
“Queremos que seamos millones de personas firmando y así mostrar que si unimos nuestras voces somos más fuertes, y que la suma de todas estas firmas, que son demostraciones de solidaridad, también puede hacer resonar más fuerte el clamor de las miles de niñas que cada año ven truncada su infancia por una maternidad forzada, y a las cuales los Estados les deben proporcionar opciones concretas derivadas de políticas y programas de protección, para que superen la violencia y retomen su proyecto de vida”, explican las voceras del Movimiento Son Niñas, No Madres.
América Latina y el Caribe enfrenta un desafío alarmante: es la segunda región en el mundo con las tasas más altas de partos de niñas menores de 15 años, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, 2022). De acuerdo con estimaciones de la misma entidad, 5 de cada 100 niñas se convirtieron en madres en 2021.
Esta preocupante realidad se ve agravada por la escasez de servicios de salud sexual y salud reproductiva que sean accesibles para las niñas, y por otros factores como la falta de reconocimiento de las niñas como sujetas de derecho, capaces de tomar las mejores decisiones para su presente y futuro.
Además, América Latina y el Caribe tiene una de las legislaciones de aborto más restrictivas del mundo: 7 países lo prohíben totalmente (El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Jamaica y Surinam), y esa falta de opciones es también una manera de forzar a las niñas a la maternidad. Para seguir concientizando a toda la sociedad sobre esta grave problemática y alzar la voz por los derechos reproductivos de las niñas, el Movimiento Son Niñas, No Madres invita a hacer parte de la firmatón homónima a la cual pueden acceder a través de http://ninasnomadres.org/sumatufirma hasta el 30 de enero de 2024.
“Con esta firmatón queremos elevar la voz por las niñas, para que sus derechos sean plenamente respetados, y queremos que estas rúbricas se conviertan en un llamado colectivo a los Estados de la región para que tomen medidas inmediatas que permitan que las niñas sobrevivientes de violencia sexual no se vean forzadas a continuar con los embarazos que son resultado de esa violencia. Estas medidas van desde la promoción de la Educación Sexual Integral, la inversión en sistemas de protección que se centren en las necesidades de las niñas, hasta garantizar que tengan la opción de acceder a la interrupción del embarazo en condiciones legales y dignas. Todos estos elementos pueden devolver a las niñas la capacidad de soñar y forjar un futuro más prometedor”, afirma Marianny Sánchez, directora de Comunicaciones para América Latina de Planned Parenthood Global, una de las organizaciones fundadoras del Movimiento Son Niñas, No Madres.
Las niñas deberían estar en, en los parques donde pueden jugar, las aulas de clase en hogares seguros en los que se las respete y cuide. Obligar a una niña a mantener un embarazo que afecta su salud física, mental y social equivale a privarla de su niñez de manera permanente. Es por esta razón que el Movimiento Son Niñas, No Madres persiste en su labor de buscar oportunidades y herramientas que permitan a las niñas gozar de sus derechos reproductivos, y construir su propio futuro.
En el proceso de hacer visible esta realidad, y avanzar hacia la construcción de un mundo libre de violencias para las niñas, entre 2019 y 2020, el Movimiento Son Niñas, No Madres presentó ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas los casos de Norma (Ecuador), Fátima (Guatemala), Susana (Nicaragua) y Lucía (Nicaragua), quienes fueron víctimas de violencia sexual y tuvieron que llevar a término embarazos que no deseaban, y ante el Comité de los Derechos del Niño el caso de Camila (Perú), que luego de sufrir un aborto espontáneo fue criminalizada por las autoridades y pasó de ser víctima a victimaria.
Hasta ahora solo el caso de Camila ha sido decidido, y obtuvo un histórico dictamen el pasado mes de junio de 2023, en el que se instó al Estado peruano a despenalizar elaborto en todos los casos de embarazo infantil.
«Con esta firmatón queremos ampliar el alcance de las acciones legales que hemos tomado, buscando que las niñas puedan acceder a justicia. Esta lucha es para que los Estados cumplan con sus obligaciones internacionales de asegurar una protección especial a la niñez y comprendan que eso también pasa por la garantía de acceso a servicios esenciales de salud sexual y reproductiva, incluida la interrupción voluntaria del embarazo», señaló Carmen Cecilia Martínez, directora asociada de Estrategias Legales para América Latina y el Caribe, del Centro de Derechos Reproductivos.
Ahora más que nunca es hora de seguir alzando la voz por ellas y por todas.
Para obtener más información y unirse a la firmatón “Son Niñas, No Madres”, a favor de los derechos de las niñas, visite https://www.ninasnomadres.org
Conoce más de los casos con el pódcast ‘Son Niñas, No Madres’:
*Sobre el Movimiento ‘Son Niñas, No Madres’: Son Niñas, No Madres es un movimiento regional a favor de los derechos de las niñas latinoamericanas, que ha liderado el innovador litigio estratégico de los casos de Norma, Fátima, Susana y Lucía ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, y el caso de Camila ante el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, para evitar que se siga forzando a las niñas a ser madres, y generar las reparaciones correspondientes. Busca informar sobre las graves consecuencias de la violencia sexual y las maternidades forzadas en las niñas. Son Niñas, No Madres hoy suma a más de una decena de organizaciones de toda la región, para asegurar que todas las niñas puedan crecer sanas, fuertes y seguras, y puedan tomar decisiones libres e informadas sobre su salud y su futuro.