En marco del Día mundial de la poesía conversamos con tres jóvenes poetas mexicanas sobre la conexión que tienen con la escritura y como a través de ella encontraron una forma
El Día mundial de la Poesía, celebrado cada año el 21 de marzo conmemora una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Las mujeres hemos tenido una fuerte relación con la poesía porque fue en la escritura y diferentes usos de las palabras que encontramos diferentes formas de decir lo que sentíamos o percibíamos del mundo. Esto se logró después de muchos esfuerzos por poder acceder a los espacios de conocimiento y escritura, incluso las primeras poetas tenían que hacer uso de los seudónimos masculinos para que sus obras fueran leídas.
La poesía escrita por mujeres es distinta. Al leerlas te dan ganas de escribir porque te sientes cercana a las experiencias y se comparten las mismas dudas. Por ello es que pienso que los s con la poesía debe ser más allá de los espacios académicos y que otras personas decidan si eres una poeta o no o que tus escritos siguen las reglas propias de la poesía
Aunque, en la actualidad ya no es necesario tener una formación especial para saber escribir poemas. Las mujeres jóvenes han inventado sus propias reglas respecto a la poesía, escribiendo sobre lo que sienten sin una técnica específica, con diferentes recursos visuales y con la certeza de que la poesía es una forma de expresión que no tiene límites.
Seguidas por la curiosidad de cómo es que las jóvenes se han acercado a la creación de poemas es que hemos que conversamos con tres poetas mexicanas de diferentes edades y que residen en distintas ciudades de México para conocer de sus experiencias.
Siljo Moral(Cam, 17 años, Puebla). Camila Moreno, Siljo Moral por su nombre artístico, es una artivista, escritora y bailarina de 17 años apasionada por el cambio social y el medio ambiente. Cree fielmente que las manifestaciones artísticas son el reflejo y el registro de las sociedades que se van formando. Ha participado en espacios artísticos y virtuales. Su participación más importante se ha dado en el grupo Sobrevivientes, un espacio de artistas que busca alzar la voz sobre temáticas actuales y los ODS.
Roja Flor (Ibeth, 21 años, Estado de México). Estudiante de la Licenciatura en Emprendimiento, apasionada del arte, literatura y cinematografía. A lo largo de toda su juventud ha tenido la oportunidad de formar parte de distintos colectivos y voluntariados que la han llevado al activismo en diferentes luchas, ramas y formas. Escribe desde los 15 años y sueña con publicar un poemario relacionado a su activismo en el futuro.
Indira(27 años, Ciudad de México). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad del Valle de México, ejerce como periodista y ha colaborado en medios impresos y digitales como La Crónica de Hoy, Time Out México, Konbini, Vibras, Filter, Yaconic y Chidas Mx. Cursó el Diplomado en Literatura y Creación Literaria impartido por la Universidad “Universitario Bauhaus”. Sus textos poéticos y narrativos han sido autopublicados en ediciones digitales, así como en blogs.
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¿Qué es para ti la poesía?
Como hemos mencionado, estamos redefiniendo el significado y las formas de hacer poesía y por eso vamos a conocer para cada una de las poetas qué es la poesía y cómo es que ellas se relacionan con la escritura de esta.
Ilustración 1: Fragmento de poema «Recuerdos» de Roja Flor
Indira: Para mí la poesía es salvación, un desahogo de la vida y una forma de posicionarse contra el sistema que nos exige resultados en la productividad. La poesía no sirve para nada y a la vez eso la convierte en un remedio para nuestra agitada existencia.
Roja Flor (Ibeth): Yo digo que la poesía, para mí es esta forma de expresar y asimilar lo que sucede dentro de mí y lo que sucede a mi alrededor. Ha sido un espacio en donde me puedo expresar sin límites.
Siljo (Cam): La poesía para mí, es una forma de expresión, no como cualquier otra sino una que necesita llevar un tipo de código al lenguaje, para querer comunicar un mensaje que nace desde pues desde lo más íntimo de las personas.
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¿Cómo llegaste a escribir poesía?
Cada una tiene su propia historia de cómo llegó a acercarse a la escritura y en especial a la escritura de poemas. Por eso les preguntamos sobre ese momento que les hizo saber que la poesía era la forma de expresión que más les gustaba y permitía ser.
Ilustración 2: Poema «And the Ghost» de Siljo Moral
Indira: Desde niña me gustaba la poesía y en una ocasión en la primaria me pidieron recitar un poema frente al grupo; mi mamá me enseñó uno de sus poemas favoritos, de una autora cubana, y me dijo si lo recitas bien hasta podrías hacer llorar a tu maestra y me intrigó mucho saber que las palabras podían tener tanto poder en textos tan cortos. Conforme fui creciendo escribí poemas para desahogarme, aunque no fue hasta que tenía 25 años que empecé a mostrar mis escritos.
Roja Flor (Ibeth): Creo que siempre he tenido un acercamiento muy bonito con escribir y con la literatura en general. Recuerdo que, de repente agarraba la máquina de escribir de mi papá y fingía ser escritora. En la preparatoria tuve un taller de poesía, era mi primer acercamiento. Recuerdo que el primer ejercicio fue sobre una anécdota personal y yo lo hice de viajes. Me gustó tanto esa experiencia que desde ese momento no he dejado de escribir.
Siljo (Cam): Siempre me ha gustado leer y escribir. Desde pequeña creía que tenía un poder con las palabras, me sentía como una superheroína con las palabras. Entonces un día simplemente dejé volar mi imaginación y así comenzó todo.
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¿Cómo vives la liberación que produce la escritura?
La escritura es un proceso individual donde cada una va decidiendo qué es lo que quiere decir y de qué forma, por eso les preguntamos cómo viven la liberación de su escritura y lo que les significa el poder tener sus poemas terminados.
Ilustración 3: Fragmento de poema «Petirroja» de Indira
Indira: Siempre son emociones intensas, a veces positivas, a veces negativas, a veces abrumadoras. Pero, a final de cuentas, el desahogo sobre el papel es como tomar aire después de aguantar la respiración por mucho tiempo. Es reconfortante sacar la vida en poemas y encontrar en ellos un lugar seguro.
Roja Flor (Ibeth): Tengo un poema que habla un poco de esto el primer verso dice: el papel es el único que sabe escuchar y creo que de verdad he encontrado en la poesía muchísima libertad. Es este espacio donde puedo sentir, ser, experimentar y percibir sin límites. Donde nadie me va a juzgar, ni me dirán que lo que digo está mal, sino al contrario. Simplemente escribo.
Sijlo (Cam): Vivo la liberación que produce la escritura la vivo leyendo, releyendo y volviendo a leer. Compartiendo mis escritos con las personas que quiero, que amo y que admiro. Porque solo así siento que puedo revelarme; revelar mi lado sensible ante las personas.
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¿Qué consejo le darías a otras mujeres que se están acercando a la poesía?
Sigue siendo intimidante el escribir y más poemas porque no sabemos cómo hacerlo de forma “adecuada”, por eso les pedimos que nos aconsejaran sobre como podemos acercarnos a la poesía aún con ese miedo.
Indira: Olvidarse de la academia y las reglas impuestas por hombres en siglos pasados. No importa si tu forma de expresarte es inventando palabras nuevas, haciendo verso libre, formando figuras con el texto. La poesía se debe sentir y nuestras emociones no siguen reglas.
Roja Flor (Ibeth): Les diría que lean mujeres. Es muy diferente la leer la perspectiva de una mujer, su forma de escribir empata más con nosotras y nos inspira a escribir de la cotidianidad. También olvidarnos del prejuicio que tenemos de que la poesía es algo muy complejo o difícil de alcanzar y no. Entonces es justamente buscar qué es lo que te gusta. Leer muchas mujeres. Perder el miedo a la pluma, simplemente es agárralo y escrír.
Sijlo (Cam): El empoderar a las mujeres y al acercarlas a las Escrituras es que se conviertan de musas a creadoras y eso es uno de los pasos más importantes que podemos hacer como sociedad.
Ilustración 4: Poema «Hoy olvidé la definición de metamorfosis» de Indira
Por eso, como dice la poeta y escritora mexicana Rosa María Roffiel en su poema “Sobrevivientes”: Somos locas rebeldes, locas de estar vivas, locas maravillosas, estrafalarias, floridas. Cada día una batalla, una norma que rompemos, un milagro que creamos, para poder seguir siendo. Así que, a seguir siendo a través de la poesía o cualquier medio que queramos apropiarnos para expresar quiénes somos y lo que sentimos.
«Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos, y eran barcos que venían de Europa, y así construimos nuestra sociedad”, fue una frase del presidente Argentino Alberto Fernández que generó polémica el año pasado a nivel internacional. Fue tal el nivel de controversia que se generó, sobre todo en países como Argentina y México, que el mandatario debió pedir disculpas.
Esta forma de pensar del ciudadano argentino no es algo que solo haya sido un error en el discurso presidencial, sino que es una creencia que tiene gran parte de la sociedad. A fines del Siglo XIX hubo una reorganización de la sociedad y se aplicaron políticas de incentivo a la migración europea en paralelo a darle un valor importante a la escolarización de los ciudadanos. Desde este momento se comenzó a invisibilizar a la población indígenay afroargentina, ya que en su mayoría se percibe como descendiente de aquellos europeos.
Sin embargo, al recorrer el territorio argentino se puede observar que existepoblación indígena en las 23 provincias que componen este país.Un estudio de expertos de la Universidad de Buenos Aires determinó en 2005 que el 56% de los argentinos tienen en su ADN descendencia indígena.
En este contexto, las comunidades indígenas que aún conservan su lengua y costumbres ancestrales tienen muchas dificultades con este modelo de estado nacional que es presentado como población blanca. En la actualidad las comunidades que tienen mayores problemas son las que se encuentran en las provincias del Noroeste.
El norte argentino agrupa la mayor cantidad de hogares por debajo de la línea de pobreza según la medición del Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI por sus siglas en inglés); además registran una alta tasa de mortalidad infantil y un alto índice de analfabetismo, según los datos del último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.
El llamado Chaco Salteño cuenta con dos ríos donde se asentaba esta población, los ríos Pilcomayo y Bermejo, fueron desde siempre la fuente de vida para la región. Los pueblos indígenas que habitaban ancestralmente esta zona bebían y pescaban en esos ríos: wichís, chorotes, nivaklés, tobas (Qom), pilagás, guaraníes, chanés, tapietes tenían allí su fuente de alimentación.
Este paisaje y modo de vida comenzó a cambiar a fines de los 1990, momento en que va llegando la industria del monocultivo de la soja a todo el territorio argentino. Los desmontes se aceleraron para ampliar la frontera agrícola. Salta, según el informe presentado en 2020 por el exjefe de Gabinete de la Nación, Santiago Cafiero ante el Senado de la Nación, da cuenta que es la segunda provincia con mayor deforestación que alcanzó el 21% del total de hectáreas desmontadas entre 2007 y 2018.
RELEVAMIENTO TERRITORIAL EN PELIGRO
En relación a la propiedad de la tierra las comunidades indígenas viven en un total desamparo, si bien existe la ley 26.160 que fue sancionada en el año 2006 por el Congreso Nacional, la cual declaró la emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país, no se hicieron avances significativos.
Esta ley establece la suspensión de desalojos o desocupación de las tierras por parte de la autoridad de aplicación del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), mientras no exista el relevamiento técnico -jurídico -catastral de la situación dominial de dichas tierras. Sin embargo siguen existiendo desalojos violentos de comunidades indígenas.
La ley fue prorrogada en noviembre de 2021 por cuatro años más mediante un DNU firmado por el presidente Alberto Fernández. Pero a la fecha todavía falta que se trate y ratifique en la Cámara de Diputados.
Por este poco interés en discutir esta cuestión básica para la permanencia de la vida en comunidad de los pueblos indígenas, numerosas organizaciones de estas naciones ancestrales estuvieron hasta diciembre movilizándose a lo largo del país y con una carpa permanente en frente del Congreso de la Nación para reclamar su sanción.
En diciembre de 2021 durante una marcha frente al Congreso Nacional, la diputada Mónica Schlotthauer del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), quien recibió un petitorio para el tratamiento de la ley, explicó que “el gobierno, el bloque oficialista y la oposición tienen compromisos muy fuertes con la megaminería, latifundistas y ganaderos y buena parte de los conflictos territoriales son con las multinacionales. La propuesta que le hicimos a los diputados del bloque de Juan Grabois fue juntar los legisladores, entre todos seríamos 10, y pedir sesión especial que es lo que habilita el tratamiento. Hasta ahora no hemos tenido una respuesta”.
En este sentido, la diputada fue tajante al decir que “Hay un gran malestar de todas las comunidades porque antes de las elecciones les prometieron que iban a sesionar y hasta ahora no hubo sesión, solo salió el decreto que hasta ahora no sirve para parar el ataque a las comunidades”.
DEL MONTE AL AGRONEGOCIO
En el caso de las comunidades de la provincia de Salta el cambio de su hábitat natural generó que de ser cazadores-recolectores y artesanos de la madera con lo que se abastecen en el monte salteño, pasaron a vivir en parajes rodeados de campos de soja, lugar donde ya no pueden abastecer sus necesidades alimenticias y de trabajo en relación a las artesanías.
Esto lleva a que sobre los territorios de las comunidades haya cultivos, sin haber antes hecho un relevamiento de su totalidad. Este retraso en el relevamiento territorial ha generado que sigan existiendo desalojos de los pobladores de estas zonas, ya que los pedidos de autorización de desmontes y cultivos sobre sus territorios son constantes.
Antiguamente, esta zona era lugar de los ingenios azucareros y de cultivos cítricos, y los hombres de las comunidades podían trabajar como peones temporales. En la actualidad al reemplazarse estos sembradíos por monocultivos mecanizados, deja a las poblaciones también sin ese sustento.
Otra de las causas que generó la deforestación son las graves inundaciones que sufren en la época de lluvia, lo que provocó la disminución de la vida animal y la diversidad vegetal. Se calcula que desde 1988 hasta el 2009 se deforestaron aproximadamente 2,3 millones de hectáreas en la zona (WRM, 2009) según el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales.
En esta zona están asentadas más de 50 pequeñas comunidades indígenas, que desde hace años ven modificado su ambiente de vida, sin que el estado les provea una posibilidad de acceder a otros medios de vida. Entonces ¿hay un genocidio encubierto para estas personas?
En próximas notas contaremos porqué se suceden casi a diario los feminicidios y muertes de niños Wichi.
Cartel en manifestación CDMX. Foto: Arleth G. /La Antígona
Cada año en el 8M, las calles de México se llenan de mujeres que toman el espacio público. Con carteles y pañuelos verdes, salen a marchar para exigir una vida libre de violencia, pero, siempre existe la pregunta: ¿las marchas hacen algún cambio?
El 8M (8 de marzo) se conmemora el Día Internacional de la Mujer en todo el mundo, una fecha que lejos de ser una celebración, es un día que reivindica las luchas por la libertad, la equidad y una vida libre de violencias y opresiones para las mujeres.
La marcha de la Ciudad de México es una de las más grandes e importantes del país. En el 2020, se vivió una de las protestas feministas más importantes porque, según cifras oficiales de las autoridades, se reportó la participación de 80 mil personas. También se impulsó la huelga #UnDíaSinMujeres, convocada para crear conciencia sobre nuestro trascendental rol en la sociedad.
Desde semanas antes, los medios de comunicación estaban sacando notas sobre lo que sería la marcha del 8M: Día Internacional de la Mujer este 2022, ya que en el 2021, pocas mujeres pudieron asistir a la manifestación por la pandemia, por lo que se esperaba que en esta ocasión se contara con una gran asistencia y, según cifras oficiales, marcharon 75 mil mujeres en el 8M.
*Mujeres jóvenes con pancarta frente a fuego. Foto: Arleth García
Aunque se buscaba informar, mucha de la información estaba fuera de contexto y generaba el pánico colectivo de las personas creyendo que sería un acto violento, que se agrediría a peatones y dañarían locales. Se decía que iban a haber mujeres infiltradas agrediendo a otras compañeras y que la presencia policiaca iba a encontrarse en todo el recorrido, como una forma de disuadir a que asistieran.
Aunque el Estado sigue reforzando discursos que solamente afectan al movimiento, la lucha de miles de mujeres que se concentran en las calles para volverlas suyas desde diferentes trincheras continúa. Puedes encontrar contingentes que resisten desde el baile, madres e hijas que visibilizan la maternidad deseada, batucadas con consignas sobre la violencia y artistas que van pegando su arte en diferentes paredes con mensajes en contra del Gobierno.
Mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador trataba de advertir a la ciudadanía de “los males que trae feminismo”, desde temprano, un zepelín por el dolor de los feminicidios sobrevolaba la Ciudad de México con el letrero: “10 feminicidios diarios”, porque el aumento de la violencia contra las mujeres en México sigue siendo el reclamo constante del feminismo.
“En el primer bimestre del 2022, destacan al menos 80 masacres; al menos, 221 casos de tortura; al menos, 164 casos de mutilación, descuartizamiento y destrucción de cadáveres; al menos, 122 asesinatos de mujeres con crueldad extrema; y al menos, 59 asesinatos de niñas, niños y adolescentes”, reporta la Organización Causa en Común.
*El globo inflable vuela sobre la Ciudad de México. Foto: El País
Marchar se ha vuelto una forma de sabernos presentes tomando el espacio público. ¿Por qué nos lo quieren quitar? No se trata de romantizar las marchas. Es agotador cada año tomar las calles y gritar que quiero una vida libre de violencia. No es justo tener que salir a exigir mis derechos. No quiero gritar que no me maten. No marcho por gusto, sino porque ya estoy cansada de tanta indiferencia a lo que nos sucede.
Cuando viajaba en el transporte rumbo al Ángel de la Independencia en Ciudad de México, escuché al chofer conversando con otro compañero sobre el tráfico que había ese día porque muchas avenidas estaban cerradas o desviadas a otras calles por las marchas. Su tono de voz era de cansancio. Quería decirle que también me siento así, pero no por lo que me tardaría en llegar la marcha, sino porque ven este acto político como una afectación a su cotidianidad.
Pero, este año, en la estación Lechería del Suburbano (tren que conecta al EDOMEX con la CDMX) había grupos de mujeres adolescentes con pancartas, vestimenta morada y pañuelos verdes, muchas de ellas asistían a su primera marcha y se acercaban las unas a otras para acompañarse en el trayecto y en esta experiencia.
En la marcha, había una adolescente de 16 años que mientras iba a la secundaria, hace dos años, fue acosada sexualmente por un señor en el transporte público. Ninguna persona presente hizo algo, la escuela sólo llamó a su mamá y papá para que fueran por ella. No se levantó una denuncia porque no sabían a quién hacerla, se desconocía la identidad de esa persona que sólo bajó del transporte y corrió por si alguien intentaba seguirlo. Ella tuvo miedo por mucho tiempo y se sintió culpable pensando que había sido su culpa y ahora con toda esa digna rabia fue que hizo su cartel y asistió por primera vez a la marcha.
Por esto, a pesar de los discursos de odio del miedo, de que las mismas familias te juzguen por decidir asistir, las jóvenes siguen yendo a manifestarse porque no pierden la esperanza de que habrá un cambio.
“Fuero muchas mis emociones ,de felicidad y de tristeza por ver a familias y amigas marchar por personas especiales de sus vidas que les quitaron y no hacen nada. Pero feliz de estar ahí apoyando y ver cómo bailan a pesar de todo . Me pareció muy hermoso verlas a todas apoyándose desde que te ven en el suburbano y te preguntan si vas sola. Si era como lo imaginaba, pero ya cuando estás ahí se siente como 100 veces más.” (K, 16 años).
Marcha por el #8M, Día Internacional de la Mujer. FOTO: Melanie Soca.
Para nosotres, es completamente normal que las mujeres voten en las elecciones, conduzcan autos, se divorcien si lo desean, tengan una cuenta en el banco, estudien o trabajen. También se nos hace natural compartir con personas de otras razas o religiones, caminar libremente por la calle sin importar nuestro género o ver familias homoparentales. Sin embargo, no siempre nos detenemos a pensar en todo lo que tuvo que suceder para que las mujeres tuvieramos esta libertad con la que gozamos.
Miles de personas no son conscientes de sus derechos, pero también hay una numerosa cantidad que los conoce y, por cuestiones sociales, no los ejerce o defiende como deberían. La causa femenina tiene más de 100 años y, a medida que evolucionan las naciones, los motivos por los cuales se lucha cambian.
En la actualidad, se busca la igualdad salarial entre hombres y mujeres, que podamos tener las mismas oportunidades, decidir sobre nuestros cuerpos, que reine la meritocracia y, por sobre todas las cosas, la posibilidad de ser libres.
El Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, principalmente es para celebrar y conmemorar lo que hemos logrado a pesar de las barreras, tangibles o no, que atraviesa nuestro género. Y es que vivimos en una sociedad patriarcal pensada por los hombres y para los hombres.
Las más afectadas por la pandemia
Uno de los aspectos que generó un retroceso abrupto en nuestros derechos fue la pandemia por la COVID-19. El confinamiento y las medidas tomadas por los gobiernos de diversos países para frenar los contagios perjudicaron el significativo avance que se había logrado progresivamente.
Y quizás algunos piensen que el catastrófico año 2020 afectó a todos, pero fueron las mujeres las que más gravemente afectadas terminaron. Y las cifras lo advierten.
Para el 2021 la OIT estimaba que solo el 46,8% de las mujeres tendría un trabajo. Mientras que en el caso de los hombres, la cifra alcanzaba un 66,2%. Pero eso no es todo, las mujeres aún ganan 20% menos que los hombres.
“Según el documento de la CEPAL, un 56,9% de las mujeres en América Latina y un 54,3% en el Caribe se encuentran ocupadas en sectores en los que se prevé un mayor efecto negativo en términos del empleo y los ingresos por causa de la pandemia”.
Pero no solo las mujeres adultas sufren, pues 70 millones de niñas no pueden ir a la escuela o ser educadas. Una cifra que va en aumento, sobre todo desde que los talibanes retomaron el control de Afganistán.
Del mismo modo, también en América Latina vemos este terrible fenómeno, donde las creencias religiosas y culturales relegan a las niñas a las labores domésticas y de cuidado en el hogar, lo que impide su formación académica.
La vida se ha vuelto un privilegio
En el 2021, Perú cerró el año con la escandalosa cifra de 147 feminicidios y 123 tentativas de feminicidio, lo que significó un incremento del 6,85% respecto al 2020. Además, se contabilizaron 5000 mujeres desaparecidas, lo que equivale a un promedio de 16 desapariciones por día.
Esto coloca a nuestro país como uno de los más peligrosos para ser mujer, porque no son solo los feminicidios, sino que también el 34% de las mujeres ha sufrido acoso en el trabajo, mientras que 7 de cada 10 mujeres, del total de la población peruana, ha vivido algún tipo de acoso.
Lamentablemente, este es un panorama que no solo sufrimos en el Perú. Y es que, según registros de la ONU, aproximadamente 641 millones de mujeres han sufrido de acoso en todo el mundo. La cifra es aún más preocupante si se toma en cuenta que no todas las víctimas presentan una denuncia.
Niñas y adolescentes en riesgo
La mutilación genital sigue presente, principalmente, en niñas de cinco años. Más de 200 millones de menores son sometidas a esta práctica inhumana. No solo las sentencian por ser mujeres, sino que también ponen sus vidas en riesgo. Ellas pueden contraer infecciones por los métodos utilizados.
Tampoco escapamos de la violencia sexual. Aproximadamente, 15 millones de adolescentes han sufrido relaciones sexuales forzadas. Y esto también está asociado al matrimonio infantil, ya que, 4 de cada 10 niñas en el África subsahariana se casaron antes de cumplir 18 años.
Referentes desconocidas para muchas
Malala Yousafzai es una niña pakistaní que sobrevivió milagrosamente y se convirtió en la persona más joven en ganar un premio Nobel. El 9 de octubre de 2012, cuando regresaba de clases, un talibán abordó el autobús donde ella se desplazaba y le propinó tres disparos: una bala atravesó su frente.
Malala es una activa luchadora por el derecho a la educación, en especial de las niñas. En Pakistán los talibanes impiden que las pequeñas asistan al colegio e intentaron silenciar su voz. Su historia debe servir de inspiración para todos. La obligaron a abandonar su país, a sus amigos, su vida, pero con ello solo lograron que multique sus ideas.
Chimamanda Adichiees escritora nigeriana, feminista y con gran sentido del humor. Esta excepcional mujer busca la igualdad a través de sus discursos y con los mensajes en sus novelas. Su TEDxEuston “Todxs deberíamos ser feministas” es una de las más aplaudidas.
Ella se define como una “feminista africana feliz”, ya que muchas veces le dijeron que “las feministas son mujeres tristes porque no encuentran esposo”. Y por si fuera poco también ha tenido que lidiar con frases como: “ser feminista es contrario al sentir africano, porque es algo de Occidente”.
En el 2021, esta increíble mujer fue nominada al Nobel de literatura por su increíble talento y obra literaria, pero a diferencia de sus colegas hombres, su nombre no tuvo resonancia.
El camino que todavía falta por recorrer
Es necesario celebrar nuestros derechos. La lucha por estos ha sido bastante larga y se remonta no mucho tiempo atrás, es entonces cuando nos damos cuenta que otros hicieron el trabajo para que las generaciones siguientes viviéramos en armonía. Si bien esta no es total, al menos está en proceso y tenemos la certeza de saber que en buena parte del mundo, somos libres y buscamos que otros también lo sean.
Y a pesar de que en algunos ámbitos mujeres como Ursula von der Leyen, exministra de defensa de Alemania y actual presidenta de la Comisión Europea, han llegado lejos, eso no las exime de sufrir golpes de realidad indignantes. En una visita oficial a Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdoğan tuvo un desaire con ella al privilegiar a su acompañante masculino. Además, en una reciente reunión con el ministro de Exteriores de Uganda, este la ignoró y saludó solamente a sus pares hombres.
Hay quienes juzgan a las feministas de hoy porque “la lucha de ahora no es como la de antes”, pero eso mismo decían con las sufragistas, y eso mismo van a seguir diciendo en el futuro. Todavía hay un largo, larguísimo camino por recorrer y frentes por conquistar. Y quizás Occidente sienta que ya todo está ganado, pero es una afirmación nada más lejana a la realidad.
Marcha previa al Día Internacional de la Mujer. FOTO: Melanie Soca.
Las situaciones de hostigamiento sexual en medios son algo endémico pese a que cada día aumenta la cantidad de mujeres que estudian la carrera. El periodismo es una profesión que en sus inicios se reservó casi en exclusivo para varones y hoy el acoso, en la mayoría de los medios de comunicación, se mantiene en el más absoluto silencio y normalización como consecuencia de ese machismo. Por nosotras y las generaciones que vienen, ya no es hora de callar.
Desde nuestra propia experiencia y escuchando a colegas de todas las edades, entendemos que las mujeres periodistas somos y podemos ser víctimas de conducta sexistas y depredadoras. Estas no solo ocurren en el reporteo, sino también en las redacciones. De la misma forma, los agresores han sido pares, editores, jefes y hasta fuentes. En muchas ocasiones fueron referentes que admirábamos.
El acoso sexual es una forma de violencia machista en Latinoamérica y particularmente en el gremio periodístico, es una práctica normalizada e invisible. Quizá por la manida frase “El periodista no es la noticia”, las periodistas hemos pagado con nuestro silencio. El ejercicio del periodismo en sí mismo ya es un riesgo, pero la mayoría del tiempo estamos inseguras en nuestros lugares de trabajos y cubículos.
La Federación Internacional de Periodistas (FIP) ya lo ha advertido: la mitad de las mujeres periodistas ha sufrido acoso sexual, abuso psicológico, trolling en línea y otras formas de violencia de género mientras trabajan. En el 85% de los casos, las empresas periodísticas no han tomado acciones adecuadas porque ni siquiera tienen una política para contrarrestar tales abusos. El 48% vivió violencia de género en su trabajo y un 44% abuso en línea. Entre las formas más comunes de violencia de género relatados por las mujeres periodistas está el abuso verbal (63%), el abuso psicológico (41%), el acoso sexual (37%).
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el acoso sexual en el espacio de trabajo es perjudicial para las condiciones de trabajo, el empleo y las oportunidades de carrera de quienes lo sufren. Las consecuencias del acoso sexual pueden ser demoledoras para la víctima. Además de los dañinos efectos psíquicos y físicos (estrés emocional, ansiedad, depresión, ira, impotencia, fatiga y enfermedad física), la víctima corre el riesgo de perder su trabajo o experiencias relacionadas con él, tales como su formación profesional, o llegar a sentir que la única solución posible es renunciar a todo ello. El acoso sexual lleva a la frustración, pérdida de autoestima, ausentismo y una merma de la productividad.
A veces al hostigamiento se responde, otras se rehúye y hay ocasiones en que se sostienen sonrisas incómodas después de bromas de calibre sexual, masajes, invitaciones salir, degradaciones y anulación por no aceptar salidas, abusos, y acoso sexual sistemático. Las periodistas resistimos por no quedar sin trabajo, por no quedar “marcadas” dentro del rubro, porque muchas veces no hay alternativa.
Y ya no podemos solo seguir resistiendo.
Queremos hacer un llamado a trabajar en concordancia con los discursos que se emiten desde las redacciones, que las buenas intenciones no se remitan a campañas solo para el 8M o una sección de “género”. Necesitamos que los directores y editores se esfuercen por sensibilizar los espacios de trabajo y tomen acciones acerca del acoso que vivimos las mujeres en los medios. Las situaciones de hostigamiento sexual se normalizaron pese a que cada día aumenta el número de mujeres que estudian la carrera. Todas ellas son otra razón para levantar esta campaña: ¡No más acoso sexual en el periodismo! Las periodistas investigamos, producimos información, escribimos crónicas sobre derechos humanos. Por eso, el acoso y otras manifestaciones de violencia machista contra nosotras, son también atentados a la libertad de expresión. Exigimos nuestro derecho a trabajar libres de violencia género.
“Llegué como practicante a un noticiero muy conocido en Chile y lo primero que hizo uno de los periodistas fue ponerme el apodo de una nudista, porque dijo que así se imaginaba que debía verme sin ropa. Yo me paseaba por la redacción-cuerpo enjuto, casi infantil-atenta a todos los detalles con mi libreta de notas en las manos, ajena a todo lo que vendría después. Uno de los editores montajistas de los reportajes también sabía de este apodo y este hombre a su vez tenía una broma muy normalizada, de hecho se jactaba que lo había hecho con varias generaciones de periodistas, algunas de ellas hasta “rostros” de televisión que admirábamos. Cada vez que le dabas las gracias por su trabajo, te decía “Nada de gracias, bájate los calzones”. En otros lugares de trabajo viví y fui testigo de situaciones similares y con el tiempo entendí que cada colega que se emparejaba con algún editor, lo hacía como una manera de resistir a esa violencia (pero sin duda había asimetría de poder). También estaba la segunda opción: masculinizarte, ‘ser una de ellos’ y contestar las bromas de tenor sexual, tocaciones y así también esquivar las invitaciones a salir o de lleno acosos más sistemáticos. Muchas veces me pregunté, como tantas, como ustedes “¿Seré yo?””.
“Desde que empecé a ejercer el periodismo, lo hice en medios transfeministas y autogestivos por convicción política. Sin embargo, en 2019 me tocó trabajar en un medio hegemónico y masivo, una experiencia que decidí aprovechar para entender sus metodologías de trabajo y, por qué no, incorporarlas a nuestros medios si eran útiles.
Mi experiencia fue triste y confirmó mucho de lo que suponía: tuve un editor que reconocía como el hombre que había puesto un famoso titular pedófilo en una revista comercial. Yo había oído de ese titular, como todo lo que no hay que hacer, pero como realmente me interesaba su sección, decidí enfrentarlo.
Resultó ser infernal, no solo avalaba chistes sexistas en la reunión de sumario, sino que desaprobaba sistemáticamente todas las ideas que planteaba (yo era la única mujer de esa sección) y festejaba las ideas más insulsas de mis compañeros. En medio de una crisis internacional en un país que yo venía siguiendo, ignoró cuatro notas que escribí en el día y él mismo hizo la nota de tapa con copy-paste. No sólo era un machirulo, sino también un pésimo periodista.
Tenía razón Ryszard Kapuscinski cuando dijo que para ser buen periodista hay que ser buena persona. Desde entonces estoy convencida de que los medios transfeministas son la trinchera desde la que elegimos comunicar.
“Cuando haces periodismo, te impones no expresar tus experiencias y emociones. A veces parece una buena idea cuando deseas olvidar aquello que te mortifica, pero al mismo tiempo, el silencio y la invisibilización hacen que la situación se acreciente. Durante mis estudios universitarios viví -lamentablemente-, muchas instancias de acoso. Y al egresar, tenía la esperanza casi naif de que no se iba a repetir en mi vida laboral. No fue así. Mientras trabajaba en una redacción un grupo de compañeros nos fotografiaban cuando las mujeres comíamos hot dogs, o cualquier alimento para luego subirlas a un grupo de WhatsApp que tenían entre ellos con bromas alusivas al sexo oral. Para ellos era una “humorada”, para nosotras una vejación. En otra oportunidad, un compañero se enfureció conmigo, porque no deseaba conversar con él y su hostigamiento colmó mi paciencia. El resultado: me tomó el brazo tan fuerte que mi muñeca quedó con un hematoma. No podía decir nada y otro colega me recomendó silenciar esta situación porque sería tildada de «problemática y exagerada» y creo que tenía razón. Hoy ya no es hora de seguir callando.
“Cada mañana, antes de entrar a la redacción, no pensaba en qué temas iba a ofrecer en la reunión de pauta, sino en qué blusas me iba a poner para tapar mi cuerpo. Con 23 años, recién salida de la universidad, en mi primer día de práctica, encontré a un asechador en lugar de un editor. Me miraba cada vez que me veía pasar por fuera de su cubículo, luego comenzó a tomarme fotos, después empezó a hablarme por WhatsApp fuera del horario de oficina y me decía “¡Ay! Perdón, me equivoqué de chat”.
Con el tiempo se alejó al ver que yo no respondía a sus insinuaciones, de ahí vino una suerte de “Ley del hielo”. Como siempre suele suceder, yo me fui de ese trabajo y él siguió ahí, a la espera de una nueva presa. Con el tiempo me enteré de que, en efecto, hubo otras víctimas y, si bien todo el mundo conocía su comportamiento, jamás alguien le dijo algo. Era amigo del editor general, tenía un pase de libertad para destruir mujeres profesionales”.
A.E.V
En poco tiempo ajusto mi primera década ejerciendo el oficio del periodismo. Es una temporada insuficiente para hablar de este como la disciplina de mi vida, pero ha sido vasta en los aprendizajes que me ha otorgado, incluso sobre mi rol como mujer en esta andanza. Las salas de redacción hace diez años tenían campos excepcionales y estrechos para las mujeres: relaciones públicas y venta de pauta —ojalá de tacones y con mucho cosmético—; la sección de cultura —que pueda hacer la cartelera de cine— y cargos administrativos de bajo rango —una señora que todxs tratan bien porque paga la nómina—. Y al escaso porcentaje de mujeres en un medio se le incluía lo menos posible en discusiones de grueso calibre —guerra, economía, política—, tampoco en las de suave calibre —deportes y hasta clasificados—.
Lo cierto es que entre más mujeres han entrado a medios de comunicación más se nota el avance en la agenda periodística: análisis de datos, información con enfoque de género, activismo en derechos humanos, enfoques en construcción de paz y hasta investigaciones forenses en cobertura de movilización social. Pero no es lo único, el empoderamiento femenino dentro del ecosistema periodístico también ha dejado ver un sinnúmero de violencias que empiezan por desestimar nuestro pensamiento y terminan en casos de acoso laboral y hasta abuso sexual. No me salvé de lo primero y, por ventura, sí de lo segundo.
Trabajé en un medio “joven y alternativo” en el que los hombres decían “llegó carne fresca” refiriéndose a las pasantes mujeres, a quienes ellos osaban perseguir como cazadores furtivos, sobre todo los que estaban en puestos directivos. Cuando oí su expresión, por eso la traigo a cuento, recordé que como pasante de un diario nacional, uno de los más tradicionales, recibí la humillación del editor hacia el final de mi proceso cuando descubrió que mi reticencia a acostarme con él era definitiva. Ya no mojan mi mal genio sus babas salpicando mi teclado mientras me hablaba borracho y oprimía todas las teclas buscando estropear el trabajo. Ese es mi recuerdo inaugural sobre ser mujer en esta profesión: sería tratada en adelante, intelectual y personalmente, según lo que estuviera dispuesta a ceder.
Crecí viendo reproducir desde el cine y la televisión el estereotipo de la periodista cuyo cuerpo y relativa belleza son señuelos para obtener información de la fuente. Crecí en Colombia con la imagen de Virginia Vallejo, la periodista del telediario más visto en ese entonces, el noticiero 24 Horas, pero que quedó registrada en la historia como una de las parejas del narcotraficante Pablo Escobar. Y también me formé con el caso de Jineth Bedoya, quien salió a cubrir la guerra y regresó con esta en el cuerpo tras ser violada. Hay una cantidad de ejemplos que demuestran que el trato nunca propende a estimar nuestro aporte sino que disminuye nuestra capacidad humana con agresiones psicológicas y físicas. Hoy hago parte de un medio en el que la mayoría somos mujeres. Esto era algo improbable hace diez años, pero con pulso hemos demostrado cómo se puede ser la excepción a la regla.
Sally Jabiel, periodista independiente
Cuando era estudiante de periodismo sufrí hostigamiento sexual de al menos dos profesores. Uno de ellos en el primer día de clases me dijo, en frente de los demás, que yo no serviría para esta profesión. Desde ahí, siempre hacía que me quedara luego de clases para “asesorarme”. En esas “asesorías” aprovechaba para lanzar comentarios sobre mi cuerpo y preguntarme de forma insistente sobre mi vida sexual. Cuando me negaba a responder, me decía: “Alguien tan tranquila como tú no sirve para este oficio”, y me recordaba lo reconocido que él era y cómo con apenas una llamada podía colocarme en el periódico que quisiera.
Yo le tenía miedo. Se había encargado de hacerme entender el poder él que tenía y las pocas personas a las que acudí en aquel entonces me dijeron: “Qué esperabas, así es esta profesión”.
Cuando ese hostigamiento se repitió con otro profesor, llegué a sentir culpa y a creer que ningún mérito mío era verdadero si había un hombre cerca. Culpa, miedo y desconfianza. Y ante la falta de una red de soporte, pensé varias veces en cambiarme de carrera. Pero me salvaron las clases con las pocas profesoras que habían. Ellas me devolvieron poco a poco la confianza en mi trabajo y, aunque nunca hablamos del tema, me hicieron entender que el periodismo no podía ser ese hostigamiento constante que enfrenté.
Casi 10 años después todavía hay momentos en que se me viene el síndrome de la impostora —sobre todo cuando trato con jefes varones—, pero es algo que he ido sobrellevando de la mano con otras colegas y amigas que hacen que esta vez sí sienta que tengo una red de soporte.
Fue en octubre del 2021 cuando se dio a conocer el caso de una niña de 11 años abusada sexualmente durante nueve meses por su abuelastro. Resultado de esta violación, la niña quedó embarazada. Este polémico caso dejó a la población boliviana conmocionaday despertó diversas opiniones sobre el aborto.
El hecho sucedió en Yapacaní, una provincia de la ciudad de Santa Cruz en Bolivia. La niña, junto con sus hermanas, estaba bajo la supervisión del padre de su padrastro; es decir, su abuelastro. Esto ocurría mientras la madre y el padrastro se encontraban trabajando en la ciudad de La Paz, según la ANF.
La tía de la menor fue la que descubrió el embarazo, luego de que la niña le comentara el malestar que sentía en el vientre. Posteriormente, presentó la denuncia (el hombre de 61 años se encuentra en la prisión de la ciudad de Santa Cruz) y la solicitud para la interrupción legal del embarazo de la niña (ILE). Esto dio como resultado el enfrentamiento de dos bandos: unos que apoyaban la interrupción del embarazo de la menor de edad y los que estaban en contra de la interrupción legal del embarazo.
La menor fue internada en el Hospital Percy Boland de la ciudad de Santa Cruz. Ella misma expresó a la junta médica que “no quiere ser madre”, según el medio El Mostrador. De esta manera, se comenzaron a realizar las evaluaciones para ejecutar la ILE, pero luego de iniciar el procedimiento para el aborto, la Iglesia católica interfirió y disuadió a la niña y familiares de desistir de la interrupción del embarazo. Posteriormente en su comunicado, manifestaron que se ofreció “acogida y atención a la niña y a la criaturita que tiene en su vientre, dando hospitalidad gratuita en el Centro de Madres Adolescentes Madre María, asegurando el apoyo material, médico, psicológico y espiritual para la maternidad y el tiempo posmaternidad”. Reafirmando su repudio al aborto y manifestando que “la única solución es salvar, cuidar y apoyar con amor de las dos vidas” y que “un crimen no se soluciona con otro crimen”.
Ante tal hecho, varias instituciones sociales, autoridades del Estado y movimientos feministas manifestaron el repudio de la intromisión de la Iglesia católica, lo que frenó la decisión de una menor de edad quien fue violada y a quien las leyes amparan en estos casos.
A lo que la Iglesia católica se refiere “[…] nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante”. Además, recuerda que la Sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional 0206/2014 establece que “un aborto incondicional y en todas las etapas del desarrollo del embrión no es constitucionalmente admisible.”
Una de las instituciones que se manifestó ante este hecho, y que calificó como una tortura el continuar con el embarazo de la niña, fue el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de las Mujeres. Además, centró y manifestó su repudio ante el papel de la Iglesia y condenaron su intervención en un Estado esencialmente laico. «Condenamos la intromisión de grupos fundamentalistas y de la Iglesia católica, quienes han ingresado de manera ‘clandestina’ al Hospital Percy Boland de Santa Cruz para amedrentar y amenazar a la madre y obligar a la niña de 11 años a firmar el desistimiento para realizarse la interrupción legal de su embarazo».
La Organización de Naciones Unidas Mujeres también participó y aseveró “que todas las niñas puedan vivir su infancia y completar sus estudios, sin tener que renunciar a sus sueños por un embarazo forzado”.
Por otra parte, el Ministro de Gobierno, Eduardo Castillo también se pronunció ante el suceso y dijo que “cuando una niña de 11 años es obligada a dar a luz producto de una violación, le están vulnerando todos sus derechos”, según ANF. Y añadió la preocupación porque “algunas instituciones se sienten con la autoridad de impedir la interrupción legal de un embarazo bajo criterios aleccionadores y morales”.
Fueron muchos los actores que intervinieron en esta discusión, entre las consignas “niñas, no madres” y “salvemos a las dos vidas”, los momentos de tensión y discordia se hacían evidentes. La intervención de la Iglesia católica alentó a la participación de los llamados “provida” para determinar continuar con el embarazo de una niña abusada sexualmente, sin velar por la salud, la vida, ni la infancia de la misma, y reafirmando a través de la historia el apoyo a estas medidas (morales) aunque fuera a costa de la vida de una mujer embarazada, en este caso, una niña de 11 años violada.
Bolivia, la iglesia y el aborto
Desde el 2009, Bolivia viene realizando transformaciones a nivel político, social, cultural y económico. Con la reestructuración de la Constitución Política del Estado, se ponen en conocimiento importantes disposiciones sobre el Estado laico, entre las cuales mencionamos los siguientes artículos:
El artículo 4 señala: “El Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones. El Estado es independiente de la religión”.
El artículo 14 establece que “todo ser humano tiene personalidad y capacidad jurídica con arreglo a las leyes y goza de los derechos reconocidos por esta Constitución, sin distinción alguna”.
El artículo 66, a su vez, garantiza a las “mujeres y a los hombres el ejercicio de sus derechos sexuales y sus derechos reproductivos”. http://catolicasbolivia.org/wp-content/uploads/2015/03/notiderechos_9.pdf
A pesar de esto, en 2019, luego de la crisis política por las elecciones nacionales, la religión y lo político tuvieron un contacto cercano, no a nivel legal, sino algo simbólico. Uno de los principales personajes de la oposición en la crisis política, Luis Fernando Camacho, ingresó al Palacio de Gobierno con la Biblia en sus manos. Posteriormente, la autoproclamada presidenta del Estado, Jeanine Añez, entonaría: «Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar a Palacio. Que él nos bendiga». Estos son fieles retratods de que la iglesia y el Estado volvieron a estar juntos.
Sin embargo, a pesar de ser un Estado laico, el tema del aborto todavía constituye la consecuencia de la penalización. “En un régimen democrático, de derechos y libertades individuales, el Estado, la iglesia y la sociedad ejercen un papel altamente impositivo, ya que se impone la maternidad a las mujeres sin considerar su criterio”. En Bolivia, aún se penaliza el aborto, y solo se encuentra permitido realizarlo en resultado de una violación, incesto, rapto no seguido de matrimonio o representa un riesgo para la salud y vida de la mujer”, se lee en el artículo de René Pereira, Daniel López y Javier Campuzano.
Sistema legislativo en Bolivia
FOTO: Agencia EFE
Dentro de las leyes bolivianas, existen varias causales para la penalización del aborto. Bolivia solo permite realizar el aborto cuando se trata de violación, incesto, rapto no seguido de matrimonio o que pone en riesgo la salud y vida de la madre. Es el caso de la niña de 11 años. El Código Penal, Capitulo II artículo 266 se refiere a la interrupción del embarazo en relación a las anteriores razones mencionadas:
Artículo 266. (Aborto Impune) Cuando el aborto hubiere sido consecuencia de un delito de violación, rapto no seguido de matrimonio, estupro o incesto, no se aplicará sanción alguna, siempre que la acción penal hubiere sido iniciada.
Tampoco será punible si el aborto hubiere sido practicado con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre, y si este peligro no podía ser evitado por otros medios.
En ambos casos, el aborto deberá ser practicado por un médico, con el consentimiento de la mujer y autorización judicial en su caso.
Según el análisis de la abogada, Paola Daniela de la Rocha Carias:
En Bolivia, no existe un desglose jurídico y legal en relación al aborto como tal; es decir, la no existencia de una ley que hable específicamente de la relación de aborto y Estado, sino se refiere a un conjunto de artículos que crean un sistema de penalización.
Para entender la postura del Estado en relación al aborto de manera legislativa, es importante mencionar la sentencia constitucional 0206/2014, la cual nos permite dar algún tipo de orden a la actual situación jurídica del aborto en Bolivia, y nos deja dar un vistazo al tipo de solución en virtud a su legislación que puede otorgar Bolivia ante una situación de aborto y la “condena” que legalmente a este se atribuye, o las garantías que el Estado esté dispuesto a brindar en esta situación.
Desde una perspectiva jurídica y mediante un análisis de las constituciones que tuvo Bolivia a lo largo de la historia, la Constitución del año 2009 (la última constitución actualizada en Bolivia) es la única que ofrece una serie de garantías “razonables” para las mujeres en Bolivia, y que otorga una seguridad jurídica de forma específica para el género para así entender la vulnerabilidad a la que este sector se ve expuesto. Aun así, se vuelve a mencionar la postura firme del Estado contra el aborto, entonces debemos entender que el posicionamiento del Estado boliviano frente al aborto es de total condena, es una conclusión a la cual se puede llegar fácilmente con una observación simple al código penal sin necesidad de tener un conocimiento o una base jurídica, pues se penaliza el aborto con una pena mínima de un año y una pena máxima de seis años.
Ahora bien, es contradictorio que Bolivia tome una postura legal tan cerrada ante este tema después de formar parte de una serie de convenios con países en los cuales se trata de evitar la condena al aborto. Por ejemplo, formar parte de la Convención Interamericana de Derechos Humanos para garantizar una vida libre para la mujer, tanto de manera ideológica, física y sexual, eso genera un tipo de conflicto normativo, ya que se debe reconocer a los convenios y tratados internacionales como parte de la jerarquía normativa en Bolivia. Si bien Bolivia pertenece a estos convenios donde se ha mencionado más de una vez la despenalización del aborto, hasta la fecha se mantiene la postura de condena legal.
Iglesia y el aborto
No podemos negar la relevante participación de la Iglesia católica en la formación y construcción de un imaginario social/significaciones/posicionamientos y posteriormente representaciones en gran parte de la población religiosa y no religiosa. Es la religión con más creyentes en el mundo (el catolicismo tiene relaciones diplomáticas con 182/197 Estados), y su participación en la esfera pública-político estaba ligada hasta hace unos años con el argumento “de que la mayoría de los ciudadanos comparten, más o menos activamente sus posturas en cuestiones como la defensa de la vida desde su concepción, la salvaguardia de la familia tradicional y el rechazo total a cualquier tipo de ley que permita la eutanasia”, según BBC News.
Lo que genera diversos y acalorados debates con movimientos y agrupaciones sociopolíticas como el feminismo, la comunidad LGBTQIA+, entre otros. En 2021, el diario El País retrató la problemática y crisis de la Iglesia en relación a los temas como: “El escándalo de los abusos, la marginación de las mujeres, el clericalismo y la reforma curia romana, además de cuestiones que tienen directa relación con el tema del aborto y de los derechos homosexuales con la implementación de temas bioéticos”. Temas que tocan el meollo de diferentes protestas sociales y políticas actuales, que transgreden y vulneran los derechos humanos, no solo en Latinoamérica, sino a nivel mundial.
Un poco de historia
Sin embargo, la historia de la postura antiabortista de la iglesia está llena de ambigüedades, incongruencias, divergencias y desacuerdos. Originalmente, los teólogos se han encontrado en debate en relación al tema del aborto durante la historia. Algunos apoyaban la práctica del aborto en los primeros meses embarazo, lo que llamaban como “hominización retardada”, en la que basa la teoría del dualismo del ser; es decir, que el cuerpo y el alma eran dos elementos distintos. El discurso se refiere a que no se tiene alma hasta después de los 40 días de gestación. Otros teólogos, por su parte, lo consideraban “homicidio” y aceptaban la llamada “hominización inmediata”, la cual se refiere a que el alma existe desde la concepción (aunque no existía seguridad sobre esto, tomaron la ley de “Por si acaso”).
Uno de los teólogos que argumentaba a favor del aborto era San Agustín: “La pregunta sobre el alma no se decide apresuradamente con juicios no discutidos ni opiniones temerarias; según la ley, el acto del aborto no se considera homicidio porque aún no se puede decir que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación, ya que todavía no se ha formado la carne y no está dotada de sentidos”.
Fue a través del tiempo que la teoría de que el alma existe desde la concepción tomó fuerza mediante las Leyes Canónicas (leyes que fueron creadas por teólogos en conjunto). Fue el Papa Pio IX quien terminó finalmente la discusión sobre la práctica del aborto, y la condenó como un pecado (no solo pecado por “homicidio”, sino por atentar contra la “familia” y los actos sexuales: adulterio, fornicación, etc.) y con la consecuencia punitiva de la excomunión no solo a quien lo practicaba, sino a todos los actores involucrados (médicos, enfermeras, etc.).
Es así que durante los años siguientes aparecen otras doctrinas (como la Inmaculada Concepción) que apoyan la condena de la práctica del aborto en cualquier momento de la gestación, no solo el electivo, sino también el terapéutico (usado para salvar la vida de la mujer embarazada). Este discurso se extendió por la autoridad papal a los diferentes líderes de la iglesia y estos a los fieles.
Finalmente, en la Iglesia católica se distinguen dos funciones: la legislativa y la del magisterio. La primera se encarga de determinar las leyes morales y los castigos que recibirán los fieles si se transgrede alguna norma católica mientras que el magisterio se encarga de enseñar a los feligreses temas relacionados con la fe y la moral. Solo tocan estos dos aspectos, y es justo aquí donde recae la “infalibilidad papal”, la que se refiere a que el papa está exento de cualquier error en relación a la enseñanza de estos temas. Cabe mencionar que la práctica del aborto no goza de infabilidad papal (por las incongruencias que tiene la iglesia en relación a este tema); es decir, los fieles pueden decidir creer o no, sin embargo, sí tiene condena a quien lo practica.
Disidencias
A través del tiempo, nació la inconformidad y desacuerdo entre las personas pertenecientes a esta religión, y empezaron a mostrar su postura frente a las normas y reglas sobre la interrupción del embarazo.
En este caso, está la agrupación llamada “Católicas por el Derecho a Decidir”. Ante el hecho de que la religión católica tiene bases y leyes canónicas bastante estrictas, empezó a existir una pluralización de lo religioso, como lo llaman algunos autores. Esto hace referencia a las diferentes formas de observar una cuestión desde lo religioso.
Las diversas formas en la que diferentes temas se entrecruzan de forma compleja. Por ejemplo, la sexualidad y la religión o de qué manera esta disidencia dentro de la religión sirve para la identificación religiosa y política. Es así que existen sectores dentro de la Iglesia católica que apoyan a grupos sociales y políticos de la comunidad LGTBQIA+ y feministas.
Las mujeres pertenecientes al catolicismo, enfrentan dos grandes cuestiones al momento de apoyar el aborto. La cuestión sobre las enseñanzas de las normas católicas y la formación de la conciencia desde esta (la moralidad y la transgresión de la norma). Sin embargo, ellas los reinterpretan y lo resignifican a través del contexto vivido. Algunas de ellas sienten miedo y culpa originados por los discursos de la iglesia católica; no obstante, encuentran en la religión un soporte y no una condena.
Se dio origen en el siglo XVI, cuando a la Iglesia luterana se le empezó a denominar Iglesia evangélica. Consideradas como las herederas del cristianismo, al igual que el catolicismo, tienen bases estrictas en relación al aborto, pues su postura contra este se presenta como “defensa de la vida y de la familia”. Con el argumento del “niño por nacer”, consideran que ya es una persona desde el momento de la concepción, por lo que el aborto sería un crimen. No aprueban su práctica en ninguna circunstancia, ni tampoco causal (terapéutica, psicológica, moral, económica, etc.).
Junto a la Iglesia católica, tiene una participación activa en contra de la despenalización del aborto, principalmente en Argentina, donde se movilizaron el año 2019 en Buenos Aires para evitar que se volviera a plantear por segundo año consecutivo la legalización del aborto en las marchas del 8 de Marzo.
En el diario El País, Rubén Proietti, presidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina, afirmaba: «Jesús fue el que puso en alto a la mujer. Los cristianos somos defensores del rol de la mujer, es la hermosura que hizo Dios y atacarla es alevoso, pero no hay que confundirlo con la ideología de género o de carácter político. El año pasado, las mujeres usaron el Día Internacional de la Mujer para movilizarse a favor del aborto, y eso no es correcto. Nosotros creemos en la igualdad de salario, de trato con el hombre y estamos en contra del abuso, pero a favor del aborto, no».
La Iglesia adventista, a diferencia de la Iglesia católica y evangélica, tiene una postura más flexible en relación al aborto. Ellos consideran la práctica del aborto como “uno de esos trágicos dilemas de la condición humana caída”, y que la práctica de este no es condenada por la Iglesia; en cambio, esta debe dar “apoyo” a través de la orientación en base a sus creencias y deber ser “solidaria y compasiva” a “quienes se vean obligados a enfrentar personalmente la decisión de tener que provocar un aborto”. Si bien el aborto no está permitido cuando se basa en la tasa de natalidad, selección de sexo o conveniencia, se muestran más permisivos a realizarlo en casos como el riesgo de la vida de la mujer embarazada, malformaciones congénitas del feto, problemas en la salud de la mujer embarazada, y embarazos por violación e incesto. Este tema sigue en debate por los miembros de la Iglesia. Sin embargo, consideran que obligar a una mujer a seguir o no con el embarazo viola su libertad personal.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones)
Definen al aborto como una de las practicas más “pecaminosas”, “horrendas”, “repugnantes”, “malvadas” y se oponen completamente al aborto de manera electiva, ya sea por razones sociales o de “conveniencia”. Sin embargo, tienen “posibles excepciones”: cuando la vida de la mujer embarazada peligra, por violación e incesto y por malformaciones congénitas (según el informe de un profesional médico), a las que se refieren como causas “poco comunes” y que deben hablarse primero con un líder eclesiástico. Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días condenan el aborto.
En el budismo, se considera al aborto como “matar”; sin embargo, no tienen normas, ni condenan el acto de la interrupción del embarazo. Ellos creen que la única persona con el derecho a decidir es la mujer embarazada, porque será ella quien asuma las consecuencias de sus actos, ninguna entidad, ni persona puede oprimir a la mujer en la decisión de la interrupción. Ellos definen a la vida y la muerte como un ciclo, un punto donde no se sabe dónde empieza ni dónde termina.