El embarazo adolescente representa una de las problemáticas que el Perú sigue arrastrando. Jóvenes y niñas se vuelven madres a temprana edad. Y el trasfondo de este problema puede ser más complejo de lo que aparenta. Las consecuencias que implica ser madre a corta edad son más que abrumadoras y en algunos casos pueden costarles la vida. Es un riesgo que tienen que atravesar aquellas que cargan con la responsabilidad de traer al mundo una vida.
Desde que inició el 2023 hasta la fecha el ministerio de salud ha reportado más de 13 mil madres adolescentes en el país. Sin embargo, son menos de 5 meses transcurridos, ya que en el año pasado el ministerio de salud (MINSA) registró un total de 50, 546 casos. De las cuales el 59% pertenecen a los quintiles 1, 2 y 3. Es decir los sectores que cuentan con menores recursos económicos. Según el informe del Endes (2021) el inicio de la vida sexual está relacionado con el nivel de educación y de ingresos. Aquellas que pertenecen al quintil inferior de pobreza en promedio comienzan en 17,3 años y quienes se encuentran en el quintil superior de riqueza tienen su primera relación sexual a la edad de 19.
Pequeñas madres violentadas
Plan Internacional menciona que las causas principales del embarazo precoz, suelen ser los matrimonios o uniones forzadas y el tradicional rol machista que se le asigna comúnmente a las mujeres: ser madres. Aunque en algunos casos se da por falta de información, escasas medidas preventivas o prácticas culturales.
Por otro lado, es un hecho que miles de niñas y adolescentes son víctimas de distintos tipos de violencia sexual y como consecuencia, muchas de ellas terminan siendo madres. De acuerdo con el Centro de emergencia mujer el 2022 atendieron 7,614 casos de menores que fueron víctimas de violación sexual. Sin embargo, una de las acciones inmediatas del gobierno ante esta problemática es la entrega de kit de emergencia gratuito a partir del 2019. El año pasado el MINSA otorgó 2350 kits de emergencia entre enero y setiembre pero esta medida no llega a cubrir en cantidad la urgencia de las menores en poder adquirirlo.
Otra forma de agresión por la que atraviesan se da en hospitales al momento de realizar sus controles y en el momento del parto. Esta es la violencia obstétrica. Apenas en el 2016 ha sido reconocida como una modalidad de violencia de género en la normativa nacional. Sin embargo, este tipo de maltrato ya tiene mucho tiempo en el sistema de salud.
La historia de Candy, puede ser un claro ejemplo de ello. A los 17 años se enteró que estaba embarazada. Pese a la noticia y a su edad no tenía ningún inconveniente con la atención en los controles prenatales. El día del parto fue diferente. “No te quejes, aguántate”- le decían las enfermeras, mientras ella sentía el dolor de las contracciones. No podía quejarse, pese a que sentía partirse en dos. Después de dar a luz por fin pudo obtener una buena atención por parte de su doctor y continuar sus chequeos. Ya pasaron 21 años desde el nacimiento de su hija. Ella no olvida como las enfermeras no le ofrecieron ni un poco de empatía.
Si bien la violencia obstétrica no figura como delito específicamente con ese nombre en el código penal peruano, existe un proyecto de ley para que el artículo 121-C,“Lesiones por violencia obstétrica”, sea incluido y de esta forma sancionar y poder reducir los casos de maltrato del personal de salud hacia las gestantes ya sea en el embarazo, parto y postparto. Por el momento, la Ley N° 29414, «Ley que establece los Derechos de las Personas Usuarias de los Servicios de Salud”, es la indicada para comenzar el procedimiento de demanda en caso de ser víctima de este tipo de violencia en un centro de salud.
Abandono de estudios por ser madres
Un problema que se suma al embarazo adolescente es la deserción escolar. Volviendo a revisar las cifras que tenemos del 2023, se resalta que sólo 4,701 madres cuentan con secundaria completa. Es decir, apenas un 35% cuenta con este grado de estudio concluido. Asimismo, el informe de Endes en 2021 señaló que un 18,8 % de las encuestadas a nivel nacional de 12 a 24 años abandona los estudios por el embarazo o matrimonio.
El estudio del Fondo de poblaciones de las Naciones Unidas (UNFPA) revela que 13,2 % de mujeres en la edad de 15 a 24 años en el Perú dejan los estudios debido al embarazo y las tareas domésticas. Esto, ya que pasan por una serie de exclusiones que las alejan de la posibilidad de acceder a educación de calidad. Ellas deben hacerse cargo de las responsabilidades del hogar y dejar de lado los estudios; tampoco cuentan con tiempo libre disponible para instruirse.
Candy comenta nuevamente su caso y recuerda que ya había terminado la secundaria, tenía planes a futuro: continuar con una carrera técnica, estudiar algo que le gustaba mucho como cosmetología. Muchos le decían que había metido la pata. No le quedó de otra que dedicarse a su embarazo y dejar sus estudios. Su pareja fue quien la apoyó en ese momento, pero sus padres no quisieron hacerse cargo de nada. Ahora tiene 38 años, tiene 4 hijos. Labora en algunos trabajos que no requieren estudios superiores. Tiene que salir adelante porque no cuenta con el apoyo económico de su pareja, no como antes.
Perder la vida para traer vida al mundo
Ser madre a corta edad es un riesgo que se ven obligadas a asumir, tanto en el periodo de gestación como el parto. Sin embargo, el proceso de alumbramiento puede significar perder la vida . En el 2022 el MINSA registró un total de muertes maternas de 31 niñas y adolescentes entre 10 a 19 años. Loreto sería el departamento que cargaría el mayor porcentaje de muertes, un 11.1% de las muertes comprendidas en 4 años.
La hemorragia y los trastornos hipertensivos son las causas directas que ocasionan el fallecimiento de las jóvenes madres según el MINSA. Al no estar preparadas el proceso suele poner en riesgo su salud física y psicológica. La salud mental de las menores es importante en este proceso pues muchas practican las autolesiones y tienen intentos de suicidios.
Educación Sexual Integral incipiente
Un dato alentador es que en junio del 2021, pese a insistencias de grupos opositores, se aprobaron los lineamientos de Educación Sexual Integral (ESI) para la Educación Básica. Con ella, se busca guiar la implementación adecuada de la ESI en las instituciones y programas educativos para la vivencia de la sexualidad de manera segura acorde a las etapas de desarrollo de los estudiantes.
Este es un paso importante porque los estudiantes requieren información que debe ser cubierta por especialistas a fin de evitar futuros riesgos. “Nuestra sociedad no afronta de manera positiva estos temas, por lo que la información que se tiene es muy poca. Puede que las adolescentes al buscar información por sus propios medios, lo que obtengan sea falso y en vez de ayudarlas, las puede confundir o generar algún daño en su desarrollo”, señala Katiuska Velarde, psicóloga con años de experiencia en el área educativa.
El embarazo adolescente es una problemática que tiene diversas aristas. Si bien el estado peruano está tomando medidas para disminuir estas cifras, se requiere que su labor preventiva sea más exhaustiva y que las demás entidades del gobierno colaboren en conjunto para evitar que niñas y adolescentes tomen el rol de madres y que, en el peor de los casos, pierdan su vida por ello. Para lograr esto, es necesario la participación social como un agente de cambio.
Una familia ha reunido a toda una comunidad de Bongará, en Amazonas, para luchar por la salud de una joven de 26 años. La estudiante de medicina y fundadora de la ONG «En Memoria de Hipócrates», Jhoana Tapia Hernandez, viene batallando el cáncer de mama desde los 24 años y este año no solo regresó, sino que se ha propagado y ha hecho metástasis. Ahora, sus seres queridos buscan el apoyo para lograr su pronta recuperación.
El cáncer metastásico alcanzó a Jhoana antes de realizar su internado de medicina en la ciudad de Trujillo y ha afectado sus pulmones y su otra mama. La joven natural de Amazonas viajó desde Trujillo hasta la ciudad de Lima el 23 de marzo de este año, para realizarse exámenes médicos, sin imaginar el diagnóstico que recibiría.
En Lima, le comunicaron que el cáncer había vuelto y se había esparcido. Un derrame pleural masivo era el causante de su frecuente tos y falta de respiración. Pero, además del diagnóstico también descubrió que el Seguro Integral de Salud (SIS) no cubría los medicamentos que necesitaba para el tratamiento que podría prolongarle la vida. Por ello, realizó un video en la plataforma de TikTok comentando su situación y solicitando ayuda. También hizo un llamado de atención hacia el Ministerio de Salud (MINSA) y a sus futuros colegas.
Sus familiares y amigos del centro poblado El Progreso, en el distrito de Pomacochas, en Bongará – Amazonas, salieron a las calles exigiendo que el MINSA escuche su pedido. Pero, pese a la insistencia y hacer público el caso, los doctores optaron por no atenderla ni recetarle el medicamento que le salvaría su vida. Incluso algunos de sus futuros colegas, partidarios de cargos políticos, la han dejado en el abandono, cortando el sueño de una joven universitaria y fundadora de una ONG que apoya a pacientes oncológicos.
UNA ESPERANZA DE VIDA
Los padres de Jhoana están seguros de que superará este maligno, ya que en una anterior oportunidad venció al cáncer de mama y se preparaba para las próximas operaciones realizando una rifa. Actualmente se encuentra en el distrito de Surquillo (Lima) realizando sus chequeos en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas y en establecimientos de salud particulares, costeando medicinas de alto costo que la ayudarán en su sobrevida.
En esta oportunidad, solicita el apoyo de todos y todas. Aquí dejamos los detalles para apoyar económicamente a Jhoana:
Pueden encontrar más información de su caso y la rifa prosalud que realiza en Instagram, Facebook y TikTok: @DoctoraJhoanaTapia
Cada segundo domingo de mayo se conmemora a las madres; aquellas que nos dan la vida y que siempre procuran nuestro bienestar. Pero ¿qué pasa con aquellas y aquellos que perdieron a esta figura familiar a causa de un feminicidio?
El pasado viernes 12 de mayo en Perú, un grupo de madres, tías, hermanas, abuelas y demás familiares salieron a exigir justicia para las víctimas de feminicidio. Ellas, con valentía, pidieron al Gobierno peruano celeridad en los casos y mejores garantías de vida para las mujeres.
“No tengo nada qué festejar”, expresó con impotencia Rosario Aybar Servelion, madre de la socióloga Solsiret Rodíguez, quien desapareció en agosto de 2016 y cuyos restos fueron encontrados en febrero de 2020.
Familias Unidas por Justicia es el nombre del colectivo dirigido por Sandy Evangelista Loa, joven de 25 años quien en 2006 sufrió la lamentable pérdida de su hermana mayor Nelva y que hoy lucha para apoyar a los deudos de las mujeres asesinadas en busca de justicia y, como si fuera un sueño utópico, frenar a la violencia contra la mujer desde todos los medios posibles para que ninguna familia tenga que pasar por esto.
“Entrando a 2019, nos dimos cuenta de que el Estado no te hace caso cuando estás sola, tiene que ser muy mediático para que te hagan caso. Entonces, decidimos unirnos. Primero éramos cinco familiares, nos juntamos y vinimos al Ministerio de la Mujer. No nos quisieron atender, pero fuimos el primer grupo que nació en el año 2019, donde hubo el índice más alto de feminicidios con 168 casos”, expresó la joven dirigente y activista.
En todo este trayecto, Sandy ha escuchado historia tras historia, cada una más desgarradora que otra y, la mayoría, con el mismo desenlace: nada.
“En el proceso judicial, no hay tiempo para descansar en la familia y el Ministerio de la Mujer no funciona si no estamos detrás. No funciona como entidad ni constitución si es que los propios familiares no están detrás denunciando y exigiendo”, manifestó Sandy.
A pesar del desamparo por parte de las autoridades, Familias Unidas por Justicia sigue de pie y, haciendo honor a su nombre, se aferra a sus ideales y se mantiene en pie de lucha. No sabemos cuándo pueden faltar nuestra madre, hermana e hija. Aunque no lo aceptemos, esa es la cruel realidad en la que vivimos.
Actualmente, según las cifras del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en lo que va del 2023, se han registrado 58 feminicidios y, en el primer trimestre del año, la Defensoría del Pueblo y la PNP reportaron 671, 884 y 889 denuncias por desaparición de mujeres correspondientes a enero, febrero y marzo, respectivamente.
Más de medio centenar de familias se suma al mar de cifras de aquellas que no pasaron un Día de la Madre como se suele representar. Las lágrimas de alegría para ellas son de impotencia. Noches intranquilas imaginando que las que faltan aún siguen en cuerpo y alma. Habitaciones vacías con un falso olor a perfume que las transporta a épocas donde no quisieran salir.
¿Quiénes son estas familias? A continuación, conoceremos algunos de estos testimonios.
Sandy Evangelista Loa
Le arrebataron la vida a Nelva (Evangelista Loa) un 27 de febrero de 2006. Quien le arrebató la vida salvajemente fue Nicolás Giovanni Vásquez Velarde que era su pareja, en ese entonces.
«Nelva conoció a Giovanni cuando ella tenía 15 años y tuvo una relación de 10 años, porque ella tenía la misma edad que yo tengo ahora cuando la asesinaron.
Desde un inicio, ella sufría violencia desde todos los ámbitos y ella era consciente de que lo sufría, ya que lo denunció en tres oportunidades, porque él intentó matarla. No fue una violencia silenciosa. Fue un intento de feminicidio, que actualmente ya está tipificado así.
Las tres denuncias relatan el horror. En la primera, Giovanni la obligó a cavar un hueco, mientras le decía que ahí la iba a enterrar viva. La segunda fue porque la agarró a pedradas queriendo romperle la cabeza. La tercera sucedió cuando la asfixió y la dejó casi muerta. Ella, en su inconsciencia, logró escuchar que Giovanni dijo: “¿Dónde está el cuchillo? Para matarte”. Ella revivió, prácticamente, y fue hacia las autoridades para denunciarlo, pero, tal como ahora, no hicieron nada.
No siguieron el caso, no lo detuvieron jamás, tuvo la complicidad de la familia del asesino siempre, pero no hicieron nada.
Nelva escapó a Ayacucho durante tres meses y regresó por mí, por mis hermanos y por mi mamá. Cuando ella llegó a Lima, Giovanni comenzó a acosarla, volvió a golpearla e intentó ingresar a la casa.
Ella tenía planeado fugarse a Chile en una quincena de marzo de 2006. No sé qué pasó, se enteró el asesino y, faltando quince días para que ella escape, fue asesinada y no por simplemente celos, como sugiere la sentencia.
A ella le quemó, la golpeó, y la agredió salvajemente. Fue quemada con agua hirviendo y, aún así, la necropsia reveló que Nelva seguía viva cuando la enterró y que prácticamente murió por asfixia y desangramiento.
Giovanni fugó por diez años y cuando fue capturado en Colombia, ya se encontraba varios años en la lista de los más buscados con la recompensa más alta de 30.000 soles.
Lo capturaron y extraditaron a Lima por ser un caso mediático. Y justo por ello, el Ministerio Público cambió la tipicidad de ‘homicidio simple’ a ‘parricidio’, porque, a pesar de que en 2016 ya se reconocía al feminicidio como delito, no actúan con la ley vigente, sino con anterioridad y el máximo delito en 2006 era el parricidio.
Lo sentenciaron a 28 años y él apeló con un recurso de nulidad a la Corte Suprema. Con este proceso, le reducen la condena a 20 años porque los jueces alegaron que sufrió celotipia y que por eso la mató.
No tomaron en cuenta las tres denuncias que existían, las mismas que eran la clara prueba de que no había celos ahí y que ya era algo planeado, premeditado.
Nosotros como familia y yo como hermana intentamos hacer algo, pero lamentablemente los únicos que pueden apelar en las instancias son los asesinos, la familia no. Solamente somos actores civiles que no podemos defender a nuestras víctimas, solamente los asesinos, justamente porque están vivos tienen ese derecho.
Katherine Flores Mendoza
«Mi hermana Estefanny Flores Mendoza tenía 20 años cuando fue asesinada.
El hecho ocurrió un 13 de abril de 2019 en su propia casa a manos de su expareja José Luis Falcón Gutiérrez, de 30 años. Él la estranguló y ocultó el cuerpo.
Nosotros, previamente, hicimos una denuncia de tentativa de feminicidio, porque más o menos el 24 de marzo ella llegó a mi casa llorando y le dijo a mi papá que este la había estrangulado. Dijo: “Me ha ahorcado”.
Eso le contó a mi papá y a nosotros. Luego de hablar con ella, llamé a la línea 100.
Katherine declara también que cuando acudieron a sentar la denuncia en la Comisaría Sol de Oro, el policía a cargo del área de Familia Mauro Catalino Narvae le gritó y la juzgó, sin importarle la gravedad del asunto y que ella sufría de dependencia emocional.
Este hombre la ahorcó, le golpeó el hombro y mi hermana se desmayó; cuando despertó vio que él estaba revisando su celular y le dijo: “Te voy a matar”. La amenazó de muerte y luego cumplió con esa fatal sentencia de forma macabra».
“Maté a mi pareja. El cadáver está en una bolsa debajo de mi cama”. Esa fue su confesión tres días después. Escena tan macabra que, hasta la fecha, perturba y llena de impotencia a la familia de Estefanny.
Haydee Suárez Herrera
«Soy madre de Patricia Villafuerte Suárez, mi hija era activista feminista y cantuteña. Tenía 24 años. El 7 de septiembre del 2019, ella murió dentro de una patrulla policial de un disparo por la espalda, en la nuca, bala que salió de una AKM, un fusil de asalto. Eso acabó con la existencia de mi Patricia.
Hoy estamos a la espera de la denuncia fiscal a estos policías, ya que, hasta el día de hoy, han trabajado con total impunidad. No tuvieron sanción alguna, solo fueron reubicados en otras comisarías.
El policía Julio César Marquina Sulca es uno de ellos. Él, desde antes de la muerte de Patricia, tenía una denuncia por tráfico ilícito de drogas. El segundo policía es Luis Alberto Sandoval Hoyos y también tiene una denuncia por violencia familiar y hurto agravado.
Yo culpo directamente al que en esa época fue ministro del Interior, porque él no cumplió con su trabajo y no limpió esta institución. Si él hubiera retirado a estos policías, mi hija no estaría muerta. Se hubiera podido evitar».
A raíz de este lamentable suceso, Haydee buscó ayuda y logró dar con Familias Unidas por Justicia, a las cuales agradece por su constante apoyo.
«Ellas son mi familia de lucha. Somos tantas y vamos en aumento. Es terrible lo que está ocurriendo.
He tenido algunas caídas, pero siempre he estado en lucha. Yo soy una madre en resistencia. Lucho por justicia para mi hija Patricia Villafuerte Suárez, ella no se suicidó, ella murió por consecuencia de una negligencia policial.
A mi hija la mataron y yo quiero justicia y verdad para mi Patricia».
Carlos Muñoz Cordero
«Soy padre de Joshuany Muñoz Bravo, ella tenía 23 años, trabajaba en una empresa y vivía sola en un cuarto alquilado. A mi hija la mataron dentro de su cuarto el 10 de diciembre de 2019.
Al inicio, confié en el Ministerio de la Mujer, porque pensé que era el lugar donde iba a ver la justicia sobre mi hija, pero lamentablemente vi que no tenía mucho apoyo. Entonces, busqué a un particular.
Hicieron todas las investigaciones. Primero, en la Fiscalía de la avenida España y encontraron a un primer sospechoso, un menor de edad (Rodrigo Araujo), por las letras que se habían escrito en un espejo (“No te metas con el veneco”). La grafotecnia coincidía con la letra del menor.
El caso fue derivado a la Fiscalía de Familia, por ser menor de edad, pero no lo citaron. Citaron a la hermana que no tenía nada que ver en el caso, a la mamá de un sujeto del gimnasio que tampoco tenían nada que ver.
Finalmente, la Fiscalía de Familia, archivó provisionalmente el proceso de mi hija. Y yo me entero, no por mi abogado, cuando ya había vencido el plazo para presentar un recurso. Entonces, derivaron el caso a la Fiscalía de Villa María.
Ellos, al ver que había un sospechoso por la prueba de grafotecnia, se sorprendieron de que la Fiscalía de Familia no hubiera hecho nada.
Luego de esto, y derivado a un poder más alto, se decidió que la Fiscalía de Villa María investigue a los adultos y que la Fiscalía de Familia de Chorrillos investigue al menor.
El pasado 27 de abril me citaron para ampliar mi declaración en Villa María. Hoy, llamando a la Fiscalía de Familia de Chorrillos, me doy con la sorpresa que no se ha avanzado con el caso.
Yo lo que quiero es justicia para mi hija, porque a ella la han matado. Ella estaba descansando en su cuarto. Han entrado, no sé cómo. En los videos (de seguridad) sale cómo él entra y sale. Además de la prueba de grafotecnia. No porque sea menor de edad él pudo entrar, matar a mi hija y listo. Ella no merecía morir de esa forma en que la mataron».
El tránsito de la academia, las aulas y las conferencias hasta las tablas. En esta entrevista, la también activista por los derechos de grupos y poblaciones vulnerabilizadas, nos abre la puerta a sus reflexiones y sentires como una joven mujer afroperuana que decide expresarse a través del teatro como una continuación de su búsqueda por espacios para su voz. De abogada a maestra transitando la investigación y arribando a la dramaturgia. Ella es Mariela Noles Cotito, siempre con sus dos apellidos bien puestos.
A tan solo unas horas de estrenar en Lima su obra “Recuerdos de Octubre” en las sedes de Auditorios Británico en Lima, Mariela Noles Cotito reflexiona sobre su rol en la academia peruana y los espacios en los que, muchas veces, ha caminado en solitario. Ha editado dos libros, escrito dos obras de teatro y dictado innumerables conferencias y ya puede decir que varios egresados de la UP han pasado por sus cursos.
Estudió Derecho pero para sus estudios de postgrado migró y se sumergió de lleno en las ciencias sociales. Mariela es una extraña mixtura entre el pensar y el hacer, una mujer con una poderosa energía que a primera impresión parece seria pero que tiene una chispa de humor que se percibe una vez que deja ver su cálida sonrisa. Si le piden que se describa dice: “Soy una persona curiosa en continua búsqueda de vivir una vida plena, intencional y en voz alta.”
¿Qué te motivó a pasar de la academia, un espacio más cerrado, a comunicar en medios de comunicación con columnas, entrevistas y en redes sociales siendo este un espacio más abierto y con mayor interacción?
Si partimos de la idea tradicional de la academia, entiendo que estos dos puedan parecer dos espacios desconectados. La idea del estudioso o académico tradicional efectivamente nos remite a un trabajo muy solitario; de bibliotecas, blocks llenos de notas, y muchos libros de pasta dura. Creo que, en estos tiempos, aun cuando esa academia sigue existiendo, no es la más prevalente. La academia el día de hoy es mucho más colaborativa, de intercambio y construcción de conocimiento colectivo, además de más abierta a encontrar nuevas formas de comunicar sus hallazgos; sobre todo los que tienen implicancia en la vida social de las personas.
La academia jurídica peruana en la que me formé se parece más al primer modelo descrito, pero mi formación más reciente en la academia crítica social está más alineada a este último ejemplo. Desde ese espacio, mi labor académica no puede estar desconectada del sujeto de a pie; mucho menos cuando este es, o debe ser un actor relevante en el debate que propongo
En la construcción de tu voz en el debate público ¿cuánto viene de tu experiencia familiar, cuánto de la académica y cuándo de la vivencia como mujer peruana en el día a día?
Llegar a este momento ha sido una transición interesante. Soy consciente que la forma en que enfoco mi carrera académica es poco tradicional en nuestro medio y tiene que ver con múltiples factores. La búsqueda del uso de diversas plataformas para prestar mi voz al debate tiene que ver, o se alinea, a un proceso personal de empoderamiento y autoconfianza en mis propias capacidades y la fuerza de mi mensaje que empieza mucho mas tarde de lo que quisiera admitir. Mis mentores en el último programa (2015-2018) son realmente centrales en este proceso académico y personal.
De pronto mi vida familiar y su apoyo está mucho más relacionado a los procesos de preparación previa rigurosa, más que de la parte pública del uso de la voz, reforzado por las expectativas y cargas que nos pone la sociedad como mujeres, y en mi caso como una mujer racializada. Ciertamente ser la única mujer afro en ciertos espacios todavía es una carga importante. Mi juventud y/o jovialidad es todavía un elemento delicado el día de hoy. Si bien ya tengo una estatura cimentada en mi entorno, muchas personas en espacios académicos y profesionales, todavía se refieren a mí como Marielita. El cariño sincero se aprecia, obviamente, pero también es verdad que hay ciertas familiaridades o presunción de intimidad que suele colocarse únicamente sobre las mujeres y que no deberían tener lugar en ciertos espacios.
Entre el pensar y el hacer, Mariela se da espacio también para observar. Su aporte en el análisis de las profundas desigualdades de nuestro país y su mirada desde la historia pero también desde la vivencia cotidiana la hacen una voz de referencia en temas de lo que llaman “sistema racial” incluyendo siempre el enfoque de género.
¿Siendo una joven mujer afroperuana cómo te sientes en el rol docente y qué significa para ti estar en este espacio puntualmente en las aulas de la UP?
Llevo en la Universidad del Pacífico casi 5 años. Esto es algo que me sorprende cada vez que me detengo a pensar en mi presencia en esta universidad por todo lo que significa, implica y ha causado. En mi primer ciclo algún vigilante de la puerta de la Universidad me preguntó si trabajaba en la cafetería. En ese momento, y aún hoy, soy la segunda persona docente visiblemente afrodescendiente en el campus. Hoy trabajo con un promedio de 120 estudiantes por semestre (suelo dictar 4 cursos por ciclo). Para muchos de ellos y ellas, yo soy su primera profesora afroperuana. Esto es algo que no se puede tomar a la ligera. En una sociedad como la nuestra, la forma en que ellos me vean tiene la posibilidad de impactar su narrativa sobre todas las demás personas afroperuanas con las que tengan contacto en el futuro en los ambientes profesionales a los que lleguen. Lo mismo con los colegas docentes, tal vez más jóvenes.
Por otro lado, en todos los lugares públicos o de divulgación en que se menciona mi nombre, se le suele añadir el “profesora de la Universidad del Pacifico” o “Investigadora de la Universidad del Pacifico” lo cual tiene dos efectos. Amplía en el imaginario colectivo la imagen de quien es o puede ser un profesor o profesora de la universidad y fuerza a la sociedad a reimaginar a una persona afrodescendiente en un contexto académico o de intelectualidad.
Uno de mis más grandes orgullos personales está también relacionado a los aportes que he podido hacer al acervo académico de la universidad y de la academia peruana, a través del apoyo constante de la UP. He editado dos libros de reflexiones sobre el país, donde he podido convocar y trabajar con académicos jóvenes, por ejemplo. También edité un número especial de la revista de ciencias sociales de la UP en el que nos concentramos en los afrodescendientes en América Latina, que es un tema de interés para la academia social en general pero que todavía es tímido en Perú. De la misma manera, estoy trabajando ya en un texto sobre afroperuanos, y estos son materiales que requieren un compromiso efectivo de la universidad por seguir explorando estos temas. Compromiso que se ha dado y se viene dando hasta ahora.
Entonces este rol es grande, importante y no es algo que me tomo a la ligera. Lo honro y lo aprecio mucho mientras agradezco todo lo que aporta a mi propio desarrollo personal y profesional, a pesar del costo eventual que tiene también. A la postre, estoy en un constante estado de invisibilidad/hipervisibilidad que debo manejar con cuidado.
¿Por qué crees que hay tanta negación, en ciertos sectores, sobre la existencia del racismo?
Creo que todo lo que cuestione el status quo va a ser atacado, sobre todo cuando hay un sector social que tiene una profunda inversión personal en que las cosas se mantengan como están o en que el “orden natural” de las cosas no se modifique. Lo que sí me parece problemático es que aun cuando el día de hoy hay mucho más acceso a información, fuentes y datos, estas olas negacionistas más bien son más recurrentes y cerradas a la información.
Por otro lado hay una insistencia en la existencia del racismo inverso ¿es posible explicar brevemente si ese fenómeno existe?
A grandes rasgos podríamos afirmar que el racismo es una presunción generalizada de desigualdad de las personas basada en su color de piel, en sus rasgos fenotípicos, o sus características étnicas. Esta desigualdad además incluiría que lo más valorado en nuestra sociedad este asociado a las personas más claras (personas blancas y blanco-mestizas) mientras que las acciones, valores y disvalores menos apreciados en nuestra sociedad se asocie con las personas de tez más oscura (afrodescendientes e indígenas). Este “orden” ha devenido en que las personas más claras tengan un mayor capital social, político y económico en nuestra sociedad. En efecto, las personas blancas y blanco-mestizas son el sujeto político por defecto. Si pensamos en el estándar de éxito, el estándar de belleza, el sujeto cuya voz es válida y escuchada, esta persona suele ser una persona clara.
En este contexto, las acciones de las personas que están colocadas en lo alto de la pirámide social en nuestra sociedad tienen la capacidad para alterar, limitar, y vulnerar la calidad de vida de las personas en la base de la pirámide. Las acciones de las personas de abajo hacia arriba pueden ser injuriosas, altamente prejuiciosas, increíblemente molestas pero muy rara vez tendrán el poder de afectar el ejercicio o disfrute de derechos de las personas que están arriba. Más aún, poco pueden hacer para cambiar la distribución social del poder. Desde esta mirada es que afirmamos que el racismo “inverso” no existe.
¿Pasa lo mismo con el machismo?
¿Que las personas lo niegan y que responden “no todos los hombres”? Si, es un poco el mismo fenómeno. Es curioso como la respuesta a la denuncia del racismo, del machismo, del sexismo, de la homofobia y nuestras demás taras es rara vez, ¿de qué manera lo que me acaban de decir podría ser cierto? y más bien la mayoría de las veces es a la defensiva y con la “defensa” de una ofensa contraria. Eso dice mucho de nuestra sociedad y las múltiples maneras en que activamente preferimos la ignorancia a la evaluación crítica de nuestra realidad y nuestros propios comportamientos.
¿Cómo podría definir ser mujer afroperuana en un país como el nuestro?
Esa es una pregunta compleja. Por un lado porque mi experiencia es bastante particular y no representativa de la situación regular y cotidiana de otras mujeres afroperuanas en el país. Lo que te puedo decir, en todo caso, de las existencias y experiencias de las mujeres negras en un país como el nuestro es que todavía estamos expuestas a un nivel alarmante de violencia y discriminación, como todas las mujeres en el país, que se tiñe de aspectos racistas que complejizan la experiencia. Que nuestras economías, por lo general, aún no son del todo autónomas o suficientes para construir una plataforma de oportunidades que nos permitan desarrollarnos plenamente y que los mandatos y estereotipos sobre qué roles debemos cumplir, que espacios debemos habitar y de qué manera, aun es una constante.
Su obra Recuerdos de Octubre fue estrenada en enero de este año en el Festival Mujeres Afro en Escena en Ciudad de México. Para el estreno en el Perú, Mariela preparó algo hermoso: una función gratuita en el Centro Cultural Amador Ballumbrosio en El Carmen, Chincha. En una van familiares y amigos amenizaron el camino contando historias sobre “Marielita”, describiendo a una mujer valiente, perseverante y disciplinada. Y aunque su padre y su tía hablaban en diminutivo se percibía el enorme orgullo y respeto por esta mujer que ha arrancado parte de su alma y volcado la historia vivida a través de generaciones de mujeres afroperuanas en la puesta en escena de una obra escrita desde las entrañas.
¿Cómo se inicia tu conexión con el mundo del teatro?
Mi acercamiento al teatro en los últimos tiempos se da de la mano de Luis Alberto León y el equipo del teatro La Plaza. Me contactan para consultar en algunos textos y proyectos y poco a poco empiezo a participar en otros espacios de diálogo dentro del teatro. Un tiempo después me embarco en un proyecto de dramaturgia con Luis Alberto y esto me da la confianza para generar algunos textos sola. Entre esto y la constante interpelación de Alicia Olivares, productora teatral y fundadora de Ébano Teatro, es que me animo a escribir un texto para el Festival de Mujeres Afro en Escena de 2023.
¿Qué significó para ti estrenar una obra tan personal como Recuerdo de Octubre en México en el Festival Mujeres Afro en Escena?
Fue un momento muy especial. Siempre me ha gustado el teatro y eventualmente he tomado alguna clase o taller hace muchos años, pero hace parte mucho más activa de mi vida hace poco y hasta cierto punto a causa de la serendipia. Por otro lado, Recuerdos de Octubre es una obra que, hasta cierto punto, me desnuda completamente. Entonces fue un reto gigante, pero por otro lado, también, alineado a esta idea que mencionaba antes de vivir en voz alta. De poner sobre la mesa o traer al escenario absolutamente todos los aspectos de mí, mi vida y mi experiencia, que pueda compartir; sobre todo si en ese proceso puedo contribuir a procesos de otras personas.
¿Cuál era la importancia de llevar la obra a El Carmen, Chincha?
¡Era fundamental! Y se volvió un tema curioso. Tuve la fortuna de que mi primer montaje fuera en México, lejos de Perú. ¿Dónde entonces poner la obra cuando el equipo volviera al país? Obviamente pensamos en las múltiples y muy buenas salas de teatro que tenemos en Lima, pero Recuerdos no es una obra comercial, propiamente, y tenía una lógica específica y particular desde el inicio. Es un ofrecimiento extremadamente íntimo al público que la vea. En ese sentido, y habiendo sido escrita pensando en un festival de y para mujeres negras, hacía sentido que su primer público en el Perú sea ese. Por otro lado, la obra está musicalizada en vivo por una hija de El Carmen, Alma Morón Ballumbrosio.
¿Cómo te sentiste al compartir esta obra tan íntima con tu familia y amigos más cercanos?
Ese fue otro reto porque desnudarse ante un extraño es quizás más fácil que mostrarle tus heridas y cicatrices a las personas a quienes técnicamente se las ocultaste porque siempre estuvieron ahí. Una de mis mejores amigas por ejemplo compartió conmigo su paquete de sentimientos encontrados luego de la función que hicimos en El Carmen. Por un lado, le gustó mucho la obra como producto artístico y disfrutó mucho de la historia como narrativa pero le causó culpa el no haber visto o notado algunas de mis tristezas fundamentales a causa de los hechos que narra la obra, mientras sentía frustración por no poder defender a esa niña que fue su amiga. En suma, causé algunas explosiones internas a mis amigos.
En cualquier caso creo que era necesario para mi soltar varias cosas, varios aprendizajes personales, muchos dolores y ofrecerlos a la audiencia. En el camino algunas personas cercanas se me van a acercar con un “no sabía que esto era así” o inclusive tal vez con un “pobrecita” y mi respuesta siempre va a ser: gracias, pero aprovecha y utiliza el texto para más bien evaluar tus propias emociones y tus conexiones, dinámicas y relaciones con las mujeres en tu vida. Eso es precisamente lo que ha venido haciendo la audiencia general de la obra y los comentarios que recibimos son muy reflexivos y personales. Esta obra genera muchas emociones.
Hay muchas frases del monólogo que quedan resonando al terminar de ver la obra ¿cuáles son las que más te conmueven a ti misma al volver a oírlas?
Esta es una obra, porque creo que hasta ahora no la he descrito, sobre las violencias intergeneracionales que experimentan las mujeres en una familia. Es una mujer en el escenario pensándose como hija y nieta y repensándose como madre en base a los recuerdos de la violencia experimentada sobre su cuerpo cuando era niña, y la remembranza de todas esas formas en que los adultos de su familia la dejaron sola. En este sentido, una de las frases que más me mueve del texto es: “tus recuerdos son ciertos”. Muchas veces luego de años de la ocurrencia de procesos traumáticos empezamos a generar dudas respecto de nuestros propios recuerdos o aspectos de los mismos. Que olvidamos, que recordamos y cómo. Si a lo mejor resaltamos algo más que otra cosa. Ese es un viaje doloroso en sí mismo, pero nuestros recuerdos son ciertos, sobre todo si aun los sentimos. Es nuestra experiencia.
Una segunda idea que no está en el texto pero que ciertamente ha hecho parte del proceso de montaje de esta obra, desde su concepción, y que lo ha sostenido, es un proverbio africano que dice, más o menos, así: “El niño que no sea abrazado por su comunidad, cuando sea adulto quemará la aldea para sentir su calor”. Yo sabía cuándo escribí este texto que montarlo me exponía no solamente a mí, sino que podía tener algún tipo de consecuencia respecto de mi familia, o las mujeres en mi familia. Que alguna podría sentirse ofendida o más bien que no quisiera que un texto así se exponga por algún temor al qué dirán; temores que no son los míos. Pero aun así, tenía que hacerlo. Tenía que quemar mi aldea. Y efectivamente, ha sido y viene siendo un proceso sanador.
¿Cómo fue el proceso creativo de esta obra? ¿Cómo elegiste a la protagonista, el director, la música y la puesta en escena?
Yo tengo una vinculación muy cercana con mi trabajo. Este siempre es extremadamente importante para mí, pero esta vinculación está más relacionada al servicio que al ego. En este sentido, yo sabía que era un buen texto. Que es una historia y palabra con el potencial de conectar con las personas y ayudarles a mirar hacia adentro y resolver algunos nudos personales. Pero también tenía super claro que yo no soy directora de teatro. Que lo que toma llevar un texto del papel al escenario excede o excedía mis capacidades en ese momento. Cuando voy terminando el texto voy a ver El Cuaderno Negro de Almada en el Teatro de la Alianza Francesa de Miraflores. En este montaje Caro Black Tam utiliza recursos escénicos que envuelven casi todos tus sentidos y te inserta en la historia. Esto era exactamente lo que quería para el texto. Hablé con Caro, le ofrecí mi texto y afortunadamente aceptó. A partir de ahí, el montaje es su visión y sensibilidad creativa. Él ha llevado el texto a lo que es hoy. Una obra que mueve, conmueve, confronta e interpela. Yo escribí las palabras en el papel nomas, pero él es quien las lleva a la vida.
La elección de la actriz fue una conversación entre ambos en base a lo que queríamos lograr y la música en vivo es algo que desde nuestras vivencias y sensibilidades personales, no podía faltar. Las notas específicas y las melodías son la creación, nueva cada vez, de Alma. Ella entrega su arte en cada función en base a cómo el texto la va moviendo así que al final el proceso creativo es algo que no se acaba sino que se renueva en cada puesta. Y mientras tanto, los miembros del equipo nos seguimos eligiendo unos a otros.
¿Cómo describirías tu voz como dramaturga?
Creo que mis textos, en realidad, siguen la misma línea de agenda de investigación y de mis columnas de opinión y de las demás plataformas en las que comunico ideas. Se que parece que escribir obras es una actividad desconectada de todo lo demás, pero en realidad, para mí, el teatro es una plataforma más para explorar los mismos temas de siempre: nuestras diferencias y similitudes, nuestras desigualdades, lo que mueve a la sociedad, quienes somos como nación, hacia donde estamos yendo, que significa ser un ciudadano, y otros.
¿Tienes en proceso o en planes escribir una siguiente obra teatral?
Tengo una obra a medio terminar que me atormenta desde mi cajón. Es un texto en el que se explora la historia, la situación y la existencia de las mujeres afroperuanas a través de la historia republicana, pero todavía están macerándose algunos elementos. Lo más cercano para mi es el estreno de Recuerdos de Octubre en este mes de mayo durante 3 fechas en los auditorios del Británico Cultural, y la obra que estaré dirigiendo el próximo año. InBestia será mi debut directorial con una obra que escribí ya hace algunos años con Luis Alberto León. Esta, está programada para junio del 2024 en el teatro de la Universidad del Pacifico así que los ensayos empiezan en enero pero el proceso creativo ya está en giro. ¡Les espero en el teatro!
Recuerdos de Octubre es un monólogo en acto único. A través de las palabras de la actriz, el uso de su cuerpo, ritmo y su acción en el escenario, exploramos las complejidades de las relaciones intergeneracionales entre las mujeres de una misma familia. La violencia experimentada en su cuerpo respecto de su madre y su abuela, y la esperanza o desolación que le causa la relación con su hija. En este proceso además, ella misma cuestiona la necesidad de maternar a su niña interna y de olvidar el pasado o superarlo. María Beatriz, el personaje principal, es una sola mujer, y a la vez somos todas.
Créditos
Dramaturgia: Mariela Noles Cotito
Dirección: Caro Black Tam
Actuación: Tatiana Espinoza
Composición musical y musicalización en vivo: Alma Morón Ballumbrosio
¡CELEBREMOS JUNTXS NUESTROS TRES AÑOS! Esta fecha llegó para recordar que seguimos en pie de lucha, seguimos resistiendo y con más fuerza.
Es imposible no escribir sobre lo mucho que significa cumplir tres años haciendo periodismo con perspectiva de género. Esta fecha representa una oportunidad más para reflexionar sobre nuestro trabajo y a quiénes se lo dedicamos. Hablemos y recordemos cuán valioso fue el esfuerzo de nuestras millones de compañeras antecesoras; mujeres constantes y fuertes que construyeron mejores condiciones para todas; asimismo, destaquemos la valentía de los grupos disidentes y comunidad LGTBIQ+ y los medios aliados que confían en la libertad de prensa y la justicia social.
Así también es necesario mirar a nuestro alrededor para analizar qué logros hemos conseguido, y qué retos debemos superar en los próximos años. Estos, se nos presentan desde diversas áreas: política, social, laboral, académica, familiar y empresarial. Basta con recordar que tan sólo en lo que va del año y a nivel nacional, se registraron 51 casos de mujeres asesinadas. Las cifras son alarmantes y lamentablemente no es una situación nueva pues desde el 2015 se presenció una escalada de casos; un incremento del 79% hasta el año 2018. Desde entonces, el número de feminicidios marca alrededor de 137 casos anuales según registro de las autoridades.
La violencia, el odio y la desvergüenza de los asesinos, parece ser muestra de la crueldad que vivimos todos los días y la vemos en las pantallas de la televisión o de nuestros celulares, en los diarios o en las redes sociales. La vemos mientras tomamos el desayuno, vamos al trabajo o la universidad o en cualquier momento de nuestra jornada. Parejas violentas, abusadores de niñas y jóvenes, acosadores, falsos amigos aliados y una infinidad de personas que se aferran al pensamiento y comportamiento misógino y abusivo. A todos ellos los conocemos por medio de las noticias en cualquier medio. ¿Y qué hay de ellas? ¿Realmente estamos visibilizando las miles de historias de mujeres y personas de la comunidad LGTBIQ+ que sufren la violencia en carne propia?
En los medios tradicionales se suele revictimizar a nuestras compañeras sin dar una visión completa del acontecimiento fatal, sin invitar a la reflexión y sin incentivar cambios ante tales dolorosos hechos. Los medios de comunicación con perspectiva de género están cambiando esta forma de hacer periodismo que no empatiza con las víctimas. En nuestro país la lucha es continua y fuerte a pesar de los obstáculos que encontramos como comunicadoras y mujeres. Los logros que hemos conseguido desde el área periodística son cada vez más fuertes.
La Antígona nació bajo la premisa de ser un espacio seguro para que cada historia de mujeres y disidencias sea escuchada y sea reflejada a grandes escalas. Hemos mantenido nuestro objetivo a flote durante estos tres años y hoy, es gratificante decir que más medios digitales han acompañado esa premisa y la han acogido entre sus redacciones y direcciones. Este surgimiento ha permitido que se cree verdadera sororidad, esa que nos impulsa a trabajar para que ninguna de nosotras sea callada nunca más, que ninguna quede en la sombra ante abusos o indiferencias.
Apoyamos el periodismo transformador y solidario, el periodismo entre mujeres y comunidades disidentes. Todas somos una y juntas somos fuertes. No estamos solas. Trabajemos para no quedarnos en sólo visibilizar; en cambio, partamos de allí para exigir políticas públicas que prevengan la violencia, atiendan a la víctimas, condenen a los agresores y que apoyen al desarrollo de todas nosotras. Aseguremos un futuro en donde hagamos historia por conseguir, finalmente, paridad e igualdad de derechos. Esa será la mejor forma de honrar a nuestras compañeras antepasadas que nos dejaron un camino a seguir.